
«Seguimos en el mismo sitio y no
encontramos salida: no sabemos guiar el cortejo fúnebre de lo real, del
poder, de lo social mismo, implicado también en la depresión en que nos
agitamos. Y es precisamente por un recrudecimiento artificial del poder,
de lo real y de lo social por lo que intentamos escabullimos».
Jean Baudrillard, Cultura y simulacro, 1978.
Vivimos obsesionados con futuros distópicos y escenarios de ciencia
ficción mientras ignoramos que todo lo que más tememos forma parte de
nuestro presente. La digitalización integral, la transformación del
control, la vigilancia y la programación de la vida han cancelado la
distancia temporal que separaba el presente del porvenir: la distopía ciberpunk se ha consumado.
El futuro ya no es una promesa ni una amenaza. Es una condición
operativa del ahora. La proliferación global de tecnologías de
vigilancia inteligente, el análisis masivo de datos y los sistemas
algorítmicos de decisión conforman nuestra nueva realidad. Este hecho
irrefutable ha contribuido a la convulsión de la psique colectiva,
propagando la ansiedad en todas las iglesias, incluidas las pequeñas
sectas, del amplio Pantone ideológico. El resultado general es una
imagen distorsionada de la dominación algorítmica, preñada de todo tipo
de credos y —en términos adornianos— una disponibilidad social latente
hacia el fascismo.
Esta distorsión nos impide ver la fotografía completa e identificar el problema fundamental que produce: una redefinición antropológica.
Al transformar al animal humano (de sujeto políticosocial a nodo de
datos optimizable), la dominación impone nuevas lógicas de acumulación
económica y control social. Digamos entonces, que las nuevas tecnologías
se han convertido en instrumentos ideológicos y económicos que
subvierten conceptos y prácticas históricas e impactan directamente en
nuestras vidas.
La paradoja es que la mayoría de las personas usuarias de
dispositivos móviles lo saben. No obstante, descartan de antemano que la
biometría obligatoria y el saqueo constante de datos personales pueda
ocasionarles algún problema. Tampoco lo perciben como un modo de
autoexplotación. Mucho menos lo identifican como un medio eficiente de
control y vigilancia, pese a estar brindando información las 24 horas
del día, incluso en modo «apagado» —lo que facilita la geolocalización
en tiempo real y la escucha permanente—. Como diría Foucault: «La gente
sabe lo que hace; con frecuencia saben porque lo hacen; pero lo que no
saben es qué consecuencias tiene lo que hacen».1
Esta reflexión foucaultiana hoy cobra especial relevancia en el
contexto de la dominación algorítmica donde nuestras acciones,
invariablemente, terminan nutriendo los mecanismos de control y
vigilancia del Poder.
La información digital recabada mediante la vigilancia masiva y
selectiva de datos cotidianos de consumidores de aplicaciones y
publicidad digital con fines de «inteligencia publicitaria» (ADINT, por
sus siglas en inglés) está siendo maliciosamente utilizada con otros
objetivos. Esta práctica se ha incrementado a nivel planetario de la
mano de la economía de la vigilancia de datos personales.
En el marco económico, las empresas que realizan estudios de mercado a
través de los datos recopilados de manera anónima en redes sociales,
aplicaciones y páginas de Internet, utilizan esta información para
«conocer tendencias de consumo», la ubicación exacta de un cliente
específico o un potencial comprador, así como sus gustos en relación con
las aplicaciones que usa. En el contexto coercitivo («seguridad
pública» e «inteligencia militar»), la recolección, clasificación e
interpretación de datos a través de softwares y biometría avanzada2
ha puesto en marcha un sistema de rastreo en tiempo real de millones de
personas alrededor del mundo con su inmediata clasificación como
«negativos», «falsos positivos» o, en su defecto, «amenaza potencial».
Asumiendo, de forma invariable, que cualquier persona representa de
antemano una amenaza. De tal suerte, todo se reduce a «rastrear,
contener y neutralizar».3
Diversas investigaciones han mostrado en fechas recientes que al
menos 75 países utilizan activamente tecnologías de IA con fines de
control social, incluyendo reconocimiento facial y sistemas de
vigilancia predictiva.4
Si bien este método de control se implementó en la mayoría de los
países para el «rastreo de contagios» bajo el argumento de «emergencia
sanitaria» durante la pandemia de COVID, muchos gobiernos ya habían
utilizado estas tecnologías de vigilancia en manifestantes y opositores.
Destacan en esta práctica China, Corea del Sur y Rusia. En el caso
concreto de Hong Kong, se registró un notable incremento en el uso de
tecnologías de vigilancia con IA durante las protestas masivas de 2019.
En Rusia, en el último quinquenio, se amplió de manera significativa la
red de cámaras de videovigilancia y sistemas de reconocimiento facial
con IA en las ciudades de Moscú y San Petersburgo. En Atenas, Londres,
Delhi, Ciudad de México, New York, Washington D.C., Los Ángeles,
Minneapolis, Saint Paul, New Orleans, Roma, Santiago de Chile, Tel Aviv y
Singapur se observan incrementos similares.
En Corea del Sur, por ejemplo, el uso de reconocimiento biométrico en
la represión de manifestantes, opositores y extranjeros, ha
experimentado una expansión manifiesta desde diciembre de 2025 tras las
medidas que impusieron el reconocimiento biométrico obligatorio para
poder activar una línea de telefonía móvil, forzando a los usuarios a
cotejar la información biométrica con el documento de identidad.
Desde febrero de 2026, en México es obligatorio como documento de
identidad la Clave Única del Registro de Población (incluye huellas
dactilares de ambas manos, escaneo de iris, fotografía digital y firma
electrónica),5
imprescindible a la hora de realizar trámites (laborales, bancarios,
educativos, de salud, entre otros) que requieran verificación de
identidad. Al igual que en Corea Del Sur, también ha hecho obligatorio
el registro de las líneas de telefonía móvil vinculado a la CURP
biométrica, con la advertencia de que se le suspenderá la línea a quien
no cumpla con la medida. La justificación oficial para la puesta en
práctica del reconocimiento biométrico obligatorio ha sido la búsqueda
de personas desaparecidas, la supresión del robo de identidad —a fin de
«evitar extorsión y fraude»— y el fortalecimiento de la «seguridad
pública». En paralelo, en las principales ciudades de México con mayor
concentración poblacional, se ha registrado un preocupante aumento en la
instalación de cámaras inteligentes con reconocimiento facial,6
conectadas al Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y
Contacto Ciudadano (C5) en las diversas entidades federativas.
A través de la Autoridad de Identificación Única de la India (UIDAI),
el gobierno nacionalpopulista de Narendra Modi ha registrado los datos
biométricos del 99.5% de la población adulta del país, contando con más
de 1 340 millones de registros. Mediante el sistema Aadhaar se
efectúan diariamente millones de autenticaciones en tiempo real para
poder acceder a servicios sociales y bancarios. De la mano del control
biométrico, India ha expandido en todo su territorio el uso de cámaras
de videovigilancia inteligente, convirtiendo al país en uno de los más
vigilados del mundo. Es de destacar la ultravigilancia de la ciudad de
Hyderabad con más de 500 mil cámaras instaladas (una por cada 30
habitantes). En este sentido, la videovigilancia inteligente es
utilizada de forma constante por las autoridades indias para la
detección de multitudes, monitoreo de matrículas de automóvil (ANPR) e
identificación de «comportamientos sospechosos» en tiempo real, con
particular saña contra minorías (musulmanes, sijes, etc.), activistas
sociales y opositores al nacionalismo hindú.
Estados Unidos es sin duda uno de los países que más explota las
«capacidades tecnológicas» con fines represivos y los ha consolidado
como «infraestructura soberana». Su aplicación es una constante en
planificación militar, al igual que en investigación policial y,
logística, proyección y coordinación de las diversas agencias de
seguridad nacional (NSA,ICE, FBI, etc.). La Sección 702 de la Ley de
Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés)
es una prueba fehaciente del análisis invasivo de los datos de
ubicación, de los comportamientos comerciales y las comunicaciones sin
necesidad de solicitar una orden judicial para intervenirlas.7
La recopilación de datos comerciales y datos de inteligencia mediante
herramientas de IA que cruzan información personal extraída de
diferentes plataformas de comercio electrónico (Amazon, Mercado Libre,
Magento, Shopify, etc.) y plataformas de billetera digital (PayPal,
Google Wallet, Skrill, Apple Pay, Samsung Pay, etc.), con información
masiva de distintas fuentes de registro generada en dependencias que
emiten documentos oficiales (pasaportes, licencias de conducir, tarjetas
de elector, tarjetas del Seguro Social, actas de matrimonio, tarjetas
de Medicaid, préstamos para educación superior, etc.), ha facilitado al
gobierno estadounidense la construcción de un enorme Estado de
vigilancia. Se trata de la puesta en práctica de una doctrina
estratégica que intenta imponer el control social en el ámbito local y
la soberanía digital con preeminencia global.
En consecuencia, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP,
por sus siglas en inglés) y el Servicio de Inmigración y Control de
Aduanas (ICE) han implementado un conjunto de tácticas de vigilancia
inteligente con el objetivo de «optimizar» la persecución y el arresto
de migrantes ilegales. De tal suerte, las redadas y detenciones masivas
han estado acompañadas de un incrementando en las detenciones
selectivas. Clearview AI y Palantir son los garantes de esta cacería
humana. Aunque operan como empresas separadas, sus tecnologías se
complementan en los sistemas de vigilancia gubernamental, logrando una
sinergia entre la integración y el cruce de bases de datos masivas que
realiza Palantir —con el propósito de rastrear objetivos y trazar
patrones de conexiones en tiempo real— y el reconocimiento facial que
ejecuta Clearview AI —comparando rostros captados por cámaras de
vigilancia inteligente contra una base de datos de más de 30 mil
millones de imágenes extraídas de las redes sociales e incluso de la
nube—.
Este ecosistema de IA, conformado mediante la interacción de las
plataformas de ambas compañías (y reforzado con otros proveedores de
software de rastreo como la aplicación Mobile Fortify de la NEC Corporation),8
se ha consolidado en un programa avanzado conocido como ImmigrationOS
que examina datos biográficos, biométricos y de geolocalización de
migrantes con la intención de priorizar las deportaciones. Empero, esta
red de vigilancia masiva impulsada por tecnologías invasivas no se
limita a rastrear y localizar migrantes ilegales, también está siendo
utilizada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y otras
agencias gubernamentales, incluido el FBI y las corporaciones policiales
locales (estatales y municipales), que utilizan la información generada
en base a la «predicción de escenarios». Con este fin, perfilan
patrones de vida y monitorean en tiempo real a ciudadanos
norteamericanos, con particular saña en el caso de personas
racializadas, disidentes sociales, opositores políticos y anarquistas
refractarios.
Pero esta cacería ya trascendió fronteras. La nueva política exterior
de Washington ha puesto en la mira a los nucleamientos anárquicos que,
consecuentemente, impulsan la praxis en todos los confines del Planeta.
Así las cosas, el pasado mes de julio en el marco de la Reunión
Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, realizada en
el Edificio Harry S. Truman en Washington, D.C., quedaron establecidos
los nuevos lineamientos para el combate al «terrorismo político de
extrema izquierda», contando con la anuencia de representantes de
Alemania, Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, España, Italia, Israel,
Perú, Uruguay y otros 56 países.
En la lista confeccionada por el Departamento de Estado
norteamericano de grupos «Terroristas Globales Especialmente Designados»
(SDGT, por sus siglas en inglés) aparece la Federación Anarquista
Informal/Frente Revolucionario Internacional (FAI/FRI), junto a un par
de organizaciones autónomas griegas, entre otros agrupamientos no anarquistas
clasificados como «Organizaciones Terroristas Extranjeras» (FTO). En el
mismo tenor, esta «estrategia integral contra la amenaza global del
terrorismo político de extrema izquierda» ha hecho hincapié en la
«desarticulación de las redes de comunicación» mediante tecnologías de
vigilancia inteligente. Esto motivó que el día de ayer (26/08/2026)
entrara en vigor la Orden Ejecutiva 13224 de la administración trumpista
—cumplida por el Departamento de Estado y la Oficina de Control de
Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro— que sanciona al
colectivo italiano que autogestionaba al servidor Autistici/Inventati
por proveer «infraestructura de alojamiento web, correo cifrado y
herramientas de comunicación digital a redes violentas de extrema
izquierda».9
La nueva medida implementada por la Casa Blanca se suma a la suspensión
masiva de cuentas en plataformas de redes sociales (Facebook,
Twitter/X, Instagram, etc.) con perfiles anarquistas y millones de
hackeos e intentos de hackeos a cuentas de servidores alternativos que
se han venido registrando en el último año y lo que llevamos de este.
Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 27 de agosto