Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

sábado, enero 29

Del sentimiento de no estar del todo - J. Cortázar


Jamais réel et toujours vrai 
(en un dibujo de Antonin Artaud)



Siempre seré como un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que desde el comienzo llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y nel mezzo del camin se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo menos dos aperturas al mundo.
Esto puede entenderse metafóricamente pero apunta en todo caso a un temperamento que no ha renunciado a la visión pueril como precio de la visión adulta, y esta yuxtaposición que hace al poeta y quizá al humorista (cuestión de dosis diferentes, de acentuación aguda o esdrújula, de elecciones: ahora juego, ahora mato) se manifiesta en el sentimiento de no estar del todo en cualquiera de las estructuras, de las telas que arma la vida y en las que somos a la vez araña y mosca.
Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo por no estar o por estar a medias. Escribo por falencia, o por descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme.
Esta especie de constante lúdica explica, si no justifica, mucho de lo que he escrito o he vivido. Se reprocha a mis novelas - ese juego al borde del balcón, ese fósforo al lado de la botella de nafta, ese revólver cargado en la mesa de luz - una búsqueda intelectual de la novela misma, que sería así como un continuo comentario de la acción de un comentario. Me aburre argumentar a a que a lo largo de esa dialéctica mágica un hombre-niño está luchando por rematar el juego de su vida: que sí, que no, que en ésta está. Porque un juego, bien mirado, ¿no es un proceso que parte de una descolocación para llegar a una colocación, a un emplazamiento - gol, jaque mate, piedra libre? ¿No es el cumplimiento de una ceremonia que marcha hacia la fijación final que la corona?
El hombre de nuestro tiempo cree fácilmente que su información filosófica e histórica lo salva del realismo ingenuo. En conferencias universitarias y en charlas de café llega a admitir que la realidad no es lo que parece, y está siempre dispuesto a reconocer que sus sentidos lo engañan y que su inteligencia le fabrica una visión tolerable pero incompleta del mundo. Cada vez que piensa metafísicamente se siente "más triste y más sabio", pero su admisión es momentánea y excepcional mientras que el continuo de la vida lo instala de lleno en la apariencia, la concreta en torno de él, la viste de definiciones, funciones y valores. Ese hombre es un ingenuo realista más que un realista ingenuo. Basta observar su comportamiento frente a lo excepcional, lo insólito; o lo reduce a fenómeno estético o poético ("era algo realmente surrealista, te juro") o renuncia en seguida a indagar en la entrevisión que han podido darle un sueño, un acto fallido, una asociación verbal o causal fuera de lo común, una coincidencia turbadora, cualquiera de las instantáneas fracturas del continuo. Si se lo interroga, dirá que no cree del todo en la realidad cotidiana y que sólo la acepta para pragmáticamente. Pero vaya si cree, es en lo único que cree. Su sentido de la vida se parece al mecanismo de su mirada. A veces tiene una efímera conciencia de que cada tantos segundos los párpados interrumpen la visión que su conciencia de que cada tantos segundos los párpados interrumpen la visión que su conciencia ha decidido entender como permanente y continua; pero casi de inmediato el pestañeo vuelve a ser inconsciente, el libro o la manzana se fijan en su obstinada apariencia. Hay como un acuerdo de caballeros entre la circunstancia y los circunstanciados: tú no me sacas de mis costumbres, y yo no te ando escarbando con un palito. Pero ahora pasa que el hombre-niño no es un caballero sino un cronopio que no entiende bien el sistema de líneas de fuga gracias a las cuales se crea una perspectiva satisfactoria de esa circunstancia, o bien, como sucede en loscollages mal resueltos, se siente en una escala diferente con respecto a la de la circunstancia, una hormiga que no cabe en lo palacio o un número cuatro en el que no caben más que tres o cinco unidades. A mí esto me ocurre palpablemente, a veces soy más grande que el caballo que monto, y otros días me caigo en uno de mis zapatos y me doy un golpe terrible, sin contar el trabajo para salir, las escalas fabricadas nudo a nudo con los cordones y el terrible descubrimiento, ya en el borde, de que alguien ha guardado el zapato en un ropero y que estoy peor que Edmundo Dantés en el castillo de If porque ni siquiera hay un abate a tiro de los roperos de mi casa.
Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo. Vivo y escribo amenazado por esa lateralidad, por ese paralaje verdadero, por ese estar siempre un poco más a la izquierda o más al fondo del lugar donde se debería estar para que todo cuajara satisfactoriamente en un día más de vida sin conflictos. Desde muy pequeño asumí con los dientes apretados esa condición que me dividía de mis amigos y a la vez los traía hacia el raro, el diferente, el que metía el dedo en el ventilador. No estaba privado de la felicidad; la única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego no era fácil; pero pronto descubrí los gatos, en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros donde la encontraba de lleno. En esos años hubiera podido decirme los versos quizá apócrifos de Poe:
From childhood´s hour I have not been
As others were; I have not seen
As others saw; I could not bring
My passions from a common spring -
Pero lo que para el virginiano era un estigma (luciferino, pero por ello mismo monstruoso) que lo aislaba y condenaba.
And all I loved, I loved alone
No me divorció de aquellos cuyo Redondo universo sólo tangencialmente compartía. Hipócrita sutil, aptitud para todos los mimetismos, ternura que rebasaba los límites y me los disimulaba; las sorpresas y las aflicciones de la primera edad se teñian de ironía amable. Me acuerdo: a los once años presté a un camarada El secreto de Wilhelm Storitz, donde Julio Verne me proponía como siempre un comercio natural y entrañable con una realidad nada desemejante a la cotidiana. Mi amigo me devolvió el libro: "No lo terminé, es demasiado fantástico". Jamás renunciaré a la sorpresa escandalizada de ese minuto. ¿Fantástica, la invisibilidad de un hombre? Entonces, ¿sólo en el fútbol, en el café con leche, en las primeras confidencias sexuales podíamos encontrarnos?
Adolescente, creí como tantos que mi continuo extrañamiento era el signo anunciador del poeta, y escribí los poemas que se escriben entonces y que siempre son más fáciles de escribir que la prosa a esa altura de la vida que repite en el individuo las fases de la literatura. Con los años descubrí que si todo poeta es un extrañado, no todo extrañado es poeta en la acepción genérica del término. Entro aquí en terreno polémico, recoja el guante quien quiera. Si por poeta entendemos funcionalmente al que escribe poemas, la razón de que los escriba (no se discute la calidad) nace de que su extrañamiento como persona suscita siempre un mecanismo de challenge and response; así, cada vez que el poeta es sensible a su lateralidad, a su situación extrínseca en una realidad aparentemente intrínseca, reacciona poéticamente (casi diría profesionalmente, sobre todo a partir de su madurez técnica); dicho de otra manera, escribe poemas que son como petrificaciones de ese extrañamiento, lo que el poeta ve o siente en lugar de, o al lado de, o por debajo de, o en contra de, remitiendo este de a lo que los demás ven tal como creen que es, sin desplazamiento ni crítica interna. Dudo que exista un solo gran poema que no haya nacido de esa extrañeza o que no la traduzca; más aún, que no la active y la potencie al sospechar que es precisamente la zona intersticial por donde cabe acceder. También el filósofo se extraña y se descoloca deliberadamente para descubrir las fisuras de lo aparencial, y su búsqueda nace igualmente de un challenge and response; en ambos casos, aunque los fines sean diferentes, hay una respuesta instrumental, una actitud técnica frente a un objeto definido.
Pero ya se ha visto que no todos los extrañados son poetas o filósofos profesionales. Casi siempre empiezan por serlo o por querer serlo, pero llega al día en que se dan cuenta de que no pueden o que no están obligados a esaresponse casi fatal que es el poema o la filosofía frente al challenge del extrañamiento. Su actitud se vuelve defensiva, egoísta si se quiere puesto que se trata de preservar por sobre todo la lucidez, resistir a la solapada deformación que la cotidianeidad codificada va montando en la conciencia con la activa participación de la inteligencia razonante, los medios de información, el hedonismo, a arterioesclerosis y el matrimonio inter alia. Los humoristas, algunos anarquistas, no pocos criminales y cantidad de cuentistas y novelistas se sitúan en este sector poco definible en el que la condición de extrañado no acarrea necesariamente una repuesta de orden poético. Estos poetas no profesionales sobrellevan su desplazamiento con mayor naturalidad y menor brillo, y hasta podría decirse que su noción del extrañamiento es lúdica por comparación con la respuesta lírica o trágica del poeta. Mientras éste libra siempre un combate, los extrañados a secas se integran en la excentricidad hasta un punto en que lo excepcional de esa condición, que suscita el challenge para el poeta o el filósofo, tiende a volverse condición natural del sujeto extrañado, que así no ha querido y que por eso ha ajustado su conducta a esa aceptación paulatina. Pienso en Jarry, en un lento comercio a base de humor, de ironía, de familiaridad, que termina por inclinar la balanza del lado de las excepciones, por anular la diferencia escandalosa entre lo sólito y lo insólito, y permite el paso cotidiano, sin response concreta porque ya no hay challenge, a un plano que a falta de mejor nombre seguiremos llamando realidad pero sin que sea ya un flatus vocis o un peor es nada.
  
CORTÁZAR, Julio. La vuelta al día en ochenta mundos, Tomo I

miércoles, enero 26

La ciencia socialista, religión de intelectuales (libro)

Jan Vaclav Majaiski.


El socialismo del s. XIX no es, como lo afirman sus creyentes, un ataque contra los fundamentos del régimen de despotismo que existe desde hace siglos bajo la forma de toda sociedad civilizada, vale decir, el Estado. Es nada más que el ataque a una forma de ese despotismo: la dominación de los capitalistas. Incluso en caso de victoria, este socialismo no suprimirá el pillaje de siglos, eliminará únicamente la propiedad privada de los medios materiales de producción, la tierra y las fábricas. No suprimiría más que la explotación capitalista.
Por la sola supresión de los capitalistas privados, la clase obrera moderna, los esclavos contemporáneos, no dejan de ser esclavos condenados a un trabajo manual durante toda su vida; en consecuencia, la plusvalía nacional creada por ellos no desaparece sino que pasa a través de las manos del Estado democrático, y se constituye como fondos de sostén para la existencia parasitaria de todos los pícaros, de toda la sociedad burguesa.

Bardo Ediciones, Barcelona 2010
92 págs. 19x13 cm

domingo, enero 23

¿Valiente y feroz soldado?

Adolf Hitler no fue un héroe en la I Guerra Mundial, ya que siempre estuvo alejado del frente de batalla, y el antisemitismo y radicalización que le llevaron al poder años después no nacieron a raíz de la dolorosa derrota en la contienda.
Así lo afirma el historiador de la Universidad de Aberdeen (Escocia) Thomas Weber en su libro "La primera guerra de Hitler", en el que asegura que la trayectoria del dictador en la I Guerra Mundial fue una elaborada fabricación del régimen nazi. Weber basa su afirmación en nuevas cartas y documentos descubiertos en archivos alemanes, que sugieren que Hitler no sólo no fue un héroe en el campo de batalla, sino que sus compañeros se referían a él como "etappenschwein", "un cerdo de la retaguardia".
Hasta ahora, el consenso de los historiadores era que Adolf Hitler se jugó la vida como portador de mensajes entre el mando y el frente de batalla, pero los papeles a los que ha tenido acceso Weber indican que era un mensajero de retaguardia y que siempre estuvo a más de 5 kilómetros de la primera línea. Ell Partido Nazi invirtió tiempo y dinero para suprimir cualquier evidencia física de la auténtica historia del "Führer" durante la guerra, con el objetivo de convertirlo en un político popular.
El mito de Hitler como soldado valiente y la camaradería que vivió en las trincheras fue algo que el Partido Nazi usó desde el principio para extender su influencia más allá de la extrema derecha. Los nazis hicieron todo lo posible para proteger esta idea, destacó Weber, quien aseguró tener constancia de que unas memorias escritas por uno de los compañeros de Hitler fueron significativamente alteradas tras su publicación en 1933.
Lo que los nazis consiguieron convertir en hecho histórico es que la I Guerra Mundial fue el caldo de cultivo político de Hitler, que se radicalizó por sus vivencias y su sentimiento de que Alemania fue humillada por los aliados con el Tratado de Versalles. Pero la realidad, era que la vida de Hitler durante la guerra era su auténtico talón de Aquiles y que los nazis temieron durante mucho tiempo que su versión de los hechos se colapsara como un castillo de naipes si se conocía la versión de quienes estuvieron con él, o cerca de él, durante la contienda. Si Hitler vio reconocido su esfuerzo militar con la Cruz de Hierro fue porque estaba muy bien conectado, y no porque fuera un soldado valiente.
Hitler exageró el relato acerca de que fue el único soldado de su regimiento que sobrevivió a una batalla contra fuerzas británicas de élite. El historiador fundamenta la gran parte de sus revelaciones en los archivos del 16 Regimiento de Reserva de la Infantería Bávara, que hasta ahora no habían sido catalogados ni utilizados por los estudiosos.
Weber los encontró prácticamente intactos en el Archivo de Guerra de Baviera, porque habían sido traspapelados e incluidos en el archivo general de la división a la que pertenecía el regimiento al que estaba adscrito Adolfo Hitler. Es más, ni siquiera la mitad de los supervivientes del regimiento apoyaron políticamente a Hitler tras la guerra y en el año 1933 sólo el 2% de ellos era miembro del Partido Nazi. En este sentido, Hitler sólo acudió a una reunión de veteranos de su regimiento, en 1922, en la que fue "fríamente ninguneado", por lo que nunca regresó, ni siquiera en 1934 cuando ya estaba en el poder y sus compañeros se reunieron para conmemorar el 20 aniversario del inicio de la I Guerra Mundial.

jueves, enero 20

"Libertad de expresión" de Alberto García-Teresa


Se oye nuestra voz
porque somos inofensivos;
semilla en tierra yerma,
llama en el vacío.
Dejan flotar nuestras palabras
porque han reventado todos los nidos,
y caen como copos de plumas
sobre un matadero derruido.
Hasta que no duelan sus gargantas,
nuestra saliva tan sólo servirá
como lubricante para su máquina.
Y nuestras consignas continuarán siendo
meros lazos de regalo que ceban
su tolerancia, su libertad
de expresión hueca
y su condescendiente superioridad.

Alberto García-Teresa

lunes, enero 17

Che Guevara: El mito como forma de dominación


Las fabulas de los dioses y héroes se remontan a las más antiguas épocas de la Historia. Dioses y héroes eran los 'principales' que gobernaran el mundo. Los héroes eran semidioses, hijos de dioses mortales. Ahí están las raíces, las fuentes lejanas del Poder. Lo que nos demuestra que con esa religiosidad se pretendía (y se conseguía) el poder, la dominación de hombres y pueblos. Su función llegó hasta nuestros días a través de teocracias, monarquías, déspotas absolutos, y también sacralizando monarquías constitucionales y autocracias parlamentarias.


Hasta ayer (ayer de la Historia) había autoridades de origen divino, puestas por Dios, aun contra la voluntad de sus pueblos. Reyes y emperadores, césares y zares, monarcas de Oriente y Occidente, eran ungidos y considerados autosustentadores. El mito del buen rey, del padrecito zar y los caballeros sin tacha, tuvo un puente sobre el cual pasaron, como sobre brasas ardientes, revoluciones de origen popular como la Revolución francesa o la Revolución rusa. Partidos totalitarios hacen retornar un absolutismo, con dogmas y autos de fe, un Estado único e indivisible que absorbe las energías de la sociedad. Podemos entender al Poder como una fuerza colectiva, la capacidad de ser o hacer, pero "ser" monopolizado por un sector, un partido único o persona, es decir, apropiarse de esa fuerza social, es una manera de reducirla a la impotencia. Delegarla es renunciar a las fuerzas instituyentes, que permiten crear ambientes sociales con otros hombres, sus iguales. La más alta manifestación del ser humano es la capacidad de autodeterminarse, la de poder crear directamente normas de vida abiertas a la libertad de ensayos, a nuevas posibilidades.

La Revolución cubana


El movimiento obrero y social cubano tiene una larga tradición de lucha por su emancipación social, que arranca de fines del siglo XIX, como se vio en el Primer Congreso Obrero celebrado en La Habana en noviembre de 1887, en el posterior de 1892 y en la existencia de periódicos de esas fechas, como La Aurora y El Productor (ambos de inspiración anarquista). Esta resistencia, esta protesta contra la opresión fue ininterrumpida, continuando bajo Batista. Desapareció bajo la dictadura del Partido Comunista Cubano. Un capítulo de esa larga lucha fue la llamada Revolución cubana, alimentada por múltiples corrientes político-sociales que la determinaron como un impulso liberador. Lamentablemente a semejanza de la contrarrevolución bolchevique, esta revolución cubana terminó en manos de un partido único, con la dictadura absolutista del mismo, la economía de guerra, el culto a la personalidad de los jefes y la subordinación a un bloque imperialista. Siguió exactamente los procesos de la vieja tradición de la conquista del poder por el terror, con un paraíso en el futuro, que los tiempos demostrarían que era lo contrario. El propósito fundamental de la Revolución fue desviado. Ni tierra a los campesinos, ni fábrica a los obreros. La expropiación social y el control de la capacidad productora y formativa de la sociedad pasaron a manos de una minoría decisoria, quedando el resto del pueblo a ejercer funciones de obediencia y sumisión. Ni Fidel Castro ni el Che Guevara y su grupo respetaron los derechos humanos elementales de la persona. Invocaron el socialismo, pero implantaron un capitalismo de Estado que terminará en un desarrollismo neoliberal compartido, vergonzante y con el pretexto de razones de Estado. El pensamiento único y el control de los medios de información e instrucción están obteniendo el objetivo de interiorizar en el imaginario colectivo las bondades del proyecto, y la fabula de una epopeya cortada a la medida de los autores del libreto, que no dejará ver la realidad.

El Che Guevara y Trotski


Hay muchas vidas paralelas. El Che Guevara y Trotski tienen en sus vidas y destinos trágicos rasgos de esencia y avatares que los identifican. Surgen de las turbulencias del poder político, no del corazón de las masas como Durruti, el obrero, o campesinos como Majnó o Emiliano Zapata. Guevara y Trotski eran marxistas leninistas, jefes de ejércitos; ambos eran profundamente autoritarios, imponiendo un dominio que no les permitía escuchar otras voces. Ambos fueron perdedores en la lucha despiadada por el Poder, ambos se habían alzado en las olas de una revolución popular y esperanzadora. Ambos hablaron en nombre del proletariado, pero no le dejaron hablar ni actuar. Como Mahoma o Gengis Kan, quienes no aceptaron su fe, debían morir. Trotski llevó adelante la contrarrevolución bolchevique cooperando en la organización de la Cheka, la policía política que impuso el terror de masas contra toda la oposición en 1917, con sus aisladores, los Gulag, la isla Solovsky, prisiones dantescas como la Lubianka o la Butirky. Las matanzas de Georgia en 1921, región que solamente quería su reforma social propia, de Kronstad, que se atrevió a pedir todo poder a los soviets, de Ucrania, que soportó el frente alemán y la Entente, con los generales Wrangel, Denikin y zaristas como Kolchak; el Ejército Rojo atacó alevosamente a las órdenes de Trotski y destruyó sus comunidades.

El Che Guevara y El Campesino


El Partido Comunista, siempre utilizó y dimensionó a sus necesidades a los miembros que le servían a su burocracia. El Campesino (Valentín González, joven campesino español de base hasta el Frente Popular), durante la revolución y la guerra de España fue promocionando exageradamente por el excelente aparato de propaganda del Partido, poniéndolo a niveles de epopeya. Con la derrota (a la cual colaboró el Partido con los asesinatos de la Cheka de opositores a las pretensiones de hegemonía) fue llevado a Rusia con otros elegidos. Sesenta años de sindicalismo revolucionario autogestionario habían dejado sus huellas en todos los trabajadores organizados de España. Incorporado al trabajo en Rusia, de inmediato vio los horrores del sistema y protestó. Fue a parar a las minas de sal de Siberia, de las cuales nadie volvía. Consiguió huir, atravesó la Siberia en una trayectoria parecida a la de Bakunin y fue a parar a París. Allí escribió sus memorias: "Vida y muerte en la URSS". Caída la venda describe la verdadera Rusia (que es la de hoy) y su pérfida burocracia. La radiografió con verdad, valor y dolor. Su destino tuvo similitud con el Che por la caída de las alturas del Poder, pero el Che no tuvo ni la lucidez, ni el valor para enfrentar la verdad.

La génesis del mito


A semejanza de las hagiografías, de la historia edificante de la vida de los fundadores de órdenes religiosas, el culto al Che Guevara hizo eclosión después de su muerte. Aunque siempre el aparato del Partido le batió el parche, a semejanza del represor estalinista comandante Lister, en la Revolución española, o el carnicero de la República de los Consejos húngaros en 1922, Béla Kun. Pero un examen crítico de su vida, incluso examinando su actuación y su pensamiento en sus obras completas, donde está también su diario, aún no fue realizado. Los mitos están más allá de la razón. Pero nosotros podemos apreciar a través de sus memorias que su pensamiento y su praxis estaban encerrados en los límites de un jefe guerrillero, que aspiraba a tomar el Poder por asalto y mantenerlo por esa extrema violencia social llamada dictadura del proletariado. La Reforma Agraria, que junto con la caída de Batista fueron motivos esenciales de la Revolución cubana, consistió a través del Partido en pasar la tierra al Estado, en rápidas etapas. Quedando los campesinos convertidos en asalariados del Estado, con su plusvalía manejada por los burócratas del Partido único. El Che Guevara como responsable del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) impone la organización de granjas del Estado. Para esto destruye las cooperativas autónomas, como las organizaciones obreras y campesinas independientes, barriendo las conquistas sociales de años, como las libertades públicas, los derechos de palabra, de asociación, de prensa, etc.


El resultado se ve por sus propias palabras de atamán: "La base campesina sigue sin desarrollarse aunque parece que mediante el terror planificado lograremos la neutralidad de los más, el apoyo vendrá después". Sigue: "Ahora viene una etapa en la que el terror sobre los campesinos se ejercerá desde ambas partes, aunque en calidades diferentes. Nuestro triunfo significará el cambio cualitativo necesario para su salto en el desarrollo". La apatía popular tiene un motivo claro: "La iniciativa parte en general de Fidel o del Alto Mando de la Revolución, y es explicado al pueblo, que la toma como suya". Cómo tomaba la vida humana desaprensivamente en sus manos también lo expresan sus propias palabras refiriéndose a una ejecución en campaña: "Este Aristido fue uno de los casos típicos de campesinos que se unieron a la revolución, sin una clara conciencia de lo que significaba y al hacer su propio análisis de la situación encontró más conveniente situarse en la 'cerca' (...) Varias versiones llegaron hasta mí (...) Aquellos eran momentos difíciles para la revolución y en uso de las atribuciones que como jefe de una zona tenía, tras una investigación sumarísima, ajusticiamos al campesino Aristido. Hoy nos preguntamos si era realmente tan culpable como para merecer la muerte y si no se podía haber salvado una vida para la etapa de la constitución revolucionaria".

El culto


Se ha dicho que la protesta juvenil es una réplica a la necesidad de la comunicación, comunicación que el desarrollo de nuestra cultura no ha producido sino bajo formas alineadas. Pero podemos considerar que la mercantilización, la absorción por el mercado de su simbologia, es una caída en el sistema, una forma de esterilizar los gérmenes de rebeldía y una manera de cambiar la mala conciencia, creyendo que con ritos exteriores se transforman los sistemas. Y es de extrema importancia observar que el ejercicio de este culto arrastra consigo el hecho de una confusión entre revolución y regresión.

Luis Alberto "Beto" Gallegos


Tierra y Libertad - F. A. I.

viernes, enero 14

Contra el racismo y toda autoridad

La lucha por la igualdad social entre personas de distinto aspecto
físico en base a su color de piel o por distintos comportamientos
culturales se plantea actualmente desde distintas ópticas. Desde el
ciudadanismo, que entiende que, como ciudadanes iguales ante la ley
que debemos ser, el racismo debe ser perseguido por ésta, hasta
posturas más radicales, es decir, que buscan destruir la raíz del
problema y no, no tenemos ningún miedo en reivindicarnos como parte de
esta última. --- El racismo, a día de hoy, surge como consecuencia del
conflicto social que comienza a extenderse en la Edad Moderna con la
aparición en la historia de un primer capitalismo de carácter
mercantil y financiero, pero que no da lugar al actual racismo hasta
que no llegamos a su nueva etapa histórica, el capitalismo global e
imperialista. El racismo es el sentimiento de superioridad frente a
aquelles que, por sus caracteres genéticos externos, son considerades
distintes; pero existe otro sentimiento, menos terrible pero
igualmente despreciable, que es la xenofobia, es decir, el miedo, el
rechazo hacia aquelles que han desarrollado formas culturales
distintas de las nuestras y que, por motivos generalmente económicos,
de pobreza, se ven forzades a migrar hacia países de aparente mayor
“riqueza social” (es decir, donde les riques son más riques que en
otros países).

La xenofobia que vemos hoy día en nuestra sociedad es fruto de un
sistema competitivo, como es el capitalismo, que nos empuja a les
trabajadores a competir por los puestos de trabajo que cada vez
destruyen más les empresaries, propietaries de los medios de
producción y distribución, les mismes que aprovechan la situación de
desesperación de estas personas migrantes para una más fácil
explotación laboral.

Vemos, pues, que la xenofobia es un sentimiento fácilmente
aprovechable por esta clase empresarial, auténtica culpable de
nuestros problemas como clase trabajadora, para enfrentarnos entre
nosotres y no con nuestres verdaderes enemigues y tampoco tenemos
miedo a hablar de confrontación mientras una parte minoritaria de la
sociedad pero que, por el contrario, acumula la mayor parte de la
riqueza, siga aprovechándose de nosotres.

En este mismo sentido, vemos a los distintos gobiernos, órganos
ejecutivos del Estado, incentivando a esta clase empresarial que ya no
necesita ocultarnos que nos gobierna (FMI, BM, BCE… son órganos que
nos dictan las políticas económicas). Vemos, pues, que el Estado,
órgano para la perpetuación de los privilegios sociales de les
empresaries, elabora políticas que alientan el racismo y la xenofobia
para aumentar la conflictividad interna de nuestra clase.

Vemos también que en esta sociedad legalista, cuando existe un
problema, se cree que lo mejor es resolverlo con la ley, con la
represión, así es como se justifica que miles de trabajadores, todos
los días, sean controlades por los miembros de una de las Fuerzas y
Cuerpos de Seguridad del Estado, la Policía Nacional, por el mero
hecho de tener un color distinto de piel o un acento extraño,
contrario a lo que dicen sus propias leyes de no discriminación por
motivos de raza o procedencia, así es como se justifica que cientes de
inmigrantes sean encarcelades en los Centros de Internamiento de
Extranjeres, auténticas cárceles para quienes su mayor delito es no
haber nacido en la Europa de la libertad… de mercado.

Ante todas estas agresiones, entendemos que nos queda nuestra
organización como clase, organización indiscriminada de natives o
migrantes, con la única motivación de eliminar la desigualdad social,
generada por la injusta distribución de la riqueza, la propiedad de
los medios de producción y distribución, así como para luchar contra
el principio de autoridad que deriva en el delegacionismo imperante en
nuestra sociedad, al dejar siempre la resolución de nuestros problemas
en manos ajenas, como ocurre con el caso de la xenofobia y el racismo,
al dejar su resolución en manos de los mismos gobiernos que
posteriormente se demuestran como nuestros agresores. Proponemos,
pues, nuestra autoorganización sin líderes, sin vanguardias, una
organización anárquica que deje las decisiones a tomar en manos de las
bases y no de órganos intermedios o superiores que nos digan lo que
hacer, pues nadie debe ser quién para imponernos la justicia o la
injusticia social, sobre todo sabiendo que el poder genera vicios
entre quienes lo detentan, terminando por cometer esas injusticias
sociales que se proponía combatir (y eso cuando, de forma sincera, se
ha propuesto combatirlas), es decir, apostamos por el Federalismo
anarquista y la Acción Directa, la acción sin intermediaries entre
nosotres y les causantes de nuestros problemas. Vemos también la
incoherencia de, en cualquier lucha, recibir con las manos abiertas
las migajas de aquél a quién pretendemos destruir: el Estado. Por
contra, creemos en nuestra autofinanciación y la autogestión de
nuestras organizaciones, para mantener la autonomía de nuestras
decisiones, al no depender de órganos externos.

Entendemos que la lucha por otras vías en ésta o cualquier otra
problemática social, es reproducir los mismos errores y no
resolverlos, dejarlos ahí en estado latente, ya que la única forma de
destruirlos es destruir el sistema económico y social que los genera:
el Capitalismo y el Estado, a través de una auténtica Revolución
Social y no solo político-económica o tristes y paulatinas reformas.

¡Contra el racismo, el capitalismo que lo genera

Y el Estado que lo ampara y ejerce!


Grupo Bandera Negra

Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas

martes, enero 11

Drogas siquiátricas: ¿medicina o curanderismo?

Lawrence Stevens, J.D

Las drogas siquiátricas son inútiles y la mayoría de ellas dañinas.  Muchas causan permanentes daños cerebrales en las dosis que comúnmente se dan.  Las drogas siquiátricas y la profesión que las promueve son un peligro para su salud.
 ANTIDEPRESIVOS
El Libro de texto comprensivo de siquiatría IV dice:  “Las drogas de tipo triciclo[1] son el tipo más efectivo de antidepresivos” (Williams & Wilkins, 1985, p. 1520).  Pero en su libro Venciendo a la depresión el Dr. Andrew Stanway dice:  “Si las drogas antidepresivas fueran realmente tan efectivas como se anuncia, los índices de ingreso a hospitales por depresión habrían disminuido los últimos veinte años en que han estado disponibles.  Desgraciadamente, esto no ha ocurrido....  Muchas pruebas han mostrado que los triciclos apenas son más efectivas que los placebos, e incluso se ha encontrado que algunos no son tan efectivos que ese tipo de placebos o pastillas falsas” (Hamlyn Publ., 1981, pp. 159s).  En su libro de texto Terapia electroconvulsiva, el Dr. Richard Abrams, profesor de siquiatría en la Escuela Médica de Chicago, explica la razón por la que actualizó su libro:  “En estos seis años ha aumentado el interés en el ECT.[2]  ¿Qué ha causado este cambio de actitud en la siquiatría americana?  Quizás el desencanto con los antidepresivos.  No se ha encontrado que ninguno sea terapéuticamente superior a la imipramina [un triciclo], que ya tiene treinta años, y los compuestos introducidos recientemente son menos efectivos o más tóxicos que las drogas de antaño (Oxford Univ. Press, 1988, p. xi).  Abrams añade que “a pesar de los alegatos de los fabricantes, ningún progreso significativo en el tratamiento farmacológico de la depresión ha ocurrido desde la introducción de la imipramina en 1958” (p. 7).  En el prólogo al libro de Abrams, el Dr. Max Fink, profesor de la Universidad de Nueva York en Stony Brook, mencionó la razón por la que el uso de la “terapia” del ECT ha incrementado para la depresión: se debe a lo que llama “desilusión de la eficacia de las drogas sicotrópicas” (p. vii).  En su libro Drogas siquiátricas: un peligro para el cerebro, el Dr. Peter Breggin asevera:  “La cuestión más importante sobre los antidepresivos más usados es que no producen un efecto específico.  De igual manera que los neurolépticos hacia los que están emparentados, son altamente neurotóxicos e inhabilitantes del cerebro y logran su impacto por medio de interrumpir el funcionamiento normal del cerebro...  Sólo la ‘opinión clínica’ de los que promueven estas drogas habla de efectos antidepresivos” (Springer Publ. Co., 1983, pp. 160 & 184).  Un artículo de Newsweek dice que “el Prozac... y sus primos químicos Zoloft y Praxil no son más efectivos que los tratamientos anteriores de la depresión” (7 febrero 1994, p. 41).  La mayoría de la gente con la que he hablado que han tomado antidepresivos, incluyendo Prozac, dicen que esas medicinas no les funcionaron.  Esto arroja dudas sobre la afirmación que el sesenta por ciento de la gente que toma medicamentos supuestamente antidepresivos se mejora.
 LITIO
Se dice que el litio ayuda a la gente cuyos humores cambian repetidamente de encontrarse en júbilo a desalentado y otra vez a júbilo, etc.  Los siquiatras le llaman a esto trastorno maníaco depresivo o trastorno bipolar.  El litio se prescribió por primera vez como droga siquiátrica en 1949 por un médico australiano, John Cade.  De acuerdo con un texto de siquiatría:  “Mientras experimentaba con animales, incidentalmente Cade notó que el litio hacía más letárgicos a los animales, de manera que comenzó a administrarle esta droga a los pacientes agitados”.  El texto describe éste como “un momento crucial en la historia de la sicofarmacología” (Harold Kaplan y Benjamin Sadock, Siquiatría clínica, Williams & Wilkins, 1988, p. 342).  Sin embargo, si no quieres encontrarte letárgico, tomar litio difícilmente te traerá beneficios.  Una persona que cree en la terapia del litio admitirá que causa “un sentimiento ligeramente depresivo y generalmente letárgico” y le llamará “letargia estándar” causada por litio (Roger Williams, “¿Una decisión precipitada?: enfrentando las secuelas de un episodio maníaco depresivo” en la revista American Health, octubre 1991, p. 20).  De igual manera, uno de mis parientes fue diagnosticado de maníaco depresivo y le dieron carbonato de litio.  Años después me dijo:  “El litio me sacó de encontrarme arriba pero no de las bajas”.  No debe sorprender que una droga que induce letargia tenga este efecto.  Increíblemente, algunas veces los siquiatras afirman que el litio mantiene al margen los sentimientos de depresión a pesar que el litio, como la mayoría de medicamentos siquiátricos, producen sentimientos de desgano e infelicidad (a pesar que se llamen “antidepresivos”).
 TRANQUILIZANTES  MENORES / MEDICAMENTOS  CONTRA  EL  ANSIA
Entre las drogas siquiátricas más usadas están los llamadas tranquilizantes menores: Valium, Librium, Xanax y Halcion.  Los médicos que las prescriben dicen que poseen un efecto calmante contra la ansiedad y que suprime estados de pánico, o que son buenas para dormir.  Cualquier persona que crea esas cosas debe ir a la biblioteca más cercana y leer el artículo “Ansiedad alta” en la revista Consumer Report (enero 1993) o el capítulo 11 de Siquiatría tóxica del Dr. Peter Breggin (St. Martin Press, 1991): ambos documentos afirman lo opuesto.  Como la mayoría de las drogas siquiátricas, los llamados tranquilizantes menores no curan nada sino son meramente drogas que bloquean el funcionamiento cerebral.  En ciertas pruebas clínicas para un juicio, el 70 por ciento de las personas que toman Halcion “desarrollaron pérdida de memoria, depresión y paranoia” (“La compañía Upjohn defiende una controversial droga para dormir” en Miami Herald, 17 diciembre 1991, p. 13A).  De acuerdo a Newsweek (17 febrero 1992) “cuatro países han prohibido completamente ese medicamento” (p, 58).  En Siquiatría tóxica, Breggin, hablando de los tranquilizantes menores, dijo:  “Como la mayor parte de los medicamentos siquiátricos, el uso del medicamento eventualmente causa un incremento en los mismos síntomas que se supone la droga debe aminorar.
 MEDICAMENTOS  SIQUIÁTRICOS CONTRA  EL SUEÑO:  EL  SUEÑO  DISTINGUIDO  DE  INCONCIENCIA  INDUCIDA  POR  MEDICAMENTOS
Contrariamente al alegato que los tranquilizantes mayores y menores y los antidepresivos son buenos para dormir, el efecto es bloquear el verdadero sueño.  Cuando presenciaba clases de siquiatría con un amigo estudiante, el profesor nos dijo:  “Las investigaciones han mostrado que no necesitamos dormir, pero necesitamos soñar”.  La fase del sueño es la parte crítica.  La mayoría de las drogas siquiátricas, incluyendo las promovidas como medicamentos para dormir o tranquilizarse, inhiben la fase del soñar induciendo un estado que parece sueño pero que en realidad es un estado inconsciente sin sueños.  En otras palabras, el sueño es una importante actividad mental que es detenida con la mayoría de las drogas siquiátricas.  Una revista de autoayuda aconseja:  “No tomes pastillas para dormir a menos que te las prescriba un médico, y aún así no más de diez noches consecutivas.  Además de perder su efectividad y convertirse en adictivas, los medicamentos que inducen el sueño reducen o previenen el estado del sueño necesario para la salud mental” (revista Going Bankers?, primer número, p. 75).  En El libro del cerebro, Peter Rusell, profesor de la universidad de Rhode Island, dice: “Al dormir, especialmente en los períodos del sueño, las proteínas y otros químicos que el cerebro usa en el día se abastecen con creces” (Plume, 1979, p. 76).  Experimentos sobre privación del sueño en gente normal muestran que causa alucinaciones si se continúan por el tiempo suficiente (Maya Pines, Los modificadores del cerebro, Harcourt Brace Jovanovich, 1973, p. 105).  Éstas son realmente las consecuencias de tomar drogas que inhiben o bloquean el verdadero sueño.

sábado, enero 8

miércoles, enero 5

Preservación de la biodiversidad y sociedad rural popular tradicional, pasado y futuro

Félix Rodrigo Mora

El estrés hídrico está devastando los montes. Que se extingan el lince, el urogallo o el oso pardo es algo terrible, pero que conozcan la misma suerte los bosques de encinas, que son el principal reservorio de la biodiversidad en grandes áreas peninsulares es un acontecimiento aterrador. Podemos achacarlo al cambio climático producido por los gases de efecto invernadero, como hace el ecologismo institucional, según su estrategia de que son los gobiernos y los expertos, no los pueblos, quienes están llamados a resolver los problemas medioambientales. Tal enunciado convierte la parte en el todo e impone una explicación monista en contradicción con lo observado.
Dejando de lado el politicismo, podemos señalar como causas de la devastación de esos bosques: 1) la sequía estival; 2) el descenso de la capa freática por causa del exceso de regadíos; 3) la falta de población en los medios rurales, que impide darles las labores adecuadas, así como la pérdida de saberes; 4) el desprecio por sus frutos, sobre todo por la bellota, que antaño sirvió también para la alimentación humana en forma de pan y de un sinfín de productos; 5) la escasez de ganado autóctono en extensivo, que cuida y fertiliza el bosque; 6) la contaminación aérea por metales pesados y lluvia ácida; 7) la falta de atención de los pueblos, que antaño
cuidaban sus montes desde la institución del concejo abierto, tarea que ahora, en general, les ha sido usurpada por las instituciones
y que se delega sobre todo en el Seprona, con efectos muy negativos.
Tenemos, pues, siete causas, a las que hay que añadir una octava, sí, el efecto invernadero. La sequía estival, esa dramática realidad que terminará convirtiendo a la gran mayoría de la península ibérica en un desierto, si no se actúa enérgicamente desde las bases del cuerpo social, tiene, a su vez, diversos orígenes. Los males originados por la disminución e irregularidad de las precipitaciones, así como por la reducción de la humedad relativa del aire, ya eran bien visibles en la segunda mitad del siglo XIX, y sobre su procedencia se aportaron análisis certeros: la destrucción a gran escala de la cubierta arbórea debido a la privatización (ilegítima) de los bosques concejiles por el Estado.
Más allá de las propuestas puramente técnicas, funcionariales y “apolíticas”, es el sistema de concejo abierto de la ruralidad popular el que, recreado, aunque no como copia del pasado¡ sino adecuándolo a las condiciones actuales, puede proporcionar soluciones a los problemas medioambientales.
Una parte creciente de la flora y fauna silvestres está manifestando no poderse adaptar a tan rapidísima transformación del clima que se ha agravado en los últimos decenios, pero que comenzó a producirse en el siglo XVIII, con la organización productivista del medio natural dirigida por el ente estatal que preconizó la Ilustración, Jovellanos, por ejemplo, y luego con las medidas tomadas por la revolución constitucional y liberal, tal como se desprenden de la luctuosa Constitución de 1812, inspiradora del Decreto de desamortización de baldíos (comunales), de 1813, que dejó sin árboles millones de hectáreas, aunque aún fue peor la Ley de Desamortización Civil, de 1855, proveniente de la Constitución de 1845.
A ello se unieron los intereses estratégicos del aparato militar, que se expresa en las aciagas Ordenanzas de Montes de Marina, desde mediados del XVIII y en las factorías para la fundición de cañones que destruyen áreas inmensas de arbolado, como la de Liérgana (Cantabria). Posteriormente, en el fomento de los altos hornos sobre todo para poseer poder naval; en la conversión de la agricultura en un mercado para los productos de una industria química que existe, principalmente, por razones castrenses; en la imposición de la maquinaria pesada agrícola como paso previo a la fabricación de equipo militar pesado, en la introducción de los insumos neoquímicos con fines inconfesables.
Convertidas amplias extensiones, quizá entre 12 y 17 millones de hectáreas, de pasto y bosque en terrenos agrícolas o en superficies hoy devastadas y estériles, por la desamortización civil, aquéllos van a padecer una nueva merma de biodiversidad en la segunda mitad del siglo XX, con la generalización de la agricultura científica e industrial, dirigida por ingenieros y especialistas, maquinizada y quimizada. Si esas tierras peninsulares de labor, ya bastante degradadas por las causas expuestas, tenían hacia 1950 una riqueza faunística de unas 30 especies, en torno al año 2000 únicamente se contabilizaban 7, lo que significa una pérdida superior al 75% en sólo cincuenta años, algo pavoroso.
Dado lo delicado del asunto, introduciré esta cuestión con un titular: Una población única de urogallo, amenazada por parques eólicos en la provincia de León(2); uno más entre docenas, quizá cientos, similares. En efecto, las energías renovables son el nuevo azote de la biodiversidad: dañan el ecosistema que permite sobrevivir al oso pardo, originan gran mortandad de aves, una parte de ellas en peligro de extinción, devastan la población de murciélagos, que mantienen a raya plagas tan tenaces como la carpocapsa, llevan el hormigón a lugares donde jamás antes había llegado, abren zanjas y sendas por doquier, recorridas regularmente por los servicios de mantenimiento, con la contaminación múltiple correspondiente, afean el paisaje y todo ello con fines productivistas, hacer posible, al menos en la intención, el crecimiento continuo del consumo de energía, cuando de lo que se trata es de reducirlo, incluso al 10% del actual. Lo mismo puede decirse de los “huertos solares” que ocupan cada vez mayores extensiones de terreno,
que es desertificado y apartado de su destino natural, el ser reforestado, además de usar sustancias muy tóxicas en la elaboración de las placas.
Pero eso no es todo. En mi libro Naturaleza, ruralidad y civilización expongo los notables daños al medio ambiente y a la preservación de la biodiversidad que ocasiona la agricultura ecológica certificada institucional: agresión a la entomofauna auxiliar con el desyerbado térmico, el uso de bacillus thuringiensis y otras prácticas; contaminación del suelo y el aire con feromonas, erosión a gran escala en el olivar ecológico, uso de sustancias tóxicas como insecticidas, utilización de maquinaria pesada que compacta los suelos, violación del principio de precaución, orientación productivista(3) y dependencia absoluta del par Estado-mercado, entre otros. No es, por tanto, una solución, y de ella no puede esperarse una mejora de la biodiversidad.

¿Cuál sería el programa de propuestas?

Poner fin a la sequía estival, por tanto, a sus causas. Retornar a los regadíos tradicionales, un tercio de los actuales, evitando la exportación de productos agrícolas, pues es exportar agua. Retirar de la agricultura unos diez millones de hectáreas, para proceder a su forestación con especies autóctonas. Desmontar los cultivos arbóreos paso a paso, especialmente los eucaliptales, para sustituirlos
por especies peninsulares. Incrementar la población rural hasta al menos el 75% del total, con fomento de la natalidad, lo que precisa eliminar la actual prohibición de facto de que las mujeres sean madres, ya que para la realización de las ingentes tareas de recuperación medioambiental, que pueden necesitar más de un siglo de trabajos colosales, hace falta una población numerosa y joven. Extinguir las ciudades, promoviendo su abandono voluntario, pues aquéllas son constitutivamente letales para el medioambiente y la biodiversidad. Hacer que al menos un tercio de la alimentación humana se base en frutos arbóreos, hierbas silvestres y nutrimentos no cultivados, para limitar la erosión que acompaña siempre a las prácticas agrícolas. Rebajar la ingestión de alimentos a 2.600 calorías, desde las 3.300 actuales, lo que permitiría reducir sustancialmente las superficies cultivadas, para lo cual se han de sustituir los hórridos placeres del estómago por una cosmovisión del esfuerzo y el servicio desinteresados, que se centre en los bienes inmateriales, la verdad, la libertad, la convivencia, el bien moral y la virtud. Restringir tanto como sea posible el uso de tecnología industrial en la agricultura y ganadería, eliminado al mismo tiempo la casi totalidad de los productos químicos y neoquímicos. Establecer el autoabastecimiento y el policultivo como sistema habitual, reduciendo al mínimo el mercado y el uso del dinero. Hacer universal el trabajo agrícola, de tal manera que todas y todos los adultos se ocupen de una parcela de tierra que les proporcione lo sustantivo de su alimentación. Desindustrializar y minimizar el uso de maquinaria. Estatuir la soberanía del municipio, política y económica. Crear un orden político que tenga su fundamento en las asambleas omnisoberanas, inspiradas en el
concejo abierto del universo rural popular tradicional, con comunales y normas jurídicas de creación y aplicación popular, con libertad de conciencia, libertad política y libertad civil, libertades hoy inexistentes en lo principal. Lo expuesto, qué duda cabe, es un programa revolucionario, por sí y por el marco político que exige.
¿Qué es lo que propone el ecologismo institucional? Coherente con su naturaleza, se reduce a preconizar la acción estatal, positiva, con políticas de fomento y ayudas (por ejemplo, a la agricultura ecológica, bien subvencionada), y negativa, ampliando cada vez más el número de las leyes y las sanciones penales, así como expandiendo los aparatos de vigilancia y coerción. La solución legicentrista
se manifiesta bien en, por ejemplo, Derecho europeo de la biodiversidad. Aves silvestres, hábitats y especies de flora y fauna (Agustín García Ureta, 2010), un tomo de 755 páginas dedicadas a la legislación medioambiental. Su lectura lleva a una conclusión: que tan profusa actividad normativa, por tanto represiva, no puede ser el remedio. Primero, porque es una inmensa maraña de normas legales imposible de manejar. Segundo, debido a que no va a las causas sociales de los problemas, pues se limita a reprimir algunas de sus manifestaciones. Tercero, porque el derecho que “protege” la biodiversidad es el mismo que mantiene las actuales estructuras, que son decididamente dañinas.
Los hechos prueban tal aserción: tras casi medio siglo de legislación ambiental a gran escala, la biodiversidad y el medio ambiente,
lejos de mejorar, han seguido empeorando.
El activismo institucional se manifiesta asimismo en la forma de encuentros internacionales. El más conocido hasta ahora fue la llamada Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro en 1992, en la que se reunieron 156 Estados. Han pasado ya casi 20 años, ¿qué ha
resultado de ella? La respuesta es que, en lo positivo, apenas nada y en lo negativo mucho. En efecto, lo allí preconizado para mantener la diversidad biológica ha manifestado ser mendaz propaganda institucional, con algunas medidas quizá positivas, pero muy pocas y de ter- cer orden. La mezcla de verborrea y mejoras de ínfima significación ha servido, en los años transcurridos, como pantalla tras la cual ampliar y profundizar la destrucción medioambiental. El balance es, por tanto, ampliamente negativo. Tales montajes, propios de la sociedad del espectáculo, se usan sobre todo para confundir, apaciguar y desmovilizar a la opinión pública, a la que se hace llegar el mensaje de que son los Estados y los expertos en “salvar el planeta” quienes se han de encargar de estos asuntos, no el pueblo. El mismo juicio se debe aplicar a, por ejemplo, la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático, celebrada a finales de 2009.
De tales eventos nos llegan textos tan infaustos como la “Convención sobre la biodiversidad”, que sostiene, sin pudor, que son los Estados, no los pueblos, los que poseen derechos sobre los recursos biológicos, y que son los Estados, no los pueblos, quienes son
responsables de su conservación. Una vez que se ha producido la marginación y exclusión de la gente común, a la que se niega la capacidad para actuar a favor del medio ambiente, que queda como tarea de altos funcionarios, legisladores, policías y guardias civiles, políticos profesionales, tecnócratas, profesionales del ecologismo institucional, multinacionales “verdes” y otros grupos de élite, la restauración del medio natural es imposible.
Pero hay más. Un texto así, que expresa el ideario del ecologismo institucional, es no-democrático y totalitario en sí mismo, pues estatuye la dictadura de los expertos en una cuestión vital para todos, el medio ambiente.
Si algo enseña la historia del quebranto medioambiental, en las tres grandes oleadas que han tenido lugar en los últimos 200 años, es que tras ella está siempre el poder constituido, de manera que no es posible admitir que la causa primera del mal se haya convertido en su remedio. El elemento motor en última instancia de la pérdida de diversidad biológica han sido los intereses militares, policiales, imperiales, de dominio político, legislativos, aleccionadores, fiscales y económicos de los aparatos estatales, desde el siglo XVIII hasta hoy, temible complejo al que se denomina razón de Estado. Ésta, unida a la codicia de las clases propietarias, es la responsable de las nocividades en curso, de manera que es imposible admitir que una combinación de intervencionismo estatal unido a un renovado afán de lucro, sin olvidar el deseo de cierto ecologismo de proporcionar a sus adeptos carreras profesionales exitosas, pueda ser el remedio. Para comprobarlo basta con repasar las causas concretas de la pérdida de la biodiversidad y devastación ambiental, antes señaladas, a fin de determinar quién las ha promovido y promueve, y a quién benefician.
Hay, pues, dos conclusiones a extraer:
Una respecto a los fines. La biodiversidad ha sido máxima en el pasado, cuando el régimen de concejo abierto, comunal, colectivista,
de ayuda mutua y fundamentado en el derecho consuetudinario, con una agricultura popular (tan diferente a la convencional como a la ecológica) y soberanía del municipio, eran realidades tangibles. Cuando la revolución liberal y constitucional arrumbó por la fuerza de las armas todo ello se constituyó un orden político-jurídico, el actual, que ha liquidado la vitalidad y diversidad del medio natural, arruinando los bosques y estableciendo una agricultura de una destructividad asombrosa, que además se incrementa día a día.
No se trata de preconizar una imposible e indeseable vuelta al pasado sino de aprender críticamente de éste para construir un futuro
que ha de ser creación de un nuevo orden político y económico, cualitativamente diferente al actual, no-libre, que se manifiesta en los hechos incompatible con la conservación de la diversidad biológica, es más, con la continuidad misma del mundo natural.
La otra respecto a los medios. La vía institucional, el confiar en los expertos y los profesionales, con menosprecio de las funciones de la gente común, sólo está llevando a reforzar y ampliar el biocidio en curso. Tanta verborrea presuntuosa, tanto estudio científico o pseudo-científico, tanta actividad legislativa, tanta acción judicial-policial, tantas cumbres internacionales no están ofreciendo ningún resultado positivo apreciable y sí muchos negativos. Hay que retornar pues a un ecologismo popular, en el que sea la gente corriente quien tenga todo el protagonismo, tras años de exclusión de ésta.

Extracto de la ponencia sobre la que intervino Félix durante el seminario organizado el pasado mes de junio por Ecologistas en Acción, bajo el título “¿Por qué perdemos biodiversidad?”.