Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

domingo, enero 20

Por una moral revolucionaria


Tan importante como luchar contra el sistema que nos esclaviza y destruye es luchar contra aquello que hemos interiorizado de dicho sistema. Esto exige adoptar una moral revolucionaria para, por un lado, realizar en nosotros mismos los cambios que queremos ver fuera de nosotros, y por otro lado para disponer de la actitud adecuada para combatir el sistema de forma eficaz y coherente con los principios y valores que afirmamos defender. Esta pequeña reflexión gira en torno a esta segunda cuestión, es decir, la moral revolucionaria como actitud ante el mundo para afrontar la lucha por la emancipación.

La lucha revolucionaria es una tarea que todo revolucionario se impone a sí mismo, pero cuya puesta en práctica exige una actitud sin la cual es imposible emprenderla. Querer hacer la revolución sin estar preparado para hacerla es semejante a tratar de correr un maratón sin estar preparado física y psicológicamente para el esfuerzo que ello supone. Esto es importante en la medida en que el revolucionario se encuentra inmerso en un entorno hostil del que recibe inputs que por lo general son negativos, y que se combinan con una gran variedad de dinámicas y mecanismos en el plano psicológico, ideológico y emocional cuya finalidad son destruirlo como revolucionario, y por tanto laminarlo para convertirlo en otro individuo estándar de la sociedad. Desafortunadamente esto suele ser lo más habitual al comprobar que en muchas ocasiones incipientes revolucionarios, debido a la falta de actitud, terminan abandonando todo compromiso de lucha y se entregan a una vida acomodaticia propia de la molicie burguesa imperante.

Los elementos actitudinales que todo revolucionario necesita son varios y están sumamente interrelacionados, de manera que es muy difícil hablar de ellos de manera separada sin referirse a los demás. Se trata de actitudes que directa o indirectamente son la expresión de unos valores y de una concepción de la vida que contradicen la dinámica social dominante que impone el sistema. Son, en definitiva, los elementos que conforman la moral revolucionaria que nos permite ponernos en forma para afrontar la tarea de hacer la revolución. Si no estamos en forma no podemos desarrollar esta tarea, y consecuentemente no contribuiremos de un modo eficaz y coherente a lograr la revolución. Inevitablemente una moral revolucionaria desempeña dos funciones clave. En el terreno práctico preparar a la persona, en este caso al revolucionario, para hacer la revolución que ponga fin al sistema de dominación. Pero al mismo tiempo en el terreno axiológico, es decir, en el ámbito de los valores que conforman la mentalidad del sujeto, lo que conlleva una rehumanización de la persona frente a la labor deshumanizadora del sistema.

La vida como lucha es lo que, en definitiva, define el sentido de la existencia de todo revolucionario, pero igualmente de toda vida verdaderamente humana. Nada de valor e importancia en el terreno humano ha sido conseguido sin lucha, lo que implica esfuerzo y sacrificio. Así pues, una primera y fundamental actitud que conforma la denominada moral revolucionaria es el esfuerzo y sacrificio. El ser humano ya de por sí necesita de metas que requieran un esfuerzo, y eventualmente algún tipo de sacrificio, debido a que le dan un sentido a su existencia e igualmente son un medio para superarse a sí mismo. En cierto modo puede afirmarse que son las metas de una persona las que la definen. Si la meta que mueve a una persona es grande, como puede ser la revolución y la construcción de una sociedad de la libertad, la persona es grande en sí misma.

Sin embargo, las metas importantes no se consiguen de la noche a la mañana y sin que exista de por medio un esfuerzo. Si una persona que no está en forma quiere levantar a pulso un peso de 100 kilos no puede pretender levantarlos en un periodo de tiempo irrealista, como podría ser en dos días, sino que por el contrario necesita trazar un plan de entrenamiento dirigido a preparar sus músculos para lograr dicha meta. De este modo tendrá que empezar a levantar un peso relativamente pequeño, 2 kilos, e ir practicando para desarrollar la capacidad física que le permita, pasado un tiempo, levantar 5 kilos y así sucesivamente hasta lograr levantar 100 kilos. Lo mismo ocurre con las metas estratégicas que se proponen las personas, pues definen los fines últimos que persiguen. Por tanto, razones de orden práctico exigen trazar en el terreno táctico un camino compuesto de sucesivas metas pequeñas necesarias para alcanzar la meta estratégica. Esto es aplicable a la revolución, pues su consecución requiere el trazado de un camino que conduzca a su realización exitosa, de manera que proceso y resultado son inseparables pues el primero nos prepara para la consecución del segundo.

Frente al mundo acomodaticio y conformista imperante, que aleja a las personas del esfuerzo y del sacrificio ofreciendo una forma de vida en la que estos están ausentes, es importante que el revolucionario, para rehumanizarse a sí mismo, asuma que la revolución sólo es realizable en la medida en que exige esfuerzo y sacrificio. Significa ponerse al servicio de un fin superior, para lo cual es preciso la consecución de diferentes metas pequeñas, necesarias pero no suficientes, conducentes a la realización de esa gran meta que es la revolución y la construcción de una sociedad libre. En ese proceso el revolucionario se forja a sí mismo al tener que salir de su espacio de confort, enfrentarse a sucesivos desafíos de un modo creativo que le obligan a mejorarse para vencerlos y superarlos con éxito. Gracias al esfuerzo y al sacrificio la persona logra salir de sí misma, pues renuncia a la comodidad y al conformismo para conseguir un fin mayor que le trasciende, y al hacerlo logra mejorarse en todos los sentidos al acostumbrarse a soportar el dolor y las adversidades que entraña la propia lucha. Esto genera una espiral ascendente de desafío-respuesta, de tal modo que los desafíos superados con éxito dan lugar a que la persona pueda plantearse desafíos aún mayores que, a su vez, exigirán su mejora cualitativa al desarrollar una experiencia que la mejorará aún más y, en definitiva, la preparará para hacer la revolución, lo que la convertirá en una amenaza real para el sistema.

A la argumentación anterior puede aducirse que también existen los fracasos y las derrotas. Pero justamente la actitud de esfuerzo y sacrificio implica aceptar esa posibilidad, y estar dispuesto a afrontarla con todo lo que ello conlleva. Por otro lado, el fracaso no significa un empeoramiento del individuo, sino que es igualmente una aportación a la propia experiencia en la medida en que constituye una oportunidad para aprender de los errores, y de este modo seguir mejorando de cara a superar con éxito nuevos y sucesivos desafíos. Ninguna derrota o fracaso son totales y definitivos, sino parciales y momentáneos, con lo que deben ser puestos en perspectiva como una dimensión más del proceso de aprendizaje y mejora personal del revolucionario y, en definitiva, como parte del esfuerzo y sacrificio que entraña su lucha por la emancipación.

Como rápidamente puede deducirse de lo antes expuesto la lucha entraña esfuerzo y sacrificio, o lo que es lo mismo, dolor. Pero es por medio de la lucha que el revolucionario se forja y mejora. Esto es importante porque al superar con éxito sucesivos desafíos logra desarrollar, a su vez, una actitud necesaria para todo revolucionario que es la autoconfianza. Los éxitos contribuyen a que la persona se sienta segura de sí misma, logre una creciente experiencia y con ello consiga mejorarse. En este proceso el individuo aprende a confiar en su propio esfuerzo en el que pasa a apoyarse para lograr el éxito. Si las personas no confían en sí mismas y en sus propias capacidades nunca harán nada y tampoco estarán dispuestas a ponerse a prueba. La inseguridad aboca a la pasividad y a la desidia, pero sobre todo al derrotismo y a la falta de autoestima. La falta de confianza en uno mismo impide, entonces, una valoración realista de las posibilidades y capacidades propias, de lo que se deriva la ausencia de una disposición favorable a emprender lucha alguna porque implica enfrentarse a las dificultades y abandonar la zona de confort individual. Cuando uno no cree en sí mismo, en su potencial, se ve incapaz de hacer cualquier cosa y queda sumido en la parálisis. Asimismo, la autoconfianza es una precondición para el esfuerzo que entraña la lucha, pues existe la confianza en el propio potencial para superar las dificultades que se presenten en el camino. Un revolucionario, entonces, es una persona segura de sí misma y con la autoestima en su sitio al ser consciente de cuáles son sus capacidades y posibilidades reales, lo que hace que esté dispuesto a asumir nuevos y sucesivos desafíos para superar sus limitaciones y contribuir de esta manera al logro de la revolución.

La autoconfianza es inseparable de la motivación. En la medida en que uno está seguro de sí mismo y se valora de un modo realista también es consciente de que es capaz de vencer desafíos y adversidades. Al creer en sus propias capacidades el revolucionario se ve motivado, y esta motivación es confirmada con la superación de los desafíos que se le presentan. Todo esto contribuye en gran medida a crear en el revolucionario la convicción de que el fin último que persigue es realizable. Cuando las personas estiman que, por las razones que sean, una determinada meta no es realizable se sumen en una profunda desmotivación que les aleja de cualquier iniciativa dirigida a lograr dicha meta, y con ello caen en la desmovilización. Las personas desmotivadas nunca han emprendido ninguna gran acción. Sin motivación tampoco hay autoconfianza, ni espíritu de sacrificio y, en definitiva, tampoco lucha revolucionaria.

Pero junto al vínculo que existe entre la motivación y las capacidades propias hay que sumar, asimismo, la motivación que es intrínseca al fin último perseguido. Si se trata de una meta importante, que es deseable en sí misma, esto se manifiesta en el gran poder de atracción que ejerce sobre la persona que aspira a su realización. De este modo la meta aporta una gran motivación que constituye un impulso intenso que impele al revolucionario a seguir adelante en la lucha. A lo largo de la historia han sido ideas motrices las que han puesto en marcha la acción desinteresada de muchas personas. Entre estas ideas encontramos la libertad, la justicia, la igualdad, etc. Son ideas atractivas en sí mismas, y es por ello que son capaces de sacar lo mejor de la persona cuando esta es movilizada por ellas. Todo esto nos muestra que una gran motivación permite al revolucionario superar sus propias limitaciones y ser capaz así de grandes acciones. E igualmente a través de estas acciones el revolucionario realiza coherentemente en sí mismo esos ideales que le mueven, siendo también fuente de inspiración para los demás.

Unido a todo lo anterior nos encontramos con la fuerza de voluntad que, a su vez, aporta la determinación. Es conocido aquel refrán que dice que donde hay voluntad hay un camino. Esto tiene mucho de cierto, pues donde existe una voluntad decidida a conseguir una determinada meta los obstáculos sólo son algo circunstancial y no importa el esfuerzo que sea preciso para vencerlos. La motivación es un factor movilizador de la voluntad, pero la fuerza de voluntad exige autodisciplina, carácter, disposición al esfuerzo y al sacrificio, pero sobre todo constancia. Sin constancia tampoco se ha conseguido nunca nada importante, pues los grandes logros son generalmente fruto de un esfuerzo y de una constancia considerables. Hay que tener en cuenta que un cambio revolucionario de carácter emancipador supone enfrentarse a una compleja y difícil realidad para transformarla en un sentido cualitativo, con lo que no es realista plantearse la posibilidad de que dicho cambio pueda ser una tarea fácil, realizable con poco esfuerzo y a corto plazo. Por el contrario exige gran esfuerzo, fuerza de voluntad y constancia. La consecución de una sociedad libre no puede lograrse en el corto plazo, pues todo proceso de transformación exige mucho tiempo para ser materializado y por ello un gran esfuerzo que sólo puede nacer de la constancia. La regularidad que ofrece la constancia es, asimismo, de un incalculable valor porque la persistencia en una lucha, en unas determinadas prácticas, etc., ejercen un efecto indeleble en la persona. La constancia, en definitiva, imprime carácter en la persona. Pero además de esto la constancia provee regularidad, y la regularidad ofrece confianza a uno mismo pero también a los demás. Las personas constantes fallan menos que las que no lo son, y esto las hace muy valiosas.

Por último está la responsabilidad. No sirve de nada adoptar compromisos con uno mismo o con los demás si no se es responsable, es decir, si no se pone el interés y esfuerzo necesarios para cumplirlos o directamente no respondemos por ellos. La diferencia entre una persona responsable y una irresponsable es que la primera manifiesta diligencia en sus acciones, y por ello un interés en cumplir sus compromisos, además de estar dispuesta a asumir las consecuencias de sus actos y errores. La responsabilidad es, en suma, una obligación moral por la que uno responde tanto de sus actos como de sus inacciones. La irresponsabilidad, por el contrario, conduce a actitudes negligentes, a la desidia, pero también a la hipocresía, al descrédito y en general a la inmoralidad. Las personas responsables son diligentes a la hora de cumplir sus compromisos, inspiran confianza y se muestran cooperadoras. Resulta imposible concebir a un revolucionario como una persona que no se molesta en ejecutar los acuerdos tomados colectivamente con sus compañeros, que se desentiende de los compromisos que voluntariamente ha adquirido consigo mismo o con los demás, o que directamente traiciona la confianza de los demás.

El comienzo de un nuevo año es un momento idóneo para asumir nuevos retos y adquirir compromisos para mejorarnos como personas, y sobre todo para ponernos en forma de cara a desarrollar la difícil tarea revolucionaria. Sirva esta pequeña reflexión como un acicate para desarrollar en nosotros mismos aquellas actitudes que contribuirán a convertirnos en unos verdaderos revolucionarios, y sobre todo a ser capaces de dar lo mejor de nosotros mismos en la lucha por un mundo nuevo.


Esteban Vidal

jueves, enero 17

Ángel Padilla, poeta de los animales


Entrevista a Ángel Padilla, conocido como “el poeta de los animales”. 

¿Podrías explicarnos por qué la mayor parte de tus poemas se los dedicas a ellos y por qué elegiste la poesía como forma de expresión.

En primer lugar, diré algo que muchos ignoran -en el sentido de ignorar de decidir no pensar en ello o de soterrar tal realidad- y es un hecho biológico y científico: todos somos animales. Los humanos lo somos. La única diferencia importante que nos separa del resto de los animales es que el animal humano es el único que ha decidido auto-recluirse en lugares llamados ciudades, lo llaman “la sociedad del bienestar”, pasan hambre, penurias, venden su alma con un sistema llamado política a otro animal humano que junto a otros formará un Gobierno, que regirá las vidas de todos con sus mandatos; en ese sentido el humano es el animal menos inteligente de la Tierra, elige amo y lugar donde permanecer encarcelado de por vida. Y, lo peor de todo -y aquí sitúo el énfasis en su mejor inteligencia que el resto de los animales-: el humano ha roto con la cadena trófica, sus hábitos dependen de destruir sin sustitución la Tierra de parte a parte. Esta introducción me es necesaria para explicar mi teoría de que el humano -la mayoría de sus individuos- es un animal frustrado, loco y cruel, y por eso descarga la frustración e ira de su existencia desnortada e infeliz sobre los que considera más débiles que él -que no lo son; únicamentes se encuentran en un marco que el humano conoce y domina más que ellos-. Esclavo, condenado, sin dignidad ni valores reales amplios, el humano genera daño y dolor, con preferencia a aquellos que no pueden devolver el golpe.

A este mundo delirante de las Naciones y sus fronteras, los humanos traen de sus hábitats libres a animales diversos, para recluirlos en zoos, circos...; para comerlos, hacinándolos en ganaderías industriales. La mayor parte de estos animales nacen y mueren en esos lugares insalubres y enloquecedores, sin haber conocido ni un tallo verde de su verdadero mundo, un mísero haz de sol que se sienta en el cuerpo no acompañado del miedo que les atraviesa de cabeza a pies toda su vida que pasan en nuestro mundo, hecho a la medida de nuestra idiotez, pero no a la de sus dignidades.

Visto esto, mis obras han ido en forma natural afrontando como tramas centrales las de la libertad por recuperar, la dignidad como camino y fin de lucha y el rechazo a todo ordenamiento en que ganen unos para que pierdan otros. Es cierto que he escrito más sobre los animales inocentes que no quieren vivir aquí porque para los humanos y sus injusticias entre ellos, ya hay infinidad de asociaciones, el mismo estado legisla, etc. Ellos se agreden y a la vez se protegen entre ellos. Los literatos cantan himnos a los países o a la muerte de los reyes, al amor... de los humanos, versos de corazones humanos. Cuando los poetas han hablado de los “animales” en sus poemas o los novelistas en sus novelas, siempre han afrontado esto desde una mirada antropocentrista; han, como mucho, ensalzado su belleza con verbo excelso y poco más. Pero no hay obras de militancia para el pueblo de los animales, para sus naciones diversas y valerosas, como Viento del pueblo o España en el corazón, por nombrar algunos, donde Hernández y Neruda tan prodigiósamente y con sangre enamorada hablan por su vecinos y consanguíneos. Su... Pueblo... de vecinos únicamente humanos. Mi Pueblo es más grande.

Yo tengo más vecinos y amigos y hermanas/os, muchos tienen alas en la espalda y otros tienen más de dos piernas. “La guadaña entre las flores” es un poemario que habla sobre la legal tortura de los bóvidos en los ruedos de España, poniéndome del lado del toro, por supuesto. “Mundo al revés” es una novela que describe cómo sería si el mundo funcionase al revés, los animales no humanos dominando esto. Usándonos como mascotas, vestidos como nosotros, friéndonos a trozos en sartenes para luego comernos... Introduciéndome en sus cárceles, heridas, padecimientos diarios, les intento captar la voz y el lamento y compongo historias, poemas o “cartas” de ellos hacia nosotros, en forma de libros. Por eso comenzaron a llamarme poeta de los animales, porque hasta la llegada de mis poemas no había nada o casi nada de esta temática de compromiso con los más invisibilizados en la literatura universal.

La poesía es el lenguaje originario, en poesía piensan los niños y los animales libres; mi ser se comunica con el mundo a través de esta lengua. Como activista, además de escritor, he ido viendo que un buen poema mueve más, agita más, nos convierte en más fuertes para la lucha, que un manifiesto o una narración formal de hechos. La poesía está escrita con fuego de herida. E inflama el aire sobre las cabezas y los corazones, haciendo más altas las pancartas, como un barco en el que vamos todas/os hacia el Sueño, mar adentro. Hay mucha gente que me dice que no leía poesía, incluso que la odiaba, pero que a través de mi poesía se ha conciliado con ella; ese sería por sí mismo un motivo fundamental, para mí, para seguir escribiendo. Y para defender a los animales hay que pensar en poesía, porque el gato, el camello, el lince, el perro, piensan y sueñan en lengua y visiones poéticas. Esto es, en belleza.
 
Crees en el poder de la palabra. ¿Cómo dirías que actúa ese poder y que potencialidad tiene? ¿Qué nos permitiría cambiar y qué orden podríamos subvertir mediante su uso de manera disidente y no convencional?

Levanta la cabeza de este verbo: todo lo que ves ha sido, antes de existir, nombrado. La cárcel se ha construido porque alguien enunció en voz alta el fonema, y lo explicó a los obreros que levantaron los presidios. Con palabras se ha construido todo este mundo, hasta la más pequeña cosa. Con Palabras podemos cambiarlo, hacerlo distinto. Levantar algo distinto desde él y aplastarlo con otra cosa, como la alfombra en flor del sol primaveral aplasta la capa negra del invierno que escapa. Los elementos no emiten palabra pero portan la “idea”, que es lo mismo pero en silencioso. Cada pequeño ser del campo porta en su cabecita y sangre la idea, la Memoria. Nosotros llevamos en la memoria a fuego que esto que vivimos NO ES lo que nuestra sangre reclama. Que nos han estafado. Todos esperamos otra cosa. Pero nuestra memoria e imaginación no alcanza a remontarse o alzarse lo suficiente para llegar a la resolución del enigma. El (falso) Poder ha sabido cómo solapar, con varias capas como de cebolla, toda esta verdad. El poeta es el loco que sí llega a los fondos, por eso de los artistas somos los que, según los ensayos sobre el genio y la locura, más enfermedades mentales y suicidios padecemos. El poeta es el que más hondo araña. Para desenterrar un buen verso hay que saber cavar y tener la constancia precisa.

Lo importante que creo tenemos que tener en cuenta, ahora, de lo dicho, es que el concepto de pueblo ha cambiado. Antes el pueblo escuchaba al chamán, al poeta. Hoy sólo ve la televisión, y opina y enfoca la realidad según lo que se le dice del mundo. El Estado ha entrado en el Pueblo y ya son la misma cosa. Nuestro educar en sensibilidad animalista y libertaria ha de enfrentarse a esta locura de durmientes. Imagino que no fue tan distinta la dificultad en la lucha antiesclavista negrera.


En determinadas ocasiones, ante ciertos sucesos, ¿no sientes que la palabra enmudece y se declara impotente? ¿O, por el contrario, ella siempre puede testimoniar, dar cuenta de lo ocurrido y denunciarlo cuando haga falta? ¿Hay realidades tan terribles y tan contundentes que se le escapan?

Nunca. Nunca la palabra claudica ante el horror. La Palabra no se ve abrumada por nada. Quien se abruma es la sangre, ahogada temporalmente por la soga de las entrañas. Lo que ocurre es que cada suceso requiere un momento para ser contado. Hay veces en que una situación a contar golpea de tal forma que tenemos que dejar pasar un tiempo para describirla con palabras. Esto ocurre porque palabra y realidad son lo mismo y no se sabe qué va antes, si enunciar la realidad o nombrarla con sonidos una vez la vemos. Desde que las lenguas eran más limitadas en sonidos, éstas han cohabitado armoniosamente con la realidad; las lenguas de sonidos de los animales no humanos no se diferencian a la nuestra en nada, aunque el humano siempre haya creído que nuestros idiomas son más complejos y ricos. En síntesis, emitimos sonidos para mostrar estados de ánimo, las palabras son como notas musicales; hay diálogos tristes y alegres. La poesía históricamente nació de la música. Los juglares fueron los primeros poetas, y en ellos la música, el sonido armonioso comunicante de estados de ánimo, eran lo esencial. Hoy tenemos una inmensidad de palabras que nos soterran, donde nadie entiende a nadie, y nadie escucha a nadie. Es el tiempo de la vaguería neuronal. Yo leí el diccionario entero, como una novela, de la a a la z, todas las definiciones de sus palabras; te juro que sentía que escuchaba canciones, música. Ecos de otras cosas que las que, por supuesto, dicen en su copa: dicen más en su raíz. Menos es más, cada día veo más verdadero esto tan esencial.

Terminando la respuesta a la pregunta. Dicen que el perro ladra. Que el ave pía. El búho ulula. Nosotros debemos serenarnos y con poco sonido decir más. Un buen poema es como el aullido de un lobo en la noche. ¿Puede el lobo ser incapaz de aullar a una luna concreta? El gato maúlla, y sabemos que existe el gato, y su ubicación; nos está contando con su sonido una historia. La Palabra siempre pervive hasta en el más hondo silencio, física y permanente como una casa soñada o la ola que marcha y vuelve del mar. Conclusión: Ni cuando apretamos los labios deja de sonar una canción.


También has escrito alguna novela, ¿verdad? ¿Querrías hablarnos de ella y de tu forma de entender las obras de ficción? ¿Crees que, a través de las ficciones literarias, podemos acercarnos a la verdad? ¿A través de ellas podemos descubrir algo o conocernos más profundamente a nosotros mismos y al mundo que nos rodea?


Decía Picasso que el arte nos ayuda a ahondar en la condición humana, en su verdadera naturaleza, conocernos más, hundirnos más al fondo, para saber, para intuir.

Mi novela “Mundo al revés” afronta el problema de los animales no humanos secuestrados de siglos entre nosotros. Mediante lo que en literatura se denomina distopia -salto en el tiempo hacia adelante-, levanto una ficción en que los humanos son encerrados, abusados y asesinados y comidos como estos, hoy y siempre, han hecho con los animales; con la salvedad importante de añadir que, hoy, esta tierra de la sociedad industrial, del “bienestar”, del feroz e imparable capitalismo, los animales son peor tratados de lo que lo han sido en toda la historia de la humanidad: encerrados en zoos y circos para ser exhibidos, como si de objetos se tratasen. Nacen hacinados en lugares infectos sin luz de sol ni salidas al aire limpio en cadenas infernales de producción, chapoteando sobre sus propias heces y orines desde el nacer al morir, alimentados a toda prisa y antinaturalmente, viviendo en ese infierno un 20% o menos de lo que hubieran vivido de haber nacido y muerto naturalmente en libertad, hasta el momento en que la cadena de producción considera que está listo “el producto” para ser enviado al mercado. Un gancho lo levanta de una de las patas traseras y es descuartizado por un matarife mientras aún parpadea y traga sangre, porque el método que se usa es el aturdimiento previo, en el que nunca o casi nunca pierden el sentido del todo.

Esta enorme injusticia debía ser denunciada y lo hice en dicha novela, que afortunadamente ganó un importante premio de fantasía. Se agotó, la volvió a editar una editorial distinta. Y ahora formará parte de una trilogía, en otra editorial.

La novela. La poesía. El arte en general es un arma enorme para guerrillear contra la (in) cultura de tu tiempo. “La cabaña del tío Tom” ayudó mucho para la emancipación de los negros en los tiempos del apartheid. “Humillados y ofendidos” y “Pobres gentes” fueron las primeras novelas sociales en Rusia, y ayudaron al mundo a conocer a fondo a los pobres, a los desterrados en su propia nación. En ese sentido, “Mundo al revés” viene para, mediante el escalofrío, hacernos ver qué ocurriría si el holocausto animal, se perpetrase a la inversa. Sin los libros de las primeras escritoras feministas se hubiera tardado mucho más en que la mujer pudiera emanciparse, leer, estudiar, ser ella con todos sus ámbitos naturales que les eran encadenados por el patriarcado, que aún azota pero con nuevos trajes. La mentira del “Poder” hace mundos. La verdad de la “ficción” de los disidentes, los combate. 1984 de Orwell o Farenheit 451, de Bradbury, también “Un Mundo Feliz”, de Huxley, son obras que denunciaron una opresión, y que hoy son más vigentes aun que en su propio tiempo.

Para finalizar, diré que no es nuevo decir que para saber lo que pasa en un país de verdad, no hay que leer los periódicos, sino a los poetas de ese territorio. El arte en todas sus disciplinas nos dice más de las etapas históricas de el paso del humano por esta tierra que cualquier tratado académico de Historia.


Dentro de tu obra, tienen un papel destacado los gatos. ¿Por qué, de entre todos los animales, precisamente los gatos? ¿Qué tiene el gato de especial o qué es los que hace particular su situación en nuestro país?


He nombrado al gato mucho en mis libros, pero no creo que más que de los otros animales. Puede que se tenga esa impresión porque por las redes mis poemas de gatos se mueven bastante. Ciertamente, el gato es un animal extremadamente enigmático, único, bellísimo. Es el gran bastardo. Según en qué tipo de animal nazca tu sangre para esta tierra, tus padecimientos pueden ser mayores o menores -excepto los casos aislados como el de la vaca en la India o cuando el gato era considerado casi un dios en el antiguo Egipto. Hoy, las ciudades modernas han obligado al gato a ser un apátrida en todos los lugares, un indeseado, el gran odiado de los basurales. Es el animal al que peor se le ha pagado su mansedad, inocencia y amor. Siendo como es un animal que se adapta a las casas como el perro, sigue teniéndosele, desde la empatía, una consideración menor, y eso debe cambiar.

El gato para mí es como un ave y piensa como un ave, es como un querubín, un pequeño angelito que en las terrazas más altas no muestra síntoma alguno de vértigo ni miedo, sólo le faltan alas. Vivir con un gato es de lo más terapéutico que a alguien le puede ocurrir. Son cariñosos, leales, y enseñan individualidad, que mucha falta hace en este mundo alienado. Son anarquistas natos, nobles y su mirada es tan profunda y sabia que causa vértigo.

Exijo que se les respete de una vez. Con urgencia debe frenarse este ataque sin freno contra el gato en todo este país, mediante envenenamientos, atropellos, apaleamientos. ¿Por qué ese ensañamiento con estas criaturas tan dóciles y pequeñitas como bebés? Ardo en ira sólo de pensarlo.

 
¿Hacia dónde crees que avanza el movimiento de la liberación animal? ¿Vamos en la mejor dirección posible y a buen ritmo o, por el contrario, vamos dando tumbos sin tener muy claro el hacia dónde?


El movimiento de liberación animal debe concretar sus fines, debe saber nuclear y firmemente hacia dónde quiere llegar o, como dices, se avanzará mucho más tiempo dando tumbos, retrocesos, en perpendicular...

Ocurrirá naturalmente que el movimiento animalista sepa, unido, hacia dónde debe ir, cuando pasen muchos años más y la evolución de los “evolucionados” sea más concretada y se haya expandido en más individuos. Debe haber por lo menos en el animalismo un 50 % de individuos que tengan clara la lógica de que no luchamos contra el maltrato, como proclaman casi todas las campañas, sino contra la esclavitud. Contra el sentido de propiedad. Contra el antropocentrismo. Es como si el feminismo en su lucha contra el patriarcado, hiciera campañas sólo contra que no se pegue a las mujeres, aunque sí las puedes usar de esclavas bien tratadas, etc. El feminismo es una lucha de gran calado que tiene grandes literatas y pensadoras que han mostrado la lógica del absurdo machista, y que lo único que desean es que se las considere iguales sujeto de derecho que el hombre en la sociedad humana. Su fin, es la emancipación del yugo machista. No ser menos sino iguales. Que el hombre no las mire como distintas, incluso débiles; que no crea que por una cuestión de fuerza física él domina el lugar, porque siempre quien gana las partidas es la fuerza de la mente, el tesón, la estrategia.

El animalismo en cambio no lo tiene tan claro qué quiere para sus defendidos. Este movimiento, en el que milito y que considero el de mayor hermosura que ha emanado de la evolución humana, de su siempre desenfoque del universo que le rodea, viene para poner las cosas en su sitio respecto a los animales no humanos y los animales humanos. Como el feminismo, viene para decir: los “demás” animales, aunque sean distintos en su exterior y utilicen un lenguaje distinto, deben ser considerados sujetos de derecho. Y deben respetarse sus intereses particulares. Este punto es el fundamental para entender por qué la lucha a favor de los animales es tan diversa y confusa. Porque sólo unos pocos tienen claro que se lucha por individuos y por intereses particulares. Si entendemos que en tiempos de la esclavitud negrera (en amplia, que sigue habiéndola), el fin era la emancipación del negro del amo blanco y sus mandatos, esto es la libertad absoluta, su libre albedrio, y comprendemos que el “negro” es humano; si entendemos, asimismo, que en la lucha feminista se pedía lo mismo pero para la mujer, derechos entre los hombres, iguales derechos, libre albedrío. Y si culminamos diciendo que ambas minorías hoy en su lugar -al menos en el lugar que dicen elegir estar- siguen entre humanos porque animales humanos son, he aquí donde encontramos la gran falla, el por qué el animalismo va dando tumbos: porque como bien indicas unánimemente sus defensores difieren en cuanto al fin que se busca para los defendidos. Los animalistas en general piden derechos para los animales pero... en la ciudad. Craso error. El Gran Derecho es el retorno a sus hábitats.

Los caballos a los valles y campos.

Las vacas a ramonear hierba, sin humanos ni cercas.

Los seres del mar, al mar, a los océanos, bajo vastos cielos calmos.

Importante en esta hoja de ruta el veganismo. El humano debe dejar de comer animales porque no es omnívoro. Necesitamos freír la carne para comerla, cruda nos es indigesta y nos enferma. Los animales carnívoros depredadores la comen cruda. Nuestros intestinos son como los de un hervíboro. No poseemos, asimismo, colmillos para desgarrar la carne. Numerosos estudios avalan esta realidad. Lo de estabular y hacinar animales desde su nacimiento para luego mostrarlos amputados en los súpermercados en bandejas plastificadas, generando su consumo cánceres y diversas enfermedades cardiovasculares y neurológicas, no es sólo infernal (La Tierra es un Infierno para los animales, Schopenhauer), sino además, una estafa contra la salud y los ecosistemas, y en ellos, para los grupos humanos más pobres. Para que la “producción de carne” no cese han de arrasarse bosques sin cesar, enormes pulmones de la tierra y de nosotros mismos, la capa de ozono se daña, los espacios cultibables se reducen. Si sólo el 10 % de los que comen cadáveres dejaran de hacerlo, podría darse alimento a las/os hermanas/s que pasan hambre en los lugares más pobres. En cuestión de espacio cultivable, un no vegano, para sus recursos alimenticios, requiere de 20 veces más terreno de pasto, que un vegano o vegetariano. Creo que no habría nada más que añadir que la frase de Einstein cuando sentenció que “El futuro será vegetariano o no lo será”.

¿Cómo describirías las relaciones entre el proteccionismo y el movimiento de liberación? Hay puntos de confluencia, pero, ¿hay también puntos de desencuentro? ¿Ambas perspectivas están destinadas a confluir o, inevitablemente, siempre seguirán siendo no diversas en sus planteamientos, en sus métodos y en sus objetivos?


Mientras no se produzcan sinergias entre ambas posturas no se avanzará más rápido. Creo que están condenadas a entenderse. Avanzará la evolución y la patentización en mayores lugares y con ello la naturalización del veganismo, así, las entidades protectoras que únicamente se dedican a ciertos animales, acabarán recibiendo en sus vidas esos nuevos progresos -como ya está ocurriendo-; hace unos años, en las sociedades protectoras de animales ver un vegano era una anomalía; ahora es más común. Y en el animalismo, aunque gente que lleve toda su vida en la lucha, aún los hay que comen cadáveres de sus defendidos (maldita contradicción que no ven o no quieren ver), observo que la gente joven que va entrando al movimiento de inmediato implanta el veganismo en su vida como algo lógico, de sentido común. Por eso creo que finalmente ambos ámbitos serán uno solo, allí la lucha fluirá con mayor efectividad.

A la luz de lo descrito, surge la pregunta: ¿podrán ser los gatos unos animales libres y respetados en una sociedad basada en la explotación y en el no respeto por la vida ni por la libertad? ¿Hasta qué punto podríamos avanzar en la defensa de los gatos sin propiciar al mismo tiempo un cambio social más profundo? ¿Se puede ganar una batalla apostándose tras una única barricada?


Pienso que podemos hablar de una “tipología” de individuo sin olvidar mencionar a los demás. Hay gente que se define como abolicionista, que habla de que sólo potenciando el veganismo ayudaremos a los animales, y atacan como inanes e incluso contraproducentes lo que ello denominan “campañas monotemáticas”. Para mí esto son sólo palabras. Lo que el movimiento hace en cada momento es dirigirse para protestar a un lugar de esclavitud, donde hay individuos burlados o maltratados, porque la legislación humana los sitúa como propiedad de tal señor, tal señora, tal ayuntamiento, tal cofradía, etc. Da igual que en ese lugar los esclavos animales sometidos sean vaquillas, zorros, perros o palomas. No ven el especismo en sus carnes los autodenominados abolicionistas, porque denostan que se proteste un día concreto por ejemplo, por las palomas, o por los gatos, porque según ellos: ¿y los demás? Yo les respondo que mientras se proteste por individuos zaheridos, ya se está haciendo algo. Ridículo y muy torpe es vetar o considerar inane un protesta contra un abuso, el que sea. ¿Nos molesta Unicef sólo porque concrete su lucha en los niños? Sería estúpido y de poca caladura ética.

Ahora bien, en mi opinión bien es cierto que muchas protestas son “débiles” pudiendo ser más fuertes, precisamente por la parte de razón que sí tiene el argumento abolicionista: que debe hablarse siempre de todos los esclavos, aunque sea tangencialmente, aunque el protagonista de una protesta sea un ser concreto y diferenciado.

El discurso con que se defiende a un ser es fundamental. Somos una suerte de abogados suyos. Afirmo que todo lo que se haga para visibilizar que los animales no humanos son vulnerados aquí y allá por considerarse propiedad y ser en nuestro inconsciente cosificaciones, es ineludible.

Animo a la gente a que renueve slogans y discursos, como dije, en manifestaciones concretas y actos diversos, para que quien escuche acabe por entender que luchamos por todos los animales, y que el hecho de que un día protestemos aquí y otro, allá, es meramente circunstacial, pero nuestra preocupación y ocupación es integral. Porque, concluyo, es una realidad que dentro del animalismo hay mucho especismo: o sea, gente que sólo lucha por unos animales y los otros no le conmueven ni importan.

Recuerdo en una manifestación por los gatos, en que estábamos hablando con unos políticos que bajaron del ayuntamiento, al oír nuestros gritos de protesta en la puerta misma del panteón de la vergüenza ese, cuando en la argumentación de una alimentadora de gatos le escucho decir que quien persigue y maltrata a los gatos es “porque no le gustan”, y que “nosotros estamos aquí porque nos gustan”. Le corregí diciendo que yo estaba allí por un sentido de Justicia. Me pregunta: “Pero te gustan!?” Le respondí que por supuesto; pero insistí que no estábamos allí porque “nos gustaran”. Estoy convencido que esa mujer no era vegana.

Argumentaciones así son los que pueden hacer que una protesta que podría ser poderosa se desinfle y quede en un residuo de “una pataleta de amantes de los gatos”.

Al fin, tenemos trabajo, mucho, de concienciación, fuera del movimiento y dentro de él. Pero lo lograremos.


Volviendo a la cuestión de las palabras y de la tremenda importancia del lenguaje que a diario utilizamos y que perfila la forma en la que percibimos nuestro mundo, ¿qué consideración tienes de la palabra “mascota”, por ejemplo, qué connotaciones tiene?


Proviene del lenguaje esclavista, de propiedad, de cosificación. Es lo mismo que “animal de compañía”. Recuerda al ofensivo y vergonzante “señorita de compañía”. Debemos evitar el uso del léxico del enemigo, abolir palabras como amo, mascota, incluso aquello de que “no tienen voz” los animales. Hay defensores de los animales que nombrando a sus defendidos los condenan aún más. Es como un mal abogado que a un defendido suyo, inocente, por una infame defensa, lo envía él mismo a galeras. Pues así. Tal cual.

Las palabras liberan, nos tornan dichosos, nos oscurecen o nos traen paz. Las palabras sanan; y crean mundos.

Pero, cuidado, también: LAS PALABRAS MATAN.

lunes, enero 14

Carta Directa: a lxs hijxs de los ricos


CARTA DIRECTA
“La pasividad y la mansedumbre no implican bondad, así como la rebeldía no significa salvajismo”
Emma Goldman

A lxs hijxs de los ricos que rechazan la violencia y esgrimen argumentos pacifistas ante la justicia del pueblo.

A estas personas que, por algún contacto indirecto con nosotras (las personas de abajo), generaron algo de consciencia, se les sugiere que enfoquen toda su capacidad dialógica con su clase social y no con nuestra gente. Este diálogo debe servir para hacerles entender la necesidad de nosotras de abandonar la violencia ejercida desde sus mecanismos de control y represión legal, moralmente aceptada en contra nuestra: deben entender, además, que la violencia se ejerce de muchas formas. Dicho diálogo lo deben realizar con la élite, con sus padres, porque son ellos los causantes de las agresiones en contra nuestra, deben preguntarles por qué es que nuestros actos de inconformidad les causan tanto escozor y por qué nuestra rebeldía es repelida con tanta brutalidad, y, sobretodo, en qué se basan sus supuestos derechos para gobernar y para mantener un régimen de autoridad; un régimen de total humillación y desigualdad. Esas preguntas deberían hacérselas a sus padres antes que preasumir que es el accionar del pueblo una manifestación de violencia y de ignorancia, y no una respuesta a la agresión de su clase socioeconómica.

Ustedes, hijos de la “gente de bien”, deben entender que las acciones del pueblo son respuesta a las acciones de sus padres, que, en su afán de mantener una estructura social en consonancia con las dinámicas de poder (nunca de libertad y consenso social), violentan, asesinan, imponen sus condiciones y se apropian de los recursos que, por generaciones, han sido forjados por nuestros antepasados en la dinámica de trabajo esclavo: bajo la máxima de “ganarás mi pan con el sudor de tu frente”.

Ustedes, hijxs de la élite y de los privilegios, es bueno que dejen de subestimar la lucha de clases y es bueno que se alejen de su floja visión del pacifismo, una “paz” vestida de colores. ¿Ser pacífico implica ser ciego y silente frente a las actitudes violentas de sus padres hacia la gente trabajadora, hacia nosotras, las personas de abajo? Pues, en nuestra opinión, “paz” significa ecuanimidad, solidaridad entre gentes, soberanía alimentaria, techo digno, educación para la libertad y no para el trabajo, tiempo libre, salud preventiva, entre otras. ¿Puede considerarse que esas aspiraciones son violentas? Ante estas solicitudes el pueblo no tiene posibilidad de ser escuchado pues, a pesar de que sus luchas no estén encaminadas a la confrontación y el daño, la élite siempre las va a asumir como ilegítimas, como una acción que merece una reacción y, ojalá, lo más violenta posible. Esta violencia se ejerce con armamento pagado por la misma gente a la que se maltrata, esa violencia se ejerce con jueces perversos que defienden los intereses de la élite y con cárceles para anular la capacidad de acción, para diezmar la dignidad humana.

La dignidad humana ha sido vedada al pueblo, se ha estratificado y es lujo que no llega a las bases de la pirámide social que se ha creado en un terreno que anteriormente era llano. En un lugar donde todas las personas nos mirábamos de frente, no de abajo para arriba, como ellos quieren que funcione todo, un mundo lleno de jefes y siervos. Esta forma de vivir genera comodidad a su clase social e incomodidad exagerada a la nuestra, que se ve pisoteada a diario en sus lugares de trabajo, en el transporte público, en el hospital, en la escuela, en el juzgado, en la academia militar, en la cárcel.

¿Son acaso injustas nuestras acciones o peticiones? Pues no es así. Las acciones defensivas del pueblo, cansado de la violencia y de la complicidad del estado con la clase dominante no son violentas, son legítimas y se justifican, pues nunca están encaminadas a hacer daño, ni contra los suyos ni contra el agresor; son acciones de dignidad contras las prácticas de dominación y represión de la élite, prácticas maquilladas de “justicia” y “legalidad” en la hipócrita moral autoritaria. Cuando hablamos de responder a sus agresiones nunca pensamos en matar y bombardear, en frustrar frente a un tribunal o en enjaular. Nuestro ideal de respuesta ante las amenazas y la violencia de la élite al poder tiene que ver con la autonomía, con la organización popular, con la autoregulación, con el consenso social y, si es necesario, con el uso de las armas, no para obtener poder, sino para defendernos de él, pura y legítima autodefensa comunitaria, nada parecido con el fenómeno paramilitar que se ha apropiado de este término para maltratar y asesinar al pueblo. Nuestras armas alimentan, dan techo, abren caminos y defienden a la vez al pueblo de los abusos del poder patronal; son machetes, hachas, martillos, garrotes y cuchillos entre puños valientes y gentes dispuestas a dar la vida por la dignidad: pero nunca para dominar, nunca para generar desigualdad o represión. Son armas para libertad de las personas.

Nuestra acción significa violencia para la élite porque irrumpe en sus privilegios, porque intenta derrumbar la idea del jefe, del mandatario, del capo, del dictador; nuestra acción incomoda porque busca derrumbar la desigualdad, la hambruna, la desprotección; nuestra acción incomoda porque busca eliminar la ignorancia, que es el mayor motor de la desigualdad, de la tiranía, pues un pueblo educado es un pueblo libre; nuestra acción incomoda porque no tiene aspiraciones de poder, porque intenta eliminar de la mentalidad humana la idea de “ser gobernado”; nuestra acción incomoda porque es solidaria, colectiva, autónoma, autogestionaria, asamblearia; nuestra acción incomoda a la élite porque grita acción popular, rebeldía y revolución; sabemos que incomodamos y sabemos de qué forma se sienten cómodos sus padres, repeliéndonos con brutalidad estatal, a palos y a bala.

Por estas razones, porque siento justicia en nuestras formas de actuar (en la asamblea, en la huelga, en el tropel) es que me motivo a escribirles estas palabras a ustedes, las personas que pueden estar heredando este sistema de desigualdad, a ustedes, a lxs hijxs de los ricos.

Bombardeen las mentes de sus padres, incomoden a sus familias, pongan el tema sobre la mesa, lleven nuestra voz al corazón de la cultura de la violencia, recuérdeles las humillaciones que nos hacen a nosotras, las personas que les hemos servido, por generaciones, en sus casas, en las fábricas, en las haciendas, en las calles, que más que “suyas”, deberían ya ser nuestras: pues han sido forjadas a lo largo del tiempo por el sudor de nuestra clase; la clase obrera y campesina, la clase desposeída. Pero sobre todo, hagan contrastes, decanten actitudes, intenten cambiar las formas interacción con las personas que trabajarán para sus proyectos, no le hagan a otras personas lo que no quieren que le hagan a ustedes, respeten la dignidad, eliminen las aspiraciones de poder, desistan de la adhesión a las élites, no restrinjan la solidaridad a su grupo de afinidad, extiéndanla, y dejen de valorar como desacertados los actos del pueblo cuando busca justicia, dejen de tildarnos de violentos e ignorantes. La pobreza no sólo se manifiesta con la ausencia de bienes materiales, también se manifiesta con la falta de sensibilidad ante la injusticia y desigualdad.

Salud y Rebeldía.


Imprenta Comunera 
Los Santos – Santander, 2018.


viernes, enero 11

El síndrome de Antígona


La Antígona de Sófocles fue una de las tragedias más premiadas y representadas en la Atenas de Pericles. El argumento nos explica que Creonte, regente de la ciudad de Tebas, prohibió que se diera sepultura al cadáver de Polinices, que había muerto atacando su propia ciudad. La hermana de éste, Antígona, desobedeció su orden y le dio sepultura, por lo que fue condenada a muerte. El déspota Creonte desoyó todas las súplicas y peticiones de perdón. Su intransigencia en defensa de una ley estatal injusta, contraria a la piedad y las costumbres más ancestrales del derecho de la familia a enterrar a los suyos, le condujo al desastre. Su hijo Hemón, prometido de Antígona, se suicidó. Luego lo hizo su propia esposa, aunque en el último momento Creonte había reconsiderado su actitud.

La media España de los miserables, que perdió una guerra y fue fusilada, exiliada y humillada hasta el hartazgo, por su ejército, su iglesia, sus amos y los asesinos a sueldo, disfrazados de falangistas o policías, sufre el síndrome de Antígona, porque durante cuarenta años tuvo prohibido enterrar y honrar a sus muertos, y cuando fue la hora de reclamar ese derecho, durante la Transición, renunció, porque el terror de esos cuarenta años aún nos impedía ser libres.

Así nos va, ahora, cuarenta años después de los cuarenta años de franquismo, escarbando por caridad en esta o en aquella fosa común, y con el último timo de una infame ley, llamada de recuperación de la memoria histórica. El rey Creonte enterró viva a Antígona; en España se han muerto de viejos los padres y hermanos de quienes fueron fusilados y echados como perros en las cunetas, con la maldición de Antígona rabiando en sus entrañas.

Hijos y nietos aún han de batallar como jabatos para recuperar los huesos de sus antepasados. Asesinaron y robaron lo que quisieron y se sabían impunes. Que un criminal de guerra, confeso y victorioso, ocupase la Jefatura del Estado durante cuarenta años no se borra fácilmente, y sus secuelas son innumerables y persistentes. Mientras tanto, los jueces españoles, sin barrer la propia casa, se atreven con los criminales de guerra de allende mares y continentes, persiguiendo torturadores y genocidas, discípulos y émulos de sus maestros franquistas. Archiveros de algunas instituciones se otorgan el poder de decidir, a su capricho, qué puede ser consultado. Antígona fue enterrada viva por Creonte y Transición. Ya es demasiado tarde para muchos, pero los nietos siguen en pie. La ignominia continúa, el combate por conocer toda la verdad, también.

Queremos los nombres, todos los nombres: el de los de los asesinados y el de los asesinos. Queremos saber cómo, dónde, cuándo, por qué y quién se enriqueció y/o detentó el poder gracias a tanta muerte, a una represión tan feroz, a tanto dolor.

La Guerra Civil no fue una guerra fratricida, fue una guerra de clases. El franquismo represalió, claro está, a las minorías democráticas, pero sobre todo impuso el terror a una clase obrera derrotada por las armas, vencida.

Y la cruz del Valle de los Caídos ha de ser dinamitada, porque es una cruz impía, porque es una cruz de victoria, porque es la cruz de una cruzada contra el pueblo. Y porque esa cruzada exaltó la cruz de la espada, pero esa cruz era la gamada.

No hay otro remedio al dolor, ni existe otra solución que saberlo todo, por todos los medios, con todas las fosas abiertas, con todos los archivos abiertos, sin traba alguna, con los recursos económicos que sean necesarios. Queremos saberlo todo, queremos todos los nombres, de asesinados y de asesinos, de cómplices y delatores, queremos saber el cómo, dónde, cuándo y por qué de cada muerto. Y sabido todo esto, queremos justicia. De no ser así, nos están enterrando en vida, como hizo Creonte con Antígona.


Agustín Guillamón

martes, enero 8

Ha fallecido el historiador y escritor anarquista Osvaldo Bayer


El historiador, escritor y periodista anarquista murió el día 24 de diciembre al mediodía. La noticia fue anunciada en la página de Facebook oficial, desde donde despidieron a uno de los más reconocidos pensadores latinoamericanos, pluma del diario Página/12 y principal investigador de los sucesos de La Patagonia rebelde.

Murió el periodista e historiador Osvaldo Bayer, uno de los intelectuales más respetados que dio el país. Su revisionismo centrado en las luchas obreras y la represión de los trabajadores organizados marcaron un antes y un después en la interpretación de la historia argentina. La matanza de peones en su investigación sobre la Patagonia Trágica es, tal vez, su obra más conocida. Por esa y las demás investigaciones que dieron cuenta de la opresión encabezada por los sectores dominantes y las familias patricias argentinas, fue censurado, perseguido y amenazado. Debió exiliarse del país y fue uno de las voces que denunció en el extranjero la represión de Estado de la última dictadura cívico-militar. Al volver en la década del '80 mantuvo firme sus convicciones. Publicó sus artículos en Página/12. Estuvo presente en cada reclamo obrero, campesino y de las comunidades originarias. La defensa de la ética y de los derechos humanos fueron su baluarte. Tenía 91 años. Su obra y su ejemplo no pierden vigencia.

La noticia del muerte de Bayer fue confirmada por su hija Ana a través de la cuenta de Facebook del escritor: “Una noticia muy triste, falleció mi papá”. También lo hizo en italiano y alemán (“Mein váter ist soeben gestorben” - Mi padre acaba de morir) para anoticiar a los vínculos que el autor de Los vengadores de la Patagonia trágica tuvo en esos países en los que pasó parte de su vida.

Anarquista, historiador, periodista. Osvaldo había nacido el 18 de febrero de 1927 en la provincia de Santa Fe. Estudio Historia en la Universidad de Hamburgo, en Alemania, y sus primeros artículos que marcaron lo que luego sería el perfil de su obra fueron publicados en Noticias Gráficas y en La Chispa, el periódico patagónico que él fundó en la década del ’50. Trabajó también en Clarín. Entre 1959 y 1962 fue titular del Sindicato de Prensa y en la actualidad era secretario honorario del Sindicato de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Sipreba).

Su militancia le valió la persecución de la Triple A, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, y en 1975 se exilió a Berlín. Los anarquistas expropiadores, Severino de Giovani, el idealista de la violencia; Fútbol Argentino, rebeldía y esperanza fueron algunas de sus obras. También fue guionista de La Patagonia Rebelde, el film dirigido por Héctor Olivera que denunció la matanza de peones patagónicos.

En 2008 escribió el guion y libro cinematográfico del film publicado por Página/12, Awka Liwen, junto a Mariano Aiello y Kristina Hille, que da cuenta del despojo de las tierras a comunidades originarias y campesinas, y de la destrucción de la tierra. Por ello fue enjuiciado por la familia del ministro de Economía de la dictadura, José Martínez de Hoz, lo que luego motivó la realización del documental Martínez de Hoz.

En 1963 promovió en la ciudad bonaerense de Rauch una consulta popular para cambiar ese nombre del coronel prusiano por “Arbolito”, el nombre del ranquel que le había dado muerte. Por ello fue arrestado. La orden la dio el general Juan Enrique Rauch, ministro del Interior de la dictadura y bisnieto de Federico Rauch.

Además de la reivindicación de los derechos humanos y luchar por la condena de los genocidas de la última dictadura militar, otra lucha que se convirtió en una de las más emblemáticas fue la de pedir el traslado del Monumento a Roca, ubicado sobre Diagonal Sur, que homenajea al ex presidente argentino que comandó las matanzas de miles de comunidades indígenas en lo que la historia oficial conoce como “la conquista del desierto”. Bayer pidió que en vez de Roca se levante un monumento a la mujer originaria.

Por esta lucha, el Concejo Deliberante del partido bonaerense de Rojas, renombró en 2007 "Pueblos Originarios" a la ex calle Julio Argentino Roca. Lo pidieron alumnos de las escuelas locales basados en en sus investigaciones de Bayer. En la actualidad existen muchos proyectos similares.

En 1984 se le otorgó el Premio Konex, en 2003 la Universidad Nacional del Centro le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa por su trayectoria en el campo de los derechos humanos, la literatura y el periodismo. Recibió el mismo título en las universidades nacionales de Córdoba, (2009), Quilmes (2009), San Luis (2006), Del Sur (2007), Del Comahue (1999) y de San Juan (2011).

Debido a su estado de salud, asistió a la última movilización del 24 de Marzo en silla de ruedas. Había tenido algunos accidentes domésticos y achaques propios de la edad. Pero así y todo siempre fue incesante el desfile de estudiantes, escritores, periodistas y cualquier persona que se le ocurriera visitarlo, por su casa del barrio porteño de Belgrano, a la que su amigo, el escritor y periodista, Osvaldo Soriano, bautizó “El Tugurio”.


sábado, enero 5

La respuesta anarquista ante la corrupción, esa lacra inseparable de todo poder estatal



La corrupción es la esencia es consustancial al sistema capitalista – sea en versión neoliberal privatizadora o burocrática seudosocialista – y al tipo de relaciones humanas y de sociedad que dicho sistema genera y en el que el poder se ejerce con el aval de la representatividad y de la delegación, regulada mediante las comedias electorales. En ese sistema estando tan interiorizados enla mayoría de la población los valores del dinero, la fama y el poder se da el caldo de cultivo tanto para la corrupción de los grandes escándalos como esa corrupción de pequeña escala sobre la que se hace la “vista gorda”, sobornos de unos cuantos billetes y favores a retribuir es ya parte de la cotidianidad en tantos lugares.

Pero ¿qué nos puede librar de la corrupción – de la macro y de la microcorrupción – si en este contexto y sistema social, económico y político solo puede esperarse la realidad de la explotación y humillación de la mayoría? La corrupción es fruto del poder y la evidencia práctica política da la razón al postulado anarquista de rechazar no solo la corrupción sino el poder, cualquier tipo de poder autoritario y opresivo.

La corrupción no se liquida con sentencias de los tribunales, ni con condenas de algunas personas, De la corrupción no nos va a librar el poder judicial por muy independiente que los teóricos lo concibieran, ya que forma parte del mismo engranaje del Estado. tampoco nos va a librar el poder legislativo o ejecutivo, todos ellos conectados en esa tramoya donde de cuando en vez hay cuidado en cumplir con aquella máxima del novelista italiano Lampedusa en su novela _El Gatopardo_: “Que todo cambie para que todo siga igual”. La certeza de esta frase se ratifica cuando durante años se sigue votando por personas, partidos y en favor de un sistema corrupto que, época tras época, nos demuestra que la corrupción le es inherente y que allí no cabe la verdadera renovación.

Contestamos a la pregunta sobre qué nos puede librar de la corrupción con una primera respuesta hipotética: otro tipo de ser humano, otro tipo de persona , podría librarnos. Y propongamos una segunda respuesta, también hipotética: otra sociedad diferente a la que conocemos, con otras instituciones, con otro sistema de relaciones humanas, podría funcionar sin corrupción.

Ambas respuestas posibilistas se sustentan en el principio contrario a que la corrupción es consustancial al ser humano, forma parte de su naturaleza (en caso de que se reconozca la existencia de la misma), y forma parte de la sociedad que ese ser humano corrupto, corrompible, es capaz de crear y gestionar.

Si partimos de la primera premisa, es decir, que otro tipo de ser humano, con valores, ideales y comportamientos diferentes, sería capaz de abandonar las prácticas corruptas, será menester ponerse a la obra ya, diseñar un radical y profundo cambio del sistema educativo y proceso de formación por el que transitan nuestros niños y niñas, porque estamos ante una empresa ardua, a largo plazo, cuyo éxito, además, depende de la creencia en que la educación de una persona sigue una línea unidireccional, ascendente, uniforme, que podemos manejarla sin que existan variables extrañas que contaminen el proceso, Significaría este enfoque que el ser humano es plenamente maleable y que el control de su proceso educativo, en todos los casos, nos llevaría al puerto deseable.

Sin duda, el ambiente y la cultura de partida, la clase social de origen, el género, el sexo, la etnia, el país de origen, posiblemente también un mínimo componente relativo a su dotación genética, etc., son variables a considerar y que van a condicionar, cuando no a determinar, nuestro esfuerzo y programas educativos. En cualquier caso, esta empresa de cambiar de tipo de ser humano hay que acometerla, recorrerla, porque con un nuevo tipo de persona podriamos garantizar una nueva sociedad, obviamente sin pensar en adoctrinamientos, domesticación, uniformidad de la población, sino todo lo contrario, educación en el ejercicio de la libertad y la justicia.

Sin desechar esta primera línea de actuación, la segunda línea sobre la que trabajar sería pensar en construir progresivamente una nueva sociedad, eso si, con el tipo actual mayoritario de personas, muy implicadas en el consumismo, carentes de referentes revolucionarios, desafectadas de la educación y la cultura, sumisas sin conciencia clara de su precariedad, defensoras pasivas de un sistema de democracia parlamentaria y representativa, pero con la suficiente capacidad intelectual para no negarse a que las cosas podrían ser mejor para la mayoría de lo que son actualmente.

Este es el reto, construir una sociedad nueva, sentar bases en las que se erradique la corrupción, con una población que, en principio, comparte los valores y ética de la sociedad antigua. Esto sin duda es posible y se fundamentará en unas “instituciones y organismos” que garanticen que el ejercicio del poder no recaigan en personas a título individual, que la toma de decisiones sea de forma colegiada, de abajo arriba, sin cargos unipersonales, ni ejecutivas, ni jerarquías, ni cúpulas dirigentes (siempre será más fácil corromper a una persona que a un ente…) y esa sociedad nueva no puede sino basarse en los principios del movimiento y pensamiento libertarios. Principios como la autoorganización, la autogestión, el apoyo mutuo, el federalismo, la democracia y acción directa, la justicia social, el antiautoritarismo, el anarco-eco-feminismo, antirracismo, anticonsumismo, internacionalismo, la economía colectivista y solidaria… nos señalan una posible vía para la emancipación y la vida en dignidad.


Revista Libre Pensamiento (Madrid)

[Versión resumida y adaptada de parte del Editorial de la revista Libre Pensamiento # 95, Madrid, verano 2018.]

Fuente: http://acracia.org/

miércoles, enero 2

Buenos Aires: Acción directa muralista de Lxs Sucutrulxs




“¿Qué mierda es esto?”

A diario convivimos con el hartazgo de absorber publicidades y campañas que contribuyen a fortalecer las hegemonías de las formas partidarias y estatales.



Entendemos que el sistema en el que vivimos reprime, esconde y tergiversa a menudo todo acto de rebeldía; Por eso es que estamos en la búsqueda de herramientas de comunicación masiva que logren reconfigurar el panorama del accionar político.

El muralismo fue en su historia una poderosa herramienta política que acompañó los procesos de resistencia social y hoy en día, ha devenido en mutaciones como el “street art” (lettering, mega stenciles, retratos realistas, etc.).

Entendemos estas nuevas formas del muralismo como acciones vacías de contenido. Ejecutadas por artistas burguesxs, financiadxs por empresas, industrias culturales y gobiernos, lejos de obrar desde el cuestionamiento político contra-hegemónico, sólo terminan lustrando las botas que nos aplastan. Decoran los barrios para volverlos más atractivos para el turismo y el negocio inmobiliario, desplazando habitantes originarixs y anulando y fagocitando su identidad.



Manejándonos con esta misma lógica de reterritorialización de la herramienta, copiando la estética de la pintura de los partidos políticos, que hacen de las paredes de los barrios una propaganda de sus referentes y candidatos.

En base a esto es que surge esta acción; Infiltrándonos en sus imágenes y sus recursos, pervirtiéndolos para insertar mensajes que atenten contra el orden establecido, ofendiendo la realidad.



Incitamos a la multiplicación y la recreación de esta iniciativa.
Los motivos sobran.
La urgencia está a la orden del día.
Organizate y hazlo tu mismx!
¡No necesitas ser un gremio, para ser unx gran sucutrulx!



G20 WELCOME TO HELL
No llames la policía.
Todo el mundo odia a la policía.
Nadie debería trabajar.
Perón miente.
La vagancia dignifica.
Al pueblo unido lo cagan los partidos.
Macri, desgracia, vos sos la democracia.
Que se vayan todxs.
Si me muero fue el Estado.
Feliz crisis y próspero amo nuevo.



Bs. As. Primavera 2018
Abrazos y besitos.


[Para más info sobre Lxs Sucutrulxs, visitar su blog https://lxssucutrules.noblogs.org.]

domingo, diciembre 30

Kafka anarquista. El anatomista del poder

No es muy conocido que el gran escritor Frank Kafka profesaba ideas anarquistas; al margen de su obra, que destila en gran medida un espíritu libertario, si atendemos a su biografía, su cercanía vital al movimiento libertario es indudable.

La respuesta a por qué se silenció la dimensión político-anarquista de Kafka está en el libro Kafka anarquista. El anatomista del poder, de Costas Despiniadis, para cuya edición se pide ahora ayuda anticipada. Se trata de una interpretación política de los textos del escritor checo e, incluso, una interpretación anarquista de los mismos. Resulta increíble que el aspecto subversivo y libertario de la obra de Kafka, debido muy probablemente al intolerable conformismo académico y comercial, haya sido silenciado durante un siglo. Parece que ya se está poniendo remedio con libros como este y resulta tremendamente saludable para las ideas libertarias poner el foco en el potencial antiautoritario del legado de Kafka. Hablamos de un implacable analista del poder, del patriarcado y de la burocracia, con obras como El veredicto, La metaformosis, El proceso o El castillo. No hay que olvidar tampoco En la colonia penitenciaria, escrita tras el impacto que supuso la Primera Guerra Mundial, que supone seguramente un cambio en Kafka al trasladar su crítica a toda forma impersonal de dominación. Por su parte, su inacabada novela América supone una feroz crítica del capitalismo moderno.

Si recordamos su temprana rebeldía contra el autoritarismo paterno, junto a su posterior crítica al poder político y económico, concluimos que las dos formas de dominación, la personal y la estatal, se encuentran vinculadas para este autor. Algunos testimonios recuerdan también la intransigente exigencia de Kafka por su autonomía, independencia y libertad en todos los ámbitos. De esa manera, a la fuerza tuvo que acercarse a los círculos anarquistas de Praga, ese capítulo maldito de su trayectoria vital que, con notables excepciones, ha sido silenciado por la mayor parte de sus biógrafos. Al igual que tantos anarquistas, Kafka tuvo durante unos pocos años cierta confianza en la Revolución rusa, pero pronto supo vislumbrar la degeneración autoritaria y burocrática del aquel régimen. Una obsesión, la crítica a toda forma de burocracia, y también la tejida con mimbres democráticos, que se repetirá a lo largo de su obra. Es posible que este libro, para el que LaMalatesta Editorial pide ayuda para su publicación, sea el primero escrito por alguien explícitamente anarquista. El deseo de dar a conocer a uno de los grandes escritores del siglo XX, y hacerlo desde una perspectiva libertaria, es indudable.

En este enlace, tenéis los detalles de crowdfunding.


jueves, diciembre 27

lunes, diciembre 24

La funesta constitución española de 1978

Pese a que el relato oficial sigue afirmando que la constitución de 1978 trajo la libertad a la sociedad, y que puso término a una oscura dictadura militar nacional-católica, cada día menos gente se cree esa versión de los hechos. La realidad es simple y llanamente que el Estado español, en su forma franquista, se reinventó al adoptar una fachada constitucionalista. El Estado siguió siendo el mismo, las estructuras de poder que se formaron durante la etapa franquista pervivieron en el régimen constitucional, en ocasiones con otras denominaciones, también su personal, numerosas leyes franquistas, y la propia élite dirigente siguió siendo la misma con algunas nuevas incorporaciones procedentes de la denominada oposición política.[1] Sin embargo, parece que sigue obviándose el significado histórico que en términos negativos tiene la promulgación de toda constitución.

En primer lugar la constitución es en el ordenamiento legal la ley suprema que establece el marco general en el que todas las demás leyes deben desarrollarse. Y como es de sobra sabido la ley, toda ley, es una imposición, pues para que esta no sea letra muerta necesita del recurso de la fuerza para hacerla efectiva. La constitución de 1978 no fue una excepción, lo que deja muy claro que algo que necesita ser impuesto mediante el uso de la fuerza para que tenga vigencia y sea cumplido difícilmente puede haber traído la libertad. Pero además de esto la constitución establece claramente el principio de autoridad al determinar a quién le corresponde el derecho de mandar y quién tiene la obligación de obedecer. La constitución, entonces, instituye la distinción jerárquica entre gobernantes y gobernados, entre dominadores y sometidos, lo que conlleva que la sociedad como tal no pueda autogobernarse y, por tanto, autorregularse sin la necesidad de la existencia de una élite dirigente que acapara recursos e instrumentos organizativos a través de los que supervisa, controla, fiscaliza y somete a la población. Evidentemente esto significa la más completa negación de la libertad.

La constitución de 1978 únicamente reformuló en unos términos políticos e ideológicos diferentes la estructura de dominación ya existente durante el régimen franquista, es decir, la que existe entre gobernantes y gobernados. Por esta razón no supuso una alteración sustancial del sistema establecido sino simplemente de su apariencia, sobre todo en la medida en que fueron aprovechadas las estructuras de gobierno creadas por el franquismo. En este sentido cabe apuntar que la función de toda constitución, incluida la de 1978, es la de definir en términos estructurales y jurídicos la organización del Estado. De esta manera la constitución determina no sólo quién tiene el derecho a mandar en la sociedad, sino también los medios que le son asignados para desempeñar dicha función. Esto conlleva un cambio en el funcionamiento interno del Estado en lo que afecta al modo de ejercer su dominación sobre la población, lo que es completamente contradictorio con la libertad que supuestamente dicho texto legal trajo consigo. En lo que a esto se refiere la constitución implicó una ampliación considerable del poder del Estado al aumentar su ámbito de actuación al asignarle unas competencias que previamente, al menos de un modo formal, carecía.

El principal argumento sobre el que se basan los defensores del relato oficial que presenta a la constitución de 1978 como el adalid de la libertad es, básicamente, el reconocimiento formal de un conjunto de derechos y libertades que previamente no estaban recogidos en el ordenamiento jurídico. Pero en la práctica nos encontramos con diferentes hechos que contradicen lo anterior. El primero de ellos es que la libertad no existe si hay alguien que la concede, pues del mismo modo que es otorgada puede ser revocada parcialmente o en su totalidad. En este caso el Estado español es el que, por medio de la citada constitución, proclama el reconocimiento de ciertas libertades que están, a su vez, constreñidas y limitadas por el propio orden político y social que impone la constitución. Es decir, la libertad como tal no es otra cosa que una tutela explicitada en la constitución que se encarga de definirla y limitarla al tiempo que asigna a los poderes del Estado su protección. Resulta muy difícil conciliar el principio de libertad con lo que es una imposición, tal y como sucede con las leyes y especialmente con la constitución, pero todavía más difícil es conciliar la libertad con su regulación por una organización autónoma que la reconoce y regula en unos términos favorables a sus intereses, tal y como ocurre con el Estado español. El efecto de esto es que el Estado se inmiscuye en todos los ámbitos de la vida humana para controlar, regular y someter a la sociedad mediante el cumplimiento de la ley en nombre de la libertad que esta proclama.

Lo mismo cabe decir sobre los derechos formalmente reconocidos en la constitución. Su reconocimiento es hecho en unos términos favorables a los intereses del Estado, que es la institución encargada de supervisar y regular su ejercicio en función del ordenamiento constitucional. Asimismo, dichos derechos están restringidos a aquellos ámbitos que el propio Estado, por medio de la constitución, se arroga como competencia suya. Por otro lado hay que constatar igualmente que los derechos son, al igual que las libertades que están recogidas en la constitución, una concesión del Estado debido a que están estructuralmente limitados y definidos según sus intereses, con lo que tanto su ejercicio como su alcance están sujetos a la voluntad del Estado que eventualmente puede revocarlos como así lo contempla la propia constitución. En la medida en que los derechos reconocidos son parte del ordenamiento constitucional es el Estado el que se ocupa de gestionarlos, lo que tiene como consecuencia el control de la sociedad bajo la excusa de proteger y garantizar sus derechos.

Todo lo anterior demuestra que la constitución es la expresión de una relación de fuerzas que adopta un carácter jurídico y formal, de modo que las reglas del juego político son establecidas conforme a los intereses de quien en esa relación de fuerzas ocupa una posición dominante. Juntamente con esto también es preciso señalar que una sociedad de derechos no es necesariamente una sociedad libre, pues la existencia de derechos supone, asimismo, la existencia de un reconocimiento normativo de los mismos que constituye una forma de regulación de la vida del individuo por quien promulga dichos derechos. Debido a esto se produce un aumento del control que el Estado ejerce sobre la sociedad, en la medida en que toda ley requiere la supervisión de su cumplimiento. Una sociedad libre está compuesta por individuos libres cuyas vidas no están reguladas por entes exteriores, sean estos cuales sean, sino que por el contrario se regulan a sí mismos.[2]

Por último, nos encontramos con el que quizá sea el argumento más fuerte de aquellos que reivindican que la constitución trajo la libertad. Este no es otro que el carácter electivo de los cargos políticos en la dirección del Estado, lo que supuestamente garantiza que las medidas adoptadas desde las instituciones estatales se correspondan con los deseos, intereses y demandas de los electores, de manera que el Estado como tal está sujeto a un control de la población. Sin embargo, este argumento es débil en muchos aspectos. En primer lugar la existencia de procesos electorales constituye una herramienta mediante la que el sistema de poder establecido se dota de la correspondiente legitimidad y es creado el necesario consenso social. Esto quiere decir que dicho sistema de poder, con todas sus estructuras, no es susceptible de ser elegido. La sociedad no elige, por ejemplo, a los jueces, fiscales, jefes de policía, mandos militares, jefes de los servicios secretos, altos funcionarios de los ministerios, etc.[3] Este personal es el que integra y dirige las estructuras organizativas del Estado y que conforma el poder establecido, de manera que la clase política depende de ellos en todo lo esencial.[4] En la práctica es este poder el que toma las decisiones importantes en un país, y los políticos únicamente se limitan a legitimarlas con su consentimiento. Como consecuencia de esta situación los políticos desempeñan el papel de agentes de relaciones públicas del sistema de dominación del que forman parte, de modo que tratan de “vender” al gran público decisiones que otros han tomado por ellos. Esto ocurre en todos los países donde existe alguna forma de sistema constitucional representativo, con lo que la clase política simplemente es la correa de transmisión del Estado al encargarse de explicar y justificar ante la población las decisiones adoptadas por los poderes estatales.[5] El caso español no es la excepción a tenor de la continuidad que se da en las políticas llevadas a cabo por gobiernos de diferente signo político.

El carácter parlamentarista del sistema político instituido por la constitución de 1978 implica la exclusión de la sociedad de la vida política, y por ello de los procesos decisorios sobre cuestiones que le afectan directamente. La intermediación desempeñada por la clase política sólo es un procedimiento mediante el que mantener a la sociedad alejada de la política, en un estado de pasividad y postración frente a los poderes constituidos. Las cámaras representativas sólo son espacios en los que las decisiones importantes tomadas en otros ámbitos son ratificadas, y donde son escenificadas las controversias de las diferentes facciones que componen la elite dirigente. Aunque formalmente la constitución afirma que la soberanía reside en el pueblo, en la práctica es usurpada por los poderes del Estado y la clase política en los parlamentos. De este modo la gestión de las cuestiones colectivas recae en una minoría dirigente que utiliza los recursos que extrae de la sociedad para imponer sus intereses con sus decisiones.

Por otra parte tampoco puede pasarse por alto el hecho de que la clase política está compuesta por individuos que no son la sociedad, no forman parte de la sociedad, no viven con la sociedad y por ello mismo no comparten los mismos problemas que las personas corrientes que integran la sociedad. Los políticos tienen unos problemas muy diferentes de los de las personas de a pie pertenecientes a la clase sometida, no comparten con estas sus preocupaciones ni mucho menos aún sus intereses. A los políticos no les importan los problemas de la población, sólo en la medida en que puedan afectar a sus propios problemas e intereses. Así pues, los intereses de los políticos no son los de la sociedad y no pueden serlo por la posición de privilegio que ocupan, por ser una elite y un grupo social aparte que vive al margen de la sociedad y gracias a esta por medio de los recursos que le extrae en la forma de impuestos. De este modo los políticos constituyen una elite que representa al sistema que le paga y no a la sociedad. La constitución española de 1978 vino a instituir todo esto.

De todo lo hasta ahora expuesto se deduce que la constitución de 1978 no trajo la libertad, sino que por el contrario se ocupó de conservar y desarrollar bajo una apariencia distinta el sistema de dominación que ya existía durante el franquismo, al mismo tiempo que sirvió para afianzar y ampliar los poderes del Estado en una proporción que ni siquiera el franquismo había podido soñar. La constitución de 1978 es, entonces, un texto jurídico funesto que consagró en términos legales y políticos el sometimiento de la sociedad al Estado, lo que demuestra que ninguna constitución puede traer la libertad al ser fruto de una imposición. Basta con recordar que no fue redactada por el pueblo llano, sino por una minoría dirigente. El referéndum celebrado para su aprobación simplemente fue un instrumento mediante el que forzar a la población a confirmar la voluntad de la elite dirigente que le impuso este texto legal, siempre bajo la manipulación mediática y la intimidación ejercida por las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad del Estado.[6]

La libertad, tanto individual como colectiva, sólo puede conseguirse a través de la conquista revolucionaria. La libertad nunca ha sido dispensada por ningún gobierno o autoridad, ni tampoco ha sido votada en las urnas, sino que es algo que la propia sociedad alcanza mediante la lucha revolucionaria que pone fin a todos los poderes que la atenazan. Por esta razón la constitución española de 1978, como todas las restantes constituciones, merecen el más completo rechazo junto al sistema de opresión que instituye. El día de la constitución, momento en el que los poderes establecidos celebran su dominación sobre el pueblo al que oprimen, es el momento oportuno para desenmascarar el relato oficial y toda la parafernalia institucional oficial con la que es rendido culto al Estado. Es un momento para reafirmar la importancia y la necesidad de una revolución popular que destruya el orden constitucional, el Estado, la propiedad privada y el capitalismo para que el propio pueblo se abra paso y conquiste la libertad e igualdad que hoy le es negada, e instaure así un sistema de autogobierno por asambleas populares soberanas y la posesión común de la riqueza. El 6 de diciembre debe ser, por tanto, un día de lucha revolucionaria como los restantes días del año, pero en el que denunciar con determinación y públicamente la mentira del relato oficial con el que la elite mandante rescribe la historia para justificarse.


                                                                                                     Esteban Vidal

Notas

[1] Huelga decir que los opositores al régimen que se incorporaron a cargos de dirección política y burocrática en el régimen constitucional eran en bastantes casos individuos pertenecientes a familias pudientes, con buenas conexiones, y que en algunas ocasiones eran familias del propio régimen. Cabe señalar que la única oposición de estos dirigentes políticos, prefabricados a partes iguales por el tardofranquismo y los servicios secretos estadounidenses, fue la que se hace para postularse a determinados puestos en las estructuras del Estado mientras que todo lo demás fue, al menos en lo más esencial, puro teatro revestido con altas dosis de histrionismo dialéctico y postureo con el que disimular el trasfondo general de la operación. Ver lo dicho en “La pervivencia del franquismo a través de la Constitución de 1978 y su régimen parlamentarista” en https://www.portaloaca.com/articulos/politica/12448-la-pervivencia-del-franquismo-a-traves-de-la-constitucion-de-1978-y-su-regimen-parlamentarista.html

[2] Algunas reflexiones acerca de esto pueden encontrarse en “De los derechos y libertades” en https://www.portaloaca.com/historia/otroshistoria/13371-de-los-derechos-y-libertades.html También recomendamos la lectura de “Los límites de la comunidad” de Ruymán Rodríguez en https://portaloaca.com/pensamiento-libertario/textos-sobre-anarquismo/12131-los-limites-de-la-comunidad.html

[3] Hay que hacer notar que pese a que estos cargos fueran elegidos, como ocurre con muchos de ellos en EEUU, no dejaría de existir una estructura de poder propiamente dicha en la que una minoría haría uso de los recursos disponibles para tomar sus propias decisiones. Seguiría siendo una elite usurpadora de la soberanía popular al continuar concentrando en sus manos un poder decisorio del que la población carece. Por otro lado hay que recordar que en EEUU no son votados la mayoría de los altos cargos de la rama ejecutiva del gobierno federal, como tampoco de los Estados miembros de la Unión, tal y como sucede con los altos funcionarios de los distintos departamentos, los mandos militares, los jefes de los servicios secretos, los jueces y fiscales federales, los jefes de las diferentes agencias policiales y de los servicios secretos, los integrantes del cuerpo diplomático en el departamento de Estado, etc.

[4] Ni siquiera la clase política, cuando ocupa posiciones gubernamentales, tiene la capacidad de elegir discrecionalmente el nombramiento de altos cargos funcionariales, sino que está limitada por las leyes que regulan dichos nombramientos y que circunscriben su capacidad de elección a una minoría muy reducida que son los cuerpos de altos funcionarios. Esto sucede en todos los regímenes constitucionales, y para el caso español es la LOFAGE la ley que se ocupa de regular este aspecto de la vida política del Estado.

[5] Para profundizar en esta dimensión del sistema político constitucional y parlamentarista recomendamos la lectura de los siguientes artículos: “Tres lecturas necesarias” en https://www.portaloaca.com/articulos/antimilitarismo/13600-tres-lecturas-necesarias.html y “La función de la clase política” en https://www.portaloaca.com/articulos/politica/13472-la-funcion-de-la-clase-politica.html

[6] No hay que olvidar que, tal y como ha sido indicado en otras partes, el referéndum es la forma de represión dictatorial máxima y más dura al restringir la expresión de la voluntad popular a una pregunta que sólo admite como posibles respuestas un Sí o un No, lo que, a su vez, impide la justificación de cualquiera de ambas respuestas y con ello explicar qué quiere cada persona que se manifiesta en un sentido o en otro. Ver las reflexiones contenidas a este respecto en “La impostura del referéndum y la falsa disyuntiva entre Monarquía y República” en https://www.portaloaca.com/opinion/9091-la-impostura-del-referendum-y-la-falsa-disyuntiva-entre-monarquia-y-republica.html “Cataluña y la autodeterminación” en https://www.portaloaca.com/opinion/13110-cataluna-y-la-autodeterminacion.html y “La naturaleza del Procés” en https://www.portaloaca.com/articulos/politica/13150-la-naturaleza-del-proces.html