Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

domingo, mayo 10

El mundo entero como Gaza. Capítulo 2

 

                                                                  Florencia Kettner, Inexorable, 2025

 

 “El gesto cibernético se afirma mediante una negación de todo lo que escapa a la regulación”.  

                                                         — Tiqqun, La hipótesis cibernética. 

 

 Si el siglo XX desencadenó el poder del átomo, liberando las fuerzas que duermen en el corazón de la materia y generando un orden mundial cimentado en su capacidad de aniquilación; nuestro siglo XXI consuma la consolidación de un nuevo poder totalizador: el de la cibernética, fundado en la concentración masiva de información y en su pilotaje mediante el absolutismo algorítmico.

Por ello resulta significativo que, en uno de los laboratorios de este nuevo paradigma —el Estado de Israel—, cuya supremacía estratégica descansa en el desarrollo de tecnologías de captación, procesamiento y control de la información a una escala sin precedentes, capaces de anticipar, clasificar y neutralizar amenazas con precisión quirúrgica —como quedó expuesto en 2024 con la explosión remota de beepers y dispositivos de comunicación utilizados en la retaguardia enemiga en el Líbano—, se produjera una irrupción como la del 7 de octubre de 2023. El acontecimiento perforó el perímetro material, siendo una suerte de venganza del territorio sobre el mapa, pero serviría a la dirigencia cibernética para hacer su primer gran acto de presencia ante el mundo: el formateo de la Franja de Gaza.

Lo que ha seguido a ese instante no puede leerse bajo las categorías de una respuesta militar convencional, sino como la activación integral de la plataforma logística descrita en el capítulo precedente: el paso definitivo de la anticipación algorítmica a la administración sistemática del entorno humano. Este «formateo» de la Franja designa un procedimiento operativo riguroso: la desestructuración de infraestructuras vitales, la reorganización coercitiva del espacio, la fragmentación demográfica y la reducción de la vida a una variable gestionable dentro de un sistema de cálculo.

En Gaza, la soberanía algorítmica se desprende definitivamente de la máscara jurídica para operar bajo la lógica desnuda de la necro-logística. Aquí, la violencia deja de presentarse como un exceso punitivo o un error colateral para consolidarse como una función técnica de optimización del despojo. Gaza se convierte así en la verificación empírica del prototipo anunciado: un territorio donde la gestión del exterminio no persigue ya una victoria política en sentido clásico, sino la validación de un modelo de gobernanza poblacional cuya verdadera escala es planetaria.

 

2.1 El dispositivo Gaza


                                            
 Florencia Kettner, proyeccion de Inexorable, 2025

 

El dispositivo Gaza articula la convergencia de capas técnicas, jurídicas, logísticas y corporativas en un circuito de gestión integral. La Franja constituye el punto de explicitación máxima de la lógica cibernética: un espacio traducido a matriz de datos donde la población opera como vector estadístico dentro de una arquitectura de procesamiento continuo. El «formateo» iniciado tras octubre de 2023 ejecuta una depuración biopolítica orientada a ajustar el territorio físico a su modelo digital, integrando cada variable humana en una cadena operativa de cálculo.

La infraestructura del dispositivo capitaliza años de captura y análisis masivo para transformar la inteligencia en producción de correlaciones. Sistemas de generación automatizada de objetivos como Habsora (The Gospel) aceleran la selección de blancos, reduciendo la destrucción de infraestructuras a un flujo de procesamiento industrial. Simultáneamente, plataformas como Lavender asignan puntuaciones de riesgo mediante metadatos y patrones relacionales, fragmentando la identidad en unidades divisibles dentro de un circuito de detección y neutralización permanente. Esta arquitectura garantiza la simbiosis entre el aparato estatal y la plataforma corporativa: el Proyecto Nimbus (Google y Amazon) suministra la infraestructura en la nube para el modelado en tiempo real, mientras herramientas como Palantir transforman la complejidad del suelo en un tablero operativo. El Estado retiene la decisión formal delegando en la corporación la capacidad de cálculo necesaria para la ejecución a escala masiva.

El procedimiento despliega una secuencia de racionalización técnica: mapeo exhaustivo del espacio, desestructuración de los nodos que sostenían la continuidad orgánica y fragmentación del territorio en sectores sometidos a control dinámico. Cada desplazamiento, cada concentración humana y cada acceso a recursos alimenta el sistema con nueva información que reajusta la intervención en tiempo real. La reorganización coercitiva de la movilidad transforma el flujo humano en variable regulada, consolidando una violencia de carácter logístico que reconfigura el entorno según parámetros de eficiencia sistémica. Bajo este régimen de cálculo continuo, el territorio funciona como interfaz y la vida queda inscrita como dato dentro de una arquitectura de control integral. Gaza encarna así la expresión concentrada de la gestión algorítmica del riesgo, validando un modelo de gobernanza técnica proyectado hacia escenarios de crisis, frontera y disidencia en escala ampliada.

 

 2.2 La arquitectura del terrorista: legitimación del cálculo

 

 

                                                                               Florencia Kettner, 2019

 

El formateo de Gaza requiere la articulación de un relato de legitimación capaz de traducir una operación logística en imperativo moral ante la comunidad internacional. Ninguna arquitectura de gestión total se sostiene únicamente en su eficiencia técnica; precisa una figura que condense la amenaza y organice el consentimiento. Esa figura es el terrorista.

En el plano mediático, el terrorista aparece como encarnación del mal absoluto: sujeto despolitizado, desligado de cualquier contexto histórico, reducido a amenaza pura. La reiteración de esta imagen produce una simplificación eficaz: el conflicto se presenta como defensa ante una irrupción irracional, y la expansión del control adquiere el estatuto de necesidad. La categoría organiza la sensibilidad pública y dispone el terreno simbólico para la excepción permanente.

En el plano estructural, sin embargo, la noción adquiere otra función. Para la gobernanza cibernética, terrorista designa aquello que escapa a la captura del sistema —no necesariamente violento—, y terrorismo nombra el acontecimiento que introduce incertidumbre en un orden orientado al cálculo. Cualquier forma de vida que resista la traducción a matriz de datos encarna ese riesgo. El enemigo a eliminar es la imprevisibilidad.

La categoría cumple entonces una función operativa precisa: amplía el margen de intervención del modelo y legitima su despliegue. La seguridad se redefine como restablecimiento de previsibilidad. La neutralización de nodos opacos —individuos, redes, barrios, infraestructuras, artistas o relatoras de la ONU— se integra en la narrativa defensiva y adquiere cobertura jurídica y diplomática.

La figura del terrorista funciona así como bisagra entre opinión pública y racionalidad algorítmica. Permite presentar la reorganización biopolítica como defensa necesaria, mientras la optimización del despojo se integra en el lenguaje del orden. En este cruce entre representación y cálculo, la lucha contra el terrorismo coincide con la expansión del dispositivo. Gaza aparece entonces como el espacio donde la producción del enemigo y la administración técnica del territorio convergen en un mismo régimen de control.

 

2.3 Del laboratorio Gaza a la expansión del modelo

   

Florencia Kettner obra expuesta en la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Madrid, 2025

 

La confesión en junio de 2025 del canciller alemán Friedrich Merz —«Israel está haciendo el trabajo sucio por todos nosotros»— establece el marco de transparencia cínica bajo el cual opera el laboratorio de Gaza. Esta declaración confirma que el dispositivo responde a una exigencia para la gobernanza global del siglo XXI, exportando una arquitectura de control validada por su eficiencia letal. Las tecnologías perfeccionadas en la Franja —drones de vigilancia persistente, telemetría avanzada y algoritmos de puntuación de peligrosidad— se integran ya en los dispositivos de seguridad de las sociedades occidentales. En Europa y América, el modelo de «puntuación de riesgo» se despliega para gestionar flujos migratorios y disidencias urbanas, traduciendo la experiencia palestina en protocolos de «seguridad ciudadana» que automatizan la sospecha sobre el tejido social.

Esta escalabilidad encuentra su eje de coordinación en las agencias de control de los Estados Unidos. El ICE (Immigration and Customs Enforcement) opera hoy como una extensión doméstica de este absolutismo algorítmico, utilizando infraestructuras de datos masivos para el rastreo y clasificación de poblaciones móviles. Mediante la integración de sistemas de inteligencia provistos por Palantir, el ICE reproduce la lógica del dispositivo Gaza al reducir al migrante a un individuo de riesgo dentro de una matriz de datos. La frontera se transforma en un despliegue de necro-logística ubicua, donde la captura de información permite la neutralización quirúrgica de nodos humanos considerados «ruido» en el sistema.

En este sentido, la expansión del modelo alcanza su expresión más descarnada en América Latina y el Caribe. El cerco sobre Venezuela ha servido para ensayar ejecuciones extrajudiciales y operaciones de desestabilización que operan bajo la lógica de precisión técnica probada en Palestina. En este contexto, el Mar Caribe se convierte en una extensión del laboratorio, donde el uso de infraestructuras privadas y la delegación de la violencia diluyen la responsabilidad estatal. La figura del terrorista es sustituida por la del narco, cumpliendo la misma función legitimadora de seguridad bajo el término «narcoterrorismo».

Esta expansión operativa se consolida en la Argentina de Milei, donde la retórica que identifica a los oponentes políticos como enemigos del sistema que generan ruido e incertidumbre constituye la aplicación local de la gramática cibernética. Esta voluntad de pilotaje se materializa en febrero de 2026 con la creación del Centro Nacional de Ciberseguridad (CNC), cuya dirección asume Ariel Waissbein. Su perfil —Doctor en Matemáticas especialista en la resolución de problemas de eliminación geométrica y en el desarrollo de algoritmos eficientes— consagra el paso definitivo del discurso político a la arquitectura técnica. El saber matemático se pone al servicio de la protección de «activos estratégicos» y el blindaje de infraestructuras, asumiendo la misión de planificar las políticas destinadas a asegurar el ciberespacio nacional contra cualquier interferencia imprevista. El etiquetado de la disidencia como anomalía que debe ser purgada dispone el terreno técnico para la aplicación de medidas de control y neutralización heredadas directamente del dispositivo Gaza.

Finalmente, el modelo Gaza cumple una función de normalización geoestratégica, permitiendo que escenarios de asedio prolongado se vuelvan tolerables para la mirada internacional. El bloqueo terminal a Cuba se gestiona bajo esta premisa, proyectando la transformación de la isla en una segunda Gaza: un sistema cerrado, monitorizado y sometido a un formateo lento de sus infraestructuras vitales. La validación empírica del exterminio en Palestina asegura que el Imperio pueda sostener cercos demográficos y logísticos en cualquier punto del planeta, elevando la gestión del desastre a la categoría de principio rector de la nueva arquitectura de poder global.

 

2.4 La administración metabólica de la vida

   

Florencia Kettner, ‘Yo soy la muerte’, tinta china, 2020

 

La administración metabólica constituye la fase culminante del formateo de la Franja. El dispositivo opera sobre el flujo biológico básico —calorías, agua, electricidad y combustible—, tratándolos como variables regulables de un sistema industrial. Esta racionalidad instaura una homeostasis de la carencia: un equilibrio precario donde la supervivencia habita en el umbral mínimo compatible con la estabilidad del pilotaje algorítmico. Bajo esta lógica, los cuerpos quedan traducidos en unidades metabólicas cuantificables, lo que permite anticipar tensiones y regular el impacto social mediante ajustes finos en la densidad vital del entorno: tener energía suficiente para no morir – de inmediato – e insuficiente para rebelarse.

Dentro de esta arquitectura, la infraestructura sanitaria representa un punto de fricción técnico. El hospital introduce una dinámica de recomposición que altera la curva de carencia administrada por el dispositivo; la función médica restituye la continuidad orgánica allí donde la plataforma logística ha producido interrupción. La neutralización de los centros de salud apunta a suprimir esta capacidad de reparación para garantizar el cierre del umbral biológico. La existencia queda inscrita como variable de ajuste dentro de un sistema orientado a la previsibilidad.

Gaza prefigura una gobernanza donde el acceso a la supervivencia adopta la forma de permiso condicionado por matrices de clasificación y evaluación de riesgo. En un capitalismo de fase algorítmica, donde la automatización y la robótica desplazan la centralidad económica del cuerpo productivo, la soberanía se ejerce mediante el control del abastecimiento y la modulación energética. La gestión metabólica opera así como tecnología de estabilización poblacional, configurando un modelo compatible con una economía altamente automatizada donde el cuerpo se integra como variable de equilibrio. El laboratorio palestino expone una forma de gobierno que articula territorio, información y metabolismo en un mismo régimen de cálculo continuo. Sobre este terreno emerge la cuestión decisiva de la fase cibernética del capitalismo: la administración de poblaciones cuya función productiva pierde centralidad mientras su existencia física permanece inscrita en la ecuación sistémica que garantiza la continuidad del orden y una reserva genética.

Carlos de CastroFebrero 2026. 
 

jueves, mayo 7

Me llamaban mujer

 

 

Me llamaban mujer porque tenía el cuerpo de las que paren. Y aunque mi rostro les generaba desconfianza, mi color les animaba a acomodar a sus hijos en mis brazos. Yo no sabía qué hacer con esas criaturitas. Ellos me miraban el vientre y los pechos, medían la amplitud de mis caderas. Preguntaban: ¿para cuándo el tuyo? Yo, perpleja, soñaba que me convertía en un árbol de metal que dejaba caer a sus bebés contra el asfalto. ¿Uno propio? No, no quiero una flor que no pueda regar. Y se quedaban tan tranquilos al comprobar que en mis brazos no cabía más que el suyo.

Luego vinieron a traerme a sus ancianos. Decían que de mí irradiaba un calor que les hacía vivir más años. Me los dejaban al borde de sus camas, yo apretando dedos casi tiesos, amarillos, casi secos. Nunca supe honrar a un muerto ajeno.

Después me pidieron que contara una historia. Yo hablé de noches nevadas, de Saturno y las galaxias, de un amor en las montañas, caballos de colas blancas y de matemáticas. Silenciaron con celo mi boca y sus oídos. Me exigieron que evitara la mentira, que fuera valiente y confesara los colores de mi vida, mis juegos de la infancia, cabalgando ocelotes salvajes en espesas selvas profundas.

Pero en mis manos no había jungla.

Yo crecí entre bloques de cemento, burbuja inmobiliaria sin cristal en las ventanas, aulas de colegio angulosas e industriales, rezos de monjas católicas, semáforos descontrolados y máquinas aladas.

No quisieron escuchar más nada. Ellos ya sabían de motores, de columnas y de espejos. Ellos los habían inventado.

Entonces me pidieron que bailara. Querían que mi cuerpo emitiera la música con la que despiertan a las bestias. Me gritaban: ¡Mueve en curvas las caderas! Aplaudieron, vitorearon, lanzaron sus monedas. Tropecé. Mis piernas no entendían sus cartografías, sus fórmulas exactas. Mis pies no tenían memoria, no esa memoria, no esa sangre.

Yo, la música, la entendía cantando desde dentro: los intestinos, la vagina, los dedos de las manos, la historia (la real, no la de los libros). Pero para entonces ya había entendido que mi voz no servía porque no era mía, era prestada.

 

                                                                                               Ale Oseguera


(De «Mi rostro es un mapa de mi cuerpo»; Ed. Esto no es Berlín, 2023)


(Fotografía de José Gallardo)


lunes, mayo 4

Todo Normal y Bien. Energía y Ecocapitalismo

 

 

Entrevista realizada a Antonio Turiel y Antonio Aretxabala.

Preguntamos a nuestros invitados, cuales serán las consecuencias para Europa y, en concreto, España tras el cierre del estrecho de Ormuz.
El cenit del petróleo ocurrió en 2018, pero el descenso podría haber sido lento, ¿o no?
¿Las acciones de Trump podrían estar relacionadas con la escasez energética nivel mundial?

– Antonio Turiel es científico y divulgador licenciado en Física y Matemáticas y doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid. Investigador Científico en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC. Autor de libros como ’Petrocalipsis’, ’Sin Energía’ o el último ’El Futuro de Europa’

– Antonio Aretxabala es doctor en Geología y divulgador científico; trabajó en su momento, como experto en geotecnia y hormigón, en la Universidad de Navarra y lo ha hecho también en la de Zaragoza; ha estudiado la interacción entre la historia y la geología

Este programa no se ha hecho desde nuestro estudios centrales de ecoleganes sino desde el estudio de radio el candil y esto no es “compartiendo infierno”, a decir verdad la idea de entrevistar a nuestros ilustres invitados no fue mía sino de Héctor Moratilla, una de las personas que más trabajan por esa nueva emisora vecina nuestra, fue él quien los llamó. Los que me seguís desde hace tiempo ya, sabréis que yo ya estoy en otra pantalla, prueba de ello es una de mis últimas entrevistas a la arqueóloga y antropóloga Almudena Hernado, pero tener el lujo de poder preguntar temas de actualidad a gente que sabe tanto era algo que no podía desaprovechar. He pedido permiso a Héctor para publicarlo en “Compartiendo Infierno” porque creo que interesara a todos los que siguen el programa. Sin más...os dejo escucharlo.

viernes, mayo 1

Maduro enemigo imperial: siete tesis sobre la escenificación del castigo

 

1. La exhibición del enemigo imperial cautivo materializa el monólogo autocrático de un poder que se celebra a sí mismo. En la imagen del líder encadenado, el espectáculo unifica la mirada global para proyectar una victoria inapelable: el imperio y su policía encarnan la única realidad posible. Este dispositivo devora al individuo en su propio flujo, colonizando su conciencia y estableciendo como horizonte exclusivo la aceptación de su supremacía y la subordinación absoluta a este orden.

2. En la Antigüedad, la técnica romana del triunfo alcanzaba su culminación histórica mediante la ubicuidad espectacular. El Senado primero y luego el César consolidaron su dominio exhibiendo a VercingétorixYugurtaPerseo o Zenobia; cuerpos vencidos ofrecidos a la mirada pública como pedagogía de Estado. Allí donde la magistratura antigua exigía la materialidad biológica del derrotado para inscribir su victoria en el espacio urbano, el poder integrado actual traslada el ritual al interior de la conciencia mediante dispositivos hipnotizantes. Las imágenes de NoriegaSaddamHusseinMilosevicGaddafi o Maduro organizan un archivo contemporáneo del triunfo, donde la captura se convierte en doctrina visual. La pantalla opera como arco de triunfo permanente, un dispositivo donde el poder imperial celebra su continuidad histórica y actualiza, instante a instante, su soberanía sobre el tiempo, la memoria y la imaginación política.

3. La escena del cautivo —antes poderoso y demonizado— ejecuta una función higiénica y renovadora: el espectáculo concentrado, señalando al enemigo imperial, supera en vitalidad al espectáculo difuso de una democracia mercantil en decadencia. La indefensión absoluta del adversario legitima por contraste al sistema y recubre su violencia estructural con el barniz de la técnica jurídica. El prisionero se constituye como «mercancía-estrella», consumida con avidez para ratificar la naturalidad del dominio. La escena adopta así la forma de un sacrificio público de refundación, donde el poder se purifica exhibiendo al vencido.

4. Esta tecnología política instituye la separación entre la vida y su representación, entre la capacidad de actuar y la obligación de contemplar. El espectáculo organiza esa fractura como forma estable de gobierno: disciplina la percepción con la misma eficacia con que Roma disciplinaba los cuerpos y reemplaza la experiencia directa por su imagen administrada. El acontecimiento se presenta como historia en curso mientras consuma su cierre efectivo en el mismo gesto: caen los tiranos y la tiranía persiste. En ese proceso, el espectador adopta una identificación vicaria con el juez y el carcelero, interioriza la mirada del poder y la reproduce como propia. El consenso toma forma como parálisis colectiva asumida, una adhesión activa a la distancia que asegura la continuidad serena del orden imperial.

5. La contemplación ha colonizado la totalidad de la vida social, reorganizando la política como un estricto régimen óptico. El aparato judicial y la dirección de fotografía se fusionan en una identidad funcional absoluta: la sentencia acontece en el encuadre y su eficacia reside únicamente en la circulación. El derecho a mostrar se erige como el derecho soberano por excelencia; y quien detenta el monopolio de la imagen del vencido traza los límites de lo real. Esta escenografía obedece a una rigurosa estética de la dominación: la asepsia técnica de los captores —uniformes simétricos, vehículos inmaculados— compone una belleza administrativa que legitima el orden. Frente a ella, la vestimenta doméstica y desacralizada del detenido produce el contraste pedagógico que consagra la superioridad moral del orden policial sobre la vida capturada y su discurso. La apelación al poder judicial opera como ceremonia secular, una liturgia cuya vacuidad estructural se revela en la periferia del sistema: en Gaza, donde la ley comparece como forma y el exterminio como contenido. La imagen culmina así su función esencial: sustituir la verdad por su gestión visual y clausurar toda posibilidad de experiencia política fuera del encuadre.

6. La captura espectacular universaliza la amenaza bajo la forma de advertencia. La imagen del cautivo señala las coordenadas exactas del destino asignado a cualquiera que desborde el guion imperial. Esta pedagogía opera de manera preventiva y totalizante: disciplina el campo político antes del surgimiento de la palabra y convierte el miedo en ambiente. El terror visual organiza la obediencia previa a la insurrección, y cada individuo asume el rol de vigilante activo de su propia subordinación frente a la inmensidad operativa del aparato.

7. La política comienza únicamente con el colapso del escenario. La afirmación vital exige la deserción de la audiencia y el reconocimiento de la jaula televisada como arquitectura activa de la pasividad organizada. La exhibición de Maduro alcanza su pleno sentido operativo solo al confrontarse con la desaparición sistemática de los cadáveres palestinos: cuerpos sin encuadre, sin nombre y sin identidad, reducidos a número. El espectáculo decide qué vidas acceden a la representación y qué muertes permanecen fuera de campo, instituyendo así el régimen material de lo real. Allí donde el cautivo imperial se muestra hasta la saturación, el exterminio colonial se gestiona como ausencia visual. La vida recobra su materialidad fuera de esta transmisión, en el instante preciso en que la imagen pierde su mando y el espejo del poder estalla. Privada de su reflejo hipnótico, la maquinaria aparece como pura gestión ritual, desnuda, repetitiva y sin espesor histórico. En ese quiebre, la historia deja de circular como espectáculo y reaparece como práctica ofensiva, un arma concreta en manos de quienes la producen y la encarnan.

 

 Carlos de Castro

miércoles, abril 29

Menos misiles y más okupas, un paseo por los centros sociales de Sevilla


A pesar de la mala imagen que se proyecta hoy en día sobre el movimiento okupa en todo el estado desde las instituciones, inmobiliarias y medios de comunicación, la historia de los espacios okupados ha demostrado sobradamente su utilidad en el desarrollo tanto de las ciudades como de los movimientos sociales. 

En el caso de Sevilla, se consideran los Jardines del Valle como primer espacio okupado de la ciudad, posteriormente adquirido por el ayuntamiento y convertido en zona verde pública. Se trata de un antiguo convento y colegio abandonado con unos grandes jardines que en 1980 un grupo de jóvenes ecologistas decide okupar para evitar que desaparezcan más zonas verdes en un momento de gran transformación urbana de la ciudad. Un ejemplo de cómo la ciudadanía toma las riendas en parte de los procesos urbanos a través de la organización colectiva. En cuanto a los Centros Sociales Okupados y Autogestionados (CSOA) se producen en Sevilla varios ciclos del movimiento okupa, en función del contexto de cada momento, habiendo una constante renovación de la gente implicada y demostrando la necesidad de que se generen estos espacios. 

En 1991, año previo a la Expo’92 y en medio de un nuevo proceso de transformación en la parte norte del casco histórico surgen los primeros CSOAs en un momento de enorme fuerza del movimiento okupa. Se okupa Cruz Verde 22, un edificio del ayuntamiento que nunca llegaba a transformarse en un espacio de uso público a pesar de las promesas. En la misma época se okuparon la Casa de la Araña en la antigua calle Lerena (actualmente calle Divina Enfermera), una vivienda en la calle Goyeneta, la antigua farmacia militar de la Plaza de la Gavidia, una casa palacio de la calle Vidrio…

Con tantos espacios funcionando en paralelo se hicieron multitud de actividades culturales: charlas, presentaciones de libros, conciertos, el Encuentro de Alternativas, comedores comunitarios… y se organizaron distintos movimientos sociales como el movimiento de insumisión y antimilitarista o Desenmascaremos el 92, el cual sufrió una enorme persecución y represión por cuestionar la celebración de la Exposición Universal. En el año 1995 se incluye por primera vez el delito de Usurpación en el código penal, declarando la okupación como delito, lo que provoca que el verano de ese mismo año se vayan cerrando todos los espacios uno tras otro. 

 Tras aquellos episodios de desalojos se discute cómo conformar un espacio en el que continuar con toda la actividad y se decide alquilar lo que sería el Centro Social Alquilado El Lokal, con el mismo carácter social y político pero con una situación legal distinta tras el cambio del código penal. En este espacio empezaría a reunirse la gente que tras su cierre en 2001 conformarán Casas Viejas, inaugurando otro ciclo de okupaciones a principios del milenio.

Tras Casas Viejas, en 2004 se recuperan el Palacio del Pumarejo, el Huerto del Rey Moro y se abre el CSOA Sin Nombre en el antiguo Colegio San Bernardo. De nuevo, la necesidad de organizarse requiere de distintos espacios donde desarrollar la actividad política y cultural. Desde Casas Viejas se organizaron distintas acciones como la huelga de barrenderos de Tomares y la de los azafatos de tierra de Renfe y se jugó un papel importante organizando el May Day de 2005 y 2006 para el Primero de Mayo. En 2007 se produce el desalojo con una enorme resistencia que se alargó durante dos días como se recoge en el documental Londres no es Sevilla.

El CSOA Sin Nombre estuvo funcionando hasta 2014, por lo que la lista de actividades realizadas y de colectivos que se reunieron allí es infinita. Podríamos destacar la Liga de Inquilinas o la ayuda que prestaron en el caso de San Bernardo 52, por el que se consiguió que varias vecinas de renta antigua mantuvieran su vivienda y resistieran a la gentrificación del barrio; o la organización del movimiento estudiantil en respuesta a las distintas agresiones que sufrieron por grupos de extrema derecha. En cuanto al Pumarejo y el Huerto del Rey Moro son espacios que siguen funcionando a día de hoy pese a las dificultades y que llenan de vida el barrio. Son espacios que mientras el ayuntamiento no sepa cómo gestionar y qué hacer con ellos mediante acuerdo con los vecinos se seguirán autogestionando de manera asamblearia para seguir resistiendo. 

En 2007, tras el desalojo de Casas Viejas y con 3 espacios funcionando en paralelo, se abre un nuevo ciclo con las okupaciones de la Fábrica de Sombreros (2007 -2008), La Huelga (2010 - 2012) y Andanza (2014 - 2015), generándose cada nuevo espacio por el cierre y la reorganización del anterior. Es un momento en el que se cuestiona constantemente el funcionamiento de los CSOAs y su organización y en el que se generan algunos debates de los que hoy en día seguimos nutriendonos. También en este momento se okupan el Mercado Provisional en la Plaza de la Encarnación, Meteora en la calle Duque Cornejo, La Soleá en el polígono San Pablo, la Ballesta en calle Enladrillada…. Coincide con un momento de ebullición política con el 15M y de total legitimación de la okupación con el movimiento de las Corralas, por el que se liberaron edificios completos para acoger a familias con necesidad de una vivienda. También en ese ciclo surge La Casa Revolucioná de Mujeres (la Revo) como primera okupa no mixta, en el que se liberan dos viviendas (La Revo I y II) para servir de espacios seguros para mujeres y disidencias, con alguna discrepancia desde ciertos movimientos sociales por ello. 

Los Centros Sociales, una necesidad

Tras la represión sufrida en el caso de Los 18 de la Macarena y con la pandemia en medio, quedó paralizado el movimiento okupa y en general el movimiento por la vivienda en Sevilla. A su vez, crecía más y más la persecución y el miedo a los okupas, insuflado desde los medios de comunicación y las empresas de seguridad. Se realizaron distintos intentos que fueron reprimidos rápidamente como la Grieta o la Hiena, se mantuvo unos meses la Leona y los últimos años han funcionado Malatesta y la Yesca, siendo este último el único CSOA que resiste a día de hoy en la ciudad.

 Haciendo un rápido repaso por la historia se observa rápidamente que los Centros Sociales surgen de una necesidad y que resisten a desalojos, persecución, juicios, multas y a lo que sea necesario precisamente por eso, porque son necesarios. Los movimientos sociales se nutren de estos espacios para su organización y a la vez son una manera de cuestionar la propiedad privada y los planes urbanísticos en los que la población no tiene ningún poder de decisión si no es a través de la recuperación de estos espacios abandonados.

De igual forma, se han okupado y se seguirán okupando viviendas vacías mientras exista gente que no puede acceder a una vivienda, que queda excluida por su nivel económico, su género, su origen… En definitiva, mientras el capital niegue la existencia y el desarrollo de una vida digna a una sola persona en este mundo, la respuesta seguirá estando en la resistencia de los movimientos sociales y en la generación de espacios en los que organizarse. 

 

La opinión pública sobre la okupación ha cambiado radicalmente, pasando de entender que una familia entre en una vivienda abandonada o se recuperen espacios para darle vida al barrio desde la cultura a tener todas las viviendas copadas de placas de empresas de seguridad y a todo el vecindario pendiente para chivarse. Mientras, vivimos una crisis de vivienda que niega el desarrollo normal de una vida a millones de personas, con más 25.000 vivienda vacías en Sevilla, más de 10.000 pisos turísticos y cientos de desahucios cada año. Vemos cómo el capital y la especulación prefieren un espacio vacío y abandonado que uno en el que la gente pueda llevar una vida. Deja de sorprender que algunos espacios desalojados tarden años y años en volver a utilizarse o reconstruirse.

En este contexto, creemos necesario dar voz a esta parte de la historia de la ciudad, eternamente silenciada y dar la importancia que se merece a estos espacios que han cumplido tan valiosa función dentro de la organización de los movimientos sociales y culturales. Está en nuestras manos dar la vuelta a ese imaginario colectivo impuesto y reivindicar la okupación, frente al negocio que muchos están haciendo con su persecución y represión.

Por ello, desde la Feria Anarquista del Libro y con la colaboración de la Asamblea por la Vivienda de Sevilla se ha preparado un paseo histórico que repasará la historia de los Centros Sociales Okupados y Autogestionados (CSOAs) de la ciudad. Será el domingo 15 a las 11:00 en la plaza de Montesión. Además, se presentará el libro Menos misiles y más okupas. Una historia coral de los espacios okupados de Sevilla / 1991 - 2026 en el que gente que ha participado de los distintos espacios okupados nos cuenta cómo fue, cómo se organizaban, alguna anécdota o reflexión…

 

 

Militante de la Asamblea por la Vivienda de Sevilla.


 

 

domingo, abril 26

Mercantilización del montañismo o cómo acabar con prácticas populares


Muchas veces se me ha pasado por la cabeza la misma reflexión estando en la montaña. La sensación de libertad, de encontrarme en un espacio no mercantilizado (si se quiere, con la excepción del material necesario para la actividad) y de disfrutar una práctica que escapa en gran medida de la lógica capitalista. Siendo la acumulación constante de capital el motor del capitalismo, los elementos más «listillos» de este sistema (en demasiadas ocasiones catalogados como “emprendedores”) no dejan de maquinar para sacar rendimiento económico de todas las situaciones, necesidades, deseos, actividades y relaciones posibles.

En este proceso de mercantilización del mundo y de las relaciones sociales, es imprescindible pasar por encima de lo comunal y por encima de aquellas prácticas populares que supongan una barrera a los intereses privados, por muy enraizadas que estén. En ese atropello deliberado, la legislación burguesa es en muchos casos un instrumento imprescindible mediante el cual, desde las instituciones, con un argumento u otro, se nos imponen intereses no reconocidos de forma pública. En muchas ocasiones, además, pretenden que creamos que es por nuestro bien.

Un ejemplo claro de este proceder regulatorio desproporcionado lo tenemos en las txosnas. Este patrimonio colectivo de Euskal Herria, basado en la militancia y en el trabajo voluntario de miles de simpatizantes, sigue sufriendo el acoso de la lógica burguesa. Hoy se impone el TicketBAI. Mañana, probablemente, exigirán que quien esté sirviendo en la barra tenga contrato, seguro y algún certificado de formación en restauración. La exagerada normativización y la burocratización son arma sutiles pero eficaces contra la organización popular.

Volviendo a la montaña, muchas veces he reflexionado sobre el lujo que supone disponer de tantos espacios naturales tan cerca, así como poder disfrutar de ellos sin pedir permiso ni tener que pagar. Ese pensamiento también va acompañado de una preocupación: si seguirá siendo así en el futuro. El carácter predador del capitalismo llegó hace tiempo a nuestros montes (los parques eólicos de los profetas del progreso, la modernidad y la competitividad son los ejemplos más evidentes en la actualidad…), y sigue teniendo una gran oportunidad de negocio… Pero más allá del ámbito físico, la práctica ligada a la montaña, el montañismo mismo, puede ser la próxima víctima.

El montañismo está muy arraigado en Euskal Herria, en la identidad vasca, en la cultura vasca. A veces practicado en solitario, pero la mayoría de las veces de forma colectiva: con la cuadrilla, pareja, familia, viejas amigas o nuevos conocidos, o con las y los miembros del club de montaña. Y es que los grupos o clubes de montaña han sido desde hace años un espacio de reunión para muchas personas. En el contexto de esa afición por la montaña, por el deporte y por la Ama Lurra, pero también por las relaciones sociales, miles de personas han aportado su tiempo, su ilusión y su conocimiento para mantener esta práctica y para transmitirla a las nuevas generaciones. Gracias a ese entusiasta trabajo sin ánimo de lucro han insuflado aire fresco en este ámbito colectivo ajeno a la mercantilización y la profesionalización. ¡Cuántas relaciones se han tejido a lo largo de los años en las conversaciones y vivencias compartidas en las excursiones de montaña! El montañismo, esa actividad que va mucho más allá de la mera práctica deportiva, puede recibir un duro golpe bajo la aplicación de la ley de la actividad física y el deporte aprobada en el Parlamento Vasco en 2023. Algunas de las decisiones que, al amparo de esta ley, se empiezan a implementar en 2026 son muy preocupantes.

En línea con el intento por profesionalizar todas las actividades deportivas, las excursiones de los clubes de montaña también van camino de quedar en manos de profesionales titulados. Aunque en la ley se contempla la figura del voluntariado, se limitará considerablemente su ámbito de actuación y, según la poca información que trasciende, tras un breve periodo de transición, se les negará la posibilidad de organizar salidas de montaña. La instrucción ya ha llegado a los clubes. Bajo el argumento de la seguridad, las salidas montañeras organizadas de forma voluntaria durante años irán desapareciendo. Quizá los paseos sencillos queden fuera de la aplicación, pero la conducción de muchas de las salidas que se desarrollan en la actualidad quedarán restringidas a personal técnico titulado.

La propia razón de ser de los clubes de montaña se va a ver notablemente afectada y puede ocurrir que muchos clubes desaparezcan. Al igual que sucede en otras partes del mundo, dentro de unos años las empresas privadas pueden pasar a ser hegemónicas en las salidas de montaña organizadas. La formación de las y los técnicos de montaña es un recurso imprescindible para determinadas actividades y también para que, quien lo desee o necesite, les pueda contratar para actividades más sencillas. En la mayoría de los casos serán la mejor garantía. Asimismo, con el fin de aumentar la seguridad de todas las personas que practican montañismo, es necesario destinar más recursos a la formación de los y las aficionadas (para que sean responsables de su propia seguridad y de la de sus acompañantes). Sin embargo, detrás de la imposición de algunos elementos vinculados de forma más o menos explícita a la aplicación de la citada ley se percibe un intento por debilitar ese espacio popular y participativo de los grupos de montaña, lo cual respondería al propósito de profesionalizar dichas actividades y a determinados intereses privados.

Parece ser que quienes están diseñando e implantando estos cambios han obviado el carácter voluntario y colectivo de los clubes de montaña o, lo que es peor, pretenden desmantelarlos conscientemente para llevar esas actividades populares a otro modelo. La amenaza ha comenzado a materializarse pero se percibe un preocupante silencio en el mundo del montañismo, en los clubes, en las federaciones, entre las y los socios… ¿Desconocimiento? ¿Apatía? ¿Docilidad? ¿Resignación…?

Ante este atropello, ¿escucharemos irrintzis contestatarios en las montañas vascas? ¿o la cuesta arriba impuesta por la profesionalización y mercantilización del montañismo es esta vez demasiado dura…?

 

Iñaki Etaio

 

jueves, abril 23

Dos años del Centro Social Okupado La Rosa: el desafío de resistir a la metrópoli capitalista

 


En una ciudad cada día más saturada por las lógicas de rendimiento y extracción capitalista, realidades como la mercantilización de los espacios urbanos, la precarización laboral, la expulsión de nuestros hogares, el desmantelamiento de lo público, o el auge de la securitización, dibujan el paisaje de nuestros padecimientos cotidianos. En este contexto, La Rosa nace en Lavapiés como una apuesta política por disputar la ciudad. Una infraestructura abierta a personas y colectivos desde la que desplegar saberes y prácticas comunes que desafíen los modos de socialización de la metrópoli capitalista.

Creemos firmemente que la construcción de una comunidad abierta y múltiple es condición indispensable para recuperar la autonomía sobre nuestras vidas. Una sociedad atomizada es el escenario ideal para que prospere la dominación. Fragmentado el lazo social, nuestros mecanismos colectivos de pensamiento, organización y resistencia quedarían desactivados. Desde lo común, generamos redes de cooperación que hacen florecer la imaginación y la creatividad, abriendo la puerta al deseo y ensanchando nuestras posibilidades de ser. Y, en definitiva, como habitamos cuerpos vulnerables, hemos aprendido que es la mirada de la otrx, el abrazo de la otrx, lo que da sentido a nuestras existencias.

Nuestro propósito es claro: queremos acercar La Rosa a la gente, haciendo del centro social un dispositivo —de todxs y para todxs— capaz de escuchar, acompañar y desarrollar las potencias de transformación que atraviesan nuestra realidad. Creemos que, en las experiencias concretas —en cada alegría, en cada dolor—, late la posibilidad de un mundo nuevo.

Por ello, nuestro deseo es que La Rosa siga siendo sea un punto de encuentro abierto a la calle. Las personas, colectivos y propuestas diversas que integran hoy este espacio representan diferentes modos de (re)apropiarnos y expandir la vida: talleres de baile o de bordado, teatro, fiestas, jornadas de trabajo en las que aprendemos autoconstrucción, colectivos artísticos, tienda gratis, cinefórum, reuniones del Sindicato de Inquilinas, de grupos ecologistas y de grupos antirrepresión. Desarrollamos nuestras propias alianzas con las luchas de la ciudad y del barrio a través de grupos de lectura y de formación, grupos de (auto)consumo ecológico, talleres de autodefensa, presentaciones y actividades de colectivos externos, etcétera.

 Todo esto forma parte de la trama que condensa el centro social. La porosidad de los vínculos y de la construcción política que se genera en La Rosa permite la sinergia entre propuestas de lucha, espacios formativos, actividades culturales o de ocio. En este encuentro, se va tejiendo un entramado comunitario que tiene la potencia de producir sentidos y prácticas que prefiguran nuevas posibilidades de habitar la vida, multiplicando nuestra fuerza compartida y expandiendo la disputa política por toda la ciudad.


En estos dos años hemos levantado un centro social vivo, nutrido, que tiene sus puertas abiertas todos los días. Desde este suelo común, podemos seguir impulsando proyectos ilusionantes que amplíen nuestros límites y nuestra capacidad de acción, como una biblioteca comunitaria y una radio libre, que echará a andar el viernes 13 de marzo, primer día de las celebraciones de nuestro aniversario.

Asimismo, mantenemos activos tres ejes de trabajo político que nos permiten incidir y profundizar en conflictos candentes en Madrid (y más allá). El eje de derecho a la protesta busca hacer crecer nuestras capacidades colectivas de desobediencia. Una de sus líneas de intervención es, por ejemplo, hacer frente a las constantes redadas racistas que se dan en el barrio de Lavapiés. Esta preocupación se comparte con el eje de barrio, que busca insertar al CSO en las dinámicas de lucha de nuestro territorio próximo —como las movilizaciones de Lavapiés al Límite—.

Un objetivo a medio plazo es que La Rosa pueda ser soporte para la creación de un grupo de autodefensa laboral que canalice y articule conflictos de nuestros barrios colindantes. Para ello, nos inspiramos en experiencias de sindicalismo social que se han dado en otros espacios. Por último, el eje de centros sociales trabaja la relación con otros CS(O) a nivel local, estatal e internacional para la consolidación de alianzas y la puesta en común de recursos.

Estas luchas que dotan de sentido a La Rosa también nos otorgan el ánimo necesario para seguir construyendo, en los años que vendrán, espacios de encuentro y de resistencia que generen nuevos modos de hacer y deshacer juntxs, nuevos mapas de lo posible.

Y, para ello, necesitamos los centros sociales, necesitamos recuperar lo que es nuestro, los espacios arrebatados a la gente por el capital, para darle nuevos usos y hacer florecer nuevas formas de vida de todxs y para todxs.

 

 

Integrante del CSO La Rosa

 

lunes, abril 20

Para qué sirve un rey

 

 

Para qué sirve un rey, me preguntas,
mientras clavas tu mirada interrogativa
en mi escurridiza pupila.
Y yo te cuento que un rey sirve para cerrar acuerdos,
presidir mesas, inaugurar ferias y aeropuertos.
Para que las familias reunidas en Nochebuena escuchen
palabras endulzadas que poco dicen de nuestra sociedad.
También para entregar trofeos deportivos
y acumular camisetas, libros, gorras, bufandas,
motos, coches y placas con su nombre.
Incluso hay reyes que portan maletines tras días de caza
mientras toman champagne en vuelos diplomáticos.
Reyes y reinas campechanos y campechanas.
Reinas severas, rotundas,
Reyes altos, guapos y serios
u otros simpáticos que bailan con todas las chicas a la vez.
Para qué sirve un rey, me preguntas:
Para que los bufones dancen.

 

Jorge Ortiz Robla 

viernes, abril 17

O el Mundo Entero Como Gaza, o la Victoria Palestina (parte 1)

 


Manual de logística contra la extinción y defensa de la vida en la era del absolutismo técnico


Introducción

El error de paralaje y el «Momento Cero»

Existe un error de paralaje en la mirada contemporánea, una miopía deliberadamente inducida que nos invita a leer los acontecimientos actuales como crisis aisladas. Se nos dice que el genocidio en Gaza es un conflicto étnico-religioso enquistado; que la guerra de Ucrania es únicamente una guerra de independencia; que la operación de cambio de régimen en Venezuela responde a una lucha por la democracia liberal; que el asedio a Irán expresa las ansias de libertad del pueblo persa; o que la amenaza sobre Groenlandia no es más que una empresa comercial.

Son fragmentos de un espejo roto: relatos disociados que impiden toda comprensión de conjunto. Sin embargo, para quien observe el mapa con la frialdad necesaria, quedará en evidencia que no estamos ante episodios inconexos, sino ante los movimientos sincronizados de una fase superior del despojo.

Gaza no es una anomalía, ni un accidente, ni un exceso de violencia en los márgenes de la civilización. Gaza es el «Momento Cero» de una nueva legalidad internacional —o mejor dicho, de su abolición definitiva—. Es el laboratorio donde el Poder ha testado con éxito la suspensión absoluta de la condición humana.

La prueba irrefutable de esta demolición del orden anterior la encontramos en las excavadoras israelíes derribando las oficinas de la agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA) en Jerusalén Este, ante la parálisis absoluta de la comunidad internacional. Esa imagen es el epitafio del siglo XX: el Estado-nación demoliendo físicamente a la institución garante de los Derechos Humanos para construir, sobre sus escombros, un asentamiento colonial. Con la destrucción de este edificio se desmantela la ficción jurídica que habitamos desde 1945. Es un gesto de franqueza, al fin y al cabo: el reconocimiento de que la fuerza bruta se ha convertido en la única fuente de derecho, validada por el silencio cómplice de una Europa en decadencia.

En este sentido, el genocidio en curso señala el agotamiento del antropocentrismo inaugurado en el Renacimiento. El ser humano ha dejado de ser la medida de todas las cosas. La realidad pasa a ser concebida como un conjunto de datos, y la virtud suprema ya no se define en términos éticos o políticos, sino en términos de capacidad de cálculo, predicción y optimización. Asistimos al final de la «historia orgánica» para dar paso a un mundo inorgánico, construido no sobre un sustrato biológico, sino sobre una arquitectura computacional.

Se inaugura así un tiempo posthumano donde el poder abandona cualquier resquicio de moral para abrazar la pura eficiencia como vector de acumulación de capital. En este nuevo esquema, la vida biológica pierde su cualidad sagrada y pasa a ser tratada como una simple variable de ajuste —o un error de sistema si entorpece la rentabilidad— en la ecuación general del dominio.

Por tanto, la pregunta decisiva ya no es si esta violencia es legítima, sino para qué sirve. El interrogante que se abre es atroz: ¿qué tipo de orden global necesita ensayar el exterminio a cielo abierto para garantizar su operatividad? La tesis que aquí se sostiene es incómoda pero inevitable: Gaza no es una excepción patológica, sino un prototipo exitoso. Y como todo modelo que valida su eficacia, está destinado a ser replicado a «escala planetaria».

Capítulo 1

El Nuevo Absolutismo

Silicon Valley, guerra y soberanía algorítmica

1.1. Del Estado de Bienestar a la Plataforma Logística

Durante décadas, la narrativa liberal nos vendió la ilusión de que la globalización traería una interdependencia pacífica, un debilitamiento progresivo de las fronteras que haría la guerra obsoleta. Fue una mentira funcional. La globalización ha mutado en un Imperio Unificado Tecnocrático, y el Estado, lejos de desaparecer, se ha reconfigurado: ha dejado de ser garante del bienestar social para convertirse en una plataforma logística al servicio del capital-algoritmo.

Esta mutación explica la docilidad abyecta con la que los gobiernos nacionales se pliegan ante los dueños del nuevo poder, aceptando incluso la liquidación de su propia integridad territorial. El asedio por los recursos de Venezuela o la oferta de compra sobre Groenlandia demuestran que, para este nuevo absolutismo, la soberanía es un activo tóxico y el territorio una mercancía a subastar.

1.2. La externalización de la violencia: El modelo de la Compañía de las Indias Orientales digital

Esta transformación reactiva una lógica histórica conocida. El Imperio Unificado Tecnocrático no representa una ruptura, sino una continuidad perfeccionada del imperialismo clásico.

En nuestro tiempo, los aparatos estatales siguen operando —el ejército israelí, el ICE o las unidades especiales estadounidenses—, pero su capacidad de acción queda crecientemente acoplada a infraestructuras privadas que amplían, aceleran y desresponsabilizan la violencia. De este modo, la alianza contemporánea entre el Pentágono y Silicon Valley actualiza, bajo formas digitales, la estructura de la Compañía Británica de las Indias Orientales: no una sustitución del Estado, sino una delegación estratégica de funciones soberanas.

Dentro de este esquema, el Estado autoriza y legitima: aporta la cobertura jurídica, el blindaje diplomático y el financiamiento público. Por su parte, la corporación (Google con el Proyecto Nimbus, Amazon, Starlink) aporta la capacidad técnica para hacer operativa la dominación.

Esta complicidad estructural cimenta la economía digital. El Proyecto Nimbus revela a Google y Microsoft como proveedores de la infraestructura en la nube del aparato militar israelí; comercializan, ante todo, la capacidad de procesamiento vital para sostener la ocupación. Paralelamente, Elon Musk opera con Starlink como un interruptor imperial capaz de decidir unilateralmente qué poblaciones tienen derecho a la comunicación y cuáles deben morir en el silencio, acatando apagones informativos en Gaza mientras agita revoluciones de colores en Irán.

La decisión política se desplaza del parlamento al algoritmo, y la violencia deja de ser un acto excepcional para convertirse en un proceso continuo, automatizado y optimizado.

1.3. Alex Karp y la necro-logística

En este contexto emerge la figura paradigmática de Alex Karp, director ejecutivo de Palantir Technologies. Karp encarna con claridad el perfil del intelectual orgánico de esta forma inédita de dominio: la soberanía algorítmica.

Su empresa desarrolla la arquitectura técnica que hace posible identificar, clasificar y jerarquizar vidas humanas como inputs operativos dentro de sistemas de decisión militar. Al hacerlo, completa la externalización funcional del Estado: convierte la decisión política de matar en un proceso técnico de optimización, borrando la responsabilidad moral del ejecutor y transfiriéndola a la opacidad indiscutible del código.

La catadura moral de esta nueva élite quedó expuesta en marzo de 2024, durante una intervención pública de Karp en Washington D.C. En ese contexto, defendió abiertamente el uso de la violencia como una necesidad operativa y presentó la muerte masiva de civiles como un componente funcional de la seguridad occidental. Su discurso se articuló en el lenguaje de la eficiencia, del cálculo y del resultado estratégico.

Esta escena —un empresario tecnológico racionalizando el horror con lenguaje de gerente— constituye la confesión de parte del Imperio Unificado Tecnocrático. Ratifica que, bajo su mirada, los palestinos —y por extensión, cualquier obstáculo para la rentabilidad occidental— han perdido su condición de sujetos humanos para convertirse en meros errores de sistema, anomalías estadísticas que el software debe purgar.

Palantir proporciona la necro-logística esencial para esta tarea, facultando a Israel para sostener la ficción de una «guerra de precisión» al tiempo que consuma una demolición demográfica total. De este modo, el genocidio alcanza su forma definitiva: supera el odio atávico para consolidarse como un procedimiento técnico de limpieza, ejecutado con una escala, velocidad y asepsia exclusivas de la soberanía algorítmica.

 

 Carlos de Castro

martes, abril 14

Los Centros de Internamiento de Extranjeros y el racismo en nuestros barrios

 


El pasado 30 de diciembre centenares de personas nos manifestamos en Madrid contra los Centros de Internamiento de Extranjeros, recorriendo el barrio de Carabanchel hasta el CIE de Aluche. Nuestra plataforma anarquista, Liza, nos sumamos por segunda vez a la organización de esta movilización que cada año denuncia el carácter racista y represivo de estas cárceles para personas migrantes, donde se encierra a quienes no han cometido delito alguno.

Durante el recorrido se corearon consignas contra las deportaciones, la Ley de Extranjería y las políticas migratorias criminales del Estado español y Europa. Vecinas, colectivos antirracistas y organizaciones solidarias acompañaron la movilización, visibilizando una realidad silenciada. Al llegar al CIE, se lanzaron mensajes de apoyo a las personas internadas, recordando que no están solas. La protesta reafirmó la exigencia del cierre inmediato de los CIE y la abolición de un sistema que vulnera derechos fundamentales.

Las migrantes son encarceladas en estas prisiones exclusivamente para personas extranjeras por el mero hecho de encontrarse en situación de irregularidad huyendo de situaciones de pobreza y miseria, pero también guerras y conflictos provocados por países neocolonialistas. Por lo que no puede separarse una raíz de clase y con la explotación capitalista de telón de fondo protagonista, de esta situación de vulnerabilidad y persecución a las personas que migran.

La construcción y mantenimiento de los CIEs responde a una política migratoria racista. El CIE es el macabro instrumento para el control de los flujos migratorios y garantizar el trabajo sin derechos en beneficio del gran capital. Además, se denuncia que en la industria del control migratorio se benefician empresas como Eulen enfocada en la gestión de centros de internamiento de extranjeros. Pero también Air Europa o Air Nostrum, que se ocupan de los vuelos de deportación, y El Corte Inglés, que vende ordenadores, aires acondicionados, colchones, muebles y otros productos destinados a estos centros, y las oficinas de Extranjería.

También se denunciaba al gobierno progresista integrado por el PSOE y SUMAR, por la construcción con dinero público de dos centros de internamiento en Mauritania y mantener los CIEs en todo el Estado español. Una política migratoria reaccionaria y racista semejante a la que aplica la ultraderecha en Italia. Señalar a las organizaciones fascistas y su mensaje de «los españoles primero» como el látigo impulsor de las conductas y políticas racistas.

Las políticas migratorias europeas, sustentadas en el racismo institucional y la lógica capitalista del control, no buscan proteger fronteras, sino mantener un orden colonial basado en la desigualdad. La violencia que se ejerce contra las personas migrantes es parte de un sistema que necesita cuerpos precarizados, irregulares y desechables para sostener su economía y seguir aumentando las tasas de ganancia del capital.

Por todo ello se activa cada año esta manifestación a finales de diciembre, para acompañar a las personas migrantes encerradas y, en cada ocasión, conseguir que más organizaciones y sindicatos sean altavoz contra estos centros de represión y tortura con un carácter específicamente racista. Es necesario configurar un frente común amplio antirracista y de clase, puesto que la migración es una de las cuestiones más usadas por la ultraderecha como arma mediática política. Detrás de la migración existen unas violencias materiales y profundamente racistas que deben ser combatidas.

Cuanto mejor sea la organización política y social en torno a estas luchas, más preparados estaremos para abordar la ofensiva antiimigración internacional que ya se está fraguando, y que se endurecerá más por la agenda marcada desde la extrema derecha europea y española. Pasar a la ofensiva es crear un programa y una agenda propia contra el racismo y el colonialismo que no solo sirva de autodefensa, sino como autoorganización colectiva para luchar directamente contra el capitalismo que sustenta ese sistema racista.

A continuación exponemos uno de los textos elaborado por la Plataforma contra los CIE’s:

El racismo en nuestros barrios

En los barrios el racismo institucional sigue criminalizando y violentando a las comunidades migrantes. Lavapiés -y en muchos otros barrios de Madrid- es a diario escenario de macro redadas y controles basados en perfil racial, prácticas que siguen siendo posibles bajo la Ley Mordaza y que impactan especialmente en personas migrantes y racializadas como denunciamos desde el antirracismo, la Plataforma contra los CIES, colectivos y organizaciones migrantes o no, racializadas o no, asociaciones de vecinxs, centros sociales okupados o autogestionados, sindicatos.

Asimismo, la presencia policial intimidatoria criminaliza con redadas a personas trabajadoras que simplemente esperan una oportunidad laboral en sitios como la Plaza Elíptica, o estaciones de metro y cercanías usadas por las trabajadoras migrantes para acudir a sus trabajos. Según datos de diversas organizaciones y colectivos por los DD.HH. muchas personas racializadas han sido rechazadas al intentar alquilar una vivienda, incluso con contrato y nómina. Y añadir que a bastantes no les permitieron empadronarse. Además, también han sufrido discriminación en entrevistas de trabajo, habitualmente relacionada con el acento, el color de piel o el nombre.

Racismo inmobiliario

En nuestros barrios constatamos que existe un racismo inmobiliario. El racismo estructural e institucional es uno de los grandes responsables de la discriminación inmobiliaria que enfrentan las personas migrantes y racializadas al intentar acceder a una vivienda digna. Este racismo no solo limita nuestro acceso a la vivienda, sino que también nos expulsa de nuestros barrios, aumenta la criminalización y violencia policial contra el colectivo migrante y, además, complica la regularización de nuestros papeles, ya que se nos exige tres años de empadronamiento como mínimo para poder solicitar documentación mientras se ha normalizado la negación de empadronamiento por parte de los caseros, según afirma el Sindicato de Inquilinos e inquilinas de Madrid. El rentismo en nuestros barrios es racismo y debe ser combatido con firmeza, organización y solidaridad.

 Delitos de odio

Por otro lado, están los delitos de odio. Los delitos de odio en España han aumentado últimamente escalonadamente. Así como los cometidos por miembros de la Policía Nacional, Municipales, Guardia civil y Municipal. En nuestros barrios, en nuestras calles, a la salida de las bocas de Metro, paradas de autobuses y en diversos lugares, hemos sido testigos de que la policía ha realizado identificaciones por el perfil étnico. En algunos casos las identificaciones han sido acompañadas de insultos racistas, burlas y violencia verbal.

Precariedad laboral

Además, la precariedad laboral tiene muchas veces su origen en estereotipos y prejuicios. A la población migrante se le hace difícil convalidar sus estudios y las contratan mayoritariamente para el cuidado de personas mayores, realizar labores de limpieza y jardinería, y la construcción. En la mayoría de los casos son contrataciones precarias al margen de los derechos laborales. Las mujeres migrantes son contratadas casi sólo para ejercer como empleadas de hogar. La precariedad se origina principalmente por la falta de acceso a la regularización administrativa. Exigimos la aprobación de una Ley de Regularización YA.

El racismo va de la mano del fascismo

En nuestros barrios existen acciones racistas que incitan al odio, contribuyen a la desinformación y a la estigmatización de las personas migradas, racializadas y gitanas. La difusión de bulos y mensajes racistas contra la población migrante y racializada tiene efectos directos: concentraciones hostiles frente a centros de menores, estigmatización de barrios y un aumento en las agresiones verbales y físicas. En este sentido, el racismo va de la mano del fascismo. Exigimos que se respete la dignidad y la integridad física de todas las personas, independientemente de su origen étnico, identidad y orientación sexual, religión y otras circunstancias. Es una responsabilidad institucional y política ante estas prácticas que están sucediendo a diario en nuestras calles.

 

Liza Madrid