Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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miércoles, febrero 25

Consolidando un mundo más animal

 

 

En los últimos quince años, en los que ha estado activo este periódico, el movimiento por la liberación animal en el Estado español ha evolucionado como parte de un proceso de transformación colectiva que ya se venía fraguando en la década anterior.

Cuando sacamos el número 100 de esta publicación, allá por el año 2019, publicamos un artículo titulado “Hacia un mundo más animal”, en el que fotografiamos los últimos diez años del movimiento antiespecista. Entonces ya señalamos algunos cambios significativos, como el auge de las investigaciones encubiertas, la expansión del veganismo y la proliferación de colectivos con tácticas y estrategias diversas. Hoy, al releer aquellas reflexiones, podemos afirmar que las semillas regadas en estos años de activismo han comenzado a dar frutos y aquellos cambios se han ido enraizando en el movimiento en defensa de los demás animales.

A medida que el movimiento por la liberación animal se consolida, la industria de la explotación animal se siente cada vez más amenazada. Las investigaciones encubiertas en granjas, mataderos y laboratorios han abierto procesos judiciales y han despertado la atención mediática, llevando incluso al prime time la cuestión animal en casos como el especial de Salvados sobre una granja que suministraba a El Pozo o el caso del laboratorio Vivotecnia, con eco incluso en la prensa internacional. La imagen pública de la industria se ha deteriorado notablemente en los últimos años y su relato es cada día más cuestionado.

Frente a este avance del movimiento, el sector ha desarrollado estrategias defensivas como la creación de falsos sellos de “bienestar animal”, campañas de lavado de imagen con publicidad engañosa de vacas felices o promesas de transparencia que buscan recomponer una reputación cada vez más dañada. Estas maniobras demuestran que la industria percibe la presión del movimiento antiespecista como un desafío real, viéndose obligada a reaccionar para contener el creciente rechazo social hacia sus prácticas.

Estos cambios no solo incomodan a la industria, sino que también empiezan a filtrarse en el ámbito institucional, donde la presión social obliga a introducir modificaciones que, a pesar de su resistencia, evidencian que el debate ya no puede esquivarse. En los últimos años se han aprobado leyes que prohíben el uso de animales en espectáculos como los circos, o la reciente Ley de Bienestar Animal, que reconoce a los animales como seres sintientes y prohíbe la venta en tiendas de algunas especies como perros, gatos y hurones. Estas medidas, aunque son muy limitadas, muestran cómo la presión social comienza a abrir grietas en un marco político históricamente reacio al cambio.

Algo similar ocurre con propuestas impulsadas desde la ciudadanía, como la Iniciativa Legislativa Popular No Es Mi Cultura, que proponía derogar la ley que protege la tauromaquia como patrimonio cultural. La ILP reunió más de 700.000 firmas, superando con creces el mínimo legal para su debate en el Congreso y evidenciando que gran parte de la sociedad rechaza la tauromaquia. Aun así, la iniciativa fue bloqueada y no llegó a debatirse, mostrando hasta qué punto las estructuras políticas siguen actuando como un dique de contención frente a cualquier intento de cuestionar los intereses económicos vinculados a la explotación animal.

En paralelo a estos procesos, el movimiento antiespecista también ha ido ampliando los frentes de lucha en el ámbito local. En Madrid, por ejemplo, la desaparición de los circos con animales o la campaña contra la matanza de cotorras han demostrado cómo los colectivos antiespecistas pueden responder y plantar cara a las políticas municipales. Temáticas de corte más histórico en el movimiento como la caza, sostenida todo este tiempo por el colectivo No A la Caza (NAC) o la lucha contra el uso de pelo y pieles impulsada por Madrid contra el Pelo Animal (MCPA), han conseguido señalar y acorralar a empresas que siguen perpetuando el uso de animales en una sociedad que no necesita escopetas en el monte ni abrigos o complementos de piel en los armarios. Colectivos locales con estrategias globales tejen redes internacionales, consiguen pequeñas victorias y construyen alianzas con activistas de otros territorios, compartiendo saberes y enriqueciendo la lucha antiespecista.

También la lucha contra la experimentación animal, durante años ausente en la agenda activista estatal, ha reaparecido con fuerza gracias a la investigación encubierta de Carlota Saorsa en el laboratorio Vivotecnia, reactivando un frente olvidado y produciéndose el documental Infiltrada en el Búnker de Pablo de la Chica, financiado por una gran plataforma audiovisual.


En estos quince años, los santuarios de animales también han cobrado un papel fundamental dentro del movimiento antiespecista. En el 2007 apareció el primer santuario en el Estado español, el Hogar de Luci y casi 20 años después existe hasta una Federación Española de Santuarios Animales (FESA) que estima que hay entre 40 y 60 santuarios en todo el territorio nacional. Más allá de la tarea de cuidado, los santuarios muestran en la práctica que otras formas de relación con los animales son posibles. Son ejemplo práctico de relaciones basadas en el respeto, la convivencia y la consideración de los intereses propios de los animales. En un contexto donde la industria y las instituciones se empeñan en presentar la explotación animal como algo inevitable, los santuarios son resistencia política del movimiento de liberación animal.

Mientras, en el terreno táctico, el movimiento también ha cambiado. Si hace más de una década buena parte del imaginario antiespecista giraba en torno a acciones de rescate o de acción directa, en los últimos años se ha producido un cambio hacia estrategias que priorizan la investigación, como el trabajo de Animals View, Linas Kortas o el de organizaciones que contratan a profesionales para destapar la realidad de los centros de explotación animal y libran batallas en el ámbito jurídico e institucional peleando y ganando derechos para los demás animales, con la aparición de operadores jurídicos como Intercids.

Este cambio no significa una renuncia al modelo anterior, sino que se trata de una adaptación a un contexto donde el impacto social de las imágenes, los procesos judiciales y la presión mediática se ha vuelto una herramienta política que sienta precedentes y va cambiando el orden social.

En este sentido, las redes sociales han jugado un papel importante, ayudando a que investigaciones que antes circulaban en entornos más militantes ahora lleguen a cientos de miles de personas más fácilmente. También la revolución tecnológica permite salir a la calle haciendo un activismo respaldado con pantallas que muestran esas imágenes de la realidad que padecen millones de animales o los streaming y directos en las vigilias a las puertas de los mataderos, poniendo a los demás animales en el centro de su lucha, y acercándonos la realidad y mostrando lo que la industria no quiere que sepamos.

Pero estos avances conviven con retos importantes para el movimiento antiespecista. El ascenso de discursos autoritarios en todo el mundo no solo impacta en derechos humanos, sino también en los demás animales, reforzando políticas que blindan su explotación. Lo vimos con claridad durante la tramitación de la Ley de Bienestar Animal, cuando el Gobierno decidió excluir a los perros de caza para satisfacer al lobby cinegético. El antiespecismo ha trabajado en estos años en conectar con las distintas formas de opresión y busca situarse junto a otras luchas sociales. El reto sigue estando en que ese paso sea compartido, ya que buena parte de los movimientos sociales continúan resistiéndose a integrar la cuestión animal, reproduciendo jerarquías que dificultan un cambio real.

Además, la represión sigue golpeando al movimiento antiespecista a nivel global. Recordemos especialmente el caso sufrido en el Estado español en 2011, donde la criminalización de activistas condicionó y transformó el activismo en el Estado, cambiando sus estrategias. En otros contextos, como en Reino Unido, con Animal Rising, han enfocado su activismo de liberaciones en tácticas que buscan llevar el juicio público al debate social. La persecución sigue siendo una constante y nos recuerda que la defensa de los demás animales continúa siendo vista como una amenaza para el orden económico dominante. Casos como el de Susarón en Chile muestra cómo la respuesta penal se dirige contra quienes señalan la violencia estructural y no contra quienes la ejercen.

Sin embargo, mientras las instituciones frenan la trayectoria de lucha antiespecista, el cuestionamiento del especismo se abre paso por otros caminos, especialmente en la academia y en la educación.

Y es aquí donde la aparición y consolidación de los Estudios Críticos Animales en el Estado español empieza a jugar un papel clave, ampliando el debate más allá de la política institucional y situándolo también en universidades y colegios. En la última década, y con más fuerza en los últimos años, estos estudios van ocupando un espacio que antes no existía. Han surgido grupos de investigación, congresos, seminarios y publicaciones que abordan el especismo desde perspectivas filosóficas, sociológicas, jurídicas y culturales, generando un cuerpo teórico que acompaña y enriquecen las luchas en la calle. En este desarrollo académico destacan Aula Animal, en el campo educativo o en la academia como la UPV/EHU en Euskal Herria, la Universidad de Barcelona (UB) y UPF (Pompeu Fabra) que colaboran a través del Centre for Animal Ethics y el ILECA (Instituto Latinoamericano de Estudios Críticos Animales) que coordina publicaciones en castellano, contribuyendo a legitimar la cuestión animal, abriendo nuevas vías de pensamiento y cuestionando incluso el lenguaje cotidiano, señalando cómo muchas expresiones de nuestro día a día reproducen la idea de que los animales son recursos, contribuyendo a normalizar su explotación.

En paralelo, empieza a crecer un campo editorial comprometido con estos debates. La traducción y publicación en castellano de textos de autoras de otros territorios que reflexionan sobre la agencia, la voz o las formas de resistencia de los demás animales ha ampliado el alcance del cuestionamiento antiespecista más allá de la academia. Editoriales veteranas como Ochodoscuatro conviven ahora con otras editoriales que van abriendo su catálogo a obras críticas, reforzando un debate cultural que va llegando cada día a más gente.

Quince años después, es evidente que el movimiento antiespecista en el Estado español no es el mismo. Se ha afianzado en algunos aspectos, se ha diversificado y participa en espacios que antes le eran ajenos, logrando que la explotación animal deje de ser un tema invisible. Pero también es evidente que los obstáculos siguen siendo enormes: la industria que se reinventa, unas instituciones que protegen y cierran filas junto a quienes se benefician de la explotación animal y un contexto político cada día más hostil, con la ultraderecha ganando espacio. Aun así, el movimiento no parte del mismo lugar que hace una década y media. Hoy cuenta con herramientas, redes, saberes y experiencias que sostienen un trabajo a largo plazo y permiten imaginar un horizonte más amplio.

Los avances logrados no son suficientes y nos parecen siempre escasos, pero cada paso es imprescindible para llegar hasta donde estamos. Si algo muestran estos quince años de lucha es que el antiespecismo sigue avanzando y que, hoy como ayer, aún queda todo por hacer.

 

https://www.todoporhacer.org 

 

domingo, abril 6

Cerdos ecofascistas (y plantas de biogás)


El proyecto nazi alemán se apoyó en la ciencia para muchas cuestiones, también para la alimentaria. En concreto, su ensoñación de alcanzar una autarquía alimentaria –idea central en los cánones fascistas– les llevó a dedicar muchos esfuerzos y recursos económicos a la adaptación de sus razas de cerdo a una alimentación basada en recursos propios. A base de patatas se pretendió engordar cerdos con alto contenido graso para garantizar los aportes calóricos de la población. Desde su punto de vista, no era sostenible, y subrayo sostenible, que la alimentación del nuevo imperio dependiera de engordar cerdos con maíz importado de terceros países. 


Como recoge el libro Cerdos fascistas de Tiago Saraiva, este proyecto de estandarizar cerdos ‘comepatatas’ por todos los rincones de Alemania bajo el argumento de alcanzar la independencia alimentaria nacional, no solo afectó a la cabaña porcina. Empujado por la retórica nacionalista, y en concreto por la creación de un poderosísimo estamento central, la Corporación de Alimentos del Reich, la Reichsnährstand, el régimen buscó una reorganización de todo el campo y de la sociedad rural. De un modelo de agricultura campesina centrado en la subsistencia, la ciencia y el régimen forzó la industrialización del campo al servicio de una idea de país. 


No creo que exista mucha diferencia entre aquello y lo que hoy podríamos llamar cerdos capitalistas, los engordados hoy por el sistema industrial global. Solo la adoración al dios mercado y al crecimiento infinito impuesta por el régimen capitalista puede hacer entender la rapidísima expansión de macrogranjas por todo el territorio español, con mucho respaldo económico y científico y oídos sordos a la oposición social. Con los mismos vítores que el campesinado alemán recibía a Hitler en festejos y grandes celebraciones mostrándole orgullosos sus cosechas, aquí y ahora, nuestros gobernantes se arrodillan ante las inversiones extranjeras y los nuevos récords alcanzados en la exportación de carne de cerdo. 


En los últimos años, la dominación del régimen capitalista industrial al mundo rural se ejerce blandiendo el discurso, también, de la (malentendida) sostenibilidad, con una fuerza (y respaldo científico) que poco tiene que envidiar a la que ejerció el nazismo en Alemania. Aunque en términos ecológicos sean propuestas mucho más perjudiciales que beneficiosas, estamos viendo cómo el territorio se trocea y se degrada a base de macroparques solares o eólicos bajo el mantra de la sostenibilidad. Pero como explicó un nutrido panel de ponentes en las jornadas “Aturem el macrogàs” organizadas por la plataforma Pobles Vius, puesto que las renovables son solo generadoras de energía eléctrica, la cual solo representa el 20% del consumo energético, se necesitan activar otras energías alternativas ‘sostenibles’. 


En concreto, las únicas alternativas que parecen que pueden aportar algo más de eficacia y viabilidad para mantener la sociedad industrial, son poco novedosas y se centran en la quema de biomasa. Pero dado que no disponemos de tierra suficiente para generar toda la leña que necesitaríamos si queremos sustituir petróleo por pellets, pero dado que tampoco podremos mover los coches y camiones a base de combustibles derivados de aceites vegetales (los biocombustibles) si queremos seguir teniendo alimentos, pero dado que el biogás solo tiene sentido a pequeña escala y para el autoconsumo… la única opción válida técnicamente hablando pasa por lo que se llaman ‘combustibles orgánicos’ derivados de la quema de cadáveres animales y sus ‘subproductos no destinados al consumo humano’, ya que solo la grasa tiene una densidad energética similar a la del petróleo. 


Qué poco conspiranoico me parece pensar que tras el brutal incremento de instalaciones de macrogranjas de cerdos y de proyectos de macroplantas de biogás, instalaciones aptas también para la quema de cadáveres y otros residuos orgánicos, se esconde la nueva alternativa energética. Con ustedes, los cerdos ecofascistas.

 

 

Artículo original en CTXT. Gustavo Duch

 

domingo, julio 21

De cetáceos encerrados y lucha de clases

 

 

No sobramos, lo que pasa es que la cosa está mal repartida. Somos capaces de hacer cosas maravillosas. A través de una adivinanza sobre una película que encandiló a un montón de criajes en los años 90, haremos mención de algunas fuentes que tratan de vincular liberación animal y lucha de clases, dos cuestiones aparentemente separadas pero estrechamente relacionadas. Muchas cosas nos hemos dejado en el fondo del mar que os queríamos contar sobre cetáceos encerrados y sueños de infancia, pero nuestra inquietud no cabe en nuestros podcasts. Otra vez será, mientras tanto, esperamos que lo disfruteis!


Posdata; Nuestra condición compartida con el resto de animales es ser bestias de carga. ¡Disculpen si los violines de fondo dificultan la escucha!

Música de fondo; Refused // sonidos de cetáceos //

Canciones y audios:

- Hollywood - Emma Ruth Rundle Thou
- Tilikum - La mirada del tigre
- Delfín - Otro incendio es posible
- Fire in the ocean - The organ
- Audio película; "Sorpresa, se trata de la adivinanza"
- The tiger and the dolphin - Alice Phoebe Lou
- Rejas de color - Accidente
-Extracto de Meat is murder - The Smiths
- Camino de alta dificultad - Mármol

Libros nombrados;
- Los animales son parte de la clase trabajadora. Ed ochodoscuatro
- Bestias de carga. Ed ochodoscuatro
- Beyond Amnesty. Primera vocal Local anarquista Magdalena.

Artículos;
LIberación en Ucrania;https://es-contrainfo.espiv.net/2013/07/24/ucrania-celula-flafai-reivindica-la-liberacion-de-dos-delfines/

Mel Broughton y la historia de Rocky
https://ochodoscuatroediciones.org/mel-broughton-y-la-historia-de-rocky/

viernes, mayo 10

Insurrección animal. Historias extraordinarias de rebelión y resistencia de los animales en la era del capitalismo global

 


Monos que se fugan de las jaulas de los laboratorios, cerdos que se niegan a bajar la rampa del matadero, vacas que arriesgan su vida y se enfrentan a quienes les roban a sus hijos, cabras que escapan de subastas ganaderas y regresan para liberar a sus compañeras, gorilas que desactivan trampas de cazadores y avisan a otras especies de la amenaza, caballos que rechazan correr en los circuitos hípicos, elefantes que atacan a quienes los torturan en circos, orcas que hunden yates ultracontaminantes… Aunque se supone que los animales no tienen voz, todas estas acciones hablan por sí mismas. Así, las historias de rebelión y resistencia de los animales insisten en que los escuchemos y los reconozcamos como prójimos en la lucha por la justicia social.

En este sentido, no podemos olvidar que todas las estructuras urbanas, comerciales e industriales del capitalismo han dependido históricamente (y siguen haciéndolo) de la explotación animal. La insurrección de los animales es por tanto un fenómeno social y político que, sin embargo, no solemos ver. Al recopilar y ensamblar las historias de los animales que se han rebelado y se rebelan cada día contra esta situación, este libro evidencia que todos ellos son seres sintientes dotados de intereses y deseos propios, y que, como tales, son sujetos de la lucha por su vida, su libertad y su bienestar.

En este poderoso ensayo, Sarat Colling aborda la insurrección animal en su dimensión histórica, política y económica. Pero lo hace siempre a partir de los relatos y los testimonios (muchas veces obtenidos de primera mano en múltiples viajes y pesquisas) que provienen de los lugares donde los animales se rebelaron, de donde escaparon o en los que se refugiaron. Nos han enseñado a alejarnos de los animales oprimidos, a obviar su lucha y lo que ésta implica. Pues bien, ya es hora de acercarnos a ellos. Todos son individuos. Todos tienen una historia que contar.

 

https://erratanaturae.com 

 

 

miércoles, abril 17

Matadero de Binéfar. Un holocausto para los animales y un infierno para las trabajadoras

 

Hace ya algunos años, publicamos un par de artículos sobre la nueva tendencia que se estaba desarrollando en nuestro territorio con la implantación de decenas de macrogranjas, fábricas de carne instaladas en entornos rurales para alimentar al mundo. En ese momento, nos centramos en analizar los efectos sobre el clima, el empleo y la población rural, nuestra salud y, por supuesto, sobre los animales, pero dejamos para un futuro hablar de las condiciones laborales en estos centros de tortura y muerte.

“En el año 2018, en el Estado español fueron sacrificados más de 50 millones de cerdos y existían más de 15 millones de ovejas y cabras y 6 millones y medio de vacas. Como dato para hacernos una idea, en 2015 se sacrificaron 356 millones de aves destinados a consumo humano, la gran mayoría pollos seguido a mucha distancia de pavos y en 2018, 43 millones de conejos.

Nuestro país es el mayor productor de carne de cerdo de Europa y el tercero mundial, solo por detrás de China y Estados Unidos, países con muchísima mayor superficie y población.

Si bien el número total de granjas de porcino en nuestro país ha disminuido de forma drástica (entre 1999 y 2009 desaparecieron más de 110.000 explotaciones, un 61,4% en tan solo una década), el número de animales no ha dejado de aumentar. En ese periodo, el censo de cerdos se incrementó en un 12,3%, de los que el 90% de ellos pertenecía a una granja industrial, y el tamaño de estas no para de aumentar: en 2009, la media de cerdos por granja era de 120 animales y en 2013 ascendía ya a 467. En 2019, las granjas con más de 10.000 cerdos suponen solo el 2,5% del total, pero albergan a más del 40% del porcino español”.

(…) actualmente el 78% de las más de 80.000 granjas de porcino en el Estado español son intensivas, y aunque estemos hablando solamente de cerdos, conviene señalar que éstos suponen más de la mitad de todo el ganado existente. Mientras que en Europa la tendencia ha comenzado a invertirse, disminuyendo la producción de carne un 5% en los últimos cinco años (lo cual no es casual, si no que ha sido impulsado desde las instituciones), aquí ha aumentado un 15%, más de la mitad de la cual es exportada.

¿Y qué significa todo esto? Básicamente: peores condiciones para los animales, tremenda contaminación atmosférica y del suelo y acuíferos, deforestación de vastas extensiones en otras latitudes donde se cultiva la soja y demás materia prima para los piensos, además de otras cuestiones sociales como las pésimas condiciones laborales, el despoblamiento rural, etc.”

Holocausto para los animales…

Ya apuntábamos, aunque nos quedábamos con ganas de profundizar en ello, que “Como consecuencia directa de esta expansión de macrogranjas, se necesita una nueva forma de dar muerte de manera masiva a estos animales, por lo que se están construyendo macromataderos como el de Binéfar, capaz de acabar con 32.000 cerdos al día.”

En estos días el matadero de Binéfar ha vuelto a ser noticia, esta vez por la detención de los hermanos Pini, dueños de Litera Meat, empresa al que pertenece el matadero, acusados de agresión sexual a una trabajadora y delito contra los derechos de los trabajadores.

Para conocer cómo es el matadero de Binéfar, nos hacemos eco de las palabras de una activista por la liberación animal que participó durante meses en una acampada en este pueblo para tratar de impedir su construcción hace ya cuatro años. Lamentablemente, el matadero se construyó, pero de la acampada surgieron vínculos y reflexiones muy útiles para futuras luchas que se recogen en un texto accesible desde la web de la editorial ochodoscuatro:

Binéfar, en la provincia de Huesca, se encuentra en una de las capitales de mayor explotación animal a nivel estatal y europeo. Los campos que rodean el pueblo están totalmente minados de granjas. El olor fétido y repugnante de la zona es debido a las cubas rebosantes de cuerpos de animales en descomposición y a las incontables balsas de purines que se encuentran en las veredas de los caminos.

Antes de la proyección del macromatadero de Piero Pini Binéfar ya contaba con un matadero conocido y de gran importancia, Fibrín, ubicado dentro del pueblo, justo en la parte trasera del supermercado Día.

Vecinas de Binéfar nos contaban como en días de lluvia intensa llegó a brotar sangre por las alcantarillas, y cómo en verano todo el pueblo huele a putrefacción y hay que cerrar ventanas y puertas para que la peste no inunde el interior de las casas.

Un lugar donde la muerte y la explotación animal forman el paisaje, donde los camiones de animales chillando hacia el matadero o la granja de engorde están integrados en lo cotidiano. El lugar perfecto para ubicar allí el matadero más grande de Europa, «Litera Meat». En este espacio del horror 20 horas de cada día son asesinadxs 32.000 cerdxs. 160.000 cada semana, más de 7 millones y medio de animales asesinados al año. Un asesinato cada 3 segundos.

Toda la trama corrupta relacionada con el proyecto de la construcción del macromatadero de Piero Pini (el empresario dueño de Litera Meat) fue destapada por un periodista del diario Público llamado Ferran Barber. Así conocimos que el gran empresario de los mataderos había sido encarcelado por sobornos, corrupción y fraude fiscal, y que estaba relacionado con mafias y metodologías turbias para el desarrollo de sus macabros negocios. Estos procedimientos los siguió manteniendo en Binéfar, donde un policía local ejercía a la vez de escolta privado de la familia Pini, donde políticos con poder y mando tuvieron relación con ventas del terreno del macromatadero, y donde la representante sindical de las personas trabajadoras del macromatadero era una «amiga cercana» de la empresa.

Por contextualizar y dar una visión completa de lo sangrante de todo esto es importante tener en cuenta que antes de la construcción del matadero Binéfar tenía casi pleno empleo (el arcaico y recurrido argumento de “el pueblo necesita trabajo” en este caso tampoco sirve), y las personas que trabajan en Litera Meat son mayoritariamente migrantes de procedencia africana, al igual que en otros mataderos y granjas de la zona. Creo que no hace falta imaginar el filón que tienen los empresarios como Pini con personas de gran vulnerabilidad como la población migrante. Esto ha quedado plasmado en la gestión de la crisis de la pandemia, donde el macromatadero ha vuelto a hacerse famoso por un brote de coronavirus que reflejó la precariedad de sus condiciones laborales. La falta de escrúpulos es total y en todas las direcciones.

Aunque los asesinados siguen siendo los animales no humanos.

El impacto medioambiental de un proyecto como este es devastador. Según su propio informe técnico la emisión de CO2 es de 126 toneladas al día y 1.3 millones de metros cúbicos de basura contaminante cada año. 150 camiones llenos de animales y cadáveres entrando y saliendo del lugar por jornada.

El gasto de agua es también descomunal. Tras el macromatadero hay un embalse que comunica con un pantano gigante. De ahí se nutre el macromatadero para funcionar, gastando 60 litros por segundo, 5000 metros cúbicos de agua al día, el equivalente a dos piscinas olímpicas.

… infierno para las trabajadoras

Cuando la destrucción de la vida de miles de animales y de la naturaleza te da completamente igual, no es extraño que los derechos de tus trabajadores no sean tampoco una prioridad.

Con la complicidad de todas las instituciones, de todos los partidos políticos (sí, todos, Podemos también apoyó la construcción de este centro de muerte), y de los sindicatos CCOO y UGT, la familia Pini ha aprovechado la alfombra roja con la que se le dio la bienvenida para vulnerar los derechos de sus trabajadores.

Desde CNT se ha hecho una labor de denuncia de la situación de los más de 1.600 trabajadores de la empresa y de la represión sindical que sufren por su actuación:

Son incontables las irregularidades que se producen diariamente en este centro de trabajo, muchas de ellas ya denunciadas a Inspección de Trabajo en numerosas ocasiones, que ya ha sancionado varias veces a la empresa sin que las multas parezcan suponerle a Litera Meat un impedimento demasiado grande para seguir quebrantando la ley. La triste realidad es que existe la violación de los derechos en prácticamente todas las áreas de la actividad laboral: personal obligado a hacer horas extras bajo amenaza de despido (incluso más de 12 horas, 6 días a la semana) incumpliendo constantemente la normativa sobre horas extras, vacaciones, festivos, descansos diarios y semanales. Constantes despidos por estar en situación de baja médica (producida precisamente, en muchas ocasiones, por ritmos desorbitados en las cintas de trabajo o por tener que deshuesar piezas de cerdo durante 10 horas al día con cuchillos desafilados), por solicitar permisos para el cuidado de hijos/as o familiares a tu cargo o por prácticamente cualquier circunstancia de salud que impida a un/a trabajador/a ir a trabajar. Faltas muy graves de seguridad y salud laboral, como por ejemplo en las deficiencias en los EPIS y las herramientas de trabajo o en las ya conocidas aglomeraciones de la plantilla durante los momentos más duros de la pandemia del Covid-19, denunciados a Salud Pública ya que produjeron más de 1.000 infectados en la zona por la cadena de contagios (300 de ellos de la plantilla).

El último logro, que nos recuerda la involución de la realidad en los curros, que no atiende a la idílica situación que nos relata la ministra de Trabajo, fue la jornada de ocho horas. Parece una lucha del pasado, pero hace unos meses, setecientas personas pararon su trabajo para reivindicar un derecho que quien crea que está consolidado es que está fuera del mundo. Ese mismo día, y tras el parón, la empresa cedió, aceptó las exigencias de CNT y eliminó la obligación de realizar horas extraordinarias, que no estaban siendo pagadas.

Como todo, el éxito de esta acción no surge de la nada, y menos en un centro de trabajo en el que la mayoría de las trabajadoras son de origen extranjero, con más de veintidós nacionalidades. La Sección Sindical de CNT lleva desde la inauguración del matadero realizando un trabajo sindical de denuncia ante Inspección de Trabajo y Juzgados, y de acompañamiento a los trabajadores a través de asesoramiento sindical y de cursos de prevención de riesgos laborales, así como denunciando el compadreo que las dos grandes centrales sindicales y los partidos políticos tienen con los (pongamos presuntos, por lo que sea) criminales hermanos Pini.

 Ahora, y tras la detención e ingreso en prisión de los dos capos, Piero y Mario, el sindicato convocó una concentración en el pueblo con el lema “basta de abusos en Litera Meat” y, desde la preocupación por el clima laboral en el que pueden hallarse inmersas nuestras compañeras se ha decidido abrir una oficina de atención y acompañamiento integral contra los abusos, dotada de medios jurídicos, sindicales y de acompañamiento psicológico para las trabajadoras, donde recoger y analizar cualquier tipo de abuso que se haya podido producir.

 

https://www.todoporhacer.org 

lunes, julio 10

Profesión: animal «de» laboratorio

 


Autora: Audrey Jougla. Ochodoscuatro Ediciones. Abril, 2023. 249 páginas.

¿Qué es en realidad la experimentación animal? ¿Sigue existiendo o quedó atrás con aquellos videos horripilantes de los años 90? ¿Qué sabemos sobre todo esto?

Audrey Jougla quería respuestas y tenía claro dónde podría encontrarlas: en los laboratorios. Inició así una doble investigación: formalmente estaba haciendo su trabajo de fin de estudios de Filosofía, dedicado al aspecto ético de la experimentación con animales, más concretamente al tema del argumento del “mal necesario”. Paralelamente, estaba haciendo una radiografía (prácticamente una resonancia magnética, podríamos decir) del estado actual de la industria de la experimentación animal en el territorio francés. No solo estaba estudiando los procedimientos, las instituciones o los problemas, también estaba escaneando a las personas que hacen todo eso posible: técnicos de laboratorio, directores de investigación, empresarios de criaderos, etc.

La única forma de saber qué ocurría, cómo y por qué, era remangarse y bajar al fango, sumergirse en él. Pasar todo el tiempo posible con los vivisectores, leer sus revistas, escuchar su discurso, visitar sus centros. También, por cuestiones de seguridad, alejarse temporalmente de los entornos animalistas, dejar de participar y reducir al mínimo las interacciones con sus gentes. Cambiar su vida misma, sabiendo que es transitorio pero que las huellas que dejará serán bien perennes. En ese proceso, la propia Audrey tendrá momentos de dudas, de incertidumbre, de confusión.

Durante más de un año visitó laboratorios públicos y privados. “Profesión: animal «de» laboratorio” nos sitúa, nos ayuda a ponernos al día en un tema sobre el que seguramente tengamos ciertas nociones o intuiciones pero del que no manejemos mucha información actualizada. El libro junta cantidades ingentes de datos con conversaciones, vivencias, reflexiones personales y el relato sobre el propio proceso de la investigación.

 Con el caso de Vivotecnia resonando tan cerca y la figura de la activista infiltrada Carlota Saorsa, es imposible leer “Profesión: animal «de» laboratorio” sin pensar en los evidentes paralelismos. El libro de Audrey Jougla consiguió remover el debate social sobre la experimentación animal en el seno de la sociedad francesa. Además, Audrey fundó Animal Testing, una asociación dedicada a fomentar y publicar las investigaciones sobre el tema. La investigación de Carlota puso sobre la mesa la realidad de la experimentación animal como hasta ahora no se había hecho por estos lares, y dio el pistoletazo de salida para la (ojalá más nutrida) lucha contra Vivotecnia. Ambos ejemplos nos muestran la capacidad que puede tener una persona para afectar con sus acciones al desarrollo de los acontecimientos.

“Profesión: animal «de» laboratorio” es una investigación que cristaliza en un firme alegato contra la experimentación animal, escrito con una profunda honestidad intelectual y una pasión imprescindible para la tarea que tenemos por delante.

sábado, mayo 20

En primavera, Vivotecnia nos altera

 

 

Del pasado 17 al 23 de abril se realizó una semana de acción contra Vivotecnia con acciones descentralizadas en diferentes localidades. Tras un llamamiento general realizado durante los días previos que animaba a visibilizar el rechazo a Vivotecnia y a la experimentación animal, la participación se extendió de distintas formas, a través de acciones como pintadas, pegadas de carteles, campañas de llamadas y correos electrónicos a la propia Vivotecnia y a aquellos organismos y empresas que han establecido contratos con ella, una charla, etc. Desde el propio movimiento antiespecista se animaba a poner en práctica diferentes estrategias, primando la creatividad, para romper el cerco mediático y social que contribuye a la invisibilidad e impunidad de dichas prácticas sobre los animales. También en Barcelona tuvo lugar una manifestación por el centro de la ciudad.

Esta semana de acción se encuadró en un mes de abril en el que se cumplía el segundo aniversario de la publicación de las fotos, que obtuvo Carlota Saorsa, de los experimentos en la empresa Vivotecnia que mostraron la realidad de la experimentación animal. Para el mismo 1 de abril, la Asamblea Antiespecista de Madrid organizó una concentración a las puertas de las instalaciones de la empresa para recordar que, pese a la indignación generalizada de los primeros días y las promesas de acción por parte de las instituciones, dos años después, los animales siguen dentro y los laboratorios funcionando. Durante la tarde del 1 de abril, decenas de personas se concentraron a las puertas del edificio situado en Tres Cantos entre gritos por la liberación animal, para agradecer a las militantes que ponen su cuerpo, su voz y su libertad, para luchar contra los actos de crueldad sobre las animales, y, también, para denunciar que lo que ocurre entre las paredes de Vivotecnia no es un caso aislado, es una práctica sistémica que tiene lugar en cientos de laboratorios por todo el mundo.

En esta tarde de lucha, tuvo lugar otro hecho relevante y algo diferente que rompía con las dinámicas propias de los círculos militantes. Tras la protesta, se organizó una actividad de encuentro y reflexión en el CSO La Animosa, en el barrio de Hortaleza (Madrid).

Suele ser habitual que, tras una manifestación, cada una continúe con su rutina de vida, pero, más de una vez, uno se va de la convocatoria con toda una serie de preguntas rondando por la cabeza. Qué más se puede hacer, cómo ser partícipe, de una forma u otra, de dicha lucha más allá de acudir a la mani, cómo extender las prácticas de lucha a diferentes sectores de la sociedad, etc. Por ello, desde la Asamblea Antiespecista decidieron crear un espacio para, de forma colectiva, compartir dichas dudas y reflexiones, con el objetivo final de reforzar los vínculos y dinámicas de lucha. Crear un espacio donde poder juntarse, donde ponerse cara y nombre, posibilitando la comunicación para romper la separación entre tanto los propios colectivos como entre individualidades, es un elemento imprescindible para fortalecer la lucha que pocas veces tiene lugar. La actividad se basó en cuatro mesas de debate, con una serie de preguntas abiertas, que esperamos sirva como ejemplo para otros colectivos del espectro antiautoritario.

Para terminar el fin de semana, el domingo, la Campaña contra Vivotecnia participó también en un coloquio internacional contra la vivisección, con grupos de otros países como EEUU, Canadá o Italia, organizado por Camp Beagle UK.

Otro elemento de interés en la convocatoria de la manifestación que evidencia el trabajo colectivo previo que, muy a nuestro pesar, muchas veces no tiene lugar por las aceleradas dinámicas de la práctica militante que, en ocasiones, no establece unos ritmos propios de trabajo sino que se deja arrastrar por la inercia del momento, es el hecho de reflexionar y elaborar un protocolo antes de que tenga lugar la propia convocatoria. En él, entre otras cosas, se apostaba por crear espacios seguros y respetuosos para todas, dejando claro que esto no puede tener lugar si acuden grupos con vínculos con organizaciones y personajes fascistas y racistas. Por otro lado, se pedía a los partidos dejar a un lado el proselitismo de su organización para centrar la acción en el objetivo real compartido, la denuncia de la crueldad de la experimentación animal.

Esperemos que este mes de abril repleto de acciones haya tenido su impacto en la compañía y en la visibilización social de lo que implica realmente la experimentación animal, una práctica llena de crueldad y dolor que no pueden ser mitigados con protocolos o buenas prácticas, pues la experimentación animal es tortura y asesinato. Para estar atentas de lo que ocurre en esta campaña, podéis seguir los perfiles de la Asamblea Antiespecista de Madrid en redes y también seguir los hashtags #CerremosVivotecnia y #CerremosVivotecniaPorLosAnimales. La lucha continúa hasta que toda jaula quede vacía.

 

Extraído de https://www.todoporhacer.org

sábado, febrero 4

Dentro del zulo



 


Dentro del zulo el aire se rompe, aúlla, gime, desaparece.
Igual que nosotros, que al acabar la temporada
nos convertimos en huesos enjaulados,
en rumor de sogas,
en hambre y frío made in Spain.
Perdón, no me he presentado todavía.
Soy uno de los miles de perros de caza
que cada febrero se convierte
en estadística del abandono,
del olvido y de la infamia.

Dentro del zulo no existimos,
eso lo saben bien quienes nos abandonan.
Desde el nacimiento hasta la muerte,
pertenecemos a esos cementerios ambulantes
que se llaman cazadores.
Pertenecemos a quienes se deshacen de nosotros
cuando ya no les hacemos falta.

Dentro del zulo, de la soga, del hambre y del frío,
somos invisibles.
Pero, amigas, amigos, fuera del zulo tampoco existimos,
eso lo saben bien quienes legislan discriminándonos
de aquellos otros perros que viven en un hogar.
Ese hilo cruel que une a cazadores y legisladores
nos condena una vez más al maltrato, a la muerte.

Nos abandonan en el zulo
y nos abandonan en negociaciones infructuosas
donde somos una pieza de ajedrez sacrificada.
Una ley que discrimina a unos perros de otros
es una ley cruel e injusta.
Y una ley injusta no es una ley.
Dejad de llamar ley de protección a algo que no nos protege.
Llamadle trofeo político,
trampa para vender humo,
fracaso endulzado con sirope de maltrato.

Nos abandonan en el zulo,
nos abandonan en el Parlamento,
en pleno siglo XXI nos siguen abandonando.
Pero resistiremos,
porque algún día este país será digno
de todos los perros del mundo,
sin distinción.
¡Mismos perros, misma ley!




                                                       Marta Navarro García

martes, diciembre 27

Vivotecnia: crónica de lo acontecido

 

 

El 8 de abril de 2021, Cruelty Free International hizo públicas las imágenes que había tomado una investigadora en el laboratorio madrileño de Vivotecnia, que mostraba las torturas a las que se sometía a los animales.


 


Tras su publicación en el diario británico The Guardian, recogidas al día siguiente por la prensa española, el impacto causado fue mayúsculo, teniendo un relevante eco en redes que rápidamente se transformó en indignación y rabia que se trasladó a las puertas de las instalaciones situadas en Tres Cantos (Madrid). Las administraciones públicas regional y nacional reaccionaron de una forma que, en un primer momento, podría parecer firme y contundente, pero, como se vio más adelante, realmente solo resultaba ser la representación de cierta oposición.

 

La Comunidad Autónoma de Madrid suspendía de forma temporal y parcial la actividad de la empresa, mientras que el Gobierno central, a través del director general de Derechos de los Animales, aseguraba que los animales serían trasladados a centros de protección. Esto último no llegó a suceder, la cómoda excusa del reparto competencial justificó su inacción, y, por el otro lado, la Comunidad levantó la suspensión a los dos meses, pese a que en su primera inspección constató indicios de abusos y malas prácticas en los experimentos. Tras dicho levantamiento, continúa llevándose a cabo la misma actividad investigadora con animales en el mismo entorno.

Por otra parte, el proceso judicial que han impulsado diferentes asociaciones y organizaciones continúa en marcha. En el marco de dicho procedimiento, entre las medidas cautelares solicitadas se encontraba el decomiso de los animales, petición que fue rechazada por la jueza del Juzgado de Instrucción nº 6 de Colmenar Viejo, utilizando en su argumentación informes del SEPRONA y la Comunidad de Madrid, que alegaron que las medidas tomadas por Vivotecnia son suficientes para garantizar el bienestar de los animales.

La Comunidad de Madrid, según pudimos conocer por información publicada en exclusiva por El Salto, a través del fondo de capital riesgo INICAP, participado mayoritariamente por ésta, invirtió más de un millón de euros en Vivotecnia, perdiendo prácticamente toda la inversión. Además de conceder dos avales por valor casi también de un millón de euros y una subvención de 52.973 euros. Pero éste no es el único vínculo de esta empresa con entidades del Estado, tras el levantamiento de la suspensión, instituciones y organismos públicos como el CSIC o el Parc Científic de la Universitat de Barcelona han seguido contratando sus servicios. En noviembre de 2021, Cruelty Free International denunciaba en su página web que “el Ministerio de Ciencia y el Consejo Nacional de Investigación del país han ampliado dos contratos con Vivotecnia, el laboratorio de pruebas de contratos de Madrid en el que expusimos niveles impactantes de crueldad y sufrimiento animal y aparentes incumplimientos sistémicos de las leyes españolas y de la UE a principios de este año”.

Los vínculos de la propia Administración con Vivotecnia son bien estrechos, por lo que confiar en que el Estado tome las medidas necesarias que terminen con su actividad investigadora resulta ser una pretensión quimérica, pues se ha comprobado que ni las horribles imágenes publicadas son suficientes para movilizar a las autoridades políticas y judiciales competentes. Un movimiento de base que reactive la respuesta de los primeros días pero que también ensanche el espacio de lucha en solidaridad con los animales, aglutinando diferentes posiciones que se mantengan activas y participativas, es imprescindible para generar el empuje necesario que termine con dichas prácticas. Este es el objetivo que se ha marcado la Asamblea Antiespecista de Madrid a través de la campaña “Cerremos Vivotecnia”, presentada oficialmente el pasado 8 de octubre en el local de la FAL pero que ya se dio a conocer unos días antes, en las calles de Madrid, a través de carteles y pegatinas que anunciaban una página web que recoge materiales y convocatorias, como la próxima manifestación del 5N antiespecista, vinculada este año a dicha campaña.

Tras las iniciativas de protesta que tuvieron lugar durante las primeras semanas tras la publicación del material audiovisual recogido, la movilización ha ido decreciendo salvo en momentos puntuales, como, por ejemplo, a principio de este 2022, cuando se organizaron una serie de acciones contra el contrato firmado por la Universidad de Barcelona con Vivotecnia para testar un fármaco en cachorros de beagle. Este experimento implicaba suministrar a la mitad de los perros las dosis necesarias para que murieran, sin cuidados paliativos de ningún tipo, mientras que a la otra mitad se les daban diferentes cantidades para estudiar sus reacciones, un experimento de muy dudosa justificación científica pero obligado según una legislación arbitraria y arcaica. Por ello, para recuperar la movilización por el cierre inmediato de Vivotecnia, el movimiento antiespecista pretende, por un lado, volver a encontrarse para retomar la calle para, como ya se publicaba en este periódico cuando se conocieron las primeras imágenes, “seguir haciendo un movimiento por la liberación animal capaz de construir un mundo cada vez más justo y antiespecista”.

 

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sábado, diciembre 24

Entrevista a Futuro Vegetal

 

El número de acciones directas no violentas destinadas a poner el foco en lo poco que se está haciendo para luchar contra la crisis climática se está disparando en todo el mundo. El caso más reciente (y uno de los más sonados) fue el de unas activistas que lanzaron sopa de tomate sobre el cristal que protegía un cuadro de la serie de los girasoles de Van Gogh (sin dañar la obra) en el Reino Unido. Unos días después, otras replicaron la acción en Potsdam lanzando puré de patata a un Monet, exclamando «¿Necesitamos puré de patata en una pintura para que escuchéis? Tengo miedo de que los científicos nos dicen que no podremos alimentar a nuestras familias en 2050. Esta pintura no valdrá nada cuando tengamos que luchar para alimentarnos. ¿Cuándo vais a escuchar y parar vuestros negocios?«. Estas acciones pusieron de relieve una de las mayores contradicciones de nuestra sociedad: parece importar más el arte que la destrucción de nuestro planeta o la muerte de miles de personas cada año por culpa del cambio climático.

Futuro Vegetal (que no guarda ninguna relación con las acciones descritas sobre estas líneas) es uno de esos colectivos de desobediencia civil que ponen sobre la mesa este tipo de contradicciones. Se dio a conocer a principios de este año tiñendo de rojo el Ministerio de Agricultura. Varios meses después, el pasado mes de octubre, cortaron el acceso a la industria cárnica a MercaBarna durante algunas horas. Pero, además de acciones en las que ponen su cuerpo y arriesgan su futuro, también realizan un importante trabajo de difusión, mediante charlas, pegadas de carteles, diseño de infografías, divulgación de vídeos en redes sociales, etc.


Hemos charlado con estas activistas sobre su militancia y sus motivaciones. Os dejamos a continuación con una interesante entrevista en la que analizan su estrategia, objetivos y fines.

Todo por Hacer (TxH): Lo primero de todo, ¿qué es el colectivo Futuro Vegetal? ¿Funcionáis de modo horizontal, asambleario y autogestionado?

Futuro Vegetal (FV): Futuro Vegetal es un colectivo de desobediencia civil y acción directa que lucha para evitar los peores efectos de la Crisis Climática mediante la adopción de un sistema de agroalimentario basado en vegetales. Somos horizontales, autogestionadas y descentralizadas. Tenemos una serie de principios comunes que funcionan como una suerte de acuerdo de mínimos para favorecer la toma de decisiones por consenso y, si este no fuera posible, por consentimiento. Creemos en organizarnos para parar aquello que nos daña; estamos trabajando para lograr paros productivos en la industria cárnica.

TxH: ¿Por qué ha de ser el futuro vegetal? ¿Actuáis por motivación climática, por una ideología antiespecista o ambas cosas?

FV: El futuro debe ser vegetal por una cuestión científica: La ganadería es responsable de más emisiones de gases de efectos invernadero que todo el sector del transporte mundial combinado. También es el mayor usuario de tierras del planeta y el principal impulsor de la deforestación en el mundo. El IPCC lleva años recomendando un cambio de sistema agroalimentario hacia uno basado en vegetales para mitigar las consecuencias de la Crisis Climática. En el estado español consumimos un 80% de alimentos de origen animal frente al 30% que consumen la mayoría de regiones del planeta. Solo la sociedad «occidental» y su cultura del despojo mantiene niveles tan altos en este sentido. Para mantener este consumo la industria agroalimentaria emplea el 70% de los recursos hídricos del estado, destruye el suelo y su biodiversidad y contamina el agua restante.

Al mismo tiempo, entendemos que es uno de los pilares fundamentales del antropocentrismo especista que condena a millones de animales no humanos a las peores torturas por una cuestión de apetencia. La industria cárnica bebe de la objetivación extrema de otros seres sintientes y se nutre de ella para aplicar también condiciones próximas a la esclavitud a sus trabajadoras, la mayoría de ellas migrantes y/o precarizadas en situación de alta vulnerabilidad, siendo uno de los sectores líderes en suicidios a nivel global.

Además, también es un sector que favorece la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos, lo que genera un problema de soberanía popular al dificultar el acceso a bienes básicos y condicionar la forma en la que nos alimentamos. Nos hace dependientes de unas pocas manos.

TxH: Os habéis dado a conocer a través de acciones como lanzar pintura roja contra el Ministerio de Agricultura, cortar el acceso de cárnicos a MercaBarna y por pegar carteles en la sede del PSOE. Pero habéis hecho otro trabajo más invisibilizado, como organizar una gira de charlas en librerías, restaurantes veganos y locales de sindicatos como la CNT, o como crear formularios para rellenar por internet. Habladnos del trabajo activista que lleváis a cabo y de vuestra estrategia.

FV: Hay que reconocer que ha sido mucho trabajo, pero es que la situación es tan crítica que difícilmente podríamos actuar a la altura de las circunstancias sin trabajar al máximo de nuestras capacidades.

Nuestra estrategia se compone de tres pilares: Denuncia, creación de lazos y acción.

Comenzamos nuestro trabajo con una serie de acciones de desobediencia civil para ocupar espacios en la prensa mainstream y tratar de poner de relieve la gravedad del asunto. Desde que nos conformamos como colectivo en enero hemos realizado al menos una acción de desobediencia civil cada dos meses con esta finalidad: Tiramos pintura al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, a las sedes de PP, PSOE, VOX e IU en Andalucía, entramos en «La Velada del Año» de Ibai Llanos y nos encadenamos al ring… Todo ello con la intención de que el mensaje llegue a sectores donde normalmente no lo vemos. No podemos quedarnos en los espacios politizados donde nos sentimos cómodas. Esto es un problema de todas y necesitamos estar juntas para combatirlo.

 Durante el verano, por una cuestión de disponibilidad, hemos hecho una gira por distintas regiones del Estado explicando con más detalle del que nos permiten las acciones la relación entre la industria cárnica y las distintas problemáticas que comentábamos en la anterior pregunta, pero también qué podemos hacer para darle la vuelta a esta situación. Estuvimos en Galicia, Asturias, Euskadi, Catalunya, Illes Balears, Andalucía, Cantabria, Aragón, Navarra y Castilla-León, además de encuentros como Sembrando Futuros, Communia o Sobremesa. Lo más interesante de esta parte es el contacto con gente en distintos territorios y la creación de redes de solidaridad y apoyo mutuo.

 Por último, pasamos a la acción. Es la parte fundamental de nuestra estrategia. No se entiende la divulgación y el trabajo colectivo si no va acompañado de una propuesta para incidir en la realidad material. Nuestra campaña se enfoca en el cierre de centros de la industria cárnica. Queremos acabar con la narrativa de que la función de los movimientos sociales es exigir medidas a las instituciones. Ni están, ni las esperamos. Tenemos que ser nosotras las que tomemos el papel principal en el marco político y quienes hagan lo necesario para asegurar un futuro que merezca la pena vivir.


TxH: ¿Habéis tenido problemas legales derivados de vuestras acciones?

FV: Hasta la fecha no, aunque sí que nos consta que los 4 partidos políticos mayoritarios en Andalucía nos han denunciado por nuestra acción en sus respectivas sedes. Igualmente, es importante destacar el hasta ahora de la anterior frase, pues el sistema de burrepresión actúa con frecuencia mucho después de la comisión de los hechos. En cualquier caso, no nos asusta. La situación es crítica y ni una multa, ni una pena de prisión, es nada comparado con el caos climático al que nos aboca el sistema económico actual. A todas las que tenemos aspiraciones emancipadoras se nos plantea un escenario de catástrofe que sólo va a empeorar si no logramos una revolución social capaz de mitigar el impacto de la Crisis Climática.


TxH: Habéis criticado a organizaciones ecologistas mainstream, como Greenpeace por «tener directivos ricos». ¿Por qué consideráis que es importante la acción directa y la autogestión?

FV: La crítica no es que la directiva sea rica; es que tienen muchísimos recursos y se quedan siempre en acciones de denuncia. Conocemos a muchísimas activistas de Greenpeace y otras organizaciones y el sentir mayoritario es que les gustaría hacer más. No se entiende que una organización que en 2021 recaudó 17.264.763€ se quede en acciones de visibilidad.

Creemos que la acción directa es la única vía que tenemos para cambiar el rumbo que llevamos como especie ya que ningún gobierno está dispuesto a anteponer los intereses colectivos frente a los de las grandes corporaciones. Creemos en la autogestión y la descentralización para evitar que sea un pequeño grupo el que controle el movimiento; las decisiones sobre qué hacer con los recursos colectivos deben ser tomadas por quienes trabajan y se ponen en riesgo para alcanzar nuestros objetivos.

TxH: También habéis criticado a algunas organizaciones animalistas por defender que los derechos de los animales se tienen que conquistar poco a poco. ¿Entendéis que el cambio debe ser drástico e inmediato?

FV: Parece que odiemos a otras organizaciones, aunque en realidad estamos agradecidas de todo lo positivo que hacen. Sí que nos preocupa, igual que en el caso anterior, la cantidad de recursos que absorben estas entidades y que se destinan a metas que no suponen cambios estructurales. La coyuntura climática requiere de un cambio sistémico. Las distintas opresiones que nos atraviesan también. ¿Por qué perder el tiempo pidiendo jaulas más grandes o promocionando envases de plástico reciclado para corporaciones ecocidas como Coca-Cola? Necesitamos que la gente entienda la gravedad del asunto y la responsabilidad y el poder que tenemos de cambiar las cosas.

TxH: ¿El debate político está en macrogranjas sí o no, o en si la ganadería debe existir o no?

FV: Sobre si la ganadería debería existir o no, un estudio de febrero de este mismo año de la Universidad de California concluía que la eliminación mundial de la ganadería podría estabilizar los niveles de gases de efecto invernadero durante 30 años y compensar el 68% de las emisiones de CO2 de este siglo. El gobierno del Estado español declaró la «emergencia climática» en 2019. Creemos que quien lea esto podrá sacar sus propias conclusiones sin más texto por nuestra parte.

TxH: Tenemos entendido que tenéis asambleas abiertas telemáticas. ¿Cómo puede la gente contactar y colaborar con vosotras?

FV: Pues está todo en nuestra web, www.futurovegetal.org y siempre nos pueden mandar un correo electrónico a futurovegetal@protonmail.com o un mensaje a cualquiera de nuestras redes sociales. ¡Esperamos con muchas ganas que entre más gente, tenemos todo por hacer!

 

 https://www.todoporhacer.org

 

 

 

 

viernes, noviembre 18

Macrogranjas y ganadería industrial

 
Paliar o decelerar los efectos de la crisis climática, tener mayor independencia alimentaria respecto a los mercados internacionales o a las alzas de precios por las guerras, reducir la contaminación de ríos, reducir el riesgo de pandemias… ¿Quizás todo esto que ver con la agroindustria? ¿y con la industria cárnica en concreto? Bilbo, del colectivo Futuro Vegetal nos habla de todo esto.

domingo, agosto 14

No somos los únicos animales que sentimos

 


Este mes de julio de 2022 se cumplen diez años de la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia animal. Un grupo de científicos de diferentes áreas firmaron un manifiesto, en el año 2012, donde dejaban claro que los seres humanos no somos los únicos capaces de disfrutar de nuestra vida y de sentir dolor. Confirmaban que la mayoría de animales también son plenamente conscientes de sus experiencias en la vida y tienen sus preferencias y sus intereses personales.

No fue un descubrimiento, ya que a lo largo de la historia de la humanidad hemos dejado constancia de innumerables experiencias y observaciones de conductas de otros animales que nos han hecho pensar que cada individuo tiene una personalidad única. Estas interpretaciones despertaron el movimiento animalista. Aunque no fue hasta principios del siglo XX cuando se reconoció oficialmente la etología como ciencia que estudia el comportamiento de los animales. Desde entonces tenemos a nuestro alcance publicadas más investigaciones, libros y estudios que nunca y no dejan lugar a dudas. Por lo tanto, la Declaración fue un acto simbólico con el que personas de ciencia quisieron transmitir a la sociedad y poner de manifiesto la evidencia científica sobre la capacidad de sentir de la mayoría de animales.

Pasados diez años de esta confirmación oficial, quizá la meta de cerrar los mataderos quede todavía muy lejos. Al ver lo que sucede tras los muros de esos lugares en los que se matan a 900 millones de animales al año solo en el Estado español, mucha gente exigiría su cierre inmediatamente, aunque luego, al pensarlo, no estaría preparada para eliminar los productos de origen animal de sus platos.

Falta concienciación para dar ese paso definitivo. Vivimos inmersos en una sociedad que acepta la mentira y el engaño como recursos publicitarios y donde triunfa el marketing de quien puede pagar más para vender. Por eso, en gran medida, mucha gente sigue creyendo que necesita comer carne, lácteos, huevos y pescado para disfrutar de una buena salud. A pesar del hecho de que siempre ha habido personas, a lo largo de la historia, que decidieron no comer animales y hoy son millones las personas antiespecistas que llevan décadas siguiendo una dieta 100% vegetal sin ningún tipo de problema causado por ello.

También vivimos en la era de la desinformación, aunque nos parece que lo sabemos todo y nos es difícil cuestionar nuestra manera de pensar. Muchas personas se apresuran a defender el confinamiento y el infierno de millones de animales no humanos en laboratorios, como si fuese algo imprescindible o justificable para avanzar en medicina. Ignoran que existen alternativas a este modo de investigación en las que nadie sufre y desconocen el hecho de que más del 90% de experimentos con resultados positivos en otros animales fracasa en seres humanos.

Nos queda mucho por aprender o, mejor dicho, por admitir y actuar en consecuencia de nuestros conocimientos. Pero me parece lamentable que ni siquiera seamos capaces de condenar unas prácticas de tortura que se siguen celebrando a la vista de todos y todas y se justifiquen por ser consideradas una forma de entretenimiento. La tauromaquia, es decir, los encierros, las corridas, las becerradas, los toros embolados, ensogados o tirados al mar son prácticas de maltrato que siguen siendo legales y aceptadas socialmente. Al ser actos públicos, cualquier persona que asista puede ver el sufrimiento de cada animal y la crueldad de los participantes al violentarlos.

Por este motivo, más que cualquier otra forma de explotación, una esperaría haber visto la abolición de este trato hacia los animales como un paso inmediato tras la Declaración de Cambridge. Pero siguen sucediendo y miles de personas siguen participando y yendo a ver sin rubor las barbaries que se cometen. ¿Por qué? Pensemos por un instante ¿en qué nos convierte disfrutar del sufrimiento de otros? ¿Qué tipo de persona hace daño a alguien para divertirse? ¿Por qué causamos dolor a otro individuo cuando este no representa ningún tipo de amenaza?

Y, a pesar de que cada vez hay mayor rechazo hacia estas atrocidades, ¿por qué no se prohíben? No podemos seguir normalizando el sadismo. Si queremos una sociedad sin violencia hacia los demás, no podemos seguir permitiéndola hacia algunos. No podemos tolerar ninguna forma de violencia ante un individuo que solo quiere vivir su vida y que no representa ningún peligro para la de nadie.

Estos días están teniendo lugar en muchos pueblos de nuestro país muchos actos con toros. Les hacen correr asustados entre seres humanos que los atosigan, les pegan, les empujan y les molestan para provocar que se defiendan de alguna manera violenta. Además del sufrimiento por el estrés y el dolor de las agresiones, hay que tener en cuenta los accidentes que se producen. Solo por mencionar algunos, este año en Valencia han muerto tres personas en 24 horas debido a heridas en encierros. En Teruel, el 20 de julio, un toro cayó al suelo y no podía levantarse. Se le acercaron varias personas para intentar ponerlo en pie tirándole del rabo y cogiéndole por los cuernos hasta que desistieron al oír que alguien decía que tenía una pata rota. Y no olvidemos lo que sucedió en un pueblo de Guadalajara en agosto de 2021. El toro Campanito se escapó de una plaza y una persona lo atropelló en la calle dándole golpes con el coche hasta matarlo.

Para conocer detalles sobre estos y otros llamados festejos y celebraciones en las que se hace sufrir a un animal, podemos ver el reportaje Gurean, dirigido por Linas Korta. Un recorrido por 30 pueblos y ciudades que refleja lo que somos capaces de hacer cuando no valoramos la vida de los demás animales.

Para ver lo que ocurre en los mataderos, tenemos a nuestra disposición el reportaje Matadero, de Aitor Garmendia, que sirve de testimonio del presente que nos ha tocado vivir. Una época que pasará a la historia como el pico de crueldad hacia quienes consideramos inferiores. Un momento de máxima falta de ética y de empatía que todavía podemos transformar en cualquier momento.

La Declaración de Cambridge y la realidad de los animales usados y explotados que matamos actualmente me hace pensar que es hora de admitir que hay cuestiones que no deberían estar permitidas y ni siquiera someterse a voto. La integridad de las personas y del resto de animales con los que compartimos este mundo no es una opinión ni puede ser la preferencia de una mayoría o de una minoría. El derecho a vivir es eso, un derecho que nadie debería poder arrebatarle a nadie. Hay otras maneras de generar empleo, de ganarse la vida y, sobre todo, de relacionarnos con el resto de especies animales. 

 

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domingo, mayo 22

La defensa de los animales y el ecologismo ¿en qué se distinguen ambos movimientos?

 

A día de hoy aún es habitual que se confunda a dos movimientos que en realidad son muy distintos y a menudo están en oposición: el ecologismo y la defensa de los animales. 

 

El ecologismo defiende la conservación de los ecosistemas, las poblaciones, las especies y otras entidades naturales. En línea con esto, considera a los animales como parte del entorno que nos rodea a los humanos.

La defensa de los animales tiene un enfoque muy distinto. No ve a los animales (o, para hablar con más propiedad, a los animales no humanos) como una parte del entorno que nos rodea. Por el contrario, los ve como parte de nuestro propio grupo. ¿Cómo es esto? Porque nuestro grupo más fundamental, más definitorio, no es ni la especie ni la nacionalidad ni ningún otro grupo más o menos arbitrario. Es el de los seres que pueden sentir y sufrir. Esto es, el de los seres sintientes. Somos sintientes todos aquellos seres que tenemos estados mentales subjetivos, esto es que tenemos experiencias propias, que experimentamos lo que nos pasa.

Los seres sintientes sentimos y sufrimos, y por ello nos puede dañar lo que nos hagan. Tenemos eso en común, independientemente de cuál sea nuestra especie o cualquier otro colectivo al que pertenezcamos. El interés en no sufrir y en disfrutar de alguien no cambia por pertenecer a una especie u otra. 

Tampoco otras circunstancias, como la inteligencia que alguien tiene, o sus relaciones de simpatía con otros individuos, deberían hacer que alguien reciba más respeto que el resto. Si así fuese, habría que respetar más a ciertos seres humanos que a otros en función de su inteligencia o de a quienes les cae mejor. La mayoría pensamos que esto es claramente inaceptable. Y ello parece correcto, pues lo que hace que podamos sufrir daños no son ni la inteligencia ni la simpatía, sino el mero hecho de ser sintientes.

Ser sintiente (poder sentir y sufrir) importa

Lo que acabamos de ver lleva a concluir que, si un ser sufre, su sufrimiento debe contar por igual, sea más o menos inteligente, sea más o menos simpático, o sea humano o no humano. Lo contrario, dar mayor importancia a alguien por su especie, es lo que se conoce como especismo: una discriminación de quien no pertenece a una cierta especie. 

Ahora bien, ¿qué seres son sintientes? Conforme a las diferentes evidencias de las que disponemos, podemos concluir que para poder sufrir y disfrutar es necesario poseer un sistema nervioso. De hecho, hace falta un sistema nervioso que tenga una cierta centralización, para que pueda procesar la información nerviosa y convertirla en una experiencia. Por ello, se puede concluir que gran parte de los animales pueden sentir y sufrir (entre los que nos encontraríamos, los vertebrados, así como artrópodos como los insectos y crustáceos, o moluscos como los cefalópodos, junto a otros animales). Ello se debe a que poseemos sistemas nerviosos de estos tipos. En cambio, esto no sucede en el caso de otros organismos vivos como arqueas, bacterias, protistas, plantas u hongos: aun cuando puedan reaccionar a ciertos estímulos, no tienen estructuras físicas que conviertan esos estímulos en experiencias. 

Tampoco sufren como tales los ecosistemas, ni los grupos como las especies, las poblaciones, las metapoblaciones o las biocenosis. Entendemos así la diferencia entre las posturas éticas en las que se basan el ecologismo y la defensa de los animales. Esta tiene consecuencias prácticas muy importantes. Vamos a ver a continuación de manera breve las más relevantes.

Explotación animal

El ecologismo rechaza la explotación animal cuando esta tiene un impacto ambiental negativo. Por ello se opone a la ganadería industrial. No obstante, la puede aceptar en ciertos casos. Así, desde el ecologismo se pueden promover prácticas como, por ejemplo, la ganadería ecológica, o la caza y pesca considerada sostenible. También ha habido iniciativas por parte de organizaciones ecologistas a favor de la implementación de programas de experimentación animal para el testado de los efectos ambientales de ciertos químicos.

Estas prácticas serán rechazadas, en cambio, desde la defensa de los animales. Conforme a esta, no podría ser aceptable infligir a los animales no humanos daños que no sería justificable causar, en una situación semejante en todo lo demás, a seres humanos. 

Matanzas debidas a motivaciones ecologistas

Por otra parte, desde el ecologismo se apoyan aquellas intervenciones en los ecosistemas que favorecen la conservación de estos o de otras entidades como especies o poblaciones, aunque ello dañe a los animales. Entre los ejemplos de intervenciones de este tipo se cuenta la matanza de animales considerados no nativos, o cuyas poblaciones se considera que han crecido demasiado. Otro ejemplo consiste en la reintroducción de depredadores, que es negativa para los propios depredadores (capturados, separados de sus familias y transportados a un nuevo terreno desconocido para ellos) y también, claro está, para sus presas.

La mayoría considera que estas medidas serían inaceptables si se aplicasen a seres humanos, debido a que estos tienen intereses que no pueden ser vulnerados aunque ello favorezca la conservación biológica. Ello puede ayudar a entender por qué, desde la defensa de los animales, estas medidas también son inaceptables cuando quienes mueren son animales no humanos que sienten y sufren.

Ayuda a animales salvajes

Por último, las posiciones a favor de los animales implican también que es algo positivo dar ayuda a los animales salvajes cuando lo necesitan. Hay múltiples ejemplos de estas formas de ayuda. Algunos son los siguientes: 

Estas medidas son muy necesarias para los animales, pues contrariamente a lo que muchas veces se piensa, en la naturaleza no viven vidas idílicas. Por el contrario, se enfrentan a múltiples factores: enfermedades, hambre y sed, accidentes, condiciones climáticas adversas, parasitismo, conflictos con otros animales, estrés psicológico, etc. De hecho, muchos animales en el mundo salvaje tienen vidas en las que el sufrimiento puede prevalecer.

Desde el ecologismo, esto puede considerarse positivo cuando tal ayuda también favorezca la conservación ambiental, o neutral cuando no la afecte. Pero también puede considerarse negativo si supone que algún ecosistema, como resultado de la ayuda dada a los animales, pasa a diferir de cómo habría sido si tal ayuda no hubiese tenido lugar. En tales casos, estaremos ante otro tipo más de oposición entre ecologismo y el rechazo del especismo. 

A veces, estos contrastes entre ambas posiciones no se ponen de manifiesto debido a que las posiciones ecologistas tienen una gran popularidad. Pero esto no debería llevarnos a dejar de reivindicar aquello que va en defensa de los animales. De lo contrario, serán estos últimos quienes al final saldrán perdiendo. 

 

Óscar Horta

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