Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

viernes, septiembre 24

Contrapaideia

 


Educamos para el diálogo

pero los contenidos son los mismos

en todos los libros.




Educamos para la paz

pero traemos a los militares

a hacer proselitismo en los colegios.




Educamos para la tolerancia

pero la primera norma del currículo

se llama competitividad.




No sabemos qué hacer con los niños,

ni en casa ni en la escuela,

pero nos gusta tenerlos

como se tiene una segunda residencia.




Son el futuro, decimos, pero

que los apaciente el maestro,

que los apaciente Nintendo.



 

Antonio Orihuela. Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020

martes, septiembre 21

¿Y qué hacemos con los violadores? Perspectivas anarquistas sobre cómo afrontar la violencia sexual y otras agresiones machistas

 


VVAA

Esta compilación es una aportación, para revisar qué no funciona, donde nos equivocamos, cuáles son los posibles caminos, qué opciones tenemos, hacia donde nos dirigimos… e intentar responder la pregunta de “Y qué hacemos con los violadores?” sin dogmas, con la mente abierta, con mucha convicción y predisposición a la escucha. Porque las vidas destrozadas por estas formas de opresión nos exigen respuestas efectivas y creativas.

 

 
Perspectivas anarquistas sobre cómo afrontar la violencia sexual y otras agresiones machistas 
 
[PRESENTACIÓN DEL LIBRO] 
 
Un diálogo entre Heura Negra, Assemblea Llibertària de Vallcarca, i Descontrol Editorial. 
 
¿Qué alternativas existen a la justicia estatal, cuando hablamos de violencia machista? ¿Qué responsabilidad tiene la comunidad en ello? ¿Qué parte de responsabilidad colectiva y qué parte de individual? ¿Cómo escuchar y poner en el centro a la persona agredida? ¿Cómo posicionarse ante el agresor? ¿Cómo lidiar con la tensión y dolor? ¿Por qué los vetos o las expulsiones? ¿Por qué los comunicados? ¿Qué nuevos caminos y estrategias se están emprendiendo? 
 
Podéis conseguir el libro en la tienda online de La Ciutat Invisible: https://www.invisible.coop/producto/l... 
 
Hemos empezado a distribuir los primeros ejemplares por la red de librerías alternativas y de barrio del estado. Nuestras librerías alternativas y de barrio en Catalunya (siempre en constante evolución): http://descontrol.cat/llibreriesbarri... 
 
¿Dónde puedes pedirlo/conseguirlo en Catalunya? https://www.instamaps.cat/instavisor/...

sábado, septiembre 18

Arte (sumamente) reaccionario

 


No debería sorprender demasiado la llamada ofensiva ultrarreaccionaria concretado en el auge de una extrema derecha en este inefable país que, en realidad, siempre estuvo ahí desde aquella estafa denominada Transición. Hablamos, claro, de una sociedad española con una memoria histórica profundamente distorsionada por la victoria del llamado bando nacional, en una cruenta guerra civil iniciada por un intento de golpe de Estado de los facciosos, y una posterior dictadura de casi cuatro décadas; hechos más que evidentes para cualquiera que tenga bien oxigenado el cerebro, que no terminan de ser condenados por nuestra indescriptible derecha patria. Así, se proyecta colocar pasado este verano de 2021, si no podemos evitarlo, una impactante estatua de varios metros que homenajea el centenario de la Legión y su ubicación no parece casualidad: la céntrica Plaza de Oriente de Madrid; ese lugar que ha dado tantas alegrias a la ultraderecha patria. La impactante imagen elegida, ni siquiera han tenido la intención de maquillarla de modernidad “democrática”, algo que al menos hubiera dado lugar a otro debate, ya que no hay quien se trague eso de observar ahora las fuerzas armadas como colectivos bientencionados esforzados en misiones «humanitarias» en lejanas tierras.

No, la imagen escogida, presumimos que de manera nada gratuita, es la de un legionario de 1921 como símbolo de uno de los episodios más repulsivos de la historia militar española: la Guerra Colonial del Rif entre los años 1909 y 1927. Los actos de la Legión, ese gran cuerpo homenajeado, en este conflicto fueron tan deleznables, que solo mencionarlos hiela la sangre en las venas. Cualquiera que sepa mínimamente de historia, vinculará la creación de esta sangrienta fuerza armada expedicionaria con dos repulsivos regímenes: la monarquía de Alfonso XIII, bisabuelo del actual jefe de Estado del reino de España, y la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Recordaremos también que la Legión fue fundada por el admirador del fascismo Millán Astray y que, además de sofocar la Revolución de Asturias de 1934, fue clave para la victoria de Franco y sus secuaces en la Guerra Civil. Los innumerables crímenes cometidos en el Rif, se repitieron luego en la península. Parece mentira que la historia contemporánea de este inenarrable país siga produciendo excrecencias de este calible, mientras otras naciones de «glorioso» y opresor pasado, al menos, hacen cierto examen de conciencia.

Al parecer, el talentoso y sumamente reaccionario escultor, experto en glorificar la historia militar española, es el mismo que perpetró la dedicada a Blas de Lezo, que tantas alegrías dio al partido ultraderechista Vox, y la que homenajea a los llamados Héroes de Baler. Esta última, es tan impresionante en lo estética, como repulsiva en su loa a una de las mayores lacras que ha conocido la humanidad, el militarismo, que ha empujado al sacrificio a innumerables jóvenes en en nombre de esa abstracción aberrante llamado nación, que sigue dividiendo a la humanidad e impidiendo la fraternidad universal. Como dije al principio, no debería asombrar demasiado que se apruebe la instalación de la susodicha obra de homenaje a la Legión, gobernando en la capital nuestra lamentable derecha patria. Pero, lo que sí causa estupor e indignación es que los artífices de la estatua lleguen a afirmar que no hay connotación ideológica alguna. Debe ser que nacionalismo e ideología, combinación nefasta que hecho correr ríos de sangre en la historia de la humanidad, es siempre de otros.

 

Juan Cáspar

miércoles, septiembre 15

Nicaragua

 

Hace unos días, en Nicaragua, algo denominado Movimiento de Comunicadores Patrióticos, al parecer formado por periodistas que trabajan para el Estado nicaragüense, condenaron lo que denominan «terrorismo mediático del que hacen alarde las trasnacionales de la información». Señalaban también a los que denominan agentes dentro del propio país que vienen a trabajar en pro de los intereses del imperio estadounidense. Uno se echa a temblar cada vez que escucha la palabra «patria» y derivados, a uno u otro lado del espectro político y en cualquier régimen estatal de cualquier parte del mundo, normalmente para reprimir al hereje. Efectivamente, este grupo de plumillas patrióticos alabó igualmente la represión estatal contra todos aquellos agentes del imperio que habrían incurrido en delitos fomentando «el odio, el terror y el caos». No se trata de una acusación en abstracto, ya que es una realidad que el régimen presidido por Daniel Ortega lleva años efectuando acusaciones de todo tipo a personalidades y medios críticos estando varios periodistas encarcelados.

Un colectivo de defensa de los derechos humanos, llamado Nunca Más, publicó también esta semana un informe denunciando el encarcelamiento de periodistas, mientras tantos otros han huído del país, indicando que la información independiente en Nicaragua se encuentra en el peor contexto posible. ¿Estará Nunca Más también al servicio de intereses imperiales? Difícil es saber, hoy en día con tanto flujo de información falsa la verdad, aunque la represión estatal parece una realidad en cualquier parte del mundo. Lo cierto es que el escritor Sergió Ramírez, que fue vicepresidente del primer Gobierno sandinista allá por los años 80 del siglo XX, y que ahora es crítico de Daniel Ortega, ha sido también acusado, tanto de llevar a cabo actos que fomentan el odio y la violencia, como de diversos delitos económicos. ¿Es Ramírez, antiguo sandinista, ahora un agente de los Estados Unidos de América? Desconozco casi todo en torno a este escritor, salvo que le dieron un importante premio en España, pero la realidad es que desde las protestas producidas en Nicaragua hace más de tres años, debido a ciertas medidas económicas, con una cruenta represión estatal, no parece haber cesado la deriva autoritaria del régimen encabezado por Ortega.

Aunque, seguro que para la derecha y los EEUU el gobierno nicaragüense viene a ser una suerte de dictadura socialista, no parece que eso sea así, al menos por la parte de «socialista». Es decir, no hay indicios de que se hayan expropiado grandes propiedades privadas ni que el Estado haya asumido plenamente los medios de producción ni que, mucho menos por supuesto, se hayan puesto en manos de los propios trabajadores. Es más, a mí me da la impresión de que el Estado nicaragüense, como cualquier otro de la maltrecha América Latina, no deja de ser una pieza más del juego capitalista mundial. Es posible que con actores diferentes, según gobiernen unos u otros, como puede ser la potencia económica China en el caso que nos ocupa (cuya proyecto para construir un canal interoceánico, destruyendo comunidades rurales nicaragüenses fue uno de los detonantes de las protestas), pero piezas al fin y al cabo. Por otra parte, la propaganda del gobierno de Ortega, acusando de ser todo una conspiración de los USA, con múltiples agentes por doquier, es ya un clásico dentro de ciertos regímenes considerados de «izquierda». Mi opinión es que las protestas, aunque vayan acompañadas de otros elementos con otros intereses, como ocurrió ya en Venezuela hace años, surgen del profundo descontento del pueblo harto de que los gobiernos primen intereses privados y repriman toda iniciativa popular. Nicaragua, por lo que puede verse en cifras generales, y como cualquier otro sistema capitalista, ha tenido cierto crecimiento económico; paralelamente, se producen profundas contradicciones económicas y sociales, que pagan los más indefensos. El mundo en que vivimos, con intolerables desmanes por parte de los poderosos, y además permanente distraido con información falaz e interesada (de unos u otros gobernantes).

 

Juan Cáspar

domingo, septiembre 12

Técnica y tecnología. Cómo conversar con un tecnolófilo

Adrián Almazán

El progreso, la naturaleza, el tecno-optimismo: fantasmas que en este libro se consideran tecnolófobos, por su adoración ciega e insensata no de la técnica (un atributo social general e irrenunciable de toda sociedad humana), sino de la tecnología, una creación de la modernidad y el capitalismo. Insensata especialmente en tiempos como los nuestros, tiempos de colapso ecosocial. Un colapso cada más más acelerado por nuestra irracional confianza en la omnipotencia de la tecnología, que nos promete ser capaz de hacer frente a toda la problemática cuando, en realidad, nos hunde más profundamente en la crisis que el mundo industrial ha puesto en marcha.
 

jueves, septiembre 9

4 poemas de ANTROPOFAGIA POÉTICA 2 de MAG MÁRQUEZ

 


LOBO

 

Despiertas ansioso

por engordar ciénagas,

cavar fosas abisales,

alzar invernaderos dantescos

donde germina la flor de la barbarie.



Adoras el destierro de la sangre,

el sádico despiece de la carne,

corte tras corte,

vida tras vida.



Disfrutas devorando

tendones, cartílagos y vísceras.

Por más que vistas de Gucci,

de Versace o de Armani,

para ti no tienen

nombre ni identidad

tan sólo son kilos de carne,

abierta en canal.



Te llamas Morgan, Goldman,

Rothschild, Rockefeller,

Lehman Brothers, Bilderberg,

y otros tantos nombres

pero eres el mismo carnicero,

el mismo verdugo,

y eres crisis y especulación,

extorsión y pandemia

y guerra

y hambre.



Nada te excita más

que erigirte exultante

sobre una montaña de despojos,

las manos

sepultadas en sangre,

los ojos, yermos,

encendidos en brasas

y el vientre,

reventado de codicia.



CONCESIONES

 

Primero fueron a por nosotros,

ahora nosotros no sabemos dónde ir sin ellos



Asienta la cabeza, ya no eres un crío,

déjate de birras, déjate de porros

y corta ya la fiesta, ¡que la vas a cagar!



Sácate otro título, vete al extranjero,

trabaja en un MacDonald's,

gana cuatro chavos, vuelve sin un duro

y ponte la chaqueta, ¡que te vas a enfriar!



Vístete a la moda, luce morenito,

come verdurita, depílate las cejas,

baja unos kilitos, súbete las nalgas,

corre por el parque, corre por el metro,

corre por el perro, mira que no llegas,

no te alejes tanto, ¡súbete las mangas!



No adelgaces tanto, eres puro hueso,

toma vitaminas, toma proteínas,

toma cocaína, toma anfetaminas,

y mucho ojito, ¡que te vas a enganchar!



Cómprate un pisito, busca una pareja,

ve a por el niño, ve a por la niña,

sacúdete las migas, recoge las migajas,

friega tus camisas, plánchate los platos,

no vaciles tanto, ¡que te vas a quemar!



Sálvate a diario, exhíbete en el Facebook,

liga por el WhatsApp, folla con Badoo,

participa en un reality, mastúrbate con el selfi,

mastúrbate con el selfi, ¡salta del armario!



Mastica bien la carne, bebe desnatada,

conserva tu trabajo, conserva tu familia,

vuela con nosotros, marcha de crucero,

suénate los mocos, apúrate la copa,

y ¡huye de los libros!



Vigila tu cartera, no te dejes nada,

cuida de tus hijos, vela por tus padres,

piensa en el mañana, compra preferentes,

invierte en tu sepelio, dona tus pulmones,

no te estreses tanto, toma pastillitas,

deja de quejarte, piensa en positivo,

¡tienes que votar!



Asienta la cabeza, métete en la cama,

persigue nuestros sueños,

sigue nuestras normas,

date por vencido,

date por vencido

y a dormir…



NO TODO VA A SER VOTAR


No todo va a ser votar,

no todo va a ser votar,

también habrá que tomar un vermut y una tapa,

viajar a Andorra, a Bruselas o las Islas Caimán

y depositar la pasta en paraísos fiscales con asiduidad.



Y es que no todo va a ser votar,

también habrá que perpetrar selfis a destajo,

escribir tuits sobre la actualidad

y terminar enchironado por opinar.



No todo va a ser votar,

también habrá que hacer como Millet,

Urdangarin, o Bárcenas,

ser condenado por lo penal y

celebrar año tras año en la calle

como si ná.



No todo va a ser votar,

también habrá que ver fútbol

y celebrar los goles hasta delirar,

adornar los balcones con banderitas

y reclamar más democracia

o más orden y autoridad.



Pero no todo va a ser votar,

también habrá que fumar un cigarrillo,

después de comer

y otro después de follar,

y seguir pagando la hipoteca

a la banca cívica o mejor a la obra social.



Y habrá que practicar yoga para el estrés

y pilates y spinning para el estrés,

y masticar diazepanes como panes para el estrés

y adquirir un móvil con más prestaciones,

un ordenador con más prestaciones,

un televisor con más prestaciones,

una pareja con más prestaciones

y hasta una taza de váter con más prestaciones

para cagar en tres dimensiones

con sonido dolby digital surround

y cuarenta cañones de luz enfocando un mojón.



Y es que no todo va a ser votar,

yo voté el mes pasado

por una democracia sin par

y me llevé un buen mantecado,

lo recuerdo algo tocado,

pero sin dramatizar:



¡No todo va a ser votar!




CORTE INGLÉS



Si alguien me preguntara sin maldad,

para ser feliz ¿qué necesitas de verdad?

¿una modelo, un Ferrari, un chalet?,

yo le respondería sin vacilar:



Yo, yo para ser feliz,

necesito ir al Corte Inglés

y nada más.



Sí, al Corte Inglés,

con mi tarjeta Mastercard, Visa Classic o American Express

y recorrerlo sin estrés

desde la planta 0 hasta la planta 10,

planta joven, planta hombre, planta mujer,

planta niño, planta bebé, planta menaje del hogar,

planta jardinería y hasta el hogar del gourmet.



Si por un casual

encontrara una lámpara maravillosa

y un genio me preguntara, ¿amo qué desea usted?

¿un jet privado, una mansión, un harén?

yo le contestaría de inmediato:



Yo para ser feliz

tan sólo quiero estar en el Corte Inglés,

perderme entre colonias, camisas y batas de boatiné,

probarme gafas de D&G, trajes de Emilio Tucci,

niquis de Lacoste y vestidos de prêt-à-porter.



Si por fortuna me tocara un viaje, y me dijeran

¿dónde querría marcharse usted?

¿a las Maldivas, a la Polinesia, a Bangladesh?.

A mí, si me queréis hacer feliz

dejaros de hostias y llevarme al Corte Inglés.



Para vivir la primavera en diciembre,

las rebajas en julio, y en enero también

y disfrutar una semana fantástica

y comprar sin preocuparme si lo tendré que devolver.

(ya lo sabe, si no se encuentra satisfecho

le devolvemos su dinero).



Y tomar el aire acondicionado en verano

y en invierno calentarme los pies

y utilizar sus probadores

y que me atiendan tan bien

(¿en qué le puedo ayudar?, ¿necesita algo?,

¿qué puedo hacer por usted?).



Y conocer la mujer de mi vida

y tener hijos y verlos crecer

y celebrar mi aniversario año tras año,

hasta jubilarme y disfrutar de mi vejez

y cuando me llegue la hora de morir,

si he de morir,

que me entierren en el Corte Inglés.





Mag Márquez. Antropofagia poética 2. Edicións Malcrías d'Agràcia. 2021

lunes, septiembre 6

Afganistán: El fracaso de la “guerra feminista” que iba a imponer los valores occidentales y a liberar la región

 

Antes de que el 11 de septiembre de 2001 Al-Qaeda tirase abajo las Torres Gemelas de Nueva York, George Bush ya se había rodeado de las figuras más importantes del llamado movimiento neoconservador o neocón, como Paul Wolfowitz, Dick Cheney y Donald Rumsfeld y entre sus planes ya se encontraba la invasión de Irak y la expansión estadounidense en Oriente Medio. El 11-S supuso la justificación perfecta para entrar en la región, pero era demasiado pronto para enfrentarse al régimen de Sadam Hussein. Al descubrirse que buena parte de los miembros de Al-Qaeda se encontraban refugiados en las montañas de Afganistán, Estados Unidos (EEUU) no dudó en invadir este país en octubre de 2001. A la operación la denominó Libertad Duradera.

Dos años después hizo lo propio con Irak. Pero tras gastarse miles de millones de dólares, colocar gobiernos extraordinariamente corruptos y desestabilizar Oriente Medio, EEUU se dio cuenta de que se había metido en dos guerras eternas que no podía ganar, ni perder. Por ello, hace unos años optó por retirarse paulatinamente de estos dos países y contemplar desde la distancia cómo todo lo que tocaba acababa destruido. En agosto de 2021 las tropas de la OTAN se retiraron de Afganistán. Está previsto que se marchen de Irak a finales de este año.

La Guerra contra el Terrorismo y los ataques preventivos

El hecho de que los autores materiales de los atentados del 11-S fueran saudíes, o que Al-Qaeda fuera fundada en una potencia nuclear como lo es Pakistán – de hecho, Osama Bin Laden fue descubierto y ejecutado allí en 2011 – no supuso ninguna consecuencia para estos países. El gigante norteamericano cobró su venganza yendo a por la nación más débil: un país rural, poco desarrollado, con una baja densidad de población. A EEUU y sus aliados de la OTAN no le supuso mucho esfuerzo derrocar al gobierno talibán, tomar control de la región y bombardear incesantemente las montañas en las que supuestamente se encontraba escondido Bin Laden.

La guerra de Afganistán supuso el inicio de la llamada Doctrina Bush: una política de guerra preventiva, justificada como “lucha contra el terrorismo internacional”, que defendía que, tras la Guerra Fría, EEUU era la única superpotencia que existe en el mundo y que como tal puede ejercer de policía del mismo. En consecuencia, tiene la potestad, e incluso obligación moral, de deponer regímenes extranjeros que representan una supuesta amenaza (aunque ésta no sea inminente) para la seguridad de sus intereses y asegurarse de que nunca pueda surgir otra potencia que rivalice con la suya, como lo fue en su día la URSS. Todo ello bajo el pretexto de expandir la democracia occidental por el planeta, y por tanto la Pax Americana o paz mundial regida por las relaciones económicas capitalistas, consolidando un nacionalismo estadounidense en un mundo cada vez más globalizado. Se trata, en definitiva, de una actualización del Plan Cóndor al siglo XXI. En otra época se le hubiera denominado imperialismo, colonialismo e, incluso, fascismo.

En el caso específico afgano, no sólo se esgrimió como justificación la lucha contra el terrorismo, sino también la liberación de la mujer, sometida por los crueles talibanes[1]. El hecho de que los talibanes se encontraran en una posición de poder por haber sido financiados y entrenados por EEUU durante los 80, para que hicieran la guerra con la URSS, se pasó por alto[2]. El relato tenía que ser que EEUU era el paladín de la libertad en el mundo y su lugar en el mundo era el de salvarnos de cualquier opresor.

Por alguna razón, la invasión de Afganistán de 2001 – producida un mes y una semana después del 11-S – no provocó un movimiento internacional contra la guerra semejante al que despertó la de Irak en 2003. Millones de personas salimos a protestar contra la guerra de Irak al grito de “No a la Guerra”, pero apenas hubo resistencia en las calles contra la de Afganistán. Líderes gubernamentales progresistas, como el entonces presidente Zapatero, que se negaron a participar en la impopular guerra de Irak, compensaron al primo estadounidense aumentando las tropas en Afganistán. Y apenas fueron criticados por ello.

El coste de las guerras interminables

Veinte años después, las tropas de la OTAN comenzaron a abandonar su presencia en el país, facilitando el avance de los talibanes, que en cuestión de semanas tomaron Kabul. Veinte años de ocupación militar, que terminan con un saldo de 10.000 civiles muertos y prácticamente ninguna mejora. Pese a que uno de los objetivos de Libertad Duradera era liberar a las mujeres, dos tercios de las jóvenes afganas no están escolarizadas, el 80% de las mujeres siguen siendo analfabetas, más de la mitad han sufrido violencia machista en el seno de su propia familia y el 75% afrontan matrimonios forzosos, en muchos casos antes de cumplir 16 años. Todo ello, cuando aún estaban las tropas de la OTAN en el país. Y es que es curioso que los mismos que defendieron aquella intervención militar, son los que ahora lamentan la situación en la que queda el país con el avance de los talibanes, pero de forma asombrosa desvinculan por completo la presencia de EEUU y sus aliados de la OTAN durante estas dos décadas en el país de todo lo que ha ocurrido en Afganistán desde 2001.

 Olga Rodríguez escribió en agosto un artículo en eldiario.es en el que explicaba que “ONG, activistas y periodistas han denunciado durante años la situación de las afganas, pero Europa consideró que Afganistán era un país seguro para ellas y prefirió no aceptarlas como personas refugiadas que asumían riesgos si eran deportadas[3]. Casi nadie puso el grito en el cielo entonces, a pesar de que muchas huían de agresiones sexuales, violencia de género sistematizada, discriminación y ausencia de futuro. Hay quienes solo han querido elevar su voz ahora que Estados Unidos y sus aliados se marchan. Pareciera que consciente o inconscientemente quisieran aceptar el argumento falaz de que las cosas van bien con la presencia de tropas estadounidenses y solo empiezan a ir mal cuando estas abandonan”.

Una región desestabilizada y llena de armas

En 2021 casi la mitad de la población afgana se encuentra en situación de necesidad humanitaria. Unicef estima que la mitad de los niños afganos sufrirá desnutrición severa este año. Pero la ayuda que se ha enviado a este país en las últimas décadas ha sido principalmente militar, no de otra naturaleza. Millones de dólares de EEUU han ido a parar a la compra de armamento y la inversión en ‘seguridad’. Mucho menos se invirtió en educación, sanidad pública, gobernanza, desarrollo, democratización, infraestructuras, etc. De hecho, algunos analistas señalan como una de las causas de la caída del gobierno de Kabul el hecho de que se habían invertido 300.000 millones de dólares en armar a su ejército, pero que no contaban con comida y se morían de hambre.

Explica Olga Rodríguez que “como ha pasado en tantos países ocupados o intervenidos militarmente por tropas extranjeras, Afganistán se convirtió en un polvorín con demasiadas armas que ahora están tomando los talibanes[4]. Ya en 2004 la población se quejaba de que los tanques estadounidenses que se paseaban por pueblos y ciudades apuntaban sus cañones hacia abajo, hacia la calle, hacia la gente. Las tropas estadounidenses han sido percibidas en sectores importantes de la población como elementos hostiles. No en vano, la cárcel secreta de Bagram, gestionada por EEUU, fue escenario de torturas y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Entre sus paredes se generaron traumas y enorme sufrimiento, al igual que en Guantánamo, por donde pasaron algunos de los hombres que ahora engrosan las filas de los talibanes”. 

La muerte del credo neocón

Tras veinte años de ocupación militar, bajo las presidencias de Bush, Obama, Trump y Biden, la operación Libertad Duradera, cuya finalidad era acabar con el régimen talibán, ha finalizado con el retorno del régimen talibán.

Una conclusión que podemos sacar del desastre que ha supuesto la intervención militar es que la supuesta justificación feminista – amén de blanca y liberal – de la guerra de Afganistán no fue más que una excusa barata, carente de realidad. En primer lugar, porque la invasión no se produjo hasta que ocurrió el 11-S y su verdadero motivo era el de la lucha contra Al-Qaeda. Y, en segundo lugar, porque en 2019, dieciocho años después de la invasión y ocupación estadounidense de Afganistán, justificada por muchos porque iba a “liberar a las mujeres”, el gobierno de Trump inició una negociación con los talibanes, excluyendo la presencia de mujeres en las reuniones y sin poner encima de la mesa la necesidad de luchar contra la violencia machista a través de medidas legislativas. En 2021, con la llegada de Biden a la Casa Blanca, todo siguió por el mismo camino. Como bien apunta Olga Rodríguez, “Washington invadió Afganistán porque quería demostrar que respondía ante los atentados del 11-S. Su objetivo no fue mejorar la vida de los afganos o democratizar el país. En veinte años de ocupación lo ha dejado claro. En un mundo idílico podemos creer en los unicornios. Pero en la vida real las invasiones con ejércitos buscan intereses propios que a menudo chocan con los de la población autóctona. Y en medio de todo ello, las mujeres suelen ser un argumento de quita y pon para justificar operaciones militares y estrategias geopolíticas”.

La segunda lección que podemos sacar de esta triste historia es la del estrepitoso fracaso de la ideología neocón respecto del papel de Occidente en Oriente Medio, resumida mejor que nadie por Samuel Huntington en El Choque de Civilizaciones. El autor sostenía que nuestra civilización occidental se encuentra enfrentada con otras, como “el mundo islámico”, con el que inevitablemente chocaremos hasta que sólo quede uno. Los neocón de principios del siglo XXI pensaban que la democracia occidental se podía imponer en países con tradiciones radicalmente opuestas, que sus poblaciones aceptarían la “superioridad” moral de nuestros valores y que sus instituciones se democratizarían una vez depuestos los dictadores. Huntington llamaba a estos fenómenos “oleadas democráticas”.

Evidentemente, el tiempo no le ha dado la razón. La lucha contra el terrorismo ha sido un fracaso y las resistencias a asumir los valores occidentales han ganado. Esta gentuza racista confiaba en la superioridad occidental y han condenado a millones de personas a la muerte o a la miseria. El presidente ruso, Vladímir Putin, dio en el clavo el pasado 20 de agosto, cuando en una reunión con la canciller alemana, Angela Merkel, expresó que “es hora de abandonar la política irresponsable de imponer valores ajenos, de imponer una democracia bajo normas ajenas, sin tener en cuenta los detalles históricos, étnicos o religiosos, ignorando por completo las tradiciones de otras naciones”.

La nueva oleada de refugiadas y el aprovechamiento político por parte de la ultraderecha

Ahora que se marcha la OTAN, las afganas preocupan por fin. Como si su vida antes de la toma de Kabul por los talibanes fuera fácil. Nos dice Olga Rodríguez en su extraordinario artículos que “no son las únicas que viven una terrible opresión. Pero la geopolítica decide quiénes merecen atención y quiénes no (ahí están las saudíes, por ejemplo). Las personas refugiadas en Europa son estigmatizadas en demasiados sectores, algunos de los cuales ahora se echan las manos a la cabeza ante la situación de Afganistán. Ayer Europa deportaba a la población afgana o la encerraba en centros de internamiento, ante demasiados silencios. Hoy la hipocresía pública lanza SOS por ella”.

Sin embargo, este SOS internacional deja de ser unánime cuando la opción que se plantea es acoger a refugiadas dentro de nuestras fronteras. Los partidos de extrema derecha europeos – y en el contexto español podemos señalar claramente a Vox, cuyo vicepresidente, Jorge Buxadé, en un alarde de ignorancia y racismo declaró que “el 99% de los musulmanes afganos están a favor de la aplicación de la sharia” y, “entre ellos, el 85% a favor de la lapidación” – se han opuesto frontalmente a la acogida, alegando que no podemos dejar entrar a personas con valores diferentes a los occidentales. Y, además, se podría colar algún terrorista, haciéndose pasar por un pobre refugiado. Explotando el miedo.

El resto de partidos europeos del espectro político restante – centro-izquierda, centro-derecha y derecha – han respondido a la xenofobia de la ultraderecha con mensajes de repliegue[5]. Porque también creen en el discurso racista o por miedo a perder las próximas elecciones, sus mensajes no han distado de los de la ultraderecha. En Francia, Macron ha advertido de que frenará los “flujos de inmigración irregular”. En Reino Unido, el gabinete de Johnson prepara un endurecimiento de la ley contra la inmigración irregular. Destaca por su dureza la posición de Austria, donde el gobierno Sebastian Kurz insiste en seguir deportando afganos incluso después del triunfo talibán. Grecia también envía un mensaje duro. “Nuestro país no será la puerta de entrada a una nueva ola de refugiados”, ha afirmado Notis Mitarachi, ministro de Migraciones. Por su parte, Turquía ha empezado a construir un muro en su frontera con Irán, por donde es previsible que se puedan producir la llegada de migrantes.

Afganistán, una cabra entre dos leones

Afganistán, punto estratégico de Asia Central, importante lugar de paso para posibles rutas de hidrocarburos, comparte frontera con Irán y China, entre otros países. Es un Estado bisagra, un escenario en el que ya no solo Moscú o Washington, sino China y algunos países de la región –Irán, India, Pakistán– se disputan intereses y liderazgo. Por ahora, parece que los vencedores de retirada de la OTAN serán China y Rusia, que según algunos medios ya están llegando a acuerdos comerciales con los talibanes para la apertura de minas y la apertura de gaseoductos en algunas zonas del país.

En 1900, el emir afgano Abdul Rahman Khan definió a Afganistán “como una cabra entre dos leones”. Parece que los leones han agarrado entre sus dientes a la cabra, se encuentran tirando de ella para cada lado y no les importa que se rompa, siempre y cuando se queden con un trozo de la misma.


 

[1] Véase “White feminists wanted to invade”, por Rafia Zakaria, en The Nation.

[2] Sobre cómo EEUU financió a los muyahidines afganos y permitió la toma de poder del régimen talibán, recomendamos el artículo “Las raíces del movimiento talibán”, escrito por Ana Cabirta Martín y publicado en El Salto.

[3] En las últimas cuatro décadas Afganistán ha sido uno de los países que más refugiados ha generado en el mundo, pero Europa sólo ha aceptado a medio millón. En 2015 y 2016 había más solicitantes de asilo afganos que sirios e iraquíes.

[4] Este verano se descubrió que el gobierno de Aznar había donado 17.000 toneladas de armamento a Afganistán en 2003. Hace unas semanas, el Ejecutivo de Sánchez reconoció no tener ni idea de qué han sido de esas armas.

[5] Para más información sobre las reacciones de los líderes europeos, véase “La extrema derecha agita el fantasma de una nueva crisis migratoria que despierta temor entre los líderes europeos”, por Ángel Muñárriz, en InfoLibre.

 

 

viernes, septiembre 3

Pasaporte sanitario, una barbarie inaceptable

 


Como ocurre siempre que se instaura un régimen despótico de emergencia y las garantías constitucionales quedan suspendidas, el resultado es ―como ocurriera con los judíos bajo el fascismo― la discriminación de una categoría de hombres, que se convierten automáticamente en ciudadanos de segunda clase. Este es el objetivo de la creación del llamado en Italia «green pass», «pase sanitario» en Francia o «pasaporte sanitario» en España. Que se trata de una discriminación basada en convicciones personales, y no en una certeza científica objetiva, lo demuestra el hecho de que en los círculos científicos se sigue debatiendo sobre la seguridad y la eficacia de las vacunas, que, según la opinión de médicos y científicos a los que no hay razón para ignorar, fueron producidas de forma precipitada y sin una fase de experimentación adecuada.

A pesar de ello, todos aquellos que se aferren a su libre y fundada convicción y se nieguen a vacunarse serán excluidos de la vida social. El hecho de que la vacuna se convierta de este modo en una especie de símbolo político-religioso cuyo fin es discriminar a los ciudadanos queda patente en la irresponsable declaración de un político que, refiriéndose a quienes no se vacunan, dijo, sin ser consciente de estar utilizando una jerga fascista: «los purgaremos con el pasaporte sanitario». El «pasaporte sanitario» o green pass convierte a los que carezcan de él en portadores de virtuales estrellas amarillas.

Se trata de un hecho cuya gravedad política no se puede desdeñar. ¿En qué se convierte un país en cuyo seno se acaba creando una clase discriminada? ¿Cómo se puede aceptar convivir con ciudadanos de segunda clase? La necesidad de discriminar es tan antigua como la propia sociedad, y no cabe duda de que ciertas formas de discriminación ya estaban presentes incluso en nuestras sociedades llamadas democráticas; pero que estas discriminaciones sean de facto sancionadas por la ley constituye una barbarie que no podemos aceptar.

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En los párrafos precedentes hemos mostrado la injusta discriminación de una clase de ciudadanos excluidos de la vida social normal, discriminación derivada de la introducción del llamado green pass o pasaporte sanitario. Esta discriminación es una consecuencia necesaria y calculada, pero no es el objetivo principal de la introducción del pasaporte sanitario, que no está dirigido a los ciudadanos excluidos, sino a toda la población que posea dicho pasaporte sanitario.

En realidad, el objetivo de los gobiernos es instaurar, mediante el pase sanitario, un control minucioso e incondicional sobre todo movimiento de los ciudadanos, de modo casi idéntico al pasaporte interno que debía tener todo ciudadano para poder desplazarse de una ciudad a otra en el régimen soviético. En este caso, sin embargo, el control es aún más absoluto, porque afecta a cualquier movimiento del ciudadano, que tendrá que mostrar su pasaporte sanitario en cada uno de sus pasos, incluso para ir al cine, asistir a un concierto o sentarse a la mesa de un restaurante.

Paradójicamente, el ciudadano que no posea el pasaporte sanitario será más libre que aquel que lo posea, y debería ser la propia masa de ciudadanos con pasaporte sanitario la que habría de protestar y rebelarse, ya que a partir de ahora serán censados, vigilados y controlados hasta un grado que carece de precedentes incluso en los regímenes más totalitarios. Resulta significativo que China haya anunciado que mantendrá sus sistemas de rastreamiento y control incluso después de que la pandemia haya terminado. Como ya debería ser evidente, en el green pass lo que está en juego no es la salud, sino el control de la población, y tarde o temprano hasta los ciudadanos con pasaporte sanitario tendrán la oportunidad de comprenderlo, mal que les pese.

 

Giorgio Agamben (1943) es un filósofo y jurista italiano, autor de innumerables libros como Estado de excepción, Homo Sacer. El poder soberano y la vida desnuda, etc. Se ha mostrado muy crítico con la gestión de la crisis del coronavirus, y en su libro La epidemia como política (julio, 2020) expone sus reflexiones al respecto.

(Unión de dos artículos publicados en la columna «Una voce», página web de la editorial italiana Quodlibet, con los títulos «Cittadini di seconda classe» y «Tessera verde», el 16 de julio y 19 de julio de 2021 respectivamente).

martes, agosto 31

Qatar, Messi y el terrorismo islámico

 


El semanario francés Charlie Hebdo, una vez más, nos ha abierto el camino de la lucidez a través del siempre agradecible humor satírico; con doble mérito, dado el tema, si ellos mismos fueron víctimas de los fanáticos violentos religiosos. A propósito de la llegada al poder en Afganistán de los repulsivos talibanes, la publicación gala nos obsequia con una imagen, acompañada de la leyenda «Talibanes. Es peor de lo que pensaba», en la que puede verse a mujeres afganas con burka y, en la espalda, con el número y nombre del astro futbolístico Lionel Messi. Los profanos en enajenantes cuestiones balompédicas, como es mi caso, requieren tal vez una explicación y, por supuesto, os la voy a dar. El fenómeno argentino ha fichado recientemente por el club galo Paris Saint Germain (en adelante, PSG), cuyo dueño es desde 2011 el multimillonario qatarí Nasser Al-Khelïfi, cuya fortuna creo que adquiere proporciones tan astronómicas como la del propio Messi. Lo que nos expone lúcidamente Charlie Hebdo es un argumento que se sostiene desde hace muchos años y es que Qatar, mediante dinero y armas, financia el terrorismo islámico a veces concretado en forma de regímenes.

Al-Khelïfi, presidente del PSG, tiene vínculos con la familia del emir de Qatar; ergo, el Estado qatarí parece ser la mayor fuente de financiación de dicho club. Hay quien ha dicho que el fichaje del astro argentino, que al parecer puede ser la mayor estrella futbolística de todos los tiempos, ha sido principalmente una estrategia política y un lavado de imagen por parte de Qatar. Recordemos también que, como parte de este proceso, el PSG ya había fichado a no pocas estrellas mundiales; una de las cuales este año ha sido el inefable defensa hispalense Sergio Ramos, hasta hace poco perteneciente al Real Madrid, cuyo todopoderoso presidente es líder en este indescriptible país amañando contratos. No dejemos de lado que Qatar, cuyo régimen no es muy amigo de los derechos humanos y ha sido acusado de financiar el terrorismo islámico, será la sede del próximo mundial de fútbol en 2022. El PSG no es el único club de fútbol vinculado a regímenes y empresas de Oriente Medio, entre ellos lo han sido algunos españoles de gran capital en forma de patrocinadores, por lo que este inefable país nuestro apoyó la candidatura de Qatar como sede del Mundial.

Diversas organizaciones internacionales llevan tiempo denunciando la cruenta explotación de trabajadores inmigrantes en Qatar, fundamental para edificar las infraestructuras que harán posible los alienantes enfrentamientos balompédicos, así como la situación de discriminación de las mujeres y personas de diferente condición sexual. A todas estas denuncias ya mencionadas sobre Qatar, se une la del soborno a personalidades de la FIFA, la federación internacional futbolística que organiza los condenados mundiales estos. Una vez más, el deporte de masas y su peculiar universo de botarates mediáticos, estrechamente vinculado con regímenes detestables y con una globalización capitalista que sume en la necesidad a gran parte de la población mundial; todo ello, para mantener entretenido a gran parte del personal, más bien papanatas y acrítico, y que se muestre incapaz de percibir el horror cotidiano. Recordemos también que Qatar es un pequeño país de enorme riqueza, basada en un petroleo que terminará por agotarse, por lo que resultan lógicas sus planificadas estrategias para diversificarse, tanto en lo económico como en lo político. En este campo, Qatar ha sabido mantenerse en un delicado equilibro, siendo aliado de unos Estados Unidos, en supuesta guerra contra el terrorismo islámico, que acaba de dejar Afganistán en manos de los talibanes. Creo que todo dicho y explicado.

 

Juan Cáspar

sábado, agosto 28

La ciudad turistificada. Entrevista a Jorge Sequera

 


Madrid, como Barcelona y muchas otras ciudades europeas, está inmersa en procesos de transformación urbana y gentrificación en los que el turismo tiene un papel cada vez más importante.

Hablamos sobre ello con Jorge Sequera, doctor en sociología y autor, entre otras publicaciones en torno a la gentrificación y turistificación, del libro “Gentrificación. Capitalismo cool, turismo y control del espacio urbano”, editado en 2020 por Los Libros de la Catarata.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de turistificación urbana? ¿En qué consiste este proceso y qué efectos tiene sobre las habitantes de la ciudad?

La turistificación urbana es la manifestación material e intangible de la hiperpresencia de la economía del turismo, que desemboca en transformaciones urbanas y sociales en un territorio determinado. Por un lado, la gran expansión espacial de los servicios orientados al turismo que colonizan las zonas del centro de la ciudad está provocando la destrucción del tejido social y económico de los barrios centrales de la ciudad turística. A su vez, las calles principales de las “Ciudades Turísticas” también eran colonizadas por grandes tiendas de ropa y marcas multinacionales, afectando gravemente al paisaje comercial tradicional y haciéndolo residual en el centro de la ciudad. Junto a esto, la expansión de las franquicias (incluyendo locales de comida rápida y bares low cost) que ha supuesto el cierre de un gran número de locales de hostelería, cultura y entretenimiento, homogeneizando gustos y lugares.

En Europa, en particular, la reciente ola de turistificación de sus grandes ciudades ha tenido como protagonistas a empresas emblemáticas como Airbnb, Uber o Glovo, a menudo alimentadas (y apoyadas) por fondos de inversión que habían entrado rápidamente en este sector, que, junto con la expansión de las compañías aéreas de bajo coste desde mediados de los años noventa ha provocado un aumento significativo de la presión sobre los vecinos que residen en los barrios del centro de las ciudades en particular, con fuertes repercusiones sociales, espaciales y económicas. Como consecuencias inmediatas, la hotelización de la vivienda, el aumento del transporte urbano privado no regulado (por ejemplo, Uber) y de formas privadas de micromovilidad (Segways, alquiler de bicicletas, tuk-tuks, etc.) son parte del nuevo paisaje urbano de muchas ciudades del mundo.

Pero también- y esto hay que recalcarlo, porque es fácil perderle la pista- los cambios en las formas cotidianas de habitar el espacio, el lugar. Son las formas de relacionarse en la vida cotidiana con estas economías del turismo urbano -como trabajador, como vecino, como turista o como porqué no, como especulador, y en ocasiones como combinación de varias- las que producen verdaderos cambios en las subjetividades que viven en la metrópoli. Se articulan por tanto diferentes imaginarios alrededor de cómo habitar el barrio/la y lo urbano: resistentes, especuladores o desplazados, conformados a su vez -y no siempre necesariamente en el orden que imaginamos- por los vecinos/as de los barrios turistificados, los trabajadores/as dependientes de la economía Airbnb, los anfitriones y los huéspedes.

¿Cómo se ha materializado este proceso de turistificación en Madrid? ¿Qué políticas concretas lo han facilitado o promovido?

El turismo inmobiliario español y su modelo turístico de “sol y playa”, sostenido los últimos 50 años sobre una geografía del blanqueo de capitales, la prevaricación y los delitos sobre la ordenación del territorio y el urbanismo, encontraba en el centro de las ciudades nuevos nichos de mercado sin explorar. Las políticas urbanas se rendían ante este capitalismo de plataformas y utilizaba el turismo urbano como salvavidas de la anterior Gran Recesión (2008-2016). Así, las nuevas operaciones especulativas del sector financiero del turismo se fijaron en las grandes ciudades como estrategia-refugio. Este era el caso de las grandes ciudades del Sur de Europa: de Roma a Atenas, de Madrid a Lisboa. Esto hizo que durante el último lustro el turismo urbano se convirtiera más que nunca en un elemento central de la transformación espacial, económica, social y cultural de los territorios metropolitanos de todo el mundo. Como resultado de un movimiento de “la playa” a “la ciudad”, los inversores y sus operaciones especulativas favorecieron un intenso proceso de turistificación urbana en las mayores ciudades españolas y portuguesas a través de la compra de vivienda y su reconversión en alojamiento turístico.

Sin ir más lejos, el capitalismo digital y de plataforma (y no sólo el icónico y manido Airbnb) es uno de los sectores aparentemente victoriosos de esta crisis y parte fundamental de esos cambios que se han acelerado en plena pandemia. Mediante nuevos patrones de consumo y una globalización asimétrica de la cultura digital, nos situamos ante un amplio cambio social y urbano, donde los GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple), los NATU (Netflix, Airbnb, Tesla, Uber), los BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi) o las empresas del `capitalismo de app´ como Deliveroo, Glovo (o las recientes “dark kitchen”) están siendo uno de los principales actores de este nuevo escenario urbano tecnosocial. Estos cada vez tienen más fuerza para configurar la vida en las ciudades, y el contexto de pandemia no ha hecho más que extender su consumo y dominio sobre ciertas esferas laborales y sociales, tanto en términos de usos como de estilos de vida o nuevas formas de trabajo emergente.


 

En “Resistencias contra la ciudad turística. Airbnb en Madrid”, Javier Gil y tú hacéis un repaso por el movimiento de lucha contra este fenómeno en el barrio de Lavapiés, donde colectivos como Lavapiés ¿dónde vas? , la PAH o el Sindicato de Inquilinas, entre otros, elaboraron en 2018 una propuesta de desarrollo de un Plan Especial de Ordenación Turística (PEOT) acompañado de una moratoria a la concesión de licencias para cualquier tipo de plazas turísticas hasta la aprobación de dicho plan. Otro ejemplo interesante es la ciudad de Lisboa, donde muchos colectivos por el derecho a la vivienda han puesto el foco desde hace años en el turismo. ¿Podrías hablarnos brevemente de ellos?

La turistificación de las áreas urbanas centrales, especialmente (pero no exclusivamente) en las ciudades del sur de Europa, consiguió lo que otros movimientos sociales urbanos antiespeculación (antigentrificación, entre otros) no habían conseguido aunar: un consenso alrededor de los impactos negativos más visibles de la ciudad turística (masificación, ruidos, saturación de transportes públicos, reconversión de barrios en parques temáticos, uso de vivienda para terciarizarla y convertirla en pisos turísticos o en los impactos sobre la segregación y elitización del ocio nocturno). Como ejemplos de acción colectiva de resistencia contra la turistificación en España y Portugal, grupos como Lavapiés Donde Vas en Madrid, la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic en Barcelona, Ciutat Per A Qui L’Habita en Palma, Islas Baleares; CACTUS Colectivo-Asamblea Contra la Turistización en Sevilla, o Habita! Associação pelo direito à habitação e à cidade, Morar em Lisboa o Stop Despejos en la ciudad de Lisboa, ponían el foco en estas voraces dinámicas de extracción de valor urbano.

Sin embargo, y esto puede que no guste a algunos, estas luchas son en algunos casos dispares y no las componen ni mucho menos, los mismos actores sociales. En esta amalgama de asociaciones vecinales que hacen frente a la turistificación, podemos encontrar paradójicas alianzas, donde propietarios de clase media-alta que habrían llegado con las primeras olas de la gentrificación y que tras haber cogido posición en el lugar, estas nuevas dinámicas que vendrían a degradar y contaminar su espacio colonizado hace que levanten su voz junto a clases populares y colectivos con fuerte presión para la expulsión de sus barrios. Esto ha ocurrido con algunas asociaciones vecinales de Centro, en el caso de Madrid, que manifestaban su interés por la moratoria de pisos turísticos pero circunscrita sólo al Centro de Madrid, olvidando a los barrios periféricos (mientras que otros colectivos antituristificación de índole más autonomista sí los incluían como parte de la moratoria). En el caso de Lisboa pasa algo parecido. Si bien algunos de los colectivos mencionados tienen una labor fundamental, aunque compuestos en su mayoría por intelectuales y académicos que orbitan alrededor de partidos de izquierda portugués, existen otros, de claro tinte reaccionario, fundados por clases medias-altas locales. En barrios portuarios como Cais Do Sodré que comenzó un proceso de gentrificación “al uso”, fue posteriormente tomado por el ocio nocturno turistificado, y aquellos que compraron sus lofts rehabilitados en edificios fabriles y portuarios descubren que ya no son cobijo para la vida urbana central que esperaban.


Para terminar, ¿qué crees que nos espera los próximos años? La pandemia ha dado una tregua temporal a este crecimiento turístico incontrolado, pero la excusa de la crisis económica puede convertirse en un nuevo pretexto de las administraciones para continuar favoreciendo al sector, retrocediendo en el debate de la regulación/limitación que había conseguido ponerse sobre la mesa. ¿Debemos prepararnos para una nueva ofensiva turística?

La debilidad estructural de la economía del turismo en España y Portugal, sus altas tasas de temporalidad laboral (estacionalidad) y sus bajos salarios (precariedad), han terminado por trastocar el tablero de juego de un sector que hasta ahora se sentía plenamente legitimado, incuestionable. Lo cierto es que el sector del turismo tiene un salario medio un 17% más bajo (19.000 € al año) que la media de España, un 30% más bajo que el de la industria (27.000 al año), con una tasa de temporalidad laboral desorbitada y en un 60% con contratos a tiempo parcial, según la propia patronal. Para el caso de Portugal, se estima en un 30% más bajo del salario medio de 2017. De hecho, este verano aún pandémico se están sucediendo las noticias de la falta de personal para la hostelería en lugares playeros y la preocupación de la patronal al respeto. Y recordemos la oferta de trabajo publicada en twitter de 12-15 horas diarias y un día libre por 800 euros al mes y pensemos en la cantidad de abusos que existen en el sector.

Así, por un lado el turismo ha sido tocado pero ni mucho menos hundido. Es cierto que ha perdido la legitimidad que tenía en nuestra dependiente economía nacional. Perder legitimidad, sin embargo, no parece ser sinónimo de cambio. Los distintos gobiernos, tanto nacional como regionales, ya han destinado ingentes cantidades de recursos para reflotar un sector que nos volverá a posicionar como “el bar” de Europa. Era un buen momento para que se diversificara nuestra economía, dependiente del ladrillo (al que irán destinadas grandes partidas del Plan Marshall postcovid para rehabilitación) y del turismo (al que se le está asistiendo artificialmente), mientras las grandes cadenas hoteleras, en su día firmes detractoras de los pisos turísticos, se posicionan ahora en el mercado que, con titubeos y ambigüedad, están poniendo un pie en estructuras como Airbnb. Además, también estamos viendo nuevas formas de hibridación que podrían hacer indistinguibles con el tiempo a modelos como Idealista o Airbnb, en tanto se solapan mercados, en busca de una mayor fragilidad y volatilidad de las biografías urbanas de sus habitantes. En paralelo, mercadotecnia propia de estrategias de atracción público-privadas que ya hemos visto en otras ocasiones, llaman ahora “nómadas digitales” a los que un día fueron “las clases creativas”, ayudando con la asunción de la existencia de tal subjetividad-fantasma a empujar este tipo de procesos. Detrás, entre bambalinas, la realidad trágica del capitalismo urbano persiste, con una serie de trabajos precarios y en muchos casos de vuelta al destajo, profundamente feminizados y racializados, que sostienen la ciudad sobre la desigualdad urbana.

Gentrificación. Capitalismo cool, turismo y control del espacio urbano
Jorge Sequera

Editorial Catarata, Madrid 2020. 96 págs.

Que la gentrificación constituye la única solución viable para los barrios abandonados es un argumento que desde algunos sectores involucrados se repite como un mantra, legitimando así uno de los principales mecanismos contemporáneos de gestión urbana neoliberal, enmascarada bajo conceptos ambiguos como regeneración, revitalización o renacimiento. La industria cultural y la creatividad, de la mano de políticas de control sobre el espacio público, son el perfecto anzuelo para el turismo, la atracción de inversiones y el negocio de lucrativos mercados inmobiliarios. Las nuevas clases medias, atraídas por fenómenos como la mezcla social, la escena alternativa o el imaginario de la cultura popular, eligen estos barrios previamente desvalorizados convirtiendo rápidamente el deterioro urbano en un producto chic. Su cara oculta es la expulsión, la segregación y el desplazamiento de aquellos que ya no se consideran rentables. En los últimos años, la turistificación, alimentada por el crecimiento del capitalismo de plataforma que convierte viviendas en hoteles, es uno de los mayores desafíos actuales a la hora de repensar la ciudad. Complemento o antítesis de la gentrificación, este “turismo depredador” hace que la ciudad se convierta en un gran museo, donde el paisaje comercial tradicional de algunas zonas urbanas tiende a disneyficarse y franquiciarse, provocando profundos cambios socioculturales, desigualdad urbana y nuevas precariedades.


 

Extraído de https://www.todoporhacer.org