Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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lunes, febrero 8

COMUNICADO DE LA CNT-AIT DE GRANADA RESPECTO A LA DETENCIÓN DE LOS INTEGRANTES DE “TÍTERES DESDE ABAJO” POR SUPUESTO ENALTECIMIENTO DEL TERRORISMO

El viernes 5 de Febrero los dos integrantes de “Títeres desde Abajo” fueron detenidos en el transcurso de su última obra, “La Bruja y Don Cristóbal”, bajo la acusación de enaltecimiento del terrorismo. Nuestro sindicato conoce a estas dos personas: una de ellas es militante de nuestra Organización, y la otra es un gran y querido amigo que conocemos desde hace años. Esta obra no es la primera de “Títeres desde Abajo”.

“La Bruja y don Cristóbal” se estrenó en Granada el pasado 29 de Enero y se repitió el 31 del mismo mes. Muchas personas pudimos asistir a los dos actos, y conocer la trama y su trasfondo. Su posición, que procura ser humanitaria, ante ciertos problemas de actualidad, podía chocar con el de otras posturas políticas. La obra sí defiende la convivencia, la tolerancia y la aceptación de lo diferente. Los enfrentamientos que se producen son ante representaciones de poderes que no lo aceptan, y en ese sentido se desarrolla la trama.

En la actuación del 5 de Febrero, ya en Madrid, parte del público asistente se sintió muy molesta con la obra, y lejos de limitarse a una cuestión estética o de criterios, llamaron a la policía para denunciar una supuesta enaltecimiento del terrorismo. La policía acudió y procedió a detener a los integrantes de Títeres desde Abajo, que habían tenido que interrumpir la obra por la acción de los descontentos. Desde entonces, están incomunicados y en comisaría.

La prensa, fiel a la fácil fórmula “noticia impactante y difícil de comprobar”, concentrada también en el morbo de determinadas figuras políticas de Madrid, ha procedido a publicar la denuncia tal cual, sin contrastar la versión de los acusados, dando por resultado un relato completamente erróneo de lo que es la obra que pudimos ver en Granada, y que esperamos documentar pronto. En el contenido de las noticias se subrayaba la exaltación del terrorismo por medio de una pancarta con el lema escrito de “Gora Alka-ETA”, sacando de contexto la trama. Asimismo, se hablan de asesinatos y violaciones a monjas y jueces.

Al respecto, y para indicar unas necesarias aclaraciones, debemos relatar lo que es, en realidad, la obra. En esencia, “La Bruja y don Cristóbal” procura representar, bajo las figuras recurrentes de cuentos y teatros, la “caza de brujas” al movimiento libertario que ha sufrido en los últimos años, con los montajes policiales estilo “Operación Pandora”. La obra está protagonizada por una bruja, que representa a las personas de mala fama pública, y que se ve en la situación de enfrentarse a los cuatro poderes que rige la sociedad, esto es: la Propiedad, la Religión, la Fuerza del Estado y la Ley. La protagonista está en su casa, y, en primer lugar, su vida es interrumpida por la aparición del “Propietario”, que resulta ser el legítimo poseedor legal de la casa donde vive. No existen monjas violadas; bajo la forma de los muñecos, los adultos podemos comprobar que el propietario decide aprovecharse de la situación para violar a la bruja; en el forjeceo, la bruja mata al propietario. Pero queda embarazada, y nace un niño. Es entonces cuando aparece la segunda figura: una monja, que encarna la Religión. La monja quiere llevarse al niño, pero encuentra resistencia en la bruja, y en el enfrentamiento, la monja muere. Es entonces cuando aparece el Policía, que representa la Fuerza del Estado, y golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente, y tras ello, construye un montaje policial para acusarla ante la Ley, colocando una pancarta de “Gora Alka-ETA” sobre su cuerpo, que intenta mantener en pie para realizar la foto, como prueba. A partir de este montaje policial, surge la cuarta figura, que es la del Juez, que acusa, y condena a muerte, a la protagonista, sacando una horca. La bruja se las arregla para engañar al juez, que mete la cabeza en su propia soga, y la aprovecha para ahorcarle, para salvar su propia vida. El relato continúa algo más, pero esta es la esencia de lo que transcurre, y donde se encuentra toda la polémica.

Se puede valorar si la obra es o no es para niños o para todos los públicos, pero resulta sorprendente que dos personas estén detenidas e incomunicadas por una cuestión de mayores de doce o dieciocho años. Si bien se hace necesario indicar que, más allá del reclamo de unos títeres, Títeres desde Abajo nunca ha mencionado que su última obra es para niños. En su blog dividen sus obras en las dedicadas a todo el público, “Teatro Popular”, y las específicamente para niños, “Espectáculos Infantiles”. “La Bruja y don Cristóbal” no aparece en esta última sección, por lo cual no se puede acusar a Títeres desde Abajo de engaño y atraer a un público determinado. El hecho de usar muñecos no lo hace necesariamente infantil, y en ello estaría de acuerdo el “cuervo Rockefeller”. Asimismo, en la sinopsis presentada se hablaba claramente de “cachiporras” y de “libertad”. No se puede insistir en que el problema es que no se sabía el contenido por parte de los asistentes. Obviamente, de terrorismo no, porque no hay terrorismo. Pero, en cualquier caso, en la actualidad, los niños presencian cotidianamente cosas mucho peores, no solo en la televisión, sino en la propia calle que pisan, y no vamos a entrar en detalles sobre si hay padres que los llevan a los toros, la politización de muchas chirigotas que actúan en plena calle (y nos parece fenomenal), les enseña historias de crucificados o los llevan a ver bambi. Dicho esto, creemos que es importante ver la obra: aunque pueda ser de mayores, no es tan dura como se ha presentado, que da la sensación de ser una nueva parte de Saw.

Sin embargo y en cualquier caso, es absolutamente inexistente el enaltecimiento al terrorismo, el motivo por el que han sido detenidos y puestos en absoluta incomunicación. Una medida represiva que resulta extremadamente paradójica: es precisamente lo que denuncia la obra. No deja de sorprender cómo las leyes contra el terrorismo pueden servir con tanta eficacia a prejuicios políticos bien definidos e imponer situaciones de indefensión a los acusados, con tan solo unas palabras de los denunciantes. Personas que confunden el terrorismo con lo que no aceptan social ni políticamente; que se indignan ante la censura a Charlie Hebdo pero que luego no dudan en hacer de talibanes ibéricos; que defienden a los niños de la politización representada en una denuncia a los desahucios, mientras ignoran la politización de la enseñanza y de la religión que les meten entre oreja y oreja, o que claman “es la ley” cuando un niño y su familia se quedan sin casa, hecho “sin duda, poco político”.

A todo ello, se suma el Ayuntamiento de Madrid, que quiere denunciar a Títeres desde Abajo, como reacción netamente política que se debe, indudablemente, a su necesidad de responder públicamente a las acusaciones de complicidad con los detenidos, que se realiza desde los sectores reaccionarios de la derecha española y buena parte de la prensa, que busca desesperadamente cualquier ataque político, sin importar la libertad de la gente. Bellos aquellos años donde un 15-M, que se esfuerzan en representar, era objeto de todo tipo de acusaciones ridículas.

Desde nuestro sindicato queremos expresar nuestro apoyo a Títeres Desde Abajo, exigimos la inmediata libertad de los detenidos y el libre ejercicio de la creación artística. Estamos en otra situación de represión política ejercida por las autoridades y un sector social muy definido políticamente en este país. Las energías que gastan ante representaciones artísticas, bien podían usarlas para fines más importantes para personas realmente necesitadas, pero es evidente que todo no es más que una máscara para ocultar intenciones políticas que se transmiten por la fuerza y no la cultura. Finalmente, agradecer a todas las personas, asociaciones y organizaciones que en el transcurso de unas pocas horas han mostrado su apoyo a Títeres desde Abajo y que han contactado con nuestra Organización al conocer nuestra relación directa con los dos detenidos, que esperamos que salgan libres inmediatamente.


CNT-AIT Granada
6 de Febrero de 2016

sábado, diciembre 7

The Living Theater

Dedicamos estas entrada a un grupo teatro, que no solo se convirtieron en una fundamental grupo de varguardia artística, también serán una comunidad anarquista que vivía y trabajaba según las ideas libertarias con el permanente objetivo de transformar la sociedad jerarquizada y autoritaria.

The Living Theatre es una compañía de teatro fundada en 1947 en Nueva York, que tiene como objetivo la representación de obras experimentales y que ha servido de inspiración a muchos otros grupos alternativos; en este sentido, es el grupo de teatro más antiguo que existe. Para esta compañía, el teatro es una forma de vida y sus integrantes viven en comunidad según los principios libertarios; el propósito es transformar la organización del poder en el seno de una sociedad jerarquizada para lograr una comunidad cooperativa de expresión. Los temas que se abordaban era con frecuencia controvertidos para intentar activar al público y conseguir su integración en el espectáculo; así, un cierto espacio era reservado para la improvisación. Puede decirse que las raíces de estas representaciones están en el teatro de la crueldad, de Antonin Artaud, ya que se llevaban a cabo en plena calle o en naves industriales; Artaud expuso sus ideas en la obra de 1938 El teatro y su doble, la intención era dejar una impronta en el espectador que le perdurase, sorprenderle con situaciones impactantes e inesperadas.

Julian Beck y Judith Malina, también compañeros sentimentales, fueron los fundadores y los principales impulsores de The Living Theatre; la creación de esta compañía se produjo en un contexto en el que se cuestionaban todas las convenciones teatrales, como el lugar del actor en el teatro, la función del público o la utilidad de la obra escrita. Este teatro, que podemos llamar de creación colectiva, nace como parte del deseo radical de muchos grupos de luchar contra el sistema autoritario; puede considerarse a The Living Theater la compañía paradigmática de creación colectiva en las décadas de los sesenta y los setenta. El acto inaugural del grupo teatral fue en el propio domicilio de sus creadores, con el espectáculo Ladies Voices, actos únicos de Paul Goodman, Gertrude Stein, Bertol Brecht y García Lorca. El primer gran éxito de The Living Theatre será The Connection, en 1959, un drama sobre la adicción a las drogas escrito por Jack Gelber; la obra utilizaba a verdaderos drogadictos como actores, convocados por una productor para rodar un documental, algunos de los cuales realizan improvisaciones auténticas mientras que las de otros son falsas.

Notable éxito tuvo también la obra The Brig, en 1963, de Kenneth Brown, en la que se describe la cruel cotidianeidad de una prisión militar. En su intento de rechazar cualquier ficción, la compañía reproduce el manual de los marines norteamericanos con la idea de crear las mismas situaciones aberrantes producidas en la realidad entre guardias y prisioneros; tanto en ensayos, como en las representaciones, se dejó un margen para la improvisación de víctimas y verdugos. Pude afirmarse que con este espectáculo, The Living se consolidó como la vanguardia artística en Norteamérica y como el paradigma teatral de la lucha política en los años 60. El sistema no tardará en advertir el peligro y ese mismo año 63 los agentes fiscales cierran el teatro con la excusa de una deuda con el Estado; los agentes ocupan el inmueble, pero los actores también se encierran en el escenario, situación que dura varios días. La gente apoya a la compañía y le proporciona recursos para resistir creando una línea con la calle de protesta libertaria; se programa una nueva representación, que la policía no puede impedir, pero cuando finaliza se realizan 25 arrestos y Judith y Julian son procesados. Se suceden las denuncias, los intentos de resistencia y algunas semanas de prisión.

En 1964, después de aquellos conflictos, comienza una mítica gira de la compañía por Europa durante cuatro años; en ella realizarán sus representaciones más importantes. Como ya hemos dicho, no hablamos solo de un grupo experimental de vanguardia artística, también se trata de una comunidad que convive según las ideas anarquistas y que tratan de extender al conjunto de la sociedad. Así, los principios libertarios hacían que no existiese distinción entre director y actores, se pretendía un trabajo verdaderamente colectivo; su peregrinaje por Europa no hará más que fortalecer su condición de comunidad. Sus ideas pueden resumirse en dos principios: el teatro de creación, según el cual se considera cada proceso de construcción escénica un acontecimiento único y singular, sin modelo previo, permanentemente cambiante y con una dramaturgia no esclavizada por la obra literaria (desde este punto de vista, el escritor acaba convirtiéndose en otro miembro del grupo); el otro principio fundamental es el de teatro colectivo, ya que la creación escénica surge del grupo y no del individuo al considerarse que éste se desarrolla y crece a nivel colectivo a partir de debates en los que todos participan. Este modelo colectivo insiste en la responsabilidad compartida y en la idea de que todo el mundo debe tener la posibilidad de expresarse.

La primera representación europea de The Living, como creación colectiva y con la participación activa del público, es Mysteries and Smaller Pieces (1964); se trataba de una mezcla de escenas preparadas en poco tiempo con elementos de meditación, improvisaciones y ejercicios interpretativos, que comenzaba con una representación de un mundo dominado por la ambición de poder y dinero. Será un gran éxito que tendrá hasta tres versiones diferentes; en esta obra, puede apreciarse la influencia de Artaud, tanto en propuestas escénicas como en los deseos de convertirse en una comunidad artística. La compañía se reafirma en un compromiso que no se limita a nuevas formas teatrales de representación de la ficción, sino en el deseo de provocar la revolución. Después de otras notables representaciones en los años siguientes, en mayo del 68 coinciden en Francia con las jornadas de insurrección impregnándose del espíritu del momento y llevando a cabo ensayos al aire libre rodeados por cientos de personas.

Llegarán de nuevo la persecución por parte de las autoridades y, de regreso a Estados Unidos  y a pesar de la buena acogida del público, la prensa les atacará de manera despiadada. Los enfrentamientos con las instituciones, la crítica y parte del mundo intelectual les empujará a fragmentar la compañía en cuatro células independientes con el permanente objetivo de continuar la lucha revolucionaria. La célula de Julian y Judith viaja en julio de 1970 a Sâo Paulo, sufriendo Brasil una dictadura terrible y los trabajadores unas condiciones infrahumanas; las propuestas de los artistas no soncomprendidas por el gran público y de nuevo sufren persecución estatal y encarcelamiento, situación de la que se liberan dos meses después gracias a una amplia campaña internacional. De nuevo en su país en 1972, llevan a cabo la representación de Siete Meditaciones sobre el sadomasoquismo político, basada en textos de Leopold von Sacher-Masoch; los temas serán la esclavitud, la represión sexual, el trabajo, el dinero, el Estado, la guerra y la muerte, que tendrán continuidad en los años siguientes en otras obras del mismo ciclo.

En 1984, Julian y Judith impartirán clases en la New York University, el mismo año en que se estrena su película autobiográfica realizada por Sheldon Rochlin y Maxime Harris. El siguiente año fallecerá Julian Beck debido a un cáncer de pulmón y en 1986 Judith Malina dirigirá un espectáculo retrospectivo de la compañía con la participación de miembros de los diferentes periodos de su larga vida. Tal y como escribió Julian Beck: "La creación colectiva. Concepción de una compañía teatral, un grupo de trabajo, como una comuna anarquista. Teatro libre. Y con él, improvisación: creación sobre la marcha. Compañía teatral itinerante como unidad programante, un modo de vivir al margen, fuera del cerrado centro. Teatro antiviolento. Teatro como portavoz de la anarquía, de la revolución no violenta, de la revolución".

domingo, mayo 19

Cultura del anarquismo español (1880-1913)


Lily Litvak

En Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Díaz del Moral da una espléndida definición del obrero consciente: “Leían y se educaban con apasionado entusiasmo.” Aún ahora, completa Brenan, “cuando se pregunta a los habitantes de Casas Viejas sobre los antiguos militantes, se oyen frases como “estaban siempre leyendo algo, siempre discutiendo. Su mayor placer era escribir artículos para la prensa anarquista en un lenguaje elocuente y apasionado.”

Estas palabras revelan la importancia que los libertarios atribuían a la educación y a la cultura. Nunca, ningún movimiento otorgó a la cultura tanto valor como los anarquistas. En Acracia se declara que por ella “las inteligencias y las voluntades dispersas se unen y conciertan en un pensamiento y una acción común y se forma esa entidad poderosa; el pueblo consciente.”

Para los anarquistas, la redención de los trabajadores debía ser obra de ellos mismos. Por medio de la educación estaba al alcance de su mano, pues el progreso no era mecánico ni determinista, sino producto de la voluntad y la actividad humanas. Sólo dependía de que el proletario se instruyese y así adquiriera conciencia de sus merecimientos, de sus potencialidades y derechos. Que el talento no es privilegio de los ricos, lo probaban los siguientes datos según La Protesta de Valladolid: que “El pontífice Adriano IV fue hijo de un mendigo”, “que Pío V guardó cerdos en su infancia”, “que el emperador de Marruecos Abel Moumen fue hijo de un alfarero”, “que Pizarro, el conquistador de Perú, era expósito, y Pedro, el fabulista, el hijo de un pobre esclavo.” Tales datos ratifican su creencia en el libre albedrío y su fe en el poder de la inteligencia y sensibilidad humanas. La voluntad de conciencia era motor de la historia, y diferenciaban tajantemente el fatalismo del determinismo social.

Se puede encontrar en forma novelada una relación del compromiso que el proletariado militante tenía con la cultura en las páginas de Justo Vives donde se relata como el protagonista, aunque injustamente encarcelado, se instruía, leía, conversaba, discutía con sus compañeros. En esa asamblea cotidiana se leía la prensa obrera y la burguesa, y de ésta se hacía crítica de los artículos dedicados a la cuestión social. Se estudiaban las obras más notables del movimiento obrero, se entremezclaba la lectura sociológica con la puramente literaria, filosófica y recreativa. Es de resaltar que aún las obras extranjeras se traducían de viva voz. Los compañeros más cultos daban conferencias, y el propio Justo disertó sobre diversas maderas, su aplicación y uso. Puede verse en esta obra que la cultura libertaria actuaba en ese presidio como catalizador para cristalizar un microcosmo libertario. Así “los ignorantes se ilustraban, los débiles se fortalecían y todos adquirían nuevo vigor y mayores bríos para dedicarse al trabajo redentor que ha de apresurar el advenimiento de la suspirada revolución social.”

Los anarquistas eran firmes creyentes en la educación. El obrero consciente se ponía inmediatamente a instruirse. Creían que lo único que impedía a otros pensar como ellos era la falta de educación. Por ello, atribuían gran importancia a las escuelas y generalmente ponían una en su centro. Azorín, en Anarquistas literarios, vincula el anarquismo racionalista con Platón, Carlos III, Macanaz, el Papa Gregorio el Magno, Lope de Vega. Predicaba “el triunfo de las nuevas ideas” y exhortaba: “Defiéndase la instrucción. Haga la iniciativa particular lo que el Estado no hace. Fúndense instituciones para la enseñanza, ábranse laboratorios donde puedan estudiar científicos, créense escuelas donde el obrero aprenda a ser hombre y a haga efectivos sus derechos.”

La educación empezaba desde la niñez. Modelo de las escuelas anarquistas era la Escuela Moderna, fundada y dirigida por Francisco Ferrer y Guardia , “iniciador de la educación y la instrucción sin mistificaciones ni resabios místico-convencionales o patrióticos”, según se complace pregonar Anselmo Lorenzo . Se rechazaba allí todo dogma o sistema, la Escuela tenía catorce sucursales en Barcelona, y treinta y cuatro en la provincia. Entre sus textos se contaban Cartilla filológica, primer libro de lectura, se ridiculizaban las condecoraciones, medallas, insignias y escapularios, se enseñaba a los niños las teorías evolucionistas y Dios era presentado como un ser fantástico. Las aventuras de Nono, segundo libro de lectura, proponía como realizable la utopía anarquista. El tercer libro de lectura Patriotismo y colonización, presentaba en la cubierta un globo terráqueo con las palabras “¿Cuál es la patria del pobre?” En Historia universal de Jacquinet se llama al comercio explotación del hombre por el capital, y se ataca al cristianismo.

En la novela León Martín o La miseria, sus causas y sus remedios de Carlos Malato, utilizada como libro de lectura, un pobre niño campesino de nueve años, plantea preguntas que revelan su inteligencia y agudeza. Sus padres, unos trabajadores pobres, temerosos y explotados no tienen respuestas a preguntas como “¿porqué hay pobres y ricos?”. Más tarde, sin embargo, aparece otro mentor en la vida de León Martín, el pintor Estanislao, un joven instruido y avezado en luchas terribles contra la familia de propietarios Manoff. Desde entonces, las preguntas y las respuestas se suceden con fuego, como “golpes de férreo eslabón contra un trozo de pedernal”, y a través de ellas, las ideas emancipadoras, se exponen con claridad y sin pretensión.

La construcción de esta novela a base de diálogos, preguntas y respuestas, conduce al lector a la conclusión lógica que encierra siempre enseñanzas ideológicas. Esta forma de escribir es constante en la literatura ácrata. Como puede verse en la serie de “Diálogos doctrinales” aparecidos en La Revista Blanca que aclaraban, en forma anecdótica, los postulados esenciales del ideario ácrata . De igual manera están construidos los diálogos de Sánchez Rosa, dirigidos a trabajadores del campo y el famoso Botón de fuego que se desarrolla como catecismo.

Para los anarquistas, la educación no se restringía a la niñez. Eran de gran importancia en la vida ácrata las conferencias y cursos de todo tipo dirigidos especialmente a los obreros. La sed de saber era enorme y abarcaba a todos los campos de la cultura y la ciencia. En los centros anarquistas se daban clases nocturnas de sociología, biología o gramática, y se fomentaba el cultivo de la literatura. Entre las más importantes actividades libertarias estaban las veladas literarias donde se leían poemas, ensayos y novelas escritas por compañeros. Los periódicos libertarios daban amplias noticias de estos acontecimientos; por ejemplo, la llevada a cabo en el teatro Jovellanos de Gijón a beneficio de la Sociedad de Carreteros, donde fue leído por su autor un poema en bable . En una actividad similar del 18 de marzo de 1886 en el teatro Rivas de Barcelona, en conmemoración de la Comuna, los estruendosos aplausos del público celebraron el poema de Llunas La revolución.

Entre las actividades culturales más significativas de los libertarios se cuentan los dos Certámenes Socialistas, celebrados para despertar entre las masas la afición por la cultura. En el discurso de apertura del primero, habló Joseph Llunas, periodista, poeta, director del Ateneo Catalán de la Clase Obrera, y director de La Tramontana, exponiendo un programa cultural basado en la cuestión social.

El Primer Certamen tuvo lugar en Reus el 14 de julio de 1885 y fue organizado por el Centro de Amigos de Reus, con colaboraciones de diversas sociedades y ateneos obreros. El Segundo Certamen Socialista que superó en importancia al primero se llevó a cabo en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona en noviembre de 1889. Fue organizado por el grupo Once de Noviembre, y realizado en conmemoración a los Mártires de Chicago. Uno de sus propósitos era resolver los problemas sociales por medio de la educación del proletariado y manifestar la cultura intelectual del proletariado.

En una descripción del acto se lee que para los partidos políticos son ya demasiado grandes los locales pequeños; y sin embargo, para los anarquistas resulta pequeño el local más espacioso de Barcelona, el gran Salón de Bellas Artes. Entre los varios temas, el grupo Avant de Barcelona, propuso “Anarquía, su origen, progreso, evoluciones, definiciones e importancia actual y futura de este principio social”. Se otorgaba como premio a la mejor respuesta un “cuadro de rico y esmaltado marco con un artístico retrato de los Mártires de Chicago”. El Ateneo Obrero de Tarrasa propuso un relato novelesco: “El siglo de oro. Novelita filosófica o cuadro imaginativo descriptivo de costumbres en plena anarquía o en la sociedad del porvenir”. El premio, cien pesetas, fue otorgado a Ricardo Mella por su obra “La Nueva Utopía”. Para informar sobre el acontecimiento, se publicó en Barcelona en 1889 un volumen de 400 páginas, ¡Honor a los Mártires de Chicago! Segundo Certamen Socialista.
El esfuerzo cultural anarquista se ve reflejado en una prodigiosa actividad editorial. Son incontables los folletos publicados por los libertarios con capítulos sueltos o extractos de obras clásicas del anarquismo, monografíías y conferencias. Su tirada era casi siempre considerable, llegando hasta los 10.000 ejemplares, y alcanzando algunos hasta 130 ediciones. De La conquista del pan, por ejemplo, se vendieron en los primeros años del siglo unos 50.000 ejemplares.

Se editaban libros, generalmente ideológicos, pero asimismo gran cantidad de obras científicas: Haeckel, Darwin, Buchner, Reclus, y obras basadas en la historia como Las ruinas de Palmyra, de Volney . La reverencia a la cultura, en general, explica la heterogeneidad del material bibliográfico. Ramiro de Maeztu evocaba sus trabajos como lector en una fábrica de tabacos de La Habana y recuerda haber leído obras de Galdós, de D’Annunzio, de Kipling, de Schopenhauer, de Kropotkin, de Marx, de Sudermann. Interesa especialmente su lectura de Ibsen, que llegaría a ser un clásico. Comenta que un día, apenas comenzada la lectura, observó que algunos oyentes dejaban el trabajo para escuchar mejor, y a los pocos minutos no volvió a oírse el chasquido de las chavetas al recortar las puntas del tabaco: “En las dos horas que duró la lectura no se oyó ni una tos, ni un crujido... Era en La Habana, en pleno trópico y el público se componía de negros, de mulatos, de criollos, de españoles; muchos no sabían ni leer siquiera; otros eran ñañigos. ¿Qué obra podía emocionar tan intensamente a aquellos hombres? Hedda Gabler, el maravilloso drama de Ibsen... Nunca disfrutó Ibsen en Cristianía de un público más devoto y recogido.

Se pueden mencionar también entre los autores más populares publicados por los libertarios, Tolstoi, Mirbeau, Zola, Balzac, Sue, cuya obra El judío errante inició la conciencia revolucionaria de Anselmo Lorenzo y Fermín Salvochea.
Los folletos y libros anarquistas formaban parte muchas veces de importantes bibliotecas, por ejemlo, los Pequeños grandes libros, de reducido tamaño que se vendían a un precio que oscilaba entre 35 y 65 céntimos. Allí aparecieron obras de Kropotkin, Malato, Schopenhauer, Darwin, Zola. Otra interesante colección era la la Biblioteca Roja; pequeños tomitos con portada en papel rojo que publicaban además de las obligatorias obras del anarquismo internacional, títulos de Garofalo, Ferrero, Mantegazza, Darwin, Beccaria, Vogt, Sergi. Por ejemplo, La Novela Universal publicada en Valencia, de la cual tenemos noticias a través de La Voz del Cantero, la Biblioteca Juventud Libertaria, de La Coruña, con obras como Canciones libertarias, Héroe ignorado (monólogo), Cancionero revolucionario, Leyendas de la humildad. Ninguna lleva nombre de autor y todas se vendían a diez céntimos.

En el esfuerzo de difusión cultural anarquista tienen un papel destacado las revistas. Se deben mencionar Acracia, Natura, Ciencia Social y La Revista Blanca. Acracia fue iniciada en 1886 y se mantuvo hasta junio de 1888; con un total de treinta números donde aparecieron importantes trabajos de Pellicer Paraire (Pellico), y Ricardo Mella. Ciencia Social salió en Barcelona en octubre de 1895. Era una publicación mensual, en tamaño 4º, papel satinado y de esmerada impresión. En su portada aparecían los nombres orlados de Proudhon, Courbet, Darwin, Marx y Bakunin. Se subtitulaba “Revista de Sociología, Artes y Letras” y contaba entre sus colaboradores con Anselmo Lorenzo, Pedro Corominas, Pompeyo Gener y Ricardo Mella (firmando como Raúl). Un grupo de anarquistas españoles fundó en Buenos Aires una revista idéntica a Ciencia Social y de igual nombre. Natura era quincenal, y en ella se concentró la vida intelectual del anarquismo. La fecha de suu primer número es el 1 de octubre de 1903, se editó hasta 1905, contando con la asidua colaboración de Mella, Clementina Jacquinet, primera directora de la Escuela Moderna, Anselmo Lorenzo y Donato Lubén. En sus páginas se consideraba que debía haber una unidad entre estética y vida. Buscaba extender la inteligencia “a todas las bellezas del arte humano.”

La Revista Blanca tuvo su primera época de 1898 a 1905. El primer número salió el 1 de julio de 1898, presentándose como publicación bimensual de Sociología, Ciencias y Artes. Fue fundada por Federico Urales y fue, sin duda, la revista más importante del anarquismo español, merced a la calidad de sus colaboradores, al alcance de sus artículos y editoriales, a la regularidad de su publicación, a su longevidad y tirada que alcanzaba los 8.000 ejemplares. Fue bautizada en agradecimiento a La Revue Blanche que había tenido una calurosa ayuda a los militantes encarcelados en Montjuich. Defendió a Zola, perseguido por su campaña en el proceso Dreyfus, atacaba el militarismo, exhortaba a los obreros a dejar el tabaco y el alcohol, propagaba las ideas de Tolstoi e Ibsen. En sus páginas se cuentan las firmas de Unamuno, Dorado Montero, Jaume Brossa, Pedro Corominas, Jacinto Benavente, Clarín, Anselmo Lorenzo, Teresa Claramunt, Ricardo Mella, Fermín Salvochea y Federico Urales. En su primera editorial la revista anunciaba que en vista de que faltaba una masa verdaderamente “intelectual, capaz de apreciar el producto de las inteligencias que se dedican a la exploración de mundos desconocidos”, su fin sería educador, y su misión “enseñar con el periódico, con el libro, con el drama y con todas las obras que interesan al corazón del pueblo y a sus ideas.”

De la admiración por la cultura y la inteligencia proviene la apertura de la revista a los intelectuales, que ya se habían unido ante el proceso de Montjuich. Dos de las figuras más representativas son Azorín y Pere Corominas, pero no fueron los únicos. Hubo un momento en que la colaboración de los intelectuales en las publicaciones libertarias fue abundante y continua. Entre los nombres que aparecen en estas páginas figuran Unamuno, Urbano González Serrano.

Algunos poemas de contenido social fueron escritos por Dicenta, Salvador Rueda y Julio Camba, que antes de ser firma de Abc fue colaborador sistemático en la prensa libertaria. También lo fueron Azorín, que aportaba una columna periódicamente a El Despertar, Marquina que colaboraba en El Porvenir del Obrero. Sin embargo, no podemos ir muy lejos al considerar esas relaciones, siempre debe tenerse en cuenta una cierta desconfianza latente de los obreros hacia esos asociados. Se prefería un compromiso más firmemente expresado, que encontraban en una nómina heterogénea de autores: Victor Hugo, Balzac, Sue, Maupassant, Zola, Tolstoi, cuyas obras se incluían entre los “grandes textos anarquistas”.

Los anarquistas declaran la necesidad de la libertad tanto en el sentido ideológico como creativo para la creación literaria. Consideraban que el ideal debía ser “humano y por ello revolucionario”. No aceptaban a los poetas modernos encerrados en su torre de marfil, que adoptaban la idea de que la decadencia de la literatura se manifestaba por el predominio de la forma sobre el contenido. De allí los ataques contra el modernismo o el esteticismo, lejanos de los problemas del pueblo.

La obra literaria debía ser una forma de conciencia social, un reflejo del ideal y de las aspiraciones del hombre y su identidad anarquista. En «La literatura obrera», artículo aparecido en El Productor, se postula la necesidad de crear una literatura proletaria como medio de acción social. En su discurso de apertura al Primer Certamen Socialista, Llunas hace una contrapropuesta a la cultura burguesa, que reafirma en su prólogo a Justo Vives. Señala que la forma novelística obedece al deseo de que las ideas de la emancipación obrera traspasen los límites del periódico de combate, del folleto, y aun del libro didáctico “para invadir el terreno de la novela, del teatro, del esparcimiento en sus variadas manifestaciones”.

A la creación literaria se dedicaron los grandes teóricos del anarquismo español, figuras como Anselmo Lorenzo, López Montenegro, Llunas, Serrano Oteiza, Federico Urales, escribieron novelas y obras de teatro; pero lo que más abunda es el cuento corto, el poema o himno revolucionario publicados en periódicos y escritos por militantes frecuentemente anónimos. Sin embargo no deja de haber intentos innovadores en cuanto al alcance genérico de esa literatura. A menudo los anarquistas subtitulan sus creaciones con acotaciones aclaratorias: “apólogo”, “cuento fantasmagórico”, “prosa poética”, “drama en un acto”, “monólogo”, “diálogo doctrinal”. Era una literatura dirigida a un público nuevo, hasta aquel momento excluido del discurso intelectual. De allí el uso de formas expresivas dotadas de un alto poder persuasivo, de palabras e imágenes fuertemente emotivas.

Interesa comentar brevemente la actvidad teatral que desarrollaron los anarquistas como parte esencial de su cultura: vehículo ideal de educación política y medio de comunicación directa con el pueblo. El teatro se encaraba como una actividad total, complementada por discursos, lectura de poemas y números musicales. Las funciones se hacían generalmente en beneficio de compañeros presos o en huelga, con el propósito de recaudar fondos para el movimiento, o en conmemoración de alguna fecha significativa.

Las representaciones eran llevadas a cabo por algunas compañías dramáticas, pero más generalmente por grupos de aficionados formados por obreros y campesinos comprometidos con la causa. Los grupos se multiplicaron con rapidez formando una verdadera red en toda la península. En los periódicos se encuentran noticias de sociedades como La Poncella, de Sabadell, que presentaba en el Café España “Obras dramáticas de contenido social.” El grupo Fraternidad de Barcelona inició su actividad en l903 con La vida pública de Emile Fabre, según informaba en Madrid el Suplemento a La Revista Blanca. Una carta de Alvan (o Albano) Rosell i Llogueres, más tarde maestro en la Escuela Libre de Ferrer y Guardia, da cuenta de la formación en Sabadell, en 1901, de una agrupación que deseaba contrarrestar al teatro burgués, “que sólo pone en escena obras sin ideal”. Debutaron en Vela de Caldes el 26 de mayo de 1901 con La Resclosa de Ignasi Iglesias.

Las bibliotecas teatrales publicaban volúmenes y folletos a muy bajo precio. “Avenir” sacaba buenas ediciones de Henrik Ibsen y de Octave Mirbeau que se vendían a 25 ó 50 céntimos. También hay que consignar ciertos periódicos anarquistas que estaban exclusivamente dedicados al arte dramático. Por ejemplo Teatro Social, que apareció en Barcelona el 24 de mayo de 1896 y Avenir, dirigido por Felip Cortiella, cuyo primer número salió en Barcelona en marzo de 1905, casi todo en catalán.

Una de las figuras más interesantes fue la de Felip Cortiella . Nacido en Barcelona el 9 de noviembre de 1871, de familia acomodada pero venida a menos, se vio obligado a empezar a trabajar como cajista en la redacción del diario barcelonés La Publicidad. Se aficionó a la lectura de obras dramáticas casi al mismo tiempo en que su contacto con anarquistas lo impulsó a leer las obras de Mijail Bakunin y a acudir a actos de propaganda libertaria. Fundó en Barcelona un grupo, que solía reunirse en la cervecería de la calle Dulce nº8, bautizado como Compañía Libre de Declamación que duró de 1894 a 1896. Iniciaron sus representaciones con Els senyors de paper de Pompeu Gener, que había quedado expulsado del escenario burgués, y con un drama de Teresa Claramunt . La tercera obra fue Casa de muñecas de Ibsen, en castellano. Fue la primera representación en España, antes de que la moda ibseniana invadiera el país. Desde entonces Cortiella se convirtió en promotor del dramaturgo noruego.

Durante esos años, Cortiella escribió varias obras sobre teoría dramática, una de ellas, El teatro y el arte dramático en nuestro tiempo, atacaba el comercialismo de la escena burguesa. En 1897 entró como tipógrafo a L’Avenç, donde se identificó con la realidad catalana y se perfeccionó en la lengua. En 1901 empezó sus labores de traductor, vertiendo al catalán y al castellano Los malos pastores de Mirbeau, y comenzó su proyectada Vetllades Avenir: una serie de veladas “dramático-sociológicas para alentar a los artistas revolucionarios. Llevaron a cabo cuatro representaciones todas estenadas en catalán: Els mals pastors de Mirbeau, Quan ens despertarem dentre’l morts y Els pillars de la societat de Ibsen y por primera vez en España, Las tenazas de Paul Hervieu, y La jaula de Lucien Descaves en castellano. En 1903, Cortiella, Joan Casanova y Pere Ferrets fundaron el Centro Fraternal de Cultura donde se organizaban veladas musicales, conferencias y representaciones teatrales. Su meta era extender la cultura entre la clase proletaria y con tal motivo se formó una biblioteca que prestaba los libros a domicilio. La “vetllada” del 7 de octubre de 1903 fue dedicada al arte dramático.

Otro crucial promotor del teatro proletario fue Alvan Rosell, un antiguo miembro de la agrupación Avenir y amigo de Cortiella, de oficio tejedor, autodidacta, gran lector, federalista antes de abrazar el ideario anarquista. Desde los diez años comenzó su afición por el teatro y entró desde joven a formar parte de grupos de aficionados. Su ideal era hacer un teatro de combate y de lucha. Fundó la Agrupación Ibsen en Sabadell. Debutó en el Teatro Euterpe con Dolora de Cortiella y Plors del cor de Rosell. Continuó con Espectres de Ibsen, la única obra traducida entonces al catalán. Hubo disensiones con quienes querían montar obras más comerciales, pero persistieron en la empresa sin comprometer el contenido. Rosell fue profesor en la Escuela Moderna, emigró a América y en Buenos Aires tomó la dirección de la Escuela Libre de Víctor Crespo. Más tarde se trasladó al Uruguay, donde continuó su trabajo como escritor de teatro infantil. Explica sus ideas al respecto en su obra teórica El teatro y la infancia.

Es esclarecedor repasar el repertorio favorecido o rechazado por los anarquistas. Excluían las obras que atacaban su ideología como La Anarquía de Rodríguez Flores y La festa del blat de Ángel Guimerà, que calificaron de “contubernio de romanticismo y realismo” . Atacaron a Benavente por su “excesiva delicadeza en Sacrificio y La noche del sábado”. Los anarquistas rechazaban el teatro que no fuese de asunto moderno, no gustaban de los dramas históricos. Según ellos, era necesario presentar conflictos contemporáneos, con problemas sociales pertinentes. Dentro de esa categoría, pronto se estableció una lista de clásicos representados, comentados una y otra vez. Entre los favoritos se cuentan Los tejedores de Gerhart Hauptmann sobre la sublevación en 1844 de un grupo de tejedores de Silesia. Los malos pastores de Mirbeau, fue aclamado como “la tragedia de nuestro tiempo, la tragedia social que apenas empieza [. . .] sin nebulosidades ni simbolismos que torturen el pensamiento” . Pero la obra que más entusiasmó fue Un enemigo del pueblo, de Ibsen. Mostraba la burguesía enriquecida de mediados del siglo XIX, atrapada en sus ambiciones de poder y crecimiento económico, incompatibles con el bienestar de resto de la sociedad. Los anarquistas encontraron aquí una tesis sobre la defensa del individuo que desea realizarse plenamente sin imposiciones de la sociedad. Su estreno en 1893 por la Compañía Tutau en el Teatro Novedades de Barcelona fue crucial para el teatro obrero, asi como las representaciones sucesivas. La Idea Libre comentó que el estreno en Madrid no fue apreciado por los burgueses sino por los desposeídos. La indiferencia de los ricos contrastaba con el entusiasmo que provocó cuando fue escenificada gracias a los esfuerzos de Cortiella en el Teatro Lara en 1890. Otros dramas de Ibsen fueron también ovacionados; Rosmersholm, Espectres y sobre todo Casa de muñecas, llevada a la escena por Cortiella en 1895 y 1896 en el Teatro Circo Español con el título de Nora. A la entrada se regalaba al público un número del periódico Teatro Social con el retrato y la biografia de Ibsen escrita por Clarià, un estudio del drama por Pere Corominas, una salutación de Raimon Costa y un artículo anónimo titulado “El teatro y los anarquistas”.

Entre los autores españoles hay que destacar a Ignasi Iglesias. Nació en el barrio barcelonés de Sant Andreu del Palomar, y a los quince años estrenó su primer drama, La força de l’orgull, hoy perdida. Fue autor de obras polémicas que criticaban la moral tradicional, marcadas por el individualismo ibseniano. En Fructidor (1887), Els conscients (1898) y La Resclosa (1900), combate la moral tradicional tomando un firme partido anarquista, mientras que en El cor del poble (1902) y en Els vells (1903) se plantea el problema obrero. Esta última obra, junto a Les garces (1905) y Foc nou (1909), fueron traducidas al castellano y representadas en otras ciudades de España e Hispanoamérica. Sus dramas, de ambiente proletario, ideología reivindicativa y carácter humanitario, situados en ambientes modestos protagonizados por gente trabajadora, a menudo víctimas de las leyes burguesas, lo convirtieron en el “poeta de los humildes”.

El estreno de Juan José, de Joaquín Dicenta, la noche del 25 de octubre de 1895 en el Teatro de la Comedia de Madrid, fue un gran acontecimiento. Se abre el telón, queda a la vista una taberna de los barrios bajos madrileños, concurrida por obreros en alpargata y blusa que deletreaban trabajosamente el editorial de un periódico que clamaba por la libertad. El autor, hacía suyas las protestas de los trabajadores. Al final, la ovación fue estruendosa y el autor tuvo que salir varias veces al escenario a petición del público. Este drama ha sido, con Don Juan Tenorio, el más representado en España. Se siguió montando todos los primeros de mayo desde la muerte de Dicenta (1917) hasta 1937, cuando se llegó a la función número cien mil. Otras obras merecen ser citadas: El pan del pobre, estrenada en Madrid en l895, inspirada en Los tejedores de Hauptmann. Fue Echegaray quien dio a los autores Félix González Llana y José Francos Rodríguez la idea de hacer una adaptación muy libre; los cinco actos del original se redujeron a cuatro, y se varió algo el argumento. Igualmente, es preciso mencionar La mancha de yeso, del poeta obrero Remigio Vázquez, popular hasta la Guerra Civil española, y El mundo que muere y el mundo que nace de Teresa Claramunt, un drama sentimental con un argumento sobre la revolución social, presentado por la Compañía Libre de Declamación el 14 de marzo de 1896 en el Circo Barcelonés.

Federico Urales fue el autor de Honor, alma y vida (1899) y Ley de Herencia (1900). En su autobiografía narra que la primera se estaba ensayando en el Centro de Carreteros de la calle de Jupí, cuando ocurrió el atentado de Cambios Nuevos, y que la segunda fue escrita en la cárcel donde estaba recluido con motivo de las represiones. El Castillo maldito es una obra con más pretensiones; tragedia en siete actos, dividida en treinta y tres cuadros, presenta los sucesos de Montjuich utilizando diversos escenarios; desde la calle de Cambios Nuevos hasta los calabozos y habitaciones oficiales del Castillo de Montjuich. Tenía 113 personajes además de 87 obreros, cifra simbólica pues fue el número de procesados por la bomba de Cambios Nuevos.

Ilustración: Un momento de la representación de "Casa de muñecas" del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, por la compañía alemana Theater Oberhausen para el Festival Internacional de Teatro de Caracas 2012.

Lily Litvak colaboró en nuestro último número Especial Feria del Libro de Madrid 2012, de hecho este artículo es consecuencia de dicha colaboración.

Artículo aparecido en la publicación anarquista La aurora intermitente

viernes, diciembre 9

El teatro de Adamov, 40 años después de su muerte



Ahora que la oferta teatral es abundante y ecléctica, cuando la cultura se ahoga en el untuoso territorio de la subvención a diestra y siniestra; en este tiempo en el que ni Brecht encuentra el resquicio por donde agitar la conciencia social, ¿a quién se le ocurriría la feliz idea de hacerle un hueco, ya sea estatal, alternativo o comercial a Arthur Adamov?

En noviembre de 2004, tras una ejemplar exposición escénica de Fin de partida de Beckett (reseña en cnt no 306), dije al factótum de La Puerta Estrecha que algún día me agradaría asistir a la
representación de alguna obra de Adamov (1908-1970), francés de origen armenio, a lo que el hombre de teatro respondió: “Uy, ese sí que es un desconocido” Y lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Es difícil explicar cómo es posible semejante dislate, sobre todo si consideramos la información que sigue: en Francia, en los años que siguieron a la II Guerra Mundial, las obras de Adamov alcanzaron una presencia escénica que arraigó en el acervo del pueblo. Su teatro fue definido por la crítica como ejemplo de compromiso, en la línea practicada por el Berliner Ensemble y más adelante por el Teatro Negro de Praga, cerca siempre de la problemática más candente, personal o colectiva. No hay compartimentos estancos en la dramaturgia de Arthur, la vida individual fluye en el magma social y se pringa sin remedio, el ser humano es impelido a participar y a sufrir las consecuencias de malvivir en un medio ambiente viciado por el aislamiento individualista y la indiferencia colectivizada.
Adamov es nítido al incidir en la desolación sin paliativos de la condición humana; de sus personajes se deduce que nadie espera nada de nadie, presupuesto que implica algo más que un cinismo irreductible, pues hablamos de nuevo de lo absurdo de la existencia. El autor ejemplifica el sinsentido y el fracaso con un humor decididamente surrealista, movimiento con el que tuvo afinidad antes de volar en solitario.
En La invasión el lector se enfrenta a un argumento extraño: un manuscrito de un célebre autor domina el escenario azarosamente distribuido por los muebles que pueblan el decorado, una mesa, unas sillas, una cama, una estantería e incluso el suelo. Tenemos un grupúsculo que somete el original póstumo a una escrutación agotadora de las palabras que, por tachadas o de lectura difusa o equívoca deben ser rastreadas y, en la medida de lo posible, recuperadas e insertadas en un contex-to aún por definir; un contexto social que trasciende las preocupaciones del reducido círculo al que el escritor ha dejado huérfano de su presencia física, aunque no intelectual. Tan absortos están en sus cavilaciones, que la mujer llegada de fuera no puede hacer otra cosa que apostillar lapidariamente: “la muerte plantea crueles problemas” La muerte no sólo del ideólogo, también de los ideales que defendía, a punto de ser liquidados si el responsable de restituir las palabras inciertas no logra religarse a la idea que el comité amenaza. Algo confuso todo esto, pero Adamov es así: tangencial en su exposición, como la vida misma.
Afirmaba Arthur que en las dos primeras décadas del XIX se producirían en los Banlieus aledaños a París algunos incidentes no desdeñables: quema masiva de vehículos, comercios asaltados... Que estas manifestaciones se combinarían con medidas del gobierno tendentes a restringir el flujo de emigrantes y el endurecimiento de los permisos de residencia. Adamov explica la actuación del gobierno a su manera: vamos a proteger a unos cuantos individuos con capacidad de iniciativa pues el país los necesita si no queremos herir nuestros intereses vitalmente, así pues el gobierno aprobará medidas y leyes lesivas para el pueblo con el objetivo de preservar los privilegios desorbitados de la superestructura del poder financiero. Por supuesto, la complicidad entre autóctonos y emigrantes será castigada con la restricción de los derechos civiles de los primeros.
Así expresa Adamov el anonadamiento que le embargaba en aquellos años de guerra fría. Su punto de vista sigue vigente hoy, en estos años de guerras calientes y desastres nucleares.
Por último, El profesor Taranne es una curiosa indagación acerca de la honorabilidad burguesa y el prestigio académico. Taranne, modélico profesor, es acusado por unos niños de desnudarse a la orilla del río en que ellos juegan. Más adelante alguien deja notitas obscenas en las casetas de baño de una playa, por último le entregan un mapa con un itinerario de fuga a partir de un hipotético pasaje de barco que él niega haber comprado con la intención de eludir las acusaciones que le agobian. La obra termina con Taranne que despliega el mapa sobre un atril. “Es una gran superficie gris, uniforme, vacía del todo. El profesor, de espaldas al público, lo contempla durante un momento y luego, lentamente, empieza a desnudarse. Telón”.


Extraído del periódico CNT

sábado, octubre 22

Julian Beck y el teatro anarquista


Julian Beck nació en New York el 31/05/1925, siendo su padre comerciante y su madre maestra. Desde pequeño aprendió a despreciar las armas de juguete y desarrolló amplia habilidad artística, motivada por una marcada pasión por la vida y el deseo de concebirla como algo que uno construye por si mismo y con los demás. Publicó poemas y piezas teatrales en el periódico estudiantil del high school; escribía siempre, pero le gustaba también la pintura y allí conquista sus primeros éxitos como artista. Después de abandonar la universidad, comenzó su larga carrera de disidencia de las instituciones y de voluntad por desarrollarse a si mismo, protestando contra un sistema al que no podía servir por no creer en él. Trabaja de obrero y siente de cerca el mundo de los explotados. Frecuenta la Liga de Jóvenes Comunistas y hace amistad con mucha gente de izquierda. En 1943 se encontró con Judith Malina que vendría a ser una constante compañera en la vida, la persona que mas influencia tuvo sobre su obra; ella mantenía firmes posiciones pacifistas, con las cuales Julian simpatizaba, y la misma ambición de cambiar el mundo.
En 1944 conoce a Tennessee Williams y Paul Goodman, otro compañero clave de luchas políticas, artísticas y culturales. Paul se declaraba abiertamente anarquista, mientras que Julian todavía no se había convencido aunque mantenía una posición crítica respecto al comunismo por causa del stalinismo. Se sentía disgustado con la política estatal, vivía la realidad de esos tiempos horrorizado por la barbarie bélica.
En la década de 1940, New York acogía a muchos renombrados artistas europeos en el exilio como Breton, Duchamp, Ernst, Leger, Chagall y otros. En ese medio Julian conoce a Jackson Pollock con quien se une en amistad íntima, rodeado de los patrióticos y patriarcales aires de la Segunda Guerra Mundial. Julian se había empezado a descubrir homosexual en su primera relación a los 16 anos y a sentirse oprimido por el sistema en este aspecto de su personalidad. Cuando fue llamado a servir en el ejercito, se negará alegando homosexualidad. La convicción pacifista se acentuaba en él. Por supuesto había que radicalizar la acción revolucionaria no-violenta. Julian y Judith discutían seriamente las alternativas políticas, que aprecian ser, todas, insatisfactorias. Eso hasta que Judith encontró en la revista WHY? Un artículo de introducción al anarquismo. Fue la semilla del pensamiento ácrata que empezó a germinar. Es imposible ser convertido al anarquismo. Es posible llegar a ello solo a través de un proceso de reconocimiento y autoidentificacion con sus ideas y propósitos. La síntesis anarco-pacifista y de acción político-artistica constituirán el gran experimento al que dedicaran juntos toda su vida con la creación del "Living Theatre", que arranca en 1951.

El Living Theatre vino a representar una contestación al tradicional teatro comercial e institucional, con un contenido político no convencional y un lenguaje altamente poético, por lo que pronto las autoridades buscarán obstaculizar su acción en diversas oportunidades. Aparte de la acción política en las tablas, la gente del Living estaba consciente de la necesidad de una actuación en el movimiento pacifista y antimilitarista. Impulsaron la idea de la primera huelga general mundial por la paz que se llevo a cabo en enero de 1962, culminando en una marcha; todo eso fue una forma de inspirar a la gente a practicar la acción directa, por lo que la experiencia se repetiría un par de veces mas. Adicionalmente, en la década de los 60, Julian empieza a ser conocido como poeta a través de la lectura pública de sus textos y su reproducción en la prensa underground que para aquel entonces comienza a proliferar y a divulgar diversas expresiones de la contracultura radical. El grupo presentó obras de autores conocidos (Brecht, Garcia Lorca y otros), pero va a enfatizar en los trabajos de creación colectiva, como por ejemplo "The Brig" ("La Prisión"), obra de denuncia radical a las instituciones, una pieza de carácter tan cuestionante que resulto fuertemente criticada. Este tipo de trabajo les obligó a irse al exilio en Europa en 1963.En 1968 asumen el nombre de Colectivo Anarquista, envolviéndose aun más en los hechos revolucionarios generadores de contracultura y en la reactivación del movimiento anarquista mundial. La famosa toma del Teatro Odeon de París fue idea de Julian, extasiado por los acontecimientos de mayo 68. Ese mismo año estrenan "Paradise, Now!", que también desató la reacción escandalizada de los poderes establecidos. Con tales antecedentes, no es de extrañar que estando en Brasil haciendo teatro de calle (1971), fueran encarcelados bajo acusaciones de subversión por los gorilas al mando en ese país. Tras las generalizadas protestas por el hecho en Europa y EE.UU., acompañadas de muestras de solidaridad de muchas personalidades, el grupo es expulsado tras dos meses de prisión. El Living Theatre continuó viajando por el mundo, afrontando retos y prohibiciones, y propulsando el cambio social a través del arte, siempre indoblegable en su postura anarco-pacifista.

martes, febrero 1

Trasto Teatro, por una práctica libertaria

Raúl Cortés nos acerca en esta entrevista a una formulación radical del hecho teatral, la que ha sabido concretar junto con otros compañeros en Trasto Teatro, una práctica del arte que rompe con la tradición burguesa y que recupera para el arte no solo la necesidad de una ética transformadora de la actual situación de opresión y depresión en la que vivimos bajo el capitalismo, sino también una manera nueva de enfrentarse a las políticas culturales de carácter institucional que sólo han aportado vasallaje y clientelismo al ya de por sí depauperado panorama escénico. Con una propuesta vinculativa, generosa, abierta y alejada de los escenarios, Trasto Teatro, nos acerca a una forma de hacer y entender el teatro desde coordenadas libertarias dignas de extenderse entre la comunidad anarquista
internacional.

Antonio Orihuela

Raúl, nos podrías explicar ¿qué es eso de la poética de la decepción?

Es un grito de rabia, de discordia frente a la dinámica viciada de las instituciones culturales y el conformismo y la intrascendencia del propio medio teatral. Así que decepcionados ante el comportamiento de los programadores, los teatros y circuitos oficiales (a los que siempre acceden los mismos), decidimos recluirnos en casa -Málaga- y convertir nuestro salón en una sala de teatro. A esto es lo que llamamos poética o teatro de la decepción: hemos decidido autogestionar nuestros propios sueños, que es hacer teatro, sin esperar a que los gestores culturales nos abran las puertas de su selecto club. Convertimos, pues, nuestra decepción en un acto de denuncia y de independencia
creativa.

Como grupo de teatro, Trato Teatro, ¿qué entiende por arte, cual creéis que debe ser la función del arte, para qué debe servir?

Nuestro teatro pretende meterle las cabras en el corral a la gente; tal vez no tenemos derecho a hacerlo, pero es lo que queremos hacer. Decía Bakunin que las revoluciones están hechas por tres cuartas partes de fantasía y un cuarto de realidad. Esos son los dominios del arte, el amplio territorio de la fantasía en la revolución.

Cuéntanos brevemente como se desarrolla una actuación vuestra y cómo se puede contactar con vosotros para aquellos que quieran acercarse a participar.

Para asistir a una representación hay que reservar las invitaciones en la dirección de correo electrónico info@trastoteatro.com. En la fecha acordada, citamos a los espectadores, doce personas por función, veinte minutos antes del comienzo, les ofrecemos un aperitivo, luego compartimos la obra y, cuando esta ha finalizado, por último, les invitamos a un intercambio de ideas. Cualquier aspecto (técnico, artístico, ideológico…) es susceptible de ser comentado o cuestionado en el debate. No obstante, quien quiera conocer con mayor exactitud los detalles de la propuesta puede visitar nuestro sitio web.

¿Cómo recibe la obra la gente que acude a compartir con vosotros la representación? ¿Nos cuentas alguna anécdota?

Es difícil. Hay mucha exposición por parte de todos. Los actores están actuando a escasos centímetros del público, sin efecto de luces o escenografía, solo con la verdad de su cuerpo, de su palabra, con el convencimiento que les mueve. Pero la situación es idéntica para los asistentes. No se pueden sustraer de lo que está pasando, porque les pasa muy cerca. Están en el ojo del huracán. Esta temporada, por ejemplo, con el montaje de “No amanece en Génova” hemos incorporado una novedad: el público elige, antes de comenzar y a espaldas de los actores, el desenlace de la obra; así abandonan definitivamente el rol de espectadores pasivos. Y los actores (un magnífico elenco integrado por Nerea Vega, Salva Atienza, Pepi Gallegos y Susana Vergara, puro oficio, pura artesanía…) no conocen el final elegido hasta la mitad de la representación, por lo tanto, también abandonan la seguridad del guión establecido. En resumen, un riesgo para todos. Pues bien, cualquier anécdota estaría relacionada con este proceso: la búsqueda del consenso entre doce personas que acaban de conocerse y que, hasta que no decidan, no puede empezar la obra. Es todo un aprendizaje.

Raúl, acabas de publicar un libro, trilogía del desaliento, con tres piezas absolutamente recomendables para los lectores de teatro, qué nos puedes contar sobre la recepción del libro.

Lo he llamado “Trilogía del desaliento”, porque resume muy bien el espíritu de las tres piezas que la componen: “Contadoras de garbanzos”, “No amanece en Génova” y “No es la lluvia, es el viento”.

¿Qué es el miedo, qué rostro tiene?

Me haces recordar, ahora, a uno de los personajes de “Contadoras de garbanzos” que decía algo así como “…somos arrojadas a este mundo para pasar miedo. Ahora debes elegir. ¿Qué miedo prefieres?”. Sí, creo que el miedo es poliédrico, tiene muchas caras… y casi todas me resultan familiares. Tal vez por eso en mi dramaturgia tienen tanto peso los tipos temerosos, acuciados por un susto existencial. De cualquier modo, hay un miedo que me rebela por encima de todos: el que implanta la clase dominante desde el principio de los tiempos; porque ese miedo es un negocio muy rentable, económica y políticamente, para unos pocos. Hoy, por desgracia, este negocio, el espectáculo del miedo, funciona como nunca…

¿A qué huele la cultura, el arte, el teatro, la literatura que nos venden?

La cultura, el arte, el teatro huelen a cuarto cerrado, donde el aire no corre, está estancado, siempre es el mismo aire. Un cuarto que no se ventila, que no acepta otros aires. Esta certeza es la que pretende denunciar Trasto Teatro con el “Teatro de la Decepción”.

¿Lo que hay es lo inevitable, el mundo no puede ni podrá ser de otra forma? ¿Es tiempo de parar o eso también ya es imposible y vamos desbocados, cuesta abajo y sin freno?

No, hay que parar. Hay que pararlo todo de manera urgente. Repensarlo todo, empezando por nosotros mismos. Y comenzar a decir “No” a muchas cosas, porque, parafraseando a Camus, un hombre rebelde es aquel que dice “No”. Al principio nos va a costar, pero cuando vayamos soltando el lastre de tanto “sí” impuesto; de tanto “sí” aceptado sin más… cuando enterremos las uncias en la gavia y pierda timidez nuestra negativa, entonces no habrá una sola afirmación que no sea nuestra, que no nos represente, aunque esté errada.

Trasto Teatro se constituye como compañía en los albores
de 2002; en el horizonte una premisa básica: huir
de todas las formas efímeras, sometidas a los dictados
de la moda, con el marchamo obsolescente del mercantilismo...