Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

domingo, julio 19

La llama, siempre viva, de la Revolución Social

 Revolución 1936 - 1 

Entre el 18 y el 19 de julio se conmemora los actos en recuerdo del 90 aniversario del comienzo de la Guerra Civil. A la sombra de estos fastos, el movimiento libertario recuerda el estallido, en el verano de 1936, de la Revolución Social.

 

 Este domingo, 19 de julio, se conmemora en muchos puntos de la geografía española el 90 aniversario de la Revolución Social. No se recuerda solo en España. La efeméride también se celebra en distintos países como Argentina, Francia, Italia, Chile, Grecia o Suecia, entre otros. En decenas de ciudades se han organizado charlas, exposiciones, seminarios de estudios, exhibiciones de películas producidas durante la Guerra Civil… Estas celebraciones pretender rendir homenaje a lo que el movimiento anarquista internacional, pero no solo, recuerda como uno de los procesos revolucionarios más singulares del siglo XX: la Revolución Española.

¿Pero de qué revolución hablamos? Hablamos del proceso de transformación social acelerado que tuvo lugar en España a partir del 19 de julio de 1936, más concretamente en aquellas zonas del territorio español no controladas por Franco tras el alzamiento militar. Un proceso revolucionario en el que el movimiento libertario tuvo un papel destacado y para el que los anarquistas se habían estado preparando durante décadas.

Y es que, si hablamos de la presencia del anarquismo en el Estado español, tenemos que pensar que las organizaciones locales de inspiración ácrata vinculadas al movimiento obrero internacional, tuvieron una implantación considerable desde el último tercio del siglo XIX. A partir de ahí, ni los procesos de criminalización orquestados por el Estado, ni la pugna ideológica con los sectores marxistas, ni la conflictividad interna del propio movimiento, lograron que la cultura política anarquista dejara de tener cierta prevalencia en el seno del movimiento obrero español. Una cultura política, la libertaria, que ponía en el centro de su programa político la preparación para la revolución, ya no solo fomentando la autocapacitación cultural, ideológica y militante de cada trabajador o trabajadora afín, sino prefigurando el mundo del mañana a través de la paulatina consolidación de una institucionalidad autónoma que no solo pasaba por la conformación de sociedades obreras, sino que también tenía que ver con la urdimbre de ateneos, escuelas racionalistas, periódicos, editoriales o grupos naturistas, por citar solo algunos ejemplos, que insuflaban vida a ese mundo propio.

En todo caso, y para entender todo lo que ocurrió a partir de julio de 1936, la creación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), ya en 1910, supuso un hito de consideración que explica cómo la articulación del anarquismo español en torno a una organización de masas, en este caso de carácter sindical, posibilitó que el movimiento libertario, paulatinamente minorizado a nivel internacional en el primer tercio del siglo XX, siguiera teniendo una implantación considerable en el seno del movimiento obrero español. Una pujanza que, en el plano interno, se vio asegurada por la toma de acuerdos que reforzaron el músculo sindical de la organización —como la creación de los Sindicatos Únicos (1918-1919)— y también se vio favorecida por el prestigio alcanzado por la organización anarcosindicalista tras el triunfo de la huelga de La Canadiense, que posibilitó la aprobación de la jornada laboral de 8 horas en el marco del Estado español.

Sin embargo, el crecimiento de la CNT y la proliferación de un movimiento obrero no sometido a directrices partidistas, autónomo y revolucionario, no fueron bien recibidos por el Estado y la patronal, quienes primero intentaron amedrentar a la militancia cenetista con la violencia terrorista ejercida por las bandas de pistoleros del Sindicato Libre (una violencia que, entre decenas de sindicalistas asesinados, se llevó por delante a dos secretarios generales de la CNT: Evelio Boal y Salvador Seguí), y luego, tras la llegada al poder de Miguel Primo de Rivera por la vía dictatorial, consiguieron la ilegalización del sindicato anarquista y el paso a la clandestinidad y exilio de buena parte de sus militantes más destacados.

 Revolución 1936 - 2

 

La CNT en la segunda república

Tras más de ocho años de régimen dictatorial encabezado, primero, por Miguel Primo de Rivera, y luego por Dámaso Berenguer, la llegada de la II República (1931) fue saludada con esperanza por buena parte de los sectores populares, ansiosos de un cambio de régimen que ampliara las libertades políticas e hiciera frente a las desigualdades sociales. Sin embargo, la “república de trabajadores”, tal y como rezaba el artículo 1 de la Constitución republicana, demostró muy pronto su incapacidad para colmar las ansias de justicia social de una clase trabajadora cuyas organizaciones sindicales, la CNT y la UGT, reforzaron de manera considerable su implantación y número de cotizantes a partir del 14 de abril.

Sería precisamente en este contexto político de inestabilidad creciente, donde las tímidas reformas emprendidas por la República eran constantemente torpedeadas por los sectores reaccionarios y la amenaza fascista empezaba a cobrar forma, en el que la clase trabajadora empezó a dar fuste al proyecto revolucionario, movilizando sus demandas por la vía de la acción directa y sufriendo una dura represión por ello; los sucesos de Castilblanco, Arnedo, Alto Llobregat, Casas Viejas o Asturias, dan buena cuenta de lo anterior.

 Sin embargo, serían las fuerzas conservadoras quienes darían el paso que pondría en jaque al régimen republicano. El 18 de julio de 1936, el golpe de Estado de una parte del ejército, apoyado por los sectores reaccionarios de la sociedad española y los regímenes fascistas de Italia y Alemania, consiguió imponerse en algunas zonas del Estado español, pero no logró su objetivo de aniquilar rápidamente cualquier conato de resistencia en los núcleos poblacionales de mayor peso. Por el contrario, en buena parte del país y a pesar de la oposición de algunos dirigentes republicanos a entregar armas al pueblo, las organizaciones obreras lideraron la respuesta al alzamiento, derrotando a los militares rebeldes en ciudades tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Málaga. 

En relación a lo anterior, y aunque a día de hoy siga vigente, en buena medida, la idea de que la respuesta al golpe de Estado por parte de las organizaciones populares fue prácticamente improvisada, la realidad es que en muchas localidades con fuerte implantación de la CNT y la FAI, el movimiento libertario había estructurado Comités de Defensa y Comités de Preparación Revolucionaria que, a la hora de la verdad, allanaron el camino para que la movilización obrera, también armada, contra el alzamiento fascista, acabara teniendo éxito.

 Revolución 1936 - 3

Una transformación integral de la sociedad

Fracasada la intentona golpista, el 19 de julio se abría un horizonte de posibilidades revolucionarias que los trabajadores y trabajadoras, y muy especialmente los hombres y mujeres del movimiento libertario, quisieron experimentar de forma decidida, iniciando un proceso de transformación acelerada que afectó de manera profunda a todas las esferas de la sociedad española. 

En el plano económico, las organizaciones populares, con los sindicatos CNT y UGT a la cabeza, emprendieron un proceso de toma de control de los medios de producción que, bajo distintos regímenes de gestión obrera, favoreció que los resortes de la producción, la distribución y el consumo, tanto en las zonas urbanas como en las zonas rurales de la retaguardia antifascista, estuvieran en manos de los trabajadores y trabajadoras. Cambios radicales en la economía política del tejido productivo que involucraron tanto al sector público como al sector privado.

El proceso de colectivización afectó a las grandes empresas, incluyendo aquellas vinculadas a sectores industriales participados por el capital extranjero, pero también a fábricas, talleres y centros de trabajo de menor tamaño. En el ámbito rural, buena parte de las tierras abandonadas por los grandes tenedores, pasaron a ser gestionadas por las colectividades agrarias, muchas de las cuales, animadas por las organizaciones sindicales, jugaron un papel indiscutible en la mejora de las condiciones de vida de la población campesina y jornalera de las comarcas agrarias.

 Por otro lado, y aunque uno de los aspectos fundamentales del proceso revolucionario fue la transformación estructural de los sectores primario y secundario de la economía, no fue menor la impronta del programa sindical en el resto de esferas económicas, como el sector servicios y, más concretamente, en todo aquello relacionado con la cultura. Un buen ejemplo de lo anterior lo tenemos en las transformaciones acaecidas en el terrero de la enseñanza, que dejó de estar en manos de la Iglesia y tuvo tiempo de desarrollarse al amparo de instituciones donde la impronta de la pedagogía libertaria resultó incuestionable (como el Consejo de la Escuela Nueva Unificada, en Cataluña). Otro ejemplo es el sector del espectáculo, con industrias de alto desarrollo técnico, como la cinematográfica, donde el proceso de socialización se desplegó vertiginosamente, permitiendo, por ejemplo, que el Sindicato Único de la Industria del Espectáculo de la CNT produjera más de cuarenta películas en plena guerra civil. 

También la gobernanza política de las ciudades y pueblos de la retaguardia antifascista se vio alterada de forma radical. El estallido del conflicto armado y los cambios en la estructura de poder de muchos pueblos y ciudades, afectaron sobremanera al desarrollo habitual de las entidades locales en la España no controlada por Franco. No solo se crearon consejos municipales para sustituir a los antiguos ayuntamientos, sino que aparecieron nuevas instituciones —de vida efímera, eso sí— como el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité Interprovincial de Asturias y León o el Consejo Regional de Defensa de Aragón, presidido por el cenetista Joaquín Ascaso, que emanaron directamente de la situación política y social de los primeros meses de guerra. 

Hablamos, por tanto, de un proceso revolucionario, de base federativa y rápido desarrollo, donde fueron los trabajadores y trabajadoras, a través de sus organizaciones sindicales, quienes tomaron el control de buena parte de los resortes de la vida pública, descomponiendo rápidamente, aunque de manera parcial, la estructura de poder previa al 19 de julio y dando forma a una nueva sociedad donde el trabajo colectivo no tenía como finalidad enriquecer a una clase privilegiada, sino dignificar y cubrir todas las necesidades de la mayoría social.

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La revolución en los frentes

Pero todas estas transformaciones revolucionarias, que amenazaban la estructura de las relaciones de poder consolidadas en la sociedad española tras siglos de dominación oligárquica, debían ser defendidas en los frentes de batalla. Para ello, los trabajadores y trabajadoras, algunos de ellos enconados pacifistas que durante años se habían opuesto a la guerra —fueron los anarquistas quienes organizaron el Congreso Internacional de la Paz (Ferrol, 1915)— y a la política colonial del Estado español —pensemos, por ejemplo, en los orígenes de la Semana Trágica (1909)—, se organizaron rápidamente en milicias populares que tuvieron la difícil tarea de hacer frente al ejército sublevado durante los primeros meses de guerra. Un ejército rebelde que, recordémoslo, contó desde primera hora con el apoyo de los regímenes fascistas de Europa (Alemania, Italia y Portugal).

En contraposición a este apoyo internacional al ejército sublevado, y al margen del papel jugado por las Brigadas Internacionales en defensa de la República, el eco de la Revolución Social en el plano internacional favoreció que una pléyade de voluntarios de la anarquía se incorporara, o bien en el frente o bien en retaguardia, a las filas de las organizaciones revolucionarias. Como consecuencia de lo anterior, cientos de militantes anarquistas, anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarios, procedentes de Italia, Alemania, Suiza, Francia, Suecia, Argentina y otros países, incorporados a la lucha y afiliados en origen a sindicatos y organizaciones libertarias solidarias con la CNT, contribuyeron con su esfuerzo, dando la vida en muchos casos, a la defensa de las transformaciones revolucionarias impulsadas por la clase trabajadora en el Estado español. 

 Más allá de su mayor o menos cercanía con el ideario ácrata, Camilo Berneri, Emma Goldman, Simone Weil, Georges Orwell, Carl Einstein, Clara Thalmann, Simón Radowitzky, Kati Horna, Margaret Michaelis o Mika Etchebéhère, son una decena de estos voluntarios internacionales de la revolución.

Tampoco fueron pocos los comités y organizaciones antifascistas que, repartidos por medio mundo, intentaron contribuir —a pesar de las dificultades generadas por sus gobiernos y el eco de la propaganda contrarrevolucionaria— al sostenimiento de la lucha desigual emprendida por las organizaciones del movimiento libertario español. Sin ellos, las fuerzas políticas y sindicales favorables al proceso revolucionario, hubieran estado completamente aisladas en el plano internacional, estando aún más desatendidas de armamento, apoyo financiero y soporte propagandístico.

Las organizaciones libertarias: músculo de la revolución

Aunque los principios, tácticas y finalidades revolucionarias formaban parte del ADN del movimiento libertario español desde sus comienzos, la implantación de las organizaciones ácratas había sido desigual según las épocas y los territorios, transitando, incluso, largos períodos de clandestinidad que dificultaron en grado sumo las posibilidades de intervención política, social y cultural de los y las anarquistas.

Sin embargo, en mayo de 1936 la CNT llegó a su IV Congreso (Zaragoza) con más de medio millón de afiliados, igualando, como mínimo, las cifras de afiliación de la Unión General de Trabajadores (UGT). Los importantes acuerdos tomados en ese congreso, junto con la implantación territorial y el músculo militante de los afiliados y afiliadas, posibilitaron que la organización anarcosindicalista fuera la espina dorsal del proceso revolucionario en buena parte de los territorios de la España antifascista (sobre todo en Cataluña, Levante y la zona de Aragón no controlada por Franco).

Junto a la CNT, la Federación Anarquista Ibérica (FAI), la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), Mujeres Libres (que llegó a federar a 28.000 obreras en enero de 1938), Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), los ateneos libertarios, las escuelas racionalistas, y todo el tejido de grupos y pequeñas organizaciones que se reconocían en la genealogía del anarquismo español (como, por ejemplo, la Federación Ibérica de Estudiantes Revolucionarios), experimentaron un notable desarrollo organizativo, contribuyendo de manera singular a la obra constructiva de la Revolución Social.

 En todo caso, y para complejizar, el proceso revolucionario también fue sostenido por otros sectores políticos y sindicales que, conscientes de las posibilidades que para el conjunto de la clase trabajadora abría el escenario de guerra social, apostaron de manera decidida por la vía revolucionaria. En muchas zonas rurales, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) de la UGT jugó un papel destacado en el proceso de colectivización de tierras, poniendo en marcha grandes colectividades agrarias, muchas veces de la mano de la CNT, y oponiéndose, al menos en algunas zonas, a la política de contención revolucionaria de Vicente Uribe, ministro de Agricultura (PCE). También es conocida la apuesta revolucionaria del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM); una apuesta que, como sabemos, le costaría cara a partir de mayo de 1937.

Los frenos de la revolución

Sin embargo, no fueron pocos los problemas que tuvo que enfrentar la Revolución Social desde el primer momento. A los condicionamientos impuestos por la guerra, le hemos de sumar la oposición del capitalismo internacional y, en el plano interno, la labor contrarrevolucionaria de las fuerzas políticas a quienes, por distintas razones, incomodaban las transformaciones sociales puestas en marcha por los trabajadores y trabajadoras a partir del 19 de julio.

Los Sucesos de Mayo del 37, la disolución del Consejo de Aragón o la política de partido (comunista) desplegada por la mayor parte del comisariado en el seno del Ejército Popular de la República, son solo tres ejemplos de lo anterior; tres ejemplos, sí, que también nos hablan del papel jugado por el estalinismo en el transcurso de la guerra.

Tampoco podemos olvidarnos de otros asuntos que, sin duda alguna, contribuyeron a la irrupción de airados debates en el seno del movimiento libertario. Uno de ellos fue la obediencia al Decreto de Militarización de las Milicias Populares promulgado por el gobierno republicano a finales de septiembre de 1936. Pero sería la participación de militantes anarquistas, no solo en el gobierno de la República, sino en cientos de consejos municipales y otras instancias gubernamentales, el asunto más discutido entre la militancia libertaria en el otoño de la Revolución. Una decisión que no solo acabaría laminando la unidad de acción del movimiento libertario en un contexto político en el que se encontraba relativamente aislado, sino que acabaría refrendando las posiciones más hostiles a la CNT de una parte del anarquismo internacional.

La memoria de la revolución

La pérdida de la guerra no solo supuso la imposición de un sistema dictatorial que vino a restaurar las relaciones de poder que había quebrado el proceso revolucionario. Significó también la persecución y práctico exterminio de una cultura política muy singular, la representada por el movimiento libertario, que, como decíamos anteriormente, a principios de los años treinta ya se encontraba muy minorizada en el plano internacional. 

 Precisamente por lo anterior, por la conciencia de la importancia que tenía para el futuro el recuerdo de la revolución, los anarquistas, las anarquistas, no solo se preocuparon de salvar buena parte de la documentación producida durante la guerra civil por la CNT y la FAI, evacuándola al Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, sino que, durante los años del exilio, procuraron mantener viva la memoria del proceso revolucionario, abordando un proceso de reflexión crítica que se tradujo, antes que nada, en la proliferación de un sinfín de relatos testimoniales que, de una manera u otra, vinieron a complejizar el relato de aquella experiencia histórica.

Unas décadas después, sería justamente esa memoria revolucionaria, esa conciencia colectiva de la vigencia del legado de prácticas y experiencias de la Revolución Social, uno de los factores clave que explica cómo la CNT mantuvo su coherencia en el contexto de la llamada Transición; una conciencia colectiva que, recordémoslo, ayudó también a que la militancia anarcosindicalista sostuviera al mismo tiempo un empeño, no menor, en el marco de una sociedad capitalista con capacidad para disciplinar la disidencia a través de su asimilación: el afán de impedir que el anarquismo se convirtiera en una moda política más, el afán de hacerlo valer como una herramienta útil, ya no solo para el conjunto de la clase trabajadora, sino de todos los sectores sociales desposeídos.

Sea como fuere, la memoria de la Revolución Española no solo se mantiene viva en el seno de la militancia libertaria actual, sino que ha servido de inspiración a otros movimientos sociales que, por un lado, se siguen reconociendo en esa tradición libertaria, y, por otro, han aterrizado en su quehacer político buena parte de los principios organizativos de los que tradicionalmente han hecho gala las organizaciones anarquistas. Un legado, también, que atraviesa fronteras y forma parte de la genealogía política de luchas tan dispares como las emprendidas por las mujeres del Kurdistán, los zapatistas mexicanos o la miríada de organizaciones sindicales de matriz revolucionaria que se reparten por todo el mundo.

 

 

 Editor de Piedra Papel Libros

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sábado, julio 18

Sobre el fútbol (y otras reflexiones existenciales)

 Alienacion-Masa-Individuo-Racionalidad-Anarquismo-Acracia

 

Ayer mismo, paseando por la capital de este inefable Reino de España en busca de algún evento cultural de interés, no pude evitar cruzarme con un buen número de gentes ataviadas con una camiseta roja adornada con el (para uno, más que rechazable) emblema nacional. Mi estupor me llevó a terminar por enterarme de que estos días se está celebrando un torneo mundial de ese deporte balompédico que tanto furor, en ocasiones adornado con una buena dosis de irracionalidad e incluso violencia física, causa en las masas. Como al que suscribe le resulta ajena la pasión por semejante actividad futbolística, máxime cuando entran en competición las llamadas selecciones nacionales, no pude evitar preguntarme a qué mecanismo alienante obedece el sentirse alborozado cuando un tipo, que supuestamente ha nacido en tierras próximas, introduce una bola en red. El máximo estado de felicidad lo alcanza el aficionado cuando ese grupo de multimillonarios, al que peculiarmente llama compatriotas mediante alguna enajenada conciencia exenta de clase, acaba logrando un sonado triunfo. De acuerdo, uno es un irreductible ácrata algo nihilista, cuya única patria asumible resulta ser el conjunto de esta especie peculiar llamada sapiens en nombre de eso tan denostado llamado fraternidad universal, condición que le empuja a soltar, tal y como reza el título de este lúcido blog, un exabrupto tras otro. Se me dirá, claro, que exagero, que el personal solo quiere disfrutar de un inofensivo rato deportivo adoptando una determinada identidad colectiva mediante una serie de símbolos (himno, bandera…). Pero, yo me pregunto si ese fenómeno de la enajenación patriótica, que a mí me da la gana de denominar así, puede producirse solo de forma momentánea o más bien es algo permanente. Es decir, ¿no se trata acaso del mismo mecanismo que en tantas ocasiones lleva a vestir un uniforme y portar un arma para enfrentarte con el que ha nacido más allá de una artificial frontera? Sí, efectivamente, exagero.

Sea como fuere, por algún motivo gran parte del personal parece estar deseando adoptar de forma irreflexiva una identidad colectiva, algo que los más reaccionarios (aunque, no solo ellos) aceptaran como una realidad consustancial al género humano. Pues bien, una aparente paradoja, aún mayor que esa del nihilista que confía en los mejores valores humanos, es la del amante de la fraternidad universal que confronta cualquier atisbo de identidad tribal o patriótica. Claro que, en este caso, la explicación es bien sencilla, para toda mente bien oxigenada, al estar fundada dicha identidad grupal en forzada fronteras geopolíticas en nombre de eso tan nocivo que llaman Estado-nación. A menudo, nos lamentamos de nuestras sociedades modernas (o posmodernas), caracterizadas efectivamente por los Estado-nación, pero ambién por un capitalismo exacerbado basado en el “sálvese el que pueda”, especialmente a nivel económico, debido a lo que consideramos un individualismo insolidario. Y hay quien sostendrá que la identidad colectiva de marras, al menos, buscará cierta cohesión social en base a ese material simbólico nacional. Por supuesto, no puedo estar en mayor desacuerdo y, si un horror resulta el desigualitario sistema económico imperante, otro no menor es el cíclico auge de las nacionalismos en sus diversas formas. Frente a todo individualismo insolidario, una individualidad con fuertes vínculos comunitarios (que no “nacionales”). Frente a toda identidad colectiva (política, económica o religiosa), puede producirse ese proceso dinámico durante toda la existencia humana de una identidad personal. Y, efectivamente, podría parecer una paradoja, pero dentro de ese desarrollo de individualización (que no atomismo) se pueden fortalecer esos vínculos con una comunidad igualmente dinámica (no estática, rígida, sujeta a códigos y normas inamovibles, como es el Estado-nación); hay un reconocimiento de los otros, igualmente de su propia capacidad para el desarrollo personal, y una cierta necesidad de ellos.

Volviendo a ese deporte de masas que ha dado origen a estas reflexiones, no soy demasiado original si afirmo que es posible que el mismo puede haberse acabado convirtiendo en otra suerte de “opio del pueblo”. Una vez más, aclaro que lo que quiso decir el clásico, no es tanto que la creencia religiosa fuera alguna suerte de efecto anestesiante, sino más bien una consecuencia en forma de cierto alivio de unas condiciones existenciales penosas; si acudimos al párrafo completo, algo que me gusta mucho recordar, encontraremos una expresión como “consuelo de los afligidos”. En otras palabras, siempre según ese optimismo exacerbado de los orígenes de la modernidad, que cuando la humanidad creara poco menos que un paraíso terrenal con todo el mundo disfrutando de una vida con todas sus necesidades cubiertas (y, claro, con la capacidad de un desarrollo aún mayor a todos los niveles), no sería necesario consuelo ficticio alguno. Bien entrado el siglo XXI, parece más que claro que el razonamiento de Marx no es posible aplicarlo a cualquier mecanismo alienante; por supuesto, hay muchos desgraciados en lo material que llenan los estadios en busca quizá de consuelo existencial (al igual que con la religión, pero en este caso adornado con los colores de naciones, tantas veces sujetas a todo tipo de saqueos e injusticias). No obstante, a dichos eventos deportivos multitudinarios acuden también gran número de gentes más que acomodadas. Tal vez, todos ellos, unos y otros exentos de conciencia de clase. No olvidemos tampoco que hoy todo torneo del campo deportivo es también un formidable negocio para asentar el sistema económico; es decir, que es posible que esa enajenante identidad nacional (una elevación patriotera de la que se produce a nivel de clubes regionales, sujetos también a la lógica mercantilista) vaya pareja con la aceptación acrítica de ese poder económico basado en un individualismo insolidario. Uf, menudas reflexiones me han surgido motivadas en encontrarme ayer con no pocas almas ataviadas con emblemas nacionales en busca de algún tipo de consuelo existencial en forma de triunfo deportivo. Por supuesto, magnífico que se disfrute del deporte, como del cualquier otro ámbito en la vida humana. No obstante, huyendo de cualquier asomo de enajenación, de cualquier atisbo de actitud acrítica y de todo suerte de papanatismo, buscaría un desarrollo personal que nos acerque a una existencia más rica y consciente. Palabras de este ácrata, algo nihilista, enemigo de toda identidad colectiva y de cualquier individualismo insolidario.

 

Juan Cáspar

miércoles, julio 15

Éxito sin victoria


Dario y Maxi

 

Recuerdo la fecha como si fuera la de un cumpleaños. 26 de junio. La historia de lo que ocurrió la escuché la primera vez que viajé a Argentina. Hablaban de Darío y de Maxi. Del movimiento de los piqueteros del que formaban parte. De la manifestación organizada ese día que rebosó las calles de personas organizadas desde abajo. Personas que fueron capaces de hacer temblar un suelo que, a los poderosos, les parecía más firme de lo que era. Poderosos que, justo por eso, precisamente por eso, con Eduardo Duhalde al frente del gobierno nacional, decidieron que, por primera vez, sacarían a la calle a las tres fuerzas federales para que actuaran de forma conjunta. La gendarmería, la prefectura y la policía federal se sumaron a la policía bonaerense, además de personal de inteligencia y brigadas de civil. La violencia policial y la represión estaban garantizadas.

La columna en la que iban Darío y Maxi pretendía cruzar el puente Pueyrredón para llegar a la ciudad de Buenos Aires. Pero los agentes armados no estaban dispuestos a permitirlo. Habían blindado la zona sur, habían creado una frontera para aislar geográficamente a todos los manifestantes que venían de esos barrios populares. Personas, muchas de ellas, que formaban parte de los Movimientos de Trabajadores Desocupados.

La violencia policial se desató pronto. Una violencia que incluía balas de plomo. Primero le dieron a Maxi. En el pecho y en la pierna. Pidió ayuda. En medio del revuelo y el ruido y el desorden un compañero lo ayudó a caminar tres cuadras hasta la estación de tren de Avellaneda, donde otros manifestantes habían entrado para tratar de protegerse. Mientras Maxi agonizaba en el suelo, Darío entró a la estación con dos compañeros. “Llamen a una ambulancia”, se escuchó. Varios policías con las armas en sus manos entraron también. Al verlos, la mayoría de los manifestantes que estaban allí, huyeron corriendo.

Darío no se fue. Se arrodilló junto a Maxi que estaba tumbado sobre el piso. Apenas lo conocía. Pero no se marchó. Se quedó ahí. Mientras varios policías le apuntaban con un arma. Con su mano izquierda tocaba a Maxi, que estaba tirado en el suelo frío de la estación, desangrándose. La mano derecha la levantó hacia los policías. Como queriendo que entendieran que tenían que parar, que ahí había un ser humano herido. Ese fue su gesto. Agarrar con una mano al compañero herido, como queriéndole decir “No estás solo, yo me quedo contigo”. Y, con la otra, levantada, tratando de frenar la violencia, el sinsentido, la muerte. 

Después, dispararon a Darío, por la espalda. Lo mataron también.

Ese gesto de Darío fue reproducido en carteles, murales y en plantillas que llenaron las calles. Ese gesto. Con una mano atendiendo a Maxi mientras se desangraba. Con la otra tratando de frenar la violencia. Ese gesto que visibiliza que, frente al poder asesino, siempre hay otro poder, aunque a veces parezca pequeño, casi invisible. Un poder que es imposible de detener, una voluntad que nunca se va a quebrantar, la de permanecer unidos, la de ayudar, la de despreciar al poder que excluye, asesina y trata de doblegar el empeño en revertir este orden macabro.

24 años después. El 26 de junio. Siguen celebrándose actos para que la memoria de lo que ocurrió no se borre.

La estación de tren dejó de llamarse Avellaneda. Los carteles se repintaron por personas que habían participado en las movilizaciones, le pusieron un nuevo nombre “Estación Darío y Maxi” y, un tiempo después, pasó a llamarse oficialmente “Darío Santillán y Maximiliano Kosteki”. 

Leí en un libro de Rebecca Solnit la idea de “éxito sin victoria”. Desde luego los asesinatos nunca pueden considerarse un éxito de nada, pero sí que la memoria de lo que ocurrió siga viva casi un cuarto de siglo después. Porque ese gesto de Darío sigue sirviendo para recordar dónde está la fuerza y la solidaridad de quienes se empeñan en cambiar las cosas, dónde está la frontera de lo que deberíamos permitir y lo que no. La importancia de los gestos, de las acciones.

 

 

domingo, julio 12

Los orígenes de la agricultura. Horticultores, botánicas y jardineras

 

 

Revisitamos el neolítico
 

En el episodio de hoy, nos hacemos preguntas alrededor de la revolución neolítica.
¿Hubo realmente revolución? ¿Fue un descubrimiento trascendente o una forma más, de entre otras muchas de hacerse con alimento? ¿Fue un paso sin vuelta atrás en el que los forrajeadores se convirtieron definitiva e irremediablemente en agricultores? ¿La agricultura trajo consigo el arraigo de formas permanentes de desigualdad? ¿Cómo vivían los primeros agricultores?
Estas son las preguntas a las que dedicaremos nuestra atención junto con la antropóloga Julieta Gaztañaga

linternasdediogenes@gmail.com

jueves, julio 9

Carta (de inquina) al típico infiltrado

 Modelo policial 01 

Cuando se divulga la cara y el nombre real y la ubicación dentro de lo posible de algún policía infiltrado al que destapan metido en movimientos sociales de izquierda hay quien dice “¿pero qué queréis, qué estáis haciendo? ¿Queréis que le metan un tiro?”. Una de esas excrecencias humanas recién salidas de la academia que, por lo que sea, nunca se infiltran en bancos, en consultoras rutilantes ni en departamentos de urbanismo que son la casa de Tócame Roque. Las células salafistas mejor me voy a callar. Y lo mismo pasa con el integrismo católico, parece que tampoco les interesa lo que hacen los que acosan las clínicas de planificación familiar, no interesa saber más sobre los de los cilicios y las misas en latín. Y los grupos de extrema derecha se conoce que les resultan totalmente impenetrables. Vaya usted a saber por qué.

 Se infiltran en sitios dificilísimos, rocosos, tan difíciles de penetrar que resulta que son sitios donde todo el mundo es bienvenido. Y de ahí saltan al siguiente y de ahí al siguiente. Hacen red, que se dice. Y ya puestos pues se meten en la casa, en la cama y hasta en la familia de la militancia. En Inglaterra, algunos se infiltraron tanto en el movimiento ecologista y antinuclear, tan bien y durante tantos años, que hasta dejaron criaturas atrás cuando salieron por patas. Toquemos madera. Y no. Bueno, yo no quiero que le metan un tiro a ninguno de esos probos funcionarios infiltrados.

Yo no sé los demás, pero lo que yo quiero para ese gusano infecto de forma humana es que las relaciones personales que establezca hasta el fin de sus días (que espero que llegue dentro de muchísimos años) estén basadas en mentiras. Pero no al principio. Que nadie respete la palabra que le den. Que acabe aceptando que la palabra dada no vale para nada, que todo se lo lleve el aire y que sus sueños se vayan con él. Una vez y otra y otra.

 Que tenga que ir a terapia, mejor aún si no quería ir, sobre todo si no ha ido nunca, y que su terapeuta le diga al cabo de un tiempo que no le puede ayudar. Y además que no le recomiende otro sitio al que ir. Que se encoja de hombros y no diga nada. Como si no conociera a ningún terapeuta. ¡Ja! Sin decirle que a lo mejor no tiene ninguna patología, sin sugerir, siquiera de la forma más indirecta, que ser un asco de persona no se puede curar ni reconducir. Que no tenga padre, ni madre ni perro que le ladre. Que los tenga y con buena salud y que le duren muchos años, pero sea como si no. A veces se imagina uno a la peor persona que conoce recibiendo ánimos, sigue así, si por ahí ibas bien, el instinto te guiaba, pero tú no estabas prestando atención.

Yo le diría: espero que toda la gente con la que hables que tenga código deontológico haga una excepción contigo. O no. Que no sepas si sí o si no. Que no recuerdes la última vez que un extraño te ayudó cuando no tenía por qué. Que no te sonrían los bebés que no conoces. Que no te vengan a saludar los perros y que te caguen las palomas. Que te piquen los gansos y que te muerdan los caballos. Que nunca puedas quemar la leña que cortes. Que la vida te varee como si fueras un olivo.

 Que tus relaciones sean de las que fueron y ya no son. Porque a lo mejor no te pueden ni ver. O a lo mejor no es eso. ¿Pero y si sí? Y que no tengas con quién hablar ni de terapeutas, ni de perros, ni de amigas ni de padres ni de madres ni de perros que no te ladren. Eso es lo que espero que te pase a partir de hoy y hasta el fin de tus días. Y que se acaben en un día muy lejano.

Que te quedes varado. Que te quedes varada. Rumiando. ¿Será por esto, o será por aquello? Para siempre. Para todos los siempres, que dicen en La Alcarria. A rumiar. A ruminar. ¿Rumiar o ruminar? Mira, las dos cosas. ¿Que te metan un tiro? No, los tiros ya te los meterás tú.

 

 

lunes, julio 6

Tecno-colonialismo e impacto de las IA y Chatgpt en el mundo real

 

¿Cómo afecta la tecnología a la sociedad de manera negativa?: Los ...

 

Lo que llamamos inteligencia artificial es un conjunto de ordenadores que utilizan enormes cantidades de datos almacenados en lugares físicos que consumen minerales, agua y energía. Ese lugar ideal que llamamos “la nube”, donde almacenamos datos de manera incorpórea, en realidad es un conjunto de ordenadores conectados a Internet.

 Cada clic, cada búsqueda en Internet, cada archivo guardado en la nube requiere energía, agua y espacio físico.

 Que nuestra vida digital parezca inmaterial es el mayor éxito del tecnocaitalismo. Gracias a la metáfora de la nube digital, han conseguido colar sus narrativas donde la tecnología parece fácil de usar y difícil de comprender.

 Internet, la Inteligencia Artificial, son algo material. Es un lugar físico en el que se almacenan equipos que están funcionando 24 horas diarias, todo el año. Esa supuesta “artificialidad” es falsa, en realidad, es otra tecnología extractiva que necesita destruir el planeta y consumir recursos para desarrollarse. Son centros de datos., cables y cables submarinos, antenas, satélites, dispositivos… y un largo etcétera de infraestructuras que sustentan el mundo digital actual.

 La digitalización se ha convertido en sinónimo de progreso. Sin embargo, detrás de “la nube”, se esconde un modelo basado en el extractivismo de recursos: territorios drenados de agua y energía, comunidades desplazadas y una acumulación de poder tecnologico en manos de unas pocas corporaciones. La idea de que el desarrollo tcnologico es progreso y es la solución a todos nuestros problemas está altamente difundida, sea entre capitalistas convencidos, o entre un amplio sector de la izquierda.

 

Tecno-colonialismo

 

Si hablamos de colonialismo, la colonización supone la usurpación y apropiación de la tierra, des u riqueza y recursos; el sometimiento de la población, etc. Este hecho está generalmente asociado a un país o a una entidad territorial. Sin embargo, si le añadimos la capa tecnológica, vemos que la tecno-colonización no responde a la usurpación de países, sino sólo a aquellas zonas donde existen los elementos, generalmente minerales, necesarios para la produccción de tecnología, áreas con recursos energéticos y mano de obra barata para la producción o áreas donde tirar la basura tecnológica sin coste para el productor.

 Por ejemplo, estamos viendo cómo en República Democrática del Congo (RDC)., se está produciendo una guerra impulsada por ruanda con apoyo de Occidente, en sólo una zona, Goma, que es dónde se produce la explotación minera de los elementos necesarios para producir tecnología. La ambición de Ruanda no es colonizar RDC sino tan solo el área de Goma.

 

La identidad del colono ha quedado diluida.

 

Tradicionalmente el colono, actúa en nombre de un país, Estado/Nación, religión, es decir, que también tinene una identidad fuerte y visible, pero en el tecno-colonialismo es mucho más difuso, sus fronteras se nos escapan de entre los dedos aligual que sus “gobernantes”, de hecho los tecno-colonos operan en la sombra. No suelen ser ni el propio Estado ni el de otro país, sino empresas privadas transnacionales.

 Creemos que es necesaria una reflexión sobre las implicaciones del desarrollo y promoción de la tecnología, pues su expansión tiene relación directa con el cambio climático y sus consecuencia a nivel global. Y esta reflexión debería llevar a posarnos preguntas como:

 ¿Para quién se crea la tecnología?¿Para quién es accesible? ¿A quién beneficia?.¿Cómo nos afectan y como afectan las tecnologías a los demás?¿Qué se busca con ella?¿En qué sentido y para qué la necesitamos?

 ¿Qué tipo de vidas, cuerpos y territorios produce?¿Realmente necesito este dispositivo, esta aplicación/programa, hacer este click, entregar esta información?¿Qué tecnologías posibilitan el tipo de mundo que queremos habitar y cuáles son falsas pantallas que reproducen la lógica neoliberal capitalista?

 Podemos afirmar que la tecnología tiene fuertes impactos en todos pero a veces no podemos ver que estos son diferenciados según las intersdeccionalidades de las personas y comunidades.

 

Aterrizando en Aragón

 

Aunque como territorio del “norte global” nos libramos de algunas de las afecciones de estas tecnologías (aunque a mucha m enor escala conviene de que no nos olvidemos de que aquí también hay minería destructiva, explotación laboral, contaminación…) en Aragón estamos protagonizando un episodio más de extractivismo derivado de las tecnologías de internet: los centros de datos.

 Numerosos centrso de datos se han instalado en esta región y buscan ampliarse. En el caso de Villanueva de Gállego, cuando todos los edificios estén terminados, ocuparán una extensión superior a la del propio municipio. Tierras anteriormente de cultivo, ahora son naves de hormigón. Escogen territorios despoblados y envejecidos, donde la contestación sea nula. Cuando unaz ona ya está despoblada es cuando puede apareder una invasión del territorio. Y ahí ya da igual…

 

Internet y la IA consumen agua

 

Sí, asi es, uno de los efectos que más pasamos por alto. Para refrigerar los centros de datos, hace falta agua, mucha agua. Y normalmente agua potable.

 Sólo en Aragón, donde el agua ya es un recurso escaso, se han comprometido 755,7 millones de litros al año, equivalente a una pequeña ciudad. En el caso de nuevo de Villanueva de Gállego por ejemplo, el consumo multiplicará por 5 al de la población local. El Gobierno de Aragón ha autorizado a Amazon a extraer agua de los acúiferos del Gállego y del Ebro en 9 pozos en los que no va a haber control público alguno.

 El consumo directo de agua para refrigeración será la mitad que todo el consumo de agua de la ciudad de Zaragoza(más de 300.000 personas y sus negocios y empresas). Además, la alta temperatura a la que se vierte el agua utilizada en los procesos de refrigeración puede tener un impacto enorme en la fauna local.

 Cuando el agua escasee y toque sequía, el grifo que refrigera estas “macrogranjas” va a ser muy difícil de cerrar. La inteligencia artificial , y no la sequía, será la que nos matará de sed.

 

Internet consume energía

 

Cuando todos los centros de datos que Amazon se ha comprometido a levantar en Aragón estén a pleno rendimiento, consumirán más enenrgía que el de toda la Comunidad Autónoma.

 En estos territorios del Viello Aragón,tenemos bien recientes las luchas por el impacto de las energías renovables. Macrogranjas solares y mega proyectos eólicos. Destrucción del territorio ¿para alimentar a quién?

 Para hacernos una idea de la voracidad, Amazon recientemente ha comprado una central nuclear en Pensilvania, para asegurarse la alta demanda en electricidad y Google tiene el prouecto de instalar pequeños reactores nucleares en sus instalaciones.

 El actual boom de la inteligencia artificial (IA) está escalando este problema a otro nivel. Los productos de IA generativa, como los chatbots o las aplicaciones para crear artificialmente contenidos, precisan de capacidades de computación nunca vistas hasta la fecha multiplicando el consumo a valores inimaginables.

 

La promesa del trabajo

 

Estos centros aterrizan en los terrritorios con las dos promesas que más necesitan hacer las autoridades locales a su electorado: progreso y puestos de trabajo.

 Pero la realidad es otra. Aprovechan los imaginarios asociados a la industrialización, donde las fábricas empleaban una enorme cantidad de mano de obra. Pero actualmente son instalaciones altamente automatizadas y casi todo su trabajo es remoto.

 En las zonas donde se han instalado no solo no han creado puestos de trabajo, sino que los han destruido. La población local, tras el paso de las burbujas de las promesas electorales see encuentra ua amarga realidad: tienen instalaciones industriales que se han comido su terreno, roban su agua, emiten ruidos, tienen que pagar sus costosas infraestructuras y no gneran puestos de trabajo.

 

Conclusiones

 

Si la Inteligencia Artificial es útil o no es irrelevante. Podría ser extremadamente útil, pero si aún así hace que el planeta arda, no es buena. ¿Queremos quemar el planeta para producir ilustraciones baratas y respuestas rápidas y poco fiables?

 Abrir nuevos imaginarios de los usos de la tecnología es esencial para no someternos a ella sino poder usar su potencial para el beneficio común. Recuperar un imaginario tecnopolítico propio y radical frente al impuesto por las grandes corporaciones, determinará cómo queremos desarrollar la tecnología y con qué objetivo. Existen alternativas. Repensemos su uso.

 Como consumidores digitales podemos tomar responsabilidad de nuestro rol. Asumir un papel activo y presionar con nuestras preferencias de consumo. Hacer del consumo digital un proceso consciente, sobre el que reflexionar en colectivo.

 Pero no dejarnos aplastar por la individualización de la culpa en el impacto ecológico de los datos, como ya hicieron con la huella de carbono. Sino utilizar nuestros roles dentro de los colectivos para generar cambios más significativos. Con nuestro consumo podemos cambiarlo, pero no de manera individual sino colectiva, que es donde reside nuestro poder. Nuestros gestos individuales son gotas perdidas en la nada en solitario, y forman ríos dentro de una colectividad.

 

Gracias a “Tu nube seca mi río” por los textos e inspiración para escribir este artículo.

 

Extraído de la revista

Escatizar nº16

 Extraído de la revista libertaria v”Ekintza Zuzena”nº52 2026

viernes, julio 3

Jaulas


Las jaulas son como las matrioskas rusas

donde parece que hay una

aparecen

infinitas inesperadas robustas ocultas

otras cuantas.

Desde un afuera

te piensas ajeno a los barrotes del otro pero

entonces te descubres

puliendo la tuya. Hay cierto principio en

aprender a nombrar.

son jaulas

las jaulas del miedo

las jaulas de la carencia

las jaulas de la ignorancia

las jaulas de los celos

las jaulas del desarraigo

las jaulas de la pereza

las jaulas de la rabia

las jaulas de la envidia

las jaulas de la mediocridad

las jaulas del éxito

las jaulas de la soberbia

las jaulas del narcisismo

las jaulas de la precariedad

las jaulas del desamor

las jaulas de la violencia

las jaulas de la frustración

las jaulas de la invisibilidad

las jaulas son siempre jaulas

por no olvidar la de la mente

que desnuca las alas

cegando al ojo el asombro

Observamos lastimosamente a los pájaros enjaulados pero

¿y si fueran ellos

los que nos observan incrédulos

en las nuestras?

 

Lourdes Vicente Bertolin. Birding. Ed. Huerga & Fierro, 2026

martes, junio 30

¿Copa Mundial del Apartheid? El torneo en EE. UU. refleja las políticas racistas e imperialistas de Trump

 

La construcción de una nueva sociedad, libre de explotación, es el camino para devolver al fútbol su esencia lúdica y política.

Los grandes eventos deportivos suelen presentarse como celebraciones de la humanidad, el respeto mutuo y la amistad entre naciones. Pero lo que vemos hoy en Estados Unidos se ha denominado la «Copa Mundial del Apartheid».

No es ninguna novedad que el torneo de fútbol organizado por la FIFA esté completamente supeditado al capital. Durante décadas, los patrocinadores han obtenido miles de millones de dólares en ganancias gracias a la competición, que también ha sido escenario de numerosos casos de corrupción y graves violaciones laborales.

Sin embargo, esta es la primera vez que el país anfitrión está en guerra con otra nación que también competirá en el campeonato. Estados Unidos, que bombardea Irán —en colaboración con Israel—, podría enfrentarse a su objetivo bélico también en el terreno de juego.

La participación de la selección iraní se ha convertido en el mayor ejemplo de las implicaciones geopolíticas que marcarán esta Copa Mundial. Clasificada para la competición desde 2025, la selección iraní vio cómo todo cambiaba con el inicio de las agresiones sionistas e imperialistas.

Los jugadores recibieron sus visas a última hora, y a 15 miembros del cuerpo técnico se les negó la entrada a Estados Unidos. Además, Irán se vio obligado a trasladar su sede de Estados Unidos a México.

A los jugadores solo se les permitirá estar en territorio estadounidense horas antes de los partidos y deberán marcharse en cuanto termine el encuentro. Este es un ejemplo sin precedentes de segregación en los Mundiales.

Estados Unidos también revocó indiscriminadamente todas las entradas asignadas a los aficionados iraníes. Quienes compraron entradas, vuelos y alojamiento no recibirán ningún reembolso.

Políticas racistas

La política de Donald Trump de perseguir a los inmigrantes de países pobres, que llevó a Estados Unidos al borde de la revuelta social con miles de personas protestando contra la policía de ICE, también se está aplicando rigurosamente.

Jugadores de las selecciones nacionales de Senegal y Uzbekistán sufrieron humillantes registros en la pista del aeropuerto. Muchos son atletas que juegan en importantes equipos europeos, pero para Estados Unidos son simplemente árabes y personas negras.

Los videos que circulan en internet hacen referencia al trato que reciben los narcotraficantes que intentan entrar al país con drogas, o cualquier persona sospechosa de tener vínculos con el terrorismo. De hecho, con esta justificación, Estados Unidos impidió la participación del mejor árbitro africano del momento.

Omar Artan, de Somalia, poseía una visa válida, pero los servicios de inmigración estadounidenses le negaron la entrada tras una entrevista de 11 horas. La acusación de las autoridades es «sospecha de participación en actividades terroristas».

Lo cierto es que, desde enero, Trump ha estado pronunciando discursos xenófobos contra los inmigrantes somalíes, y desde hace meses se están implementando medidas para facilitar la deportación de refugiados de ese país.

Miembros de la selección nacional iraquí también reportaron un estrés considerable en los aeropuertos estadounidenses. A un fotógrafo oficial de la delegación se le negó la entrada en Chicago, y el delantero Aymen Hussein fue detenido durante horas en una sala de seguridad antes de que se le permitiera ingresar.

El Mundial refleja la realidad mundial

En un mundo marcado por el genocidio que Israel sigue cometiendo en Palestina, sumado a las agresiones imperialistas de Trump y la invasión rusa de Ucrania, no sorprende que el Mundial refleje este escenario de catástrofe geopolítica, que también afecta profundamente a Latinoamérica.

México, país anfitrión del torneo junto con Estados Unidos y Canadá, vive una de las mayores movilizaciones sociales de los últimos años.

Docentes en huelga toman las calles del país exigiendo mejores salarios, pensiones dignas y mayor inversión en la educación pública. El movimiento denuncia precisamente la prioridad que se da a los grandes proyectos de infraestructura y al gasto relacionado con el evento deportivo, mientras que los sectores sociales siguen sufriendo recortes y condiciones laborales precarias.

En vísperas de la inauguración del Mundial, el gobierno mexicano intentó negociar el fin de las manifestaciones para evitar protestas durante la ceremonia de apertura, pero sin éxito.

Las organizaciones de docentes prometen mantener las movilizaciones, destacando que, tras el espectáculo que vende la FIFA, persisten profundas desigualdades sociales.

Si bien el fútbol nació y se popularizó en el seno de la clase trabajadora mundial, mientras siga supeditado a los intereses capitalistas, nunca podremos disfrutarlo plenamente.

Por eso, la Copa del Mundo, como evento puramente comercial, deja mucho que desear e incluso vulnera derechos fundamentales. La construcción de una nueva sociedad, libre de explotación, es el camino para devolver al fútbol su esencia lúdica y política.

sábado, junio 27

El Patronato

 


Ella está en el centro, a un lado y al otro, formando un círculo que no llega a cerrarse, adolescentes de quince, dieciséis y diecisiete años. Son unas treinta. Casi todo chicas. Una de ellas presenta el acto. Le da la bienvenida a Consuelo García del Cid.

Casi ninguna había oído hablar del Patronato de protección a la Mujer. El silencio que recorre la biblioteca, que es el espacio en el que se han juntado, está lleno de miradas y respiraciones que se quedan suspendidas en cuanto Consuelo comienza a hablar.

Cuenta su historia y, a la vez, cuenta la historia de muchas otras. De chicas que fueron encerradas contra su voluntad en esos centros. Mujeres menores de veintiuno. Mujeres pobres. Mujeres a las que les gustaba salir de fiesta. Mujeres huérfanas. Mujeres que disfrutaban dándose morreos en la última fila de algún cine. Mujeres que fumaban en la calle cuando se suponía que tenían que estar en clase. Mujeres a las que les gustaba echar un kiki, o muchos. Mujeres que hacían pellas del colegio. Mujeres que no encorsetaban su forma de vestir a lo que se supone que tenía que ajustarse. Mujeres que pisaban fuera de los márgenes. Mujeres con ideas de transformar la sociedad. Mujeres rebeldes. Mujeres que eran violadas por sus novios. Mujeres abusadas por hombres de su entorno. Mujeres jóvenes. Adolescentes.

Consuelo cuenta que había otras mujeres. Las guardianas de la moral. Mujeres que se paseaban por las “zonas de conflicto”. Bares. Piscinas. Playas. Colegios. Si veían algo incorrecto. Algo que no debía ser, llamaban a la policía. Algunas terminaban detenidas. A otras las llevaban directamente sus familias. Antes de decidir dónde se las recluía se les hacía un examen. Uno en el que un médico les metía los dedos por la vagina y las clasificaba en dos categorías: completa o incompleta. Eso determinaba el lugar al que iban a parar.

Cuenta su historia como quien ya la narró muchas veces. Cuidando cada palabra. Directa a algún lugar que transita de la incredulidad a la rabia. Para que se sepa lo que pasó. Para que no se olvide. 

Ella provenía de una familia conservadora. Mala estudiante. Expulsada del colegio. Para que termine sus estudios la meten en una academia. Ahí conoce a personas de otras procedencias sociales muy distintas a la suya. Le hablan de Salvador Puig Antich. Decide ir a una manifestación, la primera de muchas. Comienza a politizarse. Cambia su forma de vestir y su forma de pensar. Su familia ve la transformación. No les gusta. Deciden hacer algo.

Una mañana, muy temprano, entró en su habitación un médico. Le dijo que le iba a poner una vacuna. Cuando se despertó, casi veinticuatro horas después, estaba en una habitación que tenía la puerta cerrada con llave. Llevaba puesta una ropa que no era suya. A los pies de la cama estaba su maleta con cuadros verdes. No sabe cuántas inyecciones le pusieron. Las suficientes para llevarla a otra ciudad sin que se enterase. Por la ventana, llena de barrotes, vio coches con una M en la matrícula. La habitación de la que la sacaron estaba en Barcelona. Esos coches circulaban por calles de Madrid. Una monja fue quien le dio la bienvenida a ese lugar. Le dijo que estaba en un colegio de formación. No nombró la palabra reformatorio ni la palabra reclusión ni la palabra cárcel, pero en ese lugar no tenía derecho a escribir ni recibir cartas que no fueran leídas por las monjas. Tenía que trabajar todo el día sin recibir nada a cambio. Los vínculos también estaban prohibidos. No podías hacerte amigas. La mínima muestra de afectividad significaba celda de castigo o aislamiento. Pero conseguían hablar entre ellas, en voz baja, moviendo apenas los labios. Las palabras justas para saber que en todas ellas había un deseo común: escaparse. 

Cuenta que, además del deseo de fugarse, había otros dos pensamientos bastante extendidos. Uno era pensar cómo matarte. Ella vio cómo varias de sus compañeras lo conseguían. Si llorabas mucho te podían llevar al psiquiátrico. Las descargas en el cerebro te curaban de la necesidad de soltar lágrimas. El otro pensamiento era cómo conseguir lesionarte a ti misma. Les dice que es tanto el daño que tu cuerpo a veces te pedía dolor para disminuir ese otro dolor. Ella quiso hacerlo en un lugar visible, no con cortes en las muñecas que las monjas, cuidadosamente, se ocupaban de tapar. Se golpeó en los pómulos. Fuerte. Su cara se volvió negra, amarilla, violeta. Era su forma de protesta. Ayudó a varias chicas a fugarse y por eso la trasladaron a otro centro. Siguió buscando formas de protestar como un camino para resistir. Para mantenerse viva.

Pensó que la muerte de Franco la sacaría de allí. Pero cuando murió no ocurrió nada. Nada. Siguieron encerradas. Así que planeó su fuga. Consiguió escaparse. Comprendió que te encerraban en centros lejos de tu ciudad para que no tuvieras red si te escapabas. Solo la calle. Pidió ayuda a una tía. Acabó, de nuevo, en otro reformatorio.

Consuelo, con su chaqueta de terciopelo morada, hace una pausa. “Nos inocularon el estigma de la      vergüenza. Sabes que la gente piensa que si has estado encerrada en un reformatorio es porque has hecho algo malo y que, de alguna forma, te lo merecías. Por eso muchas mujeres han guardado sus historias en silencio”.

Una de las adolescentes le pregunta: ¿Qué le dirías a la gente joven como nosotras que dice que con Franco se vivía mejor?

Les dice que es importante cuidar la memoria para que la gente que no la vivió sepa lo que significa vivir en una dictadura. Les recuerda que lo que les pasó a ella y a otras muchas chicas siguió ocurriendo durante la democracia. Les dice que España ha sido el país del silencio. Les dice que es muy difícil comenzar a hablar, pero que es la única manera. Comenzar a hablar.

Otra alumna toma la palabra. Los ojos se le empañan. La voz quebrada. Le agradece que les haya contado su historia. Le dice que es una mujer muy fuerte, muy inteligente. Le dice que no la va a olvidar. 

“¿Y qué podemos hacer?”, le pregunta otra alumna. “Contad lo que ocurrió”, responde Consuelo.

 

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miércoles, junio 24

Contra el amor de diseño: por qué la belleza del encuentro está en lo fallido

 


Atravesamos una oleada de soledades. No solo el lazo amoroso está en jaque; la exaltación del individualismo y la patologización de los padecimientos han erosionado lo común, la comunidad y la vecindad. En este escenario, imaginar vínculos se vuelve una tarea titánica. La efervescencia de los afectos hostiles y la rivalidad como bastión político permean nuestras formas de encontrarnos, agudizándose en el plano sexoafectivo.

En este engranaje, las aplicaciones de citas son causa y consecuencia. Más allá de las intenciones individuales —conocer gente, duelar una relación o formar una familia—, cabe preguntarse: ¿le sirve al modelo de negocio de Tinder que los vínculos perduren? Como plataformas que monetizan la interacción y el tiempo de pantalla, ¿realmente ofrecen lo que buscamos o funcionan como máquinas de insatisfacción programada? Quizás el interrogante final sea el más urgente: ¿y si lo que buscamos todavía se puede encontrar en otros lados?

La oleada de soledades y el auge de los hogares unipersonales

Los datos respaldan esta tendencia. Según informes de la Fundación Tejido Urbano y la Universidad Austral (2025), casi el 25% de los hogares en Argentina son unipersonales; en la Ciudad de Buenos Aires, la cifra trepa al 40%. La evolución es drástica: este fenómeno se duplicó entre 2001 y 2022, con un crecimiento explosivo del 137% en el segmento de 20 a 39 años. Vivir solo ya es más común que vivir en una familia de cuatro integrantes.

A este aislamiento habitacional se le suma una brecha política generalizada: estudios como los de Zuban Córdoba señalan que, mientras los varones jóvenes se han desplazado hacia representaciones de derecha, las mujeres y diversidades sostienen otras agendas. Esta distancia no es sólo ideológica, es vincular.

Aunque estas cifras invitan a análisis profundos sobre el acceso a la vivienda y la crisis económica, su agudización es un síntoma ineludible. En un contexto de atomización social y polarización afectiva, la pregunta cae por su propio peso: ¿qué posibilidades reales de encuentro quedan hoy?

Estas cifras no son solo estadísticas; son el síntoma de una agudización en nuestras condiciones de vida, el acceso a la vivienda y los cambios culturales. En la víspera de San Valentín, este escenario deja un sabor amargo. Están quienes "caretean" el amor en redes —reivindicando el éxito financiero y la vida perfecta como nuevo bastión del ideal— y quienes se entristecen por lo que no llegó o se rompió. Coexisten la soltería como autoafirmación, el sufrimiento por el desamor y la búsqueda de alternativas poliamorosas que, aunque rompan la norma, no están exentas de conflicto ni garantizan el encuentro.

Tinder y la "comodidad incómoda": ¿negocio o encuentro?

En este mapa, Tinder se presenta como una suerte de comodidad incómoda. Permite gestionar el deseo desde el sillón, en piyama y sin peinar; invita a "rosquear", fantasear y demorarse en lo inalcanzable. Es una exposición medida donde, en realidad, se juega poco. Sin embargo, tras esa barrera, los silencios inexplicables, los abandonos y las investigaciones detectivescas de "likes" terminan encerrándonos en una soledad que, lejos de ser libre, genera un profundo sufrimiento.

En la pospandemia y bajo el auge de las redes, parece que hemos olvidado cómo socializar. Ante la pregunta de dónde y cómo conocer gente, proliferan dispositivos de encuentro "asistido": desde talleres de cerámica con vino y fiestas de solos/solas, hasta citas rápidas o grupos de running. Parece que, sin una actividad mediadora, las habilidades sociales se desvanecen.

En ese vacío de saber, resurgen manuales que evocan a la Cosmopolitan más absurda: recetas sobre "cómo ser la mujer ideal" o técnicas de seducción para atraer y retener. Son promesas de una fórmula perfecta que solo favorecen una actuación constante. El problema de este guion es que, en la puesta en escena, no aparece nadie. Se oculta la singularidad sincera, las fracturas y las fallas que nos hacen humanos. Forzamos un encastre perfecto en un terreno donde, por definición, el encuentro nunca es exacto ni cien por ciento simétrico. 

Contra el amor prefabricado

El mundo no se termina en una pantalla ni en el refugio de las fantasías individuales. El encierro no es solo físico; es, sobre todo, un repliegue psíquico y subjetivo. Nos encerramos en ideas, protegidos por una coraza que nos impide poner el cuerpo al deseo. Hoy, incluso admitir las ganas de construir algo con otro parece dar vergüenza, como si acechara el riesgo de sonar retrógrado o caer en estereotipos sexistas.

En esta era de exacerbación del "yo" y de una autonomía mal entendida, necesitar o querer estar con alguien se lee como un síntoma de debilidad. Pero, ¿por qué? Desear una pareja, amistades, familia o simplemente compañía y afecto es algo básico, necesario y vital. Quizás la resistencia no sea un acto de libertad, sino una respuesta a las lógicas de mercado: un sujeto que se basta a sí mismo es un consumidor más eficiente, pero también uno más solo. Reivindicar el deseo de encuentro es, hoy más que nunca, un acto de resistencia.

Las condiciones para el amor incluyen, necesariamente, lo fallido. Es ahí donde reside la belleza de lo espontáneo, lo accidental y lo azaroso, en clara contraposición al cálculo frío de la técnica. Conocer a alguien puede suceder en el colectivo, en el cumpleaños de un amigo o mirando una vidriera; situaciones donde no hay guion previo.

El amor como acto de resistencia frente al mercado

La idealización es una trampa: una fantasía que no deja ver lo que hay —y lo que no hay—, rellenando el espacio con mandatos que asfixian la humanidad propia y ajena. El encuentro real nunca es exacto ni encastrado, como pretendía la vieja metáfora de la "media naranja". El verdadero arte consiste en maniobrar con las diferencias y las fracturas para construir algo que funcione. Como escribió hace poco una colega: "La vida no te espera". No existen plazos ideales ni momentos perfectos; esperar la cita perfecta o el despliegue preciso es una forma de postergar la vida infinitamente. En ese fantasear tramposo se nos escurre el tiempo y es, precisamente en ese punto, donde debemos preguntarnos si las aplicaciones se alimentan de ese ideal para que sigas buscando... sin encontrar jamás.

Es que, cuando finalmente se arma algo con alguien, lo que aparece es una construcción, pero nunca una tabulada. Al igual que en las amistades, el vínculo no surge de un "vos hacés esto y yo aquello". De hecho, los mandatos sobre el "deber ser" femenino en la pareja han sido la fuente de infinitos conflictos que el feminismo se ha encargado de desarmar en estos años.

El amor no es una planificación de Excel con pasos calculados, ni un corset de sentimientos, ni una elección por catálogo. No es la racionalización de un comportamiento ni un manual de conductas. Amar parece tener más que ver con la dedicación y con el acto de donar: dar un lugar especial al otro, sea cual sea la forma que tome ese vínculo.

Tal vez, así como nos cuesta vincularnos por las coordenadas sociales, también nos avasallan los manuales: consejos de Instagram y tips de TikTok que dictan cómo abrazar, cómo dormir o cómo luce una "pareja exitosa". Es un exceso que nos empuja a esperar lo perfecto y a exigir que los demás se ajusten a modelos mercantilizados. El amor, sin embargo, tiene que ver con subjetivar al otro, no con tratarlo como un objeto. Hoy se escucha con frecuencia: "Este vínculo no me sirve" o "¿Qué me aporta esta relación?", como si el afecto fuera una transacción financiera.

El capitalismo quiere objetos: vendibles, consumibles, calculables y dominables. A contrapelo, el feminismo nos ha enseñado que el amor requiere subjetividad y sorpresa, aunque incomode. Exige empatía, escucha y el coraje de encontrarse con la otredad. Requiere deseo y presencia: besos, mensajes, mirarse a los ojos. Implica acompañar en la dificultad, aceptar esas fisuras molestas que siempre están y, sobre todo, apostar por la construcción de un amor en común.

Así que, lejos de esperar lo ideal, de buscar lo perfecto y quedar en el callejón de la satisfacción mental de las fantasías, ¿qué tal sería exponerse a que nos pase algo? En una de esas, y aun a riesgo de que consigas o no lo que querés, tal vez ahí afuera encuentres mucho de lo que estás buscando.