Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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viernes, julio 3

Jaulas


Las jaulas son como las matrioskas rusas

donde parece que hay una

aparecen

infinitas inesperadas robustas ocultas

otras cuantas.

Desde un afuera

te piensas ajeno a los barrotes del otro pero

entonces te descubres

puliendo la tuya. Hay cierto principio en

aprender a nombrar.

son jaulas

las jaulas del miedo

las jaulas de la carencia

las jaulas de la ignorancia

las jaulas de los celos

las jaulas del desarraigo

las jaulas de la pereza

las jaulas de la rabia

las jaulas de la envidia

las jaulas de la mediocridad

las jaulas del éxito

las jaulas de la soberbia

las jaulas del narcisismo

las jaulas de la precariedad

las jaulas del desamor

las jaulas de la violencia

las jaulas de la frustración

las jaulas de la invisibilidad

las jaulas son siempre jaulas

por no olvidar la de la mente

que desnuca las alas

cegando al ojo el asombro

Observamos lastimosamente a los pájaros enjaulados pero

¿y si fueran ellos

los que nos observan incrédulos

en las nuestras?

 

Lourdes Vicente Bertolin. Birding. Ed. Huerga & Fierro, 2026

martes, junio 9

Misión a Gaza

 

 

A mí a donde me gustaría
ver llegar a la Humanidad
no es a la Luna,
es a la franja de Gaza.

No necesito posar mis ojos
en la maravilla
sino dejar de presenciar
el horror.


Manuel Casal Lodeiro


viernes, mayo 22

Y más

 


circundando la ciudad

en lugar de murallas medievales

centros comerciales

polígonos

gasolineras

ciudades clandestinas

puticlubs

vertederos

y más

y más

y más esclavitud

en cualquiera de sus innumerables formas

 

 

 Pablo Iráculis. Dime Cuánto. 

jueves, mayo 7

Me llamaban mujer

 

 

Me llamaban mujer porque tenía el cuerpo de las que paren. Y aunque mi rostro les generaba desconfianza, mi color les animaba a acomodar a sus hijos en mis brazos. Yo no sabía qué hacer con esas criaturitas. Ellos me miraban el vientre y los pechos, medían la amplitud de mis caderas. Preguntaban: ¿para cuándo el tuyo? Yo, perpleja, soñaba que me convertía en un árbol de metal que dejaba caer a sus bebés contra el asfalto. ¿Uno propio? No, no quiero una flor que no pueda regar. Y se quedaban tan tranquilos al comprobar que en mis brazos no cabía más que el suyo.

Luego vinieron a traerme a sus ancianos. Decían que de mí irradiaba un calor que les hacía vivir más años. Me los dejaban al borde de sus camas, yo apretando dedos casi tiesos, amarillos, casi secos. Nunca supe honrar a un muerto ajeno.

Después me pidieron que contara una historia. Yo hablé de noches nevadas, de Saturno y las galaxias, de un amor en las montañas, caballos de colas blancas y de matemáticas. Silenciaron con celo mi boca y sus oídos. Me exigieron que evitara la mentira, que fuera valiente y confesara los colores de mi vida, mis juegos de la infancia, cabalgando ocelotes salvajes en espesas selvas profundas.

Pero en mis manos no había jungla.

Yo crecí entre bloques de cemento, burbuja inmobiliaria sin cristal en las ventanas, aulas de colegio angulosas e industriales, rezos de monjas católicas, semáforos descontrolados y máquinas aladas.

No quisieron escuchar más nada. Ellos ya sabían de motores, de columnas y de espejos. Ellos los habían inventado.

Entonces me pidieron que bailara. Querían que mi cuerpo emitiera la música con la que despiertan a las bestias. Me gritaban: ¡Mueve en curvas las caderas! Aplaudieron, vitorearon, lanzaron sus monedas. Tropecé. Mis piernas no entendían sus cartografías, sus fórmulas exactas. Mis pies no tenían memoria, no esa memoria, no esa sangre.

Yo, la música, la entendía cantando desde dentro: los intestinos, la vagina, los dedos de las manos, la historia (la real, no la de los libros). Pero para entonces ya había entendido que mi voz no servía porque no era mía, era prestada.

 

                                                                                               Ale Oseguera


(De «Mi rostro es un mapa de mi cuerpo»; Ed. Esto no es Berlín, 2023)


(Fotografía de José Gallardo)


lunes, abril 20

Para qué sirve un rey

 

 

Para qué sirve un rey, me preguntas,
mientras clavas tu mirada interrogativa
en mi escurridiza pupila.
Y yo te cuento que un rey sirve para cerrar acuerdos,
presidir mesas, inaugurar ferias y aeropuertos.
Para que las familias reunidas en Nochebuena escuchen
palabras endulzadas que poco dicen de nuestra sociedad.
También para entregar trofeos deportivos
y acumular camisetas, libros, gorras, bufandas,
motos, coches y placas con su nombre.
Incluso hay reyes que portan maletines tras días de caza
mientras toman champagne en vuelos diplomáticos.
Reyes y reinas campechanos y campechanas.
Reinas severas, rotundas,
Reyes altos, guapos y serios
u otros simpáticos que bailan con todas las chicas a la vez.
Para qué sirve un rey, me preguntas:
Para que los bufones dancen.

 

Jorge Ortiz Robla 

jueves, abril 2

Gaza

 

Has visto el campo cubierto de amapolas.
Has visto los olivos y su verde fruto.
Has visto las abejas danzar sobre los higos.
Has visto caer las bombas
como un granizo que rompe.
¿Has visto?
En la misma tierra en que nacen las flores
los niños se entierran.

 

 Jorge Ortiz Robla

domingo, marzo 15

El telediario

 


El Telediario es la sagrada eucaristía

donde millones comulgan a diario con la mentira.

 

  Manuel Casal Lodeiro

viernes, marzo 6

Pero juntas

 

Algún día cambiaremos el mundo,

pero juntas,
sin soltarnos.
Y ya no habrá más guerras,
ni más personas en pateras,
ni más mujeres abusadas,
ni más casos de trata,
se acabarán las víctimas
y la violencia de género,
las muertes de periodistas
y de activistas sociales,
se acabarán las injusticias,
las discriminaciones,
los prejuicios mentales,
los maltratos animales.
Algún día cambiaremos el mundo,

pero juntas,
como poeta, se lo prometo.
Y entonces los monocultivos
dejarán de tener sentido,
la naturaleza como recurso,
se acabarán la turistificación,
el negocio y el mercado
de las cosas esenciales,
el arte de masas y amasado,
en un producto convertido,
y todas las historias tristes,
que heredamos del pasado
y que existen en cada humano
y en cada uno de sus hábitos.
Algún día cambiaremos el mundo,
pero juntas, se lo juro.
Y empezaremos con un beso,
y después con un abrazo,
y haremos el amor
como seres revolucionarios,
y sembraremos en cada gesto
el mundo con el que soñamos,
con barricadas del presente,
hechas de aquí y de ahora,
separarando el futuro del pasado;
los cambios sociales,
las evoluciones personales
serán el verdadero espectáculo.
Algún día cambiaremos el mundo,

tú y yo,
pero juntas.


 

GUL. Solo el arte libera al arte. Ed. Cuadranta, 2025

sábado, febrero 28

En el feliz cumpleaños de la muerte

 


En los cumpleaños no encendemos velas

para no delatar nuestra posición,


no cantamos cumpleaños feliz

porque podrían oírnos desde sus satélites

y sus drones asesinos.


No cantamos, no soplamos velas,

no tenemos tarta, faltan

casi todos los familiares y amigos

a la ceremonia.


El regalo de cumpleaños es seguir vivos

entre tantos cuerpos enterrados.


Morimos para que el Banco Santander reparta beneficios,

morimos para que Netanyahu

pueda cumplir su sueño de otro Reich de los mil años,

morimos para mantener los puestos de trabajo en Indra,

en Airbus, en Alpha Unmanned Systems

y en Pal Tecnos.


Morimos para que te sientas afortunado

de no haber nacido aquí,

te parezca justo tu salario, esta cerveza bien fría,

esa pulsera de España y la Guardia Civil,

ese estadio donde cantar tus colores.


Morimos para que tú puedas vivir,

no tienes que preocuparte por nosotros,


busca el mando de la tele

y pon un poco más fuerte el aire acondicionado,


en las noticias se congratulan de un nuevo récord de temperaturas en junio,

cuatro mil vuelos a las islas canarias solo este fin de semana,

máximos históricos en alquileres de temporada,

cien millones de turistas que salvarán el PIB,


lo mismo dicen algo de Palestina,

pero puedes estar tranquilo,

fingiremos, para ti,

que celebramos mi cumpleaños.



Antonio Orihuela 

martes, febrero 10

El fin del odio que plantaste

 


¡Fuiste tú!

¡Yo sé que fuiste tú!

Me impediste

De nacer en la casa

De mis antepasados

De robustas piedras

Con viñedo al fondo.

En vez de eso,

Una tienda de la Cruz Roja.

Me robaste la infancia

Yo sé…

Juegos inocentes

En los jardines de la casa de mis

Abuelos paternos en Haifa.

Me usurpaste los desayunos

La mesa abundante de cariño

En la casa de mis abuelos maternos

En Hebrón.

En vez de eso, el hambre

Que nos hacía ver el sol y la luna

Como platos de comida.

¡Fuiste tú!

¡Yo sé que fuiste tú!

Mataste mi adolescencia

Por las calles de Tulkarm.

me arrancaste

El derecho de vivir

Libre en mi país.

¡De ir a la escuela como todos

Los niños,

de caminar por los mercados,

de conversar con mis amigos!

¡Y a cuántos de ellos

me impediste conocer!

¡Fuiste tú!

Destruiste mi amor

Por la mujer que debería haber conocido…

Aquélla con quien me casaría…

Me robaste la alegría

De tener en Palestina

A mis hijos.

En vez de eso,

¡Tú… Sí, tú!

En los incontables

lugares del exilio a que me lanzaste

de país en país,

de casa en casa,

me negaste el hogar.

¡Fuiste tú!

¡Yo sé que fuiste tú!

Confinaste a mis padres

A vivir en el eterno

Deseo de retornar al pasado

– dulces memorias –

Tiempo libre de su existencia en nuestras tierras.

Asesinaste

A mis hermanos que no nacieron

Por la miseria de los campos de refugiados.

Mataste a los que nacieron y lucharon contra ti.

Tantas veces tú

Quisiste destruirnos

Deseaste nuestro fin,

Nuestro debilitamiento.

A pesar de todo,

Quiero que sepas…

Nuestros corazones van a vencer

el odio que plantaste…

Así,

Al día siguiente

¡Que la Palestina esté libre de ti!

 

 Yasser Jamil Fayad

lunes, enero 26

Vuestros muertos

 


Veo en la pantalla

vuestras serias caras de fariseos

y siento ganas de vomitar

cuando guardáis silencio

por vuestros muertos

mientras dejáis

que los cuerpos de los niños

(que no son vuestros,

que no merecen vuestra palabra

ni vuestro silencio)

sean desgarrados por las bombas,

cada día,

allá lejos,

donde enviasteis vuestras banderas

a plantar semilllas de libertad;

eso decíais,

eso seguís diciendo.

Y no se os cae vuestra pétrea cara

de vergüenza

porque la tenéis cosida

con las venas

de los que matasteis.

Y la sangre ya no se va

de vuestras manos

por mucho que las lavéis:

puedo verla

manchando vuestros impolutos trajes

de santos demócratas.

Muchos sabemos ya

que estáis desnudos.

Pero seguís tapando con pueriles mentiras

la evidencia que os condena,

mientras consoláis a los que pierden

a sus hermanos, hijos y amados

en la pira que sólo vosotros encendisteis.

Aún veo la ceniza cubriendo vuestras caras,

manchando la pantalla,

rebosando como pus,

extendiéndose por el suelo de la sala,

llenando mi nariz

con el insoportable olor

de aquellos que murieron

por vuestras acciones y omisiones:

¡VUESTROS MUERTOS!


Manuel Casal Lodeiro

jueves, enero 8

Lecciones de jardinería

 

 

nos estáis echando tanta mierda encima
que estáis abonando nuestro odio

 

                                                                         José Pastor González


domingo, diciembre 21

Parque de ciudad

 

 

El verde del parque

es un verde distinto,

el ruido del motor

el humo del motor

entristece a los nidos.

Los columpios del parque tienen hollín.

Los gorriones del parque son sordos.

Los peces del estanque del parque

se han ido.

Árbol, ¿qué pasa con tus hojas?

Aire, ¿qué pasa con mis ojos?

 

Gloria Fuertes 

martes, diciembre 9

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Alimenta y satura la boca de tu buzón,

también el electrónico.

Ojos en carteles gigantes te observan mientras conduces,

ella invade también las ondas de radio.

(Mal)nutren las revistas hasta que enferman,

también habita muy viva, en el cacharro de tu bolsillo.

Hay un poco de programación en la publicidad de la tele,

arma de destrucción pasiva.

En cualquier deporte ya hay más logos que superficie,

patrocinadores voraces, siempre insatisfechos.

Abajo, en el metro, decoran las paredes,

arriba en el cielo la exhiben los aviones.

Colonizadora y parásita a la vez,

megamaquinaria de la confusión.

Imposición bestial para que el mapa

sustituya al territorio.

La identidad es la del consumidor;

permanente estado de necesidad.

(También de necedad).

Muere por colarse en tus sueños,

si es que no lo ha conseguido ya.




Jesús Gálvez Os

En: Voces del Extremo. Poesía y paraíso. Ed. ACSAL. 2025

viernes, noviembre 21

Luciérnagas en off

 


LUCIÉRNAGAS EN OFF



Las luciérnagas se han apagado.

Borrachos e iracundos

varados en semáforos con prisa,

rojo o verde, izquierda o derecha,

confundidos por el GPS que direcciona el sentido.




De nuevo,

las luciérnagas se han apagado.

Los oligarcas de las luminarias

han provocado su baja,

ellas no querían atraer a la presa,

no pretendían vender un champán,

ni unas nuevas viviendas

que ni en cinco vidas

una familia modesta podría comprar.




Antes las luciérnagas brillaban

como luces fluorescentes de neón,

iluminaban los campos con una danza

que dibujaba un mar de lima,

pero se volvió monótona su función.




El capitalismo ha convertido en diversión

las luces fluorescentes de neón, el pole dance,

el machito que, con dinero,

promociona la siguiente violación.





Christian Mingorance Gijón

En: Voces del Extremo. Poesía y paraíso. Ed. ACSAL. 2025

jueves, noviembre 6

Las personas curvas


 

 Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas.


A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.

A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!

Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.

No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.

A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

 

Jesús Lizano 

domingo, octubre 19

Mamíferos

 


Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.
Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantautores.
¿Cantautores?
Yo veo mamíferos…
Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…
Académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.
Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras…
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.
Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.
Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas…
Yo veo mamíferos.

 

Jesús Lizano
El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia
Virus Editorial

miércoles, octubre 1

El iceberg

 


El iceberg avanza hacia nosotros
inexorablemente.
Vedlo cómo se suelta
del frente del glaciar.
Sí, es blanco,
se mueve
sí, es más grande
que todo cuanto avanza
en el mar,
en el aire
o la tierra.

Sueños mortales
que una larga caravana
de icebergs atraviesa.
“A doscientos cincuenta pies de altura
sobre el nivel del mar,
destellan sus colores
que son maravillosos
y totalmente diáfanos.”
“Como si fuese un sol
multiplicado
sobre las celosías de cientos de palacios.”

Mejor es no pensar en lo que pesa
un iceberg.
Cuantos lo han visto
no olvidarán jamás tal espectáculo
aunque vivan cien años.

“Ese espectáculo aguza la imaginación
pero llena el corazón
de un sentimiento de involuntario horror.”

El iceberg carece de futuro.
Flota a la deriva.
No podemos hacer uso de él.
Existe, sin duda.
No tiene valor.
La confortabilidad
no es su fuerte.
Es mayor que nosotros.
Siempre y únicamente
vemos su cima.

Es efímero.
No se preocupa.
Nunca progresa,
pero “cuando, parecido
a una inmensa mesa
de mármol blanco,
veteado de azules,
se mueve de improviso y quiebra lo profundo,
todo el mar se estremece”.

En nada nos concierne,
sigue su ruta monocorde,
no necesita nada,
no se reproduce,
y se derrite.
No deja huellas.
Se disipa perfectamente.
Sí, ésa es la palabra:
Perfectamente.


Hans Magnus Enzensberger

El hundimiento del Titanic

sábado, septiembre 13

Se alquila / Se vende

 


Cuando la hoguera se volvió hilo de humo
el mar, la arena, el horizonte, la playa entera,
todo, todo seguía ahí.
Como si la noche no hubiese ocurrido nunca.


Pero supimos que ya no nos pertenecía.


Mientras ardía, girábamos ciegos
creyendo ser la generación prometida,
nos inyectaron la creencia de la propiedad
en el ombligo
y brindábamos felices
la firma ante el dios que daba fe.


Cuando se apagó la hoguera
mi generación perdió el norte,
la esperanza, la fe y la casa.


Y así, de repente,
como un calambrazo o un bostezo,
nos ordenaron devolver la ropa.


¡Pobre generación!
La generación embargada
la generación emigrante
la generación nómada.


Nos enseñaron la playa, sí,
pero nos despertaron en mitad del desierto
y nos obligaron a abrir bien los ojos.


Cuando la hoguera ya era hilo de humo
el mar, la arena, el horizonte, la playa entera
todo seguía ahí, pero ya no era nuestro.


Mi generación ahora busca la belleza
en los puentes, en las fronteras
caminos de piedras,
en el centro de los cuatro vientos.


para sacudirnos las promesas
redimirnos y gritar:


No les creáis, todo es mentira
no estamos locos, lo hemos visto.
¡No les creáis, todo es mentira!
¡Todo es mentira!




Mar Domínguez.
Ilustración: Francisco Naranjo