Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

domingo, agosto 18

Lxs anarquistas

Los anarquistas son como las chinches, viven agazapados en las costuras de la sociedad, son prácticamente invisibles hasta que un día, mejor una noche, abandonan sus madrigueras y atacan a los indefensos humanos que están a su alcance, saltan de los colchones y con sus picaduras soliviantan el merecido descanso de los trabajadores.

Los anarquistas son una plaga, están por todas partes pero solo se detectan cuando pican con voracidad salvaje. Su vecino de arriba puede ser un anarquista, cuidado con los anarquistas. Los anarquistas dice el jefe superior de Policía están preparando un gran atentado aunque ellos no lo sepan. El jefe superior está bien informado porque su ministro de lo Anterior tiene línea directa con el Espíritu Santo desde que este se le apareció en un casino de Las Vegas y le atrajo de nuevo al redil diciéndole: «De que te vale ganar al black-jack si pierdes tu alma». Los anarquistas no tienen alma porque son, ante todo, unos desalmados que no respetan nada, ni la propiedad privada, ni a Dios ni al Rey, ni a la Virgen. Y hasta ahí podíamos llegar, los artefactos pirotécnicos que colocaron los anarquistas del comando Mateo Morral han despertado de su letargo a los nuevos inquisidores y a sus centuriones, el anarquismo vuelve a estar ahí, entre los radicales, los indignados, los insumisos, los republicanos, los antisistema, los del 15 M, forman parte de todas las mareas y son más difíciles de detectar que los yihadistas, por ejemplo, porque a veces no llevan barba y nunca lucen turbante. Los anarquistas prefieren el desorden a la injusticia y saben que ha llegado el tiempo de desordenar a conciencia el tinglado de la antigua farsa que se tambalea y a la que quieren seguir apuntalando  los grandes partidos. Los anarquistas dan mucho miedo a las gentes de orden y de gobierno, los anarquistas siempre están ahí para cuando los gobernantes necesiten amedrentar a sus súbditos. ¡Que viene la mano negra!. O nosotros o el caos… pues el caos, porque a ustedes ya les conocemos y cada día va a ser más difícil que nos vendan su burra. Rebuznan, luego cabalgamos.

jueves, agosto 15

Apoyo mutuo

Apoyo mutuo es uno de los conceptos básicos de la futura sociedad anarquista y de la práctica anarquista actual. Hace referencia a una unión que rompe los esquemas del individualismo radical que hoy en día es el modelo dominante, ese que nos impone una visión de la sociedad como una suma de individuos atomizados que luchan por sus propios intereses siendo la competitividad la ley imperante. En esta sociedad, la solidaridad es sólo un lavado de conciencia que no se deja de ejercer desde la desigualdad y para mantener la desigualdad: es demostración de la superioridad, del distanciamiento que se tiene respecto al que recibe esa especie de caridad. El apoyo mutuo no es caridad basada en la condescendencia o la pena, es el codo a codo que se da en la unión de los oprimidos de todo el mundo. Los/as anarquistas no creemos en salvadores, figuras que se acaban convirtiendo en líderes a costa de usurpar el éxito de la lucha que sólo pertenece a aquellos/as que de verdad han luchado. Nos reconocemos a nosotros/as mismos/as como clase obrera, como los de abajo, nos reconocemos a nosotros/as mismos/as como iguales a nuestros/as compañeros/as y luchamos por un interés que nos es común: la liberación por parte de nosotros/as mismos/as de aquello que nos oprime. Cada ataque de las clases dominantes, aunque sólo sea a algunos/as, supone un ataque a todos/as nosotros/as porque implica el intento de perfeccionamiento de la dominación que busca romper, segregar, fragmentar toda forma de comunidad para extenderse como sistema de valores. Por eso, el apoyo mutuo, la ayuda entre iguales, como principio que sostiene la cooperación frente a toda forma de competición social es un poco de la anarquía aquí y ahora.

Extraído de la revista Adarga

lunes, agosto 12

El club de la lucha


"Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida está tan vacía que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesitas? Sal de tu casa, Busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estas vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estas avisado..."

"Desempeñas trabajos que odias para comprar cosas que no necesitas."

"No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones, sois la mierda cantante y danzante del mundo".


"El club de la lucha". Chuck Palahniuk

viernes, agosto 9

Compartir sabiduría para elegir libremente: mi parto, mi decisión


Este texto pretende ser una reflexión escrita por una comadrona que está cansada de ver cómo las mujeres y personas con útero, en nuestro día a día seguimos siendo juzgadas por lo que decidimos hacer con nuestros cuerpos. Hay muchas situaciones, como son la decisión de abortar, de dar en adopción, de parir o de negarnos a la ruta única que la medicina y sociedad han planeado para nuestros cuerpos. Y todas son juzgadas por la sociedad y la medicina día tras día.

Voy a centrarme en dos noticias ocurridas en los últimos meses en el Estado Español.

La más reciente, relacionada con el caso de la mujer que dio a luz en Oviedo el pasado abril. Esta mujer fue arrestada por la policía y llevada al hospital para someterse a una inducción a la que ella unas horas antes se había negado. En este caso el hospital denunció a la mujer porque estaba poniendo en riesgo a su bebé, lo cual clínicamente es mentira. No existía ningún riesgo para esa madre y ese bebé y lo que es más importante esa madre rigurosamente informada había decidido dónde y con quién quería parir. Y no era en un hospital.

Lo que se le castigó a esta mujer es su libertad de elección. Y esto parece ser que al personal hospitalario no le gustó. Se vulneraron varios derechos, entre ellos el de autonomía de la paciente, la libertad de negarse a cualquier tratamiento clínico o el hecho de que los bebés mientras siguen en el vientre no tienen derechos y la persona embarazada tiene derecho a decidir lo que le ocurre a su cuerpo. La gente opina sin saber en los medios de comunicación. “La mujer estaba poniendo en riesgo a su bebé”, “Estamos de acuerdo en la actuación de los médicos”. Pero ¿y la mujer? ¿Y su capacidad adulta de escoger lo mejor para ella y su familia?

Esta mujer había planeado un parto en su hogar. Al pasar las 42 semanas de gestación, la recomendación médica es someterse a una Inducción, ya que el riesgo de muerte intrauterina aumenta. Lo cierto es que si miramos las estadísticas el riesgo de perder al bebé es más alto a las 36 semanas (0.18%) que a las 43 semanas (0.16%) (Cotzias et al, 1999).

 Es verdad que existen riesgos, siempre. En cualquier decisión que tomamos en nuestra vida. El riesgo cero no existe. Y los profesionales médicos en este caso miran al riesgo del bebé, pero no a los riesgos que supone someterse a una inducción en vez de esperar a que el parto se desarrolle espontáneamente. Los riesgos de inducción incluyen: impacto en la experiencia de parto, 15% de riesgo de parto instrumental (fórceps o ventosa), 22% de riesgo de cesárea, incremento del riesgo de hemorragia postparto, riesgo de prolapso de cordón por ruptura de bolsa, riesgo de rotura uterina por hiperestimulación, mayor necesidad de analgesia, proceso más largo y agotador que en un parto espontáneo (Grobman, 2018).

La otra noticia que quería comentar es la de la muerte de un bebé que estaba de nalgas en un parto en casa, el pasado diciembre. La pareja, ante la única opción que le daba el hospital, que era la de una cesárea, decidió parir en casa y él bebe murió. En este caso es muy triste que esta pareja no tuviera más posibilidades. Los partos vaginales de nalgas atendidos por profesionales formados en esta desviación de la normalidad conllevan riesgos, pero mucho menores de lo que normalmente se presenta. En el 2000 se presentó un estudio en el que se recomendaba la cesárea en partos de nalgas para reducir el riesgo de muerte maternal y neonatal. Durante este estudio varios bebés murieron o tuvieron complicaciones. El estudio se paró porque no estaba siendo muy riguroso y una de las conclusiones que se obtuvo es que los profesionales que atendían los partos vaginales de nalgas no estaban formados en esa especialidad. La evidencia obtenida en subsecuentes estudios presenta los riesgos del parto vaginal de nalgas atendido por un profesional competente como: un 2% de riesgo de muerte neonatal comparado con 1% en partos de cabeza, mayor necesidad de resucitación y mayor riesgo de hematomas o rotura de clavícula. Por otro lado el riesgo de cesárea en presentaciones de nalgas es de 0.05% de muerte neonatal, riesgo de cortes innecesarios durante la cesárea o la necesidad de admisión en la UCI neonatal.

Me gustaría sacar varias reflexiones sobre la incapacidad de la sanidad española de ofrecer opciones a las diferentes demandas sociales en torno al embarazo, parto y postparto. Una de estas opciones debería ser la cobertura por parte de la Seguridad Social del parto en casa basándose en la ley de autonomía del paciente. Por desgracia, en el Estado español como en muchos otros el parto en casa o el hecho de elegir un camino no recomendado por los protocolos médicos continúa muy criminalizado. Y el ejemplo es la noticia anterior y todas las que vemos en los medios estigmatizando las opciones del parto en casa, el rechazo a determinados tratamientos médicos o la libertad de vacunación, por poner algunos ejemplos.

Desgraciadamente, las muertes de recién nacidos o las pérdidas durante el embarazo ocurren en un determinado número de casos y nuestro apoyo debe estar siempre con las familias, hayan elegido el camino que elijan, porque aunque no suela aparecer en los medios, ocurre más comúnmente en el hospital. Lo cual es de agradecer por respeto a los y las familiares. La presunción de que el parto domiciliario conlleva más riesgos para madres y bebés que el hospitalario, debido al no inmediato acceso a intervenciones que pueden salvar vidas, no está apoyado con la evidencia científica. El caso es que no son los partos hospitalarios los que reducen la mortalidad maternal e infantil. La evidencia científica (BMJ, 2011) sugiere que el parto en casa con asistencia profesional es igual de seguro para la madre que el parto hospitalario (Bernhard et al, 2014) y está asociado a menos intervenciones innecesarias según el ACOG (Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia). Por otro lado, la evidencia científica (BMJ, 2011) reconoce que el riesgo de complicaciones serias del recién nacido (incluida la mortalidad) sí aumenta en el primer parto en casa. 9 de cada 1000 bebés nacidos en casa sufrirá una complicación comparado con un parto hospitalario donde el riesgo del recién nacido es 5 de cada 1000 nacimientos (BMJ, 2011). En cambio en partos consecutivos el riesgo de complicaciones serias para el recién nacido es el mismo que en el hospital (BMJ, 2011).


Lo que la evidencia sí ha determinado que mejora las estadísticas es el seguimiento continuado por parte de una comadrona durante el embarazo. Tener un seguimiento por la misma profesional reduce el uso de epidural durante el parto, reduce las posibilidades de tener un parto asistido (fórceps, ventosa o cesárea), las probabilidades de pérdida gestacional, las de tener un parto prematuro, reduce el número de episiotomías y las mujeres se sienten más relajadas, más seguras y más capaces (Sandall et al, 2016). Además, la atención por la misma comadrona comparada con la atención ginecológica muestra que el uso de epidural se reduce, lo cual lleva a menor número de intervenciones relacionadas con el uso de la epidural (Sandall et al, 2016).

No conozco las noticias de primera mano y la única información de la que dispongo es la que los medios han compartido, de lo cual no sé cuánto hay de realidad y cuánto de ficción. Pero partiendo de la veracidad de la información de los medios me gustaría hacer una reflexión como profesional sanitaria más allá de criminalizar las decisiones de estos padres que estarán pasando por una situación muy dura en sus vidas. Y es el derecho como seres adultos y autónomos a decidir sobre nuestros cuerpos y los de las criaturas que gestamos. Los profesionales de la salud tenemos el deber, en mi opinión, de informar a la gente que cuidamos, es decir, compartir las estadísticas, las opciones y los riesgos que conlleva cada uno de ellos. Cada individuo entonces con toda la información estará dispuesto a asumir unos riesgos u otros dependiendo de sus experiencias, su noción de riesgo y sus deseos. Ningún camino es libre de riesgos y las comadronas y ginecólogas no podemos proveer un embarazo, parto y postparto 100% sin complicaciones y riesgos porque como en todo proceso vital, la muerte y el riesgo están presentes. Parir en un hospital tiene más riesgos de intervención innecesaria y parir en casa en el primer parto incrementa el riesgo de mortalidad infantil, ninguna opción es libre de riesgos, cada cual desde mi humilde opinión debería de poder elegir conociendo toda la información. Yo no puedo intimidar a la gente que acompaño con información sesgada desde mis miedos y mis creencias, que tristemente es lo que sigo percibiendo en las experiencias de la mayoría de personas embarazadas. Es verdad que hay situaciones que me generan miedos e inseguridad como profesional, pero también sé que las personas a las que acompaño han tomado una decisión consciente y responsable. La suerte es poder ser parte de una estructura de profesionales donde nos apoyamos y nos apoyan para poder acompañar a las embarazadas decidan el camino que decidan.


Actualmente yo tengo la suerte de poder realizar mi trabajo desde el consentimiento informado. Soy comadrona en Inglaterra donde el Gobierno Británico se ha propuesto un modelo de salud maternal basado en el acompañamiento por la misma comadrona y donde se recomienda el parto en casa a mujeres con embarazos de bajo riesgo. Este informe llamado “Better Births 2020” (“mejores Partos 2020”) se ha propuesto reducir la mortalidad maternal e infantil, pero también la depresión postparto, o las intervenciones innecesarias. Varios proyectos piloto se están llevando a cabo en diferentes lugares del Reino Unido para estudiar los resultados de este nuevo modelo. Yo tengo la suerte de trabajar para uno de estos proyectos en el que la atención durante el embarazo se hace en el domicilio con la única excepción de las ecografías. El seguimiento se realiza por la misma comadrona o su compañera y lo mismo durante el postparto, donde se hace seguimiento hasta entre 4 y 6 semanas después del nacimiento. Si la persona embarazada decide parir en casa, entonces le acompañarán las comadronas del equipo que estén de guardia esa noche, las cuales respetarán las decisiones de la familia. Las estadísticas hasta el momento demuestran un 78% de posibilidades de conocer a tu comadrona en el parto. Es un modelo que a nivel profesional es muy enriquecedor porque gracias a que las personas toman decisiones informadas muchos mitos y miedos desaparecen. Algunas personas deciden parir en su casa más allá de las 43 semanas de gestación, otras deciden parir en casa a su bebé de nalgas, otras rechazan tratamientos médicos y otras deciden cesáreas programadas. Pero todas conocen sus derechos, sus posibilidades y lo que quieren hacer con sus cuerpos. Y nosotras como comadronas no les juzgamos, si no que les apoyamos en aquellas decisiones que les ayudan como adultos a elegir cómo quieren vivir sus vidas.

Si las mujeres deciden parir más tarde de la semana 42, se hace un plan de manejo con monitores dos veces a la semana y una ecografía para asegurar que él bebe está bien. Algunas mujeres aceptan la inducción, otras la retrasan unos días, otras tienen partos en casa y otras prefieren una cesárea programada que una inducción. Pero todas y cada una de ellas son respetadas en sus decisiones. En el caso de que la presentación sea de nalgas, las familias tienen varias opciones: una cesárea programada o esperar a que comience el parto, la versión cefálica externa (que consiste en intentar dar la vuelta al bebé) o parir vaginalmente en casa o en hospital. En el caso de que decidan parir en casa nosotras hacemos un grupo de comadronas con experiencia en parto de nalgas que estarán de guardia para asegurar que los riesgos sean mínimos.


Ojala algún día todas las personas puedan elegir lo que es mejor para ellas con sus cuerpos. Y los profesionales de la salud entendamos que nuestra labor es facilitar, no juzgar ni intimidar.

Gracias a todes aquelles profesionales de la salud que día a día trabajan para y por los derechos y la autonomía de las personas y sus cuerpos.


María Martínez, comadrona

martes, agosto 6

Desmitificando la Revolución Francesa


La revolución francesa está mitificada. Tanto la izquierda como la derecha la han reivindicado y ensalzado como un proceso mediante el que el pueblo llano logró emanciparse del feudalismo. Pero después de 230 años disponemos de la suficiente perspectiva histórica como para hacer una valoración veraz de lo que realmente fue este acontecimiento histórico. De hecho, son cada vez más los estudios que ponen de manifiesto que el relato ideológico elaborado en torno a la revolución de 1789 no se corresponde con los hechos, y que esta mitificación obedece a una intencionalidad política que está íntimamente unida a, por un lado, las causas reales que la desencadenaron, y por otro lado los cambios que este proceso provocó tanto en Francia como en el resto de Europa.

Lo cierto es que la revolución francesa no fue ninguna ruptura con la época feudal que condujo a la sociedad hacia la emancipación. Primero porque el feudalismo había sido abandonado hacía siglos, y al menos en Europa occidental lo que imperaban eran Estados modernos altamente centralizados en los que la nobleza carecía de poder político y militar al haberse convertido en un grupo social cortesano, dependiente de los favores de la corona. Fue un proceso paulatino que en Francia se manifestó con claridad en el s. XV con la creación del primer ejército permanente con Carlos VII,[1] y que culminó en el s. XVII durante el reinado de Luis XIV, quien con la rebelión de la Fronda laminó a la nobleza y la despojó de cualquier poder que hasta entonces había ostentado. Desde entonces la nobleza se convirtió en un grupo social provisto de privilegios jurídicos y económicos, sobre todo fiscales al no pagar impuestos, mientras que la corona logró extender su jurisdicción sobre el conjunto del territorio mediante sus tribunales y burocracia.

En segundo lugar suele explicarse la revolución como un proceso en el que la burguesía, y en diferente medida el pueblo llano, se rebeló contra el orden feudal que hasta entonces había prevalecido. Dado que no había orden feudal en 1789, y lo único que quedaban eran los parlamentos regionales y el derecho señorial que todavía limitaban el poder de la corona, debemos examinar si la revolución fue realmente una insurrección de la burguesía contra el orden establecido. A este respecto cabe apuntar que los principales exponentes de la revolución procedían de la nobleza togada, funcionarios del Antiguo Régimen, burgueses ennoblecidos, mandos militares y miembros del clero.[2] Tal es así que todas las personas ricas de todos los estamentos poseían derechos señoriales, puestos en la burocracia y pertenecían a corporaciones privilegiadas de algún tipo.[3] Tampoco fue una revolución popular en la medida en que la gente común desempeñó un papel secundario que se limitó sobre todo a las áreas urbanas, fundamentalmente París. En líneas generales la población de las ciudades fue arrastrada a las luchas que se produjeron en el seno de la elite dirigente, mientras que en las zonas rurales el pueblo llano atacó a la nobleza y burguesía, así como sus propiedades, lo que produjo una alianza entre estos dos grupos sociales para reprimir a la población.[4]

Hechas estas aclaraciones preliminares es necesario explicar qué fue entonces la revolución francesa, y sobre todo cuáles fueron las causas y efectos principales de este proceso de cambio político y social. En lo que respecta a las causas debemos referirnos al contexto internacional de la época. Las rivalidades geopolíticas entre Inglaterra y Francia se habían agudizado como consecuencia de la derrota sufrida por esta última en la guerra de los Siete Años, que supuso la pérdida de sus colonias en Norteamérica. Para restablecer de nuevo el equilibrio estratégico en la política internacional Francia apoyó la insurrección contra la corona inglesa en América, lo que, sin embargo, no hizo sino deteriorar su ya de por sí maltrecha situación financiera. No hay que olvidar que como consecuencia de las guerras emprendidas por Luis XIV Francia arrastraba una fuerte deuda, lo que se sumaba a sus carencias en el plano institucional y organizativo al no disponer de un aparato fiscal propio y depender de una red de recaudadores de impuestos que en la práctica operaban como prestamistas del Estado, de manera que Francia tenía que pagar unos intereses mayores que Inglaterra que, por el contrario, tenía su propio fisco y un banco central que reunía todo el crédito del país.[5] Además de esto la estructura social de clases constituía un impedimento a la hora de recaudar impuestos, pues la nobleza no tributaba, mientras que en Inglaterra sí lo hacía. Por otra parte la recaudación de impuestos no era uniforme, y esta variaba en función del territorio y del estamento.[6]

La corona de Francia no logró, a pesar de todos los esfuerzos realizados durante siglos, establecer un gobierno directo sobre la población, sino que tuvo que contar con la asistencia de los notables locales, y con una burocracia venal superpuesta a las instituciones que existían a nivel provincial y regional. En Francia prevaleció hasta la revolución un gobierno por mediación, lo que entorpecía la labor ejecutiva debido a que la corona se veía obligada a negociar con un estamento de privilegiados para movilizar y extraer los recursos que necesitaba para financiar el ejército y su política exterior. Todo esto generó una crisis fiscal del Estado que lo situó al borde de la quiebra y forzó la convocatoria de los Estados Generales.

Por tanto, la estructura de poder internacional fue la que presionó sobre el Estado francés hasta el punto de generar una crisis interna que finalmente desembocó en la revolución. No hay que olvidar que Francia arrastraba una importante inestabilidad social debido a los desequilibrios que habían producido las sucesivas guerras en las que se había visto envuelta, produciendo escasez de productos de primera necesidad, aumento de impuestos sobre las clases populares, incremento de la inflación, etc. Digamos que las condiciones exteriores del escenario geopolítico internacional obraron a través de las condiciones internas de Francia, desencadenando así una crisis fiscal e institucional que desembocó en la revolución. Era necesario reunir los recursos precisos para que Francia pudiera hacer frente al desafío que representaba la preeminencia británica a nivel internacional, y esto pasaba necesariamente por poner fin al Antiguo Régimen al no ser políticamente útil para relanzar la política exterior del Estado. Es decir, el Antiguo Régimen no era capaz de reunir los recursos económicos, humanos, materiales, financieros, etc., necesarios para incrementar el poder militar del Estado con un ejército mayor.[7] Francia arrastraba una enorme factura económica que no podía pagar con los ingresos que recaudaba con el sistema político imperante, de forma que era imprescindible cambiar dicho sistema para ampliar las capacidades internas del Estado. La revolución no fue sino un proceso mediante el que fueron adaptadas las condiciones internas a las necesidades externas de la competición internacional, lo que requería la reorganización del conjunto de la sociedad para aumentar el poder del Estado tanto hacia dentro como hacia fuera.[8]

La convocatoria de los Estados Generales y la posterior abolición del Antiguo Régimen para su sustitución por un régimen de carácter parlamentario se inscribe en el marco del desarrollo político y social de Europa occidental. Con esto nos referimos a que desde la Edad Media existieron instituciones representativas que agrupaban a los grupos sociales más destacados, pudientes e influyentes del reino a los que el monarca acudía para conseguir su apoyo, generalmente en la forma de impuestos, para su política exterior y campañas militares. A cambio de la ayuda financiera los notables del país obtenían concesiones políticas, generalmente en materia fiscal, del monarca. Esto hizo que con el tiempo estas instituciones evolucionasen hacia el parlamentarismo.[9]

La revolución logró lo que durante siglos de monarquía no logró ningún rey de Francia que fue la implantación de un gobierno directo, desde la cúspide del Estado hasta la base representada por el pueblo llano. Unido a esto encontramos otros efectos no menos reseñables como el crecimiento del Estado, tanto en su burocracia como en su ejército, y el aumento de los impuestos. Esto produjo una tenaz resistencia popular. Esta resistencia, que obedecía en su mayor parte a luchas que tenían su origen en las diferencias de clase que se arrastraban desde el Antiguo Régimen, se manifestó en la forma de evasión, trampa y sabotaje, y no necesariamente en la forma de rebelión abierta. Esto explica que la población de la mayor parte de Francia se opusiese a algún aspecto del gobierno directo revolucionario, y que provocase una importante oposición a la expansión del poder del Estado. La oposición se centró fundamentalmente en la resistencia que el pueblo manifestó a las subidas de impuestos, a la imposición de las leyes de París y al reclutamiento de tropas para las guerras internacionales.[10]

La historiografía revolucionaria y republicana ha presentado la oposición popular como una lucha ilegítima que fue instigada por el clero y la nobleza, así como por los partidarios de la monarquía. En este sentido el régimen republicano no ha dejado de denostar al pueblo llano acusando de contrarrevolucionarias, y por tanto alineadas con la monarquía y el Antiguo Régimen, a todas las acciones políticas de resistencia al naciente sistema político que los revolucionarios no tardaron en imponer a punta de bayoneta. Tal es así que la revolución se convirtió en una guerra civil. El descontento popular entre el campesinado generó una crisis nacional de gran envergadura que no permitió que las revueltas populares fueran gestionadas o cooptadas por las autoridades constituidas. La solución que adoptaron las autoridades fue la represión a gran escala con el envío de ejércitos, tribunales y burocracia a las provincias para implantar las leyes aprobadas en París.

El crecimiento a gran escala del Estado implicó su intromisión en una cada vez mayor cantidad de ámbitos de la vida de las personas, y esto generó fricciones que desencadenaron un enfrentamiento directo entre el pueblo llano y las autoridades revolucionarias. La historiografía oficial ha ocultado esta realidad y la naturaleza sangrienta e incluso criminal que manifestó la revolución contra la población, especialmente en el mundo rural, mientras que por el contrario se han magnificado las ejecuciones de nobles cuando numéricamente fueron irrelevantes si las comparamos con la persecución que se llevó a cabo contra miembros de las clases populares. Todo esto no hizo sino alentar la guerra civil en la que Francia se sumió al mismo tiempo que lanzó sus ejércitos en todas direcciones para conquistar Europa entera. Así, hoy se sabe que la república perpetró un genocidio en la Vendée, quizá el primero de la historia moderna, cuando sus habitantes se resistieron a la conscripción.[11] Las insurrecciones se produjeron tanto en el Oeste como en el sur de Francia. En Bretaña, Maine y Normandía entre 1791 y 1799. Al sur del Loira también se produjo una rebelión armada abierta que afectó a zonas de Bretaña, Anjou y Poitou. Se inició en el otoño de 1792 y continuó de forma intermitente hasta que Napoleón pacificó la región en 1799.[12] Mientras tanto, la resistencia popular a la revolución en la zona occidental de Francia alcanzó su punto álgido en la primavera de 1793 como consecuencia de la demanda de nuevas tropas por parte del Estado.

La revolución francesa fue el primer experimento totalitario de la historia. Prueba de esto es que logró construir un Estado hiperpoderoso con una crecida burocracia compuesta por un abultado personal funcionarial, unos ejércitos que numéricamente sobrepasaban a todos los que Francia había tenido con anterioridad, a lo que cabe sumar la expansión del aparato policial tomado del Antiguo Régimen. A partir de entonces el Estado comenzó a regular y controlarlo todo para abastecer a sus ejércitos y a la burguesía de Estado que se formó en torno a unas aumentadas estructuras administrativas. Gracias a la revolución la administración central del Estado pasó a contar con una gran cantidad de oficinas y de funcionarios en activo.[13] Si antes de 1789 había 50.000 funcionarios, durante la revolución llegó a haber cerca de 250.000. Un claro ejemplo lo representa el personal de los ministerios centrales que en 1788 contaban con 420 funcionarios y en 1796 ya eran más de 5.000.[14] Esta evolución demuestra que la revolución fue, entre otras cosas, un proceso burocratizador que impulsó el crecimiento del poder ejecutivo. Con el Directorio esta burocracia recibió una renovada estabilidad que allanó el camino para el nuevo papel que más tarde jugaría durante el período napoleónico.[15] La centralización política alcanzó su máxima expresión durante la revolución.[16]

Otro ejemplo más del cariz totalitario de este proceso fue la forma en la que pasó a administrarse la justicia. En lo que a esto se refiere se instauraron y generalizaron los tribunales revolucionarios que estaban directamente sujetos al poder central de París, y que eran utilizados para eliminar a los enemigos políticos del gobierno y para aplastar cualquier rebelión contra la autoridad del Estado. Sus víctimas eran nobles, sacerdotes, algunos ricos pero sobre todo, y en una cantidad mucho mayor en términos absolutos, campesinos y pobres de las zonas urbanas. Quienes eran llevados a este tipo de tribunales carecían de cualquier garantía, con lo que las condenas se generalizaron. Finalmente el Estado se reservó el derecho a nombrar y a promocionar a los jueces, con lo que la subordinación de la magistratura al gobierno terminó siendo una de las principales conquistas revolucionarias.[17] Juntamente con esto el parlamento, en 1790, prohibió a los tribunales y a las cortes de justicia anular o suspender las actuaciones de la administración. Pero a esto hay que sumar la aprobación aquel mismo año de una ley con la que se prohibía a los jueces actuar contra los miembros de la burocracia. Era el reflejo de un proceso de expansión del poder ejecutivo con la instauración de medidas de tinte totalitario, y que vulneraban los derechos y libertades que los propios revolucionarios se encargaron de proclamar a partir de 1789. El sistema judicial no defendía al individuo de las extralimitaciones del poder constituido sino que más bien servía a este último propósito, con lo que estableció la más completa impunidad de los agentes del Estado en su trato con el resto de la sociedad. En definitiva, constituía una afirmación del derecho estatal, y sobre todo de la razón de Estado, frente a cualquier otro tipo de derecho y razón.[18]

En el terreno represivo tampoco puede pasarse por alto la creación de una fuerza de policía especializada. La revolución mejoró el aparato policial heredado del Antiguo Régimen. Al principio las labores policiales las desempeñaron los comités populares, la guardia nacional y los tribunales revolucionarios. Más adelante, tras la proclamación del Directorio, el Estado concentró las tareas de vigilancia y detención en una única organización policial centralizada. Ya para 1799 Fouché, procedente de Nantes, fue nombrado ministro de policía, lo que le otorgó la responsabilidad de un ministerio cuyo poder se extendía por toda Francia y sus territorios conquistados. La revolución creó la Gendarmería que en la práctica fue la policía del Antiguo Régimen con otro nombre. A este cuerpo se le sumarían todas las policías que existían a nivel local en las diferentes ciudades, y que estaban compuestas tanto por personal de a pie como montado. En términos generales el sistema policial francés era más fuerte después de la revolución que antes.[19] Tal es así que Francia era por aquel entonces uno de los países que disponía del aparato policial más perfeccionado del mundo.

Por último hay que destacar que la revolución construyó los mayores ejércitos con los que contó Francia hasta entonces, hasta el punto de que el estamento militar pasó a ostentar un papel dominante en la política francesa, lo que permitió el advenimiento de una dictadura militar comandada por Napoleón. Gracias a las medidas draconianas que fueron adoptadas para abastecer a la inmensa fuerza militar creada, Francia se expandió hasta convertirse en un imperio. La revolución y la guerra total fueron la respuesta de este Estado a la hora de hacer frente a su crisis nacional y al desequilibrio estratégico que sufría frente a Gran Bretaña. Supuso una transformación no sólo cuantitativa del poder militar francés, sino también cualitativa mediante su profesionalización a través de la introducción de un criterio meritocrático en la promoción interna. Pero además de esto supuso la creación de un ejército enteramente nacional, compuesto por población local, lo que difería de los viejos regímenes absolutistas que habían recurrido a mercenarios. La nacionalización del ejército provocó un vuelco en la situación y un desequilibrio del poder internacional en provecho de Francia. La hipertrofia estatal hizo que la guerra se convirtiera en un asunto del pueblo, en este caso de un pueblo que sumaba 30 millones de habitantes. Hay que apuntar que en los siglos XVII y XVIII las guerras normalmente no habían movilizado a más de un 3% de la población de los países beligerantes.[20] Sin duda la revolución trastocó esto completamente y dio origen a la guerra total en la que, tal y como Clausewitz señaló, al poner a toda la población del país al servicio de la guerra los medios disponibles no tuvieron ya límites definidos.[21] Fue creado, entonces, un ejército masivo, lo que requería su drástico e inmediato crecimiento junto a la expansión de la burocracia estatal para facilitar la conscripción a gran escala, pero también la administración y el abastecimiento de tales masas humanas. El resultado final, como ya se ha dicho, fue la militarización de la sociedad con la instauración de un sistema de levas en masa para ganar la superioridad numérica sobre los enemigos.

Las guerras que se desencadenaron revolucionaron a la propia revolución y facilitaron la expansión del poder estatal. La movilización militar, la manufactura de armamentos, el abastecimiento del ejército y de las ciudades, etc., desencadenó la regulación de la economía que pasó a ser tan extensa en el día a día como la capacidad de la burocracia estatal y el poder de coerción del Estado podían. Todo o casi todo pasó a estar regulado, desde los precios de los productos básicos hasta los salarios. La movilización total de recursos fue la pauta general de las actuaciones emprendidas por las elites políticas de este período para mantener en pie los enormes ejércitos levantados, y con ello hacer frente al creciente esfuerzo bélico. La guerra sirvió para una creciente centralización de la política. Esta militarización a gran escala impuso medidas que jamás hubieran sido soñadas por el régimen absolutista. Las constantes levas en masa,[22] las grandes requisas y expropiaciones forzosas efectuadas por los agentes del Estado para abastecer al creciente ejército, las medidas especiales tomadas en las zonas rurales, (redadas nocturnas, constantes registros, toma de rehenes de familias, etc...), donde la población ofrecía mayor resistencia a la conscripción obligatoria, y la propaganda masiva para manipular ideológicamente a la población con el objetivo de conseguir su mayor implicación en el esfuerzo bélico son, entre muchas otras actuaciones, parte de la política totalitaria que el Estado desarrolló en aquel entonces. La Francia revolucionaria robusteció en grado superlativo el poder del Estado que aumentó sus capacidades militares en torno a un millón de hombres entre 1793 y 1794 para, de este modo, lograr una superioridad numérica sobre sus enemigos con la que conquistar la hegemonía en Europa.

La tendencia a la guerra era un rasgo inherente al propio proceso revolucionario, y en cierto modo su finalidad inmediata. Con la revolución irrumpió la política de masas que puso fin a los límites teóricos en los objetivos y métodos de la guerra, pues con ella emergió la propaganda y el fanatismo como instrumentos de manipulación ideológica para emprender guerras totales. De hecho, la revolución fue prácticamente desde el principio, y sobre todo a partir del otoño de 1791, un llamamiento abierto a la guerra y por ello un desafío al resto de las potencias europeas. Los girondinos proclamaron abiertamente en el parlamento que la guerra era una verdadera bendición nacional y que el único miedo que debía tener Francia era el de no tener una guerra. Estas declaraciones hechas por Brissot aludían igualmente a que el interés nacional de Francia requería una guerra para recuperar su seguridad, crédito y grandeza. Esta atmósfera belicista que impusieron los revolucionarios condujo a considerar la guerra la consumación de la revolución.[23] Todo esto demuestra la naturaleza totalitaria de este proceso y de sus resultados, mientras que la ideología, en la forma de nacionalismo combinado con un difuso universalismo, sólo fue un instrumento justificador del obrar totalitario del Estado revolucionario y su elite dirigente, además de servir para azuzar la guerra entre la población.

Puede concluirse, entonces, que el balance general de la revolución francesa es más negativo que positivo, y que por ello no hay ningún motivo de peso para celebrarla a tenor de lo hasta ahora expuesto. Su celebración, por el contrario, se inscribe en el marco de los fastos de un Estado que conmemora su refundación, y con ella su conversión en una nueva gran potencia. En este sentido el nuevo comienzo que inauguró la revolución fue el de un Estado hipertrofiado e hiperpoderoso que buscó conquistar la hegemonía internacional, a expensas, claro está, de la libertad, la igualdad y la fraternidad. El experimento fue efímero al terminar en Waterloo en 1815, pero los cambios que la revolución generó fueron imperecederos y afectaron a Francia y al resto del mundo con la configuración del moderno sistema de Estados. El precio de la gloria, la hegemonía y la grandeza fue verdaderamente sangriento en términos humanos, y catastrófico en términos económicos. La vetusta opresión del Antiguo Régimen fue sustituida por la de un Estado que se convirtió en el propietario de los habitantes de su territorio, que militarizó a la población y que no dudó en sacrificarla al servicio de sus intereses en la esfera de la política mundial.[24] Por todo esto la revolución fue causa y consecuencia de la competición geopolítica internacional entre las grandes potencias del momento, y por ello la respuesta que a nivel inmediato dio el Estado francés para aumentar sus capacidades internas y colocarse a la cabeza de esta competición. Todo lo demás es historia.


                                                                                Esteban Vidal

 
Notas:

[1] El comienzo de este proceso se remonta a la Edad Media cuando la corona empezó a afirmar su supremacía política sobre el conjunto del reino. Fue Felipe IV, en el s. XIII, el que logró imponerse por primera vez con claridad a la nobleza y afirmar su autoridad tanto frente a este grupo social como frente a la Iglesia. El rey de Francia no sólo pasó a investir cargos de la Iglesia, sino que igualmente la hizo tributar por sus riquezas. No hay que olvidar que este monarca disolvió la orden de los templarios y se apropió de todas sus riquezas. Con anterioridad el Papa Inocencio III, en 1202, había reconocido formalmente la independencia de facto del reino de Francia a través de la decretal “Per Venerabilem”, en la que afirmaba que el rey de Francia no tenía ningún superior. Le Goff, Jacques, La Baja Edad Media, Madrid, Siglo XXI, 1979, p. 227. Carlyle, Robert W. y Alexander J. Carlyle, A History of Mediaeval Political Theory in the West, Edinburgh, Blackwell, 1903-1936, Vol. 5, pp. 143-148. Post, Gaines, “Two Notes on Nationalism in the Middle Ages” en Traditio Vol. 9, 1953, pp. 281-320. Kantorowicz, Ernst H., The King’s Two Bodies: A Study in Medieval Political Theology, Princeton, Princeton University Press, 1957, pp. 51, 97

[2] Parece olvidarse con bastante frecuencia que el principal ideólogo de la revolución, y sobre todo de sus sucesivas constituciones, fue un sacerdote católico, concretamente Emmanuel-Joseph Sieyès. Esto es importante remarcarlo, como también que hubiera diferentes mandos militares involucrados en el proceso revolucionario. Entre los miembros de la Convención Nacional había 55 curas y 36 oficiales del ejército. Mann, Michael, Las fuentes del poder social, Madrid, Alianza, 1997, Vol. 2, p. 257. Por otra parte hay que añadir que durante al menos los 150 años previos a la revolución se había producido un proceso de mezcla entre la nobleza francesa y la burguesía, hasta el punto de conformar una misma clase de propietarios. No existían, por tanto, enfrentamientos entre las familias privilegiadas y las que ascendían en la escala social, como tampoco existía una identidad de clase claramente burguesa, de tal manera que comerciantes e industriales, que constituían lo sustancial de la burguesía de aquel entonces, perseguían ennoblecerse, todo lo cual facilitó su mezcla con la nobleza. Barber, Elinor G., The Bourgeoisie in Eighteenth-Century France, Princeton, Princeton University Press, 1955. Lucas, Colin, “Nobles, Bourgeois and the Origins of the French Revolution” en Past and Present Vol. 60, Nº 1, 1973, pp. 84-126

[3] Behrens, Catherine B. A., The Ancien Régime, Nueva York, Norton, 1989. Ídem, “Nobles, Privileges and Taxes in France at the End of the Ancien Régime” en Economic History Review 2ª serie, Vol. 15, Nº 3, 1963, pp. 451-475. Para una lectura de las posturas críticas con aquella historiografía que presenta la revolución francesa como una revolución burguesa cabe recomendar la siguiente bibliografía. Cobban, Alfred, “The Myth of the French Revolution” en Cobban, Alfred, Aspects of the French Revolution, Nueva York, Norton, 1970, pp. 90-112. Ídem, The Social Interpretation of the French Revolution, Cambridge, Cambridge University Press, 1964

[4] En relación a esto consultar lo comentado en Moore, Barrington Jr., Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia. El señor y el campesino en la formación del mundo moderno, Barcelona, Ariel, 2015. Un caso concreto de ataques del campesinado a las clases privilegiadas está recogido en Lefebvre, Georges, “The Murder of the Comte de Dampierre” en Kaplow, Jeffre (ed.), New Perspectives on the French Revolution, Nueva York, Wiley, 1965, pp. 277-286

[5] En 1780 la deuda nacional acumulaba 14 millones de libras anuales en intereses, el doble de lo que pagaba en aquel mismo momento el Reino Unido. Mathias, Peter F. y Patrick K. O’Brien, “Taxation in Britain and France, 1715-1810. A Comparison of the Social and Economic Incidence of Taxes Collected for the Central Governments” en Journal of European Economic History Vol. 5, Nº 3, 1976, pp. 601-650. Morineau, Michel, “Budgets de l’État et gestion des finances royales en France au dix-huitième siècle” en Revue historique Vol. 264, Nº 536, 1980, pp. 289-336. Behrens, Catherine B. A., The Ancien Regime, Londres, Thames & Hudson, 1967, pp. 138-162. Riley, James C., The Seven Years War and the Old Regime in France. The Economic and Financial Toll, Princeton, Princeton University Press, 1986. Para un mejor conocimiento de la situación financiera y capacidades fiscales de Gran Bretaña ver Brewer, John, The Sinews of Power, Nueva York, Knopf, 1989

[6] Existían diferentes tipos de regiones como los “pays d’État” que conservaban su derecho a negociar la concesión de tributos a la hacienda de la corona. Además, tampoco existía un sistema de pesos y medidas uniforme, lo que dificultaba seriamente la recaudación de impuestos debido a que estos eran pagados en especie.

[7] Para entonces el peso económico del ejército sobrepasaba con creces las capacidades financieras del Estado. Este creciente peso económico no sólo es atribuible a su aumento numérico y a la mayor logística necesaria para su abastecimiento, sino que también estaba el factor tecnológico que ha servido para encarecer sustancialmente los costes de los medios para preparar y hacer la guerra. McNeill, William H., La búsqueda del poder. Tecnología, fuerzas armadas y sociedad desde el 1000 d. C., Madrid, Siglo XXI, 1988, pp. 184-196

[8] No hay que olvidar que el Estado es esencialmente un maximizador de poder, y que busca en todo momento aumentarlo para garantizar su seguridad y, así, su existencia a largo plazo. En la esfera internacional esto es todavía más claro, pues “cualesquiera que sean los fines últimos de la política internacional, el poder es siempre el fin inmediato”. Y evidentemente esto exige adaptar las condiciones internas para disponer de las capacidades necesarias con las que aumentar el poder para, de esta forma, realizar la política internacional del Estado. Morgenthau, Hans J., La lucha por el poder y la paz, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1963, p. 43

[9] Bisson, Thomas N., “The Military Origins of Medieval Representation” en The American Historical Review Vol. 71, Nº 4, 1966, pp. 1199-1218. Downing, Brian, The Military Revolution and Political Change, Princeton, Princeton University Press, 1992. Ver también Tin-bor Hui, Victoria, War and State Formation in Ancient China and Early Modern Europe, Cambridge, Cambridge University Press, 2011

[10] Sirva de ejemplo el caso del puerto mediterráneo de Collioure, cerca de la frontera española, donde la acción popular durante la revolución persiguió mantener la independencia cultural, económica e institucional. Todo esto hizo que la acción popular se centrase en oponerse a las pretensiones del Estado francés de intervenir en la vida local para reclutar hombres para la guerra, así como en la modificación de la organización religiosa o en los intentos de la administración estatal de controlar el comercio a través de los Pirineos. McPhee, Peter, “Les formes d’intervention populaire en Roussillon: L’exemple de Collioure, 1789-1815” en Centre d’Histoire Contemporaine du Languedoc Méditerranéen et du Roussillon, Les pratiques politiques en province à l’époque de la Révolution française, Montpellier, Université de Montpellier, 1988, p. 247

[11] Secher, Reynald, A French Genocide: The Vendée, Notre Dame, University of Notre Dame, 2003. Tulard, Jean, Jean-François Fayard y Alfred Fierro, Histoire et dictionnaire de la Révolution française, 1789–1799, París, Robert Laffont, 1987, p. 1113. Shaw, Martin, What is Genocide?, Cambridge, Polity, 2007, p. 107. Levene, Mark, Genocide in Age of Nation State: Rise of the West and the Coming of Genocide, Nueva York, Tauris, 2005, Vol. 2. Otros autores, por el contrario, hacen uso del término democidio, concepto más amplio que comprende el asesinato de cualquier persona o personas por un gobierno, y que incluye el genocidio, los asesinatos políticos y los asesinatos masivos. Rummel, Rudolf J., Death by Government, New Brunswick, Transaction Publishers, 1997, p. 55. Pero incluso los historiadores afines a las tesis republicanas que se oponen al uso del término genocidio para describir lo ocurrido en la Vendée reconocen que allí se produjeron actuaciones que pueden catalogarse como crímenes de guerra. Martin, Jean-Clément, Contre-Révolution, Révolution et Nation en France, 1789-1799, París, Editions du Seuil, 1998, p. 218. En cualquier caso no deja de ser un hecho que después de la intervención militar del Estado la Vendée necesitó 25 años para repoblarse.

[12] Bois, Paul, “Aperçu sur les causes des insurrections de l’Ouest à l’époque révolutionnaire” en Martin, Jean-Clément (ed.), Vendée-Chouannerie, Nantes, Reflets du Passé, 1981, pp. 121-126. Le Goff, T. J. A. y D. M. G. Sutherland, “Religion and Rural Revolt in the French Revolution: An Overview” en Bak, János M. y Gerhard Benecke (eds.), Religion and Rural Revolt, Manchester, Manchester University Press, 1984, pp. 123-146. Martin, Jean-Clément, La Vendée et la France, París, Le Seuil, 1987

[13] Barker, Ernest, The Development of Public Services in Western Europe, Nueva York, Oxford University Press, 1944

[14] Thirsk, Joan, “Social Mobility” en Past and Present Nº 32,1965, p. 8

[15] Church, Clive H., “The Social Basis of the French Central Bureaucracy under the Directory 1795-1799” en Past and Present Vol. 36, Nº 1, 1967, pp. 59-72

[16] Son interesantes las observaciones hechas desde este punto de vista del proceso centralizador que significó la revolución por Tocqueville, y que constituyen un referente clásico. Tocqueville, Alexis de, El Antiguo Régimen y la Revolución, Madrid, Alianza, 1982, 2 Vols.

[17] Greer, Donald, The Incidence of the Terror during the French Revolution, Cambridge, Harvard University Press, 1935. Lucas, Colin, The Structure of the Terror, Nueva York, Oxford University Press, 1973

[18] No hay que olvidar que cuando Danton se convirtió en ministro de justicia en 1792 se puso en marcha un proceso de centralización del poder judicial para someterlo a las exigencias políticas del Directorio y de la Convención. Primero se estableció una renovación de los tribunales cada dos años cuyos integrantes eran sistemáticamente purgados a posteriori por el Directorio, hasta el punto de que llegaron a anularse las elecciones de jueces en 49 departamentos.

[19] Bayley, David, “The Police and Political Development in Europe” en Tilly, Charles (ed.), The Formation of National States in Western Europe, Princeton, Princeton University Press, 1975, pp. 328-379

[20] Wesson, Robert G., State Systems: International Pluralism, Politics, and Culture, Nueva York, The Free Press, 1978, p. 122

[21] Clausewitz, Carl von, On War, Harmondsworth, Penguin, 1968, p. 385. Al fin y al cabo la guerra total era parte de la doctrina militar revolucionaria tal y como se desprende de los textos de los mandos militares de aquel entonces. Strachan, Hew, Ejércitos europeos y conducción de la guerra, Madrid, Ediciones Ejército, 1985, p. 89

[22] El 23 de agosto de 1793 se decretó una leva en masa que constituyó una medida excepcional tanto dentro del proceso revolucionario como para aquella época al implicar la militarización de toda la población. Aquel decreto decía así: “Hasta que los enemigos de Francia sean expulsados del territorio de la República, todos los franceses deberán encontrarse dispuestos a servir y apoyar a nuestras fuerzas armadas. Los jóvenes irán a combatir, los casados forjarán armas y se encargarán de los servicios de transporte, las esposas e hijas tejerán las tiendas de campaña y los uniformes se servirán en los hospitales, los ancianos se levantarán en los lugares públicos para ensalzar la bravura de nuestros soldados y para predicar lo odioso de los reyes y la unidad de la república...”. Best, Geoffrey, Guerra y Sociedad en la Europa revolucionaria 1770-1870, Madrid, Ministerio de Defensa, 1990, pp. 80-81

[23] Knox, MacGregor, “Mass politics and nationalism as military revolution: The French Revolution and after” en Knox, MacGregor y Williamson Murray (eds.), The Dynamics of Military Revolution 1300-2050, Nueva York, Cambridge University Press, 2009, pp. 63-64. El desarrollo del concepto de guerra como consumación de la revolución se encuentra presente en los regímenes totalitarios y está explicado en Ídem, Common Destiny: Dictatorship, Foreign Policy, and War in Fascist Italy and Nazi Germany, Cambridge, Cambridge University Press, 2000

[24] La revolución produjo la militarización de la sociedad al haberla llevado a un estado de guerra permanente. Esto trastocó completamente el lenguaje, pues en tiempos de paz se llamaba a los ejércitos fuerzas militares, y sólo se hablaba de ejércitos en tiempos de guerra. El periodista francés Joseph Fiévée lo explicó del siguiente modo a principios del s. XIX: “On disoit autrefois les forces militaires de la France, de la Russie, de l'Espagne, de l'Autriche, de la Prusse, pour désigner la troupe de ligne que chacune de ces nations tenoit sous les armes en temps de paix; et le mot armée ne s'employoit jamais qu'en temps de guerre, et pour la partie qui se battoit; encore chaque armée prenoitelle un nom distinct, soit du pays auquel s'appliquoient plus particulièrement ses opérations, soit du chef qui la commandoit. Ce n'est certainement que depuis Buonaparte qu'on a appelé collectivement, en temps de paix comme en temps de guerre, les forces militaires de la France, l'armée; et cet exemple paroît avoir été suivi par toute l'Europe. On plaide aujourd'hui pour l'armée, on parle à l'armée, on fait parler l'armée”. Fiévée, Joseph, Correspondance politique et administrative, París, Le Normant, 1816, Vol. 1, p. 99. [Traducción: “Antiguamente se decía las fuerzas militares de Francia, de Rusia, de España, de Austria, de Prusia, cuando se quería designar a los soldados de línea que esas naciones tenían en armas en tiempos de paz; y la palabra ejército jamás era utilizada sino en tiempo de guerra, y aun así aplicada tan sólo a la fracción que combatía; más aún, cada uno de los ejércitos tomaba nombre distinto, según el país particular en el que se desarrollasen sus actividades, o según el jefe que se hallaba al frente. Tan sólo después de Napoleón se comienza a llamar colectivamente, tanto en tiempos de paz como en época de guerra, a las fuerzas militares de Francia, el ejército; un ejemplo que parece haber sido imitado en toda Europa. Se habla hoy en defensa del ejército, se le habla al ejército, se hace hablar al ejército”]. Extraída de Jouvenel, Bertrand de, Los orígenes del Estado moderno. Historia de las ideas políticas en el siglo XIX, Toledo, Editorial Magisterio, 1977, p. 162

sábado, agosto 3

Ser la diferencia que hace la diferencia

El otro día, una amiga mía describía desconcertada una escena que había vivido en su trabajo con adolescentes de 14 años en un instituto de la periferia norte de Madrid. Según le contaban lxs adolescentes, cuando publicaban una foto en Instagram, si pasado un tiempo -no mucho- la publicación no obtenía un número mínimo de likes, la borraban de la red. Como si esa imagen, producto de un momento determinado de sus vidas y cargada de intención, nunca hubiera sucedido. Como si el intervalo de tiempo vivido que la imagen reflejaba pudiera dejar de existir en el acto mismo de ser borrado. Creo que lo que más nos horrorizaba a las dos de esta escena era la mezcla entre la ligereza con que aparentaban eliminar su pasado y el patetismo de haberlo hecho a partir del juicio de otras personas, en su mayoría desconocidas. En ese punto, por pura asociación libre, me acordé de Nosedive, el episodio de Black Mirror en el que una chica enloquecía al intentar aumentar su popularidad en una red social que, de forma despiadada, otorgaba valor a las personas en función del número de likes que obtenían. Las dos historias se conectan en mi cabeza de manera siniestra. Necesito urgentemente una salida.

Leía hace poco que vivimos en una época en que parecen haberse cumplido gran parte de las distopías del siglo XX. En la era digital, la invasión de la tecnología en nuestras vidas, el control de la opinión pública a través de la desinformación o el aplastamiento de las emociones que interfieren con la productividad neocapitalista con psicofármacos, han dejado de ser un asunto de ciencia ficción. Aunque como especie llevamos milenios imaginando el fin del mundo, el apocalipsis se siente ahora más inminente que nunca. Los recursos naturales se agotan, el cambio climático amenaza con destruirnos, y el fanatismo identitario se expande alimentando discursos de odio y exclusión. Al mismo tiempo, tengo más capacidad de viajar que nunca en vuelos low-cost que contaminan el planeta, dispongo de todo el cine, la literatura y la música que quiero en el salón de mi casa gracias a la tablet, y puedo mostrarme al mundo instantáneamente en un click a través de los píxeles de mi teléfono móvil. Además de consumidora, soy prosumidora, o lo que es lo mismo, productora de capital para el Big Data mediante los datos personales que ofrezco gratuitamente a cambio de una aplicación cuyo efecto es similar al de un anestésico social. Me siento testigo de la putrefacción de un sistema al que nutro y del que participo a cambio de la comodidad cotidiana que conozco porque ¿qué otra cosa podría hacer? Solo soy una individua sumergida en un macrosistema demasiado poderoso. Todo está aparentemente en orden en el mini entorno que habito y, sin embargo, hay un malestar continuo que no deja de latir en mí y en el ambiente que respiro. Si todo esto no reúne los ingredientes para un relato distópico, que baje el dios que ya no existe y lo vea.

Cada mañana desayuno café con Prozac y me acuerdo, por pura asociación libre, del soma de Un Mundo Feliz. Es difícil imaginar qué hacer para cambiar las cosas cuando se vive dentro de una distopía. Necesito coger un poco de distancia para observar. Voy a pensar que esta distopía en la que habito no es más que un mito posmoderno al servicio de que nada cambie. Al fin y al cabo, los discursos del miedo siempre han sido una potente herramienta de control social. Las únicas líneas argumentales que me ofrece ese relato son la sumisión al sistema a costa de un estancamiento progresivo de mi fuerza vital o una revolución que parece pasar, inevitablemente, por la guerra.

Da miedo que todo estalle de una vez por todas después de acumular tanta presión. Así es como han estallado muchas de las personas con las que trabajo.

Soy psicóloga, aunque dentro del relato distópico que habito sería más adecuado llamarme personal técnico de lo psicoemocional —o algo por el estilo—. Trabajo con lo que consideramos locura. El encargo que tengo es reintroducir en el sistema a lxs que se quedaron fuera o se salieron del discurso oficialmente compartido. Vendo mi arsenal de ortopedias y lo pongo al servicio de lxs disidentes para que vuelvan a habitar la narrativa social convencional. Pero si observo la normalidad como un ingrediente más del mito posmoderno, la cosa cambia. Se abre una grieta. Se interpone una distancia. A lo mejor, igual que en psicoterapia, podemos intentar cambiar la narrativa social saturada por el problema. Abandonar la distopía. Construir otros relatos. Después de todo, nuestra forma dicotómica de pensar el mundo (hombre-mujer, loca-cuerdo, individual-colectivo, tú-yo, me someto o vamos a la guerra) es solo uno de los guiones posibles. Generalmente aparece como el único porque descansa sobre una estructura que lleva siglos acompañándonos con fuerza: la lógica agonística patriarcal, que divide el mundo pensable en polos contrapuestos y que encuentra en la dialéctica la vía regia de solución a las tensiones y al conflicto. Pero hay otras tramas narrativas, porque hay otras personas que, con sus cuerpos, ya están encarnando otras posibles formas de vivir no binarias, no cuerdistas, no capacitistas.

Desmontar la lógica que nos atraviesa significaría, por ejemplo, empezar a ocupar yo misma el lugar de una disidencia. Pero eso sólo sería el primer paso. La disidencia no es la alternativa, sólo una manera de resistir. Aunque quizás desde ahí sea más fácil tomar perspectiva y cambiar el foco para, en lugar de dedicarme a ser un agente normalizador de disidentes, intentar una revolución en mi propio modo de vida y hacerme con el control de mi energía vital usurpada. Apuntar hacia la autogestión radical de mí misma como fundamento de lo colectivo. Esto ya lo dijo David Cooper, pero lo hemos ido olvidando una y otra vez para repetir sin descanso nuestro síntoma distópico.

Dentro del relato oficial, salirse del esquema se registra como renuncia al confort cotidiano, pero a lo mejor eso solo es una estrategia más del propio relato, imprescindible para sobrevivir en él. Puede que no sea cierto, y que dirigir nuestra reflexión a analizar los discursos sociales vigentes y sus posibilidades de transformación no solo nos proporcione otros tipos de comodidad aún desconocidos, sino que además revierta en la estimulación de nuestro potencial creativo. Sabemos que dentro de un sistema, el cambio en uno de sus componentes afecta inevitablemente a todos los demás. La clave es inventar el tipo de diferencia que marque la diferencia. Por eso necesitamos la imaginación más que nunca, y para potenciarla, una vía es mantener la apertura a experiencias que la estructura considera subalternas. La esperanza está demasiado ausente de nuestros códigos compartidos. Pero es precisamente cuando todo ha sucedido y queda poco que perder, el momento de arriesgarse a hacer algo distinto, aunque no sepamos hacia dónde va a llevarnos. Al fin y al cabo, al deseo le gusta lo imprevisto, y como poco -que es mucho- podremos reapropiarnos de la dignidad de asumir riesgos.


Teresa Abad 
Extraído de coencuentros.es

miércoles, julio 31

Mi sexualidad es un problema social


Hoy, más que ayer, aunque parezca paradójico, la construcción de la identidad femenina se sustenta bajo la noción de la sacralización de la vagina y de la sexualidad propia de las mujeres. El disfrute y goce de las mujeres supone un incumplimiento de las normas de género más modernas, avanzadas y tecnológicas de este nuevo siglo. Cualquier forma de goce más allá de la heteronormada, esto es, heterosexual, conyugal, monógama y romántica, supone un ataque frontal a uno de los pilares sacrosantos del sistema patriarcal, la familia.

Una mujer debe ante todo ser madre, buena esposa, cuidadora y a ser posible trabajadora. Debe de cuidar su aspecto con dietas, higiene y cosmética. Debe ser en apariencia follable, pero pudorosa y cauta en la cama. Y jamás de los jamases debe insinuarse o corresponder a un encuentro sexual promiscuo.

Así el mes pasado nos llegaba la terrible noticia del suicidio de una empleada de Iveco, tras la viralización de un video de contenido sexual, donde al parecer solo ella salía en la imagen, rompiendo el pacto moral y la estricta ley de la heteronorma.

Iveco es un grupo industrial italiano que se dedica a la comercialización y diseño de transportes ligeros y pesados, con plantas de producción en toda Europa, en China, Rusia y algunos países de América Latina. Aquí en el Estado español mantiene su producción en Madrid.

El mes pasado Iveco se convertía en el escenario del trágico acontecimiento. Una empresa con una plantilla de más de 2.500 trabajadores, vivió con horror el suicidio inducido por la empresa a una de sus trabajadoras. ¿Por qué inducido? Porque la responsabilidad de la empresa era velar por la seguridad de su trabajadora. Y la seguridad no puede entenderse simplemente en el riesgo físico que puede sufrir el trabajador. Tiene que ser en todos sus aspectos vitales, es decir físico, psicológico y por qué no espiritual. Inducido, porque a pesar de que la trabajadora avisara a la empresa de que estaba sufriendo bullying tras viralizarse un video sexual de su persona, y que a raíz del mismo se había generado todo un entramado de burlas y comentarios vejatorios, ni recursos humanos ni nadie en la empresa, compañeros, trabajadores o/y altos cargos, hizo nada para impedir las terribles consecuencias que tuvieron tales hechos. Inducido, porque la trabajadora en cuestión vivía bajo una enorme presión y ansiedad. Su mayor miedo, según los medios de comunicación, era que el video llegara a su familia, a su marido, algo que terminó por suceder. Lo que llevó, según el periódico El Mundo, a que el marido la amenazara con divorciase y quitarle la custodia de los hijos.

Me pregunto hasta cuándo y hasta dónde sostendremos esto. ¿Por qué hoy más que ayer? Cuanto más se refuerza la idea de una sexualidad puritana para las mujeres, más se potencia convertir en aun más depravada la sexualidad para los hombres. Esto no quiere decir que hombres y mujeres vayamos a consumir una u otras formas sexuales según el género. Aquí tiene mucho más que ver con una industria, la del sexo, que con una expresión libre del ser humano.

Gayle Rubin, una de esas fantásticas autoras que se preocuparon en su día por desarrollar una praxis para superar las estrecheces conservadoras de la sexualidad, ya comentaba que en épocas de máxima tensión política las sociedades tienden a endurecer los pactos morales, favoreciendo discursos reaccionarios y puritanos. “Ha llegado el momento de pensar sobre el sexo. A algunos la sexualidad quizá sólo les parezca un tópico sin importancia, un escape frívolo de los problemas más críticos de la pobreza, la guerra, la enfermedad, el racismo, el hambre o la aniquilación nuclear. Pero es precisamente en épocas como ésta, en la que tenemos que convivir con la posibilidad de una destrucción inimaginable, cuando es más probable que la gente se vuelva peligrosamente desquiciada en lo referente a la sexualidad.” Así de claro y contundente comienza su texto “Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad.”

Ha llegado el momento de hablar sobre sexo. Porque es precisamente en épocas como la que estamos viviendo, ante la posibilidad de una destrucción inimaginable, (calentamiento global, el desplazamiento migratorio que lleva a miles de personas a morir en el mediterráneo, el terrorismo, poblaciones enteras desplazadas, el feminicidio en aumento, hambrunas, guerras no mediatizadas, etc.) cuando es más probable que la gente se vuelva peligrosamente desquiciada en lo referente a la sexualidad.” Hablemos sobre sexo porque ante esta posibilidad el conservadurismo más reaccionario avanza expandiéndose en todas sus formas por todos los rincones del planeta. Y es la sexualidad de las mujeres, lesbianas, putas, gais, transexuales y demás identidades, la que está en juego. Hablemos de sexo porque no es banal que una mujer se suicide acorralada por el desquicie, el abuso y el bullying que sufrió en la empresa por parte de sus compañeros. Hablemos de sexo porque la violencia simbólica tiene rostro de buena ciudadana.

Hablemos de sexo porque el problema no es que se viralice un video personal de contenido sexual femenino. El verdadero problema es que las mujeres no podemos, no debemos gozar. No se nos permite disfrutar del juego sexual, de la expresión libre de nuestra sexualidad. Los cuerpos de las mujeres son disciplinados constantemente por los medios de comunicación, la opinión pública, la justicia, la cultura. La violencia simbólica para las mujeres está tan altamente naturalizada que somos incapaces de verla, desde la familia patriarcal/mononuclear pasando por la maternidad forzada, la educación androcéntrica, la heterosexualidad obligatoria, la historia robada, el trabajo sexuado, la ciencia ginopeista.

El contraste es terrible. Mientras a las mujeres se nos mete el miedo en el cuerpo con todo tipo de normas disciplinarias, a los hombres se les insta a consumir un sexo depravado, violento, corrompido.

Hablemos de sexo por que el suicidio de esta madre, trabajadora, mujer supone para nosotras una realidad terrible. Hablemos de sexo porque nos queremos vivas, empoderadas y juguetonas. Pícaras, seductoras, sexuales, sensitivas y gozosas.


                                        Extraído de www.todoporhacer.org

domingo, julio 28

Macrogranjas de cerdos. Sufrimiento animal y destrucción de la naturaleza y la vida rural

En el año 2018, en el Estado español fueron sacrificados más de 50 millones de cerdos y existían más de 15 millones de ovejas y cabras y 6 millones y medio de vacas. En cuanto a las aves de corral, al igual que ocurre con los peces, es prácticamente imposible dar una cifra del número de animales existente, puesto que para la industria no se mide en individuos sino en toneladas. Como dato para hacernos una idea, en 2015 se sacrificaron 356 millones de aves destinados a consumo humano, la gran mayoría pollos seguido a mucha distancia de pavos y en 2018, 43 millones de conejos.

Nuestro país es el mayor productor de carne de cerdo de Europa y el tercero mundial, solo por detrás de China y Estados Unidos, países con muchísima mayor superficie y población, y el tercero de Europa en número de vacas.

Lógicamente, ese extraordinario número de animales choca con las imágenes de vacas pastando en verdes prados de los anuncios de leche y de esos alegres lechones revolcándose en el fango y nos lleva a enormes infraestructuras mecanizadas en las que se engorda a decenas de miles de animales amontonados sin ver la luz del sol.

Por eso, mientras la producción de animales aumenta año a año, el número de explotaciones ganaderas va disminuyendo, lo que evidencia la desaparición de las granjas más pequeñas y de la cría para consumo familiar y la concentración del negocio en cada vez mayores granjas industriales.

Como consecuencia directa de esta expansión de macrogranjas, se necesita una nueva forma de dar muerte de manera masiva a estos animales, por lo que se están construyendo macromataderos como el de Binéfar, capaz de acabar con 32.000 cerdos al día. A analizar los efectos sobre el clima, el empleo y la población rural, nuestra salud y, por supuesto, sobre los animales, dedicaremos este artículo.

La concentración de la industria

Si bien el número total de granjas de porcino en nuestro país ha disminuido de forma drástica (entre 1999 y 2009 desaparecieron más de 110.000 explotaciones, un 61,4% en tan solo una década), el número de animales no ha dejado de aumentar. En ese periodo, el censo de cerdos se incrementó en un 12,3%, de los que el 90% de ellos pertenecía a una granja industrial, y el tamaño de estas no para de aumentar: en 2009, la media de cerdos por granja era de 120 animales y en 2013 ascendía ya a 467. En 2019, las granjas con más de 10.000 cerdos suponen solo el 2,5% del total, pero albergan a más del 40% del porcino español.

Tan solo seis provincias, Lleida, Huesca, Zaragoza, Murcia, Barcelona y Segovia, acogen a la mitad de los cerdos del país. Lleida, con una población de 443.029 personas, contaba con casi 10 cerdos por habitante en 2015 y en su comarca de La Noguera, la media era de 23 cerdos por persona.

La construcción de estas macrogranjas continúa su auge. En Guadix, Granada, está planeada una instalación que engordará a 126.000 cerdos al año, que llegarán pesando 20 kg y saldrán con 100 kg tras 5 meses de sufrimiento para acabar en el matadero. Para abastecer a esta fábrica de engorde, en La Puebla de Fadrique,a 100 km, nacerán 549.000 lechones al año.


Despoblación y desempleo rural

Como decíamos, se están construyendo enormes recintos de cría y engorde de animales por todo el territorio español. Al igual que con otros proyectos nocivos para la naturaleza y el ser humano, el mantra de la creación de empleo nos es repetido una y otra vez para tratar de parar la oposición a estas construcciones.

Pero según un artículo de Ecologistas en Acción, enmarcado en su campaña de acción y difusión Stop Ganadería Industrial, “se observa que la ganadería industrial no solo no frena el proceso de despoblación sino que, por el contrario, en las comparativas realizadas entre municipios con esta industria y otros que se están dedicando a otros sectores económicos (como la pequeña transformación artesanal, la ganadería extensiva o el turismo rural sostenible) los primeros pierden mucha más población que los segundos”. Lejos de la creación de empleo, Garaballa, el municipio con mayor censo porcino de la provincia de Cuenca (55.000 cerdos), ha perdido el 51 % de la población entre 2001 y 2017 y Castillejar (Granada), con una población de 1.344 habitantes y una gran explotación de Cefusa-El Pozo de 21.000 madres reproductoras y una producción de 645.000 lechones al año, ha reducido su población entre 2006 y 2017 en un 20% y aun así el paro se ha incrementado del 7,25% al 18,01% en el mismo periodo. Lo mismo ha ocurrido en otras localidades centradas en las macrogranjas, como Cancarix, en Albacete, con una reducción de la población en un 28% en diez años o en Balsa de Ves, también en Albacete, con un 40% menos de población y un aumento del paro del 9,7% al 26,4%.

Según datos del Ministerio de Agricultura, en el año 2013, solo un 2,1% de los gastos de producción correspondían a mano de obra, lo que desvela claramente la falacia de la creación de empleo. A modo de ejemplo, el proyecto de la macrogranja de Guadix, de las mayores de España, plantea crear solo 11 empleos con un sueldo de 18.000 euros anuales.

Y es que la alta mecanización de estos trabajos hace que se necesiten muy pocos/as trabajadores/as (alrededor de un trabajador a jornada completa por cada 5.000 cerdos) y que la contaminación de acuíferos y tierras y los malos olores hagan muy difícil su compatibilidad con otras actividades económicas, lo que manifiesta que dos de los impactos más importantes de la ganadería industrial para el mundo rural son la pérdida de empleo y de población.
Salud y medioambiente

La ganadería industrial también conlleva graves problemas para la salud humana y del planeta. Entre ellos, el desmesurado consumo de agua de las instalaciones industriales ganaderas (cada kilogramo de carne de cerdo requiere 5.000 litros de agua) y la contaminación por nitratos procedentes de los purines (excrementos de los animales que en la ganadería extensiva sirve como abono natural pero que en la intensiva es altamente peligroso).

Según datos de 2015, cuando en el Estado solo había 28,5 millones de cerdos, éstos produjeron casi 61 millones de metros cúbicos de purín. Esta cantidad de residuos orgánicos podría llenar más de 23 veces el estadio del F.C. Barcelona, el Camp Nou y supone que los cerdos de todo el país produjeron más excrementos que los 46,5 millones de personas que viven en él (en torno a los 41,8 millones de metros cúbicos cada año).


La contaminación del aire por amoniaco y las emisiones de gases de efecto invernadero que provoca directamente la ganadería industrial, e indirectamente la agricultura intensiva asociada a la producción de piensos y la comercialización de insumos y productos, son otro de los grandes problemas identificados. En total, según datos de la organización internacional GRAIN, el modelo ganadero industrial genera entre el 23% y el 32% de los gases de efecto invernadero a nivel mundial.

Asimismo, la contaminación de suelos, aire y aguas a causa de la expansión de la ganadería industrial tiene efectos negativos demostrados en la salud pública. La población local cercana a las explotaciones intensivas se ve afectada cada vez más por problemas respiratorios que, según estudios médicos del personal del Área de Neumología del Hospital Universitario de Albacete, están asociados al amoniaco y a las micropartículas procedentes de este tipo de ganadería. Además, la dieta con un alto porcentaje de productos de origen animal está asociada a enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer colorectal y obesidad.

Por último, cabe destacar la resistencia a antibióticos que es, en gran parte, una consecuencia de este tipo de dieta. Esta resistencia se genera en los propios organismos de los animales sometidos a un abuso de estos medicamentos para tratar de disminuir su mortandad, y se traslada a los seres humanos a través del consumo de los productos alimentarios. Si bien la Unión Europea prohibió la utilización de los antibióticos como método para acelerar el crecimiento, se siguen utilizando para la prevención de enfermedades. En 2017 la cifra de muertes por resistencia a antibióticos fue de 35.000 personas en España, más que por muertes por accidente de tráfico, y según la Organización Mundial de la Salud, en 2050 la mortalidad asociada a la resistencia a antibióticos superará a nivel mundial a la relacionada con el cáncer y será la primera causa de muerte por enfermedad.

A todo esto hay que añadir las consecuencias en los países del sur: la presión ejercida para conseguir grandes cantidades de maíz, soja (no, no son los/as veganos/as los/as que deforestan el Amazonas para fabricar tofu) y otros cereales para los piensos de los que depende este modelo, conlleva acaparamiento de tierras y el consecuente desplazamiento de comunidades, y la intimidación, e incluso la muerte, de líderes campesinos/as; además de enfermedades diversas para quienes viven cerca de los monocultivos, en unos entornos empobrecidos debido a la deforestación.
Sufrimiento animal

Si bien toda la ganadería supone explotación, dominio y muerte de los animales, la ganadería industrial ha llevado esto al máximo exponente. En las modernas macrogranjas, el animal no es un individuo, sino la parte de una tonelada destinada a ser sacrificado en un matadero industrial. El hacinamiento, la vida en jaulas, la falta de luz, el largo transporte al matadero… supone un sufrimiento inimaginable.

En la Unión Europea 120 millones de conejos al año pasan su vida encerrados en una jaula que no les permite apenas movimientos, la mitad de los 400 millones de gallinas ponedoras viven en el espacio de una hoja de papel A4, 40 millones de patos y ocas viven confinados y son alimentados a la fuerza para la producción de foie grass y 140 millones de codornices viven igualmente encerradas. Hay alrededor de 12 millones de cerdas dedicadas a la crianza, que viven la mayoría del año enjauladas en recintos donde no pueden ni girarse. Pasan la gestación y el parto encerradas y amamantan a los lechones a través de los barrotes. Tras el destete, son nuevamente inseminadas y comienza de nuevo el cruel ciclo.

Investigaciones realizadas en el Estado español, como las de Igualdad Animal infiltrándose en decenas de granjas de cerdos, conejos y patos o como la que llevaron a cabo junto al equipo de Salvados en granjas pertenecientes a El Pozo, han puesto sobre la mesa las condiciones de vida en estos lugares y han llevado a que parte del movimiento animalista inicie campañas para la mejora de la vida de los animales de granja, que se han traducido en algunas victorias, principalmente en cuanto al encierro de gallinas ponedoras y conejos.


jueves, julio 25

50 años después de Stonewall, la lucha continúa

Cuando julio llega, Madrid lo recibe envuelto en la bandera arcoíris. El Orgullo Gay es el evento que más dinero recauda en la capital, es el momento del año para demostrar que se es abierto, inclusivo y moderno. Sin embargo, cada vez son más las críticas que surgen dentro del colectivo LGTBIQ+ hacia las actividades principales: el Orgullo está totalmente mercantilizado y acaba siendo un escaparate para blanquear a empresas, marcas, políticos… Además, se siente que la palabra “gay” queda ligada a hombre, blanco, acomodado, invisibilizando otras facetas de la diversidad sexual y de género: bolleras, bisexuales o trans.

Por ello, hemos elegido dos entrevistas que tocan este tema desde “la periferia”: para abrir boca, hablamos con Orgullo Vallekano, que reivindica un activismo LGTBIQ+ de clase y combativo, y para terminar, os acercamos al conflicto laboral de una trabajadora trans despedida por utilizar el baño en el curro, demostrando, una vez más, que el apoyo mutuo es la mejor de nuestras herramientas, ¡juntas somos fuertes!


«No son tiempos para creer en unicornios» Entrevista a Orgullo Vallekano

El mes de junio llega a su fin en el madrileño barrio de Vallecas de la mano de algo más de una semana de actividades enmarcadas en el Orgullo LGTBI+. Un orgullo con carácter propio, de barrio, que lucha por la diversidad y reivindica la libertad en la cotidianidad de nuestras vidas. Para acercarnos a esta semana de lucha, que mejor que hablar directamente con el colectivo cuyo trabajo ha posibilitado todo esto, Orgullo Vallekano. Os dejamos, pues, con una entrevista a uno de sus miembros

-Tenemos entendido que el colectivo nace a principios de 2017 de la mano de la Plataforma Qué Orgullo de Periferia con la idea de descentralizar los actos del Orgullo LGTBI+ por los distintos barrios de Madrid. ¿Podéis contarnos cómo caló esta idea en Vallecas? ¿Cómo fueron vuestros primeros pasos?

Con la ayuda de la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos de Vallecas y de la Asociación de Vecinos del Puente de Vallecas se convocó una reunión para tratar el tema el 16 de febrero de 2017. A esa reunión acudieron ya 25 personas de diversas asociaciones, colectivos y particulares, y se puso todo en marcha rápidamente. Esa fecha es la que tenemos cono nacimiento de Orgullo Vallekano en Puente de Vallecas.

-Vallecas es un barrio con una larga y amplia tradición activista, y la lucha por la diversidad y los derechos LGTBI+ no son una excepción. La primera manifestación LGTBIQ en el barrio data de 1981, ¿tenéis o habéis tenido contacto con aquella generación de activistas? ¿Qué podéis contarnos de la historia del Movimiento aquí en Vallecas?

Es cierto que Vallecas es una de las cunas del activismo en Madrid y en España, pero esa primera manifestación LGTBI de 1981 no fue convocada desde el barrio, sino que fue la manifestación del Orgullo central de Madrid, que no tenía aún lugar fijo, y las autoridades la querían relegar del centro (como ahora algunxs….). Se eligió Vallecas para esa manifestación precisamente por ser uno de los sitios más luchadores de la ciudad. Y sí que hemos tenido contacto con lxs organizadorxs de aquella manifestación que aún viven. Durante la celebración del Orgullo de 2017 hicimos una exposición de fotos de aquella manifestación y un acto público con la presencia de esxs antiguxs activistas que fue interesantísimo.

-En un contexto como el vallecano, de barrio de clase trabajadora, vecinas mayores y población migrante, ciertamente alejado del estilo más moderno o cosmopolita del centro de Madrid ¿Cómo encaja aquí el movimiento LGTBI+? ¿Cómo es la gente que participa del colectivo?

En realidad, es todo mucho más natural de lo que parece por la pregunta. No se trata de apoyar al colectivo de Orgullo Vallekano porque eso sea moderno, sino porque es una lucha más del barrio, ¡Las marikas, las bolleras y les trans también somos clase obrera! También somos precarias y también tenemos problemas de vivienda (en algunos casos, como las personas trans, incluso más por su mayor exclusión social)

-Por vuestras acciones y textos, vemos que tratáis constantemente de tender puentes entre distintas luchas y problemáticas, tejiendo lazos entre el movimiento LGTBI+ y otras luchas como la feminista o la de clase. En este sentido, y entendiendo que la lucha LGTBIQ+ va mucho más allá de la normalización del estereotipo de hombre blanco gay de clase media, ¿Cómo y desde qué óptica lográis/buscáis una transversalidad con otras problemáticas/circunstancias como la cuestión de clase, o la nacionalidad/origen, ecologismo, etc?

Las personas oprimidas por la sociedad patriarcal/capitalista tenemos el mismo enemigo común, esta sociedad que nos aparta, nos arrincona, nos explota, nos racializa, nos hace precarias. Así que de forma natural la lucha es común, al estilo de la película inglesa Pride.

-El «Orgullo Gay» se ha convertido en el evento que más dinero mueve anualmente en el municipio de Madrid y una perfecta herramienta para que tanto los partidos políticos como el propio capitalismo hagan pinkwashing y se vistan de abiertos, tolerantes y modernos… ¿Qué opináis sobre esta dinámica?

Estamos hartas de que los mismos partidos que se quieren vestir con la bandera LGTBI durante el Orgullo luego nos critiquen porque nos visibilizamos también en la Cabalgata de Reyes del barrio de 2018. Nosotras somos las mismas siempre, existimos siempre y siempre somos parte de la sociedad. Tenemos que poder ser visibles en cualquier tiempo y lugar, también en eventos infantiles, pues lxs niñxs saben así desde el principio que existimos y aquellxs que sean del colectivo verán que hay otras personas como ellxs. Así que cuando vemos estas contradicciones y este intento de utilización los señalamos en redes sociales.

-Hemos seguido varias de vuestras campañas por RRSS, algunas muy interesantes, como la de salud… ¿Cómo es vuestra lucha cotidiana, más allá de las grandes citas? ¿Qué objetivos tenéis? ¿Cómo desempeñáis vuestra actividad en el barrio? ¿Qué frentes tenéis abiertos ahora mismo?

Según se van incorporando activistas a Orgullo Vallekano nos traen su campo de trabajo a la asociación. Dos de las últimas incorporaciones han sido dos chicas médicas que nos han aportado mucho en el campo de la medicina y la salud del colectivo. Ya teníamos colaboración con entidades que luchan por la salud de las personas LGTBI como Apoyo Positivo y Atiempo, pero es verdad que estas últimas incorporaciones han supuesto un salto de calidad importante. También mantenemos abiertas otras luchas, como la Memoria de las personas LGTBI durante la Guerra Civil y la dictadura, nos relacionamos con entidades que se dedican a lxs refugiadxs (también hay refugiadxs LGTBI), no olvidamos que también la cultura y el arte son importantes para el colectivo e intentamos concienciar y educar, visibilizarnos.

  
-La extrema derecha empieza a ocupar puestos de poder en ayuntamientos y comunidades autónomas, ¿Qué pronóstico tenéis de cara a lo que se viene encima? ¿Cómo creéis que afectará tanto al movimiento LGTBIQ+ como a cualquier persona que pueda ampararse dentro de estas siglas?

Van a intentar invisibilizarnos, apartarnos, pero nosotras vamos a seguir luchando. No nos van a callar. Solo lo podrían hacer como lo hicieron en la posguerra, encarcelándonos, asesinándonos o mandándonos al exilio. Esperemos que la sociedad española no tenga que ver otra vez cómo se repite esa historia.

-En un contexto general de violencia hacia las personas LGTBIQ+, donde las escalofriantes estadísticas de agresiones sufridas suponemos se quedan cortas respecto al total que se llevan a cabo ¿Por dónde creéis que pasa la vía para evitarlas? ¿Y para afrontarlas desde una perspectiva colectiva?

Hay que aprobar por fin una ley LGTBI y una ley Trans que persigan este tipo de actitudes. En pleno siglo XXI no es de recibo que haya personas que sufran persecución o violencia por razón de su pluma o su identidad de género. Como tampoco lo es que haya tantas mujeres asesinadas y atacadas por hombres por el solo hecho de ser mujeres. Afortunadamente, sentencias como la de la Manada de estos días nos abren un hilo de esperanza.

“¡Devuélveme mi trabajo, discúlpate y no vuelvas a hacerlo!”

Con esta consigna arrancaba uno de los últimos conflictos laborales abiertos por el sindicato local del IWW británico en Sheffield. El caso era sangrante, una de sus miembros era despedida por ir al baño en el trabajo. Ella es trans, y resulta que se equivocó de lavabo. Tras una importante campaña de presión, el conflicto se cerró con la reincorporación de la trabajadora a su puesto, pero este caso ilustra a la perfección el impacto de la transfobia en un ya de por sí precario mercado laboral. Estas deleznables situaciones traspasan fronteras, y las formas de enfrentarlas, también. A continuación, presentamos una entrevista que se le realizó a la trabajadora durante el transcurso del conflicto. Es bastante explicativa.

  
-¿Puedes explicarnos que te sucedió en tu trabajo?

Empecé a usar el baño de mujeres a finales de diciembre del año pasado, estando empleada por una agencia de trabajo en la oficina de una compañía desde junio de 2014. He estado pasando por una transición de género desde hace aproximadamente 5 años, voy recorriendo etapas, pruebo algo nuevo y sigo adelante cuando me siento cómoda con ello, y había dejado de sentirme cómoda usando los baños de hombres hace bastante tiempo. Un par de semanas después de empezar a usar el baño de mujeres, mi jefe me comentó que alguien había puesto una queja sobre mí, y me realizó una serie de preguntas muy personales acerca de mi identidad de género y mi presentación. Sentí que estas preguntas eran tan poco apropiadas por parte de mi jefe como las que realiza un extraño en un bar (razón por la que dejé de estar cómoda en los baños de hombres en primera instancia). En la tercera reunión que tuvimos, una semana después, le mostré a mi jefe varios documentos confirmando mis derechos como persona trans y las pautas de la compañía para acomodar a las personas trans, pero tras salir del trabajo esa tarde, recibí una llamada de la agencia que me decía que no volviera al día siguiente. Todo esto me molestó mucho, y como tengo que seguir pagando las facturas, tuve que involucrar al sindicato.

-¿Cómo te ha afectado esta situación?

Las reuniones con mi jefe me resultaron muy invasivas y degradantes. Escribí una entrada en mi diario el día después de la primera reunión porque la ansiedad de género me estaba afectando bastante: “… ¿hago que las personas se sientan incómodas por razones más profundas que ser del género equivocado en el meadero equivocado? Si sólo son prejuicios acerca de mi cuerpo y mi identidad de género, eso puede descartarse como ignorancia, pero no puedo evitar la preocupación de que la gente se sienta intimidada por mi presencia”. Es un sentimiento horrible, y generalmente trato de ser considerada con los sentimientos de los demás, pero aun así tengo que ir al baño.

A un nivel económico, es un shock pasar de un trabajo mal pagado a no tener ningún salario en absoluto, y he tenido que seguir adelante mientras encuentro otro trabajo y lucho para obtener lo que merezco de mi último empleo. He estado en paro antes, y es una situación realmente difícil y precaria.


-Cuéntanos un poco sobre la campaña de la IWW

Las demandas de la campaña son bastantes simples: devuélveme mi trabajo, discúlpate y no vuelvas a hacerlo. Estamos presionando a la agencia para que admita su error y me restituya en mi puesto laboral, y a la compañía para que presione a la agencia para que siga sus pautas de inclusión.

El IWW es un sindicato para todo/as los/as trabajadores/as, y a diferencia de los sindicatos tradicionales, funciona de manera igualitaria y voluntaria, por lo que todos los miembros se apoyan mutuamente en las luchas, compartiendo habilidades y organizándose juntos/as. Podemos movilizarnos muy rápido: un/a miembro puede convocar una reunión, delinear una estrategia, y obtener la opinión y el apoyo del resto de compañeros/as para lo que necesite. Entre nosotros/as tenemos las habilidades no sólo para llevar a cabo piquetes en la puerta de una oficina, sino para montar una campaña publicitaria y participar en los necesarios procesos de documentación, todo de una vez. Nadie puede hacer esto por su cuenta.


También hemos recibido una sorprendente cantidad de apoyo de fuera de la IWW, con grupos LGTBIQ y feministas apoyando los piquetes, y algunas personas maravillosas que desde el interior le han contado a la gente lo que sucedió y están reforzando mi apoyo. Me han dicho que la opinión general me favorece mucho y estoy muy agradecida con las personas que me están apoyando.

-¿Te preocupa que estas situaciones se den comúnmente en la comunidad transgénero?

Sí, sé que este es un problema que afecta a muchas personas diariamente, incluyendo a algunas de mis amigas. Lo que he pasado en las últimas semanas podría deberse a un malentendido, pero no, es el reflejo de una faceta realmente cruel de la sociedad que fuerza a las personas a encasillarse arbitrariamente y castiga a quienes no encajan. Yo estoy en una posición realmente afortunada de tener de mi parte a mi sindicato y a mucha gente buena. A menudo, este tipo de discriminación es aceptada como parte de la vida cotidiana de las personas trans, como si el hecho de que sucediera a menudo significara que estuviera bien. No lo es, es doloroso y destructivo. Por eso creo que nuestra tercera demanda, un cambio explícito en la política de empresa a una que sea trans-inclusiva, es lo más importante. No quiero que nadie tenga que pasar por lo que yo he pasado en estas últimas semanas.


                          Extraído de https://www.todoporhacer.org/