Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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viernes, octubre 16

¿Existe algo como un «alto el fuego»?

 ACRACIA ANARQUISMO NIHILISMO

Hoy, en este inefable país que llamamos Reino de España, se estrena en salas comerciales el documental NAZA, que recoge la matanza sistemática de civiles palestinos por parte de las fuerzas armadas israelíes. Al parecer, de manera estremecedora, el título alude a unas palabras en hebreo (nezek agavi), usadas por el Ejército de Israel para prever la cifra de víctimas civiles en un ataque aéreo (daño colateral, lo llaman). La película, rodada en Tel Aviv por israelíes, revela también el papel de los funcionarios del gobierno en el genocidio a través de multitud de entrevistas con soldados y agentes de inteligencia. Como era de prever, el film está prohibido en Israel y sus directores han sido acusados de traición, esa palabra que tanto gusta a los gobiernos criminales usando un lenguaje repulsivamente militarista. Los responsables de NAZA han declarado que no temen tanto al gobierno, como a parte de la sociedad civil israelí, aunque me congratula conocer que también han recibido multitud de apoyo por parte de personas y organizaciones internacionales (y también israelíes). ¿Alguien, en su sano juicio moral, puede sostener que una obra así pueda estar manipulada? ¿Alguien, a estas alturas, puede dudar que lo que se está perpetrando en Gaza es una masacre, asesinato masivo, genocidio o como diablos lo queramos llamar? Parece que vivimos en tiempos muy oscuros para, sencillamente, denunciar lo que es evidente, pero ya hay situaciones que se caen por su propio peso.

Desgraciadamente, en un mundo plagado de imágenes que nos distancian de la realidad, nos estamos acostumbrando mediáticamente al horror, a contemplar innumerables muertos por la mano humana. Por obra, por supuesto, de los diversos poderes establecidos, aunque desgraciadamente con la connivencia o la equidistancia (ese concepto tan nefasto) de gran parte de aquellos espectadores sin la conciencia bien oxigenada. El 7 de octubre de 2023, Hamas perpetra un ataque sobre territorio israelí donde no puede negarse que hubo cientos de víctimas, aunque también desencadenó una buena cantidad de bulos bien difundidos, en un mundo que tiende a la polarización de manera descerebrada, por la autoridades israelíes y sus poderosos aliados. Por mucho que condenemos dicho ataque (algo que debería ser normal, no justificar muertes, mucho menos de civiles), y los realizadores de NAZA han tenido que hacerlo para evitar críticas, no puede desvincularse de lo que son muchas décadas de hostigamiento del Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Los asesinatos de Hamas fueron la perfecta excusa para que el gobierno encabezado por Netanyahu iniciara todo un proceso de exterminación de la población en Gaza, de inflingir un sufrimiento indescriptible a víctimas civiles. Existe cierta investigación reciente por parte de un periódico de Israel, que asegura que el Ejecutivo israelí (no lo olvidemos, al frente de un poderoso Estado militarizado) habría estado advertido del ataque, aunque desconozco si tiene una base rigurosa.

¿Alguien, no contaminado por ese subterfugio inicuo que alude a la complejidad de los «conflictos», puede seguir negando una masacre masiva? En Gaza, habitan unos dos millones de personas hacinadas en 365 kilómetros cuadrados, y todos ellos (antes, incluso, de aquel 7 de octubre de 2023) han vivido el horror como una realidad cotidiana. Desde el inicio de los ataques israelíes poco después de esa fecha, el número de fallecidos gazatíes estriba entre 75.000 y 77.000 palestinos, aunque son cifras que seguirán negando algunos. Hoy, han pasado ya más de tres años y el ejército israelí, a pesar de que eso apenas ocupe ya titulares y espacio en la prensa generalista, continúa bombardeando el lugar y produciendo víctimas. Hace cosa de un año, de cara a la galería hubo un «alto el fuego» que obviamente no ha sido respetado y se habla de más de 1.400 asesinados desde entonces, con varios miles de heridos y con la mayor parte de edificios y recursos destruidos. Como no ha habido avance alguno para la paz, de manera también evidente, Hamas no ha abandonado tampoco las armas. Y así seguimos en un repulsivo mundo plagado de conflictos bélicos que sufre la población civil. Permanece esa inicua lucha por la narrativa, aunque esta sea de un maniqueísmo pueril fácilmente desmontable, y Netanyahu continúa apelando al derecho de Israel para la «defensa».

A finales de este mes de octubre, se producirán nuevas elecciones en Israel y, aunque el gobierno actual solo haya exacerbado los crímenes sobre los palestinos, muchos esperan que Netanyahu y compañía sean desbancados. Esperemos que no cambie todo para que todo, más o menos, continúe igual. Mientras tanto, producido ya el tercer aniversario del genocidio en Gaza, y a pesar de ciertos gestos, gran parte de la comunidad internacional, teniendo en cuenta los poderosos aliados que tiene Israel, parece mirar hacia otro lado. Ya he afirmado en otras ocasiones que, para este sapiens nada imparcial que suscribe, pertinazmente ácrata y algo nihilista, el derecho internacional es más bien una pantomima, así como que las instituciones que presuntamente lo sustentan están condicionadas o directamente subordinadas a los diversos intereses de los poderes establecidos. Como también sostengo a menudo, si de modo obvio no podemos confiar en institución jerarquizada alguna, toda la responsabilidad recae sobre nosotros, la población civil, para seguir evidenciando y paliando en la medida de lo posible las acciones criminales de toda maquinaria bélica puesta en marcha por los Estados. Es una doble vertiente, denunciar de manera concreta las atrocidades de los fuertes, a nivel político y económico, sobre los débiles en cualquier parte del mundo, y seguir trabajando por un mundo solidario y sin fronteras.

 

Juan Cáspar

sábado, septiembre 19

¿Por qué es deseable una sociedad laica? Porque es deseable la libertad


Entrevista a Ilya U. Topper, autor de “Dios, marca registrada”

 

-Parece un hecho innegable que la mayoría de la población mundial vive algún tipo de espiritualidad o de creencia religiosa, hecho que hay que entender y aceptar en toda su complejidad…

 

-Ilya U. Topper: Perdona que interrumpa: voy a negar la mayor. Es un hecho innegable que la mayoría de la población mundial vive sometida a alguna forma de creencia religiosa, normalmente estandarizada por algún tipo de clero. Hay quien crree en esa religión, pero hay muchos otros que asumen sus fórmulas como parte de una vida social obligada, sin que esto tenga nada de espiritual. Lo que llamamos religión es, mucho más que espiritualidad, un tipo de organización social y político, normalmente controlado por ciertos círculos de poder. Cuando estos círculos de poder no están físicamente presentes, por ejemplo en regiones rurales alejadas, la influencia d ella religión puede ser muy baja, o simplemente prestar su nombre a la práctica de otros ritos, anteriores, “paganos”, que también son más sociales que espirituales. Y si su poder desaparece, l agnosticismo, al menos desde su aspecto práctico, se convierte en mayoría, como pasa hoy en España, donde el 70% de los adultos no va a misa nunca o casi nunca (y eso incluye más de la mitad de quienes se declaran católicos).

 

-…Sin embargo, no sé si podemos hablar de un nuevo resurgir religioso, ligado quizás a nuevas circunstancias, necesidades e incertidumbres sociales. ¿Cómo podríamos caracterizar ese resurgir de la religión?

 

-Como un éxito de ciertos grupos de poder. Que han visto que las formas de religión tradicionales han ido desapareciendo, precisamente porque la gente, una vez quitada la obligatoriedad de practicar una religión, deja de practicarla: porque no la necesita. Por eso este resurgir religioso se caracteriza por nuevas formas, nuevos ritos. No es que la gente en España vuelva a peregrinar a las ermitas del pueblo; lo que tiene éxito son grupos evangelistas con cánticos, o bien grupos católicos que forman comunidades concretas, cerradas; se ofrece una organización social, ser parte de algo.

 

-Islam, cristianismo, judaísmo, son las tres principales religiones monoteístas. En tu obra pones en cuestión determinados mitos o interpretaciones que parecen tratar de construir diferencias artificiales entre ellas. ¿Cuáles serían esas interpretaciones y que objetivo persiguen?

 

-Judaísmo, cristianismo e Islam son tres formas de una sola religión, estandarizadas en diferentes momentos históricos. Eso es obvio para los últimos llegados, los musulmanes: en el islam no cabe ninguna duda que el Corán es un libro santo enviado por el mismo Dios que envió la torá y los Evangelios en anteriorres intentos de guiar la humanidad. Los cristianos también lo tienen muy claro respecto a la religión judía: a la Torá la llaman, simplemente, antiguo Testamento, y la aceptan como obra fundamental de la religión cristiana. A ningún cristiano se le ocurriría decir que el Dios que mandó el Diluvio del que escapó Noé o dio los Diez Mandamientos a Moisés es un Dios distinto del que se encarna en Jesucristo. Luego, cada religión tacha de herejes a quienes se salen de la comunidad e inventan nuevas formas de ritos: así, para los judíos, los cristianos son adoradores de imagenes y para los cristianos, los musulmanes son unos infieles. Para evitar que más gente siga la nueva corriente, por nueva siempre atractiva, la ortodoxia, que quiere mantener su poder, tiene que hacer ver a su grey que lo nuevo es un sindios. Más tarde usará cualquier rasgo de la nueva comunidad, que puede ser perfectamente una tradición local, como ejemplo de que los otros son unos bárbaros. Simple propaganda negra.

 

-¿Cómo debemos entender el relativismo y diversidad cultural frente al fenómeno religioso?

 

-Como relativismo entendemos que no hay valores absolutos: todo es relativo. Por supuesto, la religión nunca es relativista: propugna sus valores como divinos, absolutos e incuestionables. El relativismo se halla entre quienes combaten contra su propia religión, esd ecir, contra la religión que un poder político les ha impuesto como obligatoria, pero se inhiben frente a otras religiones impuestas a otros pueblos: lo asumen como un exotismo atractivo e incluso admirable. Apelan a la “diversidad cultural” de esos otros pueblos, asumiendo que los valores (divinos) de aquella religión son los adecuados para regir la vida de ellos, al tiempo que jamás los aceptarían para regir su propia vida. Rechazan la imposición de valores religiosos incompatibles con los derechos humanos universales para ellos mismos, pero lo aceptan para “otras culturas” Con eso dan por hecho que otros pueblos, de otras culturas, no necesitan derechos humanos. En el fondo es un espantoso racismo.

 

-¿Cuáles son los principales discursos y acritudes de extrema (izquierda) y (extrema) derecha ante el hecho religioso?

 

-La izquierda tiene una larga tradición de combatir contra la imposición de valores religiosos… pero siempre contra los propios. Frente a los ajenos, a menudo adopta la postura esbozada arriba: da por hecho que otros pueblos si necesitan un orden religioso del que los europeos se han conseguido liberar. Por supuesto, también hay en la izqierda quien invoca la universalidad de los derechos humanos frente a todas las religiones, pero hoy mismo es una corriente minoritaria. La derecha, en cambio, suele enaltecer la religión, siempre la suya propia, como un valor esencial de su condición nacional y como uno de los factores esenciales de diferenciación frente a otras naciones. A menudo describe esta religión nominal con l apalabra “cultura”: la derecha española, por ejemplo, dirige todo su discurso xenófobo contra la inmigración magrebí, por musulmana, y es más inclinada a aceptar la latinoamericana, a la que considera, erróneamente, más cercana “culturalmente” por compartir la misma religión. Por supuesto también hay en Europa una extrema derecha antirreligiosa-el nazismo era un llamativo ejemplo- pero en España es prácticamente inexistente: aquí se asocia siempre derecha a religión, y especialemnte a religión católica, hasta el punto de que hay extrañeza cuando hablo de la “derecha islamista”: como si el islam no pudiera ser de derechas, porque la derecha católica lo ha tipificado como enemigo.

 

-La actual presencia y expansión del islam en europa genera diversos miedos, fantasmas y controversias. EL wahabismo y salafismo parecen ser ideologías hegemónicas dentro del islam (financiadas principalmente por capital saudí y qatarí) ¿Cómo es de real esta influencia y hasta qué punto podemos diferenciar entre islam e islamismo?

 

-Wahabismo y salafismo son dos términos para el mismo fenómeno: una nueva forma del islam que reivindica un “regreso” a las sagradas escrituras, pero que es una innovación en términos históricos, ya que impone unas normaas ultrapatriarcales sin precedentes. Fuecreada en el siglo XVIII en Arabia Saudí por el predicador Abdul Wahab, y hasta inicios del siglo XX, los máximos dirigentes del islam ortodoxo la consideraron una secta peligrosa y destructiva, incluso hereje. Solo con la repentina riqueza de Arabia Saudí por el petróleo y su alianza con EEUU a partir de 1951 pudo imponerse al islam de toda la vida y perfilarse como una “corriente ultraortodoxa”, esencialmente usurpando el nombre del islam y erradicando lo que durante siglos se había entendido bajo el término. Los seguidores de eta secta no usan el término wahabí sino salafí, salafista (literalemnte: presbiterial, seguidor de los antepasados) o simplemente se proclaman los únicos musulmanes verdaderos, excomulgando a todos los demás (lo que se conoce como takfirismo). Por supuesto dentro de esta nueva religión hay matices, desde el Daesh hasta profesores de Oxford como Tariq Ramadan, al que presentan como voz moderada del islam… porque en Europa, el islam tradicional es simplemente desconocido; el wahabismo/salafismo lo ha reemplazado en su totalidad, especialmente en internet. Evitando términos menos populares como wahabismo o salafismo, lo habitual es llamar islamismo a este nuevo fenómeno religioso, por su aspiración política de dictar normas sociales basadas en la teología. Por supuesto es muy justificado el miedo a una maquinaria teológica, respaldada por los países más ricos del mundo, que intenta someter a toda la población nacida musulmana a leyes teocráticas, estén en países musumanes o estén en Europa, donde esa corriente cuenta con pleno respaldo de gobiernos, empresas e intelectuales, al ser considerada simplemente “el islam”. (La izquierda lo respalda expresamente, la derecha, al rechazar “el islam” en bloque, también lo respalda, elevando las normas salafistas a expresión natural del islam).

 

-¿Cuáles la diferencia entre racismo antimusulmán e islamofobia?

 

-El racismo rechaza a personas que aparentan ser de otra tierra, etnia, cultura, con independencia de su carácter o creencia individual. En España últimamente se dirige especialmente contra personas de aspecto magrebí o levantino o nombre árabe, es decir a quienes se les supone la condición de musulmanes (sin importar en absoluto si lo son realmente), porque se da por hecho que al ser (en realidad, parecer) musulmanes nunca puden convivir en armonía con la sociedad española. Esto es un racismo antimusulmán y es cada vez más frecuente en la derecha. La islamofobia, por su parte, es un eslogan utilizado por los islamistas y sus aliados, especialmente en la izquierda europea, para acallar críticas al islam como religión o como conjunto de normas teocráticas. Tachan de “islamofobia” la misma actitud hacia el islam que cualquier feminista europea tiene hacia el catolicismo: si critico el veto al divorcio en la Iglesia católica, soy librepensador; si critico la poligamia en el islam, soy islamófobo. Por eso, la acusación de “islamofobia” se arroja sobre todo contra mujeres nacidas en sociedades musulmanas que se rebelan contra la imposición del salafismo en sus sociedades. En otras palabras: racismo antimusulmán es no alquilarle un piso a una chica que se llama Aicha; “islamófoba” es lo que le dirán a Aicha cuando se mofa del verso coránico que o le permite traerse a un chico al piso que ha alquilado.

 

-¿Existe un peligro de guetización socio-religiosa? ¿Qué influencia puede tener la nueva realidad religiosa como elemento de división social y de exacerbación del identitarismo?

 

-el peligro no solo existe sino que está en pleno auge desde hace una década en España como consecuencia de una inmigración muy mal gestionada: primero rechazada, por racismo, desde la sociedad de acogida; luego arremolinada, cada vez más, en torno a autoproclamados líderes religiosos, líderes a menudo pagados por organizaciones internacionales wahabíes… y que ahora reciben subvenciones públicas españolas con el expreso fin de consolidarse como representantes y gestores de la sociedad de inmigrantes. Es decir que España ha creado conscientemente pequeñas teocracias en su territorio, aislándolas bajo una “identidad” supuestamente islámica, es decir salafista-wahabí. Con el resultado de que un gueto magrebí en España se parece a la sociedad marroquí como los amish de EEUU se parecen a la sociedad alemana. Es una receta para el desastre, y ocurre en toda Europa; de hecho, en España ha llegado mucho más tarde que en Alemania o Países Bajos.

 

-Una cuestión recurrente es la del hiyab, visto como imposición patriarcal hacia las mujeres o como hecho diferencial-cultural. El tema del pañuelo puede tener cierta importancia simbólica (religiosa, identitaria…), pero ¿no está sobredimensionado y es utilizado políticamente por unos (de forma paternalista y colonialista) y otros (para reforzar la adhesión al grupo)?¿Se amplifica esta cuestión por rentabilidad política y sirve en cierto modo de cortina de humo frente otros aspectos de la opresión de las mujeres?

 

-El hiyab es el aspecto más visible del conflicto entre laicismo y salafismo y tiene un enorme alcance no sólo simbólico, sino práctico. Es un símbolo del islamismo político, ideado desde la década de 1920 pero difundido a partir de los años 80; antes no existe en el islam. Es decir: existen miles de trajes regionales ue incluyen pañuelo, tanto en las sociedades cristianas como en las musulmanas, pero no existe un consenso religioso ni social de que una musulmana debe ocultar su pelo. Es en el siglo XX cuando los movimientos islamistas, desenterrando ciertas elucubraciones teológicas, proponen esta norma, junto a la ded ejarse barba para los hombres, como signo identificativo de quienes, en oposición al movimiento anticolonialista árabe de inspiración republicana, nacionalista y etnocentrista, quieren reemplazar al Estado moderno por un sistema en el que el islam sea la fuente de toda norma yla solución a todo problema. Con la misión salafista-wahabí desde los años 80 reduce su componente de insurrección y se solidifica como señal dela subordinación de la mujer al sistema se tabúes sexuales y normas patriarcales elaborada por los teólogos wahabíes. El hiyab en la sociedad musulmana separa así, primero, a las piadosas de las mujeres normales, pero, conforme va creciendo, separa a las castas de las indecentes, hasta que, a partir de una masa crítica, toda mujer que no lleve velo será considerada simplemente puta. Este proceso se replica en el gueto islamista en Europa,donde se exige ahora a toda mujer nacida musulmana a mostrar su adherencia a la “tribu” mediante el hiyab; si no lo hace, ni acata los tabúes sexuales inextricablemente ligados al velo, debe romper con todo, incluida con su familia; un proceso tan traumático como el de salir de cualquier otra secta, sean Testigos de Jehová o judíos haredíes. El velo, por lo tanto, no es una cortina de humo que desvía la atención de los demás problemas de la mujer en una sociedad islamista, sino la herramienta que permite a los dirigentes dela sociedad islamista mantener en vigor estos problemas, ya que permite identificar de inmediato en cualquier parte a toda mujer nacida musulmana, por lo que todo hombre musulmán puede observar y censurar su comportamiento y referirlo a sus familiares o a la mezquita. Al mismo tiempo, al marcar visiblemente a la mujer de familia musulmana como un cuerpo extraño en cualquier lugar público es una eficaz barrrera contra la integración, ya que impide a la sociedad de acogida interactuar con esa mujer de forma espontánea, al margen de la religión. Es imposible solucionar ni uno solo de los problemas de la mujer sometida al islamismo si o se empieza quitando la marca que proclama publicamente su obligación de someterse al islamismo y mantenerse apartada del resto de la sociedad. Acusar a las opositoras al velo de “obsesionarse” con el velo solo enmascara la obsesión con el pelo de la mujer que tienen los defensores del velo.

 

-En el caso del cristiansimo, el catolicismo mantiene su poder económico, aunque socialmente ha perdido bastante de su influencia histórica. Llama sin embargo la atención el ascenso de otras corrientes, como las evangélicas;¿cómo caracterizarías este fenómeno y qué influencia crees que tiene o puede tener?

 

-La expansión de sectas evangelistas en Latinoamérica, a menudo financiadas desde EEUU, es a grandes rasgos comparable con la expansión del wahabismo en el Mediterráneo y es un problema político y social muy serio en esta región, que personalmente apenas conozco. También los guetos de inmigrantes latinos, especialmente de hondureños, sufren esta influencia, de una forma similar a la de los magrebíes sometidos al salafismo, pero es menos visible, dado que carece del elemento exhibicionista del velo. Ignoro hasta qué punto el gueto latino puede ejercer sobre “sus” mujeres un control comparable al de los islamistas, pero es probable que la experiencia de segrregación obligatoria, que es la finalidad del velo,sea menor entre las evangelistas, ya que la sociedad española ignora su condición y no se ve impulsada automáticaemnte a tragtarlas como a seres distintos.

 

-¿Qué papel juega el componente cristiano en lo “wasp”como identidad colectiva de la ola reaccionaria en Occidente?, ¿Exste relación entre esto y la expansión evangelista en América Latina?

 

-Lo “wasp” (White Anglo-Saxon Protestant) solo lo conozco como concepto sectorial de EEUU, no creo que pueda existir en Europa, donde la ultraderecha se compone tanto de protestantes como de católicos, y tanto de anglosajones como de galos, italianos, griegos o hasta españoles; también la expansión del evangelismo en América Latina es especialmente pronunciada en comunidades indígenas o mestizas, y en España entre gitanos. Por lo tanto no veo qué relación puede haber.

 

-¿En qué consistiría una sociedad laica y por qué es deseable?

 

-Una sociedad laica consiste en la ausencia de la imposición de normas religiosas, fundaemntadas en escrituras sagradas e indiscutibles, fuera del alcance de la razón. Dado que las religiones, al menos las monoteístas, tienden a imponer sus normas a toda persona nacida ya dentro de esa religión, o incluso a toda la ciudadanía, si tienen ese poder, una sociedad laica debe necesariamente construir baluartes contra esa imposición. Debe adoptar leyes que reviertan la imposición habitual en el pasado e impidan la difusión de normass nuevas, incluso si “solo” se agrupan a grupos reducidos, como un gueto de inmigrantes. Esto no significa prohibir la práctica de una religión, como opción individual , pero si significa que el estado no debe apoyar ni respaldar un organsimo religioso que ofrece ventajas sociales a sus afiliados-por ejemplo: nunca financiar una iglesia para obras sociales, nunca financiar una mezquita para ofrecer clases de apoyo- y que debe vigilar con especial cuidado que los niños y niñas no sean sometidos a una adoctrinación religiosa. Esto significa que en los colegios-y todos los colegios deben ser públicos- nuca se debe enseñar religión en forma de adoctrinamiento, que es lo que ocurre hoy en España (o Alemania); en ningún caso debe haber símbolos que marquen una presencia religiosa, ni en el aula, ni mucho menos en la cabeza de la profesora. Para que el ciudadano y, sobretodo la ciudadana, pueda disfrutar la garantía de libertad religiosa cimentada en la Constitución, la libertad de elegir que religión quiere practicar, si quiere practicar alguna, es imprescindible que en su adolescencia experimente personalmente la convivencia en un espacio sin distinciones religiosas: no hay libertad de elección para quién esté siempre inmerso en un entorno en el que solo una opción es lícita y todas las demáws llevan al infierno. En una sociedad laica, libertad religiosa significa la libertad de elegir individualemnte, no, como hoy, la libertad de círculos clericales de adoctrinar a quienes hayan nacido en su comunidad y segregarlas de los demás para que no escapen a su control. ¿Por qué es deseable? Porue es deseable la llibertad.

 

Extraido de la revista libertaria”Ekintza Zuzena” nº52 2026

 

domingo, agosto 2

De América Latina a Madrid: el avance del neofundamentalismo evangélico

 

The change

 

La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (...) Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”. Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal— destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de la ola reaccionaria global.

Un mes después de esta icónica fotografía de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas 35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un conocido telepredicador evangélico. Un estadio abarrotado de vibrantes feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en Madrid.

 A lo largo de los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno relativamente nuevo en Europa, pero de largo recorrido en el continente americano: el impacto electoral del resurgimiento de un ultraconservadurismo cristiano. Mientras que en el continente americano este movimiento está liderado fundamentalmente por las diferentes familias del evangelismo pentecostal y neopentecostal, en Europa son los ultracatólicos quienes marcan la agenda política. Los principios políticos de esta reacción ultraconservadora son los mismos a ambos lados del Atlántico: autoritarismo patriarcal y homófobo, defensa del statu quo y una fuerte vena antisindical y anticomunista clásica, aunque actualizada en las nuevas iglesias con los lenguajes del show business y la agresividad neoliberal. Aunque en Europa las comunidades evangélicas no gozan todavía del apoyo que tienen en el continente americano, este fenómeno va asentándose poco a poco con fuerza en España.

 En Estados Unidos, el fundamentalismo cristiano recuperó, a partir de la década de los años 70, una creciente presencia pública. Proliferaron sus iglesias, colegios, publicaciones, editoriales, emisoras de radio y canales de televisión, con el consiguiente auge de la telepredicación y de los telepredicadores. Surgió así la nueva derecha cristiana, los teocons o, simplemente, los fundamentalistas cristianos, convertidos hoy en el movimiento ideológico más específico, coherente y mejor organizado de la política estadounidense. No toda la pluralidad de iglesias de Estados Unidos participa de este movimiento, siendo las evangélicas las que han mostrado un mayor dinamismo y una adhesión más firme a la agenda neoconservadora de la nueva derecha cristiana.

En las elecciones presidenciales de 2016, los evangélicos representaron una quinta parte de los votantes registrados y un tercio de todos los que se identificaban con el Partido Republicano. Parecía difícil que un candidato como Trump —divorciado dos veces y casado en tres ocasiones, con fama de mujeriego, numerosos escándalos sexuales, ostentoso y arrogante— pudiera presentarse como un hombre que guiaba su vida por valores religiosos. No ofrecía el perfil de candidato capaz de atraer al votante conservador de inspiración religiosa. Pese a ello, obtuvo el 81 % del voto de los evangelistas blancos, frente al 16 % de su contendiente demócrata, Hillary Clinton. Desde entonces, una de las claves del éxito electoral de Trump ha sido su capacidad para cautivar al electorado evangélico.

Así, a pesar de los escándalos, la comunidad evangélica más conservadora ha llegado a justificar su apoyo político a Trump comparándolo con el “Ciro moderno” y presentándolo como el “candidato de Dios para el caos”. Para los evangélicos, “Ciro es el modelo del no creyente al que Dios elige para cumplir con los propósitos de los fieles”. Estos grupos ven con buenos ojos que Trump esté dispuesto a romper las normas democráticas para combatir las amenazas que, según ellos, se ciernen sobre sus valores y su modo de vida, con el objetivo de cumplir “la misión de Dios en la Tierra”. Entienden que Trump es el mandatario más cercano a sus postulados, capaz de impulsar una agenda nacionalista cristiana que represente sus intereses políticos y morales.

 Las relaciones entre la Administración Trump y las iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales —fervientemente sionistas— también han contribuido a dar forma a las alianzas internacionales y a la política exterior estadounidense. El apoyo incondicional al Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, simbolizado en el traslado de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén durante el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel, contraviniendo las resoluciones de la ONU, o la reciente agresión militar contra Irán, haciendo caso omiso de las objeciones de parte de su equipo de política exterior y seguridad nacional, son ejemplos notables de la influencia que ha llegado a alcanzar la nueva derecha cristiana en la Administración Trump.

La expansión pentecostal y neopentecostal en América Latina

Quizá sea en América Latina donde —al igual que ocurrió con el catolicismo en décadas anteriores— el fundamentalismo evangelista ha penetrado con mayor intensidad en las esferas políticas para imponer su agenda ultraconservadora. Las iglesias evangélicas, presentes hoy en prácticamente cualquier barrio del continente, están transformando la política como ninguna otra fuerza desde la expansión de la teología de la liberación en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado. Están proporcionando a las causas conservadoras, y especialmente a los partidos políticos, un nuevo impulso y nuevos votantes. Pero, a diferencia de la narrativa más conservadora de la Iglesia católica, los pastores evangelistas están introduciendo en la política una suerte de populismo religioso, más radical y de mayor alcance. Así lo muestran los éxitos electorales de Bolsonaro, Bukele o, más recientemente, el ascenso político de Abelardo de la Espriella.

 La importancia política de los evangelistas no reside únicamente en su crecimiento exponencial o en la tupida red de medios de comunicación que controlan, sino también en su profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y, sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna otra organización conservadora había conseguido hasta ahora.

 La presencia de las iglesias evangélicas en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento exponencial, especialmente en su vertiente pentecostal y neopentecostal más conservadora. Según Michael Löwy, los protestantes latinoamericanos están profundamente divididos. En su opinión, esta división coincide, hasta cierto punto (aunque no por completo), con la diferencia entre las antiguas Iglesias protestantes y las nuevas Iglesias pentecostales, que se están propagando rápidamente. “El crecimiento extraordinario de las Iglesias evangélicas pentecostales en Latinoamérica —un acontecimiento que los observadores católicos describen muchas veces como la ‘invasión de las sectas protestantes’— es uno de los fenómenos religiosos más importantes de los últimos años en el continente”.

Según diferentes estudios, existen más de 19.000 iglesias pentecostales en el continente latinoamericano, que agrupan a más de cien millones de creyentes. Las iglesias evangélicas, fundamentalmente las más conservadoras, representan prácticamente a uno de cada cinco latinoamericanos, cerca del 20 % de la población.

La teología de la prosperidad

En las décadas de los 60 y 70, la influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el éxito material como una prueba de la elección divina.

El obispo Edir Macedo, fundador de la brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y principal impulsor de la teología de la prosperidad, definió así la esencia de su credo: “Nosotros queremos que ese hombre sea rico, que ascienda en la escala social; no queremos un pobre que acepte su pobreza”. Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares latinoamericanos.

 Así, aunque las iglesias pentecostales y neopentecostales desarrollan una intensa actividad “social” y cuentan con numerosos programas asistenciales, lo hacen desde una lógica antagónica a cualquier forma de protagonismo político de los sectores oprimidos. Podemos hablar de una suerte de “comunitarismo individualista”, que absorbe al individuo en todos los aspectos de su vida y que, a cambio, promete hacerlo “exitoso” en el mercado. En cierto modo, la iglesia sustituye al Estado como espacio de comunidad.

Las sectas evangélicas aparecen así como auténticos apóstoles del neoliberalismo: “Hemos aprendido con Weber que el protestantismo tiene un encaje con el capitalismo; el neopentecostalismo va a tenerlo con el neoliberalismo, porque genera un ‘sujeto hecho a sí mismo’, donde el Estado no interviene”. La teología de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del “emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”.

 Con esta doctrina, pastores y telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido. Así, las megaiglesias neopentecostales se convierten en auténticos meganegocios dirigidos por pastores que actúan como ejecutivos y se desenvuelven con las habilidades de un showman para entretener a sus fieles. El resultado son verdaderos imperios económicos que buscan ampliar constantemente su poder e influencia en los medios de comunicación y en la política.

Como ya hemos visto, “el evangelismo puede favorecer la adopción de un ethos capitalista de autopromoción individual y, por tanto, alentar el apoyo a las fuerzas políticas comprometidas con ese ethos”. Un buen ejemplo es la IURD, la mayor congregación evangelista de Brasil, que posee un auténtico emporio mediático, entre cuyos activos destaca TV Record, la segunda cadena de televisión del país. Pero también ha dado el salto a la política, consiguiendo la alcaldía de Río de Janeiro en 2016 a través de uno de sus obispos, Marcelo Crivella, conocido entre otras cosas por ser uno de los principales intérpretes del góspel en Brasil, con más de cinco millones de copias vendidas. La victoria en Río de Janeiro fue vista como el precedente de la posterior victoria presidencial de Jair Bolsonaro. El propio obispo Edir Macedo, fundador de la IURD, expresó públicamente su apoyo al candidato ultraderechista después de que este se bautizara en el río Jordán según el rito evangélico, un gesto que le granjeó un respaldo decisivo para alcanzar la presidencia.

Contra la “ideología de género”

El fundamentalismo evangélico se ha convertido en un movimiento emergente no solo por su pujanza económica o su implantación social, sino también porque ha logrado consolidarse como un actor político de primer orden, con una fuerte capacidad de cohesión sobre sus feligreses —y, por extensión, sobre sus votantes—, capaces de desequilibrar elecciones y disputados por prácticamente todas las formaciones políticas. El voto evangélico entre los sectores populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala.

La principal novedad no es únicamente el avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del conjunto de la derecha latinoamericana. Se articula así una amplia alianza opositora al matrimonio igualitario, al aborto y a lo que denominan “ideología de género”, sintetizada en una consigna que se ha hecho viral: “Con mis hijos no te metas”. Desde entonces, la llamada “ideología de género” se ha convertido en un cajón de sastre en el que cabe desde el derecho al aborto hasta los supuestos ataques a la familia o al matrimonio entre personas del mismo sexo. En el fondo, se trata de una ofensiva contra el propio derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que sitúa al movimiento feminista como uno de sus principales enemigos.

 Las iglesias evangélicas latinoamericanas han dirigido buena parte de sus ataques contra la educación pública, especialmente contra cualquier contenido relacionado con la educación sexual y reproductiva o con la igualdad de género. Pero este proceso también se ha reproducido en países donde el fundamentalismo evangélico continúa siendo minoritario. Es el caso, por ejemplo, de España, donde Vox asumió buena parte de este repertorio ideológico al popularizar el llamado “pin parental”: la obligación de que madres y padres autoricen previamente y de forma expresa la asistencia de sus hijos a cualquier actividad desarrollada en el centro educativo. De este modo, frente a actividades consideradas inadecuadas por estos sectores —como talleres sobre diversidad afectivo-sexual, feminismo, identidad de género o derechos de la comunidad LGTBI—, los progenitores pueden ejercer su supuesta “objeción de conciencia” e impedir que el alumnado participe en ellas.

En Brasil, la ultraderecha y las iglesias evangélicas impulsaron una campaña contra un programa educativo destinado a prevenir la homofobia en las aulas, al que bautizaron despectivamente como el “kit gay”. Con el objetivo de amedrentar al profesorado, Bolsonaro y sus hijos llegaron a animar a los estudiantes a grabar con sus teléfonos móviles a sus docentes durante las clases y difundir posteriormente esas imágenes en las redes sociales. Finalmente, el proyecto nunca llegó a aprobarse como consecuencia de las presiones ejercidas por estos sectores. Sin embargo, el verdadero “pin parental” brasileño es Escuela sin Partido, una iniciativa presentada en el Congreso en 2014 cuyo objetivo era combatir el supuesto adoctrinamiento ideológico de la izquierda en las escuelas e impedir que cuestiones como el género, la orientación sexual o las preferencias políticas pudieran abordarse en las aulas o aparecer en los materiales didácticos.
El fenómeno llega a Madrid

Un año antes del gran encuentro evangélico celebrado en el estadio Metropolitano, unas diez mil personas llenaron la plaza de toros de Vistalegre para escuchar al predicador brasileño Edir Macedo que, como veíamos anteriormente, es uno de los principales apóstoles latinoamericanos de la teología de la prosperidad. Porque el fenómeno evangélico en Madrid ya no ocupa únicamente bajos comerciales o antiguos garajes de los barrios periféricos. Hoy mueve también cifras de estadio.

 El crecimiento del evangelismo en Madrid ha sido discreto, pero cada vez resulta más difícil ignorarlo. España cuenta ya con alrededor de un millón y medio de evangélicos y su crecimiento ha sido sostenido durante las últimas décadas. En 1998 apenas el 0,2 % de la población se identificaba con esta confesión. En 2018, la cifra alcanzaba ya el 2 %, según datos del Observatorio del Pluralismo Religioso. Los evangélicos constituyen hoy la confesión minoritaria más numerosa del país, solo por detrás de la musulmana y por delante de los testigos de Jehová.

El mayor crecimiento se está produciendo en Madrid, donde las iglesias evangélicas han aumentado alrededor de un 30 % durante la última década, pasando de 662 a 855 centros religiosos en la región. Especialmente en distritos como Carabanchel, Usera o Tetuán, favorecidos por la elevada presencia de población latinoamericana fruto de la transformación migratoria de la ciudad. Así, antiguas naves industriales, garajes, locales comerciales o bajos se reconvierten en templos pentecostales o neopentecostales que funcionan como espacios de encuentro, redes de apoyo, comedores improvisados, bolsas de empleo, lugares de ocio o refugios emocionales para miles de personas migrantes.

De hecho, uno de los pastores que aparecían rezando junto a Trump en la Casa Blanca, Franklin Graham —conocido como “el pastor de Donald Trump”—, aterrizó en Madrid pocas semanas después del evento The Change Madrid celebrado en el Metropolitano para participar en el Festival de la Esperanza. Se trata de un encuentro nacido en 1947 en Estados Unidos bajo el nombre de Las Cruzadas de Billy Graham, impulsado por Billy Graham, fundador de la Asociación Evangelística Billy Graham (BGEA), uno de los predicadores evangélicos más influyentes del siglo XX y padre de Franklin Graham. Su hijo rebautizó posteriormente el evento y extendió este tipo de macroencuentros fuera de Estados Unidos, primero hacia América Latina y posteriormente por Europa. La elección de Madrid no es casual. El festival ha contado —según datos de los organizadores— con la participación de más de 850 iglesias de la Comunidad de Madrid, una muestra de músculo que permitió que, durante los dos días del evento, pasaran por él algo más de 20.000 personas.

Un evento que, pese a intentar huir de la etiqueta de ultraderechista o trumpista, estuvo marcado por las arengas ultraconservadoras de sus principales figuras. Entre ellas, el propio Graham, que, ante una Vistalegre abarrotada, afirmó: “Dios creó el sexo. Él quiere que lo uses, pero tiene que ser usado en una relación matrimonial entre un hombre y una mujer”, en un claro mensaje homófobo. Continuó su discurso —Biblia en mano— contra el aborto: “Solo porque algunos políticos digan que el aborto es legal no significa que esté bien delante de Dios”. Macroeventos como el Festival de la Esperanza o The Change Madrid están situando a Madrid como la meca pentecostal y neopentecostal de Europa, una muestra más de la miamización de la capital española.

 Al igual que en América Latina o Estados Unidos, las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales empiezan también a hacerse visibles en Madrid. El auge evangélico no ha pasado inadvertido para el Partido Popular. Ya durante la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2023, varios dirigentes del partido desarrollaron una estrategia deliberada de acercamiento a las iglesias evangélicas para intentar canalizar el apoyo de los fieles de origen migrante y de sus redes comunitarias.

Unos años antes, Isabel Díaz Ayuso había creado expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños y había situado al frente al venezolano Gustavo Eustache, muy bien relacionado con los principales pastores evangélicos de la región. Eustache fue, además, uno de los principales artífices de la organización del mitin “Europa es Hispana” en 2023, apenas dos meses antes de las elecciones autonómicas y municipales. En él participaron Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida junto a predicadoras evangélicas como Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid”. Un acto tan novedoso como inusual en la política madrileña, que evocaba los grandes mítines estadounidenses dirigidos a seducir el voto latino. Un elemento más de la miamización de Madrid.

De hecho, unos meses antes —en septiembre de 2022— del mitin organizado por el PP madrileño, el número dos de Isabel Díaz Ayuso, Alfonso Serrano, asistió a un macroevento evangélico para más de tres mil personas celebrado en Fuenlabrada bajo el nombre de Invasión Madrid Fest. Allí, la pastora Yadira Maestre entregó un premio a la presidenta madrileña y al alcalde de la capital por su gestión durante la pandemia de la covid19. Una estrategia de acercamiento a las iglesias evangélicas que ha cobrado fuerza desde que Ayuso asumió el liderazgo regional del partido y que tiene como principal objetivo captar el voto de la comunidad latinoamericana. El propio Gustavo Eustache ha pasado de dirigir la Secretaría de Nuevos Madrileños a ocupar un escaño como diputado en la Asamblea de Madrid.

La creciente presencia del evangelismo pentecostal y neopentecostal no se puede desligar de las transformaciones socieconomicas y demográficas de Madrid. Pero la miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso por la disputa de la construcción del sentido común, la concepción de la familia, el cuerpo de las mujeres, la educación, la sexualidad o la propia idea de democracia entre un sector importante de las clases populares madrileñas. Un fenómeno que hasta ahora parecía exclusivamente americano forma ya parte del paisaje político madrileño, una muestra más del nuevo tiempo en el que nos adentramos. 

 

 

sábado, junio 27

El Patronato

 


Ella está en el centro, a un lado y al otro, formando un círculo que no llega a cerrarse, adolescentes de quince, dieciséis y diecisiete años. Son unas treinta. Casi todo chicas. Una de ellas presenta el acto. Le da la bienvenida a Consuelo García del Cid.

Casi ninguna había oído hablar del Patronato de protección a la Mujer. El silencio que recorre la biblioteca, que es el espacio en el que se han juntado, está lleno de miradas y respiraciones que se quedan suspendidas en cuanto Consuelo comienza a hablar.

Cuenta su historia y, a la vez, cuenta la historia de muchas otras. De chicas que fueron encerradas contra su voluntad en esos centros. Mujeres menores de veintiuno. Mujeres pobres. Mujeres a las que les gustaba salir de fiesta. Mujeres huérfanas. Mujeres que disfrutaban dándose morreos en la última fila de algún cine. Mujeres que fumaban en la calle cuando se suponía que tenían que estar en clase. Mujeres a las que les gustaba echar un kiki, o muchos. Mujeres que hacían pellas del colegio. Mujeres que no encorsetaban su forma de vestir a lo que se supone que tenía que ajustarse. Mujeres que pisaban fuera de los márgenes. Mujeres con ideas de transformar la sociedad. Mujeres rebeldes. Mujeres que eran violadas por sus novios. Mujeres abusadas por hombres de su entorno. Mujeres jóvenes. Adolescentes.

Consuelo cuenta que había otras mujeres. Las guardianas de la moral. Mujeres que se paseaban por las “zonas de conflicto”. Bares. Piscinas. Playas. Colegios. Si veían algo incorrecto. Algo que no debía ser, llamaban a la policía. Algunas terminaban detenidas. A otras las llevaban directamente sus familias. Antes de decidir dónde se las recluía se les hacía un examen. Uno en el que un médico les metía los dedos por la vagina y las clasificaba en dos categorías: completa o incompleta. Eso determinaba el lugar al que iban a parar.

Cuenta su historia como quien ya la narró muchas veces. Cuidando cada palabra. Directa a algún lugar que transita de la incredulidad a la rabia. Para que se sepa lo que pasó. Para que no se olvide. 

Ella provenía de una familia conservadora. Mala estudiante. Expulsada del colegio. Para que termine sus estudios la meten en una academia. Ahí conoce a personas de otras procedencias sociales muy distintas a la suya. Le hablan de Salvador Puig Antich. Decide ir a una manifestación, la primera de muchas. Comienza a politizarse. Cambia su forma de vestir y su forma de pensar. Su familia ve la transformación. No les gusta. Deciden hacer algo.

Una mañana, muy temprano, entró en su habitación un médico. Le dijo que le iba a poner una vacuna. Cuando se despertó, casi veinticuatro horas después, estaba en una habitación que tenía la puerta cerrada con llave. Llevaba puesta una ropa que no era suya. A los pies de la cama estaba su maleta con cuadros verdes. No sabe cuántas inyecciones le pusieron. Las suficientes para llevarla a otra ciudad sin que se enterase. Por la ventana, llena de barrotes, vio coches con una M en la matrícula. La habitación de la que la sacaron estaba en Barcelona. Esos coches circulaban por calles de Madrid. Una monja fue quien le dio la bienvenida a ese lugar. Le dijo que estaba en un colegio de formación. No nombró la palabra reformatorio ni la palabra reclusión ni la palabra cárcel, pero en ese lugar no tenía derecho a escribir ni recibir cartas que no fueran leídas por las monjas. Tenía que trabajar todo el día sin recibir nada a cambio. Los vínculos también estaban prohibidos. No podías hacerte amigas. La mínima muestra de afectividad significaba celda de castigo o aislamiento. Pero conseguían hablar entre ellas, en voz baja, moviendo apenas los labios. Las palabras justas para saber que en todas ellas había un deseo común: escaparse. 

Cuenta que, además del deseo de fugarse, había otros dos pensamientos bastante extendidos. Uno era pensar cómo matarte. Ella vio cómo varias de sus compañeras lo conseguían. Si llorabas mucho te podían llevar al psiquiátrico. Las descargas en el cerebro te curaban de la necesidad de soltar lágrimas. El otro pensamiento era cómo conseguir lesionarte a ti misma. Les dice que es tanto el daño que tu cuerpo a veces te pedía dolor para disminuir ese otro dolor. Ella quiso hacerlo en un lugar visible, no con cortes en las muñecas que las monjas, cuidadosamente, se ocupaban de tapar. Se golpeó en los pómulos. Fuerte. Su cara se volvió negra, amarilla, violeta. Era su forma de protesta. Ayudó a varias chicas a fugarse y por eso la trasladaron a otro centro. Siguió buscando formas de protestar como un camino para resistir. Para mantenerse viva.

Pensó que la muerte de Franco la sacaría de allí. Pero cuando murió no ocurrió nada. Nada. Siguieron encerradas. Así que planeó su fuga. Consiguió escaparse. Comprendió que te encerraban en centros lejos de tu ciudad para que no tuvieras red si te escapabas. Solo la calle. Pidió ayuda a una tía. Acabó, de nuevo, en otro reformatorio.

Consuelo, con su chaqueta de terciopelo morada, hace una pausa. “Nos inocularon el estigma de la      vergüenza. Sabes que la gente piensa que si has estado encerrada en un reformatorio es porque has hecho algo malo y que, de alguna forma, te lo merecías. Por eso muchas mujeres han guardado sus historias en silencio”.

Una de las adolescentes le pregunta: ¿Qué le dirías a la gente joven como nosotras que dice que con Franco se vivía mejor?

Les dice que es importante cuidar la memoria para que la gente que no la vivió sepa lo que significa vivir en una dictadura. Les recuerda que lo que les pasó a ella y a otras muchas chicas siguió ocurriendo durante la democracia. Les dice que España ha sido el país del silencio. Les dice que es muy difícil comenzar a hablar, pero que es la única manera. Comenzar a hablar.

Otra alumna toma la palabra. Los ojos se le empañan. La voz quebrada. Le agradece que les haya contado su historia. Le dice que es una mujer muy fuerte, muy inteligente. Le dice que no la va a olvidar. 

“¿Y qué podemos hacer?”, le pregunta otra alumna. “Contad lo que ocurrió”, responde Consuelo.

 

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domingo, junio 21

Papa-natismo a rabiar

 


o del paso por del jefe supremo, de esa institución arcaica, que llaman Iglesia Católica, Apostólica y Romana, por este inefable Reino de España (parejo en cuanto a arcaísmo) es para seguir sorprendiéndose del género humano. Sorprendiéndose y, dejen de leer todos aquellos con la piel muy fina, sumirse en la vergüenza ajena más lamentable. Y no me refiero, que también, a la lamentable sumisión de los poderes públicos dentro de un Estado aconfesional (por otra parte, una especie de oxímoron). Lo más preocupante es, lo habréis adivinado los lectores más avispados de este lúcido blog, el patético papanatismo del personal convertido en masa acrítica y sujeta a una preocupante enajenación eufórica, que deja a un lado los sangrantes problemas del mundo que vivimos, para escuchar a un supuesto líder espiritual, que sencillamente apuntala el statu quo. No debe ser casualidad que el epíteto que tanto me gusta usar a modo crítico se construya etimológicamente con el término papa (perdón por el chiste fácil). Para los ofendidos, recordaremos el significado de papanatas: “Persona simple y crédula o demasiado cándida y fácil de engañar”. Si a eso le añadimos la obediencia debida que reclama una institución reaccionaria y jerarquizada como la eclesiástica, puede que debamos dejar nuestras creencias y susceptibilidades a un lado para empezar a reflexionar un poquito si es que queremos rendir tributo a nuestra condición como especie supuestamente sapiens. En no demasiados años, hemos pasado de un sumo pontífice acusado poco menos que de nazi, aquel Joseph Razinger (Benedicto no sé cuántos) que provocó ciertas manifestaciones en contra, luego a un Jorge Mario Bergoglio (de nombre artístico Francisco), este ya con un talante progre y, ahora, a un tipo creo que estadounidense de origen, que se hace llamar León Catorce. Creo que este fulano, que para algunos representa una continuación del talante progresista del anterior (sin que sepamos muy bien qué diablos quiere decir esto) ha estado cosa de una semana en tierras ibéricas y se le ha prestado suma atención a todas y cada una de las palabras que han salido de su sacra cavidad oral.

Que si ahora nos dice que hay que ser amables con los migrantes, que si después nos lee, de forma coherente, la cartilla reaccionaria de supuesto respeto a la vida abominando del aborto y la eutanasia. Por supuesto, la práctica totalidad de la clase política y mediática embobada con los discursos junto a cierta masa enfervorecida, hoy por el tipo que está en la cúspide de una institución anacrónica, mañana tal vez por algún ídolo musical o deportivo. El caso es no pensar por uno mismo, crea uno en sandeces sobrenaturales o quizá sin que haga falta. Claro, ante mi feroz estilo literario, que algunos llamarán sin duda ofensivo, se argumentará lo de siempre, que un respeto a todos aquellos que desean seguir ciegamente a cierto líder espiritual que, para sonrojo de todo aquel con buena oxigenación cerebral, asegura estar en contacto con un ser ficticio nada menos que todopoderoso. Mi enérgica (y brillante) crítica no va contra un determinado tipo al frente de una jefatura, sea cual sea su disposición personal, sino contra la propia institución, en este caso abiertamente dogmática y retrógrada, la cual promueve la docilidad y la obediencia más lamentables para continuar las cosas más o menos como están. Y esto lo sostengo de manera firme, aunque exista infinidad de personas que pretendan afirmar lo contrario, uno confía de esta manera en su propia capacidad individual no sujeta a la tiranía mayoritaria del número. Los que invocan respeto y libertad de creencia (y, de entrada, no puedo estar más de acuerdo), tal vez, deberían reflexionar un poquito para esclarecer quiénes son, auténticamente, los que acaban, aunque se haga de manera más o menos sutil aludiendo a la historia y sabiendo el lugar institucional que ocupan, esclavizando las conciencias. La Iglesia Católica, como el propio Cristianismo (o como el propio monoteísmo o como la misma creencia religiosa), para bien o en gran parte para mal, efectivamente, forman parte de la historia de esta especie peculiar que somos.

La cuestión es, bien entrado el tercer milenio de eso que llaman “nuestra era”, no si tal o cual religión es mejor o peor (o más ridículo, cuál de ellas es la verdadera), sino si la propia creencia religiosa, plagadas todas ellas de dogmas que atentan a la razón y a esa cosa hoy tan cuestionable que es el progreso, es necesaria. No necesitamos arrodillarnos ante líderes religiosos, sea un papa, el imán de turno, el dalái lama o el sursum corda, necesitamos confiar en valores sólidos promovidos por una convivencia solidaria y un conocimiento amplio. Después, que cada uno crea lo que le venga en gana, sea algo llamado dios (o quizá energía, ¡mejor todavía!, o cualquier otro nombre para una cuestionable abstracción). Una cosita más para acabar, relacionada con la visita papal, y es que los astutos realizadores de la estimable película La Luz aprovecharon hace unos días para estrenarla. Resultaba peculiar observar las calles de Madrid, adornadas con interminables retratos del tal León Catorce, al lado de algún que otro cartel de un film sobre un cura pederasta. La historia nos introduce en un miembro del clero que tiempo atrás abusó sexualmente de varios alumnos suyos de corta edad, hechos como es habitual ocultados por la jerarquía eclesiástica, mientras que en la actualidad el pasado vuelve en forma de denuncia. Eso provoca, al menos aparentemente, un reconocimiento público del sacerdote y un deseo de que la propia Iglesia asuma la realidad de infinidad de casos de curas violadores. La película ha causado cierto revuelo, y no tanto por los defensores de una institución retrógrada, dogmática, misógina y homófoba, sino por los que sostienen que no existe en la vida real alguien como el sacerdote protagonista. Alguien que reconozca abiertamente sus propios crímenes y denuncie a la Iglesia como encubridora. Y es que, además de todas las críticas ya expuestas, lo mismo hablamos también de una organización de lo más terrenal, hipócrita y corrupta.

 

Juan Cáspar

domingo, febrero 1

Palestina, la existencia negada

 

 

Esta semana contamos con Teresa Aranguren, reportera especializada en periodismo en zonas de conflicto, con especial dedicación al conflicto árabe. Así que ha transitado entre campos de refugiados, zonas militarizadas, bombardeos, etc. Cubrió la invasión israelí del Libano en 1982, la guerra Irán-Irak, las sucesivas crisis del golfo, y el conflicto palestino-israelí.

Nos presenta el libro Palestina, la existencia negada, donde hace un recorrido por la historia de Palestina durante el último siglo y medio. Junto a ella contextualizaremos los orígenes europeos del sionismo, las primeras migraciones europeas a territorio Palestino, el papel de las milicias sionistas, la creación del Estado de Israel y la Nakba, la diferentes estrategias del Estado de Israel para hacerse, en exclusiva, con el territorio, la resistencia Palestina, la Intifada...

jueves, enero 29

La dictadura iraní y la hipocresía de Occidente

 

El régimen de los ayatolás es uno de los más autoritarios y repulsivos en la actualidad, algo que tarde o temprano debería saltar por los aires y perdón por la violenta metáfora, yo que soy contrario a cualquier agresión militar interesada como las que perpetra ese defensor de la libertad y la democracia que es Estados Unidos. Desde el inicio de la conocida como revolución islámica en Irán, toda oposición al régimen ha sido brutalmente sofocada y las ejecuciones se han sucedido, solo en 2025 se habla del asesinato institucionalizado de más de mil personas. Desde finales del año pasado, debido a las crisis económica, la falta de libertades y la carestía general de la vida, las manifestaciones se están sucediendo en el país; las autoridades iraníes, una vez más, han llevado a cabo una cruenta represión. La gente está reclamando cambios radicales y desde aquí mi más sincero apoyo para ello, que ojalá tome un rumbo al margen de toda clase dirigente. No es posible hablar solo, como realizan algunos, de un tibio «legítimo derecho a la protesta del pueblo iraní» para acto seguido criticar a otros regímenes. Hablando claro, el de Irán es un régimen ferozmente autoritario, el cual restringe libertades fundamentales como las de expresión, asociación o reunión; produce una discriminación y violencia sistemáticas sobre mujeres, niñas, personas de condición sexual diversas y también sobre minorías diversas. Aunque la comunidad internacional ha permanecido mucho tiempo en silencio, o ha sido muy tibia en sus protestas, organismos de defensa de los derechos humanos sí han denunciado que infinidad de personas son detenidas arbitrariamente, torturadas y procesadas con penas crueles e inhumanas. En un mundo estúpidamente mediático, con intereses por parte de unos u otros, hay que dejar clara la repulsa a todo régimen autoritario y a la vulneración de los derechos humanos y las restricción de la libertad, en todos los aspectos, de las personas en cualquier lugar del mundo.

Y es que algunos, con la actualidad de las protestas y la sangrienta represión, ponen el foco interesadamente solo en Irán. Ya hemos mencionado a Estados Unidos, y a su aliado Israel, con intenciones bélicas que nada tienen que ver con el bienestar de las personas. Por mencionar un anécdota a la que no habría que prestar atención, si no fuera por su repercusión mediática y su aceptación por parte de un público tendente a la estulticia, ese esperpento inicuo que gobierna la Comunidad de Madrid, para defender lo indefendible, atacar el feminismo y desviar la atención de las miserias propias, ha mencionado el sufrimiento de las mujeres en el régimen iraní. Y es que la hipocresía de la clase dirigente y de los poderes económicos en Occidente no tiene fin. No veremos ni una crítica, por ejemplo, a Arabia Saudí, cuyo régimen es blanqueado al parecer por ciertos torneos deportivos como el que han perpetrado recientemente equipos de fútbol de este indescriptible Reino de España y siendo elegido el país sede de un futuro mundial de esa alienante actividad que tanto exalta a las masas. Silencio absoluto ante la también constante vulneración de los derechos humanos en la, no lo olvidemos, monarquía saudita de carácter absoluto, pero en ocasiones vendida como adalid de la modernidad en el mundo islámico. Incluso, como en Irán, aumento de ejecuciones, permanentes restricciones de los derechos civiles y políticos, reclusiones sin garantía judicial alguna, situaciones laborales cercanas al esclavismo y un trato abiertamente inhumano a los inmigrantes. De hecho, se teme que estas situaciones solo empeoren con la mencionada elección de Arabia Saudí como lugar para la celebración de un mundial de balompié, algo que ya sucedió hace no mucho con Qatar ante las protestas de solo unos pocos.

Y es que la situación en Qatar es terriblemente similar a lo relatado sobre el régimen saudí, al igual que en otros aliados de Occidente como los Emiratos Árabes Unidos. Por cierto, en esa región, en concreto en el emirato de Dubai, estableció su huida y refugio el llamado rey emérito de este inenarrable país, ese héroe de la Transición democrática llamado Juan Carlos de Borbón, después de haber robado todo lo que quiso y más. Una muestra más de la hipocresía e iniquidad del mundo occidental. Y qué podemos decir de otros regímenes autoritarios sobre los que no observaremos la más mínima crítica en nuestros repulsivos medios generalistas al guardar intereses, geoestratégicos y económicos, con el mundo occidental. Es el caso de Jordania, otro monarquía, esta supuestamente parlamentaria, pero tremendamente limitado a nivel democrático, donde se reprime notoriamente al pueblo y, como en otros Estados, existe una intolerable carestía económica y desigualdad, mientras unos pocos viven a cuerpo de rey (nunca mejor dicho). O de Turquía, cuyo Estado habría que señalar como abiertamente criminal persiguiendo a todo tipo de opositores, con la recurrente vulneración de libertades primordiales, y ejerciendo la violencia, como en Irán y en todos estos regímenes, contra mujeres y niñas. Y qué podemos relatar de Marruecos, ese aliado del muy progresista presidente de este sufrible Reino de España, cuya situación social, políticas y económica no mejora respecto a lo anteriormente expuesto y cuya represión de la protesta es igualmente cruenta tratando a seres humanos como piezas de un tablero en cuestiones de inmigración. Son solo unos ejemplos de infinidad de regímenes abominables, pero no me creas a mí si no quieres, al fin y al cabo un ácrata de corte nihilista, que trata de estar en cualquier caso siempre al lado de los oprimidos. Deja a un lado esas descerebradas simpatías, a diestra o siniestra, activa eso cada vez más ausente que es la conciencia moral y el pensamiento crítico e investiga para pensar y concluir por ti mismo.

 

Juan Cáspar

lunes, enero 5

NACIONAL II: La ruta del exilio

 

 

¿Qué tienen en común una joven republicana de 1939 y una joven palestina de 2025? La guerra y la huida. Ambas han tenido que dejar su casa, ambas han cruzado una frontera y ambas se convierten en refugiadas en un país extranjero. Este podcast narrativo de nuestra productora La República Independiente de la Radio une la ficción y el documental, la historia de España y la de Palestina, la guerra civil española y el genocidio en Gaza, para contar la vida de dos mujeres, Lola (Victoria Luengo) y Duha Alzaiti (interpretada por ella misma), atravesadas por un mismo desgarro: el exilio.

En este primer episodio hablamos de las dudas que sobrevuelan el momento de dejar tu casa: ¿volverás a ver a esa persona tan querida otra vez? Lola tiene que abandonar Barcelona ante el avance de las tropas franquistas dejando a la abuela que la ha criado. Duha llevará dos tesoros con ella cuando sale de Gaza después de que su padre pronuncie una frase que no ha podido olvidar: “Nos vamos”.

Créditos:

Los testimonios reales que abren el capítulo pertenecen a los refugiados catalanes, Carme Casas, Josep Colom, Eulalia Sangenis y Luis Martín, y han sido cedidos para este podcast por el Museu Memorial de l'Exili. Victoria Luengo, Juan Diego Botto, Miren Iza y Alberto San Juan los han doblado al castellano. 

 

RESTO DE CAPÍTULOS:  https://www.ivoox.com/podcast-carne-cruda-programas_sq_f157350_1.html

lunes, octubre 13

77 años de ocupación. 2 años de genocidio

 


Se cumplen 2 años del 7 de octubre y los datos oficiales del Ministerio de Sanidad contabilizan al menos 67.074 asesinatos en la Franja de Gaza a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel. A estas cifras hay que añadirle 460 muertes de inanición, otro millar de muertes en Cisjordania y varios centenares en Líbano, Irán, Yemén, Qatar, Siria y Túnez. Además, varios estudios académicos, publicados a lo largo del último año, sugieren que la cifra real de fallecimientos es muy superior a la oficial, debido a que hay muchos cuerpos escondidos bajo los escombros y a que el sistema sanitario gazatí colapsó durante los primeros nueve meses de la ofensiva.

Israel es un Estado colonial, fundado hace 77 años, que desde sus orígenes ha instaurado un régimen de apartheid y de opresión al pueblo palestino, al cual busca expulsar del territorio a toda costa. Hace dos años, su plan de limpieza étnica se vio acelerado gracias a los bombardeos indiscriminados en el enclave gazatí, lo cual ha alcanzado cotas de muerte sin precedentes.

La situación se está volviendo insoportable y la legitimidad israelí a nivel internacional se encuentra en mínimos históricos. Por ello, en los últimos días, Donald Trump ha impuesto, con el explícito chantaje del aumento de la violencia, un «Plan de Paz» que, en palabras de Benjamin Netanyahu, «cumple con los objetivos bélicos de Israel«. El plan, que se está negociando con Hamás (mientras Israel prosigue con sus bombardeos, eso sí), pasa por normalizar las relaciones con el Estado genocida sionista, desarmar a la organización islamista e imponer un gobierno tecnocrático en Gaza (probablemente servil a los intereses de Tel Aviv y Washington y a la especulación), supervisado por una Junta de Paz que incluirá a Tony Blair, uno de los padres de la invasión iraquí y del desmoronamiento de Oriente Próximo. Ironías de la historia –o cinismo imperial– sería un High Commissioner inglés el encargado de conseguir la paz en Palestina, cuyo drama histórico empezó con el mismísimo Mandato Británico de 1920-1948 y con la Declaración Balfour de 1917 que dio alas al proyecto colonial sionista. A cambio de estas condiciones y de la devolución de los rehenes, Netanyahu renunciaría por el momento a la anexión de Gaza y al desplazamiento de sus habitantes, pero ganaría legitimidad la presencia militar sionista (que permanecerá en la región durante un periodo indefinido, ya que no se ha hablado de plazos) y los asentamientos en Cisjordania, los cuales no se abordan en el plan.

En definitiva, el precio de la paz y la supervivencia del pueblo palestino es la aceptación total del colonialismo israelí, vender los recursos económicos a la inversión inmobiliaria y turística occidental y legitimar el régimen de apartheid. Y no tenemos duda de que en algún punto Israel volverá a traicionar a todas las partes, no aceptará abandonar la zona y retomará en el futuro sus planes de anexionar la Franja y culminar su proceso de limpieza étnica.

Esta política diseñada “para los palestinos, pero sin los palestinos”, ha recibido un respaldo vertiginoso y casi unánime en el mundo occidental, incluso de los países que recientemente reconocieron a esa entelequia llamada “Estado palestino”. ¿Pero se puede reconocer a un Estado palestino sin reconocer el derecho soberano de su población a autodeterminarse, cosa que el “plan de paz” contradice de manera flagrante?

No sabemos qué decidirán los palestinos en los próximos días, pero sabemos que siempre les apoyaremos y nos opondremos al colonialismo y al racismo.



domingo, septiembre 28

¿No matarás?

 


Una conversación reciente con mi sobrina, bendita sea, acerca del precepto judeocristiano «No matarás», y en general sobre las tres religiones del libro con un mismo origen, me inspira unas cuantas reflexiones no exentas de lucidez. La lógica estribaba, bendita ingenuidad, en que si se trata de un mandamiento divino el no acabar con la vida del prójimo, cómo es posible llamar verdaderos judíos (no en el sentido étnico, claro, sino referido a los que profesan el judaísmo), o cristianos, o musulmanes, a todos aquellos que han asesinado, y siguen haciéndolo, por doquier. Se trata de una cuestión nada baladí, ya que por un lado nos invita a indagar en los orígenes de la moral humana, que mi condición ácrata quiere pensar obviamente que se trata de algo mucho más complejo de que una autoridad, sobrenatural o muy terrenal, dictamine la prohibición de algo. Por otra parte, el asunto también nos empuja a reflexionar una vez más, para congratulación de todos aquellos amantes del librepensamiento, sobre lo pernicioso o no de las creencias religiosas. Vamos allá, con notable entusiasmo, y en primer lugar aclararemos algo. Es habitual que, en la actualidad, cuando se perpetra un sangriento atentado en nombre del Islam, alguien asegure que, a diferencia de los cristianos, los musulmanes y otras creencias sí matan. Uf, no hace falta aclarar la interesada estupidez, en nombre de las tres religiones del libro se ha asesinado muchísimo sin que haga falta aclarar cuál de ellas lo ha hecho con más ahínco en nombre un nocivo concepto absoluto y alienante (sí, Dios). Claro, esto no contesta a la pregunta que nos ocupa, pero sí evidencia y explica que otros preceptos, u obligaciones, deben prevalecer en las creencias frente a aquel de no arrebatar la vida del vecino, por no pensar o creer lo mismo que tú. No hace falta que nos remontemos a las Cruzadas o la inquisición, en época contemporánea un muy cristiano dictador, en este inefable país llamado Reino de España, provocó una sangrienta guerra civil junto a una posterior y cruenta dictadura durante gran parte del siglo XX con la pérdida, directa o indirecta, de innumerables vidas por su causa. Por cierto, al alzamiento genocida de todos aquellos generales facciosos la muy cristiana Iglesia Católica lo llamó también Cruzada, lo cual nos hace ver dónde queda el quinto mandamiento en su muy flexible moralidad.

Antes de continuar, no me gustaría enfocar estas reflexiones, exclusivamente, en cristianismo versus islamismo para demostrar quién ha matado más (algo que solo pueden realizar los interesados), ya que hay que hablar también por supuesto del judaísmo. Y ello sin estar yo muy seguro que en el actual genocidio del Estado de Israel en Gaza tenga un peso mayor la creencia religiosa, que el hecho de arrebatar tierras y recursos a otro pueblo. En cualquier caso, aceptando que muchos de los que están matando palestinos profesan por pura lógica cultural la religión judía, no parecen tener problema en esgrimir otros imperativos para no cumplir el mandamiento. Y es que hay que decir que la máxima «No matarás» tiene su origen en el Antiguo Testamento, por otra parte compuesto de unos textos plagados de crueldades y absurdidades, con una divinidad vengativa hasta extremos genocidas. Se podría entender que lo de asesinar es prerrogativa exclusiva de Dios, pero como vemos, la realidad histórica que llega hasta la actualidad es que, en su nombre, ha actuado el ser humano enviando al cielo o al infierno a todo quisque incrédulo. De hecho, la continuidad cristiana con el Nuevo Testamento, que nos quiere pintar ya a una suma deidad compasiva y benevolente no redujo lo más mínimo la transgresión del quinto mandamiento. Por cierto, por qué diablos un precepto tan moralmente importante como ese no está en primer lugar para una sana vida terrenal y por encima de él se encuentran lo de amar a una fantasía sobrenatural como Dios, por encima de todas las cosas, el no tomar su nombre en vano e incluso algo tan peculiar como «santificar las fiestas».

Quizá por aquí podemos dilucidar que si el ser humano profesa unas peculiares creencias no sujetas al más mínimo análisis racional, que le obligan a la querencia incondicional a un concepto absoluto y abstracto por encima de cualquier otra conducta moral en un plano humano, quizá acabe realizando actos absurdos, cuestionables y, desgraciadamente en ocasiones, abiertamente nocivos. Creo que tampoco es de recibo entrar en ese tópico de cuál es la verdadera religión del amor, ya que me da la impresión de que todas han asegurado serlo y, en cada una de ellas se ha convertido un sentimiento que debería ser muy concreto y terrenal en algo abstracto y alienante. Muy probablemente, la creencia religiosa ha sido muy importante, tampoco sé si determinante, en las sociedades y culturas humanas. No sé si alguna vez el ser humano ha necesitado mandamientos incuestionables para no abrir la cabeza al vecino o a la amenaza de una condena y sufrimiento eternos para comportarse de manera mínimamente decente (uf, ¡condena eterna!, ¡puede asumirse mayor crueldad humana que concebir algo así!). Lo que parece obvio es que el comportamiento violento e irracional del personal se ha producido y se sigue produciendo, no a pesar de las creencias religiosas, sino tantas veces por su causa. Y ello por mucho precepto supuestamente benévolo que se le dicte, en cualquier caso mezclado, y tantas veces subordinado, a otros abiertamente absurdos. Y lo que debería parece lúcidamente claro es que, bien entrado el siglo XXI, efectivamente, es tiempo de cuestionar lo pernicioso o no de la creencia religiosa. Y, en cualquier caso y sobre todo, también de fundar una moral verdaderamente humana, no separada de otros ámbitos como el político y económico, profundizando en todo aquello que enfrenta a unos seres humanos con otros. Palabra de irredento ácrata con algún que otro tic nihilista.



Juan Cáspar

martes, septiembre 16

Israel pisa el acelerador del genocidio palestino, mientras el activismo internacional lo intenta parar


Al inicio del verano, el 88% de la Franja de Gaza se consideraba una “zona militar” para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), eufemismo que significaba que la población civil había sido forzada a abandonarla. Sin embargo, el pasado 8 de agosto, el Gabinete de Seguridad de Israel desveló que pensaba actuar sobre buena parte del 12% restante y aprobó una nueva fase de la Operación Carros de Gedeón, es decir, del genocidio que está perpetrando en el enclave: tomar la Ciudad de Gaza –donde viven un millón de personas– y mantener el “control” permanente de la misma.

En cumplimiento de su plan, el 20 de agosto, Benjamin Netanyahu movilizó a 60.000 reservistas –en contra incluso de la opinión de Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor de las FDI– y actualmente ocupa la periferia de una ciudad que está siendo sometida a intensos bombardeos. Y ello con vistas a desplazar a toda la población del norte hacia el sur y recluir a los gazatíes en campos de concentración.

Unas semanas después, The Washington Post filtró un plan de posguerra para la Franja de Gaza, de 38 páginas, que circula dentro de la Administración de Donald Trump. En la línea de lo que había anunciado el presidente a principios de año, contempla la reubicación de los dos millones de habitantes del enclave. Los gazatíes recibirían 5.000 dólares, un año de alimentos y cuatro años de alquiler en otros países a cambio de abandonar sus casas y ceder los derechos de explotación de su suelo a los gringos. Según su visión, Gaza pasaría a considerarse un territorio bajo control estadounidense durante un periodo de diez años y la región, en la cual se construirían entre seis y ocho ciudades inteligentes movidas por una IA, se dedicaría a la producción tecnológica (una suerte de Silicon Valley) y al turismo de lujo.

Paralelamente a las operaciones militares en Gaza, Israel anunció el pasado 21 de agosto la aprobación de un nuevo bloque de asentamientos ilegales en Cisjordania (concretamente, 3.400 viviendas al Este de Jerusalén y cerca de Maale Adumim, otro asentamiento israelí) que, de llevarse a cabo, dividirá el territorio en dos. Bezalel Smotrich, el ministro de Finanzas israelí, explicó sin pelos en la lengua que con ello se eliminaría la posibilidad a futuro de un Estado Palestino.

Los planes de Trump y Netanyahu evidencian su intención de completar la limpieza étnica del pueblo palestino y de entregar la totalidad del país a los sionistas y a las empresas occidentales que sostienen su régimen colonial.

Occidente mira, pero no actúa

Incluso figuras usualmente tibias con Israel, como Emmanuel Macron (Francia), o directamente colaboracionistas del genocidio, como Friedrich Merz (Alemania), han expresado en las últimas semanas su rechazo a los brutales planes israelí y estadounidense.

Por ello, y para intentar lavar una imagen muy dañada, el mismo 21 de agosto el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí anunció que, de cara al mes de diciembre, invitará a más de 400 delegaciones internacionales (es decir, unos 5.000 participantes) al país, con el objetivo de “ayudar a difundir la narrativa israelí en los medios internacionales”, según ha informado The Times of Israel. Hasta ahora, Israel solía recibir unas 25 delegaciones por año. Esto demuestra lo desesperado que está Netanyahu por cambiar la percepción de Estado paria que se ha granjeado entre la comunidad internacional.

Y es que la existencia de un genocidio es cada vez más difícil de negar. A principios de septiembre, los datos oficiales elevaron las muertes en Gaza a 64.7391 (y a 1.000 en Cisjordania) desde el 7 de octubre de 2023. Asimismo, el 80% de las infraestructuras de Gaza habrían sido destruidas en los últimos 23 meses.

De los fallecimientos en la franja, al menos 147 se han producido por inanición, una cifra que solo puede aumentar, según Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), quienes advierten que los indicadores clave de alimentación y nutrición en Gaza ya superan los umbrales de hambruna y que “se está agotando el tiempo para poner en marcha una respuestas humanitaria a gran escala”.

Según la última alerta de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (CIF), los niveles son los peores desde que comenzó el conflicto y dos de los tres umbrales que indican hambruna se han superado en algunas partes de la Franja. El primero de estos indicadores, el consumo de alimentos, se ha desplomado en Gaza desde la última actualización del CIF en mayo de 2025. Más de un tercio de la población, hasta un 39%, se pasa varios días seguidos sin comer. La desnutrición aguda es el segundo indicador y ha aumentado “a un ritmo sin precedentes”. En la ciudad de Gaza, dice el CIF, los niveles de desnutrición entre los niños y niñas menores de cinco años se han cuadruplicado en dos meses y ha alcanzado en julio el 16,5%. Más de 320.000 niños y niñas, toda la población menor de cinco años de Gaza, corre riesgo de desnutrición aguda, según PMA y Unicef. Solo en junio, más de 6.500 niños y niñas fueron ingresados para recibir tratamiento contra la desnutrición.

Frente a esta barbarie, ningún gobierno occidental está actuando de manera contundente. Por ejemplo, el 8 de septiembre, el presidente español, Pedro Sánchez, realizó una solemne comparecencia en la que llamó a las cosas por su nombre y tildó de “genocidio” lo que Israel está perpetrando en Gaza. Sin duda, no habría proferido estas palabras si no fuera por la enorme movilización social a favor del pueblo palestino.

 A continuación, Sánchez anunció la aprobación de una serie de medidas destinadas a “detener el exterminio”, las cuales incluyen (1) “consolidar el embargo de armas a Israel” que se lleva produciendo “desde el 7 de octubre de 2023”, (2) prohibir que atraquen en puertos españoles barcos que transportan combustible a las FDI, (3) prohibir el tránsito por el espacio aéreo español de armas con destino a Israel, (4) aumentar las partidas de ayuda humanitaria a Gaza, (5) la prohibición de importar productos que provengan de los territorios ocupados y (6) la limitación de servicios consulares a españoles en asentamientos ilegales.

No podemos evitar mostrar nuestro escepticismo ante afirmaciones como la de que (1) se va a “consolidar” el embargo de armas a Israel, cuando no es cierto que exista: y es que desde el mes de de octubre de 2023 hasta el de marzo de 2025, España ha realizado al menos 88 exportaciones de armas por valor de 5,3 millones de euros a empresas de seguridad israelíes y ha importado al menos 36,6 millones de euros en armas y carros de combate desde Israel. Asimismo, las empresas de defensa y seguridad israelíes, sus filiales o terceras empresas en relación con productos israelíes han sido adjudicatarias de al menos 40 contratos de instituciones españolas por un valor de más de mil millones de euros.

Asimismo, las medidas muestran algunos resquicios importantes, como por ejemplo el hecho de que (2) aunque se prohíba que atraquen en puertos españoles barcos que transportan combustible, no se impide que transporten armas o materiales estratégicos como el acero.

Además, en cuanto al anuncio (3) de que no pasarían armas para las FDI transportadas por avión por el espacio aéreo español, la cadena SER aclaró unas horas después que esa medida no afectaría a los aviones estadounidenses que hicieran escala en las bases de Rota o Morón, como ocurrió durante la ofensiva contra Irán de hace unos meses.

Solo el pueblo salva el pueblo

A nivel internacional, el Gobierno del PSOE y Sumar se consideran uno de los Ejecutivos más implicados con la causa palestina. Es muy triste, pero es que el panorama mundial de ultraderechización no da para mucho más. Pero, pese a tener esta reputación, el Ejecutivo español no se atreve a romper definitivamente relaciones con Israel, lo cual habría sido una medida mucho más eficaz contra el genocidio.

Tanto en el Estado español como en el resto de países de nuestro entorno, la solidaridad con Palestina está siendo reprimida por los gobiernos, con independencia de su color. Prueba de ello son las más de 800 detenidas en el Reino Unido por expresar su apoyo al grupo ilegalizado Palestine Action, o las estudiantes detenidas y expulsadas en EEUU por acampar pacíficamente, por citar algunos ejemplos. Pese a ello, la lucha no cesa y seguimos saliendo a las calles a protestar, pedimos el boicot a empresas que colaboran con el genocidio o la ocupación, cortamos las calles al paso de la Vuelta ciclista que blanquea la limpieza étnica, colocamos pancartas, repartimos flyers, pegamos pegatinas, etc.

Existen varios ejemplos de activistas que, ante la inacción de los Gobiernos, han tomado la iniciativa para intentar hacer llegar ayuda humanitaria a Gaza y paliar los efectos de la hambruna. Por ejemplo, en junio unas 4.000 personas de 80 países distintos llevaron a cabo una Marcha a Gaza e intentaron romper el bloqueo humanitario y llegar a la frontera de Rafah con Egipto. Sin embargo, fueron brutalmente apaleadas, detenidas y/o deportadas por las autoridades egipcias.

Más recientemente, el 31 de agosto, cuatro decenas de barcos civiles partieron del puerto de Barcelona en la Global Sumund Flotilla, la flotilla más grande de la historia, y confluyeron con otras embarcaciones procedentes de Túnez en alta mar unos días después. En esta iniciativa participan 2.000 personas que provienen de más de 44 países, cargados de alimentos, leche en polvo y medicamentos. Se trata del tercer intento de romper el bloqueo por mar en lo que va de año, después de que los dos anteriores fueran asaltados por las FDI y sus tripulantes detenidas y expulsadas.

 En el momento en el que escribimos estas líneas, la flotilla todavía no ha llegado a la costa de Gaza, pero el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ha anunciado que les tratará como a terroristas. Ante esto, los estibadores de Génova, en un precioso ejemplo de solidaridad internacionalista, amenazaron con bloquear todos los envíos a Israel [13.000 contenedores al año] si se cumplen las represalias. “Si perdemos el contacto con nuestros barcos, con nuestros compañeros, aunque sea por 20 minutos, paralizaremos toda Europa”, declaró un estibador del Colectivo Autónomo de Estibadores (CALP) en un vídeo viral.

Unos días después, la Unión Sindical de Trabajadores Portuarios, el sindicato mayoritario del comité de empresa del puerto de Barcelona, se sumó al CALP: “el Estado de Israel está imponiendo sobre la población de Gaza aquello que la Organización de las Naciones Unidas ha calificado como «hambre provocada» y «crimen de guerra», empujando a la inanición y en la muerte una región habitada por aproximadamente 2,1 millones de personas, de las cuales el 100% sufre inseguridad alimentaria aguda y unas 641 000 ya se encuentran en situación de hambre extrema. […] Los trabajadores portuarios, y toda la clase trabajadora de Europa en general, no podemos restar impasibles ante las guerras que se llevan a cabo con la complicidad necesaria de nuestros gobiernos, que utilizan armamento producido a nuestras fábricas y que, a través de nuestros puertos, transportan material bélico para masacrar trabajadores otras partes del mundo”.

Por ello hacen un llamamiento a apoyar a “toda iniciativa encaminada a parar la guerra brutal e injusta que Israel está lanzando contra el pueblo palestino”. Consideran que los trabajadores deben “hacer todo aquello que esté en nuestras manos para defender la misión humanitaria hacia Gaza” y declaran su “apoyo total” a los portuarios de Génova “que han tomado su lugar en esta misión, poniendo en riesgo no solo sus lugares de trabajo sino también sus vidas”.

Es una frase tan manida que suena a cliché, pero sigue siendo cierto: solo el pueblo salva al pueblo.

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1Diferentes estudios afirman que el 80% de los palestinos muertos son civiles y que el 70% son mujeres y niños. Los datos oficiales, además, dicen que habrían sido asesinados 217 periodistas, 120 académicos y 224 trabajadores humanitarios, incluyendo 179 empleados de la UNRWA.

 

 

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