Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

jueves, octubre 17

Manifiesto abolicionista


Sacralizada en las sociedades primitivas, o convertida en negocio en las economías monetarias, la prostitución ha sido una constante en la historia de la humanidad. Tradicionalmente se ha considerado una función necesaria en sociedades rígidamente estructuradas en estratos sociales. Históricamente, quien ha recurrido al sexo para obtener una contraprestación económica, no ha pertenecido a los estratos altos, que no tienen necesidad de esto; los de abajo ofrecen y los de arriba compran. Como también han sido en su mayoría niñas y mujeres las que se han entregado a esta actividad, debido a la demanda mayoritaria por parte de los hombres, siendo así un fenómeno estrechamente ligado al patriarcado. Ha sido, por tanto, una actividad propia de una formación social vertical, no de una sociedad igualitaria, y no creemos que pueda dejar de serlo, por mucho que la gente que la ejerce fuera rica o que se diera el caso de que la ejercieran el mismo número de hombres que de mujeres: el que compra, sigue teniendo un privilegio sobre el que es comprado, quien es degradado por este mismo hecho.

Estamos en contra de la prostitución, como lo estamos de cualquier práctica sexual alienante, violenta y destructiva. Aspiramos a un modelo de relaciones humanas en el que el sexo no esté artificialmente separado de la dimensión afectiva de la persona y ante todo somos partidarios de las relaciones interpersonales, no de sujeto a objeto, como es este caso. En este sentido, nos parece que el sexo no debiera ser considerado un bien ni un servicio ni formar parte del intercambio económico. Y en consecuencia, nos es imposible llamarlo “trabajo” o aceptar la existencia de “trabajadores sexuales”. Prostitución es explotación sexual, no trabajo. Por extensión, estamos en contra de la sindicación como “trabajadores del sexo”, de las personas que ejercen esta actividad, así como de la creación de sindicatos de prostitutes.

Existe hay una cruzada antiabolicionista y procomercio sexual a nivel internacional por parte de los empresarios de burdeles y de los principales medios de comunicación capitalistas para intentar normalizar la prostitución y la pornografía. Se ataca al abolicionismo como una postura “antisexo” o contraria a las personas que ejercen la prostitución. Y eso no es cierto, puesto que el abolicionismo no expresa ningún desprecio por la prostituta, sí en cambio por la prostitución. En países como Alemania y Nueva Zelanda, donde se ha legalizado la prostitución, los proxenetas son los reyes, la trata de esclavas sexuales se ha incrementado conforme subía la demanda y la explotación y la violencia están llegando a niveles no conocidos con anterioridad. Esa es la realidad. Pero aunque ésta llegara a ser como pretende la élite de la prostitución que demanda sindicarse, es decir, un paraíso de autónomas que eligen a sus clientes y ejercen en condiciones elegidas por ellas, no nos parece válido el modelo de relaciones que se fomenta con esta actividad, el cual nos parece violento, alienante en sí mismo y en ningún caso “trabajo”.

Sabemos cómo dentro del anarcosindicalismo español se está cediendo a la influencia de los grupos de presión partidarios de la legalización y sindicación de la prostitución, tanto desde una moral individualista que considera que cualquier práctica es buena si es “elegida” por el sujeto, como desde la visión supuestamente “humanitaria” de quienes dicen que estas personas no tienen alternativa y que hay que luchar por mejoras dentro de su condición de personas explotadas sexualmente. En concreto nos preocupa la Confederación Nacional del Trabajo (CNT-AIT), al cual entendemos como único sindicato respetuoso con los principios anarquistas hoy día en España.

Ante todo, nos inquieta la forma en que esto está sucediendo en una organización con un legado histórico claramente abolicionista, que lo fue no solamente por la creación de liberatorios de prostitución por iniciativa principalmente de los grupos de afinidad de Mujeres Libres, sino en primer lugar por la obra pedagógica y propagandística en el sentido de abolir la explotación sexual y los burdeles. Nos preguntamos cómo es posible que en algunos sindicatos se estén pronunciando por la sindicación de la prostitución sin haber concedido un mínimo espacio de debate al abolicionismo, y sin ninguna consideración por los principios y la acción que se defendieron en el pasado. Pensamos que las asambleas de los sindicatos deberían debatir y tomar acuerdos antes de dar por hecho que la sindicación de la prostitución es el único camino posible.

Como personas pertenecientes al movimiento libertario, militantes o sindicatos de la CNT-AIT, nos manifestamos aquí en contra de la suposición de que la prostitución es necesaria, y decimos que las relaciones sexoafectivas espontáneas de las personas pueden cubrir las necesidades naturales de sexo en una sociedad. Y en contra de quienes ven necesaria la legalización y sindicación de esta actividad porque dicen no ver alternativa desde el abolicionismo, no necesitamos declarar que vamos a garantizar trabajo alternativo a quienes ni siquiera lo están pidiendo, porque la existencia de la prostitución depende principalmente de los que la demandan, que son mayoritariamente los hombres, incluidos los que están en el movimiento libertario y la consumen. Por consiguiente, entendemos que la abolición es más una cuestión de educación y de valores que otra cosa, y en eso todos podemos contribuir a erradicarla desde el momento en que nos negamos a aceptarla bajo ninguna forma. Se puede por tanto atacar la explotación sexual sin necesidad de sindicar a las prostitutas, hecho que además por lo que se observa en otros países ni siquiera conlleva mejora de su situación.

Una sociedad en la que el ámbito de las relaciones íntimas quede libre de explotación, en que el amor y el sexo sean verdaderamente libres y espontáneos, que respondan a relaciones afectivas y de crecimiento personal, eso es lo que queremos y por tanto MANIFESTAMOS: que lucharemos por mantener la línea abolicionista en las organizaciones y grupos de afinidad anarquistas en las que estemos integradxs, y que no aceptaremos la entrada y la organización de los intereses del negocio del sexo en la Confederación Nacional del Trabajo CNT-AIT sin que al menos exista un debate o discusión previos.

lunes, octubre 14

El Maquillaje Verde del Capitalismo no cambia su esencia depredadora: la Fábula Greta y sus limitaciones — Cecilia Zamudio


 
Los verdaderos ambientalistas de este mundo son los pueblos en lucha contra la depredación que perpetran las multinacionales: los que entregan sus vidas por sus comunidades, por las montañas y ríos. Cada mes, decenas de esos verdaderos ambientalistas son asesinados en sus países: las balas de los sicarios del capitalismo transnacional revientan sus cabezas llenas de honestidad y lucha, y mueren con las manos limpias, unas manos que jamás habrán estrechado las manos infames del FMI, ni las de los demás vampiros del planeta. La clase explotadora y su sistema capitalista se perpetúa en base al Exterminio y a la alienación: en base a la violencia, y también en base a la mentira que impone a través de sus medios masivos.

En sendas fotos se aprecia a Greta Thunberg, el nuevo personaje hyper-mediatizado por el aparato cultural del capitalismo, junto con la directora del FMI y candidata al BCE, Christine Lagarde (el FMI, esa institución del capitalismo transnacional que depreda la naturaleza y hambrea pueblos enteros): un apretón de manos que ilustra muy bien la felicidad de los amos del mundo al saludar a quienes bien les sirven en la importante tarea de penetrar todas las luchas con Caballos de Troya que encausen las energías hacia callejones sin salida, que manipulen a las mayorías en seudo luchas que no vayan nunca a tocar la raíz de los problemas, y por lo tanto no los solucionen. El capitalismo que está acabando con la naturaleza no es cuestionado por la fábula de Greta. El planeta se muere y siguen con su Pan y Circo. Cinismo absoluto.

La televisión, la prensa, la industria cultural, están en manos de monopolios privados en el capitalismo: esos monopolios suelen también tener capital en el complejo militar industrial, en el agroindustrial, en la industria química y farmacéutica, etc... Todo lo anterior explica el porqué los medios masivos no televisan a nadie que cuestione realmente sus intereses: nadie que cuestione la perpetuación de este sistema, que cuestione al capitalismo, recibirá tal hyper-mediatización.

La depredación de la naturaleza se debe al modo de producción capitalista: el agroindustrial intoxica la tierra, la megaminería devasta montañas y ríos, etc. El sobreconsumo es un fenómeno teledirigido por el aparato cultural del capitalismo, por el bombardeo publicitario. La Obsolescencia Programada, mecanismo perverso de envejecimiento prematuro de las cosas, implementado adrede en el modo de producción capitalista, también le garantiza a la burguesía que las masas sobreconsuman, porque así es que la burguesía llena sus arcas: en base a la explotación contra las y los trabajadores y en base a la devastación contra la naturaleza. 
 
 
No hay solución a la devastación de la naturaleza dentro del capitalismo. Ante la tragedia palpable de continentes de plástico flotando en los océanos, de la deforestación vertiginosa de bosques milenarios, de los glaciares depredados, de las napas freáticas y ríos contaminados y desecados, de cordilleras rebanadas por la mega minería, del uranio empobrecido con el que el complejo militar industrial bombardea regiones enteras, de los niveles de CO2 en claro aumento, el cinismo de los amos del mundo es descomunal. Cómo si plantearan lo siguiente:

«No se puede tapar el sol con un dedo, es decir ya es inocultable la devastación del planeta que los grandes capitalistas estamos perpetrando; ahora bien, lo que sí se puede hacer para seguir depredando y capitalizando, es mentir sobre las causas profundas y sistémicas del problema. Lo importante es que no se nos señale a nosotros como los responsables, que no se nos señale a los propietarios de los medios de producción, los que decidimos qué se produce, bajo qué condiciones y a qué ritmo, los que nos enriquecemos mediante el saqueo de la naturaleza y mediante la plusvalía que le sacamos a las y los trabajadores, los que decidimos cómo debe comportarse la población, ya que la inducimos al sobreconsumo que nos enriquece a nosotros, y la inducimos a no cuestionar a este sistema que tanto nos conviene a nosotros como minoría dominante. El fingir que nos preocupa el planeta, dará muy buenos réditos, basta con una buena operación de propaganda a nivel mundial, que se nos vea escuchando a algún símbolo que habremos creado previamente, algo que no nos cuestione como clase dominante, como clase explotadora, y que no cuestione en definitiva este sistema».

Pero la gangrena no se cura con tiritas, y obviamente la depredación del planeta no se frenará con los placebos que el mismo sistema ofrece para encausar el descontento social hacia callejones sin salida.

Greta y su grupo apelan a las supuestas "cualidades morales" de los amos del mundo, apelan a su supuesta "buena voluntad"; una vez más entramos en la fábula anestesiante que finge ignorar que en el capitalismo la acumulación de riquezas la perpetran los grandes capitalistas de dos maneras fundamentales: la explotación contra las y los trabajadores y el saqueo de la naturaleza. En esta fábula del GreenWashing (lavado verde) se plantea fraudulentamente la existencia de un supuesto "capitalismo verde", algo totalmente imposible por la lógica misma del sistema. No es posible un "capitalismo verde", como no es posible un "capitalismo con rostro humano", como no es posible un león vegetariano. Y eso simplemente porque cuando hablamos de este sistema económico, social, político y cultural que es el capitalismo, hablamos de los mecanismos inherentes a su lógica: ca-pi-ta-li-zar.

Y a los que vengan con el fraude de que “los países nórdicos son grandes ejemplos de capitalismo bueno y verde”, decirles que mejor se lo pregunten a una víctima de las masacres que las grandes empresas nórdicas han fomentado en el Congo para poder saquear hasta la médula el Coltán y otros recursos. ¿Les suena de algo Ericsson, Saab, Volvo, Bofors (armas), Nammo (armas), Kongsberg (armas), Ikea, H&M, etc? Ni muy “verdes” ni muy “humanas” en lo que a explotación y devastación contra las y los trabajadores y contra la naturaleza se refiere. ¿Ah, que si se logra externalizar fuera del país toda la cloaca de las prácticas que enriquecen a una multinacional, entonces no se toma en cuenta dicha cloaca? ¿Y la faraminosa cifra de negocios de las empresas suecas, noruegas y finlandesas en base a la venta de armas, y su lucrativa participación en toda nueva invasión de la OTAN, tampoco será mostrada en la fábula, no?

No es posible un "capitalismo verde", como no es posible un "capitalismo con rostro humano", como no es posible un león vegetariano. Porque la explotación y la depredación son inherentes al capitalismo. Ahora bien, lo que sí es posible, es maquillar el mismo rostro inhumano y nada verde del capitalismo, con toneladas de maquillaje para que parezca lo que no es. Pero un león con una máscara de zebra, no será nunca vegetariano como el personaje de su máscara, así como un sistema como el capitalismo, no será nunca "verde" como las máscaras que de sí mismo mediatiza el mismo sistema. Grandes multinacionales energéticas, depredadoras por excelencia de la naturaleza, arboran logos de colibrí o de fauna marina. La BMW y un banco suizo financian el barco con el que Greta surca los mares: ¿Será entonces menos poluyente, menos infame, el proceder de la BMW o del banco suizo?

Por otra parte, en el discurso del GreenWashing se culpabiliza a todos por igual, y al final... «si todos somos culpables nadie lo es de manera específica», lo que es una manera de diluir responsabilidades, de no señalar a los principales responsables de esta barbarie: los grandes capitalistas, la burguesía transnacional.

Es verdad que el sobreconsumo no se limita a la burguesía, porque si bien esta puede consumir muchísimo más y genera un despilfarro brutal, la clase explotada también ha sido alienada por el bombardeo publicitario, para llevarla a sobreconsumir, aún a costa de contraer deudas. Pero una vez más, hay una cuestión de clase: porque es la clase explotadora, la que posee los medios de producción y propaganda, la que impone su hegemonía ideológica y cultural a todo el planeta, es la clase explotadora la que aliena a la clase explotada a través de los medios masivos de su propiedad. Es mediante la alienación que la clase explotadora dirige a la clase explotada hacia el sobreconsumismo, la dirige mediante el bombardeo publicitario y mediante los paradigmas que impone el aparato cultural del capitalismo (individualismo, consumo presentado como "compensatorio", noción de “éxito” relativa al tener y no al ser, etc). La Obsolescencia Programada (envejecimiento prematuro de las cosas) también les garantiza a los grandes capitalistas que las masas sobreconsuman, para llenar sus cuentas bancarias mientras devastan al planeta.

En el 2019, las 26 personas más enriquecidas del mundo tienen la misma riqueza con la que malviven los 3.800 millones de personas más empobrecidas, la mitad de la población mundial (Oxfam). Un puñado de multimillonarios posee los principales medios de producción y medios de propaganda y difusión. El 1% de la población mundial posee el 82% de la riqueza mundial. La base de datos de consumo de energía eléctrica per cápita, evidencia que son Europa, Estados Unidos, Canadá y demás metrópolis capitalistas, las que consumen, y de lejos, la inmensa mayoría de la energía consumida a nivel mundial.

En el discurso de la Máscara Verde, se equipara la depredación que cometen los grandes capitalistas, las gigantescas empresas que secuestran ríos enteros para la mega minería, con los pueblos que son sus víctimas. Se equipara a víctimas con victimarios en ese abyecto discurso del “todos somos culpables”, que no hace distinción alguna, ni de clases sociales, ni entre el puñado de países que consumen el 80% de los recursos del planeta (Estados Unidos, Europa, Canadá, Japón, Australia y demás metrópolis capitalistas) y todos los demás países del mundo (la inmensa mayoría) que sobreviven con el 20% restante. En el discurso de la Máscara Verde no se habla de metrópolis capitalistas que sobreconsumen, versus periferias capitalistas que son concebidas por el capitalismo transnacional como meras "bodegas de recursos" y saqueadas hasta la médula, con un impacto ecológico devastador y un impacto social de empobrecimiento, tampoco se dice que el saqueo es perpetrado asesinando a toda persona o comunidad que alce su voz contra el saqueo capitalista.
 
 
Se equipara a las multinacionales depredadoras con los pueblos que éstas exterminan. Tomemos como ejemplo lo que cometen la Anglo American, la BHP Billiton y la Glencore al desviar todo un río para usar el agua en la mina de Carbón más grande del mundo, la mina del Cerrejón en Colombia, lo que causa sequía, ecocidio, hambruna y Genocidio contra uno de los principales pueblos indígenas de Colombia: los Wayú. Más de 14.000 niños Wayú han muerto de hambre y sed por causa del saqueo capitalista que perpetran esas tres multinacionales. El carbón que se extrae por toneladas, es encaminado hacia Estados Unidos y Europa principalmente. Así que no, no somos "todos culpables por igual". No es igual de culpable una familia trabajadora que un capitalista. No es igual de culpable la multinacional Glencore que el pueblo Wayú padeciendo exterminio. No son culpables las y los miles de luchadores sociales, ecologistas verdaderos, que son asesinados a diario por las balas de los sicarios del capitalismo transnacional; pero en cambio sí son culpables los que saquean el planeta y pagan sicarios para exterminar toda oposición al saqueo capitalista.

Por nuestras muertas y muertos, ni un minuto de silencio ante la barbarie y la pantomima con la que pretenden encubrirla: más de 1500 campesinos, indígenas, afrodescendientes, ambientalistas, luchadores sociales, asesinados en Colombia por el capitalismo transnacional en cinco años, otros miles en México, otros tantos en diversos países de África, Asia y América Latina... Y nos vienen con su fábula de la niña de las trencitas, que NO cuestiona al sistema capitalista y es hyper-mediatizada, con su montaje que hiede a paternalismo eurocentrado, con su decorado que hiede a cinismo, con su teatro que hiede a fingir para que todo siga igual.

Están experimentando para ver hasta qué punto nos tragamos todos sus montajes con la sonrisa tonta, mientras que ellos, los miembros de la clase explotadora, siguen depredando montañas y ríos, océanos y bosques, siguen perpetrando ecocidios y genocidios, siguen empujando a millones de desposeídos a los caminos del éxodo, siguen transformando el planeta en un basural y a los seres humanos en alienados (y al que no se deje alienar, y pretenda luchar por fuera de los trazados de lo inútil, le asestan la bala paramilitar y militar, o la persecución política y la cárcel).
 
 «Mientras tengamos Capitalismo, este planeta no se va a salvar; porque el capitalismo es contrario a la vida, a la ecología, al ser humano, a las mujeres», expresaba Berta Cáceres, auténtica ambientalista y luchadora social hondureña, asesinada por oponerse al saqueo capitalista. Chico Méndes, otro auténtico ambientalista, defensor de la Amazonía y luchador social asesinado para callar su voz de consciencia de clase, para intentar frenar la organización política de los desposeídos, ya señalaba, antes de ser asesinado, las imposturas del "GreenWashing" (al que por entonces no se llamaba con ese término, pero que ya existía). Contra el capitalismo y su Maquillaje Verde, también había alzado su lucha Macarena Valdés, ecologista Mapuche asesinada por defender a la naturaleza y a la comunidad, por enfrentarse a la multinacional RP Global, de capital austriaco, que promueve la energía que vende como "renovable y sustentable", tras participar del ecocidio y genocidio contra el pueblo Mapuche. Las y los luchadores contra la depredación de la naturaleza son miles, sus voces no son mediatizadas, sus vidas suelen ser cortas porque son truncadas por las herramientas represivas al servicio del capitalismo transnacional. 
 
 
Y si algún país pretende nacionalizar los recursos naturales y no permitir que las multinacionales los saqueen, lo bombardean en sus guerras imperialistas, lo invaden, le introducen mercenarios fanáticos religiosos incubados desde el imperio, lo torturan, lo martirizan, le imponen regímenes sanguinarios (¿dónde están esos falsos “ecologistas” del sistema cuando el imperialismo estadounidense y europeo masacra naturaleza y pueblos en Irak, Libia, Colombia, Afganistán, Yemen, etc? Ah... Que ahí no está su seudo “protesta" ¿no?... Claro, las marionetas al teatrillo, a embaucar incautos, a hacer que las miles de personas que fueron (y son a diario) asesinadas por el capitalismo transnacional por haber verdaderamente defendido al planeta en primera línea, sean más silenciadas todavía en medio de toda la cacofonía, de la hyper-mediatización de la ficción. Pero la lucha sigue, contra el capitalismo y su barbarie; porque la cosmética con la que pretenden tapar su hedor, muchas y muchos no nos la tragamos.


Pensamiento crítico 26/09/2019

martes, octubre 8

Deber histórico


Para continuar siendo esclavos
tuvimos que dejar de ser esclavos.

Para continuar siendo fascistas
tuvimos que dejar de ser fascistas.

Para continuar siendo demócratas
tuvimos que dejar de lado la democracia.

Para continuar con la destrucción del mundo
tuvimos que hacernos ecologistas.

Para continuar trabajando
tuvimos que ampliar los horarios de trabajo.

Para continuar siendo ricos
tuvimos que fabricar muchos más pobres.

Para continuar teniendo sanidad pública
tuvimos que privatizarla.

Para continuar siendo pastoreados
tuvimos que pasarnos al netflix.

Para continuar vivos
tuvimos que vender la vida.

Para que, finalmente, ocurra lo peor,
continuaremos esperando lo mejor.


               Antonio Orihuela. Lavar carbón. Ed. Amargord, 2019

sábado, octubre 5

Ni Mataderos Ni Matadores


Incapaces de mantenernos impasibles ante la injusticia que supone la ganadería y la explotación animal, algunas individualidades antiespecistas con ganas y tiempo hemos decidido convocar una manifestación en contra de todos los mataderos el próximo 5 de octubre en diversos puntos del Estado español. Alzaremos la voz por los animales no humanos, que también alzan su voz en los mataderos, donde les callan para siempre. Gritaremos para amplificar sus gritos, para que quien todavía no se haya dado cuenta de este abuso pueda verlo. Para mostrar a las/os explotadores nuestro rechazo y repulsa. Para mostrarles cuántas/os somos y la potencia que tenemos. Porque cada vez somos más y es necesario ser vistas/os y oídas/os, tanto en las redes sociales como en las calles y en los centros de explotación.

La industria cárnica en el Estado Español


En los últimos meses hemos visto cómo se ha construido y puesto en marcha en Binéfar (Huesca), a pesar de la resistencia que han ejercido vecinas/os y activistas, uno de los mataderos más grandes de Europa, donde asesinarán a la increíble cantidad de 7 millones de cerdos al año. A este hay que sumarle el proyecto de macromatadero que pretende estar operativo en la localidad de Zafra (Badajoz) para 2021 y los alrededor de 600 mataderos que existen en el Estado español de todos los tamaños, donde se explotan y asesinan a tantos animales no humanos que las cifras, al ser tan abrumadoramente altas, resultan obscenas y difíciles de comprender.

En la actualidad la ganadería, actividad que nace en el Neolítico (hace 10.000 años), ha llegado al summum de la explotación sistematizada. Concretamente en el Estado español el paso de la ganadería extensiva a la industrial, donde las condiciones de cría de las/os demás animales son controladas de forma artificial para obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible, comenzó a finales de 1959 con el Plan de Estabilización. El fruto de esta sistematización y tecnificación sin precedentes es, obviamente, unos jugosos y enormes beneficios: el sector cárnico español ocupa el cuarto puesto en ganancias (tras el del automóvil) con 24.000 millones de euros al año, de los cuales 6.000 millones provienen de la exportación de 2,3 millones de toneladas de diferentes productos cárnicos.

Para obtener estos réditos ¿cuántos cuerpos tienen que ser explotados y sacrificados? Según los datos para la encuesta de sacrificio de ganado, se sacrificaron 1.015.747 bóvidos, 3.926.982 individuos ovinos, 555.064 cabras, 22.877.040 de porcino, 15.563 de equino, junto a las 346.710.000 aves y 17.939.000 conejos, ascendiendo la matanza a un total de 393.039.396 individuos en el primer semestre de 2019. Solo en medio año y contando únicamente a animales terrestres como vacas, toros, chotos, terneras, ovejas, corderas, cabras, cerdas, lechones, caballos, pollos, gallinas, codornices, pichones y un largo etcétera de animales, encubiertos por las categorías del lenguaje especista de las/os explotadoras/es.

En el medio acuático la masacre está camuflada en unidades de peso, más si son pequeños animales. Los datos expuestos más adelante son referidos a 2017 para pesca marítima y acuicultura (el marisqueo y la pesca fluvial no muestran datos): 940.633 toneladas de pescado vivo capturado, peces de acuicultura 381.630 individuos.

Para otras/os animales explotadas/os a través de la acuicultura, los datos están en toneladas: crustáceos 198,71; moluscos 244.233 y otros invertebrados 0,240.

 

Por qué estamos en contra


Aunque todo el mundo sabe que la carne que llega a los platos procede de animales asesinados, la industria cárnica se lo monta muy bien para establecer una desconexión entre los productos de origen animal y las vidas de los que proceden, a través de la cosificación de sus cuerpos, el ocultamiento de los mismos y la normalización de la explotación sistemática que sufren diariamente, tanto en las granjas, donde son privados de libertad y sometidos a una explotación constante y violenta; como en los mataderos, los lugares donde ponen fin a sus vidas. En los centros de explotación los animales no humanos son obligados a vivir en una cadena perpetua que les lleva irremediablemente hacia la muerte. Gallinas, pollos, cerdos, vacas, terneras o peces, están en manos de una industria que los tortura sistemáticamente desde su nacimiento, con el único objetivo de llenarse los bolsillos con dinero manchado de sangre.

Nosotras/os no estamos a favor de esta industria capitalista que sobreproduce, sobrealimenta, hacina e inmoviliza sus cuerpos en espacios reducidos donde no entra ni un rayo de luz, con el único fin de ser enviados lo antes posible al matadero. Tampoco estamos a favor de la farsa del concepto del bienestar animal, una estrategia de marketing de las/os explotadores de las/os demás animales que sirve estupendamente para lavar su imagen. Las medidas de bienestar animal no impiden el encierro de las/os demás animales ni su sufrimiento físico y emocional, y mucho menos su inevitable muerte.


El especismo


Todo esto es consecuencia directa del especismo, el sistema de creencias y prácticas que sostiene que los seres humanos somos superiores al resto de animales y por ello tenemos derecho a utilizarlos y explotarlos a nuestro antojo. Este complejo sistema de opresión basado en la especie, legitima a los seres humanos a utilizar a las/os demás animales para comer, vestirnos, entretenernos, experimentar sobre sus cuerpos y en general, satisfacer cualquiera de nuestras «necesidades» y deseos.

Estas creencias ya no se sostienen de ninguna manera: nadie con un mínimo de conocimiento y empatía puede poner en duda que las/os demás animales también sienten dolor, placer y otras emociones como alegría, tristeza o aburrimiento.

En julio de 2012 durante un congreso en Inglaterra, en el que participaron representantes de diversos ámbitos de la ciencia de prestigio internacional (entre ellos Stephen Hawking y el neurocientífico Philip Low) proclamaron la conocida Declaración de Cambridge sobre la Consciencia. En ella recogieron que los animales no humanos tienen consciencia de sí mismos como los humanos. Como tú y yo. Muchas/os ya sabíamos esto, al haber convivido con otras/os animales, y era algo ya conocido por la comunidad científica, decidiendo durante ese congreso hacer dicha declaración para el público general.

Si estamos a favor de la justicia social y en contra de las opresiones, la coherencia nos llevará a posicionarnos en contra de cualquier tipo de explotación y opresión animal.

 

¿Qué podemos hacer ante esto?


Lo primero que debemos hacer es deconstruir nuestro sistema de creencias: cuestionar e intentar deshacernos del especismo, implantado por la sociedad mediante la educación y la cultura, en nuestra mente y empezar a incluir a todas/os, sin excepción, en nuestra concepción de la justicia, la equidad y la libertad. En otras palabras, debemos posicionarnos como antiespecistas.

Además, es importante llevar a la práctica este posicionamiento a través del veganismo. Esto no es un estilo de vida ni de consumo sino la puesta en práctica del antiespecismo, a través de la no participación en la explotación animal en la medida de lo posible y con los medios disponibles por cada persona. Hay que tener cuidado, cabe añadir, con caer en el pensamiento erróneo de que los productos veganos provenientes del capitalismo serán la solución a la explotación animal. En los últimos años hemos visto que el veganismo se ha puesto de moda: en nuestros barrios no paran de surgir nuevos restaurantes veganos, y los productos «veganos» (empaquetados en un montón de plásticos y cajas con la etiqueta de la V o Vegan) cada vez ocupan más espacio en las estanterías de los supermercados.

Si tenemos en cuenta la definición de veganismo, es difícil denominar como veganos a unos productos producidos y comercializados por empresas explotadoras como Pascual, Campofrío o Mercadona. Sin ir más lejos, la empresa Vall Companys (dedicada a la explotación de cerdos) será la encargada de distribuir la hamburguesa vegetal Beyond Meat en el Estado español. El antiespecismo y el veganismo de ninguna manera pueden ir de la mano del capitalismo, ya que este sistema se basa en la explotación de la tierra, de los recursos naturales y de los cuerpos, tanto humanos como no humanos. Aunque entre los ingredientes de estos productos no encontremos ninguno de origen animal, el hecho de que estén envueltos en plástico o elaborados por personas sin un mínimo de derechos laborales en algún país empobrecido de otro continente, no encaja con la ética del veganismo y del antiespecismo. Es decir, de nada sirve que haya más productos «veganos» mientras procedan de la explotación y opresión. Ni el consumo ni el capitalismo nos harán libres.


Por último, creemos que es absolutamente crucial trabajar y organizarnos en colectivo para luchar por la liberación que ansiamos para las/os demás animales, incluidas/os las/os humanas/os. Por ello, os animamos a apoyar al movimiento de liberación animal de todas las formas posibles: difundiendo el antiespecismo utilizando todos los canales disponibles (radios, carteles, fanzines, redes sociales…), trabajando para hacer del veganismo algo más accesible para todo el mundo o realizando actos de movilización, visibilización y desobediencia civil, mostrando la no colaboración con el sistema de opresión y explotación animal. Además, por supuesto, os animamos a asistir a esta convocatoria, ya sea la de Madrid (Ni Mataderos Ni Matadores) o la de Barcelona (Ni Un Matadero Más); al 2N Antiespecista y a todas las demás que estén por venir.

Hasta que todas/os seamos libres.


                            Extraído de https://www.todoporhacer.org/


miércoles, octubre 2

[Revista] Drogas electrónicas de auto-destrucción masiva


Con la finalidad de buscar soluciones reales y no artificiales ante la invisible y sutil arremetida de los aparatos electrónicos y su enorme desequilibrio ambiental, emocional, físico y relacional que ha provocado el uso de ellos; Es que se decide hacer una pequeña recopilación de diversos textos hallados en la web, libros, revistas y de algunos testimonios cercanos y lejanos. Ninguna especie es más importante que las demás- lo que afecta a una, afecta a todas. Entendiendo que no solo la especie animal humana es la única que habita este planeta ni tampoco es su dueña ni de las demás especies animales y plantas – contraria a ese pensamiento antropocentrista producto de enseñanzas impuestas desde épocas remotas que en algunos estudios (crecientes hoy en día) datan desde hace aprox. 10 mil años con la aparición de la agricultura cuando la especie animal humana empezó a dominar la tierra con el cultivo y las demás especies animales usadas en esta actividad así como la expansión de la producción y consumo en masa de estas especies impropias a su alimentación fisiológica. Entendiendo esto es que se hace un llamado a que dentro de las soluciones que se desean hallar no siga perjudicando al planeta y a las demás especies que la habitan, entendiendo también que nuestra especie está dentro de ese equilibrio que ha mantenido la vida en el planeta tal como ahora podemos disfrutar luego de cambios bruscos de millones de años para su formación que dentro del todo parece haber encontrado su equilibrio. Las soluciones como se mencionan en los textos, la mayoría perpetúan el consumismo, con soluciones a corto plazo y solo enfocadas a favor de nuestra especie, lo cual además de ser una solución egoísta que perjudica a quienes intervienen en su entorno, es además una ilusión que tarde o temprano nos va a llevar a un colapso ambiental tal como ha ocurrido a civilizaciones anteriores con el uso desequilibrado de los elementos de la tierra y de las demás especies en flora y fauna a quienes llaman recursos minerales, recursos animales y recursos vegetales. Algunos estudios en zoología y botánica muestran que hay ecosistemas que pueden recuperarse de la extinción de algunas especies, pero hay otros que no, y eso equivale a una cadena de reacciones negativas para el equilibrio del planeta y su biodiversidad. Dentro de esta preocupación ambiental y su entorno, está también por la de nuestra propia especie, quienes en su afán de Poder y dinero han tendido a mostrar actitudes negativas propias del ejercicio de la autoridad hacia su misma especie. Como mecanismos para sus dominios ha usado la fuerza, el miedo, la necesidad y la comodidad. Todo eso se desarrolla fácilmente a través del control, y en el caso de las tecnologías de información y comunicaciones, es gracias a nuestros datos.

 

Descargar Revista [PDF]


Revista Drogas Electrónicas

domingo, septiembre 29

La solidaridad neoliberal como espejo contemporáneo


No creemos equivocarnos si decimos que la abrumadora mayoría de la gente considera el fenómeno ONG como el movimiento que mejor representa la solidaridad en nuestros días. Desde los años 80 hasta hoy, podemos decir que este fenómeno no circula de forma paralela a los movimientos sociales y populares, sino que compiten de tal manera que la mayor fortaleza del mundo de las ONG implica una mayor debilidad de esos movimientos sociales y populares de los que hablamos.

Durante los tiempos en los que la Iglesia reivindicaba la caridad y el movimiento obrero, la solidaridad, las cosas eran más sencillas. Había dos sistemas de valores en oposición y cada uno implicaba una clara visión del mundo. Buena parte de las ONG se han instalado en el ámbito nacional e internacional con el discurso de los cambios sociales, pero con las prácticas ancestrales de la caridad. Eso sí, se han apropiado de la palabra “solidaridad” provocando todo tipo de interferencias tan comunes en la sociedad actual. Esto ha acabado provocando su casi absoluto vaciamiento, lo cual le ha hecho perder casi todo el contenido político revolucionario que tuvo durante décadas.

La posmodernización de la solidaridad

Los cambios en la producción de imagen han supuesto un terremoto en la representación de la realidad. Primero fue la pintura, después la fotografía, más tarde llegó el cine y la televisión y, hoy en día, vivimos en el mundo de las redes sociales como Youtube e Instagram. Estos cambios han supuesto una multiplicación de la imagen hasta niveles verdaderamente asfixiantes. Alguien dijo con acierto que vivimos en la época de la tiranía de la imagen.
En nuestro ámbito de análisis debemos reconocer que no se oculta demasiado que los medios de comunicación aman a las ONG y las ONG aman a los medios de comunicación. Su relación simbiótica se basa en favorecer un mismo sistema de valores: la política comunicacional de las ONG durante años ha favorecido un modelo de solidaridad basado en el impacto emocional, una solidaridad de vísceras, sacada de las entrañas a golpe de catástrofe y de niños huérfanos y depauperados del África subsahariana. Cuando un medio de comunicación occidental se adentra, por ejemplo, en ese África subsahariana aparece una ONG cumpliendo el papel de héroe que refuerza el papel neocolonial de Occidente como eterno salvador frente un mundo africano o latinoamericano permanentemente postrado. Es la imagen eternamente reproducida de Occidente como un eterno suministrador de recursos (e incluso de civilización) y un mundo no occidental como un eterno agujero que absorbe todo lo que generosamente da Occidente. Nada más lejos de la realidad, los estudios más serios nos muestran cómo los flujos de recursos que los países neocoloniales aportan a los territorios empobrecidos tienen unas contrapartidas en los que salen más que beneficiados los primeros. Estados Unidos nos ofrece un ejemplo como otro cualquiera: por cada dólar aportado a la ayuda internacional recibe un reflujo de 2,15 dólares.

La posmodernización de la solidaridad es, como queríamos apuntar, una estética antes que una ética. Este es uno de los elementos que diferencia esa solidaridad que antaño reivindicaba la clase obrera consciente frente al modelo de solidaridad neoliberal de las ONG. Aquel formaba parte de un sistema de valores personales que pretendía ser coherente haciendo de la solidaridad un principio personal como la consciencia, la determinación, la constancia, etc. La solidaridad de las ONG es tan vacía como la palabra democracia. Se puede hacer un donativo a una organización humanitaria para la hambruna en el Sahel o para una escuela en Bombay y ser un perfecto miserable. Son iniciativas apenas relevantes en la vida de las personas. El ejemplo del voluntariado es clarificador: el egoísmo del voluntario se manifiesta, por ejemplo, en el intercambio de trabajo por felicidad o por realización personal, ligando su actividad a algún tipo de beneficio personal. La militancia, al contrario, no tiene por qué estar vinculada a la felicidad. De hecho, la moral militante tiene cierta carga de obligaciones que está ausente de la moral posmoderna del voluntario, que se mueve esencialmente por el deseo de actuar. Este deseo es movido por un buenismo egocéntrico que parte de la idea de hacer el bien de forma independiente del alcance de sus acciones. Por otra parte, debemos hacer notar que el voluntariado ha supuesto la privatización del compromiso y la tendencia a un asociacionismo afectivo. También nos habla del surgimiento de la lógica de lo urgente, que está relacionado con el énfasis en hacer cosas pero sin ningún fundamento a medio o largo plazo. Al fin y al cabo se colabora por un poco de buena conciencia (cuando no se hace para poder escribir algo en el currículum todavía algo escaso de algún joven universitario o recién titulado), premio que conlleva una evidente inquietud que no va más allá del aquí y el ahora.

La supuesta fragmentación que caracteriza al hombre y la mujer posmodernos hace posible estas aparentes paradojas que, en el fondo, sólo son una fórmula renovada de la ancestral caridad.

La imposible despolitización de la ayuda

A estas alturas hay que pasar mucho tiempo delante de una pantalla para creer que pueda haber acciones humanas ajenas a lo político. Todo acto es político porque toda acción humana se inserta de alguna manera en las relaciones de poder. Pero la mayoría de las ONG, no obstante, han abanderado el discurso de la ayuda ajena a cualquier ideología. Esta confusión entre apartidismo y apoliticismo se muestra acorde con el discurso de la profesionalización. El mundo de las ONG se ha erigido en una inmensa industria de la pobreza, una pobreza que supuestamente puede arreglarse con los medios técnicos, humanos y económicos oportunos. Así las instituciones han creado la figura del profesional del tercer sector (nombre que recibe la industria de la ayuda) que lleva décadas arrancando la solidaridad del espacio de lo común. Echar la vista un siglo atrás nos sirve para ver cómo la solidaridad circulaba dentro de una determinada comunidad creando unos vínculos que fortalecían dicha comunidad. La profesionalización supone una cotidiana apropiación de la solidaridad, destruyendo los vínculos y haciendo desaprender a las comunidades sus relaciones de reciprocidad. Durante parte del siglo XIX y XX, buena parte de los desposeídos/as consiguieron dotar de contenido revolucionario a algunas formas de apoyo que eran ancestrales en Europa y otras partes del mundo. El Estado del Bienestar construyó un gigante aparato de ayuda que poco a poco separó la solidaridad del espacio de lo cotidiano generando una dinámica altamente nociva: la mayoría de las personas ha interiorizado que son las instituciones quienes deben velar por la gente que lo necesite. Los vínculos de reciprocidad se debilitan y se fortalece la atomización social porque las relaciones serían de las personas con las instituciones y de las instituciones con las personas pero, en menor medida, entre las personas, que ya ni siquiera saben cómo ayudar. Con el paso de las décadas y la conversión del Estado de Bienestar en Estado neoliberal, las políticas de ayuda se dejan en manos de las ONG que nos lanzan un mensaje claro: tú quieres ayudar pero no sabes, otros necesitan ayuda y no saben ni dónde ni cómo buscarla. Nosotras, las ONG unimos tu deseo de ayudar con la necesidad de otra persona de ser ayudada.

Muchas ONG, durante bastante tiempo, abanderaron el discurso de los movimientos sociales y se consideraron herederas de la rebeldía de Mayo del 68. Nada más lejos de la realidad: las ONG rara vez denuncian las relaciones de poder que sostienen las desigualdades y que son las causantes de la pobreza. O si lo hacen lo harán de manera tibia y descafeinada. Como se puede ver en su publicidad, la solución es más dinero para obtener más recursos. Unos recursos que en nada están paliando las diferencias entre clases sociales o entre el norte neocolonial y el sur neocolonizado. El foco de las ONG siempre se pone en el pobre y rara vez en el poderoso, lo cual conlleva un grave error: el proceso de acumulación del cual depende la superviviencia del capitalismo depende de un permanente expolio sin el cual el capitalismo se hundiría, de hecho el surgimiento del capitalismo no hubiera sido posible sin el expolio americano.

Por tanto las ONG nada tienen de rebeldía como nada tienen de popular puesto que, por un lado, su dependencia gubernamental es absoluta, y, por otro, su estructura es, en la abrumadora mayoría de casos, exactamente igual que la de una empresa. Así no solo hay una diferencia estructural que separa y jerarquiza a quienes dan ayuda y a quienes la reciben, sino que también se puede observar que, en dichas organizaciones, se producen todos los males que la jerarquía empresarial propicia: competitividad, explotación, etc.

A todo esto se une que las ONG, como transmisoras conscientes o no de la cultura neoliberal, apelan de forma constante a la acción individual. Lo colectivo no entra dentro de los valores de este mundo neocaritativo, dado que la solidaridad se entiende como un acto de consumo que no se diferencia gran cosa de la compra de cualquier otra mercancía. Eso sí, hay diferente tipos de mercancías como todas sabemos, por lo que la particularidad de estas organizaciones es que tras el amplio mercado de productos “solidarios” (cuotas fijas para niños apadrinados en Perú, SMS de un euro para la hambruna en el Sahel, compra de productos de comercio justo de niños huérfanos de la India, por la compra de un kilo de arroz dicha empresa dona otro a tal o cual ONG) se oculta la compra de buena conciencia.

¿Solidaridad mercantilizada?

Esa solidaridad de claro contenido anticapitalista, el apoyo mutuo, circulaba por el espacio de la gratuidad, pero no del desinterés. El apoyo mutuo construía comunidad a través de unos vínculos que se contraponen a la neocaridad, puesto que esta ayuda va dirigida a una humanidad sin rostro y siempre, además, tomando el dinero como elemento imprescindible.

Los años setenta del pasado siglo vieron el desplome del “capitalismo dorado” y la crisis del petróleo no pareció un buen augurio para quienes creían en el crecimiento económico infinito. La situación se saldó, puntualmente, con una nueva fase del capitalismo que vive instalado en la megaburbuja financiera y, al mismo tiempo, se apostó por una mercantilización de cualquier aspecto de la vida humana. Hoy en día el modelo de mercantilización extrema de la vida conlleva que haya gente que pague a una empresa para que le consiga pareja, le pasee el perro, le cuide a tus mayores, le decore la casa, etc.

La mercantilización de la solidaridad de los 70 a los 90 supuso dejar en manos de fundaciones y asociaciones varias buena parte de esa ayuda que el Estado gestionaba en muchos países occidentales. La vuelta de tuerca neoliberal nos muestra cómo las empresas comienzan a introducirse en ese tercer sector desde hace, aproximadamente, quince años. La buena imagen de la neocaridad se sostenía sobre todo en su supuesto desinterés. No había detrás de esta actividad ningún tipo de interés económico. Se ayudaba, en teoría, por ayudar. Una vez vaciado el concepto de solidaridad de su contenido político transformador no puede resultar extraño el desembarco de las empresas a través de externalizaciones en lo que queda de servicios sociales gubernamentales. Quien quiera más detalles solo tiene que pasearse por la página web de la multinacional Clece.

Gracias al abrumador despliegue publicitario nos ofrecen ser “solidarios” en el resguardo de la tarjeta de crédito tras cualquier compra, o en el anuncio de una revista de moda o en la marquesina de una parada de un autobús, etc. Toda esa solidaridad neoliberal toma forma en una amplia gama de productos para satisfacer a todos los potenciales consumidores. Probablemente, una de las consecuencias envenenadas de dicha solidaridad neoliberal es que si el consumo se puede convertir en un acto de solidaridad, también la solidaridad puede legitimar cualquier acto de consumo. No faltan quienes, incluso, consideran esta tendencia positiva, pues el consumo es considerado un acto de libertad que bajo los valores hegemónicos actuales representa la máxima expresión del ser humano.

La solidaridad neocolonial

Hay que reconocer que la globalización ha modernizado el viejo modelo colonial adaptando viejos hábitos imperialistas al contexto internacional actual. Durante el siglo XIX los grandes imperios coloniales se atribuían una misión “civilizadora” pues los habitantes “incivilizados” de países no occidentales estaban necesitados de médicos para la salud de su cuerpo, maestros para la salud de su mente y sacerdotes para la salud de su alma. El cambio de paradigma ha traído un exitoso concepto: el desarrollo. Ahora estos habitantes necesitan gestores para sus gobiernos, ingenieros para sus infraestructuras, conservacionistas para sus bosques, etc. El nuevo modelo ya no posibilita la identificación de unos colonos opresores y unos colonizados oprimidos: el desarrollo se convierte en un modelo supuestamente universal, por lo tanto, quienes no se desarrollen bajo los parámetros que Occidente ha elevado a la categoría de sagrados carga con la total responsabilidad del fracaso. Existe un paralelismo entre el modelo neoliberal que en términos microeconómicos culpa al pobre de su pobreza ocultando los elementos estructurales de desigualdad construidos por el capitalismo y el modelo de desarrollo internacional que oculta las herramientas geopolíticas y macroeconómicas usadas por los países neocolonialistas que trabajan a diario en el expolio de los recursos materiales de esos países empobrecidos.

Unas ONG lo hacen de forma más evidente, otras de un modo menos explícito… Pero todas trabajan para ese desarrollo que pretende uniformar todas las sociedades del planeta bajo las premisas de la globalización capitalista. Y es que Occidente es incapaz de entenderlas bajo un prisma que no sea poniéndose a sí mismo como centro de absolutamente todo: por eso las etiqueta como comunidades que parten de algo así como el neolítico y que se encuentran en fases como el feudalismo europeo o el primer capitalismo industrial europeo. Se niega así a cualquier sociedad no occidental a tener su propia historia.

No hay que olvidar un aspecto central, cuando se usa la palabra desarrollo, en realidad, debería emplearse el término desarrollo capitalista. Y es que la modernidad llevó a cabo una sacralización de la razón, más en concreto de una forma de razón, aquella que pretendía ver la racionalidad tecnoproductiva como central al proceso de desarrollo y progreso. Esta idea es central entre quienes reflexionan sobre alternativas al modelo desarrollista-capitalista. Cuando las ONG, las instituciones internacionales o los gobiernos discuten sobre la modernización, el desarrollo y el progreso se destaca que, en realidad, el proyecto social implícito o explícito conlleva una reducción de la existencia a determinadas formas, que suponen una especie de colonización económica de todos los ámbitos de la vida. En ese sentido, cualquier forma de cultura acaba siendo una variante residual subordinada a los intereses de la economía.

Por todo esto, no se puede pensar en la neutralidad de la acción “solidaria” de las organizaciones gubernamentales o no gubernamentales de cooperación internacional. En nombre de un idealizado desarrollo, que tiende a asociarse con riqueza, industrialización, bienestar, se han puesto en marcha todo tipo de planes para modificar sociedades consideradas anómalas con respecto a lo que Occidente considera que debe ser el resto del planeta. Y es que al considerar el subdesarrollo como una patología, se buscan soluciones que exigen el cumplimiento de unas prescripciones que proceden de forma exclusiva de la cultura occidental.

La necesidad del apoyo mutuo

El modelo de relaciones laborales en Occidente, el modelo de consumo, la industria de la comunicación de masas y su sistema cultural, el modelo urbanístico y de ordenación territorial, la automatización de la vida, el modelo de administración social burocrática, el sistema de delegación y representación política, las instituciones de poder escuela-familia, etc., se erigen en permanentes barreras que dificultan y entorpecen las relaciones de apoyo mutuo. Por lo que una vindicación del apoyo mutuo solo puede ser creíble desde una concepción revolucionaria y libertaria que impugne todos esos elementos de la sociedad y de la vida.

En ese sentido, recordamos que terminaron los tiempos de ingenuidad que permitieron pensar en una nueva sociedad basada en un modelo de desarrollo que nunca fue sino el modelo de la burguesía. El posdesarrollo, el decrecimiento, el antidesarrollismo o como lo queramos llamar, no son sino la firme constatación del divorcio de eso que se suele llamar progreso material y el progreso humano. La reconsideración del concepto de necesidad, la reconstrucción de las relaciones con la naturaleza para romper con un modelo destructor, son solo algunos ejemplos para reconducir el camino de la historia que transitamos paso a paso sobre la devastación del ser humano hacia la devastación total del planeta.


Artículo extraído de Ekintza Zuzena #45

jueves, septiembre 26

África invadida, África asfixiada


Después de examinar a cientos, la psicóloga explicó:
todas las personas migrantes esconden el mismo deseo,
regresar.



 La política

Ya hace muchos años que escuché a Héctor Mondragón explicar qué ocurrió en Colombia cuando permitieron la entrada de trigo subvencionado de los EE.UU. Muchas personas dejaron de poder comprar pan porque de tan barato que se vendía, ellas se habían arruinado y no podían comprar ni pan ni nada. Su oficio estaba totalmente en quiebra, eran campesinas y campesinos que hasta entonces producían trigo. No tenían malos cultivos y sabían mucho de producir trigo, fueron decisiones políticas las que destruyeron su medio de vida. Otro caso muy bien documentado es lo ocurrido en Haití con su producción de arroz, que fue suficiente hasta los años 80 cuando el FMI, alentado por el gobierno de los Estados Unidos, obligó a rebajar los aranceles de entrada del arroz del 35 al 3%. Ninguna de las miles de personas haitianas dedicadas al cultivo del arroz podía competir con las grandes empresas estadounidenses.

Exactamente igual, desde los años 80, la llegada de productos agrarios de países industrializados a países de fuerte carácter rural ha sido una de las razones fundamentales del empobrecimiento –y sus derivadas, como el hambre y la migración– también en África. Como en otras partes del mundo, los organismos multinacionales impusieron el “libre” comercio. Ustedes –les dijeron– dejen de producir sus alimentos básicos que ya les llegarán de los países ricos, que fertilizan sus cultivos con subvenciones, y dediquen sus mejores tierras a producir y exportar materia prima para la agroindustria mundial … y no sabrán que hacer de tantos beneficios recogidos.

Y pasó que donde se cosechaba comida se empezó a cosechar café, cacao, aceite de palma, algodón… En pocos años un paisaje de mosaico agrario quedó redibujado en el monótono unicolor de estas grandes plantaciones. La autosuficiencia mutó a una dependencia externa muy alta, y los ingresos prometidos por sus exportaciones se quedaron en los bolsillos de jerarquías locales y las grandes corporaciones internacionales.

El clima

El hambre en África, hemos visto, no era un problema de sequías o malas cosechas, como nos querían hacer creer; fundamentalmente deriva de procesos de colonización y expolio. Y sigue siendo así, pero ahora sí podemos añadir la crisis climática como un factor clave que suma y agranda las dificultades de este continente. Las organizaciones de La Vía Campesina en África advierten que “mientras que la discusión acerca del cambio climático a nivel global a menudo se centra en predecir las consecuencias futuras y la amenaza percibida del aumento de migración, sus efectos ya son experiencias vividas por los campesinos, mujeres rurales, la gente sin tierra y las comunidades originarias de África, quienes sienten el impacto del cambio climáticos todos los días”.

Todos los días porque como explican los informes científicos recogidos por la organización GRAIN, “el aumento de las temperaturas, el comportamiento errático del clima, los cambios en los patrones de las lluvias y un aumento en la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos impactan negativamente en la producción de alimentos a lo largo de la mayoría del continente”. Los cálculos hablan de pérdidas en los próximos años entre un 10 y 20% de la producción de alimentos total en África, de tal manera que para el año 2050, aproxima la ONU, la reducida capacidad actual de África para producir sus propios alimentos quedará climáticamente aún más socavada, y solo podrá proveer un 13% de sus necesidades alimentarias.

Mientras el sistema alimentario industrial, explica GRAIN, está asociado con por lo menos la mitad de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y es la causa principal del colapso de las especies, deforestación y destrucción del hábitat a nivel mundial, que tanto afecta y afectará a África, éste es, paradójica e injustamente, el territorio que menos contribuye en las emisiones globales, con un 4% del total. Más en concreto, un reciente informe de la agencia de ayuda británica Christian Aid concluyó que los 10 países con mayor inseguridad alimentaria del mundo, entre ellos Burundi, Sierra Leona, la República Democrática del Congo, Níger, Zambia, Malawi, Madagascar y el Chad, generan solo el 0,08 por ciento de las emisiones globales de carbono. Y ya sufren las consecuencias del cambio climático, no solo con producciones a la baja sino también cosechando alimentos de menor valor nutricional.

El clima es político

Que el sistema alimentario industrial es un sistema fallido ya es una certeza. Por eso estamos viendo cómo cada vez más aparecen programas en los países industrializados para volver a defender las agriculturas locales y a su campesinado; cómo se reconoce científicamente las ventajas de las prácticas agroecológicas para adaptarse a los cambios climáticos; cómo se fomentan circuitos cortos para la comercialización de los alimentos; y cómo se aplauden las iniciativas para fomentar una dieta más saludable y sostenible… Una receta de la que, sin embargo, se quiere privar al continente africano, el que más lo necesita para combatir el hambre y reactivar sus economías. Cual pirómanos se echa más leña al fuego promoviendo de nuevo por los organismos internacionales o algunas organizaciones de ayuda internacional la llamada “Nueva Revolución Verde para África” o la “Agricultura Climáticamente Inteligente”, nuevos nombres para caducas prácticas basadas en el modelo industrial dependiente de fertilizantes y semillas corporativas.

La pobreza y el clima son políticos y con decisiones políticas los países industrializados tienen que corregir sus interferencias en la agricultura y el clima africano. Para empezar se debería reducir progresivamente la exportación de producción excedentaria agrícola y ganadera a África. De esta forma, se dejarían de emitir muchos gases innecesarios, tanto en su fase de producción como en el transporte y se facilitaría que crezca la producción local en África a manos de sus campesinos y campesinas. Es decir, aquí soberanía alimentaria y en África, soberanía alimentaria.


Revista CTXT, septiembre 2019. Gustavo Duch

lunes, septiembre 23

Origen y problemas de la Técnica


Los avances tecnológicos son un producto del imperialismo, es decir, de la conquista y de la imposición de un modo de vida cuyo fin es la acumulación de riquezas y el poder sobre el hombre y las sociedades menos desarrolladas técnicamente.

La eficacia de la técnica y la ciencia para crear nuevos inventos y espacios más cómodos y funcionales corresponde a un modo de vida previamente planificado -por una élite- para la consecución de una organización social concreta en la que el ser humano cede su autonomía a cambio de seguridad y se hace dependiente del aparato tecnológico. Su misión es servir al poder encarnado en el Estado, se hace esclavo del mismo por medio de la propaganda y la delegación.

La propaganda vende los inventos científico-tecnológicos como algo que proporciona libertad al hombre, sin embargo, su fin es la imposición de un sistema de dominación que penetra en su espíritu para conquistar su alma de manera que condiciona su visión del mundo y por lo tanto de la vida.

La técnica es un producto del conocimiento, por lo tanto siempre estará limitada por este. Por mucho empeño que pongan los especialistas en solucionar los problemas como el cambio climático o la contaminación (entre otros) derivados de aquella mediante otro tipo de técnicas alternativas, no podrán frenar la catástrofe venidera en forma de pandemias, hambrunas y guerras provocadas por la escasez de recursos energéticos y naturales. La tecnología será finalmente y después de alcanzar el cielo del conocimiento, el infierno de la civilización racional, su condena y no su salvación, la muerte en vida del hombre moderno o cuando no; su aniquilación.

La nueva dictadura no será ya la del Capital sino la Tecnológica. Todos los problemas derivados de la falta de recursos energéticos y naturales se fiarán a la técnica. La vigilancia será el pilar fundamental de los Estados. La tecnología responde a este nuevo sistema de dominación con la consecuente fiscalización de la población y la protección de las reservas naturales existentes. Los Estados con mayor poder tecnológico serán los garantes del nuevo orden mundial basado en la dominación por la escasez (producto de la revolución tecnológica) y no ya por la abundancia (producto de la revolución industrial) como hasta ahora a ido sucediendo, sobretodo en Occidente.

A esto hay que añadir la contaminación y el cambio climático que agravarán los problemas y los futuros conflictos por los recursos naturales y energéticos.

Es un error analizar el fenómeno técnico de forma aislada; la máquina puede tener una utilidad concreta para el hombre como herramienta más o menos sofisticada. El aparato técnico se debe de observar como un todo que organiza para bien o para mal la vida del hombre moderno y lo priva de autonomía de manera que lo hace dependiente de los avances cientifico-tecnológicos y de la super-estructura o megamáquina estatal que lo atenaza de forma constante con sus leyes y normas.

Lo que se entiende por libertad sólo se puede dar en un contexto de dependencia con el aparato tecnológico y con la megamáquina estatal, fuera de ésta es una quimera imposible de realizar.

La Técnica es poder. La Técnica es el instrumento para la dominación. Su base radica en el control de la Naturaleza y el ser humano por medio de la máquina. La eficacia de la Técnica se mide por su seguridad y productividad, o en otras palabras, por su poder de acumulación y destrucción.

El fin de la tecnología es el dominio y por lo tanto la deshumanización del hombre. La revolución tecnológica pone punto y final a los valores que habían adquirido las sociedades pre-modernas. La espiritualidad queda anulada en pos del materialismo impuesto desde el Poder y las relaciones sociales mutiladas y desfiguradas por los avances cientifico-tecnológicos.

La liberación de las fuerzas productivas impulsadas primero a través de la técnica (revolución industrial) y después con la revolución tecnológica (sin restricciones) ponen de manifiesto la contaminación y destrucción del medio ambiente con todos sus efectos concomitantes. Por añadidura la preservación de la Naturaleza no expuesta directamente a la actividad del hombre quedará en manos de Estados cada vez más totalitarios que intervendrán las zonas en forma de espacios protegidos y por lo tanto restringidos. Bañarse como pescar un río será una químera. Cazar en el bosque será delito. Acampar será tambien cosa del pasado. Y así, hasta que los espacios protegidos queden totalmente delimitados e inacesibles por el ciudadano de a pie.


viernes, septiembre 20

Asamblea extraordinaria de bosques


Esa sensación de que en los bosques,
cuanto existe y sucede
encubre,
cómplice,
un secreto,
algo clandestino que quizá
nuestro cerebro de mono engreído
olvidó en su desarraigo,
esa sensación de que los árboles
se hablan por lo bajinis
y están compinchados con los helechos,
¿la tuviste?

Era cierta.
Lo demuestra la científica Suzanne Simard.

Tierra abajo, los bosques cooperan.
Lo hacen de manera ejemplar. Conectados
por un tejemaneje de micelios
intercambian experiencias,
hablan en la lengua del carbono,
del fósforo o del nitrógeno.

El roble viejo ayuda al roble joven
sin despreciar de camino al castaño
ni al boletus ni a la ortiga.
Todo el bosque unido
en la tarea de subsistir.

Es normal que, de un tiempo a esta parte,
los bosques anden mosqueados.
No sepan a qué atenerse.
Porque el mono engreído
ha vuelto,
motosierra en mano,
y no hace más que talar y talar
y traerse amiguitos exóticos
con los consiguientes problemas de adaptación.

Y empiezan a estar hartos.
Me ha comentado una falsa
acacia
que bajo tierra se barrunta
una gran revolución.

Se ha convocado la Asamblea
Extraordinaria de Bosques.

Alisos, espinos, nemorosas
y amanitas de todo el mundo
debaten si aliarse
con terremotos y huracanes.

Toda la tierra unida
contra el mono engreído.

Toda la tierra unida
en la tarea de subsistir.


De "El silencio de los petirrojos" de Ritxi Poo