Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

jueves, febrero 19

¿Cómo contrarrestar la inercia que lleva al contagio psíquico de la pulsión consumista en la lumpen burguesía?

 


The things you own end up owning you. It’s only after you lose everything that you’re free to do anything.” (Chuck Palahniuk, Fight Club)1.

¡Oh, mi pobre búfalo, mi pobrecito y querido hermano! Henos aquí a los dos, a ti y a mí, impotentes y silenciosos, unidos por el dolor, la impotencia y la nostalgia.” (Rosa Luxemburgo, Cartas desde la cárcel. Carta de los búfalos)2.

 

 

La clase media es ya una lumpen burguesía que no posee sino una fuerza de trabajo que apenas le permite sobrevivir y reproducirse, sin embargo, se siente satisfecha. ¿Cómo contrarrestar la inercia que lleva al contagio psíquico de la pulsión consumista?

La robotización progresiva, junto a la desregulación y flexibilización del trabajo logran la deslocalización y fragmentación de los núcleos laborales. Bajo el neoliberalismo, todo ello no revierte en autonomía laboral y aumento del ocio, sino en laboralización las veinticuatro horas del día, aunque se le llame a eso ser empresario de uno mismo.

El capitalismo parece no tener límites, todo lo absorbe y consigue la rentabilización de toda producción y riqueza, que termina en las manos de unos pocos. Parece que no hay salida y que no tiene ninguna debilidad un ser que se nutre incluso de aquello que pretende destruirlo.

Solamente la anarquía es límite absoluto del capitalismo, la liberación del inconsciente anárquico frente a la conciencia, la liberación del deseo capturado por los medios instrumentales de la economía de consumo. Las multitudes son convertidas en masas mediante un proceso de identificación e hipnosis y una disciplina que opera desde la más tierna infancia a través de la escuela y los medios de comunicación. Romper con la inercia y comenzar así un proceso de desasimiento es algo que puede hacerse en solitario o en común, para con uno mismo basta con detenerse, no seguir el movimiento acelerado vigente, para con otros realizando otras prácticas que no sean las del consumo.

Desencriptar y descodificar requiere un momento decisivo, un basta ya, un plantarse y replantearse la existencia propia y en común, mientras se sigue corriendo en la rueda de hámster no hay nada que hacer.

La consideración del trabajo como fuente de vida y goce tiene que cambiar por la consideración del trabajo como explotación. El error del marxismo siempre fue considerar el trabajo bajo condiciones capitalistas ya como un bien y exigirlo y demandarlo en supuestas menores condiciones de explotación, mediante huelgas y luchas, que solamente consiguieron una explotación más sutil, menos bestial. Hay que trabajar lo mínimo individualmente y buscar la abolición del trabajo colectivamente. Entre tanto, valga con un decálogo sobre el trabajo actual:

1. Fórmate lo mejor que puedas, de modo que puedas trabajar tanto en trabajos simples como complejos, aceptar unos y rechazar otros, optar a varios diferentes.

2. Procura vivir con sencillez, dignamente, pero sin ahogarte por gastos que te obligarán a aceptar trabajos inaceptables.

3. Si el trabajo te gusta y entusiasma, si está dignamente remunerado, dedícate a él, de lo contrario trabaja lo menos posible, sabotéalo o renuncia.

4. No trabajes nunca gratis, ni por prestigio, ni por currículum, ni por la posibilidad de ascenso futuro.

5. Como trabajar para el común y en-común no es posible ahora, o bien trabajas para el Estado o bien para el Mercado: luego mejor trabajar para el sector público cuyas condiciones laborales son mejores que para el sector privado.

El llamado Autónomo es quien se explota a sí mismo y eso no es mejor a que te exploten los demás.

6. Huye de bancos, créditos e hipotecas, en la medida que puedas y te dejen, las deudas son el modo de convertirte en esclavo.

7. Si el trabajador emplea su tiempo de trabajo para sí mismo, roba al capitalista: así que lee en el trabajo, demora su realización, ralentiza tu productividad y duerme la siesta.

8. Si el trabajo te oprime, déjalo cuanto antes, porque el deterioro que sufrirás si sigues, no tiene precio.

9. Mejor digna indigencia que la más indigna explotación.

10. Como la sociedad es capitalista y está basada en la explotación no busques el puesto de mayor remuneración y prestigio, pues o bien será una trampa o bien será un fraude, es decir, o bien te matarás a trabajar o bien serás un político.

11. Si eres trabajador, por Belcebú, no seas imbécil y votes a la derecha, porque estarás votando a quienes más te pisan.

12. Detente, desacelérate y párate a pensar sobre el asunto, no sigas corriendo en la rueda de hámster. Trabaja lo justo para sobrevivir y no vivas para trabajar.

Una vez descodificado el Capital y comenzada la abolición del trabajo se abre un abanico de posibilidades en el afuera del Estado y del Mercado, pudiéndose entonces realizar conexiones revolucionarias y alternativas.

El afuera existe, aflora y se puede llegar a habitar y expandir, saliéndose de lo humano y del humanismo, lo que algunos filósofos han llamado: devenir animal. La ecología es el territorio más importante para el anarquismo, que no reivindica la ciudad, sino el campo, no se centra en la fábrica, sino en la tierra. A diferencia del marxismo para el anarquismo lo primordial es la tierra, no las máquinas de producción.

La tecnología viene después de la expropiación de la tierra y por eso adopta su forma capitalista, esto es, extractivista y explotadora. Luego otra relación con la tierra y la naturaleza que no parta de la expropiación sino de lo colectivo, cooperativo y solidario, permitirá que se establezca otra tecnología y otra forma de relación de ésta con la naturaleza y con la tierra.

La forma de comportarnos con el mundo modifica el mundo, es performativa, sin embargo, la rutina y conformidad regulada contribuye a mantenerlo todo igual en su avance hacia la desigualdad. Una costra o capa viscosa invisible se adhiere a nuestro cuerpo, la llamamos gerontoplasma, nos envejece prematuramente y si antes religiosamente prometía mejor vida luego de la muerte, ahora promete una mejor vida cuando ya casi no nos quede vida y se nos haya exprimido todo el jugo, promete una mejor vida cuando llegue la jubilación, para aquellos que hayan cotizado y la hayan pagado con creces.

La razón ilustrada reducida a racionalidad instrumental acabó uniformando la existencia limitada a esferas de cuantificación y colaborando con la globalización capitalista, el sistema que se vende como máximamente racional por áreas en las que las partes conforman un todo, generan sin embargo la mayor irracionalidad transversal en general, la explotación de unos hombres por otros para beneficio exclusivo de unos pocos.

Por poner un ejemplo básico, lo más eficiente y rápido es comer comida basura generada y trasladada por trabajadores proletarios precarios y vendida a los lumpen burgueses. Envenenar el cuerpo es supuestamente más barato que nutrirlo bien, pareciendo lo segundo un lujo exclusivo para los dueños de las empresas de comida basura. Eso no es del todo cierto, porque no es más barato en dinero, sino que lo es en tiempo, el lumpen burgués come basura por falta de tiempo.

El lumpen burgués no tiene tiempo de ir a una tienda a comprar y hacerse la comida en casa, tampoco le queda dinero suficiente como para comer en un restaurante ni de mediana calidad, de modo que, sin tiempo y sin dinero, cosas equivalentes para el capitalismo, time is money, como sabemos, recurre a la comida basura. Su cuerpo de llena de basura al ritmo en que su mente se llena de basura por la publicitación emergente y ubicua de tales productos.

Pongamos dos ejemplos de entre los no vegetarianos.

Si en España un solomillo de ternera, de la mejor carne del mundo, un filete de unos 250 gramos cuesta unos 14 euros, una hamburguesa Big Mac de McDonald’s, que contiene 90 gramos de la peor carne del mundo, cuesta alrededor de 7 euros, luego 2 de esas, que contendrían ya 180 gramos de carne, esas ya cuestan lo que el solomillo con 70 gramos más de carne.

Un pollo campero, de granja, criado en libertad, digamos unos 500 gramos de pollo campero, cuestan alrededor de 8 euros, como mucho, mientras que una hamburguesa sola, por ejemplo, la denominada La Monstruosa de Kentucky Fried Chicken, compuesta de aproximadamente entre 160 y 175 gramos de vísceras del peor pollo del mundo, cuesta 8,79 euros.

¿Son imbéciles los lumpen burgueses? No. Hacen lo que pueden, lo que se les dejan hacer, que no es comer bien, dormir bien, vivir bien, sino hacinarse en el metro en hora punta, dormir mal y con ruido, vivir en espacios reducidos y trabajar buena parte del día para no llegar a fin de mes y tener que vivir los últimos diez días del mes en curso tirando de su tarjeta de crédito para llegar al momento de cobrar su escaso salario.

Lo impresionante es que mayoritariamente no se perciba que la llamada sociedad del bienestar sea en realidad una sociedad del malestar para el 80%.

¿Por qué no se percibe la sociedad del malestar?

Son varias las razones y varios los factores, entre ellos está una narrativa, un cuento que se nos cuenta no solamente durante la noche antes de dormir sino las 24 horas del día.

El cuento es el siguiente:

“Hola obrero, ya no eres obrero, sino que eres burgués, el capitalismo y el Estado democrático te ha proveído de bienes y consumo, ahora no eres un proletario como los del Tercer Mundo, aunque vienes de una situación así y si no obedeces y te comportas podrías volver a una situación así.

El Estado del bienestar sea socialdemócrata o conservador te permite vivir con seguridad y que no te maten ni te roben por la calle. Te provee de sanidad y educación, de lo primero para que puedas estar en una mínima forma física que te permita trabajar y lo segundo para que puedas realizar una formación profesional que te permita trabajar. Como ves todo está enfocado a que trabajes y produzcas, para que rindas esos beneficios legítimos para unos pocos que antes llamaste explotación y plusvalía. Si exprimirte es legítimo ahora es porque te damos algunas cosas, en lugar de una dictadura ejercemos una dictablanda, sobre un ganado que hemos aprendido a cuidar elementalmente, no sea que se enferme o se rebele. No otro trato damos a nuestras ovejas, vacas o cabras, a las que ahorrándonos lo de la formación profesional, lo de la educación, les damos sanidad, comida, habitación, para que desde su nacimiento hasta su muerte nos den su lana, carne, leche. Pero los animales domésticos criados para consumo humano no son lumpen burgueses, como tú, sino que son proletarios como los del siglo XIX o los del Tercer Mundo. Vivir siendo un cerdo en una macro granja no difiere mucho de como vivía un trabajador fabril del siglo XIX o vive aún algún trabajador fabril de China o India, que fabrica tus chips, zapatillas o balones de fútbol. ¿No querrás verte reducido a esa condición verdad? ¡Defiende tu suave prisión o te meteremos en una más dura! ¡Fíjate en dónde vives y en cómo vives! ¡Compárate con quienes están peor y da las gracias!”

El lumpen burgués no puede comprarse una vivienda, la alquila por el 50% de su salario y el resto es para comida basura, transporte basura y ocio-consumo basura. Como su basurero europeo es menos estercolero que otros y así se le recuerda constantemente, lo percibe como un lujo, como un beneficio, como la sociedad de la libertad, la democracia y el progreso, como el desarrollo y cima de la humanidad, tanto que está dispuesto a morir por ella si hubiese una guerra y alguien la amenazase.

Los medios le dicen, sin embargo, que está en guerra constante y que su vida basura percibida como vida de bienestar está constantemente amenazada, que tiene que defenderla portándose bien y produciendo mucho para que le dejen consumir un poco, porque ése es el trato.

El contrato social de Hobbes, Locke o Rousseau, referente al ciudadano, no es sino la máscara que encubre al contrato social del Marqués de Sade, el sádico contrato sobre un esclavo con el que hacer lo que uno quiera. Rascando bajo los encubrimientos del contrato social ilustrado referente al ciudadano nos encontramos con que el contrato social vigente en el fondo es el sádico, bajo el ciudadano se ocultó al esclavo, al vasallo y al siervo. Lampedusianamente podemos decir que nada cambio con la Revolución de 1789, los alto burgueses derrocaron a los aristócratas y se pusieron en su lugar para que nada cambiase.

El esclavo, el siervo y el vasallo, dejaron de ser eso y pasaron a ser llamados «ciudadanos». No se puede gobernar tiránicamente todo el tiempo sino con la aquiescencia de los gobernados, pues ningún régimen soporta por mucho tiempo que una mayoría esté firmemente en su contra.

Si las miles y miles de personas que se agolpan en los Centros Comerciales del Centro de las ciudades para compulsivamente comprar productos basura que no necesitan para sentirse bien y de ese modo tener un poco de alegría se moviesen en otra dirección que no fuese la de tomar esos ansiolíticos y las drogas que proporcionan médicos y farmacéuticas, otro mundo sería posible.

Sigue resonando la pregunta inicial de este escrito a la que nadie acierta a dar respuesta: ¿Cómo contrarrestar colectivamente la inercia que lleva al contagio psíquico de la pulsión mortífera consumista?

Un goce que nos mata, como el fumar, aunque adicción extrema, puede llegar a ser vencido individualmente, basta con no querer ya morir gozando de la destrucción de un alveolo pulmonar a través de la calada de un cigarro. El impulso que fue llamado Tánatos, el instinto de muerte, unido al principio del placer, ha sido capturado y utilizado por el capitalismo para imperar globalmente mediante un control y una disciplina que incluye la promoción de satisfacciones destructivas. Aunque el consumo ni siquiera se perciba como satisfacción destructiva es obvio hoy y notorio que está destruyendo el planeta. Islas de plástico del tamaño de Europa vagan por el océano y gran cantidad de microplásticos están ya incorporados a nuestro organismo.

Como una pulsión solamente puede ser contrarrestada por otra, el deseo de morir consumiendo como fiesta del trabajo, solamente puede ser contrarrestada por el deseo de vivir como fiesta de la abolición del trabajo. Bien se ocupa el sistema capitalista de impedir todo goce de vida y alegría que no pase por el valor de cambio y la compraventa.

La homogeneización y la individualización incrementadas por la tecnología impide la vinculación y conexión entre la gente. Las relaciones entre las personas quedan suplantadas por relaciones entre las cosas, siendo el dinero la mediación.

¿Qué hacer entonces? Ya dijimos que detenernos, demorarnos, ralentizar, no tener prisa, parar incluso, observar entonces y caminar en otra dirección. En lugar de comprar un producto que se anuncia, evitar todo producto que se haya visto anunciado. Primero ponerse activamente en contra, contra los principios que rigen la sociedad capitalista, porque no podrán realizarse prácticas anarquistas mientras no haya espacios liberados del Capital.

Hacía uno mismo se puede generar una Zona Temporalmente Autónoma alrededor donde lo que se haga no esté mediado por el dinero. Y, más difícil todavía, pero no imposible, se pueden realizar actividades con otros que no tengan mediación de dinero ni finalidad de consumo o que tengan la menor relación con ello posible dada una voluntad conjunta de evitarlo.

Si nos juntamos para ir al campo, paseamos con un perro, quedamos para leer conjuntamente un libro, participamos en una asamblea política, realizamos una fiesta, amamos libremente, apagamos el televisor, ciertamente, no conseguimos del todo sustraernos al Capital, porque todas esas actividades requieren un cierto consumo, pero al menos no es de la misma índole que el consumo masivo en los centros comerciales, el ocio más opuesto al negocio es el verdadero ocio, no el que paga para divertirse.

Reírse es gratis, una convulsión del cuerpo que expulsa gerontoplasma y no ha podido ser nunca domesticada y vendida, como se aprecia en el tufo a falso que despiden las risas enlatadas de muchos programas de televisión. Bien que hay humoristas profesionales que pueden hacernos reír para ganar un estipendio, pero las actividades que no pasan por la basura del comercio solamente pueden ser amateur y lo siento por los profesionales de la comedia.

El deporte de competición es muerte y destrucción del cuerpo, modalidad de goce tanático semejante al del consumo, de modo que hay que huir de toda práctica profesionalizada. Si se quiere jugar, sea al fútbol o al ajedrez, que sea para disfrutar con el juego y los compañeros de juego, aunque no se haga muy bien, no hay que jugar para romperse por alcanzar altos niveles de rendimiento y pretender demostrar que se puede ser más que los demás.

El musculoso de halterofilia que se ha destrozado el hígado tomando anabolizantes para levantar pesas cada vez más pesadas no difiere del minero con silicosis, el consumo de deporte y el trabajo de explotación muestran su misma cara bifronte.

Desde luego va a ser muy difícil no matarse en la sociedad de la muerte porque una necropólitica globalizada gobierna el planeta. Liberarse de algunas ataduras no quiere decir, lograr ser libre del todo, pero al menos es un comienzo, una actitud y una actividad anti-capitalista, anárquica, contra los principios que rigen, gobiernan y administran la vida con muerte.

Si desde la antigüedad a nuestros días, desde Sócrates a Montaigne, pasando por Derrida, el lema fue que había que aprender a morir, lo sentimos, estaban equivocados, lo que hay que procurar es aprender a vivir por fin.

No se puede pasar de lo no vivo a lo vivo en un instante, los zombies pueden revertir el gerontoplasma y regenerarse, volver a la vida, la medicina es el anarquismo, el antídoto es la anarquía, que no puede ser ya solamente la actividad y movimiento político en el que han sido encasillados, sino una praxis vital, una forma de vida que primero se hace en la medida en que se puede y luego se pasa a teorizar y pensar sobre la marcha, corrigiéndose a medida que los poderes mutan para combatir lo que se les escapa.

Nadie puede arrebatarnos completamente todo espacio de libertad, pero si que han logrado reducirlo al mínimo en la mayoría, apoyarse en ese espacio mínimo y expandirlo es la postura más adecuada, también la que puede conllevar un goce de vida en lugar de un goce de muerte.

Participamos de una postura optimista, la que dice que la vida es más valiosa que la muerte, contraria por ello a todas las religiones jerárquicas y dominantes. El goce de vida es mayor que el goce de muerte y mejor sabe y se disfruta la existencia libre y autónoma que la dirigida y administrada. Abogamos por el triunfo de Dionisos que significa triunfo de la Anarquía.

Pero lo terrible es que hayan conseguido que la esclavitud se disfrute, que matarse y morir por el Dios dinero resulte la satisfacción más extendida de la sociedad, desalentando cuando no prohibiendo e impidiendo cualquier otro modo de alegría.

«Cuando seas rico serás dichoso de modo que tendrás que pasar tu vida entera tratando de ganar el mayor dinero que puedas para consumir lo máximo». Semejante sentencia es la de la religión del Capital, de la que ya hablaron Paul Lafargue, Walter Benjamin o Rodrigo Karmy, una religión que no deja su supuesto paraíso para el más allá, sino que lo cifra en el uno por ciento de los más ricos del mundo, frente al noventa y nueve por ciento restante.

Por absurdo que resulte, toda religión es absurda, vemos que la religión del capital funciona, nos vende una noción de disfrute, satisfacción, goce y alegría, que supuestamente se desparrama desde la pequeña cúspide dorada de una pirámide jerárquica donde existiría plenamente, el equivalente a Dios o los dioses, hasta las otras capas en menor medida y hasta llegar a desaparecer en su amplia base.

Todo relato religioso es mentira, una mentira que cala y tiene efectos, la verdad le hace frente, es verdad que se ha organizado todo de forma que seamos esclavos satisfechos, es verdad que es difícil oponerse a ese trato y más difícil aún salir de ese territorio, hay diversas propuestas al respecto y también es verdad que la propuesta más radical, la que con mayor ímpetu se ha opuesto y ha liberado territorios de ese mundo infame ha sido el anarquismo.

Desde una posición anárquica no caben las medias tintas, no se negocia con el opresor, se le combate, se le evita y se le elimina si es necesario. Ahora la opresión es sigilosa, sutil, está metida en nuestros cuerpos y extendida en nuestras mentes, enfermos de capitalismo mediante una gimnasia libre empezamos a sanar, no es camino fácil, pero es el más hermoso y dichoso. No hay que dejarse engañar.

Para ello nuestro deporte favorito, siempre amateur, nunca profesional, será entonces: el rechazo del Estado y de toda forma de autoridad jerárquica y de dominación, la búsqueda de la libertad individual y colectiva, la organización social basada en la autogestión, la ayuda mutua y la cooperación voluntaria; la igualdad social y económica para eliminar las clases, el anticapitalismo y antifascismo.

Si lo practicamos individual y colectivamente, cada vez, seremos más libres, tanto individual como colectivamente. Transformar la muerte capitalista en que nos sume la sociedad neoliberal en vida, supone introducir la luz clara de la anarquía en la sombría oscuridad luminosa de nuestro tiempo, lograr una vida en medio de la muerte. Ese logro merece una fiesta, una celebración, constituye un triunfo, invirtiendo el triunfo de la muerte con el karnaval de la anarkia, triunfo de Dionisos.

El anarquismo no tendría que recoger los discursos ajenos izquierdistas en boga, aunque tenga con ellos algunos puntos de afinidad. Tiene que generar discursos propios.

Poco que ver tiene las distintas oleadas del feminismo emancipatorio con el amor libre, poco que ver tiene la socialdemocracia del Estado del bienestar y su combate por lo público frente a lo privado neoliberal con la colectivización de la tierra, poco que ver tienen los discursos reaccionarios antimodernos con la prehistoria de lo común y la historia de lo compartido, poco que ver tiene lo público con la Comuna, aunque sí que tenga algo que ver. Tejer redes de afinidad entre las izquierdas no quiere decir que haya que comprar el discurso del otro.

Lo específico del anarquismo es que es el único movimiento que no erige principios, fundamentos, jerarquías, gobiernos, sino que hace de lo libre, igual y común, la esencia de su propio discurso. Por ese motivo, al ser el más radical, es también el más liberador.

Hay un Club de la lucha en el cual cada uno de nosotros participa de manera esquizofrénica, es decir, cada uno tenemos nuestro doble anárquico, latente entre nuestra pluralidad de egos desavenidos y en discordia, a la anarquía que nos constituye la podemos llamar nuestra libertad, la cual, solamente puede aflorar si logramos una confederación igualitaria dentro de nosotros y fuera de nosotros. Al ese equilibrio individual y colectivo lo podemos denominar justicia, pero esa es una justicia que va más allá y está por encima del derecho, muy por encima de las leyes que protegen a quienes dominan la sociedad del espectáculo capitalista que se nos proyecta sin cesar.

Aprender a vivir, por fin, tarea anárquica por excelencia, requiere perseverancia y esfuerzo, una vez que se está decidido a hacer algo para recuperar la libertad propia y ajena.

Hasta un gigante como China, ahora ya un sistema de gobierno y administración de la vida híbrido entre comunismo autoritario y capitalismo dirigido teme a los anarquistas y trata de mantener a su inmensa población en la ceguera de la censura3.

El estado de ánimo anárquico es alegre, festivo, y también serio y decidido, dependiendo del momento y del lugar.

La fétida atmósfera del invernadero y parque temático capitalista puede ser contrarrestada con el aire limpio de la libertad que hayamos salvado de la alienación. Incluso en una cárcel puede mantenerse la disposición a la vida libre y la alegría por la vida libre e igualitaria.

Así que, hacer pie en el margen de libertad que nos quede, para expandirla, tendrá que ser suficiente de momento, procurando evitar el consumo y el trabajo en la medida de lo posible.

No hay una única forma ni una clara receta, de mil maneras nos desencadenamos y de mil maneras nos encadenan. Reconocer clara y verdaderamente aquello que nos oprime y atrapa no cediendo a la seducción fascista del poder que lleva a la pulsión mortuoria del consumo, ni siquiera en los perores momentos, tan solo es un primer paso, un paso decisivo para dejar de vegetar y aprender a vivir por fin.

 

 

Simón Royo Hernández


  1. Las cosas que posees terminan poseyéndote. Solo después de que lo pierdes todo eres libre de hacer algo.youtube.com/watch?v=KMospp5jVQY ↩︎
  2. Carta sobre los búfalos de Rosa Luxemburgo. Rosa Luxemburgo era socialista y demócrata, no anarquista, pero como demostró en su tesis de la “dialéctica entre la organización y la espontaneidad”, algo tenía de anarquista. Véase por tanto la Carta íntegra como preámbulo a la disposición de ánimo anarquista, de la que hablaremos luego, al final de este escrito. La Carta puede leerse en: rosaluxemburg.org/es/material/3184/ ↩︎
  3. lavanguardia.com/cultura/20220125/8011129/china-cambia-final-club-lucha-plan-tyler-fracase.html ↩︎
  4.  

lunes, febrero 16

De las amapolas a Weil, duelo y memoria

 

 

Los amigos de artax hemos vuelto a vuestros oídos después de meses con un fugaz centello de duelo y memoria a través de recuerdos de infancia y aprender de las rebeldes del pasado que lucharon contra el fascismo pero no por la democracia. En estos tiempos vertiginosos puede que ya no seamos les mismes, los duelos afloran y la memoria urge... pero lo más importante Amigos de artax, más allá de toda palabrería, ¡disfruten de la música!

MÚSICA:
- INTRO Y FINAL: GO DIG MY GRAVE - LANKUM
- THE HOOD - KNEEKAP
- PRIMAVERA LOKA - MATAHEMBRA Y LIRA LIBERTARIA
- DESPERTAR - ALIZZZ MARIA ARNAL
- 161 - PILTZ
- EXTRACTO DE RATAS - KRONDSTADT
- NO TODO VA A SALIR BIEN - ZERO AZUCAR

viernes, febrero 13

La quiebra del A.V.E. La macro-infraestructura más inútil

 


La tragedia de Adamuz y el colapso de la red de “Rodalies” de Cataluña constituyen —tras el accidente de Angrois— el episodio más grotesco y dramático de la “nueva era ferroviaria” proclamada al unísono por la casta política hispano-catalana, la oligarquía del cemento y las élites mundializadoras. En esta sociedad del riesgo, de la que hablaba Ulrich Beck, la Alta Velocidad se añade a la lista de peligros y amenazas socio-ambientales en la que figuraban los transgénicos, los gases de efecto invernadero, las renovables industriales, los cables de Muy Alta tensión, las centrales nucleares y la industria agroalimentaria. La ciencia y la tecnología de la posmodernidad no son neutrales. Al contrario de lo prometido, a tecnologías más altas, menor bienestar y mayores riesgos. Eso es particularmente verdad en materia de infraestructuras innecesarias. El liderazgo español en esa clase de despropósitos muestra la persistencia de la mentalidad desarrollista heredada del franquismo en la política profesionalizada de cualquier color, un caso extremo de irresponsabilidad cuyos nefastos resultados han quedado bien a la vista. La Alta Velocidad nunca fue sostenible, puesto que la sociedad que la pone en marcha no lo es. Tampoco es ni mucho menos eficiente y segura, tal como indican la impuntualidad diaria, la aparición de decenas de puntos críticos y el creciente número de incidencias, y no parece que sea el futuro feliz de la movilidad ciudadana.

La causa del choque de trenes no tiene misterio: no es la impericia criminal de un ministro o la dejadez culpable de sus subordinados desoyendo las recomendaciones de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios; ni siquiera la alta externalización de la seguridad. Es la falta de mantenimiento suficiente, directo o subcontratado, lo que sumado a una mayor afluencia de usuarios, y por lo tanto, a una mayor circulación de trenes, ha desgastado las vías en diversos puntos más de lo previsto, multiplicando las posibilidades de una catástrofe que finalmente se ha producido. El progreso que pregona la dominación lleva consigo ese tipo de peligrosos imprevistos. Llegados a este punto, convendría remontarnos hacia atrás, hacia los orígenes del fenómeno aberrante de la Alta Velocidad, producto de los delirios de grandeza de la clase dirigente y de sus representantes, mercenarios y bufones.

 Allá por los años ochenta del siglo pasado, el gran proyecto del Tren de Alta Velocidad fue una idea de la European Round Table, organismo con buena presencia de multinacionales, con fines eminentemente logísticos, que al desembarcar en el Estado español, se transformaron en políticos. El primer ejemplo de tal reajuste fue la línea Madrid-Sevilla, bastión del partido que gobernaba en 1992. Repentinamente, a juzgar por las declaraciones de figuras destacadas de la política, la plutocracia y del empresariado, los informes técnicos domésticos y la prensa sobornada, el AVE se convirtió en la solución de todos los problemas a excepción del de la movilidad: el desarrollo económico, la creación de puestos de trabajo, la vertebración regional, el re-equilibrio territorial, la descentralización administrativa, la cohesión social, la reducción del tráfico automovilístico y aéreo… Estábamos ante la mismísima Razón de Estado. Excusamos decir que nada de aquello era verdad y que la economía de las zonas conectadas apenas se vio afectada, la localización de empresas resultó irrelevante y el desempleo siguió prosperando; así pues, la integración regional se quedó donde estaba, igual que la centralización; la desigualdad social aumentó, lo mismo que los vuelos, los camiones  y el parque automovilístico. Es más, la fragmentación geográfica y la desestructuración del territorio fueron cada vez más intensas y el impacto en el medio ambiente llegó a niveles preocupantes. El coste de la construcción de las nuevas vías fue sufragado una mínima parte con fondos europeos, y el resto, o sea, casi la totalidad, con el desvío de la inversión en carreteras, redes de cercanías y líneas convencionales de larga distancia. El capital privado fue extremadamente precavido y dejó el tema financiero en manos del Estado. Los gastos de operatividad y mantenimiento no iban a la zaga, así que la degradación de los trenes de cercanías, usados por centenares de miles de trabajadores -obligados a vivir en las coronas metropolitanas por culpa de la especulación inmobiliaria- fue progresando a más velocidad de la deseada por el stablishment dirigente. Lo mismo ocurrió con la media y larga distancia. Así pues, el caos de Rodalíes es un fruto ponzoñoso del AVE. En definitiva, la Alta Velocidad, el tren de los ejecutivos, o el “tren de los señoritos” -omo le llamó al principio la voz del pueblo- iba a convertirse en el proyecto más insensato y dilapidador del sistema político-económico peninsular.

La apuesta de las altas esferas dirigentes por un transporte elitista de viajeros no fue un farol, fue un órdago a la grande, un verdadero desafío a la cordura. Todos los jerarcas querían que el AVE pasara por la puerta de su casa. En tres décadas se construyeron más de cuatro mil kilómetros de vías, situando la alta velocidad española en el segundo puesto a nivel mundial, solo por detrás de China, pero con el grado de demanda más bajo, también a nivel mundial. No es de extrañar que los responsables ministeriales trataran de elevarlo, bien subvencionando el billete (el viajero solo paga la tercera parte), bien cancelando trenes regionales y de larga distancia. Finalmente, el número de usuarios se estancó en torno a los 20 millones hasta que la liberalización del servicio, a partir de 2021, obligó a bajar más los precios mientras el turismo de dentro y de fuera experimentaba una fuerte subida. Para contrarrestar la competencia de Ouigo e Iryo, Renfe procedió a lanzar el Avlo, un AVE menos caro, y en 2024 los viajeros ya eran 40 millones, cifra nada comparable con la de Francia, que con 2.700 kilómetros de vías de alta velocidad tuvo 164 millones en el mismo año. El elevado coste operativo seguía siendo un inconveniente, al que se trató de resolver reduciendo la inversión en mantenimiento, tal como parecen indicar los frecuentes retrasos y las advertencias de los maquinistas sobre baches, vibraciones y otros incidentes. Las consecuencias fatales de tal clase de ahorro no han tardado demasiado en manifestarse.

El problema que les viene encima a los dirigentes y asesores del poder no se soluciona con dinero de los presupuestos, ni con demagogias populistas, puesto que el mal de la Alta Velocidad no reside en el elevado coste de su funcionamiento, sino en su naturaleza de artilugio emblemático de la globalización y estandarte de un sistema político al servicio de la economía de mercado. Entenderemos mejor si en lugar de decir AVE, decimos capitalismo. El AVE, o algo como él, es un producto del régimen económico-social con ese nombre, un juguete caro en el que refocila su clase político-empresarial. Si tocas al uno, tocas al otro. El deterioro del servicio prestado por la alta velocidad, que de una manera u otra volverá a agravarse, no es más que el reflejo de la degradación irreversible de lo público, provechosa para unos cuantos en el capitalismo tardío, el de los mega-proyectos y las macro-infraestructuras, para el cual las catástrofes son rentables y las crisis, beneficiosas. El negocio está en su construcción y en el desorden que acarrea, nunca en la gestión del servicio que promete. Es imposible cambiar esta dinámica social y ambientalmente aniquiladora. Si hay que escoger entre beneficios y seguridad, no es difícil adivinar el resultado de la elección. La sociedad, el sistema, como el fútbol, es así. Desde la izquierda ciudadanista hay quien propuso en su día al Estado promotor y administrador del AVE la alternativa de un “tren social”. Respondo que para cambiar de tren hay cambiar primero de sociedad. ¿Cómo? De entrada, denunciando la estrafalaria idea de progreso como experimentación incontrolada de artefactos tecnológicos. Después, no contemporizando con portavoces del capital. Luego, transformando la cólera de los viajeros en arma social y política de largo alcance.

 

Miquel Amorós 

martes, febrero 10

El fin del odio que plantaste

 


¡Fuiste tú!

¡Yo sé que fuiste tú!

Me impediste

De nacer en la casa

De mis antepasados

De robustas piedras

Con viñedo al fondo.

En vez de eso,

Una tienda de la Cruz Roja.

Me robaste la infancia

Yo sé…

Juegos inocentes

En los jardines de la casa de mis

Abuelos paternos en Haifa.

Me usurpaste los desayunos

La mesa abundante de cariño

En la casa de mis abuelos maternos

En Hebrón.

En vez de eso, el hambre

Que nos hacía ver el sol y la luna

Como platos de comida.

¡Fuiste tú!

¡Yo sé que fuiste tú!

Mataste mi adolescencia

Por las calles de Tulkarm.

me arrancaste

El derecho de vivir

Libre en mi país.

¡De ir a la escuela como todos

Los niños,

de caminar por los mercados,

de conversar con mis amigos!

¡Y a cuántos de ellos

me impediste conocer!

¡Fuiste tú!

Destruiste mi amor

Por la mujer que debería haber conocido…

Aquélla con quien me casaría…

Me robaste la alegría

De tener en Palestina

A mis hijos.

En vez de eso,

¡Tú… Sí, tú!

En los incontables

lugares del exilio a que me lanzaste

de país en país,

de casa en casa,

me negaste el hogar.

¡Fuiste tú!

¡Yo sé que fuiste tú!

Confinaste a mis padres

A vivir en el eterno

Deseo de retornar al pasado

– dulces memorias –

Tiempo libre de su existencia en nuestras tierras.

Asesinaste

A mis hermanos que no nacieron

Por la miseria de los campos de refugiados.

Mataste a los que nacieron y lucharon contra ti.

Tantas veces tú

Quisiste destruirnos

Deseaste nuestro fin,

Nuestro debilitamiento.

A pesar de todo,

Quiero que sepas…

Nuestros corazones van a vencer

el odio que plantaste…

Así,

Al día siguiente

¡Que la Palestina esté libre de ti!

 

 Yasser Jamil Fayad

sábado, febrero 7

La inteligencia artificial como artefacto del poder: reseña de El algoritmo paternalista. Cuando mande la inteligencia artificial

 

Ana Carrasco-Conde (2025) nos cuenta cómo el fallecido pintor Tetsuya Ishida muestra a los seres humanos como robots que las grandes corporaciones montan y desmontan. Pero, siguiendo a la autora, lo que el artista no llegó a imaginar es una tecnología para mejorar al ser humano y sustituirlo: “no comete errores, no se cansa ni enferma, está siempre disponible y, sobre todo, abarata costes”. 

Para Luke Munn (2025), la que llamamos Inteligencia Artificial “es tanto un término de márketing como un conjunto de arquitecturas y técnicas de computación”, con una capacidad enorme de evocar imágenes y, así, mostrarnos cómo debería funcionar la sociedad y cómo debería ser el futuro. Y añade que, en este sentido, “la IA no necesita funcionar para funcionar”. Apoyándose en Bender y Hanna, sostiene que cuando hablamos de IA siempre deberíamos preguntarnos a quiénes beneficia esta tecnología, así como a quiénes perjudica y con qué recursos cuenta. Y nos hace una advertencia capital: “la cuestión aquí no es si los modelos de la IA son racistas, históricamente inexactos o woke, sino que estos modelos son siempre políticos y nunca ajenos a ciertos intereses”.

Estas palabras nos recuerdan a Evgeny Mazarov (2025) cuando afirma que son los oligarcas tecnológicos y no sus plataformas los que representan un mayor peligro, ya que concentran la plutocracia, la autoridad oracular y la soberanía de las plataformas. Mazarov, en línea con Luke Mann, sostiene que esos oligarcas tecnócratas no escribe sobre el futuro, “lo instalan”, llegando al extremo de preguntarse “¿por qué ajustar las predicciones para que coincidan con la realidad cuando se puede manipular la realidad para validarlas”.

A partir de lo que ya hemos escrito, podemos intuir que la IA está diseñada para servir intereses dominantes ya existentes. O sea, como señala Kate Crawford (29: 2022), “es un certificado de poder”. Pero a la vez, las tecnologías son artificios que llegamos a naturalizar y que nos hacen caer con facilidad en el tecnofetichismo.  Progreso, solucionismo, neutralidad, eficacia, eficiencia, automatización, etc., son términos, son artefactos en los que se sostiene el tecnofetichismo, y de esto, y de bastante más cuestiones, nos hablan Ujué Agudo y Karlos G. Liberal en su obra El algoritmo paternalista. Cuando mande la inteligencia artificial. Eso sí, la segunda parte del título se nos antoja un tanto promocional; más bien debiera decir Cuando manda la inteligencia artificial, de lo que trata mucho y bien el libro. 

El texto está dividido en 5 capítulos, y sus respectivos títulos describen a la perfección qué nos vamos a encontrar en cada uno de ellos. Los tres primeros sirven para sustentar, con numerosos ejemplos, el tuétano de la obra: cómo funciona el ‘algoritmo paternalista’, para qué y quiénes lo hacen funcionar, respuestas que encontramos en los dos últimos capítulos del libro, cuya lectura no es difícil, aunque requiere atención y dedicación. Como crítica a la obra, cabe manifestar que dudamos que lo que llaman ‘logaritmos paternalistas’ deriven únicamente del paternalismo libertariano. El campo de la ecología de los medios (y los medios son mediaciones, como lo es la IA) nos ha enseñado que la evolución de los mismos es multicausal y se produce en contextos dados.

Diego Cenzano, en el último párrafo del Prólogo de El algoritmo paternalista, hace un buen resumen de lo que contiene el libro:

Los autores descubren y describen cómo el progreso ha acelerado su avance poniendo en duda la racionalidad humana para sustituirla por la automatización. Y explican algo decisivo y preocupante: cómo dicho progreso es una parte muy relevante de su energía en el denominado paternalismo libertario. Esta corriente de pensamiento tiene como objetivo redirigir el comportamiento irracional de los humanos hacia lugares que todavía desconocemos…aunque, de momento, no tenemos motivos para ser demasiado optimistas” (p. 22).

El paternalismo libertario (libertariano, escribiríamos nosotros), teóricamente, defiende la necesidad de influir en el comportamiento de los individuos para que estos tomen mejores decisiones, siempre y cuando haya la posibilidad de rechazar esa influencia (premisa que no sostiene en la práctica); un paternalismo que lleva a hablar de gobernanza y no de gobierno (y aquí las palabras están cargadas de sentido político). Los autores hablan del algoritmo paternalista como una derivada del paternalismo libertario, así, el algoritmo interviene en la toma decisiones o el comportamiento de una persona. Ahora bien, en este caso la capacidad de elección de la persona está siempre en entredicho, y cuanto mayor sea la automatización menor es la capacidad del individuo de tener control sobre las decisiones que prefigura el algoritmo. Un algoritmo que se usa sin supervisión social y sin debate1, aunque dependa de una institución estatal, y que, como destacan los autores, se ha puesto en marcha en la mayoría de los casos, precisamente, para la resolución de problemas (¿?) de las personas más vulnerables (que son, generalmente, las que menos comprenden los procesos de digitalización y automatización, con lo cual su vulnerabilidad se multiplica).

Ujué Agudo y Karlos G. Liberal ven perspicazmente que el algoritmo se dirige hacia la toma de decisión de una persona (individualismo) y no de un colectivo; lo contrario sería pasar del qué hago al qué hacemos. De optar por esta posibilidad, ¿cómo sería esa tecnología?, se preguntan.

Ya es sabido que el algoritmo no es neutral y conlleva sesgos. Respecto a los segundos, nos recuerdan que la mayoría de las críticas o estudios alrededor de los algoritmos se centran en los sesgos, olvidando, por un lado, otros aspectos y, por otro, que las denuncias de los sesgos sirven en muchos casos para entrenar a las mismas plataformas que los propagan. “Los algoritmos son opiniones integradas en matemáticas que reflejan las opiniones y las prioridades de sus creadores” (p. 66).

Para los autores, la concepción actual de los algoritmos se sostienen en tres hitos correlacionados: solucionismo tecnológico,aceleracionismo y progreso (para las clases dominantes decisivo en sí mismo). Por otro lado, y muy importante, mantienen que no solo “la idealización de la tecnología ha provocado que deleguemos nuestras decisiones en ella. Para llegar a creer en esta superioridad de la inteligencia artificial sobre el ser humano, además de ensalzarla, también ha sido necesario minusvalorar la capacidad humana de tomar decisiones”2 (p. 69). El tecnocapitalismo nos ha hecho creer que somos máquinas sustituibles. Y si es así, ¿qué sociedad se está prefigurando? Además, cabe tener en cuenta que los algoritmos también son “una inmensa máquina subjetiva, tecnológica y política, que, más que nunca, genera extractivismo en todas las direcciones” (p. 32): de la vida, del planeta y de la forma de entendernos. 

Por otro lado, Ujué Agudo y Karlos G. Liberal nos hacen ver que los algoritmos se inscriben tanto en la superestructura (leyes, políticas gubernamentales, ideologías, etc.) como en la infraestructura (y destacan la biopolítica y el micropoder, afectando las interacciones personales, las normas sociales, etc.). Los autores destacan, a su vez, que los algoritmos paternalistas fomentan la proliferación de discursos, de narrativas dicotómicas, y hacen un alto para referirse a los procesos de subjetivación. Para ello, toman como referencia a Deleuze y Guattari, y nos señalan que éste ya dejó escrito que las tecnologías no son herramientas neutras ya que poseen una agencia propia que afecta a la subjetividad humana. Y concluyen:

Cuando los algoritmos y las inteligencias artificiales participan en nuestras decisiones y moldean nuestras interacciones con el mundo, se convierten en actores centrales del proceso de subjetivación. En esta forma de subjetivación, la máquina no solo participa, sino que co-construye nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos” (p. 183).

Así, las máquinas no son simples dispositivos tecnológicos, sino que actúan como máquinas deseantes: “son sistemas que organizan y canalizan los deseos humanos desde dentro del capitalismo” (p. 184).

Mientras, nos hacen soñar que somos nosotros los que elegimos.

 

 

José Luis Terrón Blanco


Carrasco-Conde, Ana (2025): Irremplazable, La Marea (4/8/2025): https://www.lamarea.com/2025/08/04/irremplazable/

Crawford, Kate (2022): Atlas de la inteligencia artificial. Poder, política y costos planetarios.  Colección Tezontle. Fondo de Cultura Económica.  

Morozov, Evgeny (2025): Oligarcas intelectuales legisladores, Nueva Sociedad (7-8/2025): https://nuso.org/articulo/inteligencia-artificial-generativa-etica-capitalismo/

Munn, Luke (2025): La inteligencia artificial y el nuevo espíritu del capitalismo, Nueva Sociedad (8/2025): https://nuso.org/articulo/318-oligarcas-intelectuales-legisladores/


  1. La excepción es noticia: «El Supremo obliga al Estado a abrir el algoritmo que asigna el bono social. El tribunal consagra el “derecho a la información pública” en la pri‐ mera sentencia que exige a la Administración desvelar cómo funciona un proceso de decisión automatizado». El País, 17/9/25: https://elpais.com/tecnologia/2025-09-17/el-supremo-obliga-al-estado-a-abrir-el-algoritmo-que-asigna-el-bono-social.html ↩︎
  2. A finales de mes leíamos en distintos medios que Alba‐ nia acaba de nombrar a una IA (a unos algoritmos) como ministra para luchar contra la corrupción del país. Su mi‐ sión sería la de gestionar los contratos públicos. ↩︎

miércoles, febrero 4

Asedio yihadista en Rojava

 

 

Los muy vendidos medios generalistas, de este inefable Reino de España, y con el silencio de la mayor parte de la comunidad internacional, apenas reflejan la crisis humanitaria en el norte y este de Siria, el genocidio esta vez sobre el pueblo kurdo. Veamos si podemos repasar, estremeciéndonos ante la situación, de lo ocurrido en aquella región durante las últimas semanas; puede seguirse toda la actualidad en el sitio web rojavaazadimadrid.org, del cual obtengo la mayor parte de la información que expongo a continuación.

Desde el 6 de enero, fuerzas del gobierno sirio, junto a grupos yihadistas y milicias turcas, están produciendo ataques, iniciados en Alepo, a la comunidad kurda; toda una limpieza étnica, que ha supuesto una masacre y el desplazamiento forzoso de miles de personas. La DAANES (Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, también conocida como Rojava), en el último año, estaba llevando a cabo negociaciones con el gobierno de transición sirio para consolidar una democracia y formar parte de un sistema descentralizado dentro de la diversidad étnica y religiosa de Siria. El 4 de enero, las negociaciones parecían haber alcanzado una fase avanzada e incluso parecía estar llegándose a lograr un acuerdo; no obstante, el proceso fue abruptamente interrumpido por el ministro de exteriores sirios, el cual tiene un estrecho vínculo con el Estado turco.

El 6 de enero, se anunció un acuerdo, tras una reunión en París facilitada por Estados Unidos, Siria e Israel, y esa misma tarde fuerzas del gobierno sirio con la incorporación de milicias turcas lanzaron un ataque contra barrios kurdos en Alepo. En los días posteriores, a pesar del anuncio del alto el fuego, el ejército sirio y sus aliados continuaron avanzando amenazando la existencia de los kurdos y de las comunidades de la región, así como del autogobierno autónomo y democrático establecido allí. Recordemos los logros de la Revolución de Rojava, con la lucha por la liberación de las mujeres, la coexistencia pacífica entre los pueblos y el autogobierno democrático. La comunidad internacional, en su mayor parte, mantiene un silencio cómplice sobre la violencia del gobierno sirio, mientras que la comunidad kurda trata de resistir. De hecho, el 9 de enero, en un momento de gran intensidad en los combates, Ursula von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se reunió con al-Sharaa, presidente de transición en Siria, y prometió 620 millones de euros para la reconstrucción del país, lo cual ha sido visto como un respaldo tácito de las masacres en curso y una seria preocupación sobre el uso de esos fondos.

 A pesar de un alto el fuego el 11 de enero, organizaciones humanitarias denunciaron que se siguieron produciendo asesinatos, torturas y saqueos de las propiedades kurdas junto a otras atrocidades como auténticos crímenes de guerra, mientras que se ha restringido el acceso a actores de la sociedad civil para poder evaluar la situación. El 13 de enero, otras dos regiones administradas por DAANES fueron declaradas “zona militares cerradas” por el gobierno sirio; continuaron con la campaña militar, junto a drones turcos y grupos yihadistas, avanzando hacia el norte y el este. El 16 de enero, al-Sharaa emitió un decreto que limitaba los derechos de los kurdos, mientras que se intensificaban los bombardeos sobre las zonas defendidas por las fuerzas amadas de DAANES (las SDF). El 18 de enero, a pesar de anunciarse un alto el fuego permanente, los combates continuaron con el plan del gobierno sirio de integrar las zonas kurdas en un Estado centralizado.

El 19 de enero, la guerra se extendió por gran parte del norte y el este de Siria; las fuerzas del gobierno de transición sirio (STG), junto a milicias yihadistas, atacaron la prisión de Al-Shadadi liberando a miles de presos del ISIS, ante el silencio de la coalición internacional, algo que se repetirá en otras cárceles en los días siguientes; las fuerzas del STG también lanzaron un ataque contra Kobane (ciudad del norte de Siria dentro de la gobernación de Alepo), que precisamente había sido un escenario histórico de lucha frente al Estado Islámico en 2015: una región que vuelve a ser atacada por los yihadistas bajo otras banderas. El 20 de enero, se anunció un alto el fuego de cuatro días y el STG asegura que durante ese tiempo no avanzará más; se trata de conminar a las SDF para que se disuelvan y la integración de los territorios en el Estado sirio, mientras que el alto no es respetado, continúan los ataques y no hay perspectivas de paz.

El 21 de enero, hubo un enunciado que mostraba una situación alarmante en el asedio de Kobane con servicios esenciales deliberadamente interrumpidos, por parte de las fuerzas del gobierno de transición sirio, en coordinación con Turquía y milicias yihadistas, provocando una intolerable crisis humanitaria. Por lo general, la comunidad internacional, especialmente la Coalición Internacional contra el ISIS, ha guardado silencio ante esta crisis humanitaria, aunque en las regiones del Kurdistán y a nivel internacional miles de personas sí se han movilizado en solidaridad con Rojava con numerosas convocatorias. Otras comunidades de Siria, como los drusos en el sur, se han levantado en armas en apoyo a la fuerzas defensivas de las SDF, mientras que la población yazidí, otra minoría kurda de gran antiguedad, que ya fue víctima de un genocidio por el ISIS en 2014, muestra la preocupación por su seguridad en la zona de Shengal (otra administración autónoma). El pueblo kurdo se enfrenta ahora a un nuevo genocidio, perpetrado por los Estados sirio y turco junto a sus aliados yihadistas, pero con la traición generalizada de la Unión Europea, de Estados Unidos y con el beneplácito del Estado de Israel.

 

Capi Vidal

domingo, febrero 1

Palestina, la existencia negada

 

 

Esta semana contamos con Teresa Aranguren, reportera especializada en periodismo en zonas de conflicto, con especial dedicación al conflicto árabe. Así que ha transitado entre campos de refugiados, zonas militarizadas, bombardeos, etc. Cubrió la invasión israelí del Libano en 1982, la guerra Irán-Irak, las sucesivas crisis del golfo, y el conflicto palestino-israelí.

Nos presenta el libro Palestina, la existencia negada, donde hace un recorrido por la historia de Palestina durante el último siglo y medio. Junto a ella contextualizaremos los orígenes europeos del sionismo, las primeras migraciones europeas a territorio Palestino, el papel de las milicias sionistas, la creación del Estado de Israel y la Nakba, la diferentes estrategias del Estado de Israel para hacerse, en exclusiva, con el territorio, la resistencia Palestina, la Intifada...

jueves, enero 29

La dictadura iraní y la hipocresía de Occidente

 

El régimen de los ayatolás es uno de los más autoritarios y repulsivos en la actualidad, algo que tarde o temprano debería saltar por los aires y perdón por la violenta metáfora, yo que soy contrario a cualquier agresión militar interesada como las que perpetra ese defensor de la libertad y la democracia que es Estados Unidos. Desde el inicio de la conocida como revolución islámica en Irán, toda oposición al régimen ha sido brutalmente sofocada y las ejecuciones se han sucedido, solo en 2025 se habla del asesinato institucionalizado de más de mil personas. Desde finales del año pasado, debido a las crisis económica, la falta de libertades y la carestía general de la vida, las manifestaciones se están sucediendo en el país; las autoridades iraníes, una vez más, han llevado a cabo una cruenta represión. La gente está reclamando cambios radicales y desde aquí mi más sincero apoyo para ello, que ojalá tome un rumbo al margen de toda clase dirigente. No es posible hablar solo, como realizan algunos, de un tibio «legítimo derecho a la protesta del pueblo iraní» para acto seguido criticar a otros regímenes. Hablando claro, el de Irán es un régimen ferozmente autoritario, el cual restringe libertades fundamentales como las de expresión, asociación o reunión; produce una discriminación y violencia sistemáticas sobre mujeres, niñas, personas de condición sexual diversas y también sobre minorías diversas. Aunque la comunidad internacional ha permanecido mucho tiempo en silencio, o ha sido muy tibia en sus protestas, organismos de defensa de los derechos humanoshan denunciado que infinidad de personas son detenidas arbitrariamente, torturadas y procesadas con penas crueles e inhumanas. En un mundo estúpidamente mediático, con intereses por parte de unos u otros, hay que dejar clara la repulsa a todo régimen autoritario y a la vulneración de los derechos humanos y las restricción de la libertad, en todos los aspectos, de las personas en cualquier lugar del mundo.

Y es que algunos, con la actualidad de las protestas y la sangrienta represión, ponen el foco interesadamente solo en Irán. Ya hemos mencionado a Estados Unidos, y a su aliado Israel, con intenciones bélicas que nada tienen que ver con el bienestar de las personas. Por mencionar un anécdota a la que no habría que prestar atención, si no fuera por su repercusión mediática y su aceptación por parte de un público tendente a la estulticia, ese esperpento inicuo que gobierna la Comunidad de Madrid, para defender lo indefendible, atacar el feminismo y desviar la atención de las miserias propias, ha mencionado el sufrimiento de las mujeres en el régimen iraní. Y es que la hipocresía de la clase dirigente y de los poderes económicos en Occidente no tiene fin. No veremos ni una crítica, por ejemplo, a Arabia Saudí, cuyo régimen es blanqueado al parecer por ciertos torneos deportivos como el que han perpetrado recientemente equipos de fútbol de este indescriptible Reino de España y siendo elegido el país sede de un futuro mundial de esa alienante actividad que tanto exalta a las masas. Silencio absoluto ante la también constante vulneración de los derechos humanos en la, no lo olvidemos, monarquía saudita de carácter absoluto, pero en ocasiones vendida como adalid de la modernidad en el mundo islámico. Incluso, como en Irán, aumento de ejecuciones, permanentes restricciones de los derechos civiles y políticos, reclusiones sin garantía judicial alguna, situaciones laborales cercanas al esclavismo y un trato abiertamente inhumano a los inmigrantes. De hecho, se teme que estas situaciones solo empeoren con la mencionada elección de Arabia Saudí como lugar para la celebración de un mundial de balompié, algo que ya sucedió hace no mucho con Qatar ante las protestas de solo unos pocos.

Y es que la situación en Qatar es terriblemente similar a lo relatado sobre el régimen saudí, al igual que en otros aliados de Occidente como los Emiratos Árabes Unidos. Por cierto, en esa región, en concreto en el emirato de Dubai, estableció su huida y refugio el llamado rey emérito de este inenarrable país, ese héroe de la Transición democrática llamado Juan Carlos de Borbón, después de haber robado todo lo que quiso y más. Una muestra más de la hipocresía e iniquidad del mundo occidental. Y qué podemos decir de otros regímenes autoritarios sobre los que no observaremos la más mínima crítica en nuestros repulsivos medios generalistas al guardar intereses, geoestratégicos y económicos, con el mundo occidental. Es el caso de Jordania, otro monarquía, esta supuestamente parlamentaria, pero tremendamente limitado a nivel democrático, donde se reprime notoriamente al pueblo y, como en otros Estados, existe una intolerable carestía económica y desigualdad, mientras unos pocos viven a cuerpo de rey (nunca mejor dicho). O de Turquía, cuyo Estado habría que señalar como abiertamente criminal persiguiendo a todo tipo de opositores, con la recurrente vulneración de libertades primordiales, y ejerciendo la violencia, como en Irán y en todos estos regímenes, contra mujeres y niñas. Y qué podemos relatar de Marruecos, ese aliado del muy progresista presidente de este sufrible Reino de España, cuya situación social, políticas y económica no mejora respecto a lo anteriormente expuesto y cuya represión de la protesta es igualmente cruenta tratando a seres humanos como piezas de un tablero en cuestiones de inmigración. Son solo unos ejemplos de infinidad de regímenes abominables, pero no me creas a mí si no quieres, al fin y al cabo un ácrata de corte nihilista, que trata de estar en cualquier caso siempre al lado de los oprimidos. Deja a un lado esas descerebradas simpatías, a diestra o siniestra, activa eso cada vez más ausente que es la conciencia moral y el pensamiento crítico e investiga para pensar y concluir por ti mismo.

 

Juan Cáspar

lunes, enero 26

Vuestros muertos

 


Veo en la pantalla

vuestras serias caras de fariseos

y siento ganas de vomitar

cuando guardáis silencio

por vuestros muertos

mientras dejáis

que los cuerpos de los niños

(que no son vuestros,

que no merecen vuestra palabra

ni vuestro silencio)

sean desgarrados por las bombas,

cada día,

allá lejos,

donde enviasteis vuestras banderas

a plantar semilllas de libertad;

eso decíais,

eso seguís diciendo.

Y no se os cae vuestra pétrea cara

de vergüenza

porque la tenéis cosida

con las venas

de los que matasteis.

Y la sangre ya no se va

de vuestras manos

por mucho que las lavéis:

puedo verla

manchando vuestros impolutos trajes

de santos demócratas.

Muchos sabemos ya

que estáis desnudos.

Pero seguís tapando con pueriles mentiras

la evidencia que os condena,

mientras consoláis a los que pierden

a sus hermanos, hijos y amados

en la pira que sólo vosotros encendisteis.

Aún veo la ceniza cubriendo vuestras caras,

manchando la pantalla,

rebosando como pus,

extendiéndose por el suelo de la sala,

llenando mi nariz

con el insoportable olor

de aquellos que murieron

por vuestras acciones y omisiones:

¡VUESTROS MUERTOS!


Manuel Casal Lodeiro

viernes, enero 23

«Un mundo gobernado por la fuerza». El ataque a Venezuela y los conflictos que se avecinan

 

El 3 de enero de 2026 nos despertamos con el bombardeo estadounidense sobre Caracas y el sibsiguiente secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores. Se trata de la detención más cara de la historia, para la cual se movilizaron 150 cazas, otros tanto helicópteros y 200 soldados de los Delta Force. Entre 80 y 100 venezolanos y cubanos fueron asesinados y la hasta entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido el mando del país.

Pese a que la operación viola el Derecho Internacional de forma flagrante, Trump insiste en que está por encima de estas normas y que su único límite es su «moralidad» (de la cual sabemos que anda muy justito). Esto y el hecho de que no haya ocultado que detrás de esta operación está su voluntad de apoderarse del petróleo venezolano constatan que nos encontramos ante la «ley del más fuerte».

«Vivimos en un mundo gobernado por la fuerza, por el poder», afirmó Stephen Miller en la CNN el 5 de enero de 2026, mientras exponía su programa fascista y justificaba la toma de Groenlandia por la fuerza. «Estas son las leyes de hierro que rigen el mundo desde el principio de los tiempos».

 

En la madrugada del 3 de enero, la Administración Trump llevó a cabo una incursión televisada en Venezuela, bombardeando al menos siete objetivos en Caracas y secuestrando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Esta operación culminaba una campaña de presión de un año de duración, durante la cual la administración calificó a los inmigrantes venezolanos en Estados Unidos como «narcoterroristas», intentó aplicar la Ley de Enemigos Extranjeros, bombardeó supuestos «barcos de drogas», confiscó petroleros y desplegó la Marina estadounidense para bloquear Venezuela.

El régimen de Trump acusó inicialmente a Maduro de dirigir el llamado «Cártel de los Soles», una invención tan ficticia como la designación de una supuesta organización denominada «Antifa» —es decir, la totalidad del movimiento antifascista— como organización terrorista. Aunque dos días después revisaron esta acusación para articular un caso legal algo menos endeble, este proceder es característico de su método: comenzar con una narrativa falsa y buscar después los medios para imponerla a la realidad.

Uno de los principales objetivos de Donald Trump era difundir una fotografía de Nicolás Maduro encadenado, evocando las imágenes que las agencias federales han publicado de personas secuestradas por el ICE. En lugar de ofrecer mejoras reales en las condiciones de vida de la población, Trump ofrece a sus seguidores la satisfacción vicaria de identificarse con carceleros y torturadores. Su objetivo es deshumanizar a sus adversarios y desensibilizar al conjunto de la sociedad ante la violencia que será necesaria para sostener su dominio y el propio capitalismo en una era de beneficios decrecientes.

 


Los grandes medios de comunicación corporativos están desempeñando su papel habitual de oposición leal: cuestionan la legalidad de la operación mientras demonizan a Maduro y ensalzan a su rival derechista, María Corina Machado. Para quienes aspiran a oponerse al imperialismo —anarquistas y otros movimientos— resulta imprescindible situar el ataque contra Venezuela en un contexto más amplio, reflexionar sobre qué forma podría adoptar una oposición eficaz e identificar cómo responder.

El manual

El Gobierno de Estados Unidos tiene una larga trayectoria de intervenciones imperialistas en América Latina, que abarca más de un siglo de operaciones contra Cuba, el sangriento golpe militar en Chile en 1973 o la invasión de Panamá ordenada por George Bush padre en 1989. El ataque contra Venezuela se inscribe en la continuidad de iniciativas más recientes: desde las invasiones de Afganistán e Irak bajo George W. Bush en 2002 y 2003, hasta el desmantelamiento, por parte de Joe Biden, del llamado «orden internacional basado en normas» para permitir que Benjamin Netanyahu lleve a cabo un genocidio en Palestina a partir de 2023.

Al mismo tiempo, el programa de la administración Trump supone una ruptura con las formas anteriores. Al apostar por la extracción de recursos mediante la fuerza bruta, sin siquiera la pretensión de una agenda ideológica alternativa, Trump se alinea con Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu en la inauguración de una era de rapiña abierta y desacomplejada.

Aunque los subordinados de Trump han invocado las elecciones amañadas celebradas en Venezuela en 2024 para justificar el ataque, no existe ninguna intención real de promover elecciones libres ni «democracia» en el país. Algunas fuentes sostienen que la oposición liderada por María Corina Machado cuenta con el apoyo de cerca del 80 % de la población venezolana, pero Trump afirma que no dispone del respaldo suficiente para gobernar; presumiblemente, se refiere a la falta de apoyo de las Fuerzas Armadas. Trump preferiría tratar con un régimen autocrático que le fuera directamente leal. Al fin y al cabo, tampoco desea rendir cuentas ante las urnas, ni en Venezuela ni en Estados Unidos.

Trump está recurriendo a la guerra para esquivar una crisis interna. Aunque él mismo y un sector del Partido Republicano llevan tiempo impulsando un cambio de régimen y un refuerzo de la presencia naval en el Caribe, este golpe se ha diseñado para copar la atención mediática y desviar el foco del deterioro de las encuestas y de una serie de reveses judiciales relacionados con sus intentos de desplegar la Guardia Nacional. Paralelamente, las pruebas de su implicación en la red de abusos sexuales y violaciones vinculada a Jeffrey Epstein están empezando a resquebrajar su base de apoyo.

A medida que los autócratas ven amenazado su control del poder, se vuelven más peligrosos e imprevisibles. Las maniobras de Netanyahu para mantenerse a flote frente a sus escándalos de corrupción —incluida su disposición a sacrificar rehenes para prolongar el genocidio— son ilustrativas. Cuando la crisis se cierne sobre ellos, estos gobernantes generan nuevas crisis para distraer a la población. Toda oposición eficaz debe esforzarse por mantener la atención sobre aquello que Trump intenta ocultar. Eso es, precisamente, lo que más teme.

Entendido como una operación mediática, el ataque contra Venezuela es un ataque contra todas nosotras: un intento de intimidar a cualquiera que pudiera resistirse al régimen de Trump, de hacernos aceptar que la violencia estatal seguirá intensificándose hagamos lo que hagamos, de convencernos de que no somos protagonistas de nuestro propio tiempo.

Como ya señalamos en 2025, Trump ha copiado buena parte de su estrategia de líderes autoritarios como Vladimir Putin. Cuando Putin fue nombrado primer ministro en agosto de 1999, sus índices de aprobación eran incluso más bajos que los de Trump hoy. Resolvió ese problema mediante la segunda guerra de Chechenia, que disparó su popularidad. Desde entonces, cada vez que su apoyo se ha desplomado, ha recurrido al mismo patrón: Georgia en 2008, Crimea y el Donbás en 2014, Ucrania en 2022, consolidando progresivamente el control de la sociedad rusa hasta poder enviar a cientos de miles de personas al matadero de la guerra.

Putin ha utilizado la guerra en Ucrania como instrumento de control interno, y en Rusia este control va mucho más allá de la represión de protestas. A medida que empeoran las condiciones económicas, necesita proyectar fuerza y brutalidad constantes, al tiempo que gestiona una población cada vez más inquieta y desesperada. Reclutar a jóvenes de familias empobrecidas del interior para enviarlos al frente sirve para mantenerlos ocupados; si decenas de miles no regresan, tanto mejor: no engrosarán las cifras del desempleo ni protagonizarán protestas. El servicio militar obligatorio también ha empujado al exilio a miles de personas que podrían haber encabezado una revuelta. Es una estrategia que veremos reproducirse en otros lugares a medida que se profundice la crisis global del capitalismo.

La diferencia fundamental es que, aunque Estados Unidos es mucho más poderoso que Rusia, el control de Trump sobre el poder es mucho más frágil que el de Putin. Además, tras las desastrosas ocupaciones de Afganistán e Irak, el electorado estadounidense es hoy mucho menos tolerante con operaciones que pongan en riesgo la vida de soldados estadounidenses.

Trump no es un estratega disciplinado ni coherente. Recurre sistemáticamente a la amenaza y la intimidación, explotando la cobardía y la debilidad de sus interlocutores. Confía en que esa intimidación baste para someter a los gobiernos latinoamericanos sin necesidad de nuevas intervenciones militares. Si fracasa, probablemente recurrirá a tecnología militar, mercenarios privados y otros mecanismos para ejercer la fuerza sin desplegar tropas en el terreno. Pero la guerra, una vez iniciada, impone su propia lógica. Si la administración Trump persiste en este camino, las fuerzas estadounidenses podrían verse arrastradas a un conflicto abierto.

Tras el ataque a Venezuela, Trump y su entorno han amenazado con actuar de forma similar contra México, Cuba, Colombia, Dinamarca y otros países. Sin duda lo harán si creen actuar desde una posición de fuerza; pero incluso si las cosas se tuercen, Trump puede intentar utilizar estas maniobras como cortina de humo para ocultar su debilidad.

El regreso del saqueo

El capitalismo nació al calor del saqueo colonial y, a medida que los márgenes de beneficio se reducen en la economía mundial, los gobiernos están retomando esa vieja estrategia de acumulación.

Esto explica tanto la apropiación territorial de Putin en Ucrania como el intento de Netanyahu de utilizar el genocidio como herramienta de gentrificación, o la última aventura de Trump en Venezuela.

En un documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, publicado en noviembre de 2025, la administración Trump asumió explícitamente un «Corolario Trump» de la Doctrina Monroe, cuyo objetivo es «restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental» para «negar a competidores extrahemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio».

Trump ha bautizado esta estrategia como «Doctrina Donroe», proclamando que «el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado». Se trata, sin duda, del petróleo —Venezuela alberga alrededor del 17 % de las reservas mundiales—, pero también de una pugna geopolítica con China, principal inversor e importador del petróleo venezolano, que adquiere cerca del 80 % de sus exportaciones y ha concedido más de 60.000 millones de dólares en préstamos desde 2007. Esta orientación es anterior a Trump: la revitalización de la Doctrina Monroe, enfocada a competir con China y Rusia en el Sur Global, ya era un eje central de la Comisión 2024 sobre Estrategia de Seguridad Nacional creada bajo la administración Biden. Dicha comisión reclamaba explícitamente disputar a China y Rusia la influencia en América Latina en materia de explotación de recursos naturales y capacidades de proyección de poder. Trump representa el giro autoritario; la lógica económica y geopolítica ya estaba ahí.

En otras palabras, la brutalidad de Trump ofrece a la clase dominante una respuesta a un problema estructural del capitalismo contemporáneo: la evaporación de oportunidades rentables.

El plan de entregar la extracción de recursos venezolanos a empresas petroleras estadounidenses forma parte de una nueva fase de saqueo colonial, caracterizada por la apropiación directa de activos ajenos. Hay que entenderlo en el contexto del estancamiento económico y la financiarización. Históricamente, recuerda a periodos de «caos sistémico», cuando la caída de los beneficios empujó al capital hacia la especulación financiera y el sistema mundial solo logró recomponerse mediante una violencia masiva. El ejemplo más cercano es el periodo 1914-1945, que incluyó las dos guerras mundiales.

No se trata solo del petróleo, sino de reforzar las condiciones que permiten la especulación capitalista en general, y de anticipar una violencia de mayor escala. Estamos entrando en una fase de relaciones basadas en la fuerza desnuda, no en el «imperio de la ley» ni en la diplomacia. Este ataque, como la propia presidencia de Trump, es un síntoma, no la causa.

A diferencia del imperialismo populista del pasado, que redistribuía parte del botín para sostener el consenso interno, el ataque de Trump está diseñado para beneficiar a un grupo cada vez más reducido de capitalistas. La clase media y la clase trabajadora blanca han dejado de ser «socios menores» del proyecto colonial y tienen cada vez menos razones para identificarse con él.

La cuestión del liderazgo

En un primer momento, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez adoptó un tono desafiante, pero pronto dio un giro hacia una retórica más conciliadora. Esto ha alimentado especulaciones sobre una posible disposición a cooperar con el régimen de Trump, o incluso sobre negociaciones ya en marcha.

Existen múltiples escenarios posibles y resulta difícil discernir cuál es el real. Tal vez Estados Unidos haya colocado a Rodríguez ante una situación extrema que esté afrontando con valentía; tal vez existan acuerdos secretos; tal vez ocurra algo distinto. En cualquier caso, la vulnerabilidad del chavismo ante el secuestro de su líder —y la posibilidad de que sectores del gobierno venezolano se conviertan en cómplices del plan de Trump para apropiarse de los recursos del país— pone de manifiesto que toda jerarquía constituye un punto débil para los procesos de liberación.

La historia reciente ofrece ejemplos claros: antiguos gobiernos revolucionarios, como el de Daniel Ortega en Nicaragua, acabaron integrándose forzosamente en el neoliberalismo y aplicando políticas de austeridad y control estatal. Ante estas derrotas, algunas corrientes concluyen que la única soberanía posible pasa por alinearse con Estados fuertes y armados nuclearmente, lo que sustenta el llamado «campismo».

Sin embargo, Rusia y China operan bajo la misma lógica autoritaria y capitalista que Estados Unidos, y quienes las apoyen no tendrán mayor capacidad de influir en sus decisiones. El resultado es la defensa impotente de autócratas genocidas. La alternativa real no es elegir un bando estatal, sino construir una resistencia internacional desde abajo, capaz de trascender fronteras.

Para que esa alternativa sea viable, la población estadounidense deberá desarrollar la capacidad de impedir que su propio gobierno bombardee y saquee otros países.

Qué esperar, cómo prepararse

El ataque contra Venezuela marca una escalada en una guerra indirecta con China. Reconducir la base industrial —incluida la industria tecnológica— hacia la industria bélica es una forma de afrontar el estancamiento económico, pero solo será viable si la administración Trump logra reavivar el «espíritu nacional» y el patriotismo. En este sentido, puede sostenerse que la prisa por asegurar la financiación y expandir la inteligencia artificial busca, en última instancia, moldear una población más dócil, crédula y fácil de controlar.

A corto plazo, cabe esperar que la administración Trump intente de nuevo recurrir a la Ley de Enemigos Extranjeros contra la población venezolana y otros colectivos. El intento anterior de Trump y Miller fue rechazado por los tribunales porque, en aquel momento, Estados Unidos no se encontraba formalmente en guerra. Ahora que han fabricado una guerra, la utilizarán para declarar nuevas emergencias y justificar una escalada represiva. También es previsible un aumento de la violencia racista contra personas latinoamericanas y chinas, así como represalias contra la política exterior estadounidense por parte de actores no estatales o intermediarios, que la administración Trump tratará de instrumentalizar para reforzar su agenda.

Las elecciones de mitad de mandato están previstas para noviembre de 2026. Trump y el Partido Republicano no parten como favoritos, pero el expresidente ha cruzado tantas líneas rojas que no puede permitirse ninguna amenaza a su poder. Ya sea mediante interferencias electorales, fraude o —más probablemente— la creación de crisis que legitimen un estado de excepción, todo apunta a que estas elecciones serán las menos «democráticas» de los últimos tiempos. Confiar únicamente en las urnas no bastará para salir de esta situación.

A medida que Trump se vea acorralado por crisis, escándalos y obstáculos crecientes, su comportamiento será cada vez más violento, errático y peligroso. Esto es una señal de debilidad, pero se trata de una debilidad respaldada por toda la potencia del aparato militar estadounidense. Debemos anticipar enfrentamientos militares de mayor envergadura antes de octubre de este mismo año, incluidos nuevos despliegues de la Guardia Nacional y, quizá, incluso la imposición de la ley marcial.

Las guerras impopulares y carentes de un mandato claro, especialmente aquellas que implican bajas estadounidenses u otros sacrificios internos, pueden precipitar la caída de un régimen. Nuestra tarea consiste en convertir esta guerra —junto con los demás errores de Trump y los conflictos que se avecinan— en una carga insoportable para toda la clase dominante. Hará falta una fuerza popular enorme para desalojar a Trump del poder, por lo que debemos impulsar propuestas igual de ambiciosas y no limitarnos a reclamar un regreso a un statu quo centrista que ya es profundamente impopular. Las personas revolucionarias deben prepararse para superar las maniobras centristas destinadas a estabilizar el Estado sin transformarlo. Aunque ahora pueda parecer difícil de imaginar, los levantamientos y las revoluciones se desarrollan con rapidez: a lo largo de 2024, las revoluciones protagonizadas por la llamada «Generación Z» derribaron regímenes en distintas partes del mundo.

En todo Estados Unidos se han repetido consignas como «No más sangre por petróleo». Sin embargo, Trump ha llegado a la conclusión de que su base social desea ambas cosas: petróleo y sangre. Los movimientos contra la guerra tienden a adoptar un enfoque conservador, centrado en presionar a las instituciones estatales; pero, como ya hicieron administraciones anteriores, el régimen de Trump ha dejado claro que no se siente condicionado por la oposición. En lugar de limitarse a protestas simbólicas y a la formulación de demandas, es necesario construir movimientos horizontales capaces de responder a las necesidades reales mediante la acción directa. Estos movimientos deben centrarse en las condiciones compartidas por la gente común, desde Caracas hasta Minneapolis: pobreza, austeridad, expolio de recursos básicos, control ejercido por mercenarios violentos y gobiernos de magnates que no rinden cuentas. En este sentido, la resistencia contra la Oficina de Inmigración y Aduanas en distintos puntos de Estados Unidos constituye un paso prometedor.

Si, como sugiere Stephen Miller, los gobiernos no representan ni los deseos ni la voluntad de quienes gobiernan; si —como ya debería resultar evidente— no actúan en defensa de nuestros intereses, sino únicamente para acaparar la mayor cantidad de riqueza posible, entonces nadie está moralmente obligado a obedecerlos. La única cuestión es cómo acumular la fuerza colectiva suficiente —el poder popular, el poder horizontal— para derrotarlos.

Apéndice: lecturas adicionales

Como punto de partida, se recomienda consultar «Denunciamos la ofensiva imperialista contra Venezuela», una declaración internacional de organizaciones anarquistas latinoamericanas publicada en diciembre de 2025.

Para profundizar en la situación venezolana, las personas lectoras hispanohablantes pueden acudir al archivo de la ya desaparecida publicación anarquista venezolana El Libertario. Allí se encuentran, entre otros materiales, una evaluación crítica de las organizaciones sociales bolivarianas de 2006 y una recopilación de textos sobre el papel de la industria petrolera en la represión de los movimientos populares de base y su integración en la economía global. Por ejemplo:

«Venezuela forma parte de un proceso de construcción de nuevas formas de gobernanza en la región, que han desmovilizado a los movimientos sociales surgidos en respuesta a las políticas de ajuste estructural de la década de 1990, relegitimando tanto al Estado como a la democracia representativa para cumplir con las cuotas de exportación de recursos naturales hacia los principales mercados mundiales» — Ley Habilitante: dictadura para el capital energético, en El Libertario, nº 62, marzo-abril de 2011.

Desde esta perspectiva, el ataque de Trump contra Venezuela puede entenderse como una continuación contemporánea de ese mismo «proceso de construcción de nuevas formas de gobernanza en la región».

 

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