Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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martes, agosto 11

Las locas que no lo eran

  

 

En Las locas que no lo eran Carmen V. Valiña se sumerge en el archivo del Manicomio de Conxo para encontrarse en él con la subversión y la rebeldía de madres solteras, de alcohólicas o de esposas que deseaban divorciarse. Muchas de esas mujeres no tenían en realidad ningún trastorno mental. La ruptura con lo que se esperaba de ellas fue la causa de su reclusión.

Las cartas y los informes familiares permiten a la autora recuperar las palabras, las subjetividades y las emociones de esas «locas», sus vidas más allá de los testimonios médicos. Porque estas mujeres, aunque analfabetas en su inmensa mayoría, encerradas tan lejos de sus pueblos y aldeas, fueron al mismo tiempo poderosas y valientes: se las arreglaron, incluso dentro de las paredes de un manicomio, para que sus testimonios llegasen hasta nosotras. Escucharlas es un ejercicio de justicia histórica.

 

pepitas.net 

sábado, junio 27

El Patronato

 


Ella está en el centro, a un lado y al otro, formando un círculo que no llega a cerrarse, adolescentes de quince, dieciséis y diecisiete años. Son unas treinta. Casi todo chicas. Una de ellas presenta el acto. Le da la bienvenida a Consuelo García del Cid.

Casi ninguna había oído hablar del Patronato de protección a la Mujer. El silencio que recorre la biblioteca, que es el espacio en el que se han juntado, está lleno de miradas y respiraciones que se quedan suspendidas en cuanto Consuelo comienza a hablar.

Cuenta su historia y, a la vez, cuenta la historia de muchas otras. De chicas que fueron encerradas contra su voluntad en esos centros. Mujeres menores de veintiuno. Mujeres pobres. Mujeres a las que les gustaba salir de fiesta. Mujeres huérfanas. Mujeres que disfrutaban dándose morreos en la última fila de algún cine. Mujeres que fumaban en la calle cuando se suponía que tenían que estar en clase. Mujeres a las que les gustaba echar un kiki, o muchos. Mujeres que hacían pellas del colegio. Mujeres que no encorsetaban su forma de vestir a lo que se supone que tenía que ajustarse. Mujeres que pisaban fuera de los márgenes. Mujeres con ideas de transformar la sociedad. Mujeres rebeldes. Mujeres que eran violadas por sus novios. Mujeres abusadas por hombres de su entorno. Mujeres jóvenes. Adolescentes.

Consuelo cuenta que había otras mujeres. Las guardianas de la moral. Mujeres que se paseaban por las “zonas de conflicto”. Bares. Piscinas. Playas. Colegios. Si veían algo incorrecto. Algo que no debía ser, llamaban a la policía. Algunas terminaban detenidas. A otras las llevaban directamente sus familias. Antes de decidir dónde se las recluía se les hacía un examen. Uno en el que un médico les metía los dedos por la vagina y las clasificaba en dos categorías: completa o incompleta. Eso determinaba el lugar al que iban a parar.

Cuenta su historia como quien ya la narró muchas veces. Cuidando cada palabra. Directa a algún lugar que transita de la incredulidad a la rabia. Para que se sepa lo que pasó. Para que no se olvide. 

Ella provenía de una familia conservadora. Mala estudiante. Expulsada del colegio. Para que termine sus estudios la meten en una academia. Ahí conoce a personas de otras procedencias sociales muy distintas a la suya. Le hablan de Salvador Puig Antich. Decide ir a una manifestación, la primera de muchas. Comienza a politizarse. Cambia su forma de vestir y su forma de pensar. Su familia ve la transformación. No les gusta. Deciden hacer algo.

Una mañana, muy temprano, entró en su habitación un médico. Le dijo que le iba a poner una vacuna. Cuando se despertó, casi veinticuatro horas después, estaba en una habitación que tenía la puerta cerrada con llave. Llevaba puesta una ropa que no era suya. A los pies de la cama estaba su maleta con cuadros verdes. No sabe cuántas inyecciones le pusieron. Las suficientes para llevarla a otra ciudad sin que se enterase. Por la ventana, llena de barrotes, vio coches con una M en la matrícula. La habitación de la que la sacaron estaba en Barcelona. Esos coches circulaban por calles de Madrid. Una monja fue quien le dio la bienvenida a ese lugar. Le dijo que estaba en un colegio de formación. No nombró la palabra reformatorio ni la palabra reclusión ni la palabra cárcel, pero en ese lugar no tenía derecho a escribir ni recibir cartas que no fueran leídas por las monjas. Tenía que trabajar todo el día sin recibir nada a cambio. Los vínculos también estaban prohibidos. No podías hacerte amigas. La mínima muestra de afectividad significaba celda de castigo o aislamiento. Pero conseguían hablar entre ellas, en voz baja, moviendo apenas los labios. Las palabras justas para saber que en todas ellas había un deseo común: escaparse. 

Cuenta que, además del deseo de fugarse, había otros dos pensamientos bastante extendidos. Uno era pensar cómo matarte. Ella vio cómo varias de sus compañeras lo conseguían. Si llorabas mucho te podían llevar al psiquiátrico. Las descargas en el cerebro te curaban de la necesidad de soltar lágrimas. El otro pensamiento era cómo conseguir lesionarte a ti misma. Les dice que es tanto el daño que tu cuerpo a veces te pedía dolor para disminuir ese otro dolor. Ella quiso hacerlo en un lugar visible, no con cortes en las muñecas que las monjas, cuidadosamente, se ocupaban de tapar. Se golpeó en los pómulos. Fuerte. Su cara se volvió negra, amarilla, violeta. Era su forma de protesta. Ayudó a varias chicas a fugarse y por eso la trasladaron a otro centro. Siguió buscando formas de protestar como un camino para resistir. Para mantenerse viva.

Pensó que la muerte de Franco la sacaría de allí. Pero cuando murió no ocurrió nada. Nada. Siguieron encerradas. Así que planeó su fuga. Consiguió escaparse. Comprendió que te encerraban en centros lejos de tu ciudad para que no tuvieras red si te escapabas. Solo la calle. Pidió ayuda a una tía. Acabó, de nuevo, en otro reformatorio.

Consuelo, con su chaqueta de terciopelo morada, hace una pausa. “Nos inocularon el estigma de la      vergüenza. Sabes que la gente piensa que si has estado encerrada en un reformatorio es porque has hecho algo malo y que, de alguna forma, te lo merecías. Por eso muchas mujeres han guardado sus historias en silencio”.

Una de las adolescentes le pregunta: ¿Qué le dirías a la gente joven como nosotras que dice que con Franco se vivía mejor?

Les dice que es importante cuidar la memoria para que la gente que no la vivió sepa lo que significa vivir en una dictadura. Les recuerda que lo que les pasó a ella y a otras muchas chicas siguió ocurriendo durante la democracia. Les dice que España ha sido el país del silencio. Les dice que es muy difícil comenzar a hablar, pero que es la única manera. Comenzar a hablar.

Otra alumna toma la palabra. Los ojos se le empañan. La voz quebrada. Le agradece que les haya contado su historia. Le dice que es una mujer muy fuerte, muy inteligente. Le dice que no la va a olvidar. 

“¿Y qué podemos hacer?”, le pregunta otra alumna. “Contad lo que ocurrió”, responde Consuelo.

 

 https://www.elsaltodiario.com

martes, abril 14

Los Centros de Internamiento de Extranjeros y el racismo en nuestros barrios

 


El pasado 30 de diciembre centenares de personas nos manifestamos en Madrid contra los Centros de Internamiento de Extranjeros, recorriendo el barrio de Carabanchel hasta el CIE de Aluche. Nuestra plataforma anarquista, Liza, nos sumamos por segunda vez a la organización de esta movilización que cada año denuncia el carácter racista y represivo de estas cárceles para personas migrantes, donde se encierra a quienes no han cometido delito alguno.

Durante el recorrido se corearon consignas contra las deportaciones, la Ley de Extranjería y las políticas migratorias criminales del Estado español y Europa. Vecinas, colectivos antirracistas y organizaciones solidarias acompañaron la movilización, visibilizando una realidad silenciada. Al llegar al CIE, se lanzaron mensajes de apoyo a las personas internadas, recordando que no están solas. La protesta reafirmó la exigencia del cierre inmediato de los CIE y la abolición de un sistema que vulnera derechos fundamentales.

Las migrantes son encarceladas en estas prisiones exclusivamente para personas extranjeras por el mero hecho de encontrarse en situación de irregularidad huyendo de situaciones de pobreza y miseria, pero también guerras y conflictos provocados por países neocolonialistas. Por lo que no puede separarse una raíz de clase y con la explotación capitalista de telón de fondo protagonista, de esta situación de vulnerabilidad y persecución a las personas que migran.

La construcción y mantenimiento de los CIEs responde a una política migratoria racista. El CIE es el macabro instrumento para el control de los flujos migratorios y garantizar el trabajo sin derechos en beneficio del gran capital. Además, se denuncia que en la industria del control migratorio se benefician empresas como Eulen enfocada en la gestión de centros de internamiento de extranjeros. Pero también Air Europa o Air Nostrum, que se ocupan de los vuelos de deportación, y El Corte Inglés, que vende ordenadores, aires acondicionados, colchones, muebles y otros productos destinados a estos centros, y las oficinas de Extranjería.

También se denunciaba al gobierno progresista integrado por el PSOE y SUMAR, por la construcción con dinero público de dos centros de internamiento en Mauritania y mantener los CIEs en todo el Estado español. Una política migratoria reaccionaria y racista semejante a la que aplica la ultraderecha en Italia. Señalar a las organizaciones fascistas y su mensaje de «los españoles primero» como el látigo impulsor de las conductas y políticas racistas.

Las políticas migratorias europeas, sustentadas en el racismo institucional y la lógica capitalista del control, no buscan proteger fronteras, sino mantener un orden colonial basado en la desigualdad. La violencia que se ejerce contra las personas migrantes es parte de un sistema que necesita cuerpos precarizados, irregulares y desechables para sostener su economía y seguir aumentando las tasas de ganancia del capital.

Por todo ello se activa cada año esta manifestación a finales de diciembre, para acompañar a las personas migrantes encerradas y, en cada ocasión, conseguir que más organizaciones y sindicatos sean altavoz contra estos centros de represión y tortura con un carácter específicamente racista. Es necesario configurar un frente común amplio antirracista y de clase, puesto que la migración es una de las cuestiones más usadas por la ultraderecha como arma mediática política. Detrás de la migración existen unas violencias materiales y profundamente racistas que deben ser combatidas.

Cuanto mejor sea la organización política y social en torno a estas luchas, más preparados estaremos para abordar la ofensiva antiimigración internacional que ya se está fraguando, y que se endurecerá más por la agenda marcada desde la extrema derecha europea y española. Pasar a la ofensiva es crear un programa y una agenda propia contra el racismo y el colonialismo que no solo sirva de autodefensa, sino como autoorganización colectiva para luchar directamente contra el capitalismo que sustenta ese sistema racista.

A continuación exponemos uno de los textos elaborado por la Plataforma contra los CIE’s:

El racismo en nuestros barrios

En los barrios el racismo institucional sigue criminalizando y violentando a las comunidades migrantes. Lavapiés -y en muchos otros barrios de Madrid- es a diario escenario de macro redadas y controles basados en perfil racial, prácticas que siguen siendo posibles bajo la Ley Mordaza y que impactan especialmente en personas migrantes y racializadas como denunciamos desde el antirracismo, la Plataforma contra los CIES, colectivos y organizaciones migrantes o no, racializadas o no, asociaciones de vecinxs, centros sociales okupados o autogestionados, sindicatos.

Asimismo, la presencia policial intimidatoria criminaliza con redadas a personas trabajadoras que simplemente esperan una oportunidad laboral en sitios como la Plaza Elíptica, o estaciones de metro y cercanías usadas por las trabajadoras migrantes para acudir a sus trabajos. Según datos de diversas organizaciones y colectivos por los DD.HH. muchas personas racializadas han sido rechazadas al intentar alquilar una vivienda, incluso con contrato y nómina. Y añadir que a bastantes no les permitieron empadronarse. Además, también han sufrido discriminación en entrevistas de trabajo, habitualmente relacionada con el acento, el color de piel o el nombre.

Racismo inmobiliario

En nuestros barrios constatamos que existe un racismo inmobiliario. El racismo estructural e institucional es uno de los grandes responsables de la discriminación inmobiliaria que enfrentan las personas migrantes y racializadas al intentar acceder a una vivienda digna. Este racismo no solo limita nuestro acceso a la vivienda, sino que también nos expulsa de nuestros barrios, aumenta la criminalización y violencia policial contra el colectivo migrante y, además, complica la regularización de nuestros papeles, ya que se nos exige tres años de empadronamiento como mínimo para poder solicitar documentación mientras se ha normalizado la negación de empadronamiento por parte de los caseros, según afirma el Sindicato de Inquilinos e inquilinas de Madrid. El rentismo en nuestros barrios es racismo y debe ser combatido con firmeza, organización y solidaridad.

 Delitos de odio

Por otro lado, están los delitos de odio. Los delitos de odio en España han aumentado últimamente escalonadamente. Así como los cometidos por miembros de la Policía Nacional, Municipales, Guardia civil y Municipal. En nuestros barrios, en nuestras calles, a la salida de las bocas de Metro, paradas de autobuses y en diversos lugares, hemos sido testigos de que la policía ha realizado identificaciones por el perfil étnico. En algunos casos las identificaciones han sido acompañadas de insultos racistas, burlas y violencia verbal.

Precariedad laboral

Además, la precariedad laboral tiene muchas veces su origen en estereotipos y prejuicios. A la población migrante se le hace difícil convalidar sus estudios y las contratan mayoritariamente para el cuidado de personas mayores, realizar labores de limpieza y jardinería, y la construcción. En la mayoría de los casos son contrataciones precarias al margen de los derechos laborales. Las mujeres migrantes son contratadas casi sólo para ejercer como empleadas de hogar. La precariedad se origina principalmente por la falta de acceso a la regularización administrativa. Exigimos la aprobación de una Ley de Regularización YA.

El racismo va de la mano del fascismo

En nuestros barrios existen acciones racistas que incitan al odio, contribuyen a la desinformación y a la estigmatización de las personas migradas, racializadas y gitanas. La difusión de bulos y mensajes racistas contra la población migrante y racializada tiene efectos directos: concentraciones hostiles frente a centros de menores, estigmatización de barrios y un aumento en las agresiones verbales y físicas. En este sentido, el racismo va de la mano del fascismo. Exigimos que se respete la dignidad y la integridad física de todas las personas, independientemente de su origen étnico, identidad y orientación sexual, religión y otras circunstancias. Es una responsabilidad institucional y política ante estas prácticas que están sucediendo a diario en nuestras calles.

 

Liza Madrid

 

jueves, enero 29

La dictadura iraní y la hipocresía de Occidente

 

El régimen de los ayatolás es uno de los más autoritarios y repulsivos en la actualidad, algo que tarde o temprano debería saltar por los aires y perdón por la violenta metáfora, yo que soy contrario a cualquier agresión militar interesada como las que perpetra ese defensor de la libertad y la democracia que es Estados Unidos. Desde el inicio de la conocida como revolución islámica en Irán, toda oposición al régimen ha sido brutalmente sofocada y las ejecuciones se han sucedido, solo en 2025 se habla del asesinato institucionalizado de más de mil personas. Desde finales del año pasado, debido a las crisis económica, la falta de libertades y la carestía general de la vida, las manifestaciones se están sucediendo en el país; las autoridades iraníes, una vez más, han llevado a cabo una cruenta represión. La gente está reclamando cambios radicales y desde aquí mi más sincero apoyo para ello, que ojalá tome un rumbo al margen de toda clase dirigente. No es posible hablar solo, como realizan algunos, de un tibio «legítimo derecho a la protesta del pueblo iraní» para acto seguido criticar a otros regímenes. Hablando claro, el de Irán es un régimen ferozmente autoritario, el cual restringe libertades fundamentales como las de expresión, asociación o reunión; produce una discriminación y violencia sistemáticas sobre mujeres, niñas, personas de condición sexual diversas y también sobre minorías diversas. Aunque la comunidad internacional ha permanecido mucho tiempo en silencio, o ha sido muy tibia en sus protestas, organismos de defensa de los derechos humanos sí han denunciado que infinidad de personas son detenidas arbitrariamente, torturadas y procesadas con penas crueles e inhumanas. En un mundo estúpidamente mediático, con intereses por parte de unos u otros, hay que dejar clara la repulsa a todo régimen autoritario y a la vulneración de los derechos humanos y las restricción de la libertad, en todos los aspectos, de las personas en cualquier lugar del mundo.

Y es que algunos, con la actualidad de las protestas y la sangrienta represión, ponen el foco interesadamente solo en Irán. Ya hemos mencionado a Estados Unidos, y a su aliado Israel, con intenciones bélicas que nada tienen que ver con el bienestar de las personas. Por mencionar un anécdota a la que no habría que prestar atención, si no fuera por su repercusión mediática y su aceptación por parte de un público tendente a la estulticia, ese esperpento inicuo que gobierna la Comunidad de Madrid, para defender lo indefendible, atacar el feminismo y desviar la atención de las miserias propias, ha mencionado el sufrimiento de las mujeres en el régimen iraní. Y es que la hipocresía de la clase dirigente y de los poderes económicos en Occidente no tiene fin. No veremos ni una crítica, por ejemplo, a Arabia Saudí, cuyo régimen es blanqueado al parecer por ciertos torneos deportivos como el que han perpetrado recientemente equipos de fútbol de este indescriptible Reino de España y siendo elegido el país sede de un futuro mundial de esa alienante actividad que tanto exalta a las masas. Silencio absoluto ante la también constante vulneración de los derechos humanos en la, no lo olvidemos, monarquía saudita de carácter absoluto, pero en ocasiones vendida como adalid de la modernidad en el mundo islámico. Incluso, como en Irán, aumento de ejecuciones, permanentes restricciones de los derechos civiles y políticos, reclusiones sin garantía judicial alguna, situaciones laborales cercanas al esclavismo y un trato abiertamente inhumano a los inmigrantes. De hecho, se teme que estas situaciones solo empeoren con la mencionada elección de Arabia Saudí como lugar para la celebración de un mundial de balompié, algo que ya sucedió hace no mucho con Qatar ante las protestas de solo unos pocos.

Y es que la situación en Qatar es terriblemente similar a lo relatado sobre el régimen saudí, al igual que en otros aliados de Occidente como los Emiratos Árabes Unidos. Por cierto, en esa región, en concreto en el emirato de Dubai, estableció su huida y refugio el llamado rey emérito de este inenarrable país, ese héroe de la Transición democrática llamado Juan Carlos de Borbón, después de haber robado todo lo que quiso y más. Una muestra más de la hipocresía e iniquidad del mundo occidental. Y qué podemos decir de otros regímenes autoritarios sobre los que no observaremos la más mínima crítica en nuestros repulsivos medios generalistas al guardar intereses, geoestratégicos y económicos, con el mundo occidental. Es el caso de Jordania, otro monarquía, esta supuestamente parlamentaria, pero tremendamente limitado a nivel democrático, donde se reprime notoriamente al pueblo y, como en otros Estados, existe una intolerable carestía económica y desigualdad, mientras unos pocos viven a cuerpo de rey (nunca mejor dicho). O de Turquía, cuyo Estado habría que señalar como abiertamente criminal persiguiendo a todo tipo de opositores, con la recurrente vulneración de libertades primordiales, y ejerciendo la violencia, como en Irán y en todos estos regímenes, contra mujeres y niñas. Y qué podemos relatar de Marruecos, ese aliado del muy progresista presidente de este sufrible Reino de España, cuya situación social, políticas y económica no mejora respecto a lo anteriormente expuesto y cuya represión de la protesta es igualmente cruenta tratando a seres humanos como piezas de un tablero en cuestiones de inmigración. Son solo unos ejemplos de infinidad de regímenes abominables, pero no me creas a mí si no quieres, al fin y al cabo un ácrata de corte nihilista, que trata de estar en cualquier caso siempre al lado de los oprimidos. Deja a un lado esas descerebradas simpatías, a diestra o siniestra, activa eso cada vez más ausente que es la conciencia moral y el pensamiento crítico e investiga para pensar y concluir por ti mismo.

 

Juan Cáspar

sábado, enero 17

Huelga de hambre de solidarias con Palestina encerradas en prisiones británicas

 

El pasado 3 de julio de 2025, el Gobierno laborista británico, con el apoyo de liberales y conservadores, aprobó una ley por la cual declaró a Palestine Action una organización terrorista con 385 votos a favor y tan solo 26 en contra.

Palestine Action, fundado en 2020, es un colectivo que llevaba cinco años organizando protestas pacíficas de diversa índole, como sentadas y bloqueos delante de las oficinas de Elbit Systems (empresa armamentísica israelí)1, pintadas en las sedes de las manufactureras de armas UAV Tactical Systems (franco-israelí) y Leonardo (italiana), la vandalización de un retrato de Arthur Balfour en Trinity College y el robo de dos bustos de Chaim Weizmann de la Universidad de Manchester. Su acción más grande, que es la que le ha granjeado el calificativo de «terrorista», fue la invasión de la base militar aérea RAF Brize Norton y el sabotaje a dos aviones Airbus Voyager con pintura y palos, el pasado mes de junio.


Desde la ilegalización del colectivo, más de 2.500 personas han sido detenidas en distintas manifestaciones por portar pancartas con la leyenda «Apoyo a Acción Palestina». El día más destacado fue el 6 de septiembre, cuando 890 personas (de un total de 1.400 manifestantes) fueron detenidas en una concentración en el centro de Londres (857 de ellas acusadas de enaltecimiento del terrorismo por portar pancartas de apoyo a la organización y 33 por delitos contra el orden público), lo cual supone el mayor caso de detenciones masivas en la historia del Reino Unido. La concentración fue convocada por la organización Defend Our Juries, bajo el lema “Me opongo al genocidio. Apoyo a Acción Palestina”.

Las detenidas lo fueron con base en la sección 12 de la Ley de Terrorismo inglesa, y afrontan posibles procesos con condenas que llegarían hasta los catorce años de prisión. Esta brutal respuesta afecta a las protestas contra el genocidio en Palestina pero también al propio derecho a la protesta. No solo por los registros, propuestas de sanción, multas, detenciones e incluso encarcelamiento, sino por el llamado “efecto paralizante” (chilling efect) y la represalias que pueden acarrear también en empresas y centros de trabajo la participación en manifestaciones de cualquier tipo.

Huelga de hambre por la libertad

Actualmente, hay 33 presas encarcelados en Gran Bretaña por supuestas acciones en solidaridad con Palestina relacionadas con este colectivo. Muchas de ellas pertenecen a los 24 de Filton [Filton 24], detenidas por una acción contra un centro de investigación de Elbit Systems en agosto y a los Brize Norton 5 (quienes realizaron la acción de pintar dos aviones en la base aérea mencionada previamente)2.

 Se encuentran en prisión preventiva, sin juicio, sin fianza y algunos pueden esperar hasta dos años para ser juzgadas. Además, denuncian que han sido objeto de un trato degradante y arbitrario, que incluye la retención de su correo, libros y propiedades, órdenes de no asociación, exclusión de programas de empleo y educación, un régimen arbitrario de aislamiento y la retirada de sus keffiyehs.

En el momento en el que escribimos estas líneas, 8 de las 33 presas se encuentran en huelga de hambre, la mayoría desde el 2 de noviembre. Sus demandas pasan por el fin de toda censura, la libertad inmediata bajo fianza, el derecho a un juicio justo sin interferencias extranjeras y políticas, la desclasificación de Palestine Action como organización terrorista y el cierre de Elbit Systems.

Las huelguistas comenzaron la acción el mismo día en que el gobierno británico emitió la Declaración Balfour en 1917, allanando el camino para el establecimiento de un Estado colonialista y sionista. Comenzaron Amu Gib y Qesser Zuhrah, Heba Muraisi se unió un día después y les siguieron Jon Cink, T Hoxha y Kamran Ahmed. Eel último en unirse a la huelga de hambre es Muhammad Umer Khalid, hace pocos días. Lewie Chiaramello también se unió el 23 de noviembre, realizando una huelga de hambre parcial, cada tercer día, ya que es diabético. Se trata de la mayor huelga de hambre coordinada en las Islas Británicas desde las huelgas de hambre de 1981 de los presos políticos irlandeses lideradas por Bobby Sands durante el conflicto, y que provocaron la muerte de 10 jóvenes3.

Solidaridad internacional

En solidaridad, presos de todo el mundo se han unido a los huelguistas de hambre durante periodos más cortos. Dimitris Chatzivasileiadis se unió desde Grecia, Massimo Passamani y Luca Dolce desde Italia4 y Jakhi McCray en Estados Unidos. Los presos Casey Goonan y Malik Muhammad, en Estados Unidos, también se unieron a una huelga de hambre, aparte, en solidaridad con Teuta Hoxha y los 24 de Filton, cuyo juicio comenzó en noviembre y durará 8 semanas.

Mientras tanto, Israel ha encarcelado a casi 9.100 palestinos como presos políticos, muchos de los cuales también se encuentran en huelga de hambre. Siguen saliendo a la luz detalles sobre los abusos que sufren, incluidos abusos sexuales, psicológicos y físicos, así como inanición forzada. Muchos cadáveres son devueltos a Gaza con signos de tortura, mutilación y ejecución.

Las consecuencias de la huelga

El cuerpo tiene un límite en lo que puede aguantar. A medida que el hambre se instala, comienzan a agotar sus reservas, primero la grasa, luego los músculos y, finalmente, los órganos vitales comienzan a fallar. Tres de los ocho huelguistas de hambre, Qesser, Teuta y Kamran, ya han sido hospitalizados debido al deterioro de su salud. Amu Gib ha perdido 10 kg. Más de cien profesionales médicos han firmado una declaración en la que exigen que se tomen medidas para evitar que las y los huelguistas sufran más daños. Pasado un mes, existe una grave preocupación de que los huelguistas sufran daños irreversibles.

Hace unos días, el médico de urgencias y profesor del University College de Londres, Dr. James Smith, afirmó que el estado de los detenidos se ha deteriorado drásticamente y declaró a periodistas que “los huelguistas de hambre se están muriendo”. Smith dijo que los relatos desde el interior del sistema penitenciario apuntan a “un seguimiento y tratamiento deficientes. […] En mi opinión, como médico del NHS, la complejidad de las necesidades de atención de los huelguistas de hambre ahora debe gestionarse con la participación regular de especialistas, o incluso con un seguimiento continuo en el hospital”, dijo.

Por otro lado, más de 200 miembros de la Asociación Médica Británica expresaron su preocupación unos días antes y 900 profesionales de la salud han escrito al viceprimer ministro y secretario de Justicia, David Lammy, al secretario de Salud, Wes Streeting, a altos funcionarios del NHS y a las autoridades penitenciarias exigiendo medidas urgentes.

Shahmina Alam, hermana de Kamran Ahmed (28 años), declaró que “Ahmed está cursando el día 39 de su huelga de hambre. Ha tenido dos internaciones desde que inició su huelga de hambre, y fue dado de alta apenas la semana pasada. Si bien lograron estabilizar sus cetonas, los niveles de estas han vuelto a subir considerablemente. Pero lo más preocupante es que su corazón se está debilitando y su pulso se está desacelerando, además de que, en este momento, Ahmed está perdiendo medio kilo por día”.

Pese a todo esto, hasta ahora el Gobierno británico y los medios de comunicación (salvo honrosas excepciones) han ignorado por completo las huelgas de hambre, evitando que se introduzca en la agenda pública. El objetivo de las activistas ahora es romper ese muro de silencio, algo que han intentado por ejemplo bandas como Kneecap, The Pogues y otros 200 artistas irlandeses y británicos, que han publicado una carta al Gobierno solicitando que se acceda a las demandas de las huelguistas.


Como siempre, la solidaridad internacional, la denuncia y la organización de la clase trabajadora siguen siendo la única garantía de que estos casos no queden en la impunidad ni en el olvido.

Este artículo ha sido escrito partiendo de piezas extraídas deBriega, Democracy Now, Naiz, Todo por Hacer, Prisoners for Palestine, Resumen Latinoamericano, Spanish Utopia, Izquierda Diario, Insurgente, Filton Actionists y TeleSur.

___________________________________

1 Elbit Systems suministra al Ejército israelí el 85 % de su equipamiento terrestre y el 85 % de sus drones. Activistas propalestinas denuncian que sus drones se han utilizado en Gaza para reproducir sonidos de niños llorando y gritando, con el fin de atraer a la gente y luego dispararles.

2 Desde Brize Norton parten regularmente aviones con destino a la base aérea de Akrotiri, en Chipre, desde donde se dirigen las operaciones británicas en Oriente Medio, incluidos vuelos de espionaje sobre Gaza.

3 Bobby Sands murió el 5 de mayo 1981, después de 66 días en huelga de hambre. El informe original establecía que la causa de la muerte había sido «inanición auto impuesta«, aunque fue enmendado posteriormente tras las protestas de los familiares, estableciéndose simplemente como «inanición«. Sands fue miembro del Parlamento de Westminster durante veinticinco días, aunque nunca ocupó su escaño ni juró su cargo. Entre sus escritos, encontramos una de sus frases más célebres y que ha sido difundida en infinidad de murales por las calles de Belfast oeste principalmente: «Nuestra venganza será la sonrisa de nuestros hijos«. Se estima que más de 100.000 personas asistieron al funeral de Sands, el mayor funeral republicano desde el del alcalde de Cork del Sinn Féin, Terence MacSwiney, que murió en la cárcel de Brixton el 25 de octubre de 1920 después de otra huelga de hambre de 74 días. Después de Sands, otros nueve presos republicanos murieron en la huelga de hambre –Francis Hughes, Raymond McCreesh, Patsy O’Hara, Joe McDonnell, Martin Hurson, Kevin Lynch, Kieran Doherty, Thomas McElwee y Michael Devine–. La huelga finalizó el 3 de octubre de 1981.

4 Desde Italia, el anarquista Luca Dolce hizo una declaración que rompe con la línea dominante de que las huelgas de hambre son simplemente protestas sobre las condiciones de los presos: “La lucha contra la prisión y el sistema militar tecnoindustrial es esencial para una lucha de mayor alcance, de resistencia revolucionaria e internacionalista… Estoy a su lado con serenidad y resolución”. Dolce también saluda al prisionero palestino Anan Yaeesh en la prisión de Melfi, en el sur de Italia, otro objetivo de las tácticas de aislamiento y traslado destinadas a borrar a los presos políticos. Según Dolce, no está claro si Yaeesh continúa en huelga.

 

https://www.todoporhacer.org 

 

 

lunes, enero 5

NACIONAL II: La ruta del exilio

 

 

¿Qué tienen en común una joven republicana de 1939 y una joven palestina de 2025? La guerra y la huida. Ambas han tenido que dejar su casa, ambas han cruzado una frontera y ambas se convierten en refugiadas en un país extranjero. Este podcast narrativo de nuestra productora La República Independiente de la Radio une la ficción y el documental, la historia de España y la de Palestina, la guerra civil española y el genocidio en Gaza, para contar la vida de dos mujeres, Lola (Victoria Luengo) y Duha Alzaiti (interpretada por ella misma), atravesadas por un mismo desgarro: el exilio.

En este primer episodio hablamos de las dudas que sobrevuelan el momento de dejar tu casa: ¿volverás a ver a esa persona tan querida otra vez? Lola tiene que abandonar Barcelona ante el avance de las tropas franquistas dejando a la abuela que la ha criado. Duha llevará dos tesoros con ella cuando sale de Gaza después de que su padre pronuncie una frase que no ha podido olvidar: “Nos vamos”.

Créditos:

Los testimonios reales que abren el capítulo pertenecen a los refugiados catalanes, Carme Casas, Josep Colom, Eulalia Sangenis y Luis Martín, y han sido cedidos para este podcast por el Museu Memorial de l'Exili. Victoria Luengo, Juan Diego Botto, Miren Iza y Alberto San Juan los han doblado al castellano. 

 

RESTO DE CAPÍTULOS:  https://www.ivoox.com/podcast-carne-cruda-programas_sq_f157350_1.html

viernes, enero 2

Un poder carcelario

 

 

Con unas cotas elevadas de visibilidad mediática y una influencia creciente en los aparatos judiciales y políticos, los sindicatos y asociaciones de funcionarios de prisiones son hoy un actor decisivo a la hora de entender los procesos de criminalización y producción de pánicos morales y paranoias securitarias.

Responsables directos de la aplicación de los derechos de las personas presas, sus reivindicaciones se basan en el desmantelamiento de dichos derechos, y en la implementación de un modelo de cárcel-guerra que deshumaniza a la población reclusa, al tiempo que criminaliza a sus familias y a los grupos y entidades que les brindan apoyo.

Jose Navarro Pardo, nos presenta el libro Un poder carcelario, sindicatos de prisiones y sistema penal (Virus)

 

linternadediogenes@gmail.com

martes, octubre 7

Por qué abolir la cárcel



Edición en castellano de un magnífico libro que recorre los argumentos del movimiento «No Prison» en Italia, para cuestionar la existencia de la cárcel como respuesta al delito y puede servir como inspiración para promover o reforzar similares iniciativas en el Estado Español.

Las razones del Movimiento «No Prison», de Livio Ferrari y Giuseppe Mosconi, que ha sido traducido por Alicia Alonso y editado por Zambra/Baladre en noviembre de 2021.
Nos parece fundamental que entre dentro del debate público el cuestionamiento de la existencia de la prisión, el uso del derecho penal y la cultura del castigo como respuesta a problemas sociales creados por un sistema capitalista, racista, heteropatriarcal, individualista y altamente competitivo.

El texto va desgranando los argumentos que utiliza el Movimiento «No Prison» en Italia para cuestionar la existencia de la cárcel como respuesta al delito y puede servir como inspiración para promover o reforzar iniciativas similares en el Estado español. No faltan razones para abolir las prisiones: la cárcel es sinónimo de violencia y refleja un sistema social basado en el dolor, la pena y la venganza.

La pena de cárcel es un castigo que no reinserta por varias razones bien conocidas:

  • porque la mayor parte del presupuesto empleado se utiliza en medidas de seguridad y las tasas de reincidencia son altas debido a su carácter criminógeno.
  • porque es discriminatoria, puesto que gran parte de las personas encerradas son pobres o con escasos recursos y oportunidades.
  • porque empobrece a una mayoría, ya que cuando las personas salen habrán perdido sus empleos y sus bienes (si los tenían) y en algunos casos hasta sus familias.
  • porque enferma, pues las condiciones de encierro provocan dolencias físicas y psíquicas, muchas de ellas irreversibles.
  • porque castiga a inocentes, debido a que la condena se extiende a toda la familia y personas allegadas que no han cometido ningún delito.
  • porque estigmatiza, dificultando sobremanera la reincorporación de las personas al lugar de procedencia.
  • porque no repara a la víctima, pues se basa fundamentalmente en la venganza y no en la reparación del daño o desequilibrio causado.
  • porque reproduce la violencia, ya que esta forma parte inescindible de las instituciones y en concreto de la cárcel, tal como la conocemos.

Se puede objetar que abolir las prisiones sea una utopía. Lo mismo se pensaba de los manicomios y hospitales psiquiátricos, pero en el año 1978 en Italia, se aprobó la «Ley Basaglia» que los abolía.

Como decía Galeano, la utopía nos sirve para caminar. Así los caminos para conseguir la utopía deben comenzar por reducir el uso de la prisión a su mínima expresión para lograr que algún día desaparezca. Podría empezarse por ampliar las concesiones de terceros grados, incrementar las penas alternativas, acabar con la violencia extrema que suponen los primeros grados o el régimen de aislamiento, legalizar y regularizar la producción, distribución, venta y consumo de todas las drogas, incentivar la justicia restaurativa, reducir las condiciones de empobrecimiento con la renta básica de las iguales… y todo ello con más organización, comunidad y apoyo mutuo. ¿Por qué no? Abolir las cárceles y la cultura del castigo es nuestra utopía.

 

** POR QUÉ ABOLIR LA CÁRCEL. Las razones del movimiento «No Prison», Giussepe Mosconi, Livio Ferrari. Virus.

 

Gentes de Baladre / HENAS

 

martes, julio 15

Ingresan en prisión Las 6 de la Suiza


 
Lino Rubio Mayo, titular del Juzgado de lo Penal nº 1 de Xixón, dictó el pasado 9 de julio un auto ordenando el ingreso inmediato de las seis sindicalistas de CNT que participaron en el conflicto laboral con la pastelería La Suiza, por el cual acabaron condenadas a cumplir tres años y medio de prisión, además de pagar cuantiosas multas y una elevadísima responsabilidad civil.

Ante la orden de detención emitida por el juez, las sindicalistas se presentaron voluntariamente en la cárcel de Villabona (Centro Penitenciario de Asturias) el 10 de julio y tramitaron su ingreso. Por delante tienen años de condena, salvo que el Gobierno decida indultarles.
El conflicto de La Suiza

Los hechos por los que han sido condenadas ‘Las seis de la Suiza‘ se remontan al año 2016, cuando una empleada de la Pastelería La Suiza de Gijón pidió el asesoramiento jurídico de la CNT tras denunciar sus malas condiciones laborales aduciendo que en su trabajo le encargaban tareas que ponían en riesgo su embarazo. Al mismo tiempo relató que era víctima también de un presunto caso de acoso sexual.

El equipo de acción sindical se puso en contacto con la empresa para pactar la salida de la trabajadora, pero el empresario se negó a mantener cualquier tipo de reunión, por lo que el sindicato convocó varias concentraciones y piquetes ante sus instalaciones en las que participaron las personas condenadas para mostrar su repulsa por la actitud del propietario hacia la empleada. El empresario denunció a los participantes de las mismas y en 2021 logró su condena por un delito continuado de coacciones graves y otro delito contra la Administración de Justicia, alegando que por culpa de ello tuvo que cerrar su negocio.

En 2024, el Tribunal Supremo confirmó la condena, convirtiéndose este caso en una excepcionalidad por las altas condenas fijadas por la puesta en práctica de herramientas y dinámicas propias del sindicalismo y de la lucha de las trabajadoras, es decir, se les condena a la cárcel por algo que se ha hecho siempre.

En una nota de prensa, la recientemente creada Plataforma de Abogacía en Defensa de la Acción Sindical señala que los diferentes pronunciamientos judiciales son «ataques sin precedentes al derecho fundamental de libertad sindical, libertad de expresión y libertad de reunión y manifestación». La Plataforma reitera algo que se viene denunciando durante todo el proceso judicial: la gravedad e implicaciones que puede tener la condena por «coacciones graves» por «realizar concentraciones pacíficas, repartir panfletos y usar megafonía vaciaba de contenido el derecho fundamental de libertad sindical, consagrado en el art. 28.1 de la Constitución Española porque son herramientas habituales de presión sindical». Lo excepcional del caso es de tal envergadura que todo el espectro sindical ha mostrado su solidaridad y preocupación, incluidos los sindicatos mayoritarios.

«Este tremendo atentado a la libertad sindical no es un caso aislado. Forma parte de una deriva represiva contra el sindicalismo que incomoda, el que no se pliega y planta cara, como ha ocurrido recientemente con los 23 detenidos en la Huelga del metal de Cádiz«, explica el sindicato CNT en un comunicado. «Que no nos hablen de justicia. El encarcelamiento de Las 6 de la Suiza es un castigo ejemplarizante para sembrar miedo entre quienes luchan. Intentan reducir la acción sindical a mera queja. Pero no lo van a conseguir. Hoy las 6 de La Suiza entran en prisión, pero no están solas: cuentan con el respaldo de miles de trabajadores y trabajadoras que han salido a las calles, que han alzado la voz, que entienden que este caso es de todas. Pero sobre todo, que entienden que hacer sindicalismo es dignidad, que practicar la solidaridad entre trabajadores y trabajadoras es la única justicia que podemos esperar en un sistema que encarcela sindicalistas, introduce infiltrados en movimientos sociales y detiene huelguistas por decenas«.
La solicitud de indulto

Hace varias semanas, las condenadas, que ya han abonado las indemnizaciones (que ascienden a más de 125.000 euros) y las multas, solicitaron el indulto ante el Ministerio de Justicia, solicitud que fue apoyada por 22 organizaciones sindicales y el Gobierno de Asturias. El Ayuntamiento de Xixon no lo ha apoyado por el veto de las derechas.

Legalmente, el magistrado del Juzgado de lo Penal tiene a su disposición la opción de paralizar la entrada en la cárcel (es decir, suspender la ejecución de la sentencia) hasta la resolución del indulto, una práctica relativamente habitual; pero el ilustrísimo Lino Rubio potó por rechazar esa opción. Que esperen a que se tramite en el talego, decidió.

Pese a que la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, había mantenido una reunión con las condenadas en las que se comprometió a interceder por el indulto, el Consejo de Ministros del 7 de julio no aclaró si acordarán a Justicia esa medida de gracia o no.

Todo el proceso sindical y judicial ha supuesto y supone para las seis compañeras una gran carga personal a todos los niveles. Por ello, en un momento en el que el Gobierno debe estudiar el indulto solicitado, pedimos seguir hablando del tema, presionando y visibilizando, para hacer decantar dicha decisión hacia el lado de las trabajadoras y no de la patronal y la justicia que la protege.








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lunes, abril 21

Libertad para los 6 de Zaragoza


El 17 de enero de 2019, día en que se celebraba un mitin de Vox en Zaragoza, se convocó una manifestación en rechazo a los discursos de odio de la extrema derecha. Tras varias cargas policiales y la disolución de la manifestación, horas después, seis jóvenes (cuatro mayores de edad y dos menores) fueron detenidos aleatoriamente y en base a prejuicios estéticos en diferentes puntos de los alrededores. Cuatro mayores de edad y dos menores de edad.

La Audiencia Provincial de Zaragoza juzgó a estos 6 jóvenes, acusados de desórdenes públicos y atentado a la autoridad y condenó a 4 años y 9 meses de cárcel a los cuatro mayores de edad y una multa de 11.000 euros y un año de libertad vigilada para los dos menores. Ello pese a que en el juicio se evidenció que los acusados no aparecían en las grabaciones de las cámaras de seguridad del lugar de los incidentes y que presentaron diferentes testigos que aseguraban que no habían participado en los disturbios. La única prueba inculpatoria fue el testimonio de los policías denunciantes. Se castigó el derecho de protesta en sí mismo.

Tras haber agotado todos los recursos ordinarios posibles, al cierre de esta edición al menos tres de los antifascistas han ingresado recientemente en prisión. Ironías de la vida, su entrada ha coincidido en el tiempo con el descubrimiento de una nueva policía infiltrada (la octava en año y pico) en movimientos sociales (en esta ocasión de Madrid) y que se desvelara que ella, haciéndose pasar por activista antifascista, había lanzado piedras contra la policía en una manifestación en solidaridad con Pablo Hasél. Los mismos hechos por los que quieren joderle la vida a estos seis chavales.

Sus defensas han presentado un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, pero esto no suspende la ejecución de la sentencia. Toca ingresar en prisión e ir pagando las multas e indemnizaciones. Por ello, se puede colaborar económicamente con el crowdfunding que han abierto en Goteo. También puedes firmar para apoyar una posible petición de indulto que se haga en el futuro en su web.

 

Desde aquí queremos mandar un fuerte abrazo a los 6 de Zaragoza, a sus familias y a sus compañeras. También queremos mostrar nuestra solidaridad con el medio aragonés AraInfo, que es quien más ha cubierto todo el caso y que a finales de abril sufrió un caso de censura: sin previo aviso y sin explicar el motivo, la red social Twitter (controlada desde hace año y medio por el multimillonario megalómano y ultraderechista Elon Musk) cerró su cuenta. Por suerte, al día siguiente, gracias a la presión popular se pudo recuperar.



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martes, abril 2

Las cárceles de la miseria. Gueto, marginalidad y Estado penal

 


AUTOR: Loic Wacquant, EDITORIAL: Irrecuperables. 2023. 316 páginas

Existe un vínculo estrecho entre el neoliberalismo y el despliegue de las políticas de seguridad ultrarrepresiva que se puede resumir así: Difuminación del Estado económico, debilitamiento del Estado social, fortalecimiento y glorificación del Estado penal. No se pueden entender las políticas policiales y penitenciarias sin verlas en el contexto de los cambios en el empleo y en la relación de fuerzas entre clases sociales de las últimas décadas. La «mano invisible» del mercado de trabajo precario encuentra su complemento en el “puño de hierro” del Estado para atajar los delitos o disturbios provocados por el desempleo, el salario precario y los recortes de la protección social.

Vivimos con la propagación mediática de una ideología que eleva la competitividad a un carácter de fetiche y celebra la responsabilidad individual (cara oculta de la falta de responsabilidad colectiva). Se responsabiliza de la delincuencia únicamente al individuo y se ignora el contexto social en el que éste se encuentra. En Las cárceles de la miseria se explica cómo esto se traduce en una actuación policial y judicial que reprime a los jóvenes, los inmigrantes y la delincuencia menor, e incluso hostiga a los sintecho. Es decir, se criminaliza la pobreza, a la vez que se consigue un chivo expiatorio. Esto también sirve para disciplinar a los sectores de la clase obrera reacios al nuevo modelo de trabajo precario.

Los conceptos de seguridad ciudadana o de ‘tolerancia cero’ resultan engañosos. En la práctica significan la imposición de las leyes solo contra ciertos grupos, pues ¿dónde está la ‘tolerancia cero’ contra los delitos administrativos, el fraude comercial, la contaminación ilegal y las infracciones contra la salud y la seguridad? Esta política además ampara legalmente el abuso policial, las multas y detenciones arbitrarias y la vigilancia. Así, el objetivo del sistema penitenciario no es prevenir el crimen ni reinsertar, sino aislar y anular a la creciente población reclusa. Wacquant denuncia también la privatización de las cárceles, afirma que éstas sustituyen al gueto y permiten usar la mano de obra esclava de los detenidos.

Fueron el gran empresariado y las facciones “modernizadoras” del Estado y la burguesía las que emprendieron esta estrategia de Estado penal. El autor explica cómo este nuevo «sentido común» punitivo -elaborado en Estados Unidos por una red de think tanks neoconservadores- se extendió entre las altas esferas para luego llegar a Europa y Latinoamérica, y traducirse en cambios legislativos.

 

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martes, marzo 12

50 años del asesinato a manos del Estado de Salvador Puig Antich

 


Año tras año llega el 2 de marzo, y en este 2024 se cumplen 50 años del asesinato a manos del Estado del militante del MIL, Salvador Puig Antich.

Salvador era un joven de familia trabajadora y con sueños de libertad y de acabar con la dictadura franquista para poder lograr una sociedad mejor. Su asesinato fue el reflejo del modo de actuar de una dictadura revanchista y violenta. Fue condenado a pena de muerte en un juicio sin mínima posibilidad de ejercicio de defensa. Como venganza del ataque al núcleo duro del franquismo con el atentado a Carrero Blanco, los platos rotos los pagó Puig Antich. Fue un caso claro de lo que hoy se llama “ejecución extrajudicial”, una grave violación de los derechos humanos.

El Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) realizaba atracos para colectivizar los recursos de los bancos en actividades de lucha contra la dictadura y apoyo a los presos anarquistas.

Pero los miembros del MIL no eran unos maleantes sino unos soñadores “románticos” que, como en muchas ocasiones en los grupos antifranquistas, sufrieron las denuncias de infiltrados y delatores. Y así cayó Salvador, vendido por un delator, se revolvió en el momento de la detención y en medio de un tiroteo un policía cae muerto, al igual que Salvador que resultó herido por balas. El primer paso hacia el vacío en la defensa de Salvador fue el juzgarlo por un tribunal militar y que le llevó a la terrible muerte a garrote vil.

Ya nos podemos imaginar las garantías ofrecidas al reo por parte del tribunal. La investigación fue nula y la condena a Puig Antich estaba decidida desde el mismo momento en que el subinspector Francisco Anguas murió. En el juicio no se permitió ni una sola prueba a la defensa, como denuncia en declaraciones Magda Onarich. Del mismo parecer es Jordi Panyella y así lo refleja en su libro “Salvador Puig Antich, caso abierto” tras analizar el sumario y la toma de testimonios que se habían mantenido en silencio por miedo. De hecho ha descubierto la ocultación de documentos y de pruebas que demostraban la exculpación de Salvador.

A pesar de los ímprobos intentos de su familia pidiendo la revisión del proceso y así demostrar la ignominia de su asesinato, han sido rechazados los recursos de revisión de la sentencia incluso con las nuevas pruebas logradas tras la investigación del periodista Panyella. Su hermana Merçona fue a Argentina para prestar declaración en la querella contra los crímenes del franquismo interpuesta en el Juzgado n° 1 de Buenos Aires. Incluso el Ayuntamiento de Barcelona, junto a las hermanas de Salvador, llegó a presentar querella contra Carlos Rey González, actual abogado y ex juez del Consejo de Guerra que firmó la pena de muerte de Salvador Puig Antich y, como en todos los casos, acabó archivada.

Ahora se cumplen 50 años de su asesinato y muchas se suman a su recuerdo y al homenaje pero hace 50 años eran pocos los que se movilizaron pidiendo el indulto o la conmutación de la pena de muerte como dice el historiador Guzmaro Gómez “Al PSUC, al PCE, al PSOE y a todos los que están negociando la salida de la clandestinidad no les conviene nada en aquel momento aparecer vinculados a la estrategia insurreccional, violenta que habían practicado Puig Antich y el MIL”.

Salvador Puig Antich era un anarquista y también un soñador. Y soñaba con un indulto y conmutación de su pena de muerte hasta el momento final. Pero estaba claro que el régimen sanguinario quería mandar un mensaje a la lucha antifranquista y a pesar del golpe duro recibido por el asesinato del seguro continuador de la dictadura unos meses antes, tenía que demostrar fortaleza y mano dura.

Y hoy su muerte quiere ser aprovechada para llevar a su terreno a quien no puede tomar partido. Pero lo único que tenemos es el compromiso de Salvador con un grupo autónomo y que rechazaba la sumisión a una jerarquía y cuyo compromiso era la edición de materiales para la educación revolucionaria de la clase trabajadora. La doble intención de siempre relacionar el anarquismo con la violencia ya resulta cansina y exaspera está manipulación que acaba llevando a relacionar a Salvador Puig Antich con el pistolerismo.

Lo cierto es que un joven inocente de la muerte del policía acabó ajusticiado de una de las maneras más crueles que ha desarrollado el Estado y sus sueños quedaron ahogados en su muerte. A pesar de todo, hoy desde el movimiento libertario se debe reivindicar la lucha que representa la figura de Salvación Puig Antich porque encarna la rebeldía contra la opresión y por la educación de la clase trabajadora para su implicación en la revolución.

Salvador, junto con Heinz Chez, fueron los últimos ajusticiados a garrote vil en el Estado español. Todo parece indicar que su ejecución se vio arrastrada por la decisión de llevar a cabo el cumplimiento la condena a pena de muerte del militante anarquista sin remisión. Para que no se notara la saña del régimen con el luchador anarquista parece que se decidió llevar a cabo la condena del delincuente preso en la cárcel de Tarragona que no tenía ningún apoyo ni familiar ni social en su defensa. Así, sus vidas con distintos caminos acabaron unidas en las portadas de la prensa del momento como los últimos ajusticiados de forma sádica por un régimen sangriento.

 

 Actos que se celebrarán en homenaje a Puig Antich

 


 


Charo Arroyo

sábado, julio 1

“Nadie salió en apoyo de Salvador hasta que lo mataron”

 


A casi nadie le dice nada este nombre, Antonio López Sierra. Apenas una veintena de familias, además de investigadores, escritores o cineastas, son los únicos que pueden saber que quien está detrás de esa identidad es un extremeño nacido en 1913, involucrado en actividades delictivas desde los diecisiete años, cuyo modo de vida tuvo que ver con robar, de la manera que fuera, y cuya rutina consistía en entrar y salir de la cárcel, al ritmo de sus delitos que siempre tenían que ver con abusar de personas débiles y sin recursos para defenderse. “Éramos los chivatos de la policía. Íbamos por las ferias a buscarnos la vida con el timo del tocomocho, de la estampita o de las tres cartas”, explicaría el propio López Sierra. Se alistó en el ejército sublevado en 1936; luego fue voluntario en la División Azul y, de vuelta en España, ejecutó a garrote vil a veinte personas, siempre por encargo de algún juez, porque desde 1949 hasta 1975 ocupó la plaza de verdugo titular en la Audiencia Territorial de Madrid. Estremecen las declaraciones de este hombre en el célebre documental de Basilio Martín Patino Queridísimos verdugos (1977), al que pertenecen las confesiones antes citadas. La última víctima de este siniestro personaje, y también el último ejecutado a garrote vil en España, fue Salvador Puig Antich, militante del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL). Puig Antich era anarquista. 

Salvador Puig Antich murió a manos del verdugo en la cárcel Modelo de Barcelona la mañana del 2 de marzo de 1974, tras una detención rocambolesca y un juicio que, desde el primer momento, fue una puesta en escena grotesca en la que no se respetaron los principios más elementales del derecho penal ni del derecho procesal, o siquiera los derechos humanos. Antes de ejecutarle, las autoridades del régimen franquista se afanaron en despojarle de sus ideas anarquistas y borrar el sentido de sus actos, sus principios políticos y su vida. Lo presentaron ante la opinión pública como un asaltabancos, pistola en mano, sin conciencia ni escrúpulos. Hoy, gracias a investigaciones hechas por periodistas o juristas, como la de Jordi Panyella, se va demostrando y documentado la farsa en que consistió un juicio que terminó en condena a la pena capital, y en el que se hicieron desaparecer pruebas fundamentales, llegando incluso a alterar el sumario.

Esta entrevista con Merçona Puig Antich, hermana menor de Salvador, no gira en torno a los hechos que desencadenaron la ejecución del joven anarquista a los 25 años, sino más bien a cómo se vivió todo aquello dentro de la familia; el relato de un proceso que comienza cuando un joven toma la decisión de dedicarse a la política, enfrentándose al régimen, y termina en un bar de Barcelona, El funicular, en el que la policía esperaba a dos amigos anarquistas allí citados. La emboscada terminó con un tiroteo en un portal, un policía muerto por cinco impactos de bala, y Salvador Puig Antich herido por dos. De su pistola, la de Salvador, salieron tres disparos, pero no cinco, que era el número de balas incrustadas en el policía muerto. Esto ya se ha demostrado, sin consecuencias jurídicas, de momento. 

Merçona Puig Antich tenía trece años cuando ejecutaron a su hermano. Ha participado en innumerables entrevistas, actos, charlas en colegios hablando de Salvador, de su vida y de su muerte. Sin duda, se siente cansada de todo esto, pero ella misma declara su intención de no dejar de hacerlo, porque la muerte a garrote vil del anarquista Puig Antich no solo le marcó de por vida a ella y a sus hermanas, sino que ha sido y sigue siendo su lucha: que se reconozca la verdad o, mejor dicho, las mentiras de un juicio que fue sobre todo una burda farsa para condenar a morir por el método medieval del garrote vil a una persona cuyo delito consistió en plantarle cara al franquismo. La ejecución de Salvador Puig Antich se ha convertido en símbolo de la crueldad y la represión de la dictadura franquista.

¿Cómo marcó a la familia el asesinato de su hermano?

No sé muy bien cómo nos marcó o cómo explicarlo, pero hay un antes y un después. Y además de la manera en que fue aquello, porque fue algo sumamente macabro, a garrote vil, un método medieval. Por suerte, somos cuatro hermanas y nos apoyamos entre nosotras; todo lo hemos pasado juntas. Tengo que decir que ya no me imagino la vida sin aquellos hechos. Yo tenía trece años cuando mataron a mi hermano, era muy pequeña, y ahora no tengo ni idea de cómo habría sido mi vida sin ese hecho, es algo que ha formado parte de mi vida siempre. Además, todo aquello me condujo a desilusionarme con el género humano, he sentido mucha rabia en este proceso, que ha sido muy largo. Es verdad que las cuatro [hermanas] hemos seguido muy activas en todo lo que tiene que ver con Salvador, aunque totalmente desencantadas. Es un sentimiento de desencanto que te llega muy adentro, y la sensación de que no te fías de nada ni de nadie. 

Lo dice porque hubo gente que les falló en aquellos momentos tan duros. 

Sí, pero no a nosotras, sino a Salvador. Nadie salió en su apoyo hasta que lo mataron. Como era anarquista, no tenía una masa política fuerte detrás. Todo el mundo estaba a la expectativa, a ver qué pasaba [si Franco conmutaba la pena de muerte], sin decir nada; pero cuando se lo cargaron, claro, todo el mundo salió a la calle; y sí, hasta entonces, todos mirándose a ver qué hacía el otro. Esa es al menos la sensación que hemos vivido en la familia.

¿Cree que esa actitud pasiva de la que habla pudo deberse a que caló la propaganda del régimen para presentar a su hermano como preso común y no como alguien perseguido por sus ideas políticas?

Sí claro, esa era la idea de Franco, eso es lo que quería; por eso ejecutó también a Heinz Chez [disidente de la República Democrática Alemana, condenado en España por matar a un guardia civil], lo mataron junto a él. Y esto era un mensaje que importaba de cara a la opinión internacional, les interesaba mucho que llegara al exterior ese mensaje de presentar a Salvador como un delincuente común y no como un preso político. Por otra parte, en todo aquello pesó su ideología anarquista, y por eso ni comunistas ni socialistas le apoyaron hasta que lo mataron. Solo tras su muerte salieron todos a la calle protestando porque se había hecho una injusticia enorme. O al menos nosotras lo vivimos así.

Retrocediendo un poco, ¿en su familia estaban enterados de la actividad política de Salvador?

Que estaba en el MIL, no [el Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate (MIL) fue una organización anticapitalista y guerrillera activa durante los inicios de la década de 1970 en Cataluña], pero que hacía algo especial, sí. Yo tenía trece años, le había conocido antes como jipioso, y de pronto un día me viene a buscar al cole con traje y corbata y un coche; recuerdo que yo pensé: “Pero ¿qué hace así mi hermano?”, porque su imagen era completamente distinta. Y él me decía: “Negocios, negocios, pero no le digas a nadie que te he venido a ver”. Y yo me callaba, claro, porque si no, no volvería a recogerme al cole. Pero, desde luego que algo sabían mis hermanas. Yo al principio no me daba cuenta de nada; pero luego vas perfilando un poco por lo que oyes a tus hermanas y por cosas que iban pasando. Y más tarde, cuando se dejó la bolsa aquella…

¿Qué bolsa?

Bueno pues una bolsa que se dejó en un bar en el que había quedado con documentos, carnés falsos… te puedes imaginar. La encontró la policía; mi madre se enteró, y algo hizo para arreglar las cosas y que quedara todo bien, pero a partir de ese momento mi madre y mis hermanas se dieron cuenta de que estaba muy involucrado en algo; en la familia veían que detrás había algo político, pero no sabíamos ni dónde militaba ni nada. Yo me enteraba menos porque era mucho más pequeña.

Además, su familia era de ideas progresistas, ¿verdad? 

Sí, excepto mi padre; había tomado parte en la batalla de Belchite, había estado en un campo de concentración, en Francia, y cuando regresó no quiso saber nada de ideas políticas; quedó muy tocado y a él no le gustaba nada que Salvador estuviera metido en asuntos políticos. 

¿Dónde adquirió su hermano sus ideas políticas, su activismo?

Sobre todo, en el instituto. Él había sido siempre muy justiciero. En el colegio, iba a los salesianos [colegio de la burguesía al que también acudían alumnos becados], y también iba el hijo del portero y otros así; y si un profesor o algún chico se metía con ellos, él salía a defenderlos y por estas cosas le expulsaron de varios centros. Desde muy pequeño tuvo conciencia social, y en el instituto fue cuando empezó a militar. Luego se fue a la mili y, al volver, estuvo medio año pensando si seguir estudiando o dedicarse a la política; si militar y dar la vida por la política o no. Lo pasó muy mal hasta tomar la decisión. Su compromiso con la política fue una cuestión muy meditada, no surgió de manera repentina. En esa época de plantearse su militancia vivía con mi hermana mayor, y ella siempre cuenta que Salvador lo pasó realmente mal, no podía dormir; se pensó muy bien hacia dónde ir. Yo iba a verle y recuerdo que estaba de mal humor, se le notaba inquieto. 

¿Se les pasó por la cabeza que pudiera llegar a ocurrir lo de aquel 25 de septiembre de 1973, cuando su hermano es herido y detenido tras una emboscada en Barcelona y acusado de matar a un policía?

Nosotros no nos lo esperábamos para nada; además, nos enteramos por la radio. Nos enteramos de que estaba en el Hospital Clínico, que había salido herido del tiroteo, entonces mis hermanas salieron corriendo al hospital y allí se plantaron y se pusieron a gritar: “¡Som aquí, som aquí!” Porque la policía no les dejaba entrar.

A partir de ahí, los hechos son bien conocidos, aunque no tanto lo que ocurría detrás de todo aquello, es decir, lo que pasaba en la familia. 

El abogado de Salvador, José Oriol Arau, era el que nos informaba. Con la policía y las autoridades nunca tuvimos contacto. Estaban las visitas a la cárcel; él, mi hermano, tenía la boca llena de hierros y gomitas, porque el tiro le había dado en la mandíbula, y le costaba hablar, se le entendía mal. Pero se recuperó. Es verdad que tampoco podíamos hablar mucho rato con él. Y nunca hablamos de política; hablábamos de la familia, de lo que había hecho cada uno, conversaciones triviales, como si no pasara nada o tratando de quitarle hierro a la situación. Donde hablábamos era un locutorio, estábamos separados por un cristal, y además es que teníamos que hablar en castellano, si hablabas en catalán salían a regañarte, porque estaban ahí, escuchando. 

Le quería preguntar por el 3 de marzo de 1974, que es el día siguiente a la ejecución de Salvador. 

Fuimos al entierro. Aquel día no llovía, y sí, ese día había muchísima gente por la calle; todos querían entrar dentro del cementerio, a nosotros nos costaba llegar; fue brutal. Ese día sí que hubo muchísima gente por todas partes, protestando. La última noche había sido muy dura. Yo no estuve en las doce horas que daban para estar con la familia, porque Salvador no quiso que yo estuviera, porque para él eso hubiera sido muy duro, era la hermana pequeña. A las ocho de la mañana fui al bar de la cárcel; ahí estaban ya mis hermanas, porque las habían echado. Todo eso fue muy triste, muy triste; la espera a que saliera el féretro. Yo lo recuerdo todo raro, duro, como algo que no te lo crees, que no parece que pueda estar sucediendo. 

Porque además fue un ‘chivo expiatorio’.

Lo era. Y ya lo dijo él. Pero es que al cabo de unos meses se cargaron a los cinco [los cinco ejecutados el 27 de septiembre del 75, tres miembros del FRAP y dos de ETA]. Y ahí los abogados lo pelearon de verdad, pero por lo visto no había suficientes garrotes para matarlos, y por eso los fusilaron. Todo era venganza pura y dura. Además, Salvador vio clarísimo que todo se había acabado cuando el atentado de Carrero Blanco; en ese momento no tuvo ninguna duda de que aquello que muchos celebraron para él iba a suponer la pena de muerte.

Decía antes que usted y sus hermanas están algo desencantadas, sobre todo por la respuesta que se ha dado a las reclamaciones en torno al juicio de Salvador Puig Antich. Pero siguen siendo militantes activas; por ejemplo, usted pertenece a La Comuna, una asociación de presos del franquismo.

Lo de Salvador me hace moverme, a tope, pero otras cosas me cuestan más. Nosotras vamos a institutos, a muchos sitios, a intentar crear conciencia porque no puede ser que la gente se olvide de todo lo que pasó. También hay muchos casos de trabajos forzados, es asqueroso, fueron muy crueles.

 

Ritama Muñoz-Rojas 

https://ctxt.es

miércoles, junio 7

Neoliberalismo y castigo


Autor: Ignacio González Sánchez. Bellaterra Edicions. Marzo 2021. Prólogo de Loïc Wacquant. 250 páginas.

Ignacio González Sánchez es sociólogo y profesor de Criminología en la Universitat de Girona y autor de artículos en revistas y capítulos de libros sobre prisiones, teoría social y criminalización de movimientos sociales. Hace años, publicamos en este medio una serie de artículos suyos sobre la función que tienen las prisiones en nuestra sociedad.

Este ensayo te permite profundizar en muchas de las cuestiones que explica Dani Jiménez en la entrevista que le hemos realizado este mes. Aborda la relación entre el crecimiento económico español y el desarrollo del neoliberalismo con el aumento de la penalidad y de la tasa de personas presas. Es decir, atribuye el crecimiento de la población penitenciaria a factores económicos/mercantiles/estructurales y no meramente a lo “duro” o “blando” que sea el Código Penal en un momento dado en una legislatura determinada (sin perjuicio de que esto también pueda resultar importante).

Hoy tenemos más policías y más personas presas que hace cincuenta años, y un Código penal más duro que el vigente cuando Franco murió. No obstante, la delincuencia lleva décadas sin aumentar. Además, España tiene uno de los niveles de delincuencia más bajos de Europa y es, sin embargo, de los países con más efectivos en las fuerzas del orden y más personas en la cárcel. También es de los países europeos con más precariedad laboral y con menor protección social.

En este libro se trata de comprender el desarrollo de la penalidad en la democracia española. Para ello se explora la propuesta de Loïc Wacquant, quien propone comprender la expansión del sistema penal como una característica del neoliberalismo. Esta expansión se analiza en relación con las transformaciones del mercado laboral, de la política social y el auge del individualismo. El objetivo final del ensayo es doble: defender un estudio sociológico del castigo estatal y contribuir a una mejor comprensión de la implantación de las políticas neoliberales en España.

Como dice Loïc Wacquant en el prólogo, “Neoliberalismo y castigo establece nuevos estándares para el estudio sobre el castigo, la desigualdad y el Estado en la península ibérica y constituye una seductora invitación a los académicos españoles para unirse al debate global que busca descifrar el lugar de la penalidad en la construcción de la ciudadanía europea en el siglo XXI”.

sábado, abril 8

“¡Ni uno más, ni una más!”. Un primer paso para la Plataforma de Familias por las Muertes en Prisión

 


A partir de varias entrevistas personales realizadas a miembros de la Plataforma de Familias por las Muertes en Prisión, un compañero nos habla de quiénes han formado recientemente este colectivo y los motivos que les han llevado a ello. Historias de familias que han perdido a alguien fallecido bajo custodia de Instituciones Penitenciarias y que han decidido no callarse y luchar para que sus casos no sigan repitiéndose.

El pasado 6 de octubre varias decenas de familiares de presos fallecidos bajo custodia acudieron de diferentes puntos de todo el Estado y se concentraron en Madrid, frente a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. En la concentración demandaban a la institución verdad y justicia en el esclarecimiento de la muerte de sus familiares. Los familiares implicados, en su gran mayoría madres y hermanas de presos fallecidos aprovecharon para contar sus casos y expresar su rabia y su sufrimiento, señalando el trato inhumano al que sus parientes fueron sometidos y reclamar la investigación sobre la muerte. La concentración fue la primera que realiza la Plataforma de Familias por las Muertes en Prisión, colectivo que espera poder realizar más acciones de este tipo y dar visibilidad a la situación de injusticia, opacidad, torturas y falta de medios sanitarios en las prisiones del Estado.

Las familiares acudieron a la prisión con carteles que aludían a la violencia institucional y la falta de investigación de las conductas delictivas. Las fotografías de los fallecidos estampadas en las pancartas o las camisetas se acompañaban de mensajes como “Siempre contigo, Miguel Ángel” o “Antonio Rivero Juez: investigación y justicia, su familia, pedimos la investigación del fallecimiento bajo custodia en el centro penitenciario de Badajoz, el 25 de abril de 2020”. A propósito, la antropóloga María Pita señala la función testimonial de este tipo de fotografías y mensajes como un medio para simbolizar el sufrimiento y reclamar justicia, un elemento que permite dar al fallecido el estatus que se merece como persona y que el Estado le negó. Como me contaba Ana, hermana de Julián, fallecido en la prisión de Alcalá Meco, la fotografía de su hermano “representa las injusticias… de él, y de todos los que han fallecido ahí, todas las injusticias que se cometen ahí adentro en las que nadie, NADIE toma cartas en el asunto, ni un juez ni un fiscal”. La concentración transcurrió con normalidad, con momentos de fuerte emotividad al canalizar la rabia contra las instituciones.

 

¿Qué tenían en común estas mujeres? La mayoría pertenecían a clase trabajadora, sus familiares, todos jóvenes de entre 18 y 35 años tenían problemas de drogadicción o salud mental y habían acabado en la prisión-depósito, ese espacio institucional en el cual el control se ejerce no a través de la disciplina o la corrección, sino como diría Basaglia, a través de la droga o la enfermedad como medios de control por destrucción. Sus hermanos o hijos se encontraban en módulos conflictivos y de aislamiento, aquellos que la institución considera aptos para los peligrosos o difíciles, a los que se controla mediante la perpetuación de sus problemas. Todas estas mujeres habían decidido dar un paso adelante, politizar el malestar y convertir el sufrimiento en un elemento político.

Por lo general, las familiares veían la prisión como un espacio en el que la integridad física de sus hermanos o hijos estaba en peligro antes de su muerte, ya fuera por sus problemas de salud, la falta de recursos para tratarlos, los conflictos con los carceleros u otros presos y el fácil acceso a drogas y psicofármacos. Es preciso señalar que las cárceles cuentan con 200 médicos para atender a 55.000 presos, de los cuales entre el 50 y el 75% tiene problemas de salud mental o drogadicción. Como señala el informe del Comité de Prevención de la Tortura (CPT) de 2021 la atención psiquiátrica es prácticamente inexistente.

El miedo dificultaba además que estas mujeres actuaran libremente para denunciar dichas situaciones por lo que pudieran hacer contra sus familiares. Mari Ángeles, madre de Adrián, fallecido en Morón, me relataba cómo una vez que su hijo había fallecido, la institución ya no la podía acallar porque no tenía nada que perder: “se aprovechan del miedo que infunden ellos, del terror, porque son terroristas… el miedo paraliza, pero a mí ya no me pueden hacer nada”.

Las familiares cuentan cómo vivieron la situación de fallecimiento, dando una versión muy diferente de los hechos a la de la prisión. Pamela, hermana de Manuel, fallecido en la prisión de Badajoz reclama que su hermano no recibió atención médica cuando la requirió: “estuvo un año con leucemia, le mandaban paracetamol, no le hicieron analíticas, no le sacaron y murió…le sacaron para morir”. Asimismo, Mónica relataba la situación de su hermano Samuel en Tenerife II, que con 31 años y estando en silla de ruedas falleció con golpes en la cabeza y las manos: “lo que queremos saber es de qué son esos golpes si la autopsia no lo recoge ¿por qué están esos golpes? Y hay pruebas, incluso hay un médico forense que pagamos la familia que reconoce que los golpes que tiene Samuel son golpes contusos vitales”.

Tanto en la concentración como en las entrevistas, las mujeres hacen referencia a la falta de interés en investigar los fallecimientos. Victoria, madre de Jesús, que su hijo falleció en la cárcel de Sevilla I me contaba que a la investigación de su hijo le querían “dar carpetazo…oye perdona mira, pero ¿una sobredosis en prisión? ¿cómo? ¿si en la prisión no se puede entrar droga? Mi hijo estaba bajo custodia de Instituciones Penitenciarias” señalando así la responsabilidad última del Estado sobre el fallecimiento. Aina Graciela, madre de Claudia Ximena, fallecida en Wad Ras, denunciaba que la investigación llevada a cabo por parte de los mossos constaba de 6 folios: “yo quiero claridad, quiero transparencia, quiero que se me diga, señora, este es el protocolo, este funcionario hizo así, actuó de esta forma, su hija ese día peleo con el funcionario por esto… pues vamos a investigar a ese funcionario, sería lo correcto”. Al respecto Ana, hermana de Julián me contaba que su impresión era que las autopsias eran “copias y pegas” y que se sentía muy poco respaldada por la justicia, puesto que tenía pruebas de la negligencia médica que había sufrido su hermano, testimonios de que a su hermano no le llevaron al médico pese a las demandas reiteradas de todos sus compañeros.

Los familiares apuntan continuamente a que sus parientes detenidos han recibido un tratamiento inhumano. Así, interpelan directamente a la institución, intentando poner a prueba, con Rancière, el enunciado de la igualdad del ser humano: ¿estar privado de libertad implica merecer el mismo trato a nivel sanitario? ¿tener el mismo acceso a la justicia? ¿tener el derecho a ser protegido, a ser respetado, a vivir? Como me contaba Ángeles, cuyo hijo José Joaquín falleció en la prisión de Sevilla: “¿no son seres humanos? QUE SON SERES HUMANOS… tenemos que acabar con esto es una injusticia muy grande, que se haga esto por 500 euros por los que estaba condenado mi hijo… y los poderosos, sus hijos no entran, no la pisan”.

El CPT en su informe de 2021, que las familiares tuvieron oportunidad de relatar, indicaba las múltiples deficiencias del Estado Español en materia de prevención de la tortura, señalando la perpetuación de prácticas de maltrato físico y verbal, la falta de investigación de las quejas de los internos, la ausencia de cobertura de las cámaras de seguridad y las dificultades de acceso a las grabaciones: “la visita del CPT en 2020 demuestra que sigue existiendo un patrón de malos tratos físicos infligidos por los funcionarios de prisiones como reacción desproporcionada y punitiva”.

Tras el fallecimiento, las familiares describían el trato de la prisión como vejatorio. Algunos de ellas recibieron la noticia por teléfono y no pudieron recoger las pertenencias de sus parientes. Aina Graciela me contaba que el mismo día que falleció su hija acudió a la prisión donde le sacaron sus enseres en “bolsas de basura… todas las cosas de mi hija salen en bolsas negras… todo tirado… o sea… aquí tiene las cosas, llévese a su muerto, y ya está”.

Las situaciones de duelo a las que los familiares se enfrentan son complicadas. Algunas de estas mujeres se encuentran en tratamiento psicológico y psiquiátrico a consecuencia del fallecimiento: la gravedad de los hechos, la falta de investigación, de explicaciones claras y de reconocimiento institucional dan lugar a una vivencia traumática. Algunas de ellas habían tenido que dejar de participar en grupos de apoyo por las dificultades que les suponía enfrentarse cotidianamente a hechos similares. Otras señalaban que el poder expresarse tenía cierto componente catártico, pero, en cualquier caso, todas indicaban la importancia de tener una red de apoyo para poder lidiar con la situación.

Los familiares de los presos son una de las formas de protección más importantes contra la impunidad. Su lucha puede contribuir a la mejora de las condiciones de vida de la población reclusa, a la vigilancia de malos tratos y la reducción del punitivismo. La Plataforma no sólo lucha por la investigación de sus casos, sino por evitar que más casos como los suyos sucedan. Ángeles me decía “yo ya no le voy a dar a mi hijo la vida… pero no quiero que eso le siga pasando a los chavales porque es que ellos no tienen protección ninguna ahí adentro, es que hacen con ellos lo que les da la gana, y es una injusticia muy grande”.  Así mismo, las personas de la Plataforma luchan contra la negación del sufrimiento que comete la mayoría social por el hecho de que las víctimas son personas presas. Como me contaba Mari Ángeles de Sevilla: “lo mismo que las mujeres maltratadas, que antes sufrían y les decían que tenían que hacerle caso al marido, lo veían normal… hoy en día hay una ley que las defiende y las protege, pues esto tiene que ser igual, a base de luchar, luchar y luchar”. Esperemos que sea así y que esta concentración sea sólo un primer paso para la Plataforma.

 

Para contactar con la Plataforma: pmuertesenprision@gmail.com