Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

jueves, octubre 22

El recrudecimiento artificial del poder

 CONTROL VIGILANCIA ANARQUISMO

«Seguimos en el mismo sitio y no encontramos salida: no sabemos guiar el cortejo fúnebre de lo real, del poder, de lo social mismo, implicado también en la depresión en que nos agitamos. Y es precisamente por un recrudecimiento artificial del poder, de lo real y de lo social por lo que intentamos escabullimos».
Jean Baudrillard, Cultura y simulacro, 1978.

 

Vivimos obsesionados con futuros distópicos y escenarios de ciencia ficción mientras ignoramos que todo lo que más tememos forma parte de nuestro presente. La digitalización integral, la transformación del control, la vigilancia y la programación de la vida han cancelado la distancia temporal que separaba el presente del porvenir: la distopía ciberpunk se ha consumado. El futuro ya no es una promesa ni una amenaza. Es una condición operativa del ahora. La proliferación global de tecnologías de vigilancia inteligente, el análisis masivo de datos y los sistemas algorítmicos de decisión conforman nuestra nueva realidad. Este hecho irrefutable ha contribuido a la convulsión de la psique colectiva, propagando la ansiedad en todas las iglesias, incluidas las pequeñas sectas, del amplio Pantone ideológico. El resultado general es una imagen distorsionada de la dominación algorítmica, preñada de todo tipo de credos y —en términos adornianos— una disponibilidad social latente hacia el fascismo.

Esta distorsión nos impide ver la fotografía completa e identificar el problema fundamental que produce: una redefinición antropológica. Al transformar al animal humano (de sujeto políticosocial a nodo de datos optimizable), la dominación impone nuevas lógicas de acumulación económica y control social. Digamos entonces, que las nuevas tecnologías se han convertido en instrumentos ideológicos y económicos que subvierten conceptos y prácticas históricas e impactan directamente en nuestras vidas.

La paradoja es que la mayoría de las personas usuarias de dispositivos móviles lo saben. No obstante, descartan de antemano que la biometría obligatoria y el saqueo constante de datos personales pueda ocasionarles algún problema. Tampoco lo perciben como un modo de autoexplotación. Mucho menos lo identifican como un medio eficiente de control y vigilancia, pese a estar brindando información las 24 horas del día, incluso en modo «apagado» —lo que facilita la geolocalización en tiempo real y la escucha permanente—. Como diría Foucault: «La gente sabe lo que hace; con frecuencia saben porque lo hacen; pero lo que no saben es qué consecuencias tiene lo que hacen».1 Esta reflexión foucaultiana hoy cobra especial relevancia en el contexto de la dominación algorítmica donde nuestras acciones, invariablemente, terminan nutriendo los mecanismos de control y vigilancia del Poder.

La información digital recabada mediante la vigilancia masiva y selectiva de datos cotidianos de consumidores de aplicaciones y publicidad digital con fines de «inteligencia publicitaria» (ADINT, por sus siglas en inglés) está siendo maliciosamente utilizada con otros objetivos. Esta práctica se ha incrementado a nivel planetario de la mano de la economía de la vigilancia de datos personales.

En el marco económico, las empresas que realizan estudios de mercado a través de los datos recopilados de manera anónima en redes sociales, aplicaciones y páginas de Internet, utilizan esta información para «conocer tendencias de consumo», la ubicación exacta de un cliente específico o un potencial comprador, así como sus gustos en relación con las aplicaciones que usa. En el contexto coercitivo («seguridad pública» e «inteligencia militar»), la recolección, clasificación e interpretación de datos a través de softwares y biometría avanzada2 ha puesto en marcha un sistema de rastreo en tiempo real de millones de personas alrededor del mundo con su inmediata clasificación como «negativos», «falsos positivos» o, en su defecto, «amenaza potencial». Asumiendo, de forma invariable, que cualquier persona representa de antemano una amenaza. De tal suerte, todo se reduce a «rastrear, contener y neutralizar».3

Diversas investigaciones han mostrado en fechas recientes que al menos 75 países utilizan activamente tecnologías de IA con fines de control social, incluyendo reconocimiento facial y sistemas de vigilancia predictiva.4 Si bien este método de control se implementó en la mayoría de los países para el «rastreo de contagios» bajo el argumento de «emergencia sanitaria» durante la pandemia de COVID, muchos gobiernos ya habían utilizado estas tecnologías de vigilancia en manifestantes y opositores.

Destacan en esta práctica China, Corea del Sur y Rusia. En el caso concreto de Hong Kong, se registró un notable incremento en el uso de tecnologías de vigilancia con IA durante las protestas masivas de 2019. En Rusia, en el último quinquenio, se amplió de manera significativa la red de cámaras de videovigilancia y sistemas de reconocimiento facial con IA en las ciudades de Moscú y San Petersburgo. En Atenas, Londres, Delhi, Ciudad de México, New York, Washington D.C., Los Ángeles, Minneapolis, Saint Paul, New Orleans, Roma, Santiago de Chile, Tel Aviv y Singapur se observan incrementos similares.

En Corea del Sur, por ejemplo, el uso de reconocimiento biométrico en la represión de manifestantes, opositores y extranjeros, ha experimentado una expansión manifiesta desde diciembre de 2025 tras las medidas que impusieron el reconocimiento biométrico obligatorio para poder activar una línea de telefonía móvil, forzando a los usuarios a cotejar la información biométrica con el documento de identidad.

Desde febrero de 2026, en México es obligatorio como documento de identidad la Clave Única del Registro de Población (incluye huellas dactilares de ambas manos, escaneo de iris, fotografía digital y firma electrónica),5 imprescindible a la hora de realizar trámites (laborales, bancarios, educativos, de salud, entre otros) que requieran verificación de identidad. Al igual que en Corea Del Sur, también ha hecho obligatorio el registro de las líneas de telefonía móvil vinculado a la CURP biométrica, con la advertencia de que se le suspenderá la línea a quien no cumpla con la medida. La justificación oficial para la puesta en práctica del reconocimiento biométrico obligatorio ha sido la búsqueda de personas desaparecidas, la supresión del robo de identidad —a fin de «evitar extorsión y fraude»— y el fortalecimiento de la «seguridad pública». En paralelo, en las principales ciudades de México con mayor concentración poblacional, se ha registrado un preocupante aumento en la instalación de cámaras inteligentes con reconocimiento facial,6 conectadas al Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) en las diversas entidades federativas.

A través de la Autoridad de Identificación Única de la India (UIDAI), el gobierno nacionalpopulista de Narendra Modi ha registrado los datos biométricos del 99.5% de la población adulta del país, contando con más de 1 340 millones de registros. Mediante el sistema Aadhaar se efectúan diariamente millones de autenticaciones en tiempo real para poder acceder a servicios sociales y bancarios. De la mano del control biométrico, India ha expandido en todo su territorio el uso de cámaras de videovigilancia inteligente, convirtiendo al país en uno de los más vigilados del mundo. Es de destacar la ultravigilancia de la ciudad de Hyderabad con más de 500 mil cámaras instaladas (una por cada 30 habitantes). En este sentido, la videovigilancia inteligente es utilizada de forma constante por las autoridades indias para la detección de multitudes, monitoreo de matrículas de automóvil (ANPR) e identificación de «comportamientos sospechosos» en tiempo real, con particular saña contra minorías (musulmanes, sijes, etc.), activistas sociales y opositores al nacionalismo hindú.

Estados Unidos es sin duda uno de los países que más explota las «capacidades tecnológicas» con fines represivos y los ha consolidado como «infraestructura soberana». Su aplicación es una constante en planificación militar, al igual que en investigación policial y, logística, proyección y coordinación de las diversas agencias de seguridad nacional (NSA,ICE, FBI, etc.). La Sección 702 de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés) es una prueba fehaciente del análisis invasivo de los datos de ubicación, de los comportamientos comerciales y las comunicaciones sin necesidad de solicitar una orden judicial para intervenirlas.7

La recopilación de datos comerciales y datos de inteligencia mediante herramientas de IA que cruzan información personal extraída de diferentes plataformas de comercio electrónico (Amazon, Mercado Libre, Magento, Shopify, etc.) y plataformas de billetera digital (PayPal, Google Wallet, Skrill, Apple Pay, Samsung Pay, etc.), con información masiva de distintas fuentes de registro generada en dependencias que emiten documentos oficiales (pasaportes, licencias de conducir, tarjetas de elector, tarjetas del Seguro Social, actas de matrimonio, tarjetas de Medicaid, préstamos para educación superior, etc.), ha facilitado al gobierno estadounidense la construcción de un enorme Estado de vigilancia. Se trata de la puesta en práctica de una doctrina estratégica que intenta imponer el control social en el ámbito local y la soberanía digital con preeminencia global.

En consecuencia, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han implementado un conjunto de tácticas de vigilancia inteligente con el objetivo de «optimizar» la persecución y el arresto de migrantes ilegales. De tal suerte, las redadas y detenciones masivas han estado acompañadas de un incrementando en las detenciones selectivas. Clearview AI y Palantir son los garantes de esta cacería humana. Aunque operan como empresas separadas, sus tecnologías se complementan en los sistemas de vigilancia gubernamental, logrando una sinergia entre la integración y el cruce de bases de datos masivas que realiza Palantir —con el propósito de rastrear objetivos y trazar patrones de conexiones en tiempo real— y el reconocimiento facial que ejecuta Clearview AI —comparando rostros captados por cámaras de vigilancia inteligente contra una base de datos de más de 30 mil millones de imágenes extraídas de las redes sociales e incluso de la nube—.

Este ecosistema de IA, conformado mediante la interacción de las plataformas de ambas compañías (y reforzado con otros proveedores de software de rastreo como la aplicación Mobile Fortify de la NEC Corporation),8 se ha consolidado en un programa avanzado conocido como ImmigrationOS que examina datos biográficos, biométricos y de geolocalización de migrantes con la intención de priorizar las deportaciones. Empero, esta red de vigilancia masiva impulsada por tecnologías invasivas no se limita a rastrear y localizar migrantes ilegales, también está siendo utilizada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y otras agencias gubernamentales, incluido el FBI y las corporaciones policiales locales (estatales y municipales), que utilizan la información generada en base a la «predicción de escenarios». Con este fin, perfilan patrones de vida y monitorean en tiempo real a ciudadanos norteamericanos, con particular saña en el caso de personas racializadas, disidentes sociales, opositores políticos y anarquistas refractarios.

Pero esta cacería ya trascendió fronteras. La nueva política exterior de Washington ha puesto en la mira a los nucleamientos anárquicos que, consecuentemente, impulsan la praxis en todos los confines del Planeta. Así las cosas, el pasado mes de julio en el marco de la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, realizada en el Edificio Harry S. Truman en Washington, D.C., quedaron establecidos los nuevos lineamientos para el combate al «terrorismo político de extrema izquierda», contando con la anuencia de representantes de Alemania, Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, España, Italia, Israel, Perú, Uruguay y otros 56 países.

En la lista confeccionada por el Departamento de Estado norteamericano de grupos «Terroristas Globales Especialmente Designados» (SDGT, por sus siglas en inglés) aparece la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional (FAI/FRI), junto a un par de organizaciones autónomas griegas, entre otros agrupamientos no anarquistas clasificados como «Organizaciones Terroristas Extranjeras» (FTO). En el mismo tenor, esta «estrategia integral contra la amenaza global del terrorismo político de extrema izquierda» ha hecho hincapié en la «desarticulación de las redes de comunicación» mediante tecnologías de vigilancia inteligente. Esto motivó que el día de ayer (26/08/2026) entrara en vigor la Orden Ejecutiva 13224 de la administración trumpista —cumplida por el Departamento de Estado y la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro— que sanciona al colectivo italiano que autogestionaba al servidor Autistici/Inventati por proveer «infraestructura de alojamiento web, correo cifrado y herramientas de comunicación digital a redes violentas de extrema izquierda».9 La nueva medida implementada por la Casa Blanca se suma a la suspensión masiva de cuentas en plataformas de redes sociales (Facebook, Twitter/X, Instagram, etc.) con perfiles anarquistas y millones de hackeos e intentos de hackeos a cuentas de servidores alternativos que se han venido registrando en el último año y lo que llevamos de este.

 

Gustavo Rodríguez,
Planeta Tierra, 27 de agosto

 

  1. Cfr. Dreyfus, H. L. & Rabinow, P. (1982). Michel Foucault. Beyond Structuralism and Hermeneutics, Chicago: University of Chicago Press, Trad. Propia. pp. 187.( Consultado 25/8/2026). ↩︎
  2. La biometría avanzada es la tecnología que conjuga la biometría fisiológica (altura, complexión, reconocimiento facial, estructura del iris, tono de voz, huellas dactilares, morfología de la mano, etc.) con la biometría del comportamiento (trazos frecuentes en la caligrafía, velocidad y fuerza de las pulsaciones del teclado, movimiento del mouse o pad, ubicación del dispositivo, idioma utilizado, etc.) como método de autenticación de una persona a través de patrones únicos.  ↩︎
  3. Tal es el caso de Webloc, el sistema de vigilancia por geolocalización basado en publicidad. Desarrollado por Cobwebs Technologies (ahora a la venta por PenLink, tras la fusión de ambas compañías en 2023). Según la documentación consultada por los investigadores Wolfie Christl , Astrid Perry , Luis Fernando García , Siena Anstis y Ron Deibert, Webloc proporciona acceso a un flujo constante de registros de más de 500 millones de dispositivos móviles en todo el mundo, que incluyen identificadores de dispositivos, coordenadas de ubicación y datos de perfil obtenidos a través de aplicaciones móviles y publicidad digital, monitoreando la ubicación, los movimientos y las características personales de poblaciones enteras con una antigüedad de hasta tres años. En base a un análisis técnico realizado por los investigadores de Citezen Lab, se identificó que servidores afiliados a Cobwebs Technologies se encuentran en numerosos países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Países Bajos, Alemania, Suecia, Noruega, Italia, Francia, Irlanda, Hungría, Polonia, Chipre, México, Colombia, Brasil, Australia, Japón, Singapur, India, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Kenia. Se desconoce si la ubicación de estos servidores corresponde a clientes ubicados en dichos países. Cfr: Descubriendo Webloc: Análisis de la tecnología de vigilancia por geolocalización basada en anuncios de PenLink. (Consultado 25/ 8/2026). ↩︎
  4. En la versión completa del Índice también puede consultarse un mapa interactivo con la clave del índice que muestra visualmente la difusión global de la tecnología de vigilancia de IA. (Consultado 25/8/2026). ↩︎
  5. Toda la información biométrica está asentada en la Plataforma Única de Identidad, creada exprofeso por la Secretaría de Gobernación. Con el fin de su «actualización en tiempo real», la «Plataforma» está conectada a la Secretaría de Seguridad Pública y a una red de dependencias gubernamentales ↩︎
  6. Los estados de Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Jalisco, Puebla, Oaxaca y la Ciudad de México (CDMX), han abusado del reconocimiento facial en la identificación de personas que participan en protestas. Sólo en la Ciudad de México se incrementó de 15 mil cámaras de vigilancia en 2018 a 63 mil en 2023. Con la puesta en marcha del programa «Ojos que te cuidan», en 2025 aumentaron a 113 mil 814 cámaras instaladas. Con motivo de la celebración del juego inaugural del Mundial de Futbol, durante el breve período de enero a marzo de 2026, las autoridades incrementaron estrepitosamente la videovigilancia, alcanzando la alarmante cifra de 120 mil cámaras. El objetivo, según las autoridades, es llegar a instalar 150 mil para convertir a la Ciudad de México «en la ciudad más videovigilada del continente americano, duplicando además el número de cámaras de la ciudad de Nueva York y triplicando las que tienen Chicago y Río de Janeiro». Paradójicamente, la evidencia muestra lo contrario: la alcaldía Iztapalapa, en 2020 presumía la operación de 2,293 cámaras, sin embargo, «fue el municipio con más secuestros en el país entre octubre de 2019 y octubre de 2020, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública».  Cfr. Ojos que vigilan. (Consultado 26/8/2026). ↩︎
  7. Si bien la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA) fue originalmente promulgada en 1978 con la intención de regular la vigilancia física y electrónica, así como la recopilación de inteligencia extranjera dentro de los Estados Unidos; con la aprobación en 2008 de la Sección 702 se le permitió a las agencias gubernamentales recopilar las comunicaciones de extranjeros en el extranjero, pero también recopilar mensajes, correos electrónicos y otras transmisiones de estadounidenses que se comunican con extranjeros, lo que ha sido aprovechado por el ICE para poner en práctica la cacería humana en desarrollo. ↩︎
  8. La Nippon Electric Company es una multinacional japonesa de tecnología y telecomunicaciones con sede en Minato, Tokio y una fuerte presencia global a través de subsidiarias en Argentina, Austria, China, Malasia y México. Es pionera en el desarrollo de soluciones de Tecnologías de la Información (software y hardware diseñados para «resolver problemas específicos»), redes 5G, identidad digital y ciudades inteligentes. (Consultado 26/8/2026). ↩︎
  9. Los detalles jurídicos y la lista de sancionados se pueden verificar en el comunicado oficial del U.S. Department of the Treasury y en el registro de acciones de la OFAC. (Consultado 27/8/2026). ↩︎

lunes, octubre 19

Porque


 

porque defender la tierra

no es delito

porque una constitución

no es techo seguro

porque los desahucios

no ponen orden

solo matan

porque un paquete de inversiones

no justifica un genocidio

porque un sueldo

no debería ser una mordaza

porque es la mujer

no el juez

la que debe dar su consentimiento

porque una paliza

no es un acto de amor

porque con un crucero de lujo

no desviamos la mirada hacia las nubes

como sí hacemos cuando se trata

de pateras a la deriva

porque la tierra

no necesita dueños

sino manos

porque la Luna o Marte

no nos pillan tan cerca como Gaza

o los campamentos de refugiados saharauis

porque la locura

no tiene contenedor propio

en el punto de reciclaje

porque no hay película de terror

que supere lo que ocurre

en algunas residencias

porque el camino a una cita

para regularizar tu situación

no debería ser un campo de minas vestidas de azul

porque los huesos en las cunetas

no prescriben

porque una muerte en acto de servicio

no es más que otra

como consecuencia de un accidente laboral

porque el éxito planetario de unos pocos

no puede eclipsar los esfuerzos diarios

de millones de nadies

 

el lector puede añadir aquí

si tiene un momento libre

su propuesta

 

porque nos tenemos olvidados

 

porque seguimos siendo muy pocos

para contener la avalancha

 

porque demasiado tiempo

hemos callado                  

                  


Pablo Iráculis. Paisajes Vetados. 2026

viernes, octubre 16

¿Existe algo como un «alto el fuego»?

 ACRACIA ANARQUISMO NIHILISMO

Hoy, en este inefable país que llamamos Reino de España, se estrena en salas comerciales el documental NAZA, que recoge la matanza sistemática de civiles palestinos por parte de las fuerzas armadas israelíes. Al parecer, de manera estremecedora, el título alude a unas palabras en hebreo (nezek agavi), usadas por el Ejército de Israel para prever la cifra de víctimas civiles en un ataque aéreo (daño colateral, lo llaman). La película, rodada en Tel Aviv por israelíes, revela también el papel de los funcionarios del gobierno en el genocidio a través de multitud de entrevistas con soldados y agentes de inteligencia. Como era de prever, el film está prohibido en Israel y sus directores han sido acusados de traición, esa palabra que tanto gusta a los gobiernos criminales usando un lenguaje repulsivamente militarista. Los responsables de NAZA han declarado que no temen tanto al gobierno, como a parte de la sociedad civil israelí, aunque me congratula conocer que también han recibido multitud de apoyo por parte de personas y organizaciones internacionales (y también israelíes). ¿Alguien, en su sano juicio moral, puede sostener que una obra así pueda estar manipulada? ¿Alguien, a estas alturas, puede dudar que lo que se está perpetrando en Gaza es una masacre, asesinato masivo, genocidio o como diablos lo queramos llamar? Parece que vivimos en tiempos muy oscuros para, sencillamente, denunciar lo que es evidente, pero ya hay situaciones que se caen por su propio peso.

Desgraciadamente, en un mundo plagado de imágenes que nos distancian de la realidad, nos estamos acostumbrando mediáticamente al horror, a contemplar innumerables muertos por la mano humana. Por obra, por supuesto, de los diversos poderes establecidos, aunque desgraciadamente con la connivencia o la equidistancia (ese concepto tan nefasto) de gran parte de aquellos espectadores sin la conciencia bien oxigenada. El 7 de octubre de 2023, Hamas perpetra un ataque sobre territorio israelí donde no puede negarse que hubo cientos de víctimas, aunque también desencadenó una buena cantidad de bulos bien difundidos, en un mundo que tiende a la polarización de manera descerebrada, por la autoridades israelíes y sus poderosos aliados. Por mucho que condenemos dicho ataque (algo que debería ser normal, no justificar muertes, mucho menos de civiles), y los realizadores de NAZA han tenido que hacerlo para evitar críticas, no puede desvincularse de lo que son muchas décadas de hostigamiento del Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Los asesinatos de Hamas fueron la perfecta excusa para que el gobierno encabezado por Netanyahu iniciara todo un proceso de exterminación de la población en Gaza, de inflingir un sufrimiento indescriptible a víctimas civiles. Existe cierta investigación reciente por parte de un periódico de Israel, que asegura que el Ejecutivo israelí (no lo olvidemos, al frente de un poderoso Estado militarizado) habría estado advertido del ataque, aunque desconozco si tiene una base rigurosa.

¿Alguien, no contaminado por ese subterfugio inicuo que alude a la complejidad de los «conflictos», puede seguir negando una masacre masiva? En Gaza, habitan unos dos millones de personas hacinadas en 365 kilómetros cuadrados, y todos ellos (antes, incluso, de aquel 7 de octubre de 2023) han vivido el horror como una realidad cotidiana. Desde el inicio de los ataques israelíes poco después de esa fecha, el número de fallecidos gazatíes estriba entre 75.000 y 77.000 palestinos, aunque son cifras que seguirán negando algunos. Hoy, han pasado ya más de tres años y el ejército israelí, a pesar de que eso apenas ocupe ya titulares y espacio en la prensa generalista, continúa bombardeando el lugar y produciendo víctimas. Hace cosa de un año, de cara a la galería hubo un «alto el fuego» que obviamente no ha sido respetado y se habla de más de 1.400 asesinados desde entonces, con varios miles de heridos y con la mayor parte de edificios y recursos destruidos. Como no ha habido avance alguno para la paz, de manera también evidente, Hamas no ha abandonado tampoco las armas. Y así seguimos en un repulsivo mundo plagado de conflictos bélicos que sufre la población civil. Permanece esa inicua lucha por la narrativa, aunque esta sea de un maniqueísmo pueril fácilmente desmontable, y Netanyahu continúa apelando al derecho de Israel para la «defensa».

A finales de este mes de octubre, se producirán nuevas elecciones en Israel y, aunque el gobierno actual solo haya exacerbado los crímenes sobre los palestinos, muchos esperan que Netanyahu y compañía sean desbancados. Esperemos que no cambie todo para que todo, más o menos, continúe igual. Mientras tanto, producido ya el tercer aniversario del genocidio en Gaza, y a pesar de ciertos gestos, gran parte de la comunidad internacional, teniendo en cuenta los poderosos aliados que tiene Israel, parece mirar hacia otro lado. Ya he afirmado en otras ocasiones que, para este sapiens nada imparcial que suscribe, pertinazmente ácrata y algo nihilista, el derecho internacional es más bien una pantomima, así como que las instituciones que presuntamente lo sustentan están condicionadas o directamente subordinadas a los diversos intereses de los poderes establecidos. Como también sostengo a menudo, si de modo obvio no podemos confiar en institución jerarquizada alguna, toda la responsabilidad recae sobre nosotros, la población civil, para seguir evidenciando y paliando en la medida de lo posible las acciones criminales de toda maquinaria bélica puesta en marcha por los Estados. Es una doble vertiente, denunciar de manera concreta las atrocidades de los fuertes, a nivel político y económico, sobre los débiles en cualquier parte del mundo, y seguir trabajando por un mundo solidario y sin fronteras.

 

Juan Cáspar

sábado, octubre 10

El relato libre y alegre de Ursula K. Le Guin frente al del asesino

 

 

Reseña de La teoría de la bolsa de la ficción, de Ursula K. Le Guin (Rara Avis, 2023)

 

¿Qué es más atractivo: una recolectora envejecida que puede dedicar quince horas semanales a su subsistencia (buscando semillas, brotes, raíces, hojas o nueces) y disponer así de tiempo para muchas otras cosas o el hábil cazador que se enfrenta a grandes mamíferos y vuelve tambaleándose con un montón de carne, mucho marfil y un buen relato? Para la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin, autora de La teoría de la bolsa de la ficción, y su prologuista, la filósofa Donna J. Haraway, la respuesta es clara y no es la propia del patriarcado ni del capitalismo. «No fue la carne lo que marcó la diferencia, fue el relato» y, por ello, resulta imprescindible poner la historia de la vida y de la naturaleza en el centro.

Le Guin, quien se enfadó profundamente al comprender la importancia política de firmar con su propio nombre para visibilizar el trabajo de las mujeres, desarrolló una producción literaria tan vasta como influyente. Entre sus más de veinte novelas, un centenar de relatos, una docena de libros de poesía, traducciones y obras infantiles, La teoría de la bolsa de la ficción, publicada por primera vez en 1988 con el título original The Carrier Bag Theory of Fiction, destaca como una pieza fundamental de su pensamiento.

En este ensayo, traducido por Luciana Chieregati e Ibon Salvador e ilustrado con seis dibujos especialmente confeccionados para la edición de Rara Avis (2022) por Martín Farnhoc Halley, Le Guin bebe de la teoría de la bolsa de la evolución humana. Formulada por la antropóloga Elizabeth Fisher en Women’s Creation, sostiene que, mucho antes que el cuchillo o el hacha, la bolsa fue el primer invento cultural, ya que permitió transportar la carga y llevar la energía de vuelta a casa. «Esta teoría no solo (…) evita grandes áreas de absurdos teóricos (habitadas en gran parte por tigres, zorros y otros mamíferos altamente territoriales); también me enraíza, personalmente, en la cultura humana como nunca antes me había sentido enraizada», escribe Ursula K. Le Guin.

De Elizabeth Fisher a Lillian Smith, y en abierta contraposición a los postulados de Freud, la autora señala que «la mujer es, en realidad, ‘su falta de lealtad a la civilización’». Esa civilización a la que aluden muchos teóricos no es la propia de la recolectora envejecida, sino la del hombre dedicado a golpear, clavar, forzar y matar.

Ese asesino, frecuentemente elevado a héroe, es la figura de la que Le Guin se aleja de forma radical en esta obra de menos de cincuenta páginas. Frente a él, propone la importancia del uso de objetos sencillos, capaces de transportar lo útil, lo comestible o lo hermoso, como son la bolsa, la cesta, el trozo de corteza, la hoja enrollada o la red de pelo. Es el relato de una heroína cotidiana, colectiva y anónima, libre y alegre, frente al relato del héroe asesino.

«Es el relato el que hace la diferencia», concluye con rotundidad la autora, consciente de que, como también advierte Haraway en el prólogo, «el problema es que todos nos hemos dejado convertir en parte del relato del asesino, y así puede ser que terminemos junto a él». Por ello, Le Guin propone, con un claro sentimiento de urgencia, buscar en la naturaleza, en el sujeto y en las palabras del otro relato, en la historia de la vida.

Y va aún más allá, como hiciera Virginia Woolf en el «Glosario» de Tres guineas, texto que la autora recupera para resignificar la figura del héroe como botella en una «revisión punzante», en sus propias palabras. La historia de la botella, como la de la bolsa y la de la naturaleza, se ha contado durante siglos, aunque de formas no hegemónicas. Entre ellas, Le Guin destaca los mitos de creación y transformación, los relatos pícaros, los cuentos populares, los chistes y las novelas.

Son precisamente las novelas, y en especial las de ciencia ficción, las que ocupan buena parte del cierre de este ensayo breve y de la vida literaria de Le Guin, al considerarlas relatos estructuralmente no heroicos.

Autora también de obras clave de la fantasía y la ciencia ficción, como las del ciclo de Terramar (Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuan, La costa más lejana, Tehanu y En el otro viento) o del ciclo del Ekumen (El mundo de Rocannon, Planeta de exilio, La ciudad de las ilusiones, La mano izquierda de la oscuridad, Los desposeídos, La palabra para mundo es bosque y Cuatro caminos hacia el perdón), Le Guin ha sido reconocida como una fuente de inspiración por autoras posteriores, como Margaret Atwood.

Más actual que nunca, Ursula K. Le Guin concluye su propio relato libre y alegre en La teoría de la bolsa de la ficción de manera esperanzadora, porque «todavía hay semillas que recoger y espacio en la bolsa de las estrellas».


Ruth de Frutos

Periodista e investigadora especializada en derechos humanos

domingo, octubre 4

A propósito del criminal «científico» Vallejo-Nágera

 ACRACIA ANARQUISMO NIHILISMO

 

Acaban de retirar, transcurrido ya más de un cuarto del siglo XXI, los honores (o algo similar) a Antonio Vallejo-Nágera, el que tiene el grandioso honor de ser considerado “el mengele español”. Efectivamente, este médico y comandante militar puso todo su talento al servicio del fascismo hispano con prestigiosos cargos durante la cruenta dictadura franquista, puede decirse que fue una de las personalidades que se esforzó en garantizar el horror del orden instituido. Que haya tenido que pasar más de medio siglo desde la muerte del genocida Franco, y después de varias décadas de supuesta democracia, para que se anule el “prestigio” institucional de tantas figuras y se insista en lo moralmente evidente, dice mucho de esa pertinaz farsa que fue la Transición y de esas ataduras que sigue teniendo el sistema político, económico y también científico al llamado Régimen del 78. Sin embargo, echemos un vistazo a la historia reciente. Hay que decir que la concepción eugenésica del criminal Vallejo-Nágera, por supuesto una exacerbación ultrarreaccionaria de las tesis de la época, tampoco era una rara avis en la sociedad española. La supuesta ciencia, tantas veces, se ha puesto al servicio de las políticas de Estado para establecer la categoría de lo que no es “normal” y tratar de evitar la “degeneración”, cultural o biológica, de la raza; puede decirse, sin ambages, que en la sociedad contemporánea se ha producido cierta concepción racista de la ciencia. De esa manera, ciertos «científicos» intervienen para prevenir conductas, efectivamente, “anormales” y tratar de que el conjunto de la población acepte el sistema imperante. Para el caso que nos ocupa, el de este inefable todavía hoy Reino de España, y a propósito de este impresentable auge reaccionario actual, esta visión racista tiene mucho que ver con ese horror denominado “hispanidad” (recordaremos cómo este vocablo acabó sustituyendo al de, sencillamente, “raza” y quizá vayamos encontrando esos vínculos con la actualidad).

Vallejo-Nágera se basó en las tesis eugenésicas de la época para darle una perspectiva más cultural que biológica en función de eso llamado “Hispanidad”. Así, se pretendía asentar un determinado modelo individual del pasado (esa necedad del «caballero español») dentro de un contexto aristocrático, militar y católico en el que la ausencia de igualdad debía ser un dogma de fe en la sociedad humana. Ya durante la guerra incivil, provocada por generales facciosos, este inicuo psiquiatra se propuso, mediante experimentos con presos políticos, indagar en el origen psiquiátrico de ciertas ideas y demostrar la inferioridad mental de todos los opositores a las reaccionarias tesis que se pretendían imponer. Hay que decir que esta gente era tan profundamente perversa, dogmática e imbécil que, en un país donde la fuerza política mayoritaria era anarquista, el objeto de sus viles indagaciones y crueles experimentos era el “marxismo”, tal y como rezan la mayoría de sus títulos para tratar de anular la adhesión a, para ellos, dicha “ideología”. Lo que obviamente se quiso legitimar, violando toda dignidad humana para hablar de perfiles temperamentales degenerativos y de una incapacidad para adoptar la verdadera doctrina reaccionaria, era una concepción cultural e ideológica de los que se habían alzado manu militari, teniendo a Dios de su lado, contra todo intento de una sociedad más justa, libre e inteligente. Se pretendía el establecimiento de un orden natural y moral basado en ciertos mitos de la tradición hispana. Insistiré, tomemos buena nota dado el crecimiento actual de una ultraderecha en este indescriptible país, que con seguridad nunca se fue del todo. Vallejo-Nágera, y tantos otros “intelectuales” y “científicos”, dieron lugar a reformas sociales fundamentales, las cuales supusieron enormes violaciones de los derechos humanos, para asentar ese concepto cultura de la «Hispanidad» (que tanto se sigue usando hoy en día) y asegurar que el que no la abrace viene a ser un modelo negativo que hay que erradicar. Algunos bodoques fachas, hoy en día, aseguran que Franco no era Hitler (tal vez, este asesinó de manera más efectiva, pero la categoría de genocidas viene muy bien a ambos dictadores), pero Vallejo-Nágera se ganó a pulso el apodo de “el mengele español”.

Efectivamente, el objetivo era dar lugar a la raza perfecta hispana dejando fuera a aquellos otros que no quisieran o no pudieran serla. Por supuesto, se pretendía un sistema totalitario basado en “nosotros” y “ellos” (los opositores) para intervenir con políticas estatales para mejorar la raza y establecer cruentos castigos para todos los que consideraran “enfermos mentales”, “fanáticos”, “ateos” o cualquier otra categoría ideológica o cultural que no se ajustara a sus propósitos. Al ganar la maldita guerra, Franco y sus secuaces llevaron a cabo políticas también para apropiarse de los hijos de todos aquellos derrotados que no se ajustaran a su repulsiva civilización occidental y cristiana. Claro, los chavales podían estar sujetos a un ambiente “amoral” en hogares de familias ateas, anarquistas, comunistas, liberales o meramente republicanas, de todos aquellos que cuestionaran el orden moral. En definitiva, Vallejo-Nágera, entre otros criminales “científicos, proporcionaron una justificación al franquismo creando un marco legal de verdadero exterminio de toda una generación, acabando con toda su influencia ideológica y asegurándose de acabar tutelando y adoctrinando a sus descendientes. Algunos perezosos intelectuales, o directamente estúpidos, con la cantinela habitual, asegurarán que todo esto forma del pasado y no hay que insistir en ello. Lo que ocurrió en este inenarrable país, con tantas décadas de un régimen retrógrado, fue quizás una anomalía al triunfar una forma de fascismo. Cabe preguntarse hasta qué punto hoy, en una sociedad solo aparentemente libre, todavía estamos pagando esos residuos de un pasado explícitamente autoritario. Al margen de esa cuestión y de ciertas maniobras institucionales actuales, de lo que se trata es de indagar y explicar tantas formas nocivas del pasado que influyen en la actualidad. Es una manera de abrir un horizonte para, sin dogmas de ningún tipo, averiguar lo que podemos ser, en función de los mejores valores, esta especie peculiar que llamamos sapiens. Palabras de un ácrata algo nihilista.

 

Juan Cáspar

jueves, octubre 1

El advenimiento de la ilustración oscura

 pensador

Se me escapa un poco, lo admito, estos conceptos de nuevo cuño. De lo que estoy totalmente seguro es que el género humano, esta peculiar especie llamada sapiens, resulta más que cuestionable y se multiplican los hijos de su madre. Vayamos con ese engendro altamente pernicioso que denominan ilustración oscura, que al parecer empezó a forjarse ya tiempo atrás, aunque haya recibido ese nombre concreto hace no tanto. Sí, lo habéis adivinado, esta corriente o movimiento, o lo que demonios sea, se autodefine como la antítesis de la Ilustración. El epítome de todo movimiento neorreaccionario, tradicionalista y a la vez futurista (¿no era eso el antiguo fascismo?). Si los valores ilustrados, con su idea del progreso hacia un mundo más justo, libre e igualitario, solo podemos ponerla en cuestión bien entrado un siglo XXI plagado de atrocidades, ahora una poderosa gentuza empieza a promover valores que son justo todo lo contrario. Aclararé algo, y valga esto también para todos aquellos que atacan la posmodernidad como si fuera también una corriente ideológica nociva que algunos quisiéramos abrazar, si muchos señalamos que esa visión teleológica hacia poco menos que un paraíso terrenal resultó terriblemente falaz, ello no significa en absoluto que no haya que seguir trabajando y construyendo un mundo basado en esos valores, reivindicando una razón crítica con un horizonte amplio vinculado al ámbito moral. Tal y como yo lo veo, fue el anarquismo es que radicalizó ampliamente en aras de la emancipación todo lo surgido en la ilustración, aquello que pareció forjar una modernidad que finalmente se mostró incapaz de desterrar el absolutismo, y ahora nos encontramos en una época muy diferente donde hay que buscar nuevas prácticas libertarias ajenas a cualquier asomo de dogmatismo.

Dicho esto, para que no se confunda una cosa con la otra (lamento tener que aclararlo, pero sobran los bodoques en este mundo que sufrimos), vayamos con la basura esa perniciosa de la ilustración oscura. Efectivamente, se trata de un movimiento neorreaccionario, surgido de la inicua mano de esos magnates tecnológicos, donde me pierdo un poco cuando algunos filósofos lo emparentan con el llamado anarcocapitalismo. Primero, que juntar en un mismo vocablo anarquía y capitalismo es, sencillamente, un maligno oxímoron; luego, que estos fulanos no pretenden en absoluto acabar con el Estado, sino sustituirlo por una suerte de gran corporación con grandes ejecutivos al frente. Hay quien sostiene, y puede que esté de acuerdo, en que todo este auge reaccionario (con diferentes rostros, pero tan iguales en el fondo) no es solo una reacción social y cultural frente al progresismo (sea lo que sea eso a estas alturas), también se trata de una profunda transformación, una más, del condenado capitalismo. Se dice que los promotores de este reverso ilustrado escribían hace años en internet, especialmente en blogs o ámbitos similares, para pasarse luego a ese vertedero intelectual que son las redes sociales; nos sonará mucho su modus operandi que resulta en firmar bajo seudónimo, utilizar un lenguaje vulgar ajeno a lo académico o, en general, hacer uso del troleo, todo con el objetivo de desarrollar una contracultura del wokismo o de esa ideología progresista.

Pero, insistiré con lúcida pertinacia, no se trata únicamente de ese ámbito contracultural tan irritante y malévolo, también de algo que tiene una dimensión mucho mayor y que obviamente supone una nueva mutación del liberalismo entendido en su concepción más nefasta (si queremos llamarlos así, pueden ser los pseudolibertarios). A menudo, Estados Unidos se ha presentado como el máximo representante de la democracia liberal, frente a antaño la Unión Soviética o ahora la propia China, aunque se haya esforzado en destruir toda profundización democrática y social cuando haya perjudicado sus intereses; ahora, con el enloquecido Trump puede que estemos en una nueva fase al respecto. Milei sería otro ejemplo sobre esta suerte de ilustración oscura, aunque no quiero abundar en demasiados nombres que solo invitan a una confusión aún mayor al estar sujetos todos ellos a sus propios contextos. Y es que aunque estos gobernantes reaccionarios actuales, cada uno con sus características, acaben siendo desbancados, es posible que a nivel mundial no haya que desdeñar en absoluto la influencia de estos gigantes tecnológicos que promueven, incluso, que la democracia liberal ya no es necesaria. Neofascismo, tecnofascismo, tecnofeudalismo… diversos nombres para un auge reaccionario que, efectivamente, adopta diversos caras para puede que unirse en todo un ámbito autoritario y explotador.

Si la derecha más extrema se esforzaba antaño en apelar a los perversos mitos nacionales y a las muy cuestionables tradiciones históricas, ahora parecen que se fusionan con una fascinación por las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y toda suerte de dislates futuristas. Lo que resulta indudable es que esta nueva o vieja ultraderecha es el rostro más fiero de esa visión acerca de que una autoridad coercitiva es esencial en toda sociedad humana, ya sea en forma de Estado o de grandes corporaciones jerarquizadas. Y es que si en mi entrada anterior reflexionaba sobre que la tecnología no es en absoluto neutra, ahora la gente más poderosa del planeta promueve que la misma puede proyectarnos hacia un futuro aún más aterrador, con una perversa idea de la libertad que encubre el sometimiento de muchos y la más inaceptable desigualdad (vamos, una exacerbación de lo que ya sufrimos). Resulta doblemente aterrador que esta nueva derecha se haya presentado mediáticamente, además, como los nuevos rebeldes contra un sistema que ellos observan como impregnado de ideología progresista y de ahí también ahora esa estupidez de la ilustración oscura. Son tiempos duros y extraños, y desde la perspectiva de un horizonte libertario (el de verdad, el que une la libertad a la solidaridad en un contexto antiautoritario) hay que evitar toda confusión con unos valores y una praxis nítidos. Procuremos que así siga siendo.

 

Juan Cáspar

Resistencia

 



Y después de haber errado

continuar caminando,

insistir hasta encontrar

el rastro de la imagen

que dé figura

y sentido a la travesía,

aceptar el desafío

que supone descifrar señales

con las que designar utopías,

atravesar la extensión sin fin

de este desierto vacío

y la palabra que lo nombra

para al final

encontrarnos con la nada,

esa callada compañera de viaje

que marca el rumbo

de todos los desposeídos de la tierra,

esa remota posibilidad

que es un instante sin tiempo,

un lugar sin espacio.

 

 

Alfredo Saldaña. Malpaís. Ed. La Isla de Siltolá, 2015

lunes, septiembre 28

El recuerdo de ayer para los retos de hoy. 25 años desde el G8 de Génova

 

Hay acontecimientos que marcan un punto de inflexión en la historia, tanto si hablamos de la Historia con “H” mayúscula como de historias personales. Para la generación que se inició en la militancia con la ola de 1968, fue sin duda la masacre de Estado de la Piazza Fontana; para muchos de mi generación, fueron las jornadas del G8 en Génova en julio de 2001. No pretendo, ni mucho menos, comparar ambos hechos, que tuvieron una gravedad, unos contextos y unas dinámicas completamente diferentes, pero ambos marcaron para muchas personas el momento de la “pérdida de la inocencia”. Y por eso, aunque hayan pasado veinticinco años, el recuerdo ardiente de aquellos días sigue presente como algo vivo, como si fuera ayer. Por eso es importante hablar de ello y reflexionar, aunque el mundo, mientras tanto, haya cambiado radicalmente, en muchos aspectos a peor.

Para hablar de Génova hay que referirse a aquel movimiento transnacional que se denominó “No global”, sobre todo en los medios de comunicación convencionales. Aunque ya existía de forma clandestina desde hacía tiempo, adquirió resonancia mundial por las protestas contra la cumbre de la OMC (Organización Mundial del Comercio) celebrada en Seattle a finales de noviembre de 1999, cuando decenas de miles de personas salieron a las calles con la intención de protestar y bloquear por todos los medios posibles esa reunión de los poderosos de la tierra. Entre el ruido de los escaparates rotos y las barricadas contra la policía, entre los gestos de quienes ayudaban a aliviar los efectos de los gases lacrimógenos y los desfiles irreverentes del “ejército de payasos”, un nuevo, poderoso y multifacético movimiento internacional se imponía en la escena para desafiar a los amos del mundo. A partir de ese momento, allá donde se celebrará un foro de organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OCDE, OTAN, etc.), decenas y, a veces, cientos de miles de personas se manifestaban y asediaban los lugares físicos donde se celebraban las cumbres.

 

Además de su difusión por todos los continentes, la otra característica importante de aquel movimiento fue su capacidad para mantener unidas no tanto las ideas como las distintas prácticas de la calle. De hecho, con modalidades diferentes en cada ocasión, durante casi dos años no se produjo esa devastadora división entre “buenos” y “malos”, la pesadilla de tantas movilizaciones, sino una pluralidad de enfoques que lograban convivir: desde el “ejército de payasos” hasta la marcha pacifista, desde el “black bloc” hasta la huelga sindical. Las instituciones respondieron con una violencia creciente, hasta llegar a marzo de 2001, cuando las protestas contra el Foro Global de Nápoles terminaron con una masacre policial en la plaza Plebiscito y con las torturas a los detenidos trasladados al cuartel Raniero, y en junio de 2001 en Gotemburgo, cuando un policía disparó tres balas en la espalda a un manifestante de 19 años que, por suerte, sobrevivió. Un claro anticipo de lo que sucedería en julio.

El G8 de Génova debía representar, en la mente de muchos, el punto álgido de aquel movimiento y, en cambio, marcó su fin, junto con el atentado contra las Torres Gemelas en septiembre de ese mismo año.

Una de las causas fue que las numerosas personas que se reunieron en el Genoa Social Forum —la red que organizó la contracumbre— reprodujeron, de hecho, las viejas lógicas hegemónicas y autoritarias de los aparatos políticos y sindicales, sin hacer suyas aquellas nuevas formas de acuerdo y de compartir prácticas propias del movimiento antiglobalización en otros países.

Así fue como la violencia estatal, desplegada en toda su ferocidad, pudo tener vía libre para dividir el movimiento e infundir dudas y recelos. Y ello a pesar de que la orden de intervención de las “fuerzas del orden” estaba clara desde la mañana del viernes 20 de julio: masacrar a todo el mundo sin vacilar. El asesinato de Carlo Giuliani, las palizas salvajes en las calles, las torturas de Bolzaneto y la masacre en el instituto Díaz no fueron “accidentes”, sino el resultado de una puesta en escena planificada desde hacía tiempo. Una lección práctica de democracia real, más eficaz que mil discursos subversivos. A pesar de ello, muchas voces de la izquierda pacifista e institucional seguirán hablando, a lo largo de los años, de una democracia traicionada.

 

Los “Anarquistas contra el G8”, a los que se sumaban buena parte de los anarquistas y anarquistas de lengua italiana que acudieron a Génova, decidieron pasar de largo ante el asedio a la zona roja donde se encontraban los jefes de Estado y manifestarse, en cambio, en Sampierdarena, en la Génova proletaria, la de las grandes luchas obreras.

Apostamos por la huelga general, creamos comités de huelga en varias ciudades que dieron lugar a asambleas territoriales. Apostábamos por la radicalidad de los objetivos y por el arraigo social. En el número de Umanità Nova que se distribuyó en Génova escribíamos:

“Las manifestaciones internacionales, como la de hoy en Génova, han sido y serán importantes porque logran poner de relieve el carácter destructivo, violento e irreformable de los diversos organismos supranacionales, pero no pueden constituir el punto central de un camino que, necesariamente, debe desarrollarse en otro lugar. La fuerza de este movimiento reside en la capacidad de combinar radicalidad y arraigo, de actuar y pensar a nivel local y de actuar y pensar a nivel global, y no debe quedarse estancada en la mera contestación a las cúpulas de los poderosos. De lo contrario, se corre el riesgo de convertirse en una especie de “operador turístico” de la antiglobalización, especializado en viajes a países exóticos. Una especie de “Camel Trophy” de la subversión, con emociones programadas incluidas. O, peor aún, de servir de apoyo a una izquierda institucional exangüe en busca de cargos y caras nuevas. En el Foro Social de Génova participaron políticos de todo tipo necesitados de legitimación.

(…)

Este es un mundo que corre, corre cada vez más rápido, y con la misma rapidez tritura experiencias, trayectorias e incluso los movimientos sociales que no saben escapar del espectáculo, de esa lógica demencial que, imitando sin sentido las reglas impuestas por el marketing, consume rápidamente —haciéndola de repente obsoleta— incluso la capacidad de crítica, de traspaso y de negación de lo establecido. Es una trampa que hay que esquivar, desorientando al adversario, multiplicando la propia capacidad de abrir nuevos terrenos, zonas autónomas, espacios libres. Para superar los numerosos atolladeros en los que corre el riesgo de quedarse estancado, es necesario que el movimiento sepa extenderse por el territorio como el polvo, construyendo relaciones conflictivas que se alimenten de la capacidad de construir intencionadamente otros mundos, otras relaciones, otras vidas. Cada día, en todas partes. La tensión hacia una acción radical que sepa extraer su fuerza de un arraigo profundo, de una visión de futuro capaz de impregnar profundamente el presente, puede ser el signo de un movimiento revolucionario capaz de construir su propio futuro en el hoy. Como anarquistas hemos comenzado, no sin dificultades, a avanzar en esta dirección, la única capaz de recoger las reivindicaciones más fecundas de estos movimientos. Pero se puede y se debe hacer más”.

Creemos que esas palabras son más actuales que nunca. De hecho, la historia ha dejado claro que solo allí donde han surgido movimientos amplios que han logrado combinar una fuerte presencia territorial con la acción directa de las masas —y no solo de minorías de militantes—, los gobiernos y los empresarios han tenido miedo.

La decisión de intentar ser radicales y estar arraigados es, por tanto, para nosotros el principal legado de aquellos días de julio, una apuesta que se renueva cada día en las luchas que promovemos y vivimos. Una acción constante de sustracción conflictiva del orden establecido que se combina con la práctica de la autogestión y la lucha cotidiana.

 

 Un compañero que estuvo allí / Umanità Nova