Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

miércoles, mayo 30

Cuanto más animales nos reconozcamos, más humanos lograremos ser

Es en tu pezuña,
en tus escamas,
en tu pelaje,
donde encontramos el sentido
para poder construir el abrazo
que nos salve.
Pues en el volcán de respeto de tu lomo
se guarda la sabiduría
de mirar al otro
y escucharlo
y comprender
que sólo somos
una pluma más sobre la Tierra.



Alberto García-Teresa. A pesar del muro, la hiedra
(Huerga & Fierro, 2017)

domingo, mayo 27

De cómo el heteropatriarcado te ha robado hasta tu sexualidad

Quiero que hoy pongamos a prueba nuestra imaginación, y nos imaginemos una encuesta a pie de calle, en la cual paráramos a la gente, de cualquier sexo, de cualquier edad, de cualquier clase social y le enseñáramos fotos de un pene. A continuación imaginaos, que alrededor del 90% de los entrevistados y entrevistadas no supieran identificarlo, no supieran qué es, no supieran que es un órgano masculino, que lo confundiesen con una imagen de una planta o qué sin más no fuesen capaces de identificarlo o asociarlo a nada. Parece totalmente surrealista, ¿verdad? De hecho, es totalmente surrealista, e imposible de que ocurra en nuestra sociedad.

Todo el mundo conoce y sabe reconocer el órgano encargado de la reproducción y del placer del hombre. Pero, ¿pasaría lo mismo si hiciésemos la misma encuesta con los órganos encargados del placer y la reproducción femenina? Os adelanto ya, que las respuestas serían mucho más variadas, veríamos que tanto mujeres como hombres confundirían términos e imágenes de la vulva y la vagina. Eso sí, el premio gordo, se lo llevarían todas las respuestas recibidas cuándo enseñáramos una imagen del clítoris.

¿Cómo podemos vivir en una sociedad donde las propias mujeres no saben qué forma tiene su clítoris? El clítoris es un órgano del aparato genital femenino cuya única función es la de proporcionar placer. Visto así, parecemos unas privilegiadas ya que, a diferencia de los hombres tenemos un órgano diseñado única y exclusivamente para el placer. Pero la realidad, amigas, cómo ya sabéis, es que de privilegiadas no tenemos nada. De hecho, somos tan poco privilegiadas que esta sociedad heteropatriarcal se ha encargado durante muchos años de invisibilizar este órgano.

El clítoris no fue descubierto hasta el 1559 por un médico italiano. En el Siglo XVII los médicos de la época proponen la “teoría positiva de la ovulación espontánea”, donde el orgasmo no desempeña ningún papel en la procreación y por tanto no merece la pena estudiarlo, lo que cómo no, tuvo graves consecuencias para el clítoris y el placer sexual femenino. Estos años de decadencia para la sexualidad femenina no paran aquí, sino que continúan avanzado hasta 1960 cuándo el clítoris desaparece hasta de los tratados de anatomía y, por consiguiente, de las mentes. Suerte tuvimos, de que en 1975, Shere Hite, una MUJER, publicó los resultados de sus estudios sobre la sexualidad femenina y el clítoris empezó a retomar su protagonismo. No fue fácil para esta sexóloga que tras dichas publicaciones tuvo que abandonar el territorio y renunciar a su nacionalidad estadounidense. Desde entonces, el clítoris vuelve a existir en nuestra sociedad, pero de una manera tan leve y tan poco plausible como que a día de hoy la mayoría no saben ni qué forma tiene ni su extensión, con lo cual mejor ni hablemos de si se sabe estimular.

Así que si esta sociedad heteropatriarcal en la que vivimos lleva siglos robándonos derechos, usándonos como objetos sexuales, maltratándonos física y psicológicamente hasta llegar a matarnos, acusando cada día más nuestra precariedad laboral e incrementando así más la brecha salarial entre mujeres y hombres, también nos ha robado nuestra sexualidad, nos ha privado del conocimiento sobre nuestro propio cuerpo y ha anulado una vez más, parte de nuestro ser.


jueves, mayo 24

Adiós al sueño americano. Reflexiones en torno al inmigrante

Ayer y hoy, los hombres y mujeres estuvieron movilizados hacia el afuera de sus propios mundos. Ayer los nómadas buscando su integración con la tierra que no pertenecía de ninguno, y hoy buscando la oportunidad de días mejores para los suyos que se quedaron y que esperaban ansiosamente aquella promesa de días mejores.

Y ciertamente, la promesa estadounidense del sueño americano había conquistado las imaginaciones de millones de personas, quienes encandiladas por las ilusiones de prosperidad y bienestar económico de la post-Guerra, acabaron difundiendo a todos los suyos que Estados Unidos era tierra de oportunidades, sin embargo hoy todo ello ha naufragado.

Las políticas de Donald J. Trump han acabado con la idea de la tierra de oportunidades, no solo destrozando los sueños de los dreamers que habían llegado y se habían establecido muchos años atrás ya, sino también la de refugiados de guerra, e incluso agravando la situación de los propios afroamericanos, reviviendo el odio racial de los años 50 en condición de exclusión y segregación.

Y es que, la periferia moderna actual es una realidad devastada que ya no se comprende desde lecturas bipolares y menos aún unipolares. Sino que es, un multipolarismo cambiante y siempre variante de requerimientos nuevos que desplazan a los humanos como mano de obra barata. Ilusos que persiguen un bienestar acomodado a los patrones de felicidad capitalista (un carro, una tarjeta de crédito, un pequeño negocio, lujos tecnológicos, placeres inmediatos, etc.)

Aquel inmigrante que solía ver en Estados Unidos una oportunidad por la cual dejar su familia y sus raíces ha dejado de ser ya una posibilidad, para convertirse en una pesadilla. Una pesadilla que está inmersa en el proceso global que tiene flujos migratorios irrefrenables como parte de la estructura-sistémica del nuevo orden económico mundial. La movilización de la globalización estuvo condicionada completamente dentro del modelo productivo capitalista. Así, la búsqueda de ingenieros capacitados en tecnologías informáticas fue y es más importante que la mano de obra de un agricultor dentro de un país de producción tecnológica.

Pero, ¿cómo es que se caracteriza el sistema globalizador en la movilización de recursos humanos? De hecho, es un sistema de promoción de la movilidad condicionada a márgenes productivos, así se convierten en movilizaciones forzadas. Prima así, el comercio antes que cualquier derecho humano per se. Este sistema globalizador tiene desfragmentado los lugares de extracción de recursos básicos de producción, así también tiene millones de miserables, dispuestos a regalarse por algunos mendrugos de pan.

Aquella movilización, tanto de niños para la extracción de minerales –e.g. columbita-tantalita, usado en teléfonos celulares; casiterita, usado en tableros de circuitos; wolframita, usada para producir tungsteno para herramentales; oro, usado como conductor electrónico (y joyería)-, o la de los ingenieros de Silicon Valley para el avance en desarrollo de Inteligencia Artificial, solo ha venido a consolidar el flujo globalizador de extensión continua gracias a que de hecho el sistema es poroso para los capitales de especulación, tecnología e información.

Y en toda la realidad expuesta sobre el capitalismo actual, el inmigrante aún sigue siendo un ser colectivo heterogéneo, significando múltiples propósitos para las diversas estructuras sociales y económicas globales. Por lo que según sea el objetivo y utilidad, proyecto o entidad cultural, el inmigrante será un ciudadano más, con algunos derechos para una persona afín a una elite funcional del sistema capitalista o solo será un recurso humano descartable.

Es más, el sistema norteamericano, en todo sentido ha procurado que el iluso inmigrante sea: un simple trabajador temporal (necesario para cierta coyuntura productiva), dócil, integrable, asimilable (al modelo cultural hegemónico), invisible y aislado (al individualismo atomizado silencioso e ilegal. Jurídicamente atacado por cualquier acto de protesta sindical o de reclamo de derechos humanos).

El estatus del inmigrante que se ilusionó con el sueño americano, solo podía ser bajo la condición de: subordinado, diferenciado, y discriminado, ello bajo el falso velo de la protección de mecanismos liberales democráticos.

Y además, el inmigrante desechable por las políticas de Washington vive la tragedia de ser parte del flujo no deseable de trabajadores no calificados, respecto del otro grupo de trabajadores calificados y requeridos en el nuevo sistema productivo inmaterial. Acaba siendo el inmigrante considerado como un miserable, como un infrasujeto, un infraciudadano, un ser guettizado, y marginalizado. ¡Aquel pobre no es un hombre, ni un ciudadano, es un paria que fue por un tiempo a regalarles su fuerza laboral! Aquel paria no puede ir al centro y permanecer en el, solo las elites disfrutan de todos los centros y solo ellos son ciudadanos dentro de ese sistema disciplinario, que hoy es una realidad norteamericana.

Pero también el miserable construye redes de comunicación, nodos donde puede reunirse con otros y donde puede establecer algunos lazos de amistad, que lo hace a pesar del sistema en su conjunto. Donde sus experiencias, vivencias de amarguras y triunfos construyen una identidad “otra” que ‘agencia’ ante todo, un sentimiento humano de fraternidad.

El sistema estadounidense, puede abusar de los cuerpos, de las ilusiones de dreamers y campesinos mexicanos, o de la de miles de hombres y mujeres que buscan un magro salario a cambio de seguir soñando en días mejores, pero es solo al comprender esta realidad que los vemos como otros similares y no como botín, o como un bien desechable. Queda aún esperanza, y ella está en la exposición del ya fallido sueño americano y en la visibilización de la realidad del inmigrante, creando conciencia para que la ilusión deje de ser y se vea el carácter real de la vorágine norteamericana hoy, bajo el oprobio que significa Donald J. Trump para los latinoamericanos, quienes deben unirse contra la hegemonía destructiva imperial como pueblos soberanos y libres.


Ivan F. Mérida A. es ateo, libertario, master en Relaciones Internacionales y miembro de la Comunidad de Investigadores Anti-Imperiales

lunes, mayo 21

Fe y religiosidad

El dios de los caballos tiene cuatro patas y un rabo, diría Platón; pero, como todo el mundo probablemente sabe, los caballos no rezan, aunque a veces están tan inmóviles y pensativos que a alguno le ha entrado la duda: ¿duermen con los ojos abiertos o blasfeman? Más allá de la fácil ironía –hoy posible gracias a la desaparición de la Inquisición, pues de otra manera se correría el riesgo de acabar en la hoguera– hay que darse cuenta de que la modernidad, nacida del iluminismo, ha entrado en crisis y, con ella, también su programa antirreligioso.

De hecho, se da un resurgir de cultos, entre derivados espiritualistas del cristianismo y cultos chamánicos, mientras el Papa adquiere una proyección mundial, más política que religiosa, que haría palidecer a sus predecesores.

Pero todo esto parece tener que ver con Europa y sus países derivados, sobre todo América Latina, el continente más católico del mundo, y los Estados Unidos, donde los movimientos evangélicos integristas y tradicionalistas de origen cristiano han conseguido un presidente que los apoya y fomenta explícitamente. Si metemos en el mismo saco a toda esta gente, se podría llegar al treinta por ciento de la población mundial que, con el veinte por ciento de musulmanes, y el dos por ciento de judíos, constituyen por lo menos el cincuenta por ciento de una población mundial cuyas creencias derivan de la mitología mediterránea judaica, conformando las “religiones del libro”, es decir, la existencia en los tres casos de textos sagrados relacionados entre sí, que relatan su verdad absoluta, el meollo de las cosas y de la Historia. El valor de estos textos, revivido periódicamente en los ritos, derivaría directamente del único dios verdadero a través de canales espirituales.

En cualquier caso, no hay que caer en la trampa de los números globales, que generalizan tanto que se acaba por no distinguir entre etiquetas genéricas y creencias profundas, y tampoco se reflexiona mucho sobre el hecho de que el paraíso consumista que Occidente impone al mundo ha terminado por frivolizar los universos simbólicos tradicionales, sustituyéndolos por mitologías materialistas ligadas al acceso a los bienes superfluos que proporcionan estatus.

En cualquier caso, queda la otra mitad del mundo que no es cristiana, pero que no se sabe bien qué es, como reconoce el informe de 2015 del Pew Research Center, aparte, claro, del siete por ciento budista. Sin duda, se puede ir a preguntar a los interesados directos, cosa que desde hace doscientos años vienen haciendo los antropólogos occidentales; pero el problema no solo reside en la descodificación de las respuestas, sino sobre todo en la pregunta que se formula o con qué ojos se mira. De hecho, estamos convencidos –y no somos los únicos– de que la “pregunta” sobre la “religión” del prójimo no occidental está viciada en sí misma: se buscaban solamente las cosas conocidas y no las completamente diferentes, y como se daba por descontado la universalidad de la religión, concepción derivada precisamente del cristianismo, eso era lo que se buscaba, sin darse cuenta de que de ese modo se acababa colonizando el imaginario de pueblos que nunca habían pensado que eran… ¡religiosos!
Con el fin de no caer en reacciones descompuestas, es mejor aclarar que no estoy negando –al menos por ahora– que los humanos en general puedan tener una vida “espiritual”, pero sí creo que la definición que usaban los antropólogos del siglo XIX, y que ha determinado a los investigadores del siglo XX, tenía que ver con una idea de religión derivada fuertemente de la experiencia occidental, es decir de la cristiana: un sistema de creencias, derivadas del libro sagrado revelado por Dios, con una estructura centralizada en forma de Iglesia. Por eso, juntando la idea de la universalidad de la actitud religiosa con la experiencia histórica, se acaba por llegar a la conclusión de que los pueblos no occidentales eran religiosos, sí, pero en un estadio primitivo o, en cualquier caso, menos desarrollado que en Occidente. En este sentido, es ilustrativa la reacción de los españoles cuando llegaron a México y descubrieron asombrados que los nativos tenían también templos, a los que inmediatamente llamaron “mezquitas” y no iglesias. Los otros eran todavía salvajes y, como escribió Colón cuando llegó al Caribe: “No veo que tengan religión y pronto se les podrá convertir”. Esta idea evolucionista de la religión, coherente con las corrientes de pensamiento de la época, impulsó, por ejemplo, al filósofo francés Durkheim a hablar de “formas elementales de la vida religiosa” para el caso de los indígenas australianos.

Mientras, con mayor presunción cristiana, en época fascista, el italiano Pettazzoni creía haber demostrado ¡que todos los pueblos eran monoteístas! Persino Di Martino, estudiando la magia lucana, llegó a la conclusión de que entre los ritos mágicos y la misa cristiana no había diferencias más que en el grado de complejidad, y seguramente tenía razón, no en el sentido de que la magia fuese una religión simplificada sino en que los rituales cristianos fueran de tipo mágico.

En tiempos más cercanos, una antropología más crítica ha acabado por superar en parte las viejas definiciones, concluyendo que por religión se debe entender un sistema de creencias, en cualquier forma que se manifiesten. En cualquier caso, el problema permanece abierto, sobre todo si consideramos que hablar de sistema lleva a pensar en algo unificado y coherente, cuando esto no siempre es así, y todo grupo local elabora a su manera las ideas generales que la Historia ha producido en todo pueblo. Para comprobar a qué nos referimos, hay que aclarar que es evidente que para producir cultura en sentido antropológico, toda sociedad se formula preguntas y busca respuestas, y estas preguntas no se dirigen solo al mundo material sino que cuestionan también el inmaterial. Llamar “espiritual” a esta segunda búsqueda es caer una vez más en la trampa de las ideas occidentales, sin duda respetables pero no universales.

La actitud en la búsqueda en el mundo inmaterial o, por lo menos, no completamente visible a nuestros ojos, puede ser de varios tipos, incluyendo –como decía Borges– los sueños, como es evidente en Freud. En cualquier caso, podremos simplificar diciendo que cada pueblo, aunque en grado diferente, hace experimentos para comprender la realidad, pero produce también una mitología para explicar el mundo, un pensamiento filosófico que, en algunos casos, se hace presente en los ritos. En este caso, a menudo se utiliza la palabra “fe” para explicar la actitud: se cree en una explicación, aunque no se tenga la demostración material. Aquí se abre un abanico de posibilidades muy amplio: por la fe creo en un dios creador o que todo árbol tiene un espíritu tutelar; creo en los ángeles custodios o que antes o después me saldrá el número premiado de lotería… Dado un lenguaje y un sistema de creencia ideológica, tanto religioso como político, se procede a buscar signos materiales del valor de cada uno de ellos, y no por impulso genético o innato sino para intentar encontrar un significado ante la complejidad del mundo, temerosos en el fondo de que no exista ese sentido y debamos ser nosotros mismos los que tengamos que dárselo, y no de manera individual sino en comunidad con los demás, con condiciones y esperanza.

Si, como dice el mito cristiano, “al principio era la palabra”, entonces la religión es solo un modo, a veces dramático y violento, de decir las cosas del mundo: seguramente se trata solo de una enfermedad de la lengua.


Emanuele Amodio
Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad, Abril de 2018

viernes, mayo 18

La FAI y los cincopuntistas

En el año 1965, forzado el régimen franquista a renunciar a su dogmático ideario fascista, no tuvo el general Franco y sus secuaces otra opción que apartar a los sectores más falangistas, que fueron progresivamente sustituidos por los tecnócratas vinculados al Opus Dei. Los falangistas, arrinconados en el sindicato vertical, quisieron utilizar a la CNT para reverdecer su revolución nacional-sindicalista y atraerse a una clase obrera que cada vez les repudiaba con más claridad. Apenas un puñado de viejos cenetistas apoyaron ese pacto entre la CNT y la CNS, resumido en cinco puntos y de de ahí el nombre de cincopuntistas; contra ellos se manifestó la práctica totalidad de los anarquistas del interior y del exilio. Ofrecemos el documento elaborado por la Federación Anarquista Ibérica:

 Desde hace varios meses teníamos conocimiento de una vasta maniobra del franquismo, dirigida a dar otro golpe a las Organizaciones Obrera que hoy como ayer aún son polo de atracción para los trabajadores, que están ya cansados de sufrir la explotación patronal y la “sindical”, su complemento. Lo que nunca podíamos creer es que hubiese sedicentes militantes de estas organizaciones –destruidas como tales por el régimen, pero vivas siempre en la conciencia de los trabajadores- que se prestasen a ese juego con el régimen franquista que padecemos (y que) piensa apuntalarse, legitimarse e ir tirando unos años más.

Menos podíamos suponer que entre esos sedicentes militantes se contasen antiguos militantes de la CNT; que hombres que se han llamado, y aún continúan llamándose “sindicalistas libertarios”, se prestasen a tal monstruoso engendro, del que sólo pueden salir dos cosas: fortalecido el régimen, renacida la CNS y desacreditados para siempre los hombres y las organizaciones que osen pactar con el franquismo y los franquistas.

Desgraciadamente, esto que nos resistimos a creer se ha producido. Circulan de pueblo en pueblo los documentos que los prueban y está en manos a la obra la Ponencia designada para elaborar las condiciones del compromiso y los estatutos de la criatura que esperan saldrá de acoplamiento tan contra-natura.

La Federación Anarquista Ibérica tiene que decir, con la potestad que le dan sus años de lucha y su heroica oposición al fascismo, que jamás, por ningún concepto, bajo ninguna excusa, por ningún precio, aceptará tal maniobra. Que condena y considera traidores a la causa de la libertad, a los hombres que a tal tarea se prestan, sin que para ello haya hoy disculpa alguna que atenúe su traición.

La FAI sabe que es un juego del enemigo y lo denuncia ante el pueblo. Juego que se hace con el consentimiento del propio Caudillo y con la aceptación tácita de las fuerzas que constituyen el andamiaje del régimen, con el que pretenden dar apariencia de renovación a los sindicatos verticales, al obtener la caución de un grupo de hombres… vencidos o vendidos.

La FAI declara y advierte que semejante tentativa no pasará. Que se opondrá con todas sus fuerzas, porque no es más que una fase de intento gironista tendente a hundir en el descrédito y en el ludibrio al antifascismo español, cuya más alta y consciente expresión ha sido la Confederación Nacional del Trabajo.

La FAI recerca a todos (que) por eso, por no aceptar tan infame papel fue asesinado el compañero Peiró, al que le planteó el dilema de: colaborar o morir.

No pedimos que todos los hombres tengan la misma entereza y el valor de Peiró y de muchos como él que prefirieron morir antes que traicionar, pero si decimos que nada podrá justificar lo que se está fraguando, por carácter individual que se le quiera dar. No hay más que una realidad; un grupo se ha puesto de acuerdo para terminar con la CNT –como si la CNT se le pudiera liquidar- a cambio de una promesas, ventajas y sinecuras.

No se dan cuenta estos hombres que el fascismo no puede prometer nada a la clase trabajadora, no se dan cuenta que se han convertido en instrumentos estúpidos de una audaz maniobra.

Lo que pretendían ciertos intereses extranjeros: anular la CNT y la UGT fundiéndola en otra central amorfa, para así orientar otro sindicalismo cristiano, para asegurarnos fácilmente un régimen político semejante al, por ejemplo, de Alemania, el franquismo quiere hacerlo por su cuenta, y como anillo al dedo le ha venido la “oferta” hecha al Instituto de Estudios Sindicales (de Franco, claro está) por ese grupo de desgraciados que, creyéndose más astutos que Maquiavelo, lo que hacen es vender su conciencia –y si puede ser con ella a la CNT- por un plato de lentejas.

La FAI se yergue contra tal maniobra, se yerguen también los grupos clandestinos de la CNT, es decir se yergue la CNT, y con ella la Clase Trabajadora, que está y estará siempre a su lado.

Sabemos lo que arriesgamos antes los sicarios al formular esta denuncia pública y fijar nuestra posición, pero nada nos arredra. Sabemos también que al hacerlo en nombre de todos los anarquistas, expresamos la opinión de todos los hombres condenados al silencio.

Frente pues a todos los contubernios, maniobras, dejaciones e indignidades, está la federación anarquista, la FAL, y afirma que es, ha sido y será indefectiblemente leal a los intereses del pueblo y del antifascismo. Nada de común tenemos con el fascismo. Que nos separan ríos de sangre humana. Que nada puede esperarse del franquismo y que es deber de todos no prestar caución moral al régimen, no admitir juego alguno para salvar la dictadura. Ni muertos ni vivos nos perdonarían.

Nada del franquismo puede ser salvado, ni hombres ni organizaciones. Nada debe salvarse. La Falange menos que nada, sus grupos de “oposición” tampoco.

Aparato exterior del despotismo y oligarquía militar, clerical y capitalista, el franquismo en todas sus manifestaciones se hundirá con las castas que lo crearon. No, la CNT no está detrás de esos Judas que osan hablar en su nombre.

La FAI puede afirmarlo, como puede declarar que ambas organizaciones continúan estrechamente unidas y continuarán luchando hasta la desaparición de la opresión de la península, hasta que caigan los tiranos que han ensangrentado su suelo de Norte a Sur, de Este a Oeste; hasta el aniquilamiento de todas las fuerzas maléficas que engendraron el fascismo y que hoy aparecen dispuestas a un cambio de forma, con el solo objeto de que nada cambie en el fondo de (esta) corrupta y cruel sociedad. ¡Muera el fascismo! ¡Fuera maniobras y pactos con él!

¡Hay que acabar con todo cuanto ha hecho de nuestro pueblo el estado de miseria, de esclavitud y de vergüenza en que se encuentra!
La FAI fija su atención y su actitud clara y concreta, sin vacilación, sin equívocos y sin claudicaciones, denunciando ante la opinión pública, y sobre todo ante la opinión obrera, a los que pretenden manchar la limpia, heroica y consciente trayectoria del antifascismo con pactos y ofertas que son escarnio y traición.


Federación Anarquista Ibérica (Comité Peninsular).
España, setiembre 1965

Imagen: Entrevista a cincopuntistas, Índice, Barcelona, enero de 1965 (Archivo La Alcarria Obrera)

martes, mayo 15

Yo acuso


Yo acuso al presidente y a sus ministros de masturbar los financieros de los amos.
Yo acuso a los sindicatos de ser perros falderos, les acuso de dilatar las protestas en el tiempo, les acuso de querer convertir los gritos en susurros, la pobreza en una cifra, la protesta en un desfile de becerros.
Yo acuso a los periodistas de limpiar con sus lenguas bífidas la ponzoña de su desvergüenza.
Yo acuso a los intelectuales, artistas, escritores, de mirar para otro lado mientras intereses besan las manos flojas de los tiranos.
Yo acuso a los empresarios, mafiosos y codiciosos, que compran carne humana y la destrozan en las fábricas, en los andamios, en el paro.
Yo acuso a los banqueros de ladrones, traficantes, blanqueadores de sangre.
Yo acuso a los ejércitos, sicarios con nómina de una sola bandera, de esparcir masacres por unas monedas.
Yo acuso a las multinacionales del dolor de convertir la salud en mercadería y a los enfermos en adictos a sus píldoras y a los empobrecidos en gentes sin cura posible.
Yo acuso a los curas y monaguillos de perpetuar la gran farsa, de instigar a la resignación para sentarse mientras tanto a la derecha del terror.
Yo acuso a los jueces, a los fiscales, a los tribunales, que torturan la justicia hasta dejarla moribunda.
Yo acuso a todos, les acuso con estas manos pequeñas, les señalo con estos dedos de poeta, en estos versos atrapados por la rabia.
Les acuso de tantas cosas que no me alcanzan las palabras, les acuso de cada uno de los desahucios, de cada uno de los saqueos.
Les acuso de la miseria, de las pestes, de las corrupciones, de los terrorismos oficiales, de las demencias, de las picanas, les acuso de repartir miedo e indiferencia, les acuso de la mano dura, de la complicidad de sus silencios, de la manipulación, de la represión, de vender realidades ficticias, de crear la industria de la violencia, les acuso de esterilizar las utopías, de inventar coartadas, les acuso de intentar barrer las calles de alegría, de intentar violar todos los sueños, de vivir por y para el crimen.
Les acuso sí, les acuso con mis versos, les digo a todos los bandidos que aquí estamos, con el pecho al descubierto, aquí estamos, clavados en la tierra,
Aquí estamos, apresurando el paso,
camino de un mañana sin tinieblas.
Aquí estamos, sin callarnos,
con nuestras vísceras ardientes,
con nuestros temblores controlados,
con nuestro pulso desordenado.
Aquí estamos
con el corazón atento,
aguardando el momento.
Aquí estamos.



Silvia Delgado. En Muturreko Ahotsak. Voces del Extremo. Loturaren Poesia / Poesía del Vínculo. Amargord Ed. 2017

sábado, mayo 12

La dictadura de lo políticamente correcto


Las convenciones sociales son un elemento inherente al ser humano, pues estas surgen con él. Son una construcción social en la medida en que forman parte de la cultura. De hecho constituyen una parte importante de la cultura debido a que moldean la cotidianidad de las personas que viven en una determinada sociedad. Estas convenciones las componen las costumbres, los códigos de conducta, los usos establecidos, las reglas, etc. Digamos que las convenciones sociales constituyen las formas específicas de una sociedad, y más concretamente las formas del comportamiento de sus integrantes. Estas convenciones varían de una sociedad a otra y tampoco permanecen inmutables, sino que cambian a lo largo del tiempo. Por esta razón lo que es considerado socialmente aceptable en una sociedad no lo es en otra, y lo mismo ocurre a lo largo de diferentes épocas dentro de una misma sociedad.

Las sociedades son como los individuos, cambian a lo largo del tiempo como consecuencia de sus diferentes experiencias. Y con ese cambio también son modificadas las convenciones sociales que forman parte de la cultura que diferencia a esa sociedad, lo que indudablemente afecta a su identidad. Un individuo en su madurez es muy distinto de cuando era un niño o un adolescente. Ciertamente en un sentido muy literal estamos ante el mismo sujeto sólo que considerado en diferentes momentos. Son los cambios que el individuo experimenta a lo largo de su vida los que le transforman y le convierten con el paso del tiempo en otra persona. Estos cambios le moldean y pese a que siga siendo Juan o María no es, en definitiva, el mismo Juan o la misma María de hace 10 ó 40 años. Lo mismo ocurre con las sociedades.

Así pues, las sociedades primarias se caracterizan por no tener mucha cultura en tanto en cuanto las convenciones sociales que organizan su vida son limitadas. Su escasa complejidad hace que la cultura tenga un papel limitado mientras el individuo se encuentra en un estado de naturaleza. En este tipo de sociedad las necesidades son limitadas al circunscribirse fundamentalmente al mantenimiento y reproducción de la vida, de manera que las convenciones sociales existentes además de ser escasas están adaptadas a esas necesidades y al mantenimiento de las formas a través de las que esa sociedad las satisface. En este tipo de sociedades uno es dueño de todo y nadie es dueño de nada, de lo que se deducen una serie de relaciones no mediadas por el dinero ni sometidas a coacción alguna que, sin embargo, facilitan la satisfacción de las necesidades humanas, tanto materiales como inmateriales. Pero el proceso de civilización imprime en este tipo de sociedades unos cambios drásticos que las alteran completamente, y esto se refleja claramente en el terreno de la cultura y más específicamente en el de las convenciones sociales.

Ciertamente la civilización corrompe. El paso de una sociedad primaria, relativamente simple, a una sociedad compleja en el marco del estadio de desarrollo histórico que representa la civilización conlleva, a su vez, unas profundas transformaciones en todos los ámbitos de la vida humana, pero de manera muy particular en el de la cultura. La complejidad social, derivada en gran parte de la existencia de clases sociales en las que determinados grupos llevan una vida ociosa a costa del trabajo ajeno, genera unas condiciones de creciente heterogeneidad social para satisfacer las también crecientes necesidades del sistema de dominación que la articula. La división del trabajo y la excesiva especialización conlleva la aparición de una gran diversidad de grupos sociales, hasta el punto de que la cultura se convierte en una cuestión exclusiva de ciertos grupos que se dedican a ella de manera profesional y deja de ser así una creación popular para convertirse en el monopolio de unos pocos.
En el marco de la civilización la cultura desempeña una función específica dirigida a conseguir varios objetivos complementarios. Uno de estos es el consentimiento de la población al orden constituido, de manera que la mentalidad de la sociedad es moldeada de tal forma que vea como aceptable el sistema de dominación que la gobierna. La otra gran función de la cultura es el control de la población mediante la imposición de unas convenciones sociales que adaptan el comportamiento de las personas a las exigencias del poder establecido. Como consecuencia de esto último en las sociedades civilizadas la cultura se ha convertido en una industria de consumo para las masas, pero sobre todo en un artefacto para controlar a la población en la medida en que se da un exceso de cultura, entendido esto como un exceso de convenciones sociales que coartan la libertad de las personas y las someten a unos cánones impuestos por el poder.

La cultura deviene en un elemento de alienación que deshumaniza a las personas al estar más pendientes de satisfacer unas determinadas convenciones sociales, y por ello unas expectativas sociales culturalmente determinadas, que no en satisfacer sus propias necesidades. El comportamiento, entonces, es orientado según las exigencias del poder cultural que domina la sociedad y que la adapta a las necesidades del sistema de dominación. El resultado de todo esto es la deshumanización a través de la generalización de la hipocresía, pues las personas actúan de un determinado modo para cumplir con unos códigos de conducta, unas reglas, unas expectativas, etc., que constituyen lo que hoy se conoce como lo políticamente correcto. Se trata de una forma de coerción desarrollada por la cultura, y sobre todo por un exceso de cultura debido a que esta ya no ocupa una esfera limitada sino que se ha vuelto omnipresente para organizar el comportamiento humano de una forma total.

Las convenciones sociales, en el contexto histórico que representa la civilización, se convierten en un instrumento por medio del que las personas ocultan sus verdaderas intenciones. La dictadura de lo políticamente correcto que genera el exceso de cultura, junto al elevado peso de las convenciones sociales, hace que la imagen pública que las personas proyectan de sí mismas sea, por el contrario, muy diferente de la real. La persona actúa del modo en el que lo hace no por convicción interior, sino que por el contrario la mayoría de las ocasiones lo hace para evitar romper las convenciones imperantes y con ello eludir las consecuencias que ello provocaría, como es el rechazo, la crítica, la estigmatización, etc. La hipocresía se normaliza, y con ella la falta de sinceridad y la deshonestidad se generalizan. A todo esto le sigue la sospecha y la desconfianza entre las personas que en su hipocresía no toman en serio el comportamiento ajeno, y que por ello lo consideran un fingimiento. De este modo comprobamos que la civilización, con sus convenciones, ahoga la libertad y tiraniza a las personas que se ven obligadas a satisfacer unas exigencias culturales, generalmente impuestas, en detrimento de su integridad moral y de la satisfacción de sus propias necesidades. El individuo, y la sociedad misma, es sacrificado por las convenciones.

El peso de las convenciones sociales aplasta al individuo y a la comunidad al arrebatarles la libertad. Es el precio de la civilización que da más importancia a una serie de apariencias, de formas y refinamientos, que van en claro perjuicio de cuestiones más importantes que afectan a la dimensión específicamente humana de las personas como es la honestidad, la sinceridad, la espontaneidad, etc. Si las formas que son inherentes a esas convenciones tienen tanta importancia es porque son una herramienta de control que adapta a las personas y al conjunto de la sociedad a las necesidades, definidas en términos de poder, del sistema de dominación y de su elite dirigente. Pero además de esto generan un problema de fondo que afecta de lleno a la convivencia, pues el sentido asignado a determinados comportamientos, usos, reglas, etc., cambia completamente cuando no son tomados en serio, lo que da lugar a que el significado que oficialmente tienen asignado en la sociedad difiera del que finalmente reciben cuando son aplicados por los individuos. Esto genera incomunicación, incomprensión y desencuentro en las relaciones personales, de manera que la cohesión social se ve resentida.

La civilización quita más de lo que da a cambio. Ciertas mejoras materiales y comodidades se pagan a un precio muy alto que es la pérdida de la libertad, la alienación y la deshumanización. No sin razón Julio Camba, en su etapa anarquista, abogó por un ser humano en un estado natural, ajeno a los condicionamientos de la civilización. La civilización lo que hace es domesticar al ser humano, pues no sólo somete su entendimiento mediante el adoctrinamiento, sino que sobre todo reprime su instinto de rebeldía y sus ansias de libertad al generar en este una visión fatalista de su existencia. Es por eso que Julio Camba se mostró favorable a desandar ese camino a la civilización para recuperar el instinto de libertad propio de las sociedades primitivas.[1]

Una sociedad libre, por necesidad, es una sociedad en la que la cultura ocupa una esfera limitada, y que por ello mismo sus integrantes disponen de una amplia autonomía al no verse sometidos al peso de unas convenciones sociales excesivas. No se trata, entonces, de eliminar por completo las convenciones sociales, pues estas son inseparables del ser humano. Sino más bien de limitarlas en lo posible para que no sean las personas las que estén a su servicio sino, por el contrario, que dichas convenciones estén al servicio de las personas para facilitar la satisfacción de sus necesidades humanas, tanto materiales como inmateriales. De lo contrario sólo estaríamos reproduciendo una nueva dictadura de lo políticamente correcto bajo unas formas distintas. Se trata, en definitiva, de recuperar la libertad pero sobre todo de conservarla y engrandecerla, lo que únicamente es posible si la espontaneidad y la autenticidad son la sintonía general de las relaciones que establecen los miembros de una comunidad.


Esteban Vidal
Nota:
[1] Camba, Julio, “Seamos bárbaros” en El Rebelde Nº 11, 5 de marzo de 1904

miércoles, mayo 9

La filosofía, con horizonte ilimitado


 Todo es movimiento en la vida, flujo y reflujo, y deberíamos rechazar las tramposas falacias de los los "lugares de placidez"; Albert Camus dijo: "pese a todo, hay que imaginar a un Sísifo feliz, su recompensa no está en culminar la meta, sino en el propio esfuerzo desplegado para caminar hacia una meta que sabe inalcanzable".

Deberíamos tener presente, de manera constante y no necesariamente con un "programa" apriorístico, ese "proyecto revolucionario" (por llamarlo de algún modo) que implica una mejora constante en nuestras vidas y que se muestra en permanente tensión ante lo instituido del mundo sociopolítico y ante las certezas de todo pensamiento. Es el anarquismo, en su perfecta síntesis entre sus orígenes modernos y su futuro posmoderno, el movimiento que mejor asume la falta de asideros de esta época. Porque esa, en principio, falta de seguridad y estado de confusión permanente que supone la posmodernidad parece anular los postulados de la modernidad. Sin embargo, todos somos herederos de aquella época y de sus pretensiones. Seguimos observando tremendos desastres en el mundo, debidos especialmente a la dominación política, y la falta de un terreno firme donde desenvolvernos puede ser motivo para la esperanza.

Me explico, los anarquistas han sido, casi con seguridad, los que más han insistido en ese movimiento presente en todos los ámbitos de la vida, en la más bella y prágmatica concepción del progreso, por lo que la ausencia de un suelo firme (léase, dogmas de cualquier clase) es motivo para reivindicar, no la ausencia de algo sólido sobre nuestros pies, sino la posibilidad de ensanchar el camino y multiplicar su existencia. El ser humano parece tener necesidad, de algún modo, de certezas y seguridades, por lo que la posmodernidad tiene una doble cara y nos muestra un nihilismo frívolo y vacuo (y tal vez estos apelativos suponga caer en el pleonasmo). El nihilismo, tal y como yo lo observo, es una tensión permanente contra todo pretensión absolutista, la ausencia de creencias supone trasladar al plano humano toda deliberación (y toda liberación), lo que supone al mismo tiempo tender a cualquier aspiración. Esto es, potenciar lo terrenal, tal y como deseaban tantos pensadores modernos.

Rechazar a todo "profeta de la certeza" (tal y como lo expresa Tomás Ibáñez) es crear un terreno en el que nos veamos obligados a razonar, de la manera más amplia posible, y cooperar con nuestros semejantes en busca de constantes acuerdos. Obviar a toda clase mediadora en este cometido es seguir confiando de algún modo en la lucha de clases (en el socialismo, si lo queremos llamar así, conceptos tan cuestionados por la posmodernidad). El único socialismo con futuro, según estas premisas, es el anarquismo. Los mismos que nos critican por seguir confiando en ese proyecto revolucionario y libertario, con todas las herramientas con las que podemos dotarnos y con la razón y la ética como únicas banderas (por lo que jamás podrá tener cabida el autoritarismo), son los que luego acaudillan una concepción falaz del progreso y acaban justificando cualquier dominación política (sustentada, en mayor o en menor medida, en certezas).

Una de esas herramientas que siempre combatirá el autoritarismo es el conocimiento; mi actitud vital supone aceptar la constante fluctuación de ese conocimiento y no tanto fascinarme por sus resultados. Es lo que yo llamo tantes veces "expansión del conocimiento" con intenciones emancipadoras, lo que no supone caer, como está sucediendo ahora en nuestra sociedad, en alguna suerte de relativismo. Es decir, la falta de asideros a grandes verdades no debería conducirnos a agarrarnos a otras, tal vez más sugerentes por presentarse de manera atractiva o novedosa. La aceptación de la diversidad y de la particularidad debe ser garante también de lucha contra el dogmatismo. Es humano, y bueno seguramente para nuestro espíritu y salud mental, aceptar lo bueno de tantas cosas que se nos presentan en la vida. Pero también indagar en todo ello, tratar de comprender los mecanismos de producción del conocimiento. Ser crítico obliga a ello, lo que quiere significar caer en el desprecio hacia todos los logros de la civilización.

Es decir, el eclecticismo y el multiculturalismo propios de la posmodernidad, y tan apreciables como punto de partida, se mantienen a salvo de nuevos absolutismos gracias a esa constante crítica e indagación. No me gusta el desprecio, tantas veces enmascarado con actitudes contrarias al sistema establecido, de ciertas vías del conocimiento en aras de elogiar y primar otras supuestas verdades (minoritarias o aparentemente proscritas). Desechar sin más los paradigmas establecidos, sin una consistencia crítica, nos conduce a los dos polos: a un nuevo dogmatismo o a un relativismo vacío y sin pretensiones. Permitir que los programas de investigación se desarrollen adecuadamente, antes de emplear una crítica corrosiva, es también dar mayor horizonte a la razón y al conocimiento. Una de las grandes características de la modernidad fue la predominancia de la producción del ser humano, y para ello hay que ampliar el campo de investigación y utilizar adecuadamente lo establecido.

Dentro de las señas de identidad del anarquismo, tal y como yo lo observo, están esas pretensiones de crítica constante, pero también de "crítica a la misma crítica", de llamada a una reflexión continua y de rechazo a toda pretensión trascendente. Ello supone confiar en nosotros mismos, los seres humanos con sus grandezas y sus vilezas, su potestad y sus limitaciones, y dejar todas las preguntas en un plano humano y contingente. Naturalmente, también dentro de las ideas libertarias que nos ocupan, esta traslación de todo problema al ámbito de deliberación humano obliga a un mayor compromiso con los valores y con los medios; con la adecuación de una ética, definitivamente humana, a los fines propuestos. La propuesta del anarquismo, y evitaremos ya los calificativos de moderno o posmoderno, debería ser la de una filosofía con una horizonte amplio, siempre inquieta por permanecer demasiado tiempo en algún lugar. No hay respuestas definitivas, por mucho que vayamos necesitándolas en nuestro día a día. Partimos de esa gran crítica a la modernidad que supone confiar de manera ciega en el conocimiento, en la producción, como un instrumento de emancipación.

Salvaguardados de cualquier tipo de dogmatismo, insistiremos en un mayor campo para la experimentación humana con la crítica permanente a las estructuras de dominación. Es algo que pensadores anarquistas como Tomás Ibáñez no observan como una obligación moral y sí como una búsqueda de dar sentido a la vida, a nivel individual y también colectivo, de encuentro con los otros. Si la razón o la ciencia forman parte de esas estructuras de dominación, especialmente en tiempos de una revolución tecnológica que abre nuevos abismos en la humanidad, la prioridad es debilitar todo poder desarrollado en ese sentido y posibilitar nuevas prácticas libertarias para el conocimiento (sin reproducción alguna de nuevas estructuras de dominación). La gran propuesta, asumiendo la crítica al conocimiento como elemento liberador, es desarrollar esas prácticas que debiliten a la ciencia (en la que una vez se confíó excesivamente) como instancia dominadora. Por el camino, mucho más frondoso que en el pasado reciente obligándonos a una tarea mucho más ardua, seguimos creando herramientas críticas contra toda autoridad coercitiva. No obstante, debemos ser críticos también con ello y asumir sus limitaciones.


domingo, mayo 6

II Encuentro anarquista contra el sistema tecno-industrial y su mundo

Durante los días 25, 26 y 27 de Mayo tendrá lugar el "II Encuentro anarquista contra el sistema tecno-industrial y su mundo". Un lugar donde encontrarnos, conocernos, debatir, difundir y afilar nuestras ideas contra la organización industrial del mundo. Durante la duración de las jornadas habrá un espacio para distribuidoras (aquellas que quieran montar la distri en el espacio les pedimos que confirmen su presencia con antelación) y comedores 100% vegetarianos.

Pretendemos que el encuentro sea una herramienta más para combatir el sistema tecno-científico-industrial, porque pensamos que el terreno del enfrentamiento se debe concentrar en el campo del progreso tecnológico, puesto que es y será lo que trace las presentes y futuras dinámicas de la dominación sobre todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida: sociales, políticos, económicos y ambientales. Ya que al contrario de lo que defienden muchos izquierdistas un sistema técnico nunca podrá ser neutro ya que es indisociable de un sistema económico, político, ambiental y social.

Hace ya más de dos siglos del proyecto tecno-totalitario. Un proyecto que está dando las últimas estocadas a lo que queda en el mundo de impredecible, sorprendente y digno, un ataque a todo lo que se opone a la organización técnica del mundo, una ataque a la autonomía, a la libertad y a la biodiversidad.
Por ello debemos rechazar la ideología del progreso aquella que rechaza todo aquello que no sea mensurable, que tiene una visión mecanicista de los seres vivos y la naturaleza, que alaba el determinismo científico y mercantiliza todo lo vivo.

Cada uno de los avances del sistema tecno-científico-industrial, que ha convertido el mundo en un inmenso laboratorio en el que todo y todos somos sus cobayas, le acerca cada vez más a la colonización de nuestros cuerpos, que son fragmentados en prótesis intercambiables, y de nuestras mentes convertidas en máquinas programables algorítmicas. El avance de las llamadas tecnologias convergentes NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, información y comunicación, ciencia cognitiva, robótica e inteligencia artificial), un proyecto del poder nacido de la tecnocasta americana que buscan el control de los elementos (siendo capaces de modificar sus características naturales) y de los procesos materiales de la vida en todas sus manifestaciones: animales (humanos y no humanos) y ambientales, está consiguiendo el control absoluto de lo vivo.

Destacar en este proceso la reproducción biotecnológica del ser humano, tras la que se esconde una la eugenesia, donde siguiendo la lógica de la organización industrial se convierte la procreación en una parte más de la misma. Hablemos de la producción industrial de bebes donde el laboratorio se convierte al mismo tiempo en una fábrica (donde el operario-biólogo-técnico convierte al bebe en un producto estandarizado, manipulado y personalizado en base a los patrones del orden existente) y en un supermercado donde los padres eligen a su deseado y programado articulo...perdón ¡bebe! son numerosas las técnicas para ello desde la PMA (Procreación asistida médicamente), la FIV (Fecundación en vitro) o mediante el diagnóstico previo del embrión. Este negocio mueve ya miles de millones por todo el mundo y España no se queda atrás.

Este junto con todos los continuos avances tecnológicos se cumple el gran sueño científico de destruir todo lo vivo, lo imperfecto, lo no mensurable, lo incontrolable, lo desordenado todo aquello que escape de su lógica mecanicista. La creación del humano-maquina, del mundo máquina, cada día está más cerca si es que ya no está aquí.

Todo desarrollo del sistema tecno-científico-industrial está acompañado de gran cantidad de nocividades, al destruir el medio ambiente y las condiciones de vida de forma brutal durante los dos últimos siglos, el sistema somete a todo lo vivo a una dosis de intoxicación continua en muy diversas formas desde los productos químicos (causantes de gran parte de las enfermedades modernas), las ondas electromagnéticas, la radiación nuclear hasta un largo etcétera que parece no tener fin en un mundo artificializado y programado y es el propio sistema el que impone los remedios tecnológicos para compensar su propio daño, todo ello bajo el estúpido aplauso de la izquierda progresista que piensa en que es posible acabar con esta devastación apoyando al Estado u otras medidas reformistas.

Creemos que hay dos formas de actuar ante la devastación: podemos suplicar a las autoridades que nos suministren tabletas de yodo para limitar los efectos nocivos de un accidente nuclear o luchar por el cierre de las centrales nucleares, podemos apoyar la investigación sobre implantes neuronales para reducir los efectos del Parkinson o luchar para destruir los pesticidas químicos que son la principal causa de esta enfermedad, podemos apoyar la reproducción artificial del ser humano o luchar contra las industrias químicas que esterilizan a la población.......La vieja dicotomía: reforma o revolución, creemos que no es una opción. No hay nada que reformar en el mundo máquina. Ni el cambio climático puede solucionarse con un Estado fuerte, ni la biotecnología acabará con el hambre del mundo. Los problemas creados por el progreso no se pueden solucionarse con nuevos avances tecnológicos estos sólo nos acercan un paso más al abismo. Únicamente la lucha por la autonomía que nos haga recuperar nuestras vidas y la libertad acabara con la devastación. Ningún Dios nos salvará, ni religioso, ni científico. No podemos dejar de observar, aunque sea brevemente, otra de las características de este sistema que es el control social, para que todo lo vivo sea manipulado, estandarizado y programado según los patrones del capitalismo es necesario el control absoluto. En este control absoluto juegan un gran papel los nuevos avances tecnológicos: las Smart cities, las redes sociales, la biometría, las pruebas de ADN, podríamos decir que gracias al Big Data y al Internet de las cosas, el movimiento o la actividad de cualquier ser vivo u objeto están totalmente controlados.

Por último añadir que no queremos contribuir al catastrofismo (el cualconsideramos una herramienta utilizada sobre todo por grupos de la izquierda (desde parlamentarios hasta algunos anarquistas) para perpetuar la alienación. Ante un vida cada más artificializada y superficial sólo nos queda la lucha, un camino largo hacia la libertad y la autonomía en el que no hay lugar a el dialogo o la negociación con quienes han declarado la guerra a lo vivo y a cada ser explotado y desposeído.


-Anarquistas Contra Toda Nocividad-

Las Charlas-debate que se darán durante las jornadas serán las siguientes:

1. “La reproducción biotecnológica del ser humano” por compañeras de Resistenza al nanomundo

2. “Las luchas contra el desarrollo tecnológico en Italia (Tav, Tap, EFSA…) por compañera del colectivo ecologista “Le ortiche”.

3. “Por qué no debemos salvar la investigación científica” a cargo de compañero de Cul de Sac

4. “La producción de ignorancia en el mundo nuclear: Ignorancia organizada y producida de manera sistemática por las instituciones estatales” a cargo de Therry Ribault

5. “La lucha anti tecnológica de los ludditas” a cargo de compañero del colectivo Moai

6. “Las Smart cities” a cargo de compañero de Negreiverd Además habrá dos talleres: uno de medicina natural y otro sobre ADN.

Concierto en Apoyo

El concierto es el sábado 7 de Abril a las 20.00 hrs. en el Cso La Gatonera (C/Valentin Llaguno 32, metro:Oporto). Habrá comida 100% vegetariana y pinchada después de los conciertos.

-Venganza – Punk Zaragoza

ttps://venganzapunk.bandcamp.com

-Régimen de Guerra – Hardcore Punk Leganés
https://noiseofhell.bandcamp.com/album/regimen-de-guerra-demo-noise-tape

-Falsa Bandera – Hardcore Melódico Madriz Sur
https://falsabandera.bandcamp.com/album/s-t

-Vandalika – StreetPunk Madriz https://www.vandalikabandcamp.com

jueves, mayo 3

La verdadera neurósis: la lucha por la libertad y la independencia


 Leyendo a Erich Fromm, en Miedo a la libertad, comprendemos una primordial aclaración sobre el término "autoridad" relacionado con el carácter autoritario; la autoridad no sería una cualidad poseída, en el mismo sentido que la propiedad de bienes o las características físicas, se refiere a una relación interpersonal en la que alguien se considera superior a otra persona.

De esa manera, se establece una distinción entre autoridad racional, que es ese tipo basado en la superioridad-inferioridad, y lo que se denomina autoridad inhibitoria. Tanto la relación entre un maestro y su discípulo, como la del amo con la del esclavo, se fundan en la superioridad de una parte sobre la otra. Sin embargo, en el primer caso los intereses van en la misma dirección, de tal manera que el éxito o el fracaso del educando pueden atribuirse a ambos, pero en el caso del amo y el esclavo los intereses son antagónicos (lo ventajoso para uno supone daño para el otro). La superioridad posee en cada ejemplo una función distinta, siendo necesaria en un caso para ayudar a la persona sometida, y siendo la condición de su explotación en el otro. Otra diferencia es que en un caso, el del maestro-discípulo, la autoridad tiende a disolverse, el alumno es cada vez más parecido a su maestro, y en el otro, el del amo-esclavo la superioridad es la base para una explotación que supone que la distancia entre las dos personas sea cada vez mayor.

La situación psicológica es diferente en los dos ejemplos de autoridad. En la relación entre maestro y pupilo, predominan los factores de amor y admiración, por lo que la autoridad será un ejemplo con el que desea indentificarse la persona sometida en la medida que fuere. En el segundo ejemplo, el del amo y el esclavo, solo puede haber sentimientos de hostilidad y odio hacia el dominador, ya que el dominado considera que la relación se establece en perjuicio de sus intereses. Fromm aclara que este sentimiento hostil es reprimido en numerosas ocasiones, ya que solo puede conducir a mayores sufrimientos, y en algunos casos, incluso, se transforma en todo lo contrario: ciega admiración. Esta situación tiene dos funciones: eliminar ese sentimiento de odio, fuente de nuevos peligros, y aliviar la humillación (si la persona explotadora se presenta como maravillosa, no hay que avergonzarse de obedecerla). Es este el caso de una autoridad inhibitoria, que tiene como consecuencia que el sentimiento de odio o de sobreestimación tienden a aumentar. En el modelo de autoridad racional, solo puede disminuir ese sentimiento, ya que la persona sujeta se hace paulatinamente más fuerte y tiende a asemejarse a la persona que ejerce la autoridad.

Naturalmente, hay muchos grados entre los dos tipos de autoridad, la diferencia entre una y otra es tantas veces de carácter relativo. A pesar de ello, y considerando que los dos tipos de autoridad se hallan la mayor parte de las veces mezclados, siempre subsiste una diferencia esencial entre ellos; por eso, el análisis de una relación de autoridad concreta debe revelar la importancia respectiva que le corresponde a cada uno de los dos. Fromm aclara que la autoridad no es, necesariamente, una persona o institución que ordena tal cosa (autoridad externa), puede aparecer bajo el nombre de conciencia o deber una autoridad de carácter interno. El desarrollo del pensamiento moderno se caracteriza por la substitución de autoridades externas por aquéllas que se han incorporado al yo (que forman parte de la conciencia individual). Este cambio ha podido parecer una victoria de la libertad, al considerarse indigno un sometimiento a una autoridad externa, y se convirtió en incuestionable el dominio que una parte del hombre (su razón, voluntad o conciencia) realiza sobre sus inclinaciones naturales. Sin embargo, Fromm asevera que esta situación en que manda la conciencia es comparable al autoritarismo que procede de fuentes externas, y que no responde a las verdaderas demandas del yo individual; muy al contrario, la conciencia se forma por demandas de carácter social que han tomado el lugar de la dignidad que deberían suponer las normas éticas.

En épocas más recientes, la situación ha dado un nuevo vuelco. Puede decirse que reina una autoridad "invisible" o "anónima", enmascarada como opinión pública, sentido común, ciencia, salud psíquica o normalidad, que se vale no ya de una presión evidente, sino de un blanda persuasión. Resulta posible afirmar que la autoridad anónima es más efectiva que una autoridad manifiesta, ya que se basa en la falta de sospecha de la persona sometida para cumplir sus órdenes. En la autoridad externa, muy a contrario, al resultar evidentes los mándatos y la persona que debe cumplirlos, es posible combatirla y, consecuentemente, desarrollarse la independencia personal y el valor moral. En el caso de una autoridad interiorizada, es posible todavía percibirla y resistirla, pero en la autoridad anónima la invisibilidad de quien formula la orden, e incluso de la propia orden, hace que la resistencia sea francamente complicada.

Volvemos ahora a la cuestión del carácter autoritario, considerándose lo más importante la actitud hacia el poder que adopta la persona con estos rasgos. Para ella, solo existen dos géneros: los poderosos y los que no lo son. La fascinación hacia el poder es tal, que con su simple presencia (ya sea una persona o una institución) surge enseguida el sometimiento. No hay admiración hacia una encarnación de valores, sino hacia el poder mismo; del mismo modo, en el carácter autoritario se da inmediatamente el desprecio, y muy pronto el deseo de someter, a las personas o instituciones que carecen de poder. Hay diferentes rasgos en el cáracter autoritario, si bien hay en algunos casos una falta de evidencia de resistencia y de actitud rebelde, uno de los modelos puede engañar a simple vista, ya que aparentemente desafía a la autoridad y a la jerarquía, y puede parecer que posee deseos de acabar con lo que obstruye su libertad e independencia; sin embargo, tarde o temprano se somete a un poder mayor capaz de satisfacer sus anhelos masoquistas. Este tipo realiza un intento de afirmarse y sobreponerse a sus sentimientos de impotencia, pero nunca desaparece su deseo de sumisión, no es en absoluto un "revolucionario". Tantas veces, hemos tenido experiencias con personas, incluso en los movimientos sociales, de lo que puede ser este carácter autoritario que da lugar a equívoco.

El carácter totalitario ve determinada su actitud vital por sus impulsos emocionales. Este tipo prefiere aquellas situaciones en las que ve limitada su libertad y somete su voluntad al destino; el significado que pueda ver en él dependerá de la situación social que le haya tocado en suerte y el puesto que ocupe en una jerarquía (aunque Fromm aclara que el sometimiento se da también en la cúspide social, si bien la magnitud y generalidad del poder a obedecer marca la diferencia). Las fuerzas que determinan la vida, tanto individual como social, son vistas como una fatalidad; el ejemplo más evidente es la existencia de gobiernos, el hecho de que unas personas tomen decisiones en nombre de la mayoría, algo que se observa como inevitable e incluso tiende a racionalizarse ("ley natural", "destino humano", "deber"...). El carácter autoritario es reaccionario, lo que ha sido una vez está destinado a repetirse siempre, y desear algo nuevo o tratar de construirlo resulta un crimen o una locura. La tradición religiosa, con su idea del pecado original, tiene mucha responsabilidad en esta situación de dependencia, aunque la experiencia autoritaria tenga un campo más amplio. En definitiva, la característica común al pensamiento autoritario reside en la convicción de que la vida está determinada por fuerzas exteriores al yo individual y a sus deseos e intereses. Por supuesto, el carácter autoritario no carece de actividad, valor o fe, pero estas cualidades son muy diferentes a las que presenta una persona independiente, autónoma y sin anhelo de sumisión. La actividad del carácter autoritario se arraiga en el sentimiento básico de impotencia, el cual trata de anular por medio de una actividad en que la somete su propio yo a un poder superior (que nunca es el futuro, lo que está por nacer).

La valentía del carácter autoritario no está en la posibilidad de cambiar su destino, sino en el sometimiento que realiza hacia lo que se le depara. La fe en la autoridad se mantiene mientras se observe su fortaleza y poder de mando, aunque lo que subyace es una absoluta falta de valores y una negación de la vida. No existe la igualdad en la filosofía autoritaria, no tiene un significado real e importante, y si se emplea ese término a veces es solo de manera convencional interesada. Para el tipo autoritario, en el mundo solo existen personas que tienen poder y otras que carecen de él (superiores e inferiores). Los impulsos sadomasoquistas, propios del carácter autoritario, referidos a formas extremas de debilidad, son rasgos igualmente extremos propios de un modelo muy concreto, pero pueden hallarse en menor grado en muchas personas. También se da una forma leve de dependencia, muy generalizada en la sociedad contemporánea, que sin poseer las características peligrosas e impetuosas del sadomasoquismo merece que se le preste atención. Es un tipo de persona que ve su vida ligada, de forma sutil, a algún poder externo; no existe nada que realicen, sientan o piensen que no se relacione con ese poder. De ese poder esperan cuidado y protección, y le hacen responsable de la consecuencia de sus propios actos. En muchas ocasiones, el individuo no se percata de la dependencia, se da como cierta nebulosa en la conciencia sin que exista una imagen definida relacionada con ese poder. No obstante, lo que podemos denominar como un "auxiliador mágico" se personifica muchas veces en una divinidad, en un principio o en una persona real (al que se le atribuyen ciertas propiedades, como la persona "amada"). En esta situación, se da también una renuncia al yo individual, a sus propias potencialidades, preparando el terreno para la dependencia del "auxiliador mágico"; de tal manera, que el centro de la vida de la persona sometida se desplaza hacia esta forma de poder externo y el problema será, no cómo vivir uno mismo, sino no perder al "auxiliador" y lograr que marque el rumbo de la propia vida haciéndole responsable de nuestras propias acciones.

En cualquier caso, el conflicto entre lo que puede llamarse individuo "neurótico" o "sano" (no olvidemos que son etiquetas determinadas por lo social) está marcado por la lucha por la libertad y la independencia. De tal manera que alguien que ha abandonado por completo su yo individual, que ha sometido su personalidad, se le considera tantas veces adaptado a una sociedad y se le contempla como una persona "sana". Como un grado intermedio, se puede dar esa persona que no deja de luchar contra la sumisión, aunque se haya visto vinculado a alguna suerte de "auxilidador mágico", por lo que aclara Fromm que la "neurosis" es en realidad un intento de resolver el conflicto entre la dependencia básica y su anhelo de libertad.