Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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viernes, julio 24

Vuelve el sabotaje: autodefensa contra el sistema

 

 

¿Qué estrategias utilizan y activistas y trabajadores para sabotear el sistema? ¿Cómo usamos el boicot como estrategia de lucha? ¿Qué ejemplos recientes tenemos?Bienvenidas a la historia del sabotaje con Helena Sardá y Oriol Erausquin junto a Alberto Coronel, especializado en la historia de las sociedades capitalistas, activistas contra el macroproyecto Cuna del Alma en Tenerife y Júlia Martí, portavoz de Revoltes de la Terra y su lucha contra la empresa  Israel Chemicals Limited. 

domingo, julio 12

Los orígenes de la agricultura. Horticultores, botánicas y jardineras

 

 

Revisitamos el neolítico
 

En el episodio de hoy, nos hacemos preguntas alrededor de la revolución neolítica.
¿Hubo realmente revolución? ¿Fue un descubrimiento trascendente o una forma más, de entre otras muchas de hacerse con alimento? ¿Fue un paso sin vuelta atrás en el que los forrajeadores se convirtieron definitiva e irremediablemente en agricultores? ¿La agricultura trajo consigo el arraigo de formas permanentes de desigualdad? ¿Cómo vivían los primeros agricultores?
Estas son las preguntas a las que dedicaremos nuestra atención junto con la antropóloga Julieta Gaztañaga

linternasdediogenes@gmail.com

jueves, junio 18

La experiencia autogestionaria durante la guerra civil española

 

 

La experiencia autogestionaria del movimiento anarcosindicalista durante la Guerra Civil constituyó uno de los experimentos revolucionarios más creativos, profundos y originales del siglo XX. La colectivización de las industrias y los campos estuvo acompañada de la creación de instituciones educativas abiertas al conjunto de la población y de la socialización de recursos para el bienestar común.

Jose Luis Carretero, uno de los autores del libro La experiencia autogestionaria durante la guerra civil española nos cuenta las diferencias entre una colectividad y otra, aquellas en las que se abolió el dinero, las decisiones en asamblea, los comités elegidos en la misma fábrica, las diferencias entre el campo y la ciudad...

¿Queréis conocer el montón de "Kropotkín"?

linternadedigoenes@gmail.com

sábado, junio 6

Infiltrados policiales en movimientos sociales

 

 

Entrevistamos a gente de Rosas negras, autoras del libro La sombra del Estado. Un testimonio colectivo sobre las infiltraciones policiales.

Un testimonio colectivo de quienes, desde 2022, han destapado una red de infiltraciones policiales en movimientos sociales del estado español. Centros sociales okupados, sindicatos de vivienda, colectivos pro-palestina, asambleas vecinales, donde acudieron estos agentes del estado, con nombre falso, una identidad falsa, una historia falsa, ropa falsa, ideas falsas... conviviendo, mintiendo, manipulando, mientras tejían relaciones de confianza.

domingo, mayo 31

Epidemia ultra. Del fascismo europeo a Silicon Valley

 

 

En apenas una década, la ultraderecha ha pasado de ser un fenómeno marginal a disputarse el poder en medio mundo.
Las figuras de gobernantes como Donald Trump, Javier Milei, Giorgia Meloni o Viktor Orban, pueden entenderse como la personificación de un mal que está corrompiendo nuestras sociedades. Pero las enfermedades necesitan de un caldo de cultivo donde prosperar y hacerse fuertes, unas condiciones que posibiliten el contagio, a veces antes de que los síntomas nos llamen especialmente la atención.
 

En el libro Epidemia Ultra. Del fascismo europeo a Silicon Valley: anatomía de un fenómeno que está conquistando el mundo, se describen muchos de estos síntomas, se identifican los diferentes periodos de incubación y qué hace que millones de personas estén quedándose fascinadas por planteamientos cruelmente autoritarios, misóginos, xenófobos o abiertamente racistas.

Hablamos con Franco Delle Donne, autor del libro, especializado en el estudio de la ultraderecha y los autoritarismos, y del creador del pódcast del mismo nombre

sábado, mayo 16

Urbanismo feminista

 

 

En nuestras ciudades, la forma urbana evidencia el estrecho vínculo entre patriarcado y capital. En los diferentes espacios que habitamos —nuestras casas, nuestras calles o nuestras plazas—, el modelo urbano responde principalmente a las experiencias y necesidades de un sujeto masculino y a la explotación económica. A partir de esta lógica, el urbanismo y la arquitectura han promovido la exclusión de las mujeres del espacio urbano, así como de otras subjetividades no hegemónicas, como personas racializadas, mayores, criaturas o gente con diversidad funcional, entre otras.

Esta lógica opera a través de redes de movilidad y transporte pensadas fundamentalmente para el vehículo privado y el traslado de mercancías; una arquitectura que reduce al mínimo el espacio disponible para los cuidados; o un planeamiento estratégico en manos de cúpulas de especialistas desvinculados de la vida de las personas. Una ciudad que destruye y expulsa todo aquello que no responda a las lógicas de extracción de valor del territorio y del cuerpo.

Hablamos con dos de las autoras del libro Urbanismo feminista. Por una transformación radical de los espacios de vida

linternadediogenes@gmail.com

lunes, mayo 4

Todo Normal y Bien. Energía y Ecocapitalismo

 

 

Entrevista realizada a Antonio Turiel y Antonio Aretxabala.

Preguntamos a nuestros invitados, cuales serán las consecuencias para Europa y, en concreto, España tras el cierre del estrecho de Ormuz.
El cenit del petróleo ocurrió en 2018, pero el descenso podría haber sido lento, ¿o no?
¿Las acciones de Trump podrían estar relacionadas con la escasez energética nivel mundial?

– Antonio Turiel es científico y divulgador licenciado en Física y Matemáticas y doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid. Investigador Científico en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC. Autor de libros como ’Petrocalipsis’, ’Sin Energía’ o el último ’El Futuro de Europa’

– Antonio Aretxabala es doctor en Geología y divulgador científico; trabajó en su momento, como experto en geotecnia y hormigón, en la Universidad de Navarra y lo ha hecho también en la de Zaragoza; ha estudiado la interacción entre la historia y la geología

Este programa no se ha hecho desde nuestro estudios centrales de ecoleganes sino desde el estudio de radio el candil y esto no es “compartiendo infierno”, a decir verdad la idea de entrevistar a nuestros ilustres invitados no fue mía sino de Héctor Moratilla, una de las personas que más trabajan por esa nueva emisora vecina nuestra, fue él quien los llamó. Los que me seguís desde hace tiempo ya, sabréis que yo ya estoy en otra pantalla, prueba de ello es una de mis últimas entrevistas a la arqueóloga y antropóloga Almudena Hernado, pero tener el lujo de poder preguntar temas de actualidad a gente que sabe tanto era algo que no podía desaprovechar. He pedido permiso a Héctor para publicarlo en “Compartiendo Infierno” porque creo que interesara a todos los que siguen el programa. Sin más...os dejo escucharlo.

lunes, marzo 30

Entrevista a la Unión de Grupos Excursionistas Libertarios (UGEL), Madrid

 


En vuestras redes sociales señaláis que la U.G.E.L. «es un grupo de personas afines al ideal libertario que se unen para favorecer la enseñanza y la práctica del montañismo». Explicadnos esta afirmación, ¿confiáis en que el montañismo pueda favorecer el ideal libertario? 

Sí, la montaña, como espacio no habitual para nosotros, no tiene por qué responder a las dinámicas que tenemos automatizadas. Un entorno nuevo nos facilita unos modos de relación nuevos. Como mínimo, nos acercamos a la montaña habiendo pensado cómo queremos desarrollarnos en ese contexto: desde la horizontalidad, poniendo en práctica el apoyo mutuo, respetando lo que nos rodea, etc. Además, el montañismo puede romper con valores centrales del capitalismo como la productividad, la velocidad o el rendimiento. Caminar sin cronómetro, renunciar a la cima, priorizar el proceso frente al resultado son gestos profundamente libertarios. En ese sentido, la montaña se convierte en un lugar donde desaprender la lógica del éxito, la competencia y la autosuperación individual.

¿Cómo y cuándo nace la UGEL? ¿Qué objetivos os marcasteis al fundar la UGEL?

La UGEL de Madrid nace en el 2022 cuando unos compas contactan con la UGEL de Catalunya para proponerles el proyecto. En julio de ese año se hace una primera salida a Cabeza Lijar, con bastante asistencia. Eso nos anima a continuar. Las compas de Catalunya recibieron con mucha alegría que la UGEL, que llevaba allí existiendo desde el 2012, se extendiera a otros territorios. La UGEL Catalunya fue una ayuda fundamental para asentar los cimientos de una organización y no solo de un grupo de afinidades montañeras.

Entonces contactamos con varios colectivos a los que creíamos que podría interesarles el proyecto. Todavía las relaciones con los grupos de montaña libertarios eran de toma de contacto y simpatía a la hora de difundir  actividades.

Desde entonces la UGEL de Madrid trabaja, dispuesta a irrumpir en la hegemonía montañera. Hemos dado charlas (en la Orbeko Etxea, en La Garrra en Vallekas o el ERA de Lozoyuela); hemos presentado libros, participado en debates, hemos hecho rutas, nos hemos sumado a otras convocatorias, como la defensa del Pico del Lobo (con una enorme carga política)… Somos anarquistas, y hemos querido llevar nuestra propuesta montañera a todos los espacios donde hemos podido colaborar. 

A raíz de estas actividades, decidimos editar un fanzine que se llama “Renaturalizar el territorio devastado, sabotear el deportivizado, desalambrar el privatizado” donde se exponen ciertos temas en torno al montañismo y la propuesta libertaria que hacemos y queremos practicar, y donde se refleja el ideario de la UGEL de Madrid.

En 2025, la editorial Piedra papel libros, organizó una jornada en torno al montañismo libertario en la Fundación Anselmo Lorenzo. Allí se dio la sinergia entre los grupos que ahora colaboramos, donde se propone una salida al monte cada mes, tutelada por cada grupo pero en coordinación y participación de todos los demás, y, sobre todo, abierta a la gente. Queremos generar encuentros de debate, de experiencias y de aprendizaje mutuo.

 Ahora estamos trabajando en un segundo fanzine, y en seguir con la difusión del primero. También seguimos con la agenda anual de colaboración con otros colectivos.  Iremos haciendo todo lo que se nos ocurra para difundir un montañismo bajo el prisma libertario, para defender a la montaña de la turistificación y la masificación propia del capitalismo. Hablan de la montaña como “recurso natural”, y, quienes lo quieren explotar, nos tendrán de frente.

¿Detrás de la UGEL hay diversos colectivos libertarios? ¿Cómo os organizáis colectivamente?

La UGEL nace en Cataluña, donde sí es una plataforma real de colectivos libertarios. La UGEL Madrid nació con esa pretensión y desde hace unos meses sí nos hemos organizado para hacer una salida mensual con otros colectivos (Con pies de gata, Kamaleo, Grupo Excursionista Isaac Puente…) Pero, realmente, UGEL Madrid es, de momento, un solo grupo, una sola asamblea. Por supuesto, es nuestra intención que sirva para coordinar diferentes grupos afines de montaña. Vamos poco a poco.

Hemos leído que os reunisteis hace unos meses con el objetivo de organizar y convocar al menos una salida al monte mensual durante el curso 2025-2026. ¿Qué buscáis en estas salidas a la montaña desde el punto de vista libertario?

Creemos que crear un hábito montañero y libertario sirve para asimilar mejor las prácticas que acompañan nuestros principios. Nos gusta relacionarnos desde la igualdad, sin jerarquías ni normas impuestas. Tenemos un criterio propio que busca cuidar a las personas y los lugares que visitamos, que vivimos. Cuanto más salgamos al campo, cuanto más consigamos generalizar esta práctica, mejor podremos replicar estas costumbres en otros ámbitos. 

Además, la idea es que haya una cierta previsibilidad para que la gente pueda organizarse y acudir a las salidas, y con ello ir conformando una comunidad de lucha que incida en el ámbito del montañismo. Hasta la fecha hemos organizado ya 4 salidas junto al resto de colectivos anarquistas de Madrid (Con Pies de Gata, Climbing Kamaleo, Grupo Excursionista Isaac Puente y Amigos de las Milicias Anarquistas) y creemos que están saliendo bastante bien por varios motivos: por el alto número de gente que se ha acercado, por las relaciones sociales que se están generando y por las nuevas ideas y proyectos que están surgiendo fruto de esta participación.

¿Buscáis incorporar algún aspecto de memoria del pasado a estas salidas a la montaña? 

Sí. De hecho, la UGEL ya ha llevado a cabo varias salidas relacionadas con la memoria histórica. Hemos recorrido el Frente del Agua (donde se disputaron los embalses de Madrid durante la guerra civil española). Hemos caminado por las vías del tren Madrid- Burgos en el tramo entre Bustarviejo y Lozoyuela (que fue construido por presos políticos, principalmente, durante la primera etapa del franquismo) y hemos subido al Cerro San Benito, un monte poco conocido que fue testigo de varios enfrentamientos durante la guerra civil. 

Salir al campo es estupendo, pero dotar las salidas de contenido histórico, político, así como de actitudes y reflexiones libertarias, más o menos sincrónicas, es lo que da sentido a la UGEL. El anarquismo no es solo una etiqueta para la UGEL, es una manera de habitar el espacio, es una aspiración. Merece nuestra atención a todos los niveles: es formación e información histórica y política, es actitud y es acción.

En el pasado los grupos anarquistas daban un gran valor al contacto con la naturaleza, ¿cómo adaptáis este planteamiento en el siglo XXI con la turistización de la montaña que se está produciendo?

Creemos que la montaña beneficia a todo el mundo y que en ella hay sitio para todas las personas. La turistificación de la montaña no se soluciona echando a nadie. Desde luego las soluciones elitistas, bien pasen por lo económico, bien pasen por supuestos méritos, no nos interesan, nos generan rechazo. El problema procede, a nuestro parecer, del trabajo asalariado. Los periodos de descanso coinciden en la mayoría de trabajos: fines de semana y vacaciones (en verano, por ejemplo). En esos momentos, la montaña se llena, pero, ¿quién decide quién sobra? Según nuestro punto de vista, quienes sobran son los ricos y los políticos, que con sus empresas y políticas están destrozando y privatizando el monte.

Por otro lado, está claro que hay destinos que se ponen de moda, o que son icónicos y, en consecuencia, están terriblemente masificados (y, lo que es peor, destruidos). Como a cualquiera, nos gusta encontrarnos en una montaña vacía, tener esa sensación de aventura, de soledad y reflexión. Como remedio, creemos profundamente en el asociacionismo, en compartir destinos menos conocidos, tal vez más remotos, con nuestro círculo de afinidad. Las experiencias en montaña son muchas y variadas, y en cada ocasión encaja un lugar, un paisaje, una vivencia. Hay muchas más de las que salen en redes. 

¿Quiénes son las personas o colectivos destinatarios de vuestras actividades? 

Cualquiera que se quiera venir. Siempre ponemos por delante nuestro interés por la montaña y nuestros principios políticos. Buscamos generar un ocio no consumista, no competitivo e inclusivo. Libertario. A esto no renunciamos. Quien tenga esto claro y tenga interés en venirse de paseo o lo que surja, ¡que se venga! Nos encantará. 

¿Qué medios de difusión de vuestras actividades usáis (web, redes etc.)?

Tenemos un grupo de Telegram con más de 100 miembros (¡que no son tantos, pero vamos creciendo!) donde difundimos nuestras actividades y otras de colectivos afines, y donde también se proponen salidas más espontáneas, que en ocasiones han llegado a ser bastante numerosas.

También tenemos un instagram que nos sirve para contactar con otras iniciativas que nos interesan y difundir lo que hacemos, y un facebook. En estas redes sociales publicamos nuestras actividades.

Somos conscientes de la contradicción que supone el empleo de estas redes, y es motivo de discusión en nuestras asambleas. De momento, es un canal de difusión bastante efectivo. Nos sirve y no vemos una alternativa clara igual de eficaz. 

Si queréis añadir alguna cosa más, adelante:

Somos una asamblea agradable y donde las personas participantes estamos cómodas. Somos una asamblea pequeña, pero, por suerte, de momento, tenemos éxito de convocatoria (para nuestras expectativas).  Poco a poco, vamos acumulando salidas, charlas y otras actividades. Creemos que lo que hacemos es bueno. Por eso, queremos difundirlo. Nos ilusiona que se nos sume más gente y colaborar con otros proyectos afines. Como queremos que nos conozcan y nos acompañen quienes gusten, agradecemos infinito que nos deis este altavoz. Muchas gracias. 

 

 https://redeslibertarias.com

sábado, marzo 21

Las luchas territoriales, ¿son la palanca de la superación del capitalismo?


Preguntas a abordar el 27 de noviembre en el Centre Culturel Bruegel de Bruselas y planteadas el 28 en el Groupe de Recherche pour une Stratégie Économique Alternative

Las definiciones (como las corrientes políticas) de comunismo y de anarquismo son múltiples y sería imposible hacer una síntesis de toda esa diversidad en una tarde. No obstante, ¿podrías compartir con nosotros tu noción de anarquismo y de comunismo?

Malatesta dijo que comunismo y anarquía eran los mismo. Nada que ver con el sistema cuartelero de los leninistas, simple disfraz del capitalismo burocrático de Estado. Yo lo definiría como un régimen de convivencia social sin Estado y sin clases, basado en el rechazo de la división del trabajo y en la posesión en común de los medios de producción, en su gestión colectiva y en la distribución del producto social en función de las necesidades. Nacido del libre acuerdo, el comunismo libertario debería de proporcionar a todos las condiciones idóneas para un máximo desarrollo material, moral e individual. Se trata pues de un ideal ético inalcanzable por la fuerza, ya que tiene como condición ineludible la comprensión y el deseo de la mayoría expresado libremente. Para muchos, entre los que me incluyo, el anarquismo sería el modo de lograr este fin, naturalmente por vías solidarias y universalistas, no con procedimientos parlamentarios ni postulados religiosos. En mi caso, entiendo el anarquismo como la característica doctrinal propia del socialismo antiautoritario que, durante mucho tiempo, acompañó a buena parte del proletariado revolucionario, hasta entrar en crisis, puede que final, por culpa de las capitulaciones habidas durante la revolución española. A partir de ahí ya no se puede hablar de anarquismo, con sus diferentes matices, sino de anarquismos, ideologías diversas con el mismo nombre, pero ajenas unas con otras.

¿Sus puntos de encuentro, sus divergencias y el potencial anticapitalista respectivo?

Evidentemente, entre los que se autodenominan anarquistas existen profundos desacuerdos metodológicos y grandes diferencias estratégicas, derivadas de la forma variable de interpretar la realidad y de la praxis divergente con la que caminar hacia los objetivos finales. Las discordancias cristalizaron en ideologías, en fórmulas, a menudo acompañadas de comportamientos sectarios, como, por ejemplo, la insurreccionalista, la municipalista, la sindicalista, la primitivista, la especifista, la postanarquista, etc. Actualmente, el anarquismo es sobre todo un estado de ánimo difuso presente en cualquier conflicto como exigencia de horizontalidad e igualdad, rechazo de la mediación, demanda de autogestión y reivindicación de la acción directa. El potencial anticapitalista del anarquismo moderno se materializará en la medida en que la coyuntura social favorezca el arraigo en las masas rebeldes de sus ideas no vencidas, entendidas no como utopía, sino como “la verdad inmediata de un tiempo relativamente próximo” (Ricardo Mella).

¿Qué es una metrópolis?

En Europa las tres cuartas partes de la población vive en zonas urbanas extensas. En el mundo existen más de quinientas aglomeraciones superiores al millón de habitantes, a las que en propiedad no se puede llamar ciudades. Pasó el tiempo de las ciudades compactas en simbiosis con el entorno agrario. El campo hace mucho que dejó de ser una realidad diferenciada. Debord anunció en 1967 que «el momento presente es el de la autodestrucción del medio urbano». La metrópolis -o “posciudad”, tal como la llama Françoise Choay- es un tipo de asentamiento informe fruto de la expansión ilimitada de la ciudad industrial, que ha ido absorbiendo poblaciones limítrofes y creando nuevas barriadas hasta suburbanizar todo el territorio circundante. Tal unificación del espacio fue posible en un primer lugar, gracias al desarrollo del transporte, al combustible fósil barato y a los nuevos materiales de construcción. Etimológicamente, metrópolis en griego significa “ciudad madre”; en cambio, la realidad dista mucho de la maternidad: es un engendro devorador de espacio que concentra el poder en una sociedad totalmente urbanizada. En los noventa del siglo pasado, la globalización financiera y la digitalización la consolidaron como dominio totalitario de la mercancía y motor del desarrollo capitalista. Es un no-lugar de conurbaciones yuxtapuestas, que no resulta de la superación de la oposición campo-ciudad, sino del hundimiento simultáneo de ambos polos. No representa un proyecto de convivencia, ni siquiera a nivel de clase dominante; bien al contrario, es una realidad totalmente mercantil. Constituye un aglomerado discontinuo y difuso, sin valores ni cultura, sin auténtica vida, conectado únicamente por vías de circulación. La comunicación ha sido marginada por la conectividad. Lo que importa no es la convivencialidad, sino su precio. En realidad, la metrópolis no está hecha para los habitantes, sino para los transeúntes, bien sean visitantes, promotores o inversores. Su base económica ya no radica en la industria, sino en los servicios, el turismo, los grandes eventos y la innovación. Aunque conserve centros históricos, estos han sido museificados, puesto que la metrópolis carece de centro real: en ella lo central se ha vuelto periférico y la periferia deviene cada vez más céntrica. Tampoco las plazas públicas o las calles proporcionan un resto de coherencia orgánica; las infraestructuras viarias son sus únicos ejes vertebradores. El paisaje reconstruido por las fuerzas desarrollistas reproduce maneras de vivir en confinamiento, precarias, motorizadas y mercantilizadas hasta en los menores detalles: las metrópolis generan en cualquier rincón relaciones sociales capitalistas de forma automática. Se puede decir que constituyen el espacio idóneo para la reproducción de capitales en la etapa hipertecnológica de la economía mundializada.

Más sobre la metrópolis.

 

El paso de una economía productiva a otra de servicios, seguido de la transición de un capitalismo nacional a otro global, consagró el papel de las metrópolis por encima de los Estados. Entre la clase dirigente, la ideología keynesiana retrocedió ante el pensamiento neoliberal, enemigo acérrimo del intervencionismo estatal. La promesa de abundancia reemergía en los mercados financieros con el crédito a espuertas y la expansión de la deuda, propiciando turboconsumismo, aventuras inmobiliarias y toda clase de burbujas especulativas. No obstante, la constatación de la finitud de los recursos primarios, sobre todo energéticos (p.e. el “pico” del petróleo), sumada a la crisis medioambiental provocada por el desarrollismo a ultranza (p.e. calentamiento global, producción descomunal de residuos, contaminación, despilfarro de recursos) obligaron a considerar la «sostenibilidad» del proceso, es decir, el pago de la factura de la degradación. Entonces, el capitalismo echó mano del lenguaje ecológico e inauguró una fase verde que el Estado debía promocionar y sostener. El Estado recobraba así el papel de antaño en una economía a “descarbonificar” por un periodo de “transición energética”. La metrópolis evolucionaba en consecuencia recurriendo a un urbanismo light con sus carriles bici, islas peatonales, recogida selectiva de basura, puntos de recarga eléctrica, «corredores» verdes, tranvías y remedios digitales como las smart cities. “Reinventaba” el territorio obedeciendo a la lógica más al día -más tecnológica- de la mercantilización.

¿Qué relación guarda con el “capital territorial”?

Hablamos de “capital territorial” cuando el territorio se ha transformado completamente en «activo», o sea, en capital. En la Conferencia de Río de 1992 los dirigentes mundiales lo definieron como la nueva configuración del territorio que se desprendía de la unión de la economía con el medio ambiente, o sea, del denominado “desarrollo sostenible”. El concepto venía asociado al momento “verde” del capitalismo, cuando el territorio se situaba en el centro del triángulo sociedad-economía-medio ambiente. Una vez mejorada su accesibilidad, este se convierte en un espacio multiexplotable: es una cantera de suelo edificable, un soporte de grandes infraestructuras, una oportunidad para la industria agroalimentaria, una reserva paisajística, un destino turístico, un área para el ocio industrializado, una fuente de energía renovable y de materiales estratégicos, etc, todo lo cual le concede un peso cada vez mayor en la economía global. En fin, el territorio es la materia prima del capitalismo en su último periodo extractivista.

¿Es posible superar el capitalismo sin desurbanizar el campo ni ruralizar la ciudad, y, por consiguiente, sin destruir las metrópolis?

 

Obviamente no es posible. Liquidar la globalización conlleva el fin de su organización espacial. Frente a las sucesivas crisis, las metrópolis además de invivibles, terminan siendo inviables. Son muy vulnerables ante los desastres y tan enormes que resultan imposibles de gestionar comunalmente. El gran escollo con que se va a encontrar una transformación social fundada en la vinculación armónica con la naturaleza serán las mismas conurbaciones, aptas solamente para la reproducción de relaciones capitalistas, a las que forzosamente habrá que desmantelar. La desmundialización siempre tendrá un aspecto desurbanizador y ruralizante. La simple implantación de una economía doméstica sin mercado -llámese natural, sustantiva o moral- implicará colectividades coordinadas de dimensiones reducidas, con cultivos próximos y producción industrial a pequeña escala. Con mayor razón, la autogestión no sería operativa en vecindarios demasiado grandes, donde el ágora es imposible. Ahora bien, desurbanizar no significa abolir el espacio urbano, a lo sumo, abolir la propiedad privada capitalista. Entraña un doble movimiento de despoblamiento y repoblación, de descentralización y desconcentración, cuyos efectos al respecto son la descongestión del espacio sobreurbanizado, su revitalización, la recuperación de su funcionamiento orgánico… Paradójicamente, la desurbanización es una vuelta a la verdadera ciudad.

¿Por qué el territorio es objetivamente el lugar central de la lucha anticapitalista (y no el lugar de trabajo)?

Central no quiere decir único, ni territorio significa exclusivamente campo. Sin embargo, cuando la mayor producción de beneficios, de la que depende el crecimiento económico, se da en la explotación intensiva de un territorio previamente “ordenado”, entonces su defensa viene a ser el centro de la lucha anticapitalista (o sea, de la actual lucha de clases). En efecto, a medida que la productividad global se ralentiza y que las ganancias decrecen, lo que David Harvey llama «circuitos secundarios de acumulación» adquieren una superior relevancia. Los antagonismos se despliegan en toda su magnitud solo en esos circuitos, -bien sea en el problema de la vivienda y el deterioro de los servicios públicos, bien en la resistencia a la construcción de centrales nucleares, trenes de gran velocidad o líneas de alta tensión, bien en el sabotaje a los transgénicos o los grandes proyectos inútiles. En consecuencia, la cuestión social se manifiesta principalmente como cuestión territorial. Al contrario, dada la pérdida de centralidad de los trabajadores de la industria y la desaparición de las huelgas salvajes, la lucha sindical, aunque necesaria, no rompe con las reglas de juego del desarrollismo. No se impone como objetivo salir del capitalismo, sino negociar el valor de la fuerza de trabajo con papeles en el mercado. Menos todavía lo quiebra el obrerismo político, tan aferrado al Estado. Por consiguiente, el conflicto laboral no puede ser el eje sobre el que pivoten las aspiraciones emancipatorias. Si se quiere acabar con el régimen capitalista, la cuestión estratégica principal reside en la capacidad de bloquear el crecimiento de la economía con la mirada puesta en las alternativas de salida. En ese sentido, la defensa del territorio, por limitada que sea, es antidesarrollista y anticapitalista por esencia, ya que se encara con el principal impulsor de la economía en estos momentos, la explotación industrial del patrimonio, los saberes y los recursos territoriales, y en mayor o menor medida, propone alternativas prácticas.

¿Qué tipo de territorio (y ciudad) sería económicamente habitable, viable (en el marco anticapitalista)?

Tempranamente, los anarquistas Élisée Reclus y Piotr Kropotkin plantearon la desconcentración de la ciudad burguesa y la eliminación de sus barrios miserables. Ambos apelaron a un “sentimiento de la naturaleza” que guiase la vuelta a un orden natural optimizado, el cual consistiría en una dispersión de baja intensidad de todas las actividades acaparadas por la urbe expansiva. Al conformarse alrededor de las ciudades una red de pequeñas industrias, hospitales, escuelas, molinos, saltos de agua, caminos, ferrocarriles y colectividades agrícolas, el resultado sería una región integrada urbano-rural, sin centro dirigente, encauzada hacia el comunismo. Sus ideas fueron recogidas y desarrolladas por otros autores, entre los que destacaría a Patrick Geddes y Lewis Mumford, que partían de la “planificación regional”. Con el fin de conseguir un equilibrio territorial, estimular una vida intensa y creativa, eliminar el despilfarro de energía y alimentos y detener la expansión metropolitana, propugnaban un uso racional del territorio. Este se concretaba en propuestas como la de cinturones agrícolas, producción descentralizada de energía, reparto equilibrado de la población en unidades convivenciales bien equipadas, reinstalación de las industrias cerca de la materia prima y transporte público eficaz. Reformas a contracorriente, de sentido común, pero sin perspectivas de realización, puesto que no eran respaldadas por fuertes movimientos vecinales arraigados en porciones de territorio liberadas, sino que dependían del altruismo de los dirigentes. Finalmente, el descrédito de la idea de progreso trajo la revalorización de la comuna medieval, particularmente de su funcionamiento abierto codificado en actas de auto-gobierno, de la regulación de la vida social por la costumbre y de la noción de bien común. Así se han abierto nuevas perspectivas altermetropolitanas en los movimientos auto-organizados capaces de sobrevivir a las tentaciones electoralistas, a la amalgama sin principios y al cebo de las subvenciones.

Preguntas del equipo organizador para profundizar después de la conferencia

Definición y periodización de la nueva fase del capitalismo (¿territorial)?

 

La escasez y finitud de los recursos está dando lugar al acaparamiento de inmuebles, tierras, aguas y minerales, mientras que la crisis climática impulsa al desarrollo industrial de las energías supuestamente “renovables” y de los agrocarburantes. Al volverse extractivista, el capitalismo global se agarra al territorio como tabla de salvación, apartando de la protección ambiental el mayor número de “zonas de sacrificio”. El desplome financiero de 2008 puso fin al neoliberalismo puro y reafirmó la función estabilizadora del Estado. Por otro lado, el auge del capitalismo asiático, combinado con las dificultades insalvables de crecimiento del capitalismo europeo y norteamericano, decantaba la globalización a su favor, amenazando la hegemonía occidental a todos los niveles. En las altas esferas se produjeron fuertes discrepancias. El principal peligro para el statu quo económico, militar y político de Occidente -la competitividad superior china- exigía soluciones geopolíticas, no «verdes»; monopolios, no libre competencia; autarquía, no apertura de fronteras, todo lo cual ponía fin al neoliberalismo. Por ahora, gana el sector favorable al proteccionismo, los cárteles tecnológicos, el repliegue nacionalista y el rearme general. Al imponerse el poderío armamentístico en la política exterior, la globalización tal como la concebía el pensamiento «único» ya no es de recibo. Asimismo, el avance del negacionismo climático y la defensa del empleo industrial señalan el declive del ecologismo de Estado. Hoy en día, la fracción más agresiva de la clase dominante ha dejado de creer en el progreso y la sostenibilidad, y confía poco en el mercado global: prefiere que las industrias se queden en casa a pesar de su baja competitividad (para eso están los aranceles), que la energía nuclear tenga una segunda oportunidad y que sus áreas de influencia se sostengan por la fuerza si es preciso. Sabe que la economía declina y que el “estado del bienestar” se estrecha irreversiblemente, por la que la conservación del capitalismo exigirá el sacrificio del programa ecológico y de una parte creciente de la población. Su catastrofismo tiene que ver con un final de ciclo en la civilización capitalista más que con una «transición ecológica» dirigida por un consorcio privado-estatal. La ideología verde, todavía optimista, está siendo desplazada por un decrecentismo sui generis que los estrategas transicionistas denominan “poscrecimiento”. A pesar de todo, el neoliberalismo político, ciudadanista y poscrecentista, pierde terreno ante un progresivo despotismo de corte identitario, autoritario y violento, típico de un régimen protofascista y posglobalización.

¿Cuál sería el sujeto de la lucha (y el “sujeto revolucionario”) en las actuales condiciones?

Un sujeto político es más que una informe “multitud” interclasista: es una comunidad de lucha estructurada. Su formación va asociada a los enfrentamientos contra la autoridad de los sectores de población perjudicados o excluidos por los mercados, y, paralelamente, al desarrollo de una sociabilidad vecinal ligada a la reconstrucción de espacios de vida menos condicionados por el dinero. Si el Estado se retirara lo suficiente y sus partidarios quedasen en minoría, los individuos se sentirían obligados a organizar la vida colectiva, generándose en el proceso voluntad de segregación, deseo de autonomía y espíritu de clase. Clase sin partido que pretenda servirse de ella, ni más función histórica que la que una conciencia rupturista le pueda proporcionar. Los frentes de lucha son diversos -urbanos, rurales, ecológicos- y el reto con el que se enfrentan las fuerzas sociales movilizadas reside en su capacidad de confluir sin renunciar a la democracia directa, ni soslayar sus objetivos finales. Desgraciadamente, las clases medias, aunque depauperadas, tienden a conservar su mentalidad y a actuar de acuerdo con ella, por lo que son presa fácil de los espejismos populistas de la reacción, y consecuentemente, un obstáculo mayor para la autonomía y la conciencia.

Crítica de la concepción marxista sobre la relación entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la emancipación.

En verdad, el desarrollo de las fuerzas productivas ha vuelto casi imposible la emancipación social. Hace tiempo que la razón ilustrada al servicio de la verdad se trastocó en razón instrumental al servicio del poder. Tal desarrollo pudo originar la formación de una clase obrera industrial sediciosa en sus fases iniciales, pero en etapas posteriores, a pesar de la generalización del trabajo asalariado, la base social del combate por la emancipación se restringía. La máquina suprimía inexorablemente la fuerza de trabajo y condicionaba toda la vida social, poniéndola en manos de los expertos. La tecnología y el consumismo provocaron un desclasamiento de la población trabajadora y la pérdida de la conciencia de clase, borrando de su imaginario toda aspiración revolucionaria. En Occidente, la sociedad de clases enfrentadas desembocó en una sociedad oligárquica reclinada en clases medias asalariadas. La descomposición del área soviética derivó en un capitalismo monopolista de Estado. La base material de la emancipación no prosperó en ningún lado: la principal fuerza productiva, que no es el trabajo sino la alta tecnología, era cada vez más destructora, luego inservible para fines liberadores, y por lo tanto, imposible de ser autogestionada.

¿Qué es la “conciencia territorial”?

Dijo Ellul en su momento, que “lo que está en juego es nuestro entorno social y ambiental”. En las regiones que aspiran a constituirse en Estado, a menudo la idea territorial se confunde con el patriotismo identitario. Sin embargo, de manera más general, la expresión “conciencia del territorio” alude a las ligaduras intelectuales que la población mantiene con su hábitat, comprometidas por una artificialización intensiva del mismo, responsable esta del conjunto de síndromes sicológicos definidos como «psicastenia», o más comúnmente, como «mal urbano.» No se trata pues de un conjunto de vínculos simplemente afectivos, ni de una filantrópica “conciencia ambiental”, sino que tiene que ver con el ritmo de vida pausado de los espacios abiertos, ajenos a los imperativos capitalistas, impulsor de formas de convivencia social integrada. Algunos como Sergio Ghirardi utilizan el concepto de “conciencia de especie”, que yo definiría como la protesta espiritual del vecindario (urbano y rural) ante las amenazas de devastación total contenidas en la fase extractivista del capitalismo tardío, algo que supone a medio plazo la extinción de la especie humana.

¿Cuál es la diferencia entre las luchas territoriales y las luchas urbanas?

No hay diferencia. El derecho a la ciudad es también derecho al territorio. Territorio es en principio el espacio concreto donde se asienta una población, y, por consiguiente, es algo más que paisaje, solar, campo o medio natural. Las áreas urbanas también forman parte de él. Es espacio geográfico y social, una porción de la naturaleza modelada por la acción humana a lo largo de la historia. Es dueño de un pasado, tiene tradición propia y contiene relaciones sociales. En el momento turbocapitalista, el territorio no metropolitano se halla suburbanizado, por lo que todos los conflictos tienen bastante en común, ya que son a la vez territoriales y urbanos. Es más, dada la despoblación de las zonas rurales, los efectivos de la defensa del territorio son mayoritariamente metropolitanos.

Con relación al Estado, ¿es este necesario para superar el capitalismo o un freno?

Para quienes propugnan una organización social horizontal, sin burocracia, ni dirigentes, ni cárceles, ni fuerzas de orden, no cabe duda de que el Estado es, más que un freno, un grandísimo enemigo. Ellos quieren reforzar la sociedad civil luchando por un funcionamiento autónomo, o sea, al margen de las instituciones. Por otra parte, el Estado es el Estado de la clase dominante, luego la cara política del capitalismo y, en tanto que monopolizador de la violencia, su brazo armado. Cualquiera que sea su modalidad y diga lo que diga su propaganda mediática, el Estado es la explotación políticamente organizada de la mayoría de la población por una clase minoritaria. Teniendo en cuenta que el Estado puede sobrevivir al capitalismo y no lo contrario, la abolición de este no conduce necesariamente a la de aquel. Hay que empezar por suprimir el Estado. Comenzar desvelando sus artimañas. Gracias a las trampas participativas y al conformismo dominante, el Estado absorbe todas las energías de la contestación y coopta con facilidad a sus representantes. Cuando un movimiento popular penetra en los mecanismos estatales, queda atrapado por ellos. El movimiento segrega una capa burocrática que actúa en su nombre, y que, a medida que va acaparando la decisión -a medida que altera la vieja estructura de poder y se hace gobierno- va divorciándose de él, constituyendo una nueva clase separada. Quien delega, abdica. La clase del Estado se emancipa de la sociedad y se proclama representante de la misma, forzando un cambio de apariencias. Pero, aunque la dominación varíe en la forma, se mantendrá en el contenido.

¿Cuál es tu definición de Estado? ¿En qué se diferencia de la concepción espinozista o hegeliana?

El Estado es una estructura vertical separada y opuesta a la sociedad civil, a la que organiza unilateralmente a través de una capa de funcionarios. Bakunin dijo que el Estado era el mal, la mismísima Iglesia secularizada, una forma histórica de sociedad que agotó su tiempo. García Calvo puntualizaría: “el Estado es la epifanía de Dios mismo”, una idea abstracta, metafísica, convertida en un ordenamiento jurídico que reduce la gente a la categoría de súbdito tras la cual no hay más que renuncia y sumisión. La concepción de Spinoza es una variante liberal de la noción de contrato. En algún momento, mediante un pacto, la multitud acuerda la composición de un Estado “de civilidad” que, conforme a la ley, imponga la razón y el sentido común como guía de conducta, proteja las libertades “naturales” y salvaguarde a todos de ese caos producto de las pasiones anárquicas imperantes en el “estado de naturaleza”. La república holandesa constituiría el ejemplo tangible del ideal espinozista. Hegel, por su parte, consideraba al Estado como realización efectiva del derecho, imagen de la razón y culminación de la libertad civil. Era el punto final de una evolución histórica que el filósofo concretaba en la monarquía prusiana. Ambas ideas de Estado reflejan etapas históricas diferentes del dominio de la economía sobre la sociedad, y, por lo tanto, del desarrollo de la burguesía, la clase de la economía, comerciante y corsaria en un caso, industrial en el otro. Siglo XVII para Spinoza, siglo XIX para Hegel. Salvo en algún caso excepcional -Morelly, Godwin, Fourier- los pensadores avanzados de la fase ascendente de la burguesía, nunca se plantearon la posibilidad de una sociedad organizada no sometida a una autoridad exterior. En su fase descendente, los ideólogos ciudadanistas, como buenos filisteos, huyen de Hegel, es decir de Marx y de Bakunin, o sea, de la lucha de clases y del rechazo al Estado, y de vez en cuando descubren la teología política de Spinoza, es decir, al Estado liberal idealizado de la vieja burguesía, y utilizan sus reflexiones con el fin de proporcionar perspectivas políticas a cualquiera de las facciones mesocráticas que representen.

 

 Miquel Amorós 

 

domingo, febrero 1

Palestina, la existencia negada

 

 

Esta semana contamos con Teresa Aranguren, reportera especializada en periodismo en zonas de conflicto, con especial dedicación al conflicto árabe. Así que ha transitado entre campos de refugiados, zonas militarizadas, bombardeos, etc. Cubrió la invasión israelí del Libano en 1982, la guerra Irán-Irak, las sucesivas crisis del golfo, y el conflicto palestino-israelí.

Nos presenta el libro Palestina, la existencia negada, donde hace un recorrido por la historia de Palestina durante el último siglo y medio. Junto a ella contextualizaremos los orígenes europeos del sionismo, las primeras migraciones europeas a territorio Palestino, el papel de las milicias sionistas, la creación del Estado de Israel y la Nakba, la diferentes estrategias del Estado de Israel para hacerse, en exclusiva, con el territorio, la resistencia Palestina, la Intifada...

viernes, enero 2

Un poder carcelario

 

 

Con unas cotas elevadas de visibilidad mediática y una influencia creciente en los aparatos judiciales y políticos, los sindicatos y asociaciones de funcionarios de prisiones son hoy un actor decisivo a la hora de entender los procesos de criminalización y producción de pánicos morales y paranoias securitarias.

Responsables directos de la aplicación de los derechos de las personas presas, sus reivindicaciones se basan en el desmantelamiento de dichos derechos, y en la implementación de un modelo de cárcel-guerra que deshumaniza a la población reclusa, al tiempo que criminaliza a sus familias y a los grupos y entidades que les brindan apoyo.

Jose Navarro Pardo, nos presenta el libro Un poder carcelario, sindicatos de prisiones y sistema penal (Virus)

 

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martes, diciembre 30

Las criadas en los siglos XVI y XVII

 

 
La historiadora Amaia Nausia nos cuenta la historia de las criadas durante los siglos XVI y XVII. Probablemente la ocupación laboral más extendida en las ciudades de la época.
¿Quiénes eran esas mujeres? ¿Cómo vivían? ¿Qué hacían en esos hogares? ¿qué violencias recibían? ¿qué solidaridades fraguaban?

 

viernes, octubre 31

Incendios. Capitalismo inflamable

 

 

En junio de 2017, tres incendios sacudieron el mundo de manera casi simultánea. En Pedrógão Grande, Portugal, 66 personas fallecían bajo las llamas en un campo asfixiado por el calentamiento global y los eucaliptales. En la Galería Nicolini de Lima, Perú, dos trabajadores morían encerrados en condiciones de semiesclavitud, en contenedores apilados en el tejado del centro comercial. En la Torre Grenfell, en Londres, un incendio mataba a 72 personas de madrugada, mientras algunas cenaban y otras dormían. 

En el libro Incendios, Una crítica ecosocial del capitalismo inflamable, Alejandro Pedregal recorre diferentes dimensiones de la violencia y peligrosidad del capitalismo a través de estos tres incendios casi simultáneos Hablamos con Alejandro para ver como cada uno de estos incendios sirve para reconstruir las condiciones históricas por las que la naturaleza ha sido mercantilizada, el trabajo explotado bajo el capitalismo global, y el neoliberalismo ha asaltado los espacios destinados a la reproducción social. 

Aquí, el fuego sirve tanto de metáfora como de fuerza material y tangible: expone la amoralidad estructural del orden capitalista, sus ciclos de destrucción social y ecológica, y su papel en la configuración de las condiciones planetarias actuales. 

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sábado, octubre 25

Bakunin frente a Marx

 

Hablamos con Carlos Taibo, que recién ha publicado Bakunin frente a Marx.
Un trabajo donde expone las relaciones, los caracteres, las desavenencias y conflictos entre estos dos personajes, al calor la Primera Internacional.

Pero, sobretodo, se ahonda en el debate de fondo que se estaba cocinando en la trastienda, y que tendría consecuencias y ecos siglo y medio después-


viernes, septiembre 19

Petas, pico, pum..! Las drogas en los setenta

 


Una entrevista de Alva Tebar a Antonio Orihuela


1. ¿Por qué motivos dirías que la gente decide drogarse? ¿Es una forma de escapismo?

En esto de drogarnos, la verdad, no somos muy originales, muchas otras especies también se drogan. La búsqueda del colocón no es algo exclusivamente humano, mamíferos, aves, reptiles, insectos, peces y batracios varios se la pasan igualmente intentando ponerse a gusto… ¿escapismo?, tal vez sea una admonición cargada en demasía de moralina hecha a partes iguales de ética protestante e integrismo proletario. ¿Es que no nos pasamos la vida haciendo cosas para escapar? ¿Y por qué no búsqueda de placer, de conocimiento, de experiencia?


Lo evidente es que, como afirma el poeta y psiconauta Daniel Macías Díaz: “la mayor parte de la población adulta de la tierra visita esa deseada alteridad mental de la ebriedad frecuentemente a través de fármacos y sustancias legales o ilegales siempre disponibles y continuamente provistos vía receta, bar, estanco, smartshop o minorista clandestino. La demanda mundial de lo que emborracha siempre ha sido inmensa, y sigue y seguirá creciendo, o dicho de otra manera, la guerra contra la droga se perdió antes de empezar.”1

O como le gusta decir al historiador Juan Carlos Usó: “Las personas nos drogamos para sentirnos bien. Y, si ya estamos bien, para sentirnos mejor”2.

2. ¿Cómo afectó la Transición a la popularización entre ciertos sectores del consumo de heroína?

La Transición fue un tiempo marcado por la subversión de los valores y las conductas impuestas durante la larga dictadura, en ella se concitaron todos los sueños de utopía que luego fueron fagocitados por la sociedad de consumo o fueron aplastados por el autoritarismo del régimen transicional. Del rollo expansivo y psiquedélico se pasó a una consigna bastante más simple: ¡drógate!, y sobre todo más acorde con los tiempos que corrían, donde el único horizonte para la mayoría de la juventud de los barrios obreros era el paro, la exclusión y la alienación; pero la heroína, en todo este proceso, y hasta finales de los años setenta, sigue siendo una sustancia exótica.

3. ¿El consumo de droga resultó ser una forma más de autodefinirse e identificarse entre grupos de jóvenes de izquierdas o contraculturales?

Los partidos de izquierda eran muy críticos con respecto al tema de las drogas ilegales, ya que siempre han considerado la ebriedad como un estado contrario a las exigencias críticas de la razón, no así la contracultura, donde su consumo reforzaba unas conductas que atentaban directamente contra los pilares básicos del orden social y económico establecido.

El consumo de cualquier tipo de sustancia ilegal significaba ruptura… y la heroína no tenía, en sus inicios, el estigma con el que los medios de formación de masas la invistieron luego, de hecho era una droga cargada de glamour, así que los jóvenes la consumían de la misma manera que lo habían hecho con los porros, los ácidos, los hongos o cualquier tipo de droga que se pusiera a tiro…

4. ¿Tenía un componente generacional el consumo de drogas? ¿Por qué?

Legales e ilegales, las drogas siguen formando parte de los rituales de socialización de los jóvenes y de los no tan jóvenes; pero más que generacional, creo que lo que tienen es un componente transversal, es decir, son utilizadas con el mismo fin por personas generacionalmente muy distantes.

Puede que los consumos se acentúen durante la juventud, por el carácter angustioso, conflictivo, precario, incierto y experimentador que tiene esta etapa psicosocial, ya que como dice Usó, durante mucho tiempo —al menos dos décadas de sus vidas—, los humanos se guían por lo prohibido para localizar lo deseable. Luego una parte abraza el orden, pero incluso ese segmento tiene por seguro que algo muy caro, perseguido y peligroso alberga placeres inmensos. Pero identificar el consumo con un componente generacional no hace sino volver a buscar cabezas de turco entre los más débiles3.

5. ¿Fue la heroína un arma de Estado para desmovilizar a los grupos políticamente disidentes?

La disidencia fue desmovilizada desde fuera, por las lógicas de la sociedad de consumo y la política del consenso, a la que muchos se apuntaron abandonando viejas banderías que quedaban lejos del paraíso prometido por los grandes almacenes. Y también desde dentro, a nivel individual, pues muchos descubrieron en los paraísos artificiales la tierra prometida que la disidencia política no les había entregado.

Fueron muchos los que  buscaron por el atajo un bienestar que la sociedad de consumo les negaba por vías convencionales: descreídos políticos, transgresores sociales, insatisfechos existenciales, desesperanzados que veían cómo la crisis, el paro y la falta de expectativas les ponía muy difícil gozar de los supuestos paraísos que el capitalismo prometía. La heroína gestionó su dolor proporcionándoles un mundo de alivio rápido y placer seguro.

Pero el mito de la inducción toxicológica y la conspiración estatista capitalista montado por la intelectualidad de izquierda no es más que eso, un mito, un argumento conspiranoico con el que desviar la atención de la responsabilidad que tuvo esa izquierda (que se vendió en el pacto transicional y traicionó todos sus ideales revolucionarios) en la extensión del desencanto social.

Por otro lado, la presencia en el mercado de algunos productos de consumo (libros, discos, películas), que contribuyeron a estimular cierta demanda, socializando el deseo entre los jóvenes, tampoco ayudó; como no lo hizo el contexto socioeconómico  (crisis económica, paro, falta de expectativas para la juventud), ni las campañas de los medios de comunicación que, ávidos de sensacionalismo, lejos de ayudar a paliar el consumo incentivaron el interés de muchos jóvenes por algo tan peligroso y perseguido que encerraba placeres inmensos, llevándolos a un consumo irresponsable.


Como nos recuerda Juan Carlos Usó, que es quien probablemente más tiempo ha dedicado a estudiar este aspecto de la historia reciente de las drogas en nuestro país, es un mito asumido por mucha gente. Por los supervivientes que se quieren dar lustre, por el yonqui que en ese supuesto pasa a ser una víctima, y por los palmeros de las conspiraciones políticas que confirman sus delirios. Si continúa vivo es porque sigue siendo funcional.

En última instancia, Usó afirma que semejante planteamiento está viciado de entrada, ya que sólo contempla la oferta y no tiene para nada en cuenta la demanda4.

6. ¿La droga afectó por igual a personas politizadas que a sectores marginales no politizados? ¿Quién dirías que fue el colectivo más damnificado?

Se podría hablar de tres grandes grupos, con afecciones propias derivadas de su naturaleza, composición y extracción social, que hace que en muchas ocasiones, se entrecrucen observados en tanto personas concretas.

1. Contraculturales: La sensación de autoderrota, de repliegue hacia el ámbito de lo privado en medio de un paisaje de rupturas, decepción, desencanto, apocamiento y falta de interés por continuar con unos proyectos que se van desmoronando en un ambiente de discordias, desafección, impotencia, suicidios o huidas a paraísos artificiales estuvo bastante extendida entre los colectivos contraculturales de finales de los años setenta.

Cabría señalar, que los contraculturales que venían de la mesocracia y supieron esquivar la adicción, son quienes mejor surcaron ese tiempo, convirtiéndose en consumidores ocasionales hasta hoy sin que sobre ellos haya recaído ningún estigma social.

 

2. Presos: Entre 1979 y 1981, la población reclusa española se duplicó, estando el 90% de los ingresos relacionados con las drogas. La extensión de las drogas duras por los recintos penitenciarios supuso un completo desastre para los internos, si bien sirvió para desarticular la mayor plataforma reivindicativa que jamás han organizado los presos en nuestro país, la COPEL, y empeoró las condiciones de vida de los penados, acabando con la vida de muchos de ellos.

3. Subproletariado: Concentrados y segregados en lo que hoy llamamos banlieue, los hijos de la emigración y la exclusión social se vieron, además, azotados por la crisis económica de los años setenta que llevó al paro a la mitad de los jóvenes españoles. Una crisis que apenas les dejó hacerse dueños de los descampados, las ruinas, los no lugares donde solo los más aptos y en condiciones extremas, tuvieron tiempo de vivir una fugaz adolescencia construida sobre los pequeños hurtos y el consumo de drogas. Si sus padres habían construido una chabola desde la que mirar el futuro con optimismo, ellos construyeron su imaginario sobre las llantas de un SEAT-127 robado, matando el tiempo entre futbolines, billares y discotecas antes de que el tiempo decidiera acabar finalmente con ellos en los centros de almacenamiento de yonquis, los reformatorios, las prisiones y las salas de apestados de los hospitales. Convertidos en espectros en chándal, fueron colocados junto al resto de los desperdicios del primer mundo.

7. ¿Alguien cercano a ti cayó en las drogas? En caso afirmativo, ¿cómo lo viviste? ¿En qué círculo social se movía y por qué empezó a consumir?

Lo de “caer en las drogas” es de nuevo un juicio de valor, una pregunta moral que creo contestada en la primera.

8. ¿Qué responsabilidad tuvieron los medios de comunicación en la popularización de la heroína en los años 80? ¿Creaban alarma, criminalizaban o informaban debidamente?

La radio, la televisión y la prensa reaccionaria y conservadora, es decir, casi toda la generalista, lanzaban, como hacen hoy día con los okupas, por ejemplo, campañas destinadas a sobredimensionar el problema, desinformando y creando un estado de alarma social que criminalizaba no al drogadicto, pues este estaba extendido entre todas las clases sociales, sino al escuálido espectro de cara amarillenta que, venido desde los arrabales, sucio, descuidado y enfundado en cuero negro y pantalones de pitillo, se dedicaba a cometer pequeños hurtos para poderse pagar su dosis.

9. ¿Qué papel deberían haber tomado las instituciones respecto al aumento de drogadicciones? ¿Qué crees que se hizo bien y qué crees que se hizo mal?

Se hizo todo lo mal que se pudo. A partir de 1978 el gobierno español creó “el problema de la heroína”, ofreciendo en los medios una exitosa campaña de marketing que lejos de disuadir de su consumo a la juventud, socializó su deseo. Los alarmantes vaticinios que clamaban los medios no hacían sino favorecer la curiosidad por su consumo y el Estado, criminalizando su consumo, criminalizaba también a una juventud que iba a pagar en primera persona la crisis económica y la reconversión industrial. La gente del rollo, marginados política, social y económicamente, ya podían ser perseguidos a balazos. El yonqui se hizo yonqui en el proceso social de asumir esta identidad que lo criminalizaba.

La rebeldía de los jóvenes se encauzó en la épica heroica que extendían la música rock, los conciertos, las revistas, películas y otros productos de consumo masivo, despertando curiosidad y deseo, y contribuyendo a propagar la dulce conformidad y el abandono emocional y sensorial que proporcionaba la heroína. La alienación ganó la batalla a la experimentación política y a la expansión de la conciencia. Finalmente, como nos recuerda Usó, con la creación del Plan Nacional sobre Drogas, en 1985, el denominado “problema” quedó definitivamente “institucionalizado”5.


La heroína disparó la pequeña delincuencia entre sus usuarios sin recursos y los medios masivos extendieron las redes del miedo entre los ciudadanos ante lo que presentaron como una oleada de delincuencia sin igual en la historia de España, obligando a la gente a buscar la seguridad del hogar y los locales cerrados. Las plazas y los espacios públicos, hasta entonces signos de encuentro y sociabilidad popular, se vaciaron, se volvieron hostiles, duros, impersonales; habrá que esperar treinta años para que de nuevo estos lugares se vuelvan a resignificar gracias al impulso del 15M.

10. Actualmente, ¿dirías que se aborda correctamente el problema de las drogadicciones en España?

Es cierto que hay más información, ONGs muy serias como Energy Control y Metzineres, orientadas a la reducción de riesgos y daños, revistas especializadas como Cañamo, Ulises, etc. donde uno puede acceder a muchas investigaciones y enriquecer su propio arsenal intelectual y experiencial, pero los aspectos más terribles de la legislación prohibicionista común, con pequeñas diferencias, a todos los Estados, siguen ahí, sin ser abordados:
– La guerra contra las drogas supone un enorme gasto para el Estado, tanto en su persecución como en su represión, y jamás se ganará porque, entre otras cosas, junto con la esclavitud y las armas, constituyen uno de los mayores negocios del mundo, además, libre de impuestos.

– Con la ilegalización, el negocio pasó de estar en la venta legal y reglada  a estar en su prohibición y los consumidores pasaron de ser eso, simples consumidores, a convertirse en delincuentes que infringían la ley, y que, por tanto, podían ser detenidos y encarcelados. El mercado negro no ha dejado desde entonces de crecer, y con él, los crímenes y los fallecidos derivados de la adulteración, las guerras entre mafias y la persecución policial.

– Como nos recuerda Juan Carlos Usó: “Antes de la prohibición el control y la dispensación de estas sustancias estaba en manos de profesionales de la salud: médicos y farmacéuticos. Al imponerse la política prohibicionista, o sea, después de la prohibición, el control pasó a manos de la policía (y demás cuerpos de seguridad), y la dispensación a manos de criminales”6. Y así nos va desde entonces.

– Las cárceles del primer mundo están llenas en su mayor parte de presos por delitos relacionados con la droga, con el coste al erario público que esto conlleva.

– Sólo la regularización del cannabis en España podría crear 90.000 empleos y unos ingresos vía impuestos en torno a los 3.000 millones,  el doble del presupuesto de Ministerio de Cultura. Sin embargo, y sin saber muy bien por qué (el 90% de la población aprueba su regularización) la clase política prefiere que ese dinero se pierda en transacciones opacas y que no tengamos a la policía trabajando en mejores afanes.

– Como recalca Daniel Macías Díaz: “La prohibición metió en el mismo saco una variedad enorme de sustancias: algunas de ellas, como los enteógenos, claves para el conocimiento de la mente y el alma humanas, y asociadas de muy antiguo a prácticas mágicas y religiosas; otras con un enorme potencial terapéutico, demostrado en aplicaciones médicas, psiquiátricas y psicológicas.”7

– Las plantas sagradas nos recuerdan que somos espíritu, comunidad y naturaleza; y recuperar esos vínculos, entrelazar esas tres realidades, reconocer que somos “eso”, en medio del colapso social y ecológico al que nos abocamos, es lo único que nos podrá salvar como especie. Sin embargo, seguimos en guerra contra la expansión de la conciencia, es decir, contra nosotros mismos; seguimos en guerra contra los demás, porque así lo dicta el neoliberalismo, y seguimos en guerra contra la naturaleza, cuando deberíamos estar en guerra contra el capitalismo. En este sentido, las plantas sagradas son un magnífico aliado para descubrir esas costas extrañas, esos caladeros de belleza desconocidos; son la gran hoguera en la que verás arder todas tus adherencias, en la que chisporrotearán y se derretirán todos los implantes; la puerta para acceder a la delicada delicia del eterno momento. Preservarlas, venerarlas y aprender de ellas me parece una de las escasas vías que nos queda para parar el biocidio en ciernes.

En conclusión, tomando de nuevo las palabras de Daniel Macías Díaz: “se puede decir que la prohibición no detiene ni la oferta, ni la demanda, (verbigracia el caso del duro y desigual matrimonio entre los EE.UU. y Colombia) generando: violencia, dolor, terror y castigo para los más débiles; corrupción, enormes beneficios, y grandes cuotas de influencia y poder ocultos sobre los gobiernos; y por último, toda esta farsa planetaria supone para todos un coste económico inútil que puede ser destinado para fines más nobles. Al igual que muchos derechos que nos dejamos robar en algún momento de la historia y otros que aún no han sido conquistados, la prohibición constituye en esencia la negación de nuestra ancestral libertad farmacológica. Muy probablemente en el futuro contaremos con un nuevo derecho fundamental, el derecho a la ebriedad.”8


  1. http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com/2010/05/el-mono-borracho-y-el-derecho-la.html ↩︎
  2. https://canamo.net/cultura/reportaje/cuidado-no-te-pongan-droga-en-el-vaso ↩︎
  3. Juan Carlos Usó Arnal. Drogas, neutralidad y presión mediática. Ed. El Desvelo. ↩︎
  4. Juan Carlos Usó Arnal. ¿Nos matan con heroína?: sobre la intoxicación farmacológica como arma de estado. Libros Crudos, 2015. ↩︎
  5. Juan Carlos Usó Arnal. ¿Nos matan con heroína?: sobre la intoxicación farmacológica como arma de estado. Libros Crudos, 2015. ↩︎
  6. Ibídem ↩︎
  7. http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com/2010/05/el-mono-borracho-y-el-derecho-la.html ↩︎
  8. http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com/2010/05/el-mono-borracho-y-el-derecho-la.html ↩︎

 

 

 

martes, agosto 26

Con ojos de Estado. Estado moderno y legibilidad

 

 

Hoy hablamos de la mirada del Estado moderno. ¿qué ven sus gafas?
En su libro "Lo que ve el Estado", el antropólogo james Scott parte de la legibilidad como punto de partida para entender las dinámicas estatales.

Con un fino análisis, James Scott ubica en el surgimiento de los Estados premodernos la importancia que ha tenido la creación de mecanismos de legibilidad cuya tarea ha sido simplificar y hacer visible parte de la complejidad de los elementos que dan forma al Estado. Los censos, los mapas, las listas catastrales y la convención de unidades de medida estandarizada son ejemplos de estos mapas de legibilidad que le han permitido al Estado actuar de un modo más eficaz.

La antropóloga Julieta Gaztañaga nos acompañará y guiará por este trabajo de Scott, para ajustar nuestra mirada y entender cómo la construcción del estado Moderno, necesitó (y necesita) de la legibilidad
¿Qué desaparece por el camino? ¿Cuál es la tensión entre el universalismo estatal y los particularismos locales? O ¿por qué fracasaron algunos de los grandes proyectos estatales de ingenieria social?

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domingo, agosto 17

Democracias en extinción

 

 

¿Estamos viviendo el final de las democracias liberales? ¿Es este un periodo histórico caracterizado por un el auge de sistemas políticos diferentes al liberal de la segunda mitad del siglo XX?

Hablamos con el historiador Steven Forti, autor del libro Democracias en extinción. El espectro de las autocracias electorales.
Junto con él, haremos un recorrido histórico sobre la transformación en las extremas derechas, analogías y diferencias respecto a los fascismos del pasado, su capacidad de reconocerse y coordinarse entre sí, y el peligro que suponen para las actuales democracias liberales, desmantelando el estado de derecho y lo que en su momento se denominó el estado de bienestar. Analizando modelos como el de Italia, Bukele, Israel o Hungría veremos que transformaciones se están dando dentro de los sistemas políticos como para entender que el tiempo de auge las democracias liberales podría haber pasado

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sábado, agosto 2

¿Quién ha roto internet? ¿a quién le beneficia?

 

 

¿Irritabilidad? ¿Adicción a las redes? ¿FOMO? ¿Tienes la sensación de que la vida en la web se ha vuelto más hostil? ¿Practicas el doomscrolling y no lo sabías? ¿Has sido blanco de un monetizador de odio o has visto a alguien cercano caer por una madriguera de conejo? Puede que padezcas severos síntomas del mal causado por el capitalismo de plataforma y los monopolios tecnológicos.

En La viralidad del mal, Proyecto UNA analizan cómo y por qué han crecido los discursos de odio en internet y cuál es la relación de este fenómeno con el Big Tech.

Hablamos con ellas sobre la historia de internet, cómo funciona el capitalismo de plataformas, cómo y por qué se destacan unos contenidos y no otros...

 

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