martes, julio 21
viernes, julio 3
Jaulas

Las jaulas son como las matrioskas rusas
donde parece que hay una
aparecen
infinitas inesperadas robustas ocultas
otras cuantas.
Desde un afuera
te piensas ajeno a los barrotes del otro pero
entonces te descubres
puliendo la tuya. Hay cierto principio en
aprender a nombrar.
son jaulas
las jaulas del miedo
las jaulas de la carencia
las jaulas de la ignorancia
las jaulas de los celos
las jaulas del desarraigo
las jaulas de la pereza
las jaulas de la rabia
las jaulas de la envidia
las jaulas de la mediocridad
las jaulas del éxito
las jaulas de la soberbia
las jaulas del narcisismo
las jaulas de la precariedad
las jaulas del desamor
las jaulas de la violencia
las jaulas de la frustración
las jaulas de la invisibilidad
las jaulas son siempre jaulas
por no olvidar la de la mente
que desnuca las alas
cegando al ojo el asombro
Observamos lastimosamente a los pájaros enjaulados pero
¿y si fueran ellos
los que nos observan incrédulos
en las nuestras?
Lourdes Vicente Bertolin. Birding. Ed. Huerga & Fierro, 2026 |
martes, junio 9
Misión a Gaza
A mí a donde me gustaría
ver llegar a la Humanidad
no es a la Luna,
es a la franja de Gaza.
No necesito posar mis ojos
en la maravilla
sino dejar de presenciar
el horror.
Manuel Casal Lodeiro
viernes, mayo 22
Y más
circundando la ciudad
en lugar de murallas medievales
centros comerciales
polígonos
gasolineras
ciudades clandestinas
puticlubs
vertederos
y más
y más
y más esclavitud
en cualquiera de sus innumerables formas
Pablo Iráculis. Dime Cuánto.
jueves, mayo 7
Me llamaban mujer
Me llamaban mujer porque tenía el cuerpo de las que paren. Y aunque mi rostro les generaba desconfianza, mi color les animaba a acomodar a sus hijos en mis brazos. Yo no sabía qué hacer con esas criaturitas. Ellos me miraban el vientre y los pechos, medían la amplitud de mis caderas. Preguntaban: ¿para cuándo el tuyo? Yo, perpleja, soñaba que me convertía en un árbol de metal que dejaba caer a sus bebés contra el asfalto. ¿Uno propio? No, no quiero una flor que no pueda regar. Y se quedaban tan tranquilos al comprobar que en mis brazos no cabía más que el suyo.
Luego vinieron a traerme a sus ancianos. Decían que de mí irradiaba un calor que les hacía vivir más años. Me los dejaban al borde de sus camas, yo apretando dedos casi tiesos, amarillos, casi secos. Nunca supe honrar a un muerto ajeno.
Después me pidieron que contara una historia. Yo hablé de noches nevadas, de Saturno y las galaxias, de un amor en las montañas, caballos de colas blancas y de matemáticas. Silenciaron con celo mi boca y sus oídos. Me exigieron que evitara la mentira, que fuera valiente y confesara los colores de mi vida, mis juegos de la infancia, cabalgando ocelotes salvajes en espesas selvas profundas.
Pero en mis manos no había jungla.
Yo crecí entre bloques de cemento, burbuja inmobiliaria sin cristal en las ventanas, aulas de colegio angulosas e industriales, rezos de monjas católicas, semáforos descontrolados y máquinas aladas.
No quisieron escuchar más nada. Ellos ya sabían de motores, de columnas y de espejos. Ellos los habían inventado.
Entonces me pidieron que bailara. Querían que mi cuerpo emitiera la música con la que despiertan a las bestias. Me gritaban: ¡Mueve en curvas las caderas! Aplaudieron, vitorearon, lanzaron sus monedas. Tropecé. Mis piernas no entendían sus cartografías, sus fórmulas exactas. Mis pies no tenían memoria, no esa memoria, no esa sangre.
Yo, la música, la entendía cantando desde dentro: los intestinos, la vagina, los dedos de las manos, la historia (la real, no la de los libros). Pero para entonces ya había entendido que mi voz no servía porque no era mía, era prestada.
(De «Mi rostro es un mapa de mi cuerpo»; Ed. Esto no es Berlín, 2023)
(Fotografía de José Gallardo)
lunes, abril 20
Para qué sirve un rey
Para qué sirve un rey, me preguntas,
mientras clavas tu mirada interrogativa
en mi escurridiza pupila.
Y yo te cuento que un rey sirve para cerrar acuerdos,
presidir mesas, inaugurar ferias y aeropuertos.
Para que las familias reunidas en Nochebuena escuchen
palabras endulzadas que poco dicen de nuestra sociedad.
También para entregar trofeos deportivos
y acumular camisetas, libros, gorras, bufandas,
motos, coches y placas con su nombre.
Incluso hay reyes que portan maletines tras días de caza
mientras toman champagne en vuelos diplomáticos.
Reyes y reinas campechanos y campechanas.
Reinas severas, rotundas,
Reyes altos, guapos y serios
u otros simpáticos que bailan con todas las chicas a la vez.
Para qué sirve un rey, me preguntas:
Para que los bufones dancen.
Jorge Ortiz Robla
jueves, abril 2
Gaza
Has visto el campo cubierto de amapolas.
Has visto los olivos y su verde fruto.
Has visto las abejas danzar sobre los higos.
Has visto caer las bombas
como un granizo que rompe.
¿Has visto?
En la misma tierra en que nacen las flores
los niños se entierran.
Jorge Ortiz Robla
domingo, marzo 15
El telediario
El Telediario es la sagrada eucaristía
donde millones comulgan a diario con la mentira.
Manuel Casal Lodeiro
viernes, marzo 6
Pero juntas
Algún día cambiaremos el mundo,
pero juntas,
sin soltarnos.
Y ya no habrá más guerras,
ni más personas en pateras,
ni más mujeres abusadas,
ni más casos de trata,
se acabarán las víctimas
y la violencia de género,
las muertes de periodistas
y de activistas sociales,
se acabarán las injusticias,
las discriminaciones,
los prejuicios mentales,
los maltratos animales.
Algún día cambiaremos el mundo,
pero juntas,
como poeta, se lo prometo.
Y entonces los monocultivos
dejarán de tener sentido,
la naturaleza como recurso,
se acabarán la turistificación,
el negocio y el mercado
de las cosas esenciales,
el arte de masas y amasado,
en un producto convertido,
y todas las historias tristes,
que heredamos del pasado
y que existen en cada humano
y en cada uno de sus hábitos.
Algún día cambiaremos el mundo,
pero juntas, se lo juro.
Y empezaremos con un beso,
y después con un abrazo,
y haremos el amor
como seres revolucionarios,
y sembraremos en cada gesto
el mundo con el que soñamos,
con barricadas del presente,
hechas de aquí y de ahora,
separarando el futuro del pasado;
los cambios sociales,
las evoluciones personales
serán el verdadero espectáculo.
Algún día cambiaremos el mundo,
tú y yo,
pero juntas.
GUL. Solo el arte libera al arte. Ed. Cuadranta, 2025
sábado, febrero 28
En el feliz cumpleaños de la muerte
En los cumpleaños no encendemos velas
para no delatar nuestra posición,
no cantamos cumpleaños feliz
porque podrían oírnos desde sus satélites
y sus drones asesinos.
No cantamos, no soplamos velas,
no tenemos tarta, faltan
casi todos los familiares y amigos
a la ceremonia.
El regalo de cumpleaños es seguir vivos
entre tantos cuerpos enterrados.
Morimos para que el Banco Santander reparta beneficios,
morimos para que Netanyahu
pueda cumplir su sueño de otro Reich de los mil años,
morimos para mantener los puestos de trabajo en Indra,
en Airbus, en Alpha Unmanned Systems
y en Pal Tecnos.
Morimos para que te sientas afortunado
de no haber nacido aquí,
te parezca justo tu salario, esta cerveza bien fría,
esa pulsera de España y la Guardia Civil,
ese estadio donde cantar tus colores.
Morimos para que tú puedas vivir,
no tienes que preocuparte por nosotros,
busca el mando de la tele
y pon un poco más fuerte el aire acondicionado,
en las noticias se congratulan de un nuevo récord de temperaturas en junio,
cuatro mil vuelos a las islas canarias solo este fin de semana,
máximos históricos en alquileres de temporada,
cien millones de turistas que salvarán el PIB,
lo mismo dicen algo de Palestina,
pero puedes estar tranquilo,
fingiremos, para ti,
que celebramos mi cumpleaños.
Antonio Orihuela
martes, febrero 10
El fin del odio que plantaste
¡Fuiste tú!
¡Yo sé que fuiste tú!
Me impediste
De nacer en la casa
De mis antepasados
De robustas piedras
Con viñedo al fondo.
En vez de eso,
Una tienda de la Cruz Roja.
Me robaste la infancia
Yo sé…
Juegos inocentes
En los jardines de la casa de mis
Abuelos paternos en Haifa.
Me usurpaste los desayunos
La mesa abundante de cariño
En la casa de mis abuelos maternos
En Hebrón.
En vez de eso, el hambre
Que nos hacía ver el sol y la luna
Como platos de comida.
¡Fuiste tú!
¡Yo sé que fuiste tú!
Mataste mi adolescencia
Por las calles de Tulkarm.
Tú
me arrancaste
El derecho de vivir
Libre en mi país.
¡De ir a la escuela como todos
Los niños,
de caminar por los mercados,
de conversar con mis amigos!
¡Y a cuántos de ellos
me impediste conocer!
¡Fuiste tú!
Destruiste mi amor
Por la mujer que debería haber conocido…
Aquélla con quien me casaría…
Me robaste la alegría
De tener en Palestina
A mis hijos.
En vez de eso,
¡Tú… Sí, tú!
En los incontables
lugares del exilio a que me lanzaste
de país en país,
de casa en casa,
me negaste el hogar.
¡Fuiste tú!
¡Yo sé que fuiste tú!
Confinaste a mis padres
A vivir en el eterno
Deseo de retornar al pasado
– dulces memorias –
Tiempo libre de su existencia en nuestras tierras.
Asesinaste
A mis hermanos que no nacieron
Por la miseria de los campos de refugiados.
Mataste a los que nacieron y lucharon contra ti.
Tantas veces tú
Quisiste destruirnos
Deseaste nuestro fin,
Nuestro debilitamiento.
A pesar de todo,
Quiero que sepas…
Nuestros corazones van a vencer
el odio que plantaste…
Así,
Al día siguiente
¡Que la Palestina esté libre de ti!
Yasser Jamil Fayad
lunes, enero 26
Vuestros muertos
Veo en la pantalla
vuestras serias caras de fariseos
y siento ganas de vomitar
cuando guardáis silencio
por vuestros muertos
mientras dejáis
que los cuerpos de los niños
(que no son vuestros,
que no merecen vuestra palabra
ni vuestro silencio)
sean desgarrados por las bombas,
cada día,
allá lejos,
donde enviasteis vuestras banderas
a plantar semilllas de libertad;
eso decíais,
eso seguís diciendo.
Y no se os cae vuestra pétrea cara
de vergüenza
porque la tenéis cosida
con las venas
de los que matasteis.
Y la sangre ya no se va
de vuestras manos
por mucho que las lavéis:
puedo verla
manchando vuestros impolutos trajes
de santos demócratas.
Muchos sabemos ya
que estáis desnudos.
Pero seguís tapando con pueriles mentiras
la evidencia que os condena,
mientras consoláis a los que pierden
a sus hermanos, hijos y amados
en la pira que sólo vosotros encendisteis.
Aún veo la ceniza cubriendo vuestras caras,
manchando la pantalla,
rebosando como pus,
extendiéndose por el suelo de la sala,
llenando mi nariz
con el insoportable olor
de aquellos que murieron
por vuestras acciones y omisiones:
¡VUESTROS MUERTOS!
Manuel Casal Lodeiro
jueves, enero 8
domingo, diciembre 21
Parque de ciudad
El verde del parque
es un verde distinto,
el ruido del motor
el humo del motor
entristece a los nidos.
Los columpios del parque tienen hollín.
Los gorriones del parque son sordos.
Los peces del estanque del parque
se han ido.
Árbol, ¿qué pasa con tus hojas?
Aire, ¿qué pasa con mis ojos?
Gloria Fuertes
martes, diciembre 9
Publicidad
Alimenta y satura la boca de tu buzón,
también el electrónico.
Ojos en carteles gigantes te observan mientras conduces,
ella invade también las ondas de radio.
(Mal)nutren las revistas hasta que enferman,
también habita muy viva, en el cacharro de tu bolsillo.
Hay un poco de programación en la publicidad de la tele,
arma de destrucción pasiva.
En cualquier deporte ya hay más logos que superficie,
patrocinadores voraces, siempre insatisfechos.
Abajo, en el metro, decoran las paredes,
arriba en el cielo la exhiben los aviones.
Colonizadora y parásita a la vez,
megamaquinaria de la confusión.
Imposición bestial para que el mapa
sustituya al territorio.
La identidad es la del consumidor;
permanente estado de necesidad.
(También de necedad).
Muere por colarse en tus sueños,
si es que no lo ha conseguido ya.
En: Voces del Extremo. Poesía y paraíso. Ed. ACSAL. 2025
viernes, noviembre 21
Luciérnagas en off
LUCIÉRNAGAS EN OFF
Las luciérnagas se han apagado.
Borrachos e iracundos
varados en semáforos con prisa,
rojo o verde, izquierda o derecha,
confundidos por el GPS que direcciona el sentido.
De nuevo,
las luciérnagas se han apagado.
Los oligarcas de las luminarias
han provocado su baja,
ellas no querían atraer a la presa,
no pretendían vender un champán,
ni unas nuevas viviendas
que ni en cinco vidas
una familia modesta podría comprar.
Antes las luciérnagas brillaban
como luces fluorescentes de neón,
iluminaban los campos con una danza
que dibujaba un mar de lima,
pero se volvió monótona su función.
El capitalismo ha convertido en diversión
las luces fluorescentes de neón, el pole dance,
el machito que, con dinero,
promociona la siguiente violación.
Christian Mingorance Gijón
En: Voces del Extremo. Poesía y paraíso. Ed. ACSAL. 2025
jueves, noviembre 6
Las personas curvas
Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas.
A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.
Jesús Lizano
domingo, octubre 19
Mamíferos
Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.
Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantautores.
¿Cantautores?
Yo veo mamíferos…
Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…
Académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.
Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras…
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.
Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.
Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas…
Yo veo mamíferos.
Jesús Lizano
El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia
Virus Editorial
miércoles, octubre 1
El iceberg
El iceberg avanza hacia nosotros
inexorablemente.
Vedlo cómo se suelta
del frente del glaciar.
Sí, es blanco,
se mueve
sí, es más grande
que todo cuanto avanza
en el mar,
en el aire
o la tierra.
Sueños mortales
que una larga caravana
de icebergs atraviesa.
“A doscientos cincuenta pies de altura
sobre el nivel del mar,
destellan sus colores
que son maravillosos
y totalmente diáfanos.”
“Como si fuese un sol
multiplicado
sobre las celosías de cientos de palacios.”
Mejor es no pensar en lo que pesa
un iceberg.
Cuantos lo han visto
no olvidarán jamás tal espectáculo
aunque vivan cien años.
“Ese espectáculo aguza la imaginación
pero llena el corazón
de un sentimiento de involuntario horror.”
El iceberg carece de futuro.
Flota a la deriva.
No podemos hacer uso de él.
Existe, sin duda.
No tiene valor.
La confortabilidad
no es su fuerte.
Es mayor que nosotros.
Siempre y únicamente
vemos su cima.
Es efímero.
No se preocupa.
Nunca progresa,
pero “cuando, parecido
a una inmensa mesa
de mármol blanco,
veteado de azules,
se mueve de improviso y quiebra lo profundo,
todo el mar se estremece”.
En nada nos concierne,
sigue su ruta monocorde,
no necesita nada,
no se reproduce,
y se derrite.
No deja huellas.
Se disipa perfectamente.
Sí, ésa es la palabra:
Perfectamente.
sábado, septiembre 13
Se alquila / Se vende
Cuando la hoguera se volvió hilo de humo
el mar, la arena, el horizonte, la playa entera,
todo, todo seguía ahí.
Como si la noche no hubiese ocurrido nunca.
Pero supimos que ya no nos pertenecía.
Mientras ardía, girábamos ciegos
creyendo ser la generación prometida,
nos inyectaron la creencia de la propiedad
en el ombligo
y brindábamos felices
la firma ante el dios que daba fe.
Cuando se apagó la hoguera
mi generación perdió el norte,
la esperanza, la fe y la casa.
Y así, de repente,
como un calambrazo o un bostezo,
nos ordenaron devolver la ropa.
¡Pobre generación!
La generación embargada
la generación emigrante
la generación nómada.
Nos enseñaron la playa, sí,
pero nos despertaron en mitad del desierto
y nos obligaron a abrir bien los ojos.
Cuando la hoguera ya era hilo de humo
el mar, la arena, el horizonte, la playa entera
todo seguía ahí, pero ya no era nuestro.
Mi generación ahora busca la belleza
en los puentes, en las fronteras
caminos de piedras,
en el centro de los cuatro vientos.
para sacudirnos las promesas
redimirnos y gritar:
No les creáis, todo es mentira
no estamos locos, lo hemos visto.
¡No les creáis, todo es mentira!
¡Todo es mentira!
Ilustración: Francisco Naranjo

















