Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

miércoles, diciembre 30

Mejor en prisión que en la calle: El mito de la cárcel-hotel

Cada cierto tiempo, se publican en todo tipo de periódicos noticias de personas que en su desesperación delinquen para encontrar en la cárcel techo y comida.

En estas notas se narra la dura vida de una persona en situación de pobreza extrema, muy a menudo sin techo, que decide perpetrar un delito para ser encarcelado y disfrutar así de una vivienda pública con pensión completa de forma gratuita. Estas anécdotas son convertidas en categoría de forma recurrente gracias a los prejuicios imperantes sobre lo que es y lo que significa la vida en prisión, y contribuyen a reforzar el estereotipo de la cárcel como hotel en el que cumplir condena es poco más que un retiro temporal de la vida cotidiana en el que el interno es tratado con “demasiada benevolencia” teniendo en cuenta que se trata de un “delincuente”.

Exigir a los centros penitenciarios dureza en las condiciones de vida impuestas a los reos concuerda con los planteamientos de los pensadores liberales del siglo XIX que consideraban que cualquier alternativa al trabajo industrial debía estar ligada unas condiciones que hicieran deseable la vida de la más pobre de las familias proletarias. En el Reino Unido y en la Europa central, el final del feudalismo y las transformaciones en las formas de propiedad de la tierra empujan a millones de personas hacia las ciudades a buscar nuevas formas de sustento, pero no todos los migrantes logran una ocupación industrial y en los primeros compases de la industrialización, las ciudades se caracterizan por el hacinamiento y el incremento desmesurado de la pobreza y la indigencia en las calles. Donde la recién estrenada ética del trabajo no llegaba a convencer a la gente de las bondades del empleo industrial, se aplicaba la represión para someter a los antiguos campesinos y nuevos urbanitas de que su mejor destino era la dignificación del empleo asalariado en fábricas y talleres. Es en este contexto de pauperismo industrial e incremento de la mendicidad urbana en el que viven su momento de esplendor las casas de trabajo (workhouses) y los correccionales, y son vagabundos y prostitutas sus primeros huéspedes.

En las workhouses, hombres y mujeres realizaban trabajos industriales de forma obligada a cambio de comida y techo. Su reclusión obedecía al crimen de vagancia, mendicidad o ejercicio de la prostitución, y eran detenidos y detenidas en macro-redadas ordenadas por las autoridades municipales consideraban excesivo el número de personas sin hogar acumuladas en la vía pública. En la Inglaterra victoriana estas casas de trabajo tuvieron una importante presencia y se desarrollaron legislaciones en las que claramente se describía el destino que debía marcar las vidas de aquellas personas que “no podían mantenerse por si mismas”. La New Poor Law Act británica de 1834 establecía que no se debía dar asistencia a aquellas personas pobres que rechazaran su internamiento en una Workhouse. Instituciones paralelas tenían la misma función social en el proceso de industrialización alemán o en la Francia napoleónica. En los países del sur de Europa, de industrialización más tardía, la Iglesia incorpora la doctrina del pan por trabajo con instituciones como las Casas de Arrepentidas (cárceles cuya misión es el control de mujeres de vida desordenada) o los Hospicios para Pobres.

Si bien la aplicación de penas de privación de libertad no es ninguna novedad surgida de la revolución industrial, la generalización del uso de la reclusión penitenciaria en sustitución de la pena de muerte es consecuencia de la modernización y de un intento de humanización ilustrada de la economía del castigo. La experiencia de internamiento de un gran número de personas en situación de pobreza urbana severa y desempleo constituye un aprendizaje institucional que facilita el desarrollo de los sistemas penitenciarios modernos.

El mismo proceso de humanización de las penas transforma la justificación punitiva de la pena de prisión a una justificación reeducativa o de reinserción social de los penados, pero, la historia de la institución penitenciaria es la historia de un gran fracaso que dura ya doscientos años.

Las cárceles nunca han dejado de ser una herramienta de control de la marginalidad. La aplicación de la pena de prisión mantiene un sesgo de clase en todos los países del mundo. La capacidad reeducativa de la reclusión se ha mostrado nula y existe importante evidencia empírica de que la prisión engendra más exclusión social. El triunfo de la ética del trabajo y el propio origen moralizante de las instituciones penitenciarias explican, en parte, la falta de reparos con la que se opina sobre las condiciones que deberían imperar en los centros de reclusión. Cualquier indicio de comodidad es visto como un lujo innecesario, a la par que moralmente reprobable, al servicio de individuos merecedores de la mayor severidad. Se vacía así de significado la condena de privación de libertad para poner énfasis en las condiciones de cumplimiento, como si el régimen penitenciario no fuera, en sí mismo, un método de castigo. La ola de populismo punitivo de los últimos treinta años ha añadido a esta confusión entre condena de privación de libertad y condiciones de cumplimiento argumentos que vinculan las condiciones de vida de los penados con la dignidad de las víctimas. Como recuerda David Garland en La Sociedad del Control, las víctimas han tomado un papel central en el debate sobre las penas convirtiendo las condenas en una especie de juego de suma cero en el que restar serveridad al castigo supone una ofensa.

El desconocimiento de la realidad penitenciaria facilita el clamor popular por el endurecimiento de las condiciones de vida de los internos. Mientras la demagogia del populismo punitivo se centra en remarcar la presencia de televisores en las celdas, la existencia de equipamientos deportivos en las cárceles, o que en los centros de reciente construcción hay piscina, lo que se muestra realmente relevante para la percepción de calidad de vida de los internos son las relaciones interpersonales que se establecen durante el cumplimiento de la condena, las posibilidades de acceder a permisos que hagan más soportable la reclusión, o la periodicidad de las visitas de familiares.

Con independencia de que en una prisión haya o no polideportivo, el régimen penitenciario consiste en una sucesión de días en los que no existe la mínima posibilidad de decidir sobre la cotidianidad. A la hora señalada debe levantarse y esperar el recuento, salir de la celda y permanecer en los espacios comunes.

No decide ni cuando, ni cómo, ni qué desayuna, almuerza o cena. Esté de peor o de mejor humor, no puede decidir quedarse en la celda, tirado en la cama, leyendo un libro o mirando la televisión. No decide cuando llamar a su familia ni cuando recibir visitas. Ni tan sólo puede decidir hablar con un compañero o amigo del mismo módulo si no es en el horario marcado para estar en las salas o los patios. La incapacidad de romper la monotonía de una vida marcada por los horarios convierte en lujos imprescindibles pequeños placeres como un café o un refresco de máquina… O las chocolatinas compradas en el economato del módulo (a un precio sustancialmente superior del que pagaríamos en cualquier supermercado)…

Especialmente duras son las condiciones de indigencia carcelaria que viven aquellos internos que no reciben dinero de sus familias. Si bien es cierto que ya no se obliga a los presos a trabajar a cambio de comida y techo, las instituciones penitenciarias no proporcionan nada más que eso: comida y techo.

El lote higiénico que antes de los recortes presupuestarios de 2011 se facilitaba a los internos mensualmente, se reparte hoy una vez al trimestre. Los productos de limpieza (lejía y un estropajo), el papel higiénico, el jabón, las cuchillas de afeitar… son insuficientes para asearse durante tres meses. Sin dinero no hay posibilidad de completarlo en el economato y hay que pedir favores o contraer deudas que se tendrán que pagar posteriormente con favores o tabaco. La mayor parte de las personas que sufren esta indigencia carcelaria son africanas, no disponen de recursos para mantener el contacto con su familia y saben que van a cumplir su condena del primer al último día sin permisos ni terceros grados. Existe la posibilidad de conseguir un empleo en los talleres para conseguir una remuneración mínima que permita sobrellevar la situación, pero deben haber plazas disponibles y el trabajo debe ser asignado por la Junta de Tratamiento. Muy a menudo, una ocupación que indigna a buena parte de los presos por su mísera remuneración, constituye una tabla de salvación para algunos.

Las encuestas sobre actitudes punitivas de la ciudadanía parecen indicar que la extendida opinión de que la ciudadanía de los países europeos reclama más mano dura debería matizarse. Parece ser que se exige mayor dureza en el castigo bajo una muy extendida situación de desconocimiento de las penas que contempla el código penal. Irónicamente, bajo la premisa errónea de que los castigos son blandos parece que se exige una dureza inferior a la que ya se da en la realidad. ¿Sucede lo mismo con las ideas preconcebidas acerca del impacto subjetivo del encarcelamiento? ¿De conocer lo que supone la supervivencia en prisión, nos fijaríamos en la piscina? Recomendaciones bibliográficas:

Focault, Michel. 1976. Vigilar Y Castigar. Nacimiento de La Prisión. Buenos Aires: Siglo XXI editores.
Garland, D. 2005. La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea. Barcelona: Gedisa.
Ríos, J. y Cabrera, P. 1998. Mil voces presas. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas.
Ríos, J. 2013. La prisión perpetua en España. Razones de su ilegitimidad ética y de su inconstitucionalidad. Donostia: Tercera Prensa. [Disponible en http://www.derechopenitenciario.com/comun/fichero.asp?id=3219]
Varona, Daniel. 2009. “¿Somos Los Españoles Punitivos?: Actitudes Punitivas Y Reforma Penal En España.” InDret 1. [Disponible en http://www.indret.com/pdf/599.pdf]

Más recursos: 

En Voizes Archive se recogen entrevistas a personas que han sufrido privación de libertad.



Fuente original: Vagos, maleantes, putas e inmigrantes
Fuente: http://tokata.info/mejor-en-prision-que-en-la-calle-el-mito-de-la-carcel-hotel/

domingo, diciembre 27

jueves, diciembre 24

La soberania alimentaria y el sistema carcelario


El siguiente audio es una entrevista que la Radio Anarquista de Berlín (aradio.blogsport.de) le hizo a una organizadora de la iniciativa "Reclaim the fields". En ella se habla sobre el campamento internacional planificado en el norte de Gales para fines de agosto, sobre la relación entre la soberanía alimentaria y el sistema carcelario así como sobre el tema de la abolición de las prisiones en si.

Escúchalo aquí

lunes, diciembre 21

La agricultura: el peor error en la historia de la Humanidad

A la ciencia le debemos cambios dramáticos en nuestra complaciente autoimagen. La Astronomía nos enseñó que la Tierra no es el centro del Universo, sino simplemente uno de mil millones de cuerpos celestes. De la biología aprendimos que dios no nos creó especialmente sino que evolucionamos al mismo tiempo que otros 11 millones de especies. Ahora la arqueología derrumba otra creencia tabú: que la historia humana de los últimos millones de años ha sido una larga serie de progresos. En particular, recientes descubrimientos sugieren que la adopción de la agricultura, supuestamente nuestro paso más decisivo hacia una vida mejor fue, en muchos sentidos, una catástrofe de la cual nunca nos hemos recuperado. Con la agricultura vinieron las graves desigualdades sociales y sexuales, la enfermedad y el despotismo, que maldicen nuestra existencia. En un primer momento, las evidencias contra esta interpretación revisionista les parecerán a los americanos del siglo XX como irrefutables. Estamos en mejor situación, en casi todos los aspectos, que la gente de la edad media, que a su vez, estaban mejor que los hombres de las cavernas, y estos estaban mejor que los monos. Veamos nuestras ventajas. Gozamos de alimentos más abundantes y más variados, de mejores herramientas, de bienes materiales, algunos gozamos de las vidas más largas y saludables de la historia. La mayoría de nosotros estamos a salvo de las hambrunas y de los depredadores. Realizamos la mayor parte del trabajo con la energía del petróleo y de las máquinas, no con nuestro sudor. ¿Qué neo­ludita actual cambiaría su vida con la de un campesino medieval, con la de un hombre de las cavernas, o la de un mono? Durante la mayor parte de nuestra historia nos hemos valido de la caza de animales y la recolección de plantas silvestres, una vida que los filósofos tradicionalmente consideran desagradable, embrutecedora y corta. Puesto que los alimentos no se producen y apenas se almacenan, no hay en esta forma de vida, ningún descanso en la lucha diaria para encontrar alimentos silvestres y evitar morir de hambre. Salimos de esta miseria hace solo 10.000 años cuando en diversas partes del mundo la gente comenzó a domesticar las plantas y los animales. La revolución agrícola se extendió gradualmente hasta hoy en que casi es universal, y sobreviven pocas tribus cazadoras-recolectoras.
 
Desde la perspectiva desarrollista en la que me eduqué, la pregunta: ¿Por qué la práctica totalidad de los cazadores recolectores adoptaron la agricultura? es una pregunta estúpida.
 
Es evidente que la adoptaron porque es una manera más eficiente de conseguir más alimento con menos trabajo. Las cosechas de cultivos rinden muchas más toneladas por acre que la recolección de raíces y bayas. Solo hay que imaginar una horda de cazadores primitivos, agotada por la búsqueda de frutos silvestres y la caza de animales salvajes, descubriendo de repente, por primera vez, un huerto lleno de frutales o un pastizal lleno de ovejas. ¿Cuántos milisegundos piensa usted que tardaría en apreciar las ventajas de la agricultura? La ortodoxia desarrollista a veces va tan lejos como para asociar la agricultura con el notable florecimiento del arte que ha tenido lugar durante el último milenio.
 
Dado que los cultivos pueden ser almacenados, y que lleva menos tiempo recoger alimentos de un jardín que encontrarlos en la naturaleza, la agricultura nos dio tiempo libre, cosa que los cazadores­-recolectores nunca tuvieron. Por lo tanto,fue la agricultura la que nos ha permitido construir el Partenón y componer la Misa en Si Menor.
 
Aunque el punto de vista desarrollista sobre el asunto parece abrumador, sin embargo es difícil de probar. ¿Cómo demuestra usted que la vida de la gente de hace 10.000 años mejoró cuando abandonó la caza y la recolección para cultivar?
 
Hasta hace poco, los arqueólogos han tenido que recurrir a pruebas indirectas, cuyos resultados (sorprendentemente) no apoyaban el punto de vista desarrollista.

Dispersos a través del mundo, varias docenas de tribus de gente supuestamente primitiva, como las bosquimanos de Kalahari, continúan viviendo de esa manera. Resulta que esta gente tiene un montón de tiempo libre, duerme mucho, y trabaja menos duramente que sus vecinos que cultivan. Por ejemplo, el tiempo medio dedicado cada semana a obtener el alimento es solamente de doce a diecinueve horas para un grupo de bosquimanos, catorce horas o menos para los nómadas Hadza de Tanzania. Una bosquimano, cuando fue preguntado porqué no habían emulado a las tribus vecinas adoptando la agricultura, contestó: "¿Por qué deberíamos hacerlo, cuando hay tantas nueces del mongongo en el mundo?". Mientras que los agricultores se concentran en cosechas altas en carbohidratos, como el arroz y las patatas, la mezcla de plantas y animales silvestres en las dietas de cazadores recolectores que quedan proporcionan más proteínas y un mejor equilibrio de los demás nutrientes. En un estudio, el promedio de la ingesta diaria de comida de los bosquimanos (durante un mes en que el alimento era abundante) era 2.140 calorías y noventa y tres gramos de proteína, considerablemente de mayor que la dieta diaria recomendada para la gente de su tamaño. Es casi inconcebible que los bosquimanos, que comen más o menos 75 plantas silvestres, pudiesen haber muerto de hambre como cientos de miles de agricultores irlandeses y sus familias, durante la hambruna de la patata en 1840. Así pues, por lo menos la vida de los cazadores-­recolectores actuales que han sobrevivido, no son tan malas y embrutecedoras, a pesar de que los agricultores les han desplazado a los peores lugares. Pero modernas sociedades de cazadores­-recolectores, que se codean desde hace miles de años con las sociedades agrícolas, no nos dicen nada acerca de las condiciones antes de la revolución agrícola.

El punto de vista desarrollista está haciendo una suposición sobre la historia pasada: que la vida de la gente primitiva mejoró cuando cambiaron de la recolección a los cultivos agrícolas. Los arqueólogos pueden fechar el momento en que eso ocurrió distinguiendo en los restos de la basura prehistórica las plantas y animales salvajes de los domesticados. ¿Cómo se puede deducir la salud de los productores de la basura prehistórica y probar directamente de ese modo la hipótesis desarrollista? Esa pregunta ha podido ser respondida solo recientemente, en parte con técnicas nuevas procedentes de la paleopatología: el estudio de muestras de la enfermedad en restos humanos primitivos. En algunas situaciones afortunadas, el paleontólogo tiene casi tanto material a estudiar como el patólogo de hoy. Por ejemplo, los arqueólogos en los desiertos de Chile han encontrado momias bien conservadas, cuyas condiciones médicas en el momento de la muerte puede ser determinada por la autopsia. (descubra, octubre). Y las heces de los indios muertos hace mucho tiempo, que vivieron en cuevas sin humedad de Nevada, siguen estando suficientemente bien preservadas como para ser examinadas en busca de anquilostomiasis y otras parasitosis.

Por lo general, los únicos restos humanos disponibles para su estudio son los esqueletos, pero estos permiten un número sorprendentemente alto de deducciones. Para comenzar , un esqueleto revela el sexo de su dueño, el peso, y su edad aproximada. En los pocos casos donde hay muchos esqueletos, uno puede construir las tablas de mortalidad como las que usan las compañías de seguros de vida para calcular la esperanza de vida y el riesgo de muerte en cualquier edad dada. Paleopatólogos pueden también calcular tasas de crecimiento midiendo los huesos de la gente de diversas edades, examinar los dientes para determinar defectos del esmalte (indicativos de desnutrición en la niñez), y reconocer cicatrices dejadas en los huesos por la anemia, la tuberculosis, la lepra y otras enfermedades.
 
Este es un ejemplo sencillo de lo que han descubierto los paleopatólogos de los cambios en altura de los esqueletos a lo largo de la historia.
 
Esqueletos de Grecia y Turquía muestran que la altura media de cazadores-­recolectores hacia el final de las glaciaciones fueron unos generosos 175,25 cm para los hombres y 166 cm para las mujeres. Con la adopción de la agricultura, la altura se estancó, y para el 3000 a.n.e. había alcanzado un mínimo de solo 160,5 cm para los hombres y 152,4 cm para las mujeres. En la época clásica la altura estaban subiendo muy lentamente otra vez, pero los Griegos y los turcos modernos todavía no han recuperado la altura media de sus antepasados lejanos. Otro ejemplo de investigación paleopatológica es el estudio de los esqueletos indios de los túmulos sepulcrales en los valles del río Ohio en lllinois. En los montones de Dickson, situados cerca de la confluencia de los ríos de Illinois y el Spoon, los arqueólogos han exhumado unos 800 esqueletos que dibujan un panorama de los cambios en la salud que se produjeron cuando, alrededor de A.D. 1150, adoptó el cultivo intensivo del maíz una cultura de cazadores-­recolectores. Los estudios de George Armelagos y sus colegas de entonces de la universidad de Massachusetts muestran que estos primeros agricultores pagaron un precio por su reciente hallazgo alimenticio.
 
En comparación con los grupos de cazadores que les precedieron, los agricultores presentaban un aumento de casi un 50 por ciento de defectos en el esmalte, indicativo de desnutrición, el cuádruple de anemia por deficiencia de hierro (demostrada por una enfermedad de los huesos llamada hiperostosis porótica), el triple de lesiones óseas, lo que indica, en general, enfermedades infecciosas, y un aumento en la morfología degenerativa de la columna vertebral, que refleja probablemente un excesivo trabajo físico duro. 
 
Comparando con los cazadores­-recolectores que los precedieron, los agricultores tenían menor esperanza de vida, la "esperanza de vida al nacer en la comunidad preagrícola era cerca de veintiséis años," dice Armelagos, "pero en la comunidad agrícola de diecinueve años. Por lo tanto los episodios de estrés nutricional y de enfermedades infecciosas afectaban seriamente a su capacidad de supervivencia." La evidencia sugiere que los indios de los montes Dickson, como muchos otros pueblos primitivos, decidieron cultivar no por gusto sino por la necesidad de alimentar a su población constantemente creciente. “No creo que la mayoría de los cazadores recolectores se pasaran a la agricultura, y cuando no les quedó más remedio, fue a costa de cambiar calidad por cantidad”, dice Marca Cohen de la universidad del estado de Nueva York en Plattsburgh, co-redactora, con Armelagos, de uno de los libros fundamentales en su campo, Paleopatología en los orígenes de la agricultura. "Cuando inicié esta discusión hace diez años, la mayoría de la gente no estaba de acuerdo. Ahora se ha convertido en un respetable, aunque polémico argumento" Hay al menos tres tipos de razones que explican los desastrosos resultados de la agricultura para la salud. Primero, los cazadores-­recolectores gozaron de una dieta variada, mientras que los primeros agricultores obtuvieron la mayoría de su alimento a partir de uno o unos pocos cultivos ricos en almidón. Ganaron calorías de mala calidad a costa de una nutrición pobre (apenas tres plantas altas en carbohidratos: ­­ trigo, arroz y el maíz ­­ proporcionan actualmente el grueso de las calorías consumidas por la especie humana, pero cada una de ellas es deficiente en ciertas vitaminas o aminoácidos esenciales para la vida).

En segundo lugar, debido a dependencia de un número limitado de cosechas, los granjeros corrieron el riesgo del hambre si una fallaba.
 
Por último, el mero hecho de que la agricultura permitiese a la gente agruparse en sociedades populosas, facilitaba la extensión de parásitos y de enfermedades infecciosas, muchos de los cuales eran luego transportadas por el comercio con otras sociedades de hacinamiento manteniendo contactos comerciales con otras sociedades, también populosas (algunos arqueólogos piensan que es el hacinamiento, en vez de la agricultura, el responsable de las enfermedades, pero se trata del problema de quién fue antes, el huevo o la gallina, porque el hacinamiento fomenta la agricultura, y viceversa). Las epidemias no pueden arraigar cuando las poblaciones se encuentran dispersas en pequeños grupos que constantemente están desplazando sus campamentos. La tuberculosis y las enfermedades diarreicas tuvieron que esperar la aparición de la agricultura, el sarampión y la peste bubónica la aparición de las ciudades grandes. Además de la malnutrición, el hambre y las enfermedades epidémicas, la agricultura ayudó a traer otra maldición a la humanidad: las profundas divisiones de clase. Los cazadores-­recolectores tienen poco o ningún alimento almacenado, y tampoco fuentes concentradas de alimento, como una huerta o una manada de vacas: viven de las plantas salvajes y de los animales que obtienen cada día. Por lo tanto, no puede haber reyes, ni ninguna clase de parásitos sociales que engordan con el alimento robado a otros. Solamente con la agricultura puede vivir saludablemente una élite no productora, a costa de una población acosada por las enfermedades. Los esqueletos de las tumbas griegas en Micenas (1500 a.n.e.) sugieren que los reyes gozaban de una dieta mejor que sus súbditos, puesto que los esqueletos reales eran dos o tres pulgadas más altos y tenían los dientes mejor (en promedio les faltaba una, en vez de seis piezas). Entre momias chilenas de hace 1000 años, la élite se distinguía no solamente por los ornamentos y las pinzas de oro del pelo, también por un índice cuatro veces menor en las lesiones óseas causadas por enfermedad.
 
Similares contrastes en la nutrición y la salud persisten en la actualidad a escala mundial. A los habitantes de los países ricos como EE.UU. les suena ridículo exaltar las virtudes de la caza y la recolección, pero los americanos son una élite, dependiente del petróleo y minerales, que a menudo deben ser importados desde países con una salud y una alimentación más pobre.
 
Si se pudiese elegir entre ser campesino en Etiopía o un cazador-­recolector bosquimano en el Kalahari, ¿cuál cree que sería la mejor opción? La agricultura también pudo fomentar la desigualdad entre los sexos. Liberada de la necesidad de transportar a los bebés durante una existencia nómada, y bajo la presión de producir más manos para trabajar el campo, las mujeres campesinas tienden a tener embarazos más frecuentes que sus homólogas cazadoras-­recolectoras con consiguientes problemas de salud. Entre las momias chilenas, por ejemplo, más mujeres que hombres tenían lesiones oseas provocadas por enfermedades infecciosas.

A veces en las sociedades agrícolas se convirtieron a las mujeres en bestias de carga. En las comunidades agrícolas de la actual Nueva Guinea, a menudo me asombro de ver a mujeres que se tambalean cargadas de verduras y leña mientras que los hombres caminan con las manos vacías. Una vez durante un viaje de estudio de sobre las aves, yo pagué a algunos aldeanos para llevar los suministros desde una pista de aterrizaje a mi campamento en la montaña. El objeto más pesado era una bolsa de 110 libras de arroz, que até a un poste y asigné a un equipo de cuatro hombres para que lo llevaran a hombros. Cuando por fin alcancé a los aldeanos, los hombres llevaban las cargas ligeras, mientras una pequeña mujer, que pesaba menos que la bolsa de arroz, estaba doblada bajo ella, sosteniéndola a la espalda mediante una cuerda alrededor de sus sienes.
 
En cuanto a la afirmación de que la agricultura facilitó el florecimiento del arte al darnos más tiempo libre, los modernos cazadores-­recolectores tienen por lo menos tanto tiempo libre como los agricultores. Poner el énfasis en el tiempo libre como factor crítico me parece un error. Los gorilas han tenido mucho tiempo libre para construir su propios Partenon, pero no les apeteció. Aunque los avances tecnológicos post­-agrícolas permitieron nuevas formas de arte y facilitaron su conservación, los cazadores-­recolectores hace 15.000 años produjeron geniales pinturas y esculturas y los Inuit y los indios del noroeste pacífico todavía las producían en fechas tan recientes como el siglo pasado. Así, con el advenimiento de la agricultura una élite llegó a estar mejor pero para la mayoría de la gente fue peor. En vez de aceptar la hipótesis desarrollista de que elegimos la agricultura porque era lo mejor para nosotros, más bien deberíamos preguntarnos cómo fuimos atrapados por ella a pesar de sus inconvenientes.
 
Una salida a la controversia puede ser “Es cierto, la agricultura puede alimentar a muchas más personas que la caza , aunque con una peor calidad de vida” (la densidad de las poblaciones de cazadores ­recolectores son rara vez mayores de una persona por cada diez millas cuadradas, mientras que los agricultores tiene densidades medias 100 veces mayores). En parte esto se debe a que un campo enteramente sembrado de cultivos comestibles permite alimentar muchas más bocas que un bosque con plantas comestibles dispersas. En parte es también porque los cazadores-­recolectores nómadas tienen que tener los niños espaciados en intervalos de cuatro años mediante el infanticidio y otros medios, puesto que una madre debe llevar a su niño hasta que es bastante mayor para caminar con los adultos. Las mujeres agricultoras no tienen esa carga, y pueden tener niños más a menudo, cada dos años. Como las densidades de población de los cazadores-recolectores se incrementaron lentamente al final de la edad de hielo, las tribus tenían que elegir entre alimentar más bocas dando los primeros pasos hacia la agricultura, o bien, encontrar la forma de limitar el crecimiento. Algunas tribus eligieron la primera solución, incapaces de anticipar los males de la agricultura, y seducidas por la abundancia transitoria que gozaron, hasta que el crecimiento de la población se incrementó con la producción creciente del alimento. Estas tribus desbordaron su territorio original, y mataron o eliminaron a las tribus que eligieron seguir siendo cazadores­-recolectores, porque cientos de agricultores subalimentados pueden dejar fuera de juego a un cazador sano. No es que los cazador­es-recolectores abandonaron su estilo de vida, pero los que no eran lo suficientemente sensatos para renunciar a él, fueron forzados a salir de todos los territorios excepto de los que los agricultores no desearan.
 
En este punto es instructivo recordar la habitual crítica de que "la arqueología es algo superfluo porque se ocupa del pasado remoto y no ofrece lecciones para el presente”. Los arqueólogos que estudian el origen de la agricultura han reconstruido una etapa crucial en la que cometimos el peor error en la historia de la humanidad. Obligados a elegir entre la limitación de la población o tratar de aumentar la producción de alimentos, escogimos la última, y obtuvimos más hambre, la guerra y la tiranía.
 
Los Cazadores-­recolectores practicaron la forma de vida más duradera, acertada y larga de la historia humana. Por el contrario, todavía estamos luchando con el lío en el que la agricultura nos ha metido, y no sabemos si podremos solucionarlo. Supongamos que un arqueólogo extraterrestre que nos ha visitado intenta explicar la historia humana a sus compañeros extraterrestres. Él puede que ilustre el resultado de su investigación mediante una analogía con las veinticuatro horas de reloj de un día, en que una hora representa 100.000 años de tiempo real. Si la historia de la especie humana comenzó en la medianoche, ahora casi estaríamos en el final de nuestro primer día. Hemos vivido como cazadores­-recolectores casi la totalidad de ese día, desde la medianoche, pasando por la madrugada, el mediodía, y la puesta de sol. Finalmente, cuando faltan seis minutos para la media noche, adoptamos la agricultura.
 
Cuando se acercan las 12 campanadas de la segunda media noche ¿Se extenderá gradualmente la difícil situación de los campesinos afectados por la hambruna hasta engullirnos a todos? ¿O de alguna manera lograremos esas seductoras ventajas que imaginamos detrás de la brillante fachada de la agricultura, y que hasta ahora se nos han escapado?

 
Distribuido de conformidad con el Título 17 del U. S. C. Sección 107, este material se distribuye sin fines de lucro a aquellos que han expresado su interés por recibirlo para fines de investigación y enseñanza. Traducido mediante traductor automático, y revisado por F.B., que no tiene N.P.I. de inglés (pero me gustó el texto y me puse a la tarea, aunque me llevó su tiempo).
 
Extraído de http://archivomoai.blogspot.com.es

viernes, diciembre 18

La dictadura parlamentarista

El principal rasgo definitorio de cualquier sistema autoritario es aquel en el que una minoría detenta la capacidad decisoria sobre el conjunto de la población de un territorio determinado. Esta capacidad de decidir por el resto de la sociedad está respaldada por el monopolio de la violencia que es el que permite imponer las decisiones de dicha minoría al resto de la población. Se trata de una división política entre quienes detentan la fuerza y por tanto la capacidad decisoria que define la soberanía, y quienes son obligados a acatar las decisiones de dicha minoría. Tal y como lo sintetizó Pierre Clastres: “La mayor división de la sociedad, la que fundamenta todas las demás, incluida sin duda la división del trabajo, es la nueva disposición vertical entre la base y la cúspide, es la gran ruptura política entre detentadores de la fuerza, sea ésta guerrera o religiosa, y sometidos a esta fuerza. La relación política de poder precede y fundamenta la relación económica de explotación. Antes de que sea económica, la alienación es política, el poder es anterior al trabajo, lo económico es una derivación de lo político, el surgimiento del Estado determina la aparición de las clases”.[1]

Naturalmente quien ostenta el privilegio de poder decidir en el lugar de los demás y de imponer esas mismas decisiones al resto de la sociedad lo ejerce en su propio provecho. El poder no es desinteresado sino profundamente egoísta y por esta razón no renuncia a sus intereses. De esta forma nos encontramos con una estructura social férreamente jerarquizada en torno a dicha división política de la sociedad de la que se derivan las demás desigualdades: sociales, económicas, culturales, etc. Digamos que todo esto es lo común en los sistemas políticos de base autoritaria, indistintamente de cuál sea la forma en la que se presenten. Esto es lo que ocurre con el parlamentarismo donde una minoría, agrupada en torno al parlamento, concentra y monopoliza la capacidad decisoria sobre la población de un territorio determinado, y por tanto dispone del monopolio legislativo con el que imponer normas y leyes con las que determinar pautas de conducta con las que regular al conjunto de la sociedad.

Los regímenes de carácter autoritario, en los que siempre es una minoría la que toma las decisiones cruciales, consideran que la sociedad es por sí misma incapaz de tomar sus propias decisiones, de tal manera que la relegan a un estado de permanente tutela e infantilización en el que una elite dirigente se ocupa de gestionar y regular todos sus asuntos. De este modo la sociedad queda sumida en un estado de postración, pasividad y sumisión al ser las elites, ubicadas en las instituciones oficiales del orden constituido, las encargadas de participar en la política y de decidir en el lugar de la sociedad al ser considerada inhábil para dicha tarea. A esto se suma una más o menos manifiesta desconfianza hacia la sociedad al impedirle su activa participación en política, de tal manera que la elite dirigente no duda en erigirse en su intermediaria.

En el sistema parlamentario también es una minoría la que toma decisiones en el lugar del resto de la sociedad, lo que hace que concentre y monopolice la soberanía al mismo tiempo que impone sus propias decisiones, expresadas en leyes, a través del recurso a la fuerza coactiva de los medios represivos a su disposición: policías, servicios secretos, cárceles, tribunales, etc.

Indudablemente la particularidad del régimen parlamentario respecto a otras formas de dictadura es que recurre a los procesos electorales como mecanismo de legitimación de las instituciones oficiales, y más concretamente del parlamento que es el que detenta la capacidad de legislar. En este sentido las elecciones son el mecanismo político que utiliza este sistema de dominación para crear el debido consentimiento social, y consecuentemente la conformidad de la población respecto a sus instituciones y las decisiones emanadas de las mismas.

La aceptación de las autoridades viene dada por su carácter electivo, lo que facilita su legitimación a la hora de ocupar los puestos de dirección en las instituciones.

En el sistema parlamentario la clase política forma parte de la clase dominante al participar en el proceso decisorio a través del parlamento y de las demás instituciones análogas que existen en otros ámbitos. La clase política se erige, por medio de los procesos electorales, en representante de la sociedad y por ello se encarga de tomar las decisiones políticas en su lugar. Todo esto es el resultado de hacer de la sociedad un menor de edad que debe estar sujeto a una permanente tutela y dirección por parte de aquellos que se erigen en sus representantes, al considerar que no puede hacer nada por sí misma. Este planteamiento es el que lleva a hacer de los políticos una clase de intermediarios que en el contexto del sistema autoritario que encarna el parlamentarismo son presentados como necesarios. En la práctica el parlamentarismo es un sistema dictatorial en el que dicha minoría reunida en los parlamentos impone su voluntad a la sociedad en función de sus propios y particulares intereses, todo ello como consecuencia de ostentar el gran privilegio de poder tomar las decisiones políticas vinculantes al estar respaldada por una fuerza coactiva.

Los políticos son una opulenta, obesa, decadente y corrupta elite dirigente que usufructúa el poder político y las instituciones, de esta forma establecen aquella legislación más favorable para sus propios intereses. De esta manera la clase política explota y oprime al pueblo que constituye un recurso del que se vale para conseguir sus intereses. Por este motivo puede afirmarse que la clase política es una clase parásita que extrae de la sociedad recursos materiales, económicos y financieros para sostenerse como elite mandante, para costear sus medios de coerción con los que imponer su voluntad por medio de las leyes.

En tanto en cuanto el parlamentarismo impide al pueblo la participación política las instituciones y los políticos se establecen como intermediarios necesarios, pues el pueblo es considerado incapaz de tomar sus propias decisiones y de llevarlas a cabo. A la sociedad se le otorga la posibilidad de elegir a sus intermediarios en quienes delega la gestión de las cuestiones colectivas. En definitiva, se trata de elegir a aquella minoría que se ocupará de decidir sobre todo lo que afecta a la sociedad.

La existencia de elecciones en el régimen parlamentario es utilizada como coartada para afirmar una pretendida libertad en el seno de este sistema político. Los hechos demuestran lo contrario. En el plano estructural se trata de un sistema dictatorial en el que una minoría impone sus decisiones al resto de la población, de modo que las elecciones sólo sirven para legitimar dicho sistema.

En segundo lugar nos encontramos con que el sistema parlamentario se dota de unas poderosas fuerzas represivas que supervisan los procesos electorales, y que son, en definitiva, el último resorte del poder establecido para imponer su voluntad sobre la sociedad. Esto demuestra que dicho sistema no es libre. Y en tercer y último lugar descubrimos que este sistema es profundamente demagógico al basarse en el uso masivo de la propaganda a todos los niveles, de manera que se manipula a la opinión pública en un sentido favorable para que entre las diferentes opciones políticas elija la que más conviene a la clase dominante. Se trata de un tipo de régimen en el que la libertad de conciencia es negada, de modo que al mismo tiempo también es negada la libertad de elección ya que esta última está manipulada y no es informada.

En el sistema parlamentario la sociedad no participa en la política sino que esta es una tarea exclusiva de los políticos que se encargan de gestionar a su antojo.

De esta forma la sociedad es excluida de los ámbitos decisorios y es sometida a las decisiones que son tomadas en las instituciones del orden constituido por las elites dominantes. Además de esto la opinión pública es manipulada sistemáticamente y a gran escala a través de los medios de comunicación de masas, de manera que en la práctica quien gana unas elecciones es quien es capaz de costearse la campaña electoral más cara con la que difundir masivamente su mensaje político. La presencia de unas fuerzas armadas y represivas tampoco genera un contexto de libertad, con lo que estos agentes son los que en último término determinan el rumbo político de la sociedad si sus intereses y la situación así lo requieren.

Las elecciones son el gran circo que los políticos utilizan para publicitarse y hacer todo tipo de promesas con las que tratar de seducir al electorado. Esto es lo que ha hecho de la política el arte del engaño en el que los políticos afirman comprometerse con sus correspondientes programas electorales, los mismos con los que tratan de sintonizar con las preocupaciones y problemas de la sociedad. Pero como decimos se trata de una estrategia propagandística y mediática que únicamente persigue rentabilizar votos pues el sistema es estructuralmente autoritario, de forma que una vez elegidos los representantes políticos toman sus propias decisiones y lo hacen en función de sus particulares intereses olvidando por completo las promesas hechas, así como el programa electoral. Pero también hay que añadir que no hay engañador sin alguien que, a su vez, se deje engañar. En lo que a esto respecta es preciso decir que la sociedad ha caído en la superstición del voto, y por tanto en la creencia de que ir a votar sirve para algo. Esta actitud delegacionista demuestra un importante grado de pasividad en la sociedad al desentenderse de la política, y por tanto también es una muestra de conformidad con un sistema en el que la población durante los 4 años que dura una legislatura no tiene ni voz ni voto.

Indudablemente una de las formas de rechazar este tipo de sistema dictatorial es no participar en la farsa electoral cuando esta tiene lugar. Pero la abstención por sí misma no es suficiente si se limita a la simple pasividad de quien un domingo no decide ir a votar. La abstención necesita ser activa, es decir, que la actitud abstencionista sea propagada a lo largo de toda la sociedad y que al mismo tiempo se vea acompañada de la correspondiente autoorganización colectiva en los diferentes ámbitos de la vida. Al margen de las instituciones del poder establecido, y sin intermediarios de ningún tipo, la sociedad puede gestionar sus propios problemas según sus intereses. En este sentido la autoorganización no deja de ser una respuesta en el terreno práctico a las imposiciones del Estado y de su clase política, y una forma de intervenir e involucrarse activamente en las cuestiones colectivas de las que hoy es completamente apartada por el sistema parlamentarista. A pesar de que esto constituiría por sí mismo un avance importante de cara a prescindir del Estado y de la clase política, no hay que perder de vista que dentro del cuadro general que ofrece el sistema político establecido la autoorganización y autogestión tiene unas ciertas limitaciones. Por tanto, una completa emancipación social sólo es posible en última instancia por medio de un proceso revolucionario que instaure un sistema político de autogobierno por medio de asambleas populares.


[1] Clastres, Pierre, La sociedad contra el Estado, Barcelona, Monte Avila Editores, 1978, p. 173
 
Esteban Vidal

martes, diciembre 15

Rusia subterránea

Rusia Subterránea es el testimonio directo de la propaganda y el terrorismo nihilista ruso de finales del siglo XIX. Su autor, Stepniak, participó en las rebeliones de Bosnia (1876) y Benevento junto a Malatesta (1877), participó en la fundación de la sociedad secreta y posterior organización política “Zemlyá i Volya” (Tierra y Libertad) y se hizo famoso tras asesinar al jefe de la policía secreta Mezentsov con una daga en las calles de San Petersburgo en 1878. Escribió diversas obras sobre el movimiento Narodnik (populistas revolucionarios rusos), entre ellas esta breve selección que narra, desde dentro, los orígenes, las acciones y las motivaciones de dos generaciones de militantes y terroristas en Rusia.

ANTIPERSONA reedita esta traducción publicada en 1905 en el extinto diario La Publicidad de Barcelona.

[32 páginas. B/N. Grapado]

sábado, diciembre 12

El criminal es el elector

(Albert Libertad, 1906)
 
Tú eres el criminal, Oh Pueblo, puesto que tú eres el Soberano.
 
Eres, bien es cierto, el criminal inconsciente e ingenuo. Votas y no ves que eres tu propia víctima.
 
Sin embargo, ¿no has experimentado lo suficiente que los diputados, que prometen defenderte, como todos los gobiernos del mundo presente y pasado, son mentirosos e impotentes? ¡Lo sabes y te quejas! ¡Lo sabes y los eliges! Los gobernantes, sean quienes sean, trabajaron, trabajan y trabajarán por sus intereses, por los de su casta y por los de sus camarillas.
 
¿Dónde y cómo podría ser de otro modo? Los gobernados son subalternos y explotados; ¿conoces alguno que no lo sea?
 
Mientras no comprendas que sólo de ti depende producir y vivir a tu antojo, mientras soportes –por temor- y tú mismo fabriques –por creer en la autoridad necesaria- a jefes y directores, sábelo bien, también tus delegados y amos vivirán de tu trabajo y tu necedad. ¡Te quejas de todo! ¿Pero no eres tú el causante de las mil plagas que te devoran?
 
Te quejas de la policía, del ejército, de la justicia, de los cuarteles, de las prisiones, de las administraciones, de las leyes, de los ministros, del gobierno, de los financieros, de los especuladores, de los funcionarios, de los patrones, de los sacerdotes, de los propietarios, de los salarios, del paro, del parlamento, de los impuestos, de los aduaneros, de los rentistas, del precio de los víveres, de los arriendos y los alquileres, de las largas jornadas en el taller y en la fábrica, de la magra pitanza, de las privaciones sin número y de la masa infinita de iniquidades sociales.
 
Te quejas, pero quieres que se mantenga el sistema en el que vegetas. A veces te rebelas, pero para volver a empezar. ¡Eres tú quien produce todo, quien siembra y labora, quien forja y teje, quien amasa y transforma, quien construye y fabrica, quien alimenta y fecunda!
 
¿Por qué no sacias entonces tu hambre? ¿Por qué eres tú el mal vestido, el mal nutrido, el mal alojado? Sí, ¿por qué el sin pan, el sin zapatos, el sin hogar? ¿Por qué no eres tú tu señor? ¿Por qué te inclinas, obedeces, sirves? ¿Por qué eres tú el inferior, el humillado, el ofendido, el servidor, el esclavo?
 
¿Elaboras todo y no posees nada? Todo es gracias a ti y tú no eres nada.
Me equivoco. Eres el elector, el votante, el que acepta lo que es; aquel que, mediante la papeleta de voto, sanciona todas sus miserias; aquel que, al votar, consagra todas sus servidumbres.
 
Eres el criado voluntario, el doméstico amable, el lacayo, el arrastrado, el perro que lame el látigo, arrastrándote bajo el puño del amo. Eres el sargento mayor, el carcelero y el soplón. Eres el buen soldado, el portero modelo, el inquilino benévolo. Eres el empleado fiel, el devoto servidor, el campesino sobrio, el obrero resignado a su propia esclavitud. Eres tu propio verdugo. ¿De qué te quejas?
 
Eres un peligro para todos nosotros, hombres libres, anarquistas. Eres un peligro igual que los tiranos, que los amos a los que te entregas, que eliges, a los que apoyas, a los que alimentas, que proteges con tus bayonetas, que defiendes con la fuerza bruta, que exaltas con tu ignorancia, que legalizas con tus papeletas de voto y que nos impones por tu imbecilidad.
 
Tú eres el Soberano, al que se adula y engaña. Te encandilan los discursos. Los carteles te atrapan; te encantan las bobadas y las fruslerías: sigue satisfecho mientras esperas que te fusilen en las colonias y que te masacren en las fronteras a la sombra de tu bandera.
 
Si lenguas interesadas se relamen ante tu real excremento, ¡Oh Soberano!; si candidatos hambrientos de mandatos y ahítos de simplezas, te cepillan el espinazo y la grupa de tu autocracia de papel; si te embriagas con el incienso y las promesas que vierten sobre ti los que siempre te han traicionado, te engañan y te venderán mañana; es que tú mismo te pareces a ellos. Es que no vales más que la horda de tus famélicos aduladores. Es que, no habiendo podido elevarte a la consciencia de tu individualidad y de tu independencia, eres incapaz de liberarte por ti mismo. No quieres, luego no puedes ser libre.
 
¡Vamos, vota! Ten confianza en tus mandatarios, cree en tus elegidos.
 
Pero deja de quejarte. Los yugos que soportas, eres tú quien te los impones. Los crímenes por los que sufres, eres tú quien los cometes. Tú eres el amo, tú el criminal e, ironía, eres tú también el esclavo y la víctima.
 
Nosotros, cansados de la opresión de los amos que nos das, cansados de soportar su arrogancia, cansados de soportar tu pasividad, venimos a llamarte a la reflexión, a la acción.
 
Venga, un buen movimiento: quítate el estrecho traje de la legislación, lava rudamente tu cuerpo para que mueran los parásitos y la miseria que te devoran. Sólo entonces podrás vivir plenamente.
 
¡EL CRIMINAL es el Elector!

miércoles, diciembre 9

Barcelona, Estado español: Ante los ataques del poder, la ofensiva continúa

Tras las últimas operaciones policiales contra el ámbito anarquista, mucho se ha dicho y se ha escrito, en su mayoría, los comunicados y opiniones han sido mayoritariamente una queja o una “condena” a la represión por parte del poder. Ante la última operación represiva y las reacciones que siguieron, consideramos que también nosotrxs queremos dar nuestro punto de vista.

Empezando por entender que la represión que se viene dando es la respuesta lógica del estado, a quienes se consideran (o el mismo estado considera) como sus enemigxs, no entendemos los comunicados repletos de victimismo donde prácticamente (y por supuesto con palabras más apropiadas) se ruega al estado que deje de lanzar a sus hordas policiales de forma “indiscriminada” contra lxs anarquistas. Que la represión es injustificada, por supuesto se usa y abusa del termino “montaje”, que no hacemos nada “malo”, que nos atacan por “pensar distinto”… se intenta dar una imagen de “normalidad” y tratar por todos los medios de que esta imagen pública sea lo más limpia o aceptable socialmente. Se hace todo lo posible por distanciarse de discursos o prácticas violentas, cayendo de este modo en el juego del poder y usando su mismo lenguaje, se hacen distinciones entre anarquistas “buenxs” y “malxs” fomentando desde dentro la misma criminalización.

Llegados a este punto entre estxs “anarquistas” hay quienes no tienen vergüenza alguna en conceder entrevistas a los medios de comunicación, dando una imagen lamentable y lo que es peor, situándose como lxs portavoces del “movimiento anarquista” (y ya de paso de todos los movimientos sociales) Estxs aspirantes a politicxs y guías de masas tratan de hacer todo lo posible por alejar al anarquismo de su carácter subversivo y confrontacional, pintándolo como un simple movimiento de activismo social, vacío de todo discurso y práctica de enfrentamiento al poder y al orden existente.

Por otra parte están los discursos de quienes hablan continuamente sobre lo terrible que es la represión, que todxs estamos controladísimxs, que no se puede hacer nada, estas actitudes no hacen mas que difundir el pánico y la paranoia colectiva, y detrás de estos discursos y actitudes no faltan quienes para esconder su inmovilismo usan como pretexto la omnipresencia de la represión, los seguimientos, los clásicos “a mí me tienen fichadísimx”…etc etc Quien no esté dispuesto a asumir qué cosas, es su decisión personal, pero el esconderse tras un miedo incontrolado y en muchos casos infundado y dedicarse a esparcir ese sentimiento derrotista allá por donde vayan es peligroso y contraproducente. Con esto no decimos que lxs hay “valientes” y “cobardes”, es totalmente normal tener miedo, a las detenciones en comisaría, a las cárceles, las palizas, las torturas y los asesinatos de maderxs o carcelerxs…

Sin embargo dar rienda suelta al miedo da lugar al pánico y a la paranoia, y esto a su vez suele dar lugar a los discursos derrotistas donde se llama a la pasividad y al inmovilismo y a que es mejor “portarse bien” tanto para unx mismx como para con el resto de compañerxs para no acabar siendo el blanco de las investigaciones policiales.

Como último apunte sobre este tema decir que aún el estado no nos ha enseñado más que la punta del iceberg, esto no es nada en comparación con lo que podrían llegar a soltar y de hecho, basta con fijarse en la represión que hay actualmente en otras partes del mundo (y no hay que irse muy lejos) o en el mismo estado español hace algunas décadas. Hay que tener claro que desde el momento en que nos posicionamos como anarquistas, pasamos a vivir en el riesgo y la posibilidad de ser golpeadxs por la maquinaria represiva, aún al margen de nuestras prácticas, ya que como se ha visto, hay ocasiones en la dicha maquinaria represiva busca más el provocar el miedo entre el enemigo llevándose por delante a cualquiera en lugar de dar golpes certeros, por tanto, a los ojos del poder cualquiera de nosotrxs puede ser un objetivo.

Pese a todo el despliegue de operaciones policiales, encarcelamientos y difamaciones que han llevado a cabo (y lo que quede por venir) el poder sabe que siempre quedamos individuxs a los cuales no nos pueden controlar ni asustar por más que lo intenten, no podrán acabar con nuestras ansias de destruir todo aquello que nos oprime. Nos llena de alegría comprobar como a pesar de todo lo transcurrido, no han logrado detener la ofensiva contra lo existente, cada día hay quienes siguen sin ceder al miedo y a la sumisión social y pasan al ataque permanente. La acción multiforme anarquista ha continuado esparciéndose por los distintos barrios, pueblos y ciudades en forma de publicaciones y textos combativos, carteles, pintadas, pancartas, sabotajes, incendios y explosivos, cortes de calles con barricadas, enfrentamientos, ataques a edificios del poder y disturbios durante manifestaciones…

Aunque la tendencia dentro del estado español viene siendo la de no reivindicar las acciones, con lo cual muchas de ellas quedan mudas y son silenciadas, sabemos de buena tinta que todo esto se ha venido sucediendo en mayor o menor medida. La violencia minoritaria ha continuado y continuara, y si, hablamos de violencia, sin tapujos ni complejos, porque estamos convencidos de que el poder no se caerá por sí solo ni ningún mesías bajará del cielo con la solución bajo el brazo.

No usamos palabras como “autodefensa” o “contraviolencia” o hablamos de violencia anarquista solo cuando haya un contexto de levantamiento de masas solo porque quede más aceptable. Hemos comprobado que a pesar de todo, la práctica insurreccional y el ataque sigue siendo posible, la policía no puede estar en todas partes, ni espiarnos o controlarnos a todxs, un poco de sentido común, buena planificación y voluntad son más que suficientes para comprobar que la imagen de un mundo controlado y pacificado no es mas que una ilusión, y romper esta ilusión de tranquilidad está solo en nuestras manos.

Porque frente a los ataques del poder y a la miseria de algunxs “anarquistas” que solo les preocupa el dar una imagen de buenxs chicxs inocentes ante la sociedad y salvarse a sí mismxs, nosotrxs armamos nuestros deseos y pasiones, pasamos al ataque. Frente a las masas y su pasividad, solo ofrecemos nuestra agresividad, no esperamos nada de ellxs y nos lanzamos de lleno a la revuelta anárquica permanente.

Somos aquellxs revoltosxs que hemos decidido seguir en pie y asumir el riesgo por atrevernos a vivir la anarquía aquí y ahora.

Las palabras sin actos son para nosotros palabras muertas, por eso aprovechamos este comunicado para reivindicar las siguientes acciones en diferentes distritos de Barcelona:

La quema de varios vehículos de diferentes empresas privadas o estatales, la mayoría de ellos de empresas de seguridad
Ataques a sucursales bancarias mediante la rotura de los cristales y el cajero automático con martillos, piedras y pintura o el incendio del cajero automático
Incendio de contenedores y destrucción de diferente mobiliario urbano

Con este comunicado queremos saludar afectivamente a nuestrxs presxs, especialmente a Mónica y Francisco que llevan más de dos años ahora en prisión preventiva sin agachar la cabeza, a lxs compas Nicola y Alfredo, a lxs compas de CCF y lxs compas actualmente prisionerxs en Chile así como todxs lxs compas presxs en cualquier parte del mundo, así como saludamos a nuestrxs presxs y recordamos a nuestrxs caidxs, saludamos también a todxs aquellxs que día a día siguen apostando por el conflicto y la insurrección anarquista permanente en todas partes, haciendo de la anarquía una amenaza de nuevo.

Por un diciembre negro en todas partes!

Por la internacional negra de anarquistas de praxis!

Por la extension del Caos y la Anarquia!

Nada acaba, la guerra continua…

Individualidades por la Dispersion del Caos – FAI/FRI

domingo, diciembre 6

La influencia del stirnerismo en el movimiento libertario español


Las concepciones filosóficas de Stirner, concretadas en su famoso libro El único y su propiedad, que data del 1844, llegaron con bastante retraso a España.

Además de llegar tarde estas ideas se incorporaron al discurso libertario por mediación y influencia de otros autores; en contadas ocasiones de forma directa. Nietzsche y Armand son dos de los autores más destacados, los que me interesaría analizar aquí (a parte del propio Stirner, evidentemente). Ambos autores fueron claramente influenciados por la filosofía de Stirner, y la asimilaron y desarrollaron a su particular manera. Se sabe que el autor de Así habló Zaratustra admiró a Stirner en secreto, sobretodo para evitar posibles identificaciones de su filosofía con el anarquismo y el individualismo stirnerianos.

La obra de Nietzsche fue introducida a nivel español por los bakuninistas des de 1887, indirectamente a través de la obra de Max Nordau, que presenta el nietzscheanismo de una forma vulgarizada y bastante comprensible. Literatos individualistas como por ejemplo Carlyle, Björson, Hauptman y sobretodo Ibsen también son importantes en este aspecto. Es destacable la conferencia impartida por E. Sanz Escartín el año 1898, fecha de la perdida de las colonias españolas, que llevaba por nombre “Federico Nietzsche y el anarquismo intelectual”. Escartín identificaba los aspectos en común entre la filosofía nietzscheana y el movimiento modernista.

La perdida de las colonias y el descontento ocasionado por este hecho propicia y acelera la introducción del individualismo alemán en España. El año 1900 aparecía la primera versión española de Así Habló Zaratustra. El Único y su propiedad, como indica Armand en su artículo El Stirnerismo (aparecido en La Revista Blanca, nº299, 12 d’octubre de 1934), se publicó en Francia el año 1900 y se hicieron dos traducciones diferentes: la de Robert L.Reclaire, en casa de Stock, y la de Henri Lasvigne, en La Revue Blanche. Aparecía, sólo un año después, en 1901, la traducción al español por parte de Pedro Dorado Montero en la revista La España Moderna. Tres años más tarde, en 1904, sería publicada otra traducción al español por parte de Pedro González Blanco, des de la editorial Sempere. Respecto a esta segunda edicción se conoce que la primera tirada fue de unos 6.000 ejemplares y que hubo una segunda de unos 4.000.

José Alvarez Junco identifica una corriente sitrneriano-nietzscheana en el sí del movimiento intelectual y libertario español de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Tanto Stirner como Nietzsche pusieron de manifiesto el conflicto individuo-sociedad, fueron críticos radicales de los convencionalismos sociales y partidarios del individualismo y el egoísmo más absolutos. En el panorama ideológico libertario de principios del siglo XX las ideas de Kropotkin expuestas en su escrito El apoyo mutuo (1902), habían sido asimiladas y aceptadas de forma casi indiscutible. Se trataba de una clara respuesta a las ideas de darwinismo social defendidas principalmente por Malthus que sostenían los conservadores. A pesar de esto las ideas de Nietzsche presentaban un componente darwinista muy marcado que entraba en contradicción con las ideas defendidas por el príncipe ruso. La corriente stirneriano-nietzscheana, egoísta y individualista, raramente casaba con la filosofía solidaria y comunista de Kropotkin, y con el socialismo libertario en general.

Es muy importante la influencia que tanto el filósofo alemán como las ideas ácratas ejercían en la juventud intelectual española de la generación del 98 o movimiento modernista en el período que va de 1989 a 1905. Jaume Brossa y Pompeu Gener, por ejemplo, participaron en el movimiento libertario colaborando con publicaciones como Ciencia Social o La Revista Blanca. Este último llegó a conocer directamente las ideas stirnerianas. De Ramiro de Maeztu se sabe que en juventud fue nietzscheano y anarquizante en ciertos aspectos, aunque se acercó más al movimiento socialista político. Eduado Marquina presenta en su obra multitud de aspectos vitalistas, paganos y libertinos, y se sabe que publicó poemas en la prensa libertaria. Es interesante la persona de Pío Baroja; en una de sus obras, La lucha por la vida, contrapone la figura del típico anarquista kropotkiniano a la del individualista extremo, anarquizante, mas no anarquista. Seguramente Baroja se identificaba con este último. Azorín primeramente se sintió atraído por el anarquismo kropotkiniano, y fue precisamente su acercamiento a la figura de Nietzsche lo que lo acabó alejando del movimiento libertario.

Sin lugar a duda lo más destacable es la obra y figura de Julio Camba (1884-1962), quien fue importante nietzscheano español y a la vez miembro activo dentro del movimiento libertario. Llegó a ser director de un periódico ácrata propio, además de colaborar en varios de ellos como El Rebelde, Juventud, El Productor Literario, Buena Semilla, Anticristo o Liberación, publicaciones que compartían la identificación tanto con el anarquismo como con el nietzscheanismo. Camba encontraba muchos puntos en común entre Nietzsche y el anarquismo, como el individualismo o la crítica a la moral cristiana, y recomendaba hacerse anárquicos más que anarquistas.

Importante destacar también el grupo anarquista conocido como “La Colla de Foc Nou”, que se reunía en un banco de la gran vía barcelonesa y funcionaba como lugar de debate literario. Integraban este grupo figuras como Jaume Brossa, destacado anteriormente, Celestí Galcerán, Josep Roca, Bernat Rodríguez Serra, Ramón Sempau, Ignasi Iglesias y Pere Coromines.

Curiosamente, a pesar de ser figuras reconocidas dentro del movimiento modernista, todos ellos tenían procedencia obrera. Des de la imprenta “L’avenç” se encargaron de difundir la obra de Friedrich Nietzsche, entre otros autores.
La Revista Blanca, importante referente del individualismo anarquista, se relacionó durante toda aquella época (1898-1905) con las ideas de Nietzsche, como su vitalismo, su subjectivismo o su negación de la metafísica. El entusiasmo primerizo por la figura de este autor, pero, acabó convirtiéndose en escepticismo. El tipo de individualismo representado por Stirner (de quien ya habían podido analizar la obra en profundidad) o Nietzsche difícilmente era aceptado dentro de la publicación. Joan Montseny (1864-1942), a la cabeza de esta publicación, intentó convertirla en nexo de unión entre el movimiento intelectual de la generación del 98 y el movimiento anarquista. De hecho colaboraron con esta publicación autores como Unamuno, Clarín, Francisco Giner de los Rios o Fernando Tárrida. Del movimiento modernista Federico Urales (seudónimo de Joan Montseny) aceptaba el vitalismo, pero elementos como el decadentismo, el pesimismo o el arte por el arte sin función social le parecían detestables. Urales se acabó alejando de los intelectuales, y hasta 1923 no volvía a implicarse activamente en el desarrollo del anarquismo individualista. Pero de hecho en la segunda etapa de esta publicación se comenzaron a defender posiciones claramente contrarias al stinerismo dentro de esta publicación.

Inevitablemente la mayor parte de modernistas –sobretodo los más destacados- que parecían defender el anarquismo acabaron abandonando toda vinculación con el movimiento libertario. Difícilmente podía ser aceptado el egoísmo absoluto de los individualistas alemanes, como tampoco podía serlo el aristocratismo o la crítica a la razón (o incluso a la misma ciencia). Tanto al figura de Nietzsche como la de Stirner caerían en el olvido en el sí del movimiento libertario español. Este último sería recuperado por el individualista francés Emile Armand, que lo acabaría asociando inconfundiblemente al movimiento anarquista individualista. Respecto al nietzscheanismo de los modernistas muchas veces acabaría desembocando en el darwinismo social y el irracionalismo fascista, como el defendido por el mismo Azorín.

Las décadas de los años veinte y treinta representaron la época de crecimiento, apogeo y decadencia del anarquismo individualista español propiamente dicho, correspondiente a la epoca de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y a la Segunda República (1931-1936). El movimiento sindicalista, encabezado por la CNT, sufrió una fuerte censura y las publicaciones individualistas, de carácter más cultural, asolieron el protagonismo. Es innegable la influencia del anarquismo individualista francés en su homónimo español. Han Ryner sería el referente de un anarquismo más especulativo y espiritual, en oposición al materialismo y egoísmo de los individualistas de tipo stirneriano, del cual el máximo representante fue Emile Armand. Dos personalidades son importantes en la introducción de estos dos individualistas franceses en nuestro país. Costa Iscar, que mantenía relaciones personales de amistad con Armand, se encargó de traducirlo. A su vez, José Elizalde, que manteía mejores relaciones con Ryner, se encargó de traducir tanto a éste como a Armand. Tenemos publicaciones dentro del anarquismo individualista como La Revista Blanca, Ética o Nosotros (esta última aún siendo stirneriana) que parecían decantarse más por el pensamiento de Ryner. En cambio Iniciales, Estudios o Al Margen serían publicaciones más próximas a la figura de Armand. Dejando de lado todo esto no hay unanimidad dentro de las mismas publicaciones y personalidades como los Montseny, muy críticos con el egoísmo stirneriano, o José Elizalde se declaraban claramente rynerianos; otros como Mariano Gallardo o León Drovar más indiscutiblemente armandianos.

Tanto las revistas Generación Consciente y Estudios (continuación de esta primera), que publicaron entre 1923-1937, como Ética y Iniciales (continuación de Ética), que publican entre 1927-1937, se centran en los aspectos de tipo sexual, principalmente en el neo-malthusianismo y el componente stirneriano no encuentra apenas espacio de expresión. En el caso de las dos primeras, Generación Consciente-Estudios –de hecho, la misma-, las posiciones éticas de Armand, cercanas al nihilismo moral de Stirner, son muchas veces cuestionadas.

A pesar de esto, encontramos intelectuales como Julio Barco (García Birlán) que hacen exaltaciones constantes del individuo, inspirados por ideas de tipo stirneriano. En cuanto a Ética-Iniciales, después de perder al primer equipo editorial, dominado por la personalidad de Elizalde, claramente ryneriano, tras ser éste encarcelado en 1929, se abre una etapa de mayor fijación por la persona de Armand. De hecho, en Iniciales (1929-1937) tienen consciencia de ser una minoría y en este aspecto radica su aristocratismo armandiano. Se encuentran abundantes escritos de Emile Armand y de Mariano Gallardo. José Elizalde, del equipo directivo de Ética, y fundador del Ateneo Naturista Ecléctico (dedicado a la práctica nudista y actividades similares) propuso la creación de una Federación Nacional de Individualistas, inspirada en las asociaciones de egoístas stirnerianas, aunque no llegara a fructificar. Como muchos otros individualistas militó en el movimiento libertario no específicamente individualista; participó en la fundación de la FAI en 1927.

Respecto a la cuestión sexual y afectiva Ryner, aunque no niega el componente físico del amor, estaba más interesado en el amor de tipo filosófico, espiritual o platónico. Por otra parte, Armand se centraba más en el componente físico del amor, y en el placer por el placer. Según Armand instintivamente tendemos hacia la promiscuidad, y de aquí nacen sus críticas contra la familia monogámica tradicional. El armandiano más destacable en el panorama español es el andaluz Mariano Gallardo, que se proclama nihilista en todos los aspectos, incluido el sexual. Fue colaborador habitual de revistas como Estudios o Iniciales en la década de los treinta. Partidario de la promiscuidad sexual y del pluralismo amoroso, restaría importancia a la práctica de la prostitución equiparándola a otros trabajos asalariados. Partidario de crear una nueva moral sexual alternativa como solución a este asunto, aunque escéptico al respecto. Acabada la guerra civil Mariano Gallardo se exiliaría territorio francés. Parece que colaboró con la publicación Tierra y Libertad en su estancia en París.

Moriría en la década de los setenta. La publicación que lleva por nombre Al Margen, nacida en 1937, se centró mucho en el debate sobre la guerra y la revolución; también sobre la participación de los anarquistas en las instituciones republicanas y sobre los hechos de mayo de 1937 (el enfrentamiento de la CNT-POUM con los stalinistas del PSUC). Es interesante como los componentes de esta revista, de la cual destaca Vicente Galindo Cortés o Fontaura (1902-1990), conocido individualista y neomalthusiano, defienden la creación de asociaciones de individualistas inspiradas en los grupos de afinidad creados en torno a la publicación francesa L’en dehors de Emile Armand, donde se practicaba la idea de camaradería amorosa, a su vez inspirada en las asociaciones de egoístas stirnerianas. También se inspiran en la idea de Armand de crear comunas individualistas, idea que tuvo cierta influencia en algunas colectividades aragonesas.

La publicación más íntimamente relacionada con el individualismo stirneriano fue Nosotros. Fue una publicación de indiscutible calidad, aunque de corta duración (pues no duró ni seis meses). Se publicaron sólo cinco números, el primero en octubre de 1937 y el último el febrero de 1938, en plena guerra civil.

Gran parte de lo publicado estaba directamente relacionado con las ideas de Stirner. Nosotros funcionó también como editorial y desde ésta se publicó una reedición de El Único y su propiedad en edición de lujo el año 1937, prologado por Miguel Giménez Igualada. Esta publicación trató de convertirse en puente entre el anarquismo individualista y el anarquismo comunista (esta última tendencia representada por Rodolfo Gonzáles Pacheco); ambas tendencias ajenas al sindicalismo. Miguel Giménez Igualada (1888-1973), el director de esta publicación desde el segundo número, fue un stirneriano declarado, enemigo acérrimo de la acción popular y de las organizaciones formales, y en su juventud “ilegalista”. Giménez Igualada opinaba que el socialismo había sustituido a la religión, y lo criticaba; como también criticaba la idea de revolución, y los cambios nada más superficiales que ocasionaba. La cuestión educativa la vislumbró des de una óptica armandiana, y defendió la idea de iniciación. En esta publicación colaboraron los individualistas franceses Armand, Ryner y Devaldès. Curiosamente Armand colaboró con artículos más de tipos filosófico, histórico o político que de tipo sexual, como en las otras publicaciones. Colaboraron también personajes como Felipe Alaiz, Costa Iscar, Fontaura, Juan de Hiniesta, Higinio Hoja Ruiz y Gonzalo Vidal.

Desde Nosotros y principalmente por parte de Giménez Igualada, ante las circunstancias especiales de la guerra, se instó a los individualistas y a los simpatizantes de Stirner a intervenir en el conflicto armado. Armand, por su parte, siempre reticente al uso de la violencia, también expresó simpatías por la resistencia española y consideró aquello como una reacción lícita contra la violencia y el totalitarismo fascistas. Con al perdida del conflicto bélico (formalmente el 1 de abril de 1939) por parte de los republicanos y libertarios, pero, desaparecía cualquier vestigio de individualismo anarquista en España, como también era silenciado o eliminado el movimiento libertario en general, y toda oposición al naciente régimen franquista.

BIBLIOGRAFIA:

Stirner, M.: El Único y su propiedad. El falso principio de nuestra educación o humanismo y realismo, B. 1974, Las Ediciones Liberales.
Armand, E.: El anarquismo individualista (lo que es, puede y vale). El stirnerismo, Logroño., 2003, Pepitas de calabaza ed.
Alvarez Junco, J.: La Ideología Política del Anarquismo Español (1868-1910), M. 1976, Ed. Siglo XXI.
Díez Rodríguez, X.: L’anarquisme individualista a Espanya (1923-1938), 2002, Universitat de Girona.


                            Extraído de http://machorka.espivblogs.net

jueves, diciembre 3

El arte es Basura: Apostillas contra toda la cultura, en especial la libre


Para los diggers que todavía habitan en nuestros corazones


Es tiempo que entendamos que tenemos que reivindicar el delito. Somos delincuentes. Eso es lo que hacemos: piratear, robar, traficar. Somos ladrones, criminales. Simple, reconociendo este hecho es que podremos escapar más rápidamente, escondernos mejor, no ser identificadas, continuar con nuestra labor. Somos las grietas, ocupamos y ensanchamos las fisuras de este sistema que nos vende la ilusión de que es orgánico, de que constituye una barrera indemne, infranqueable. Es mentira. Toda pared puede ser agrietada. ¿Cómo hacer?

El ejercicio de los derechos jamás beneficiará a quienes desean quebrar las lógicas del sistema. Los derechos son los propios sustentáculos de este sistema. El tiempo de los artistas, y del arte político ha dejado ya una estela tras de sí. Crear (el acto creativo) y su identidad privilegiada aparentemente meritocrática forma parte de una construcción socio-política-cultural a la cual los delincuentes nos oponemos. No nos interesa el reconocimiento dentro de esta lógica, sino el intercambio que atente contra esta construcción.

Si nada sale de la nada, como creía Leibniz, si los elementos ya están dados de ante mano, como creía el primer formalismo ruso, entonces nuestro único mérito “creativo” es recombinar elementos y hacerlos circular, es decir la puesta en común. No se trata de realizarlo en un sistema político ajeno al cuerpo, sino en aprovecharse de los fallos de este sistema para provocar microprocesos revolucionarios que posibiliten nuevas sublevaciones y procesos de singularización. Para esto tomaremos las armas que nos sirvan. Robaremos sus dispositivos de subjetivación para luego fugarnos.

El arte, el artista, se alimenta de una promesa sistémica. Muchas veces su pago siquiera es material, muchas veces adopta formas de coerción más intrincadas: prestigio, se le llama a esa brutal mentira de reterritorialización de la propiedad privada que el joven artista encarna cuando habla de “culto”. Aquello a lo que llamamos arte político pega como acto de consolación ciudadanista. 

Desmaterialización de la culpa. Civilidad antipolítica. La política en tanto pipa de Magritte. Pseudocompromiso sacrificial. Los dispositivos estéticos realmente incumbidos del terrorismo inmediato no necesitan la incorporarse a esta categoría. El arte es el efecto colindante del museo-mercado. Aquellos que chillan por un arte independiente, por un arte político, por un arte sin fines de lucro, no son lo suficientemente talentosos para lograr ingresar al capitalismo. El único arte revolucionario es el no-arte.
Hay una razón que no aceptaremos; hay una apariencia de sabiduría que nos horroriza; hay una petición de acuerdo y conciliación que no escucharemos. Hemos sido reducidos a esa franqueza que no tolera la complicidad.
       Blanchot

Los situacionistas definían al proletariado de una manera profundamente inventiva; proletario es todo aquél que ha perdido el control de sus operaciones vitales y que lo sabe. En esa fisura es donde asentaban la posibilidad de una nueva radicalidad.

El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo, o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar. El artista, aquel que quiere vivir del arte, aquel que quiere trabajar de lo que le gusta no puede quebrar las lógicas de la política del capitalismo tardío: vivir del trabajo, trabajar dignamente. Su esquema perceptivo del gusto es la propia construcción que neutraliza su subjetividad en este campo de batalla.

Aun hay envidia, estupidez, el deseo de ser alguien, de ser reconocido, la necesidad de valer algo y, peor aun, la necesidad de autoridad. Son las ruinas que el viejo mundo ha dejado en nosotros y que todavía no hemos abandonado. Los conceptos suelen encerrar praxis vitales, formas de vida, estados de excepción, alianzas y estrategias factibles, llamamientos para encontrarnos en el medio de la niebla, modos de acción directa, atentados contra el orden como lo conocemos. Los conceptos no nacen solos pero, como las crías humanas, tampoco pertenecen a quienes las alumbran, sino al devenir de las ideas, a las ecologías que las han parido, a los gestos que transmiten, y sobre cualquier a cuerpo que desee usarlos para conspirar contra lo establecido. Los conceptos son ontológicamente libres. La tierra y los conceptos “pertenecen” a quienes la habitan y la trabajan. Si es que algo son, es ser un modo de acción.
“Los conceptos no son generalidades que se encuentran en el espíritu de la época. Al contrario, son singularidades que reaccionan frente a los flujos ordinarios de pensamiento (…) Un concepto es algo que posee una fuerza crítica, política y de libertad.”
       Deleuze

Se trata de un nueva máquina de guerra, poderosa y potente: arma eficiente que cuenta con manifiesta potencia de destrucción y creación propia de las bestias mitológicas. Es el fruto desviado, el vástago inconfeso, del cruce de una noche de juerga entre el accionismo vienés y la postpornografía. Este concepto como tal no tiene dueña, porque una potencia de esta magnitud debe poder ser invocada por cualquier cuerpo que se disponga a pelear contra el Imperio en términos de magia y sexo. Debe poder ser usado por todos.
“Si el intercambio es el criterio de la generalidad, el robo y la donación son los de la repetición. Existe por tanto una diferencia económica entre ambos”
        Deleuze

Esto significa la diferencia entre quien se va a la guerra y quien quiere vivir del arte. ¡Estamos en guerra! ¿dónde armarás tu trinchera? ¿Cómo armarás tu barricada? ¿Cómo funcionan tus armas? ¿Quiénes tus aliados en combate? ¿A que tipo de afectividad entregarás tu vida? ¿De qué afectos todavía seremos capaces? Nadie sabe lo que el cuerpo puede. No hay lugar para lectores, espectadores o consumidores de arte en un tiempo en el que todo cuerpo tiene que tomar posición y actuar.


 Ludditas Sexxxuales

lunes, noviembre 30

¿Por qué defender los territorios?

Fotografía de la resistencia Mapuche. 
Uno de los referentes en la lucha por la defensa del territorio
 
 
Ya es una realidad difícil de contradecir, nuestras vidas han sido colonizadas en lo más profundo por la lógica mercantil. Cada una de nuestras actividades cotidianas genera ganancia, desde abrir el grifo para beber el vital elemento, hasta alimentarnos con productos genéticamente modificados; desde comunicarnos por las “redes sociales”, hasta tener un techo donde dormir; desde desplazarnos de un lado hacia otro, hasta tener unas cuantas prendas para el frio, siempre habrá una multinacional que se beneficiará, un empresario que sonreirá. Nuestros territorios no son la excepción, el agua, la tierra, los bosques, los mares y hasta el espacio exterior están privatizados. No sabemos hasta qué punto el ritmo actual de destrucción del entorno podrá sostenerse, esta realidad es algo que parecen ignorar tanto los burgueses que lucran con el modelo, como una parte importante de los habitantes de este planeta, los cuales han abandonado los antagonismos y se han refugiado en su sumisa condición de ciudadanos-consumidores. El sistema ha sabido venderse y se ha envuelto seductoramente en un paquete de plástico brillante. La gente ha sido embobada con el embrujo, ha deseado este modelo y lo ha comprado en cómodas cuotas. Las necesidades impuestas por el capital han triunfado, hoy el modelo de vida burgués es el más apetecido por las masas: autos, lujos, despilfarro, destrucción del ambiente, ritmo frenético, vida en grandes urbes, individualismo, ética del trabajo, fascinación religiosa por la tecnología, competencia, y un largo etcétera que no nos debería enorgullecernos como especie.

Los territorios han sido totalmente apropiados por el Estado y las empresas capitalistas, tornándose la idea de público/privado como la única existente. Sin embargo, ¿qué sucede con los bienes comunes; aquellos que pertenecen a la comunidad? Han sido olvidados en un mundo en donde el Estado y la burguesía son los máximos propietarios de todo lo que nos rodea. Lo penoso es que por mientras, la mayoría de la población, más que preocuparse en reconstituir estos bienes comunes expropiados por el Estado y el Capital, está pensando en alcanzar la vida plena dentro de los parámetros que le impuso la idea de felicidad burguesa: adquirir mercancías, regocijarse en las apariencias, legitimar el trabajo asalariado como una forma “digna” de (sobre)vivir, ser más exitoso/emprendedor/productivo, refugiarse en la familia como único espacio de comunidad, profesar el “sálvese quién pueda”, ver mucha televisión y comprarse más mercancías y aparatitos tecnológicos con los cuales embobarse y alienarse. Seamos honestos, la mayoría de los explotados no está pensando en destruir la sociedad de clases, está pensando cómo ascender de clase social, cueste lo que cueste… Y al parecer la sociedad industrial va a imponer costos muy altos.

El sistema económico en los países periféricos como el de “nuestro” país se sostiene principalmente bajo el modelo extractivista, el cual se caracteriza por explotar grandes territorios en función de generar materias primas y energías baratas. La minería, las forestales, las pesqueras, la agro-industria, las hidroeléctricas y las termoeléctricas son la punta de lanza de un modelo que busca siempre crecer, aumentar las ganancias y producir más, siempre con la excusa de generar más trabajos asalariados y mayor progreso para la ficción nacional llamada CHILE. A estos negocios se puede incluir el inmobiliario por devastar grandes territorios (por los costos de su producción) y por crear un urbanismo que destruye los pocos lazos de comunidad que aún existen en las ciudades (la destrucción inmobiliaria se ha llamado también extractivismo urbano).Todos los países de la periferia del mundo, aunque se pinten de derecha o de izquierda, aunque sean más o menos progresistas, tienen un denominador común: se sustentan y reproducen el extractivismo, destruyen los territorios, y con ello las bases materiales y subjetivas para construir un mundo distinto.

¿Qué nos queda en la actualidad? Creemos que lo que nos queda es la defensa de los territorios. Apostamos nuestras cartas a este rumbo, el cual parece ser el único que nos puede otorgar caminos de emancipación. Defender los territorios es asumir la nocividad del actual sistema, el cual está destruyendo nuestro planeta. Si dejamos que los territorios sean totalmente controlados y contaminados no habrá espacio en donde construir una nueva sociedad. Defenderlos no es un asunto patrimonio del ambientalismo como se cree, es una necesidad de la humanidad. Cada vez que protegemos nuestra tierra del capitalismo nos estamos protegiendo nosotros mismos, cuidando las bases materiales para construir el mundo que soñamos. Defender los territorios, también es plantear nuevas formas de vida que no reproduzcan la destrucción del entorno, es cambiar nuestra cotidianidad de forma radical. Relaciones que sean solidarias entre individuos de nuestra propia especie, y también basadas en un equilibrio con las demás especies y animales del planeta.

El actual modelo dividido en clases sociales, patriarcal, especista y racista, el cual mantiene a una minoría en el poder, mientras la gran mayoría se mantiene embobada en el consumo, o lisa y llanamente en la miseria total, no puede seguir tolerándose. Los que nos oponemos al modelo seremos perseguidos y reprimidos, pero nuestras acciones aportarán en la liberación de los territorios que en el presente y en el futuro representarán el hogar de una comunidad distinta y mejor. Por eso, cuando nos pregunten ¿por qué defendemos los territorios? Responderemos:

Porque es una necesidad y porque es nuestro único camino

Porque creemos en una comunidad libre y en equilibrio con su entorno

Porque la vida de los humanos y el resto de los animales no es una mercancía

Porque nuestros sueños solo pueden alcanzarse apoyándose en la materialidad, en un territorio concreto y en un espacio liberado.

A defender nuestra tierra y nuestras vidas.



Escrito por Grupo antidesarrollista del Biobio, Invierno de 2015. Territorio dominado por el Estado chileno.