Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

domingo, septiembre 30

Migraciones y cambio climático

Incendio en Suecia
 
El pasado mes de julio ha sido prolífico en noticias climáticas. Una ola de calor y altas presiones ha azotado Europa, principalmente el norte. Temperaturas poco usuales se han registrado en los países nórdicos, Gran Bretaña o Siberia. Da miedo pensar en los 33º centígrados alcanzados en Laponia, cerca del Círculo Polar Ártico. Y todo ello ha dado pie a la extensión de numerosos incendios. Fuegos propagados por los bosques de Gales, Escocia o Suecia, lugares poco acostumbrados a estos desastres naturales, y por tanto con déficits en medios y preparación para afrontar estos peligros. Por otro lado, algo más al sur, esta misma ola de calor también ha hecho saltar las alarmas en el norte de África. En la ciudad de Ouargla, situada en el centro de Argelia y habitada por medio millón de personas, se ha registrado la que hasta ahora sería la temperatura más alta medida en África, 51’3º centígrados. Ahí es nada. En tierras más lejanas, la virulencia de las inclemencias climáticas también se ha hecho notar en Japón, donde grandes inundaciones han provocado más de 100 muertos y han supuesto la evacuación de alrededor de 1,6 millones de personas. Son sólo tres ejemplos de un mes cualquiera de 2018, tres ejemplos preocupantes de una realidad que ya está entre nosotros, el cambio climático.

Estas transformaciones en el medio ambiente de diferentes regiones del globo irán acompañadas, como es lógico, de una serie de efectos culturales y políticos sobre las sociedades humanas. Los efectos de las crecidas del nivel del mar, de la proliferación de catástrofes climáticas o del calentamiento global se verán reflejados (ya se están viendo) en una mayor dificultad para el acceso a recursos hídricos o alimenticios, o en la paulatina degradación delas infraestructuras básicas de muchos núcleos poblacionales. Esto repercute sobre las economías locales, y acaba favoreciendo las migraciones. El cambio climático acelera un proceso de degradación de las condiciones de vida que lleva a puntos de no retorno para muchas capas de la población. Estos mismos problemas en el acceso a suministros básicos o en la degradación económica de una zona, son y serán causas, aunque ni mucho menos las únicas, en conflictos armados o en la represión a minorías. Al final, casos aparentemente tan lejanos como la guerra en Siria, el colapso de pueblos y ciudades en pequeñas islas del Pacífico o el avance del desierto en ciertas zonas de Senegal, devienen en procesos migratorios que tienen como catalizador, en diferentes graduaciones, el cambio climático.

Como siempre, esto afectará, ante todo, a los/as más pobres, a quienes menos medios poseen para adaptarse a las nuevas condiciones y más alta dependencia tienen del medio ambiente y sus vaivenes. El cambio climático golpeará con más fuerza al Sur global, tanto por una cuestión climática como por una cuestión económica, si bien los grandes causantes de este desastre son las economías occidentales (junto a China e India) y sus grandes corporaciones. Está por ver cómo se afronta este desaguisado, los grandes movimientos migratorios están siendo ya una realidad, su alance y la gestión de estos dependerán de nuestra capacidad de generar respuestas al cambio climático y a las nuevas realidades políticas. Hay quienes están optando por cerrar los ojos al problema y seguir con la fiesta, mientras ya se vislumbran salidas cercanas al ecofascismo como la del gobierno italiano de la Liga, con sus propuestas de desacarbonización económica unidas al cierre de fronteras y los controles étnicos poblacionales. Nos queda mucho trabajo en este sentido.
 
El caso de la Península Ibérica

Pues sí, nosotros/as tampoco nos libramos de los efectos del cambio climático. Si bien, como ya se ha comentado, el Sur global será quién más se vea afectado por las transformaciones que ya se están produciendo, la Península Ibérica es considerada como una zona altamente vulnerable en este sentido. La desertificación avanza en el sureste español. El alza de las temperaturas y la escasez de lluvias se unen a una zona ya de por sí sobreexplotada hídricamente por la agricultura intensiva (con la extensión en las últimas décadas de la fiebre del regadío). Almería, Murcia, Granada o el sur de la Mancha acumulan un medio rural ya diezmado por la mano de la industria agrícola. Las sequías endémicas unidas a la apertura de pozos (legales e ilegales) por doquier van dando forma a un territorio que ha roto el equilibrio natural. Si esta situación sigue avanzando (y la acción del cambio climático apunta en esa dirección), los campos se acabarán haciendo improductivos, los suelos adecuados para estas actividades agrícolas se moverán hacia el norte, generando un grave problema en una zona geográfica con una fuerte dependencia económica del sector primario.

Toda esta situación está ya generando una serie de conflictos en torno al agua, tanto a pequeña escala como desde una perspectiva autonómica, como se está viendo con las disputas en torno a los grandes trasvases entre cuencas hidrográficas. A la larga (o no tanto), derivará en una degradación irreversible del medio rural, pues en lugar de buscar soluciones al problema desde la perspectiva de reequilibrar el uso del suelo hacia formas más sostenibles, la dinámica impuesta por la industria y las administraciones es seguir inflando la burbuja del regadío. Hasta que estalle. Y lo hará de la manera habitual en estos casos, generando más desigualdad entre ricos/as y pobres. Los ciclos migratorios en países más desarrollados no son idénticos a los del Sur global, si bien ciertas zonas se irán despoblando, aquí veremos también más movimientos de aquellos/as con mayores recursos a zonas santuario, lo que en este caso se traduce en el traslado de grandes explotaciones agrarias a lugares más fértiles, como ya se está produciendo en ciertas comarcas de Murcia con destino a las cuencas del Guadiana y del Guadalquivir.

jueves, septiembre 27

Un Universo sin propósito


No podemos soportar la implicación básica de este mundo nuevo y extraño. Si la humanidad surgió sólo ayer como una pequeña ramita de una rama de un árbol floreciente, entonces la vida no puede, en ningún sentido genuino, existir para nosotros o debido a nosotros. Quizá únicamente somos una idea tardía, una especie de accidente cósmico, sólo una fruslería en el árbol de Navidad de la evolución

Durante buena parte de la historia de la humanidad se ha concebido el devenir del mundo, ya sea del mismo universo, ya de los avatares humanos, como si formara parte de una suerte de relato, con sus protagonistas y antagonistas, encaminado hacia un fin concreto. Pensemos, por ejemplo, en el éxito occidental del cristianismo y su relato mitológico: un Dios infinitamente bueno, omnipotente y omnisciente creó el cosmos ex nihilo, y más tarde a los seres vivos, culminando en el hombre y la mujer. A causa del pecado original, la desobediencia a Dios de Adán y Eva por consumir el fruto prohibido, éstos fueron expulsados del Edén y toda su descendencia condenada a ser pecadora. Dios, más tarde, se encarna en la Tierra bajo la forma del Hijo, Jesucristo, para morir en la cruz y redimir a todo el género humano del pecado original. Finalmente, habrá un Juicio Final en el que Dios prevalecerá sobre las fuerzas del mal y todos serán juzgados.

Según la perspectiva cristiana, pues, la historia natural y humana tienen un sentido o un propósito, un significado divino: la alabanza a Dios y el cumplimiento de su Plan. La importancia del hombre en este esquema está clara: es el producto más elaborado de Dios, sólo por debajo de los ángeles en majestad y poder, y creado a imagen y semejanza divina. La teología secular de Hegel, en su Fenomenología del Espíritu (1807), muestra también la estructura de un relato, en el que el Espíritu (Geist) es el protagonista, que se despliega dialécticamente en una odisea, a través del progreso de la historia humana (el reino del accidente) hasta comprenderse a sí mismo como Espíritu Absoluto.

El auge del darwinismo supuso un mazazo a estas visiones teleológicas de la historia. Si la física contemporánea nos cuenta que el universo y el espacio-tiempo surgieron y se expandieron hace 13.700 millones de años a causa del Big bang, y que nuestro sistema solar se formó hace unos 4.600 millones de años; la biología evolucionista nos dice que la diversidad de la vida en la Tierra, que probablemente se originó a partir de organismos muy antiguos, dio lugar, a través de una lenta y ciega evolución gradual, a primates con grandes capacidades cognitivas y pensamiento abstracto desde hace unos 140.000 o 200.000 años, los Homo sapiens.

Ese mecanismo físico-químico tan complicado que es el ser humano, en palabras de J. J. C. Smart, desde el darwinismo contemporáneo nos aparece como un robot (o una máquina de supervivencia) conformado por sus genes y el ambiente. No tiene un estatus ontológico especial ni es, por consiguiente, superior ni inferior a otras máquinas de supervivencia. De hecho, como suele comentar Stephen Jay Gould:


Vivimos rodeados de ramitas contemporáneas del árbol de la vida. En el mundo de Darwin, todos (como supervivientes de un juego duro) tienen un cierto derecho a un status igual. ¿Por qué razón, entonces, elegimos generalmente construir una ordenación de mérito implícito (por supuesta complejidad, o cercanía relativa al hombre, por ejemplo)

Una consecuencia del darwinismo para nuestra cosmovisión es, pues, concebirnos como una entidad (temporal y efímera) fruto de la contingencia, no como una tendencia de un presunto progreso evolutivo. Ni siquiera la inteligencia, uno de nuestros atributos más preciados, tiene por qué ser la meta final de la evolución. De hecho, el psicólogo Steven Pinker compara la búsqueda de seres inteligentes del proyecto SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence) con la búsqueda de un hipotético astrónomo de un Planeta de los Elefantes de trompas de elefantes por toda la galaxia. La inteligencia humana, la trompa de los elefantes, los electrorreceptores de los ornitorrincos, la danza de las abejas o la ecolocación de algunos murciélagos son adaptaciones o exaptaciones biológicas funcionales (o disfuncionales) en entornos concretos, aunque existan numerosos ejemplos de evolución convergente, como las alas en aves, murciélagos y pterosaurios.

Esta visión, que deriva de la imagen científica del mundo, tiene un poder de desencantamiento similar a la oscuridad infinita del espacio que atemorizaba a Pascal. Desde la ciencia actual ni el universo ni la existencia humana tienen un propósito ni un sentido último, sino que más bien la búsqueda y elaboración de sentidos, patrones y de narrativas son capacidades que posee nuestra mente. El filósofo Alexander Rosenberg, de hecho, nos categoriza como “teóricos de la conspiración” por naturaleza, ya que tendemos a ver intenciones en todas partes y esto, seguramente, está imbricado en nuestras circunvoluciones cerebrales y, por ende, en nuestros genes. Nuestro mundo es un mundo sin proyecto, como argumenta Zamora Bonilla, y esperar que el universo sea guiado por un deseo o una función es erróneo porque, de hecho, los deseos, las funciones y la búsqueda de propósito son resultados (no perseguidos) de la evolución biológica, como la respiración o la digestión. La vida simplemente es y se puede contemplar como un río de genes o replicadores que se reproducen, siempre que sea posible, a la siguiente generación:
 
En todo el fastuoso espectáculo de la evolución en la Tierra, en nuestra vida no menos y no más que en la del gorrión que pasa volando por encima de nosotros, o en las bacterias que tratamos de eliminar cada vez que nos lavamos las manos, o en el virus del sida que está arrasando en muchos lugares del mundo, el significado es el mismo. El significado de todo se reduce a los genes, a su deseo de sobrevivir y reproducirse

Curiosamente, algunos autores han detectado una serie de convergencias entre la cosmovisión que nos lega el darwinismo y el pensamiento de Heidegger o el del existencialismo francés. El más elocuente al respecto ha sido el sociobiólogo David P. Barash, que ha acuñado el concepto de “existencialismo evolucionista”. Efectivamente, la biología establece que somos un producto contingente de la historia natural, una colonia de genes “triunfadores” que han conseguido permanecer en el ser. Como abogan los existencialistas, el ser humano es arrojado (Geworfenheit) al mundo sin propósito alguno. No depende de su voluntad empezar a existir (y, mucho menos, de la de un Dios), sino que ya existe existiendo, aunque pueda decidir acabar con su vida. Por ello llega a decir Albert Camus que la única cuestión seria en filosofía es la del suicidio que, al fin y al cabo, es un acto de rebelión contra el hecho de ser arrojados a un cosmos extraño, indiferente y absurdo. El Dasein o ser humano en su existencia concreta, en su vida (ser-ahí), no tiene una esencia fija ni inmutable ni para la biología ni para el existencialismo, sino que es un ser-para-la-muerte (Sein-zum-Tode) o, en palabras de Dawkins, un receptáculo efímero de una serie de replicadores (genes) que lo “emplean” para su beneficio.

El universo no tiene ningún sentido último, ni “avanza” hacia ningún objetivo, como el cumplimiento de un presunto Plan Divino, ni tampoco hacia un mayor progreso en términos absolutos de la vida o de la inteligencia, al estilo del Punto Omega de Teilhard de Chardin o de otros. La ilusión de ver propósito en la historia natural o la humana podría deberse a nuestros sesgos psicológicos: nuestra capacidad innata para percibir agencia intencional (y narrativas) y racionalizar post-hoc. La sociobiología nos describe como máquinas de supervivencia, sometidas a la contingencia, que habitan en un cosmos tan indiferente, ciego y absurdo como el de los existencialistas, un universo sin propósito a cuyo dominio ni siquiera podemos oponer nuestra voluntad.


Paulo José Hernández en “En defensa del nihilismo darwinista. Un enfoque sociobiológico” (pág 14-21)

lunes, septiembre 24

Mayo del 68, hace tan solo cinco décadas...


Si me resisto a hablar de Mayo del 68 desde cualquier otro lugar que no sea el de la pasión es porque Mayo fue algo así como un torrente. Un torrente emocional, afectivo, político, que nos arrastró con una fuerza increíble. De hecho, transformó para siempre, y en muy poco tiempo, a muchísima gente, como por ejemplo a la entrañable Emma Cohen quien afirmó, años más tarde, que para ella: “Mayo, nunca concluyó del todo”, y debo decir que para mí tampoco.

Aunque se contaron por miles las personas que entonces resultaron heridas, y algunas lo fueron de gravedad, la suerte quiso que los muertos fuesen muy pocos. Sin embargo, cuando aquella efervescencia remitió, fueron bastantes más quienes no soportaron tener que renunciar a las promesas de Mayo, y no pudieron resignarse a regresar a“la normalidad”. Así que dejaron que se les escapase la vida, cada cual a su manera, en los meses, o en los años inmediatamente posteriores.

No pretendo dramatizar, pero ese hecho nos permite intuir cuál fue la pasión que despertó Mayo del 68, cuál fue la intensidad de las vivencias que suscitó, y la potencia de los sueños que logró despertar.

Mayo fue, ciertamente, un fenómeno heterogéneo, múltiple... Múltiple porque existen varios Mayos en cada uno de sus momentos, y porque también afloran diferentes Mayos a lo largo de su desarrollo. Pero, desde esa multiplicidad resulta que ese acontecimiento también reviste una singularidad inconfundible, y es de esa singularidad de la que quisiera hablar aquí.

En realidad, esa singularidad ya empezaba a manifestarse en lo que fue su acontecimiento inaugural. Un acontecimiento que podemos situar en el viernes 3 de mayo, cuando el conflicto salta fuera del recinto universitario y se expande por las calles de París.

Ese día los dirigentes y los principales militantes estudiantiles, tanto de París como de Nanterre, estaban confinados en el patio de la Sorbona, cercados por un impresionante dispositivo policial que los iba introduciendo uno a uno en sus lecheras camino de las comisarías. Pues bien, aunque parezca paradójico ese “secuestro” de los militantes y de los dirigentes estudiantiles ayudó a que la revuelta explotara con tanta fuerza en las calles del Barrio Latino.

En efecto, cuando empezamos a hostigar a la policía, los escasos militantes que no habían sido apresados intentaban apaciguar la situación, clamando contra la tremenda irresponsabilidad de provocar a la policía. Nos gritaban: “Pas de provocations, camarades!”. Pero eran insuficientes para contener a quienes estaban reaccionando desde su propia sensibilidad, sin consignas, ni directrices, ni liderazgos.

Y ocurrió que sin proponérselo la gente la armó, la lió y desencadenó espontáneamente lo que a lo largo de Mayo se convirtió en un auténtico terremoto.

Ante la violencia de unos enfrentamientos, que se saldaron con decenas y decenas de heridos, y con unas 600 personas identificadas, y algunas detenidas, la Sorbona fue clausurada ese mismo viernes 3 de mayo al atardecer. Eso provocó la inmediata convocatoria de una huelga general de universidades y se encendía de esa forma y en ese momento la mecha de lo que iba a ser una larga lucha.

Ahora bien, cuando estábamos hostigando a la policía, el grito de “liberad a nuestros compañeros” era más un grito de guerra que una petición. Actuábamos contra los furgones policiales para liberarlos, no montábamos un desfile para pedir su liberación. Esa solidaridad activa, inmediata, ya se empezaba a incorporar en la identidad de Mayo; desde su mismo inicio, la acción directa —sin mediaciones— y la autoorganización —sin directrices venidas desde arriba, o desde donde fuese— se hicieron presentes.

Así fue como se inició Mayo del 68 y se propagó rápidamente por toda Francia, sumiendo el país en un esplendoroso periodo de multitudinarias manifestaciones, de ocupaciones de universidades y de fábricas, y de duros enfrentamientos con la policía. Incluyendo, además, algunos momentos épicos, como la famosa noche de las barricadas donde ardió, literalmente, el Barrio Latino, y donde París pudo contemplar, al despertarse, el dantesco escenario de una encarnizada lucha que había durado toda la noche.

Es bien cierto que en los años sesenta, Mayo no fue un hecho aislado. Se insertó en el ajetreado contexto compuesto por una multitud de focos de agitación. Movilizaciones contra una guerra del Vietnam que, a nivel informal, federó internacionalmente muchos movimientos de protesta. Solidaridad con Cuba, con el Che, con las guerrillas latino-americanas. Radicalización de las luchas antirracistas en EEUU, con el Black Power y los Black Panthers. Multitudinarias marchas anti-nucleares cada semana santa en Inglaterra. Acciones subversivas de los Provos en Holanda o de los ácratas en la universidad madrileña. Y si miramos hacia el Este, revueltas en Praga, o en Varsovia, mientras que desde China llegaban los ecos (finalmente engañosos) de la Gran Revolución Cultural.

Toda esa agitación se traducía en violentos enfrentamientos en diversas ciudades del mundo. En Berlin, donde el 11 de abril del 68 el líder estudiantil Rudi Dutschke resultó gravemente herido de bala, desencadenando manifestaciones de protesta en toda Europa. En Roma, donde a principios de marzo del 68 la “Batalla de Valle Giulia” se saldó con 400 heridos. En Londres, donde el 17 de ese mismo mes de marzo 30.000 jóvenes protagonizaron una batalla campal frente a la Embajada de los EEUU. En París, donde el día 22 de marzo un explosivo cóctel de anarquistas, trotskistas, maoístas y situacionistas ocupó el edificio administrativo de la Universidad de Nanterre, creando el famoso Movimiento del 22 de Marzo que protagonizaría en buena medida Mayo del 68. O incluso en Tokio, donde el potente movimiento Zengakuren se mostraba capaz de hacer retroceder las fuerzas policiales.

Al mismo tiempo, simultáneamente, se desarrollaban en Francia unas luchas obreras marcadas por una radicalidad inusitada. Por ejemplo, en febrero del 67 empezó una huelga de cinco semanas de duración en una de las más importantes fábrica textiles, que fue ocupada, en un contexto de duros enfrentamientos. Y lo mismo ocurrió en enero del 68, cuando, en el marco de otra larga huelga, cientos y cientos de trabajadores invadieron la ciudad de Caen, y se enfrentaron a la policía hasta altas horas de la noche con numerosos heridos.

La verdad es que en 1968 el mundo conocía una impresionante acumulación de conflictos. Sin embargo no se puede diluir Mayo en las multiples revueltas del 68. Nada de lo ocurrido en Tokio o en Berlín, ni tampoco en Roma, en Berkeley, en Londres, o en México, o en las fábricas francesas, culminó en algo parecido a aquel acontecimiento.

Enclavada en ese turbulento contexto, la potente, potentísima, deflagración que representó Mayo superó de muy lejos, superó con mucho, el eco de cualquier otro evento de esos años, y revistió una singularidad irreductible.
Lo cierto es que nada dejaba presagiar que un conflicto iniciado por los estudiantes, pudiera propagarse con tanta rapidez en el tejido social, abrasando todo un país y paralizándolo por completo durante largas semanas.
Sin duda, Mayo fue un acontecimiento absolutamente inesperado, totalmente imprevisible, que no se podía intuir, ni a partir de la situación entonces existente, ni de lo que antes había acontecido.

No solo causó una enorme, una colosal estupefacción en el mundo entero, sino que dejó atónitos a sus propios protagonistas, que se sorprendían cada día de lo que había acontecido durante ese día, y que se preguntaban, nos preguntábamos, con verdadera ilusión, que más podía pasar al día siguiente, en un combate del que no se sabía cual iba a ser su rumbo en las próximas horas, y que parecía no querer detenerse nunca, como lo proclamaba ese eslogan que gritábamos en todas las manifestaciones:“Es tan solo un inicio, continuemos el combate”. Ce n’est qu’un début continuons le combat…, y eso nos hacía soñar con que todo, todo era posible.

Ahora bien, aunque Mayo se inició en las universidades, fueron las ocupaciones de fabricas y la huelga general las que le dieron continuidad después de una primera semana de violentos enfrentamientos cotidianos. Una semana que culminó con aquella fantástica, increíble noche de las barricadas donde no menos de cincuenta barricadas florecieron, eso sí, de forma totalmente desordenada, caótica, en el Barrio Latino.

En el patio de la Sorbona, reabierta y ocupada gracias a la presión de las barricadas, aun resuena en mis oídos el inmenso clamor con el que acogimos el 14 de mayo el anuncio de que la fábrica Sud Aviation, cerca de la ciudad de Nantes, había sido ocupada y su director secuestrado.

Ese clamor auguraba que era el movimiento obrero el que iba a dar continuidad y fuerza al estallido inicial del viernes 3 de mayo, pese a los denodados esfuerzos de las centrales sindicales y del Partido Comunista para levantar un muro infranqueable entre los estudiantes y los trabajadores. Y, en efecto, la huelga se propagó como un reguero de pólvora. En torno al 20 de mayo se contabilizaban cerca de diez millones de huelguistas y se contaban por decenas las fábricas ocupadas de manera indefinida.

Fueron esas ocupaciones, y esos millones de trabajadores en huelga, lo que potenció la resonancia que tiene Mayo en la historia contemporánea, evitando que se quedase en una violenta, pero intrascendente, revuelta estudiantil, o en un brillante ejercicio subversivo poético/político al estilo situacionista.

Sin embargo, también hay que decir, y esto es importante, que no fue, en absoluto, esa potente movilización obrera la que le dio a Mayo sus señas de identidad, ni la que dibujó su singularidad. La prolongada paralización de la economía francesa no habría sido posible, ni habría dejado una huella histórica tan profunda, si no se hubiese insertado en ese singular y complejo fenómeno social y político que fue Mayo del 68.

No era una reivindicación laboral la que movía la revuelta del 68. Más que de una reivindicación concreta, se trataba de un auténtico estallido social que cuestionaba el todo de la situación y sus reglas del juego. De hecho, era una sublevación contra el sistema social instituido y contra el tipo de vida que este ofrecía. Lo que cuestionaba Mayo era directamente el tipo de vida, gris y vacío, que la gente estaba condenada a vivir. Una vida que no era vida sino mortífera rutina. No en vano uno de los eslogan más populares era “Metro, boulot, dodo” (metro, curro, lecho).

Lo que palpitaba en las energías dinamizadoras de Mayo era fundamentalmente una sed de libertad en todos los planos, una enorme sed de libertad. Y en lo que tuvo de más propio, de más singular, Mayo emergió como una revuelta radical contra la autoridad. Tanto la que se manifestaba en las aulas, como la que imperaba en los talleres, en las fábricas, o en el seno de las familias y saturaba toda la vida cotidiana.

Bajo el lema “Prohibido prohibir”, Mayo fue un fabuloso estallido anti-autoritario, y es en ese sentido que fue, y aquí radica su singularidad, un fenómeno genuinamente libertario, aunque no se reclamase, ni mucho menos, del anarquismo.

Para captar esa singularidad conviene recordar que en los años sesenta el anarquismo estaba prácticamente desaparecido de la faz de la tierra y que mencionar la palabra anarquía en un sentido que no fuese el de caos, el de desorden, resultaba tan anacrónico como exótico. Lo cierto es que si exceptuamos el nutrido exilio libertario español, en 1968 habían muy pocos anarquistas en Francia, poquísimos, por ejemplo, tan solo algunas decenas en París, y está claro por lo tanto que Mayo no tuvo el anarquismo como fuente de inspiración, ni tampoco fue protagonizado por la escasa militancia anarquista, y sin embargo...

Pues, sin embargo, eso no impidió que Mayo fuese una auténtica explosión libertaria. Una explosión libertaria que volvió a hacer aflorar el anarquismo en el plano internacional, inyectándole además elementos de renovación. Y eso ya nos indica que no son necesariamente los y las anarquistas quienes imprimen tonalidades libertarias a los movimientos sociales, sino que, a veces son las propias dinámicas de las luchas las que crean prácticas libertarias, y construyen sensibilidades anarquistas, como lo hemos podido comprobar durante estas últimas décadas, aquí y en diversos países.

Mayo fue una lucha, por momentos violenta, áspera, tensa, extenuante, exigente, y llena de sin sabores, como lo son todas las luchas. Pero, también fue una gran fiesta revolucionaria que hizo florecer banderas rojas y banderas negras, fue una experiencia de lucha que proporcionaba al mismo tiempo placer y un enorme sentimiento de felicidad. No se posponía al final de la lucha el momento de saborear sus eventuales resultados, sino que las recompensas surgían desde el seno de la propia acción, formaban parte de lo que esta nos proporcionaba diariamente.

De esa forma, Mayo nos mostraba que son los resultados concretos y palpables, los que son capaces de motivar a la gente y de incitarle a ir más lejos. Pero también nos indicaba que para que eso suceda la gente necesita sentirse protagonista, decidir por ella misma, y es entonces cuando su grado de implicación puede dispararse hasta el infinito.

Es por eso, por ese protagonismo de la gente de a pie, desde la base, de forma autónoma, que los “Comités de Acción”, aunque no tienen el glamour mediático de las barricadas y de los coches en llamas, son la autentica figura emblemática de Mayo del 68.

En efecto, a partir del 4 de mayo, día siguiente al estallido inicial, esos comités fueron proliferando en los barrios, en los institutos, en las universidades, en los gremios profesionales, y en las empresas, sin que ninguna autoridad los tutelase. En su seno se desplegaba una intensa creatividad subversiva impulsada por innumerables activistas, hombres y mujeres que en la mayoría de los casos carecían de cualquier experiencia política anterior.

Por otra parte, Mayo puso el acento sobre el hecho de que, como el anarquismo no se había cansado de repetirlo, pero predicando en el desierto, la dominación no se ciñe al ámbito de las relaciones de producción, sino que se ejerce en una multiplicidad de planos, y que las resistencias deben manifestarse en todos y cada uno de esos planos.

Cuando el horizonte de la política antagonista se ensancha hasta abarcar todos los ámbitos donde se ejerce la dominación, son, entonces, todos los aspectos de la vida cotidiana los que entran a formar parte de su campo de intervención. Y lo que queda configurado de esa manera es una nueva relación entre la vida y la política, que dejan de ocupar espacios separados.

Mayo también nos enseñó que las energías sociales necesarias para que se constituyan potentes movimientos populares surgen desde dentro de la creación de determinadas situaciones conflictivas, no les preexisten necesariamente. Se forman en el propio desarrollo de esas situaciones, retroalimentándose, perdiendo fuerza por momentos y, volviendo a crecer de repente, como ocurre con las tormentas. Se trata, por lo tanto, de unas energías que pueden aparecer en cualquier momento, aunque en el instante anterior no existan en ninguna parte.

Fueron los propios sucesos de Mayo, las prácticas que allí se desarrollaron, lo que dio cuerpo a un multitudinario y variopinto sujeto colectivo que no existía en lugar alguno antes de que los propios acontecimientos lo fuesen construyendo día a día. Quedaba claro que el “sujeto revolucionario” no preexiste a la revolución, sino que se constituye en su propia andadura.

Ahora bien, se ha hablado mucho, muchísimo, acerca de si aquello fue realmente una revolución o si se quedó tan solo en un simulacro de revolución, donde, finalmente, no ocurrió prácticamente nada, nada verdaderamente relevante. Tan solo unos eslogans, unas pintadas y unos carteles.

La realidad es que Mayo fue una auténtica efervescencia revolucionaria que revolucionó la propia revolución, clausurando la forma leninista de entenderla, y dando alas a la utopía, y a las formas libertarias del imaginario radical.

El gran acontecimiento de Octubre del 17 había instituido un concepto de revolución que impregnó el imaginario emancipador durante medio siglo. Ese concepto presuponía un proyecto revolucionario, y una vanguardia bien organizada, capaz de impulsar las masas hacia la victoria final. Es ese concepto el que inspira la reiterativa pregunta acerca del fracaso final de Mayo. Una pregunta que, sin embargo, se torna totalmente irrelevante tan pronto como se extirpa del concepto de revolución la idea de un proyecto y de una vanguardia.

En efecto, se puede hablar del éxito, o del fracaso, de un proyecto diseñado para alcanzar tal o cual resultado, lo consigue o no lo consigue, pero nunca hubo ningún proyecto de Mayo, este simplemente aconteció. No cayó del cielo, por supuesto.

Tuvo múltiples causas, cadenas de pequeñas causas entrelazadas donde no se debe menospreciar en absoluto el papel del azar y de las casualidades totalmente fortuitas, pero fue, literalmente, un acontecimiento. Es decir, algo que no está precontenido en sus condiciones antecedentes, sino que se crea de forma original a partir de esas condiciones, pero sin estar determinado por ellas, o sea, innovando, y abriendo una discontinuidad en el tiempo socio-histórico.

Si Mayo sigue rondando la memoria colectiva es porque demuestra que una irrupción desestabilizadora e innovadora, siempre puede acontecer, aun cuando nada permite anticiparla. No surge como el desenlace de un proyecto. De hecho, si los grandes acontecimientos subversivos siempre nos sorprenden, es porque nunca acuden a la cita fijada por un proyecto.

Por decirlo de alguna forma, cuando son auténticos, los estallidos revolucionarios son como una página en blanco. Una página en blanco que hay que rellenar sobre la marcha, y si esa página ya está escrita, es entonces cuando no se produce absolutamente nada, nada que sea verdaderamente relevante; como mucho, unas simples substituciones en la cadena de mando.

Se han expresado fuertes críticas a la improvisación reinante, y a la espontaneidad de las actuaciones. Se ha argumentado que si el movimiento hubiese contado con una agenda clara, unas metas preestablecidas y unas sólidas estructuras organizativas, se hubiese podido encauzar las energías en una dirección que habría permitido derrotar finalmente al enemigo.

Claro, pero lo que esa forma de plantear las cosas no alcanza a entender es que fue, precisamente, porque carecía de esos elementos por lo que el movimiento pudo ir avanzando hasta donde llegó —que no fue poco—, en lugar de estancarse en sus primeros pasos.

Mayo pudo progresar hasta topar, finalmente, con sus límites porque sabiendo mantenerse en constante movimiento fue construyendo su agenda sobre la marcha: una agenda que no preexistía al inicio de la movilización, sino que se construía, y se rectificaba en el seno del quehacer cotidiano.

Fue ese hacer haciendo el que dio vida al movimiento y le permitió sortear con inventiva, uno tras otro, los obstáculos que iban surgiendo en su camino, hasta abrir una brecha en lo instituido para crear espacios de resistencia, de lucha y de una vida distinta.

Bien es cierto que Mayo no desembocó en la toma del poder, pero resulta que la cuestión de la toma del poder político nunca estuvo en su agenda porque se trataba de luchar contra el poder, no de conquistarlo, y en eso residió sin duda uno de los elementos clave de su singularidad.

Finalmente, si tuviese que resumir en dos palabras cual fue la principal aportación de Mayo, diría que fue, simplemente, la de “haber acontecido”. Porque demostró de esa forma que acontecimientos de ese tipo no eran imposibles, aunque todo indicase lo contrario.

Jean-Paul Sartre escribió en 1968, lo cito: “Lo importante, es que la acción tuvo lugar, aun cuando todo el mundo la consideraba impensable. Si ha tenido lugar esta vez, puede reproducirse…”.

Por supuesto, reproducir no es repetir, y sería absurdo soñar con una repetición de Mayo del 68. Este no puede acontecer nuevamente porque su repetición negaría su singularidad. No se puede repetir algo que se define precisamente, como lo hizo Mayo, por haber escrito su propio guion, sin tomarlo prestado de ninguna fuente externa.

Definitivamente irrepetible, lo realmente importante es que Mayo del 68 se reinventa, sin embargo, en cada gesto de colectiva rebeldía. Aunque, en consonancia con lo que fue su singularidad, es decir, en consonancia con su talante libertario, hay que precisar: “en cada gesto de colectiva rebeldía", sí, pero siempre que ese gesto reivindique su plena autonomía, rechazando cualquier supeditación a instancias dirigentes, o cualquier subordinación a planteamientos surgidos desde fuera de su propia andadura.

Está claro que hoy nos hacen falta uno, dos, tres... decenas de Mayos, pero cada uno será sui-generis, será singular y único.

Y, ya para concluir, solo me queda desear que alguno de ellos, alguno de esos mayos, no tarde demasiado tiempo en estallar, sea donde sea, aunque, claro, muchísimo mejor si es por aquí cerquita, porque uno ya no está para muchos trotes.


Tomás Ibáñez. Intervención en la mesa redonda Vivencias del mayo francés, en las jornadas de debate sobre Mayo del 68 organizadas por la Fundación Anselmo Lorenzo (24-26 de mayo de 2018)

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viernes, septiembre 21

El trabajo no redime sino que embrutece

 
“No amamos, no, el trabajo;
lo odiamos.
No es nuestra liberación,
¡Es nuestra condena!
No nos eleva y libra de los vicios;
nos abate físicamente
y nos aniquila moralmente
hasta tal extremo que nos
deja incapacitados” (1)
 
Desposeídos de todo lo que nos permite sabernos seres humanos, seguimos caminando el tiempo con las cadenas a cuestas de trabajos aburridos y absurdos ¿Qué es lo que tenemos? ¿Qué es es lo que poseemos? Deudas: del alquiler, del móvil, del coche, de los trapos que nos hacen ver en onda… ¿Qué es realmente nuestro? Un futuro burlón y miserable que nos espera en cada segundo con la única afirmación real, con la única certeza de nuestras vidas: el no ser dueños de nada más que de nuestra fuerza de trabajo: mente, brazos, piernas, vaginas y culos que vendemos al mejor postor, el que nos pagará cualquier cantidad de dinero, quien será el dueño de nuestro cuerpo y mente, de nuestros sueños y anhelos.

Trabajar es esclavitud, somos los trabajadores de alguien que nos compra para su tienda, fabrica, oficina, campo; estudiamos para servirles algún día, así que nuestros intelectuales estudios en las mejores escuelas o en las peores, también les pertenecen, vender en la calle, ser nuestros propios patrones no es sinónimo de libertad, vendemos lo que otros producen, solo somos nuestros propios capataces; todas estas formas de existencia solo demuestran que todos somos parte de relaciones de producción impuestas sobre nuestros hombros a través de la historia, somos producto de derrotas pasadas, somos una clase de humanos que actualmente solo está unida para servir, producir y consumir.

Trabajamos para sobrevivir y para perpetuar el sistema capitalista, trabajamos para obtener mercancías que nos aporten un valor determinado que nos permita entrar en competencia para vendernos mejor, nuestro trabajo no es nuestro, somos inútiles y muy fácilmente remplazables; nuestra necesidad ya no solo es sobrevivir de las inclemencias de la naturaleza, nuestras necesidades las hemos extendido a la manera de como sobrevivimos, nos obligamos a andar sobre el reino de la cosa, en donde somos una mercancía más que se intercambia infinitamente por otras mercancías; cada día creamos una nueva necesidad para extender e inventar la nueva fila de producción y en este devenir pasamos de la vida: Somos extraños a nosotros mismos y a quienes nos rodean, nuestra única verdad: trabajar, generar dinero, incentivar el intercambio de nosotros mismos y de cosas al estilo capitalista, el producto final es la felicidad o lo que nos dicen que esta es o debe de ser.

Nuestro tiempo libre, tampoco es nuestro es la extensión del trabajo sobre nuestros hombros, es el tiempo donde recuperamos fuerzas, para volver a trabajar en unas horas, en unos días… nadie escapa al organismo que mantiene viva la máquina.

Todo está premeditado, calculado, listo para nosotros, listo para que se inicie y nunca acabe el ciclo de la producción; por medio de la ideología nos inculcan el respeto por la autoridad, nos mandan a las escuelas para calificarnos como trabajadores en alguna rama -la que elijamos no importa, ¡somos libres de elegir quien nos explotara como mejor nos convenga! –

Repiten que el trabajo dignifica, inyectan el discurso de la honradez de producir algo que sirva a los demás, alientan para no quitar un solo engrane de la maquinaria social que es el soporte de un sistema necrófilo.

Tenemos derecho a trabajar… a trabajar para no morir.

Tenemos derecho a engendrar riquezas a producirlas, a arrancarlas y extraerlas de la tierra, pero la gran mayoría de los que trabajamos no podemos acceder a ellas… ¿has sentido que absurdo es trabajar maquilando abrigos mientras tus hijos tienen apenas unos trapos que cubren su miseria? ¿Han tenido hambre estando frente a los más exquisitos manjares? Hemos pasado hambre, hemos pasado frio pero nos hemos conformado con la rebaja, nos hemos conformado con las sobras… lo peor es que esa sencillez tan absurda y desesperante tampoco es resultado de nuestra mente sino de la ideología que nos dice que nos conformemos con lo podrido mientras reserva la riquezas para quienes sostienen este sistema, el sistema que engendra en sí mismo la mentira que lo mantiene vivo y que nosotros reproducimos y si no nos queremos conformar con poco pues a ¡chingarle! Trabaja duro y serás alguien, trabaja duro y tendrás lo que tú quieras… nos dicen.

***

Este sistema de producción, de trabajo asalariado, esta forma de relacionarnos como mercancías es el capitalismo y su estructura ha dividido a la humanidad creando dos clases antagónicas, ambas trabajan de un modo u otro para sostenerlo, sin embargo una es la que se deleita plenamente de los beneficios de defender por sobre todo y a expensas de la sangre y el dolor de millones en la historia este modo de producción; estas dos humanidades están continuamente en guerra, una de ellas no claudicara nunca en su misión, la otra históricamente se ha negado a asumir el papel impuesto del personaje secundario que se muere de hambre si no trabaja, que pone los muertos en las guerras por el poder, que quiere todo para todos y no tiene ni madres para sí…

La carta de la burguesía y el monstruo capitalista está echada y jugada, sus movimientos en el tablero los juegan sus peones disfrazados y etiquetados como sindicalistas, religiosos, partidos políticos, bufones de las telecomunicaciones que pregonan aquí y allá su ideología de muerte, su misión es que voluntariamente aceptemos, nos resignemos y reproduzcamos esta realidad.

***

Sentir que todo es una mierda no es lo difícil, ver esta realidad y no querer vomitar cada instante tampoco, nadie más que nosotras mismas puede revelar lo que sentimos frente a la explotación y la insatisfacción de necesidades, lo complicado no es reconocernos como baratijas intercambiables en el mercado; lo verdaderamente difícil es querer dejar de asignarnos un valor como vulgares objetos, ser una relación de producción, un trozo de carne que se vende, lo difícil es entender que trabajando más y más cada día solo beneficiamos al capital y no a los nuestros, lo difícil es vislumbrar que tenemos la capacidad de crear otra forma de vivir y luchar por ello…

Mejorar nuestras condiciones como trabajadores no apunta al verdadero problema, no es un triunfo, ni representa verdadero bienestar, reivindicarnos como trabajadores o tener orgullo obrero, creernos dignos ante una moral impuesta por ser trabajadores no significa nada más que pura basura ideológica, el discurso heroico mediante el cual nos han mantenido sirviendo en su mundo.

“Más trabajamos, menos tiempo nos queda para dedicarlo a actividades intelectuales o ideales; menos podemos gustar de la vida, sus bellezas, las satisfacciones que nos puede ofrecer; menos disfrutamos de las alegrías, los placeres, el amor.” (2)

Nosotros somos los negados, los explotados, los engañados una y otra vez

Somos la parte de la humanidad que lucha cotidianamente por sobrevivir, pero que también hace la guerra contra el capital, no somos trabajadores, somos proletarios explotados y queremos dejar de serlo, queremos otra forma de ser, de vivir, queremos vivir y luchamos como el pasto contra el concreto, como el mar, queremos furiosos trascender la roca; no queremos gestionar los medios de producción, -fabricas, escuelas, cárceles, oficinas, restaurantes, política, estado, policías, predicadores, todo lo destruiremos- no queremos rescatar nada de este mundo, queremos construirnos otro.

No queremos festejar ni conmemorar ni lanzar odas al trabajo sino luchar cada día o momento contra él y contra la totalidad que significa y es el capitalismo; la mejor conmemoración, la mejor evocación a quienes han luchado contra el sistema se materializa en la acción, en la extensión y propagación de la lucha anticapitalista, escapando a los mitos, haciendo rupturas con las supuestas alternativas, clarificando el contenido de nuestras luchas, no tenemos más certezas que la necesidad de la destrucción efectiva del sistema capitalista, queremos crear para satisfacernos, queremos crear para poner/ponernos en común; el proletariado arrasara este sistema cuando lejos de toda ideología y falsificación luche en conjunto por destruirse a sí mismo como proletario/mercancía y se construya como humanidad.

PUEDE EXISTIR UN MUNDO MEJOR SOLO TIENES QUE LUCHAR POR ÉL



1 y 2.- Severino Di Giovanni, El derecho al ocio y a la expropiación individual


https://antagonismorp.wordpress.com/2018/05/06/el-trabajo-no-redime-sino-que-embrutece/#more-1814

martes, septiembre 18

Contra la reproducción biotecnológica del ser humano, contra el vientre de alquiler


El cuerpo de la mujer no está en venta, no es comercializable, no es una pieza de repuesto, no es prescindible. Las mujeres no son contenedores para producir niños, no son máquinas de críar. En nombre de la libertad se esconden abominaciones, en nombre de la libertad de disponer del propio cuerpo se hacen propias las lógicas de mercantilización de este sistema tecno industrial, donde todo es mercancía, todo es cuantificable, todo está en venta, todo es engranaje en una mega máquina que todo lo aplasta colonizando los cuerpos y las mentes artificializando todo lo vivo. Una lógica que equivale a la venta de la fuerza física y/o mental de una a la maternidad para los demás. Sin duda, quitarle un hijo a una madre que firmó un contrato es la forma suprema de la alienación de la trabajadora, una vez convertida en una “productora “ más, hace parecer que “sólo” le están desposeyendo de un “producto”, madre e hija son ya un número más en esta inmensa fábrica-mundo donde nada escapa a la lógica del mercado.

Las motivaciones que apoyan el vientre de alquiler del son ilógicas, contradictorias, deslizamientos de tierra. Un problema que consideramos incorrecto no puede usarse como argumento para justificar otro. Si vender la fuerza de trabajo es la explotación, la misma ocurre cuando se alquila o vende un cuerpo .Así nos rendimos a la explotación extrema y es paradójico que una parte del movimiento feminista anticapitalista utilice la lógica del capitalismo usando sus mismos argumentos para apoyar la libertad, una libertad sobre el propio cuerpo, una libertad mercantilizada.

El capitalismo ha mercantilizado los mismos elementos vitales, que adquieren valor económico por lo que producen o explotan. El valor en si es destruido. Por lo tanto, un río no tiene ningún valor porque es una parte integral de un ecosistema y un bosque no se percibe como una red de interrelaciones vitales, sino que se considera que los ríos y los bosques son recursos que se deben saquear. Entonces inseminemos y produzcamos un niño. De esta manera, somos bombardeadxs con hormonas para producir un gran número de ovarios con el fin de venderlos. Al hacerlo, estamos mercantilizando nuestros cuerpos aún más. Si luchamos contra este sistema, no tiene sentido ir extender su lógica a nuestros cuerpos vendiendo servicios sexuales a cambio de dinero o alquilando el útero, es decir, convirtiéndonos en empresarios de nuestro cuerpo a través de la explotación de nuestra capacidad reproductiva. ¿Pero estamos convencidxs de que, en un sistema patriarcal y tecnoindustrial, el poder de nuestra capacidad reproductiva puede permanecer en nuestras manos si entramos en su circuito de mercado? ¿No nos convertimos en un medio del cual el sistema se apropia? Y lo haria incluso sin dinero a cambio, por el simple hecho de que le otorgamos nuestra capacidad reproductiva. La sociedad patriarcal y tecno industrial siempre han explotado la capacidad reproductiva de las mujeres, es en aquellxs que no pueden tener unx hijx , pero que están ansiosas por tener una para ellas, a quienes acecha una nueva forma de explotación del cuerpo.

Tengamos cuidado, no nos dejemos deslumbrar por la retórica del altruismo. No puede haber una "gestación ética ": una vez legalizada cualquier forma de reproducción artificial o el vientre de alquiler se generalizará y entrará en el circuito comercial , simplemente pensemos en la fórmula de los “reembolsos” para la madre embarazada. El dinero también es una condición necesaria en la llamada forma "altruista" como en Gran Bretaña, donde los supuestos "reembolsos" aprobados por los tribunales han alcanzado las 30,000 libras. La solicitud de legalización y regulación para proteger situaciones pequeñas o de “apoyo mutuo”, de hecho, solo aumentará la mercantilización. La relación entre la mujer, su cuerpo y su hija será distorsionada. La mujer, su capacidad reproductiva y su hijo se comercializan. Aunque sea de forma ética o altruista. ¡Todo esto está escondido detrás de la bandera del altruismo y la generosidad! Como tenemos consumidores éticos y el mercado ético, así tendremos el préstamo ético del útero, donde la mujer ya no será una india pobre y explotada, pero tal vez una mujer occidental sea tratada bien, así que tendríamos conciencia tranquila, pero desafortunadamente, en esencia, nada cambia. La mujer se convierte en un fábrica de producir. . Simplemente, sin demasiadas palabras, si nos oponemos a la explotación de cada ser vivo, no tiene sentido justificar algunas expresiones y manifestaciones e incluso querer regularlas.

O no nos importan las consecuencias o confiamos, somos ingenuos y nos engañamos a nosotrxs mismos que las regulaciones convierten todo en "bueno y justo", o tenemos intereses personales y podemos plantear el problema tanto del GPA (gestación programada) como del PMA (procreación médicamente asistida) . El debate se inicia en el vientre de alquiler, pero detrás de la puerta sigue estando la procreación asistida ...

El poder siempre se ha ejercido sobre otros animales mediante la manipulación del cuerpo, desde la selección, hasta la fertilización artificial, y el control total de los ingenieros genéticos. Tecnologías eugenésicas para un animal mejorado, funcional para la cría y la experimentación, de acuerdo a las necesidades y patrones seleccionados por el sistema. El animal se transforma así en una herramienta de producción, en un producto, en un modelo de especie experimental intercambiable que debe corresponder a ciertas características. Otros cuerpos de animales, en la oscuridad de la ausencia de una mirada, en la práctica normal de la cría se someten a inseminaciones forzadas, continuamente obligados a reproducirse, a convertirse en madres para luego ser despojados de sus crías. El investigador que fabricó el primer bebé de probeta en Francia, como todos los investigadores especializados en reproducción humana artificial, primero fabricó animales, en este caso vacas lecheras para aumentar su producción. Hoy vemos mujeres sometidas voluntariamente a una tecnocracia con bata blanca: médicos, ginecólogos, genetistas, varios expertos, que se someten a todo un aparato técnico-científico. Un catálogo de ventas de óvulos de donantes seleccionados por sus características para tener una materia prima de calidad para hacer un niño. Un verdadero proceso industrial: selección y extracción de la materia prima, análisis en las primeras etapas de producción, rechazo de productos inadecuados, verificaciones de todo el proceso. Por ello como anarquistas debemos oponernos a toda forma de colonización y mercantilización de nuestros cuerpos y mentes.

Y esto no tiene nada que ver con otras prácticas autoorganizadas fuera de todo el sistema médico y comercial con el uso de esperma masculino por mujeres lesbianas que quieren un hijo . Incluso aquí no debemos caer en la ilusión de regulación, de manera similar sucede con la nocividad: no se puede regular porque sería equivalente a propagarse, regular significa que el desastre ya ha sucedido, porque ya es inherente al problema en sí, ya es inherente a la propagación de la práctica. ¡La reproducción artificial es equivalente al control social de los cuerpos!

Una vez que la práctica se extienda a todos y todas, entraremos en un circuito donde, en nombre de la libertad de elección, crearemos un contexto en el cual no podremos hacer lo contrario. En un mañana no tan lejano, se llamará irresponsable y luego criminal dar a luz a niños sin usar técnicas de reproducción artificial garantizadas y administradas por un dispositivo médico. Si más y más personas recurren a esta práctica, la negativa será cada vez más difícil. ¿Quién elegiría que un niño se convirtiera en un excluido, un ser marginado, un ser humano inferior porque no se seleccionó, y posteriormente se mejoró, en el momento del nacimiento? ¿Quién elegiría dar a luz a un niño con alguna posibilidad de enfermarse, tal vez con algún defecto visual, con la incertidumbre sobre su rendimiento físico e intelectual, en resumen, un niño humano, cuando el modelo que hubiésemos internalizado fuera el ser perfecto perfecto? La procreación artificial se injerta en un proyecto preciso de control, selección, modificación, homologación y domesticación de lo humano y detoda la vida. De la eugenesia estatal de Hitler a la eugenesia liberal del mercado. Reconocemos el deslumbramiento que se esconde detrás de las bellas palabras de libertad y poder decidir sobre el propio cuerpo, pero en este caso no harán más que ayudar a facilitar este proceso donde todo lo vivo está bajo ataque, donde el poder ha alcanzado un nivel aún más profundo, con control de procesos biológicos desde el nacimiento hasta la muerte de todos los seres vivos.


ANARQUISTAS CONTRA TODA NOCIVIDAD

https://contratodanocividad.noblogs.org/

sábado, septiembre 15

La historia de Jeffrey Luers

Jeffrey fue detenido en el 2000 tras realizar una acción contra un concesionario Chevrolet y acabó siendo condenado en junio del 2001 a 22 años y 8 meses de cárcel. El documental repasa la vida y compromiso político de Jeffrey y ahonda en la perspectiva ideológica que motivó sus acciones. También intenta explicar cómo el Estado ha intentado retratar a Jeffrey como un lider eco-terrorista y las consecuencias que esto ha tenido.

miércoles, septiembre 12

La caza de brujas y la división de las clases populares

“Las brujas siempre han sido mujeres que se atrevieron a ser valerosas, agresivas, inteligentes, no conformistas, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarias […] Eres una Bruja por el hecho de ser mujer, indómita, airada, alegre e inmortal”.
(Morgan, 1970: 605-06).

Desde una perspectiva histórica, el fenómeno de la caza de brujas en Europa nunca se ha estudiado suficientemente ni se le ha dado la importancia que realmente tiene. A continuación tejeré la relación que tienen las supuestas brujas medievales con el patriarcado y la instauración del capitalismo, plantándole así cara a esta supresión histórica.

A mediados del siglo XV, época de crisis del sistema feudal y de agitación por parte de las clases populares, fue cuando se dieron los primeros juicios por brujería en Europa. Durante este periodo se declaró la magia como herejía, y a su vez como el máximo crimen contra Dios, la naturaleza y el Estado. No es casualidad que esta caza llegara a su punto álgido entre 1580 y 1630, cuando estaban surgiendo las primeras instituciones del capitalismo mercantil. El capitalismo mercantil –centrado en el intercambio- fue precedente del actual sistema capitalista, enfocado en la producción masiva.

Antes de la cacería de brujas, el patriarcado ya existía y siempre ha buscado la forma de deslegitimar las mujeres en nombre de lo normal,[1. Lo que es supuestamente normal, al ser una construcción social, varía según el contexto] del orden social. El mito judeocristiano del pecado original ya creaba una imagen de la mujer como el género débil, lascivo y cercano a lo que es malo e impuro. Durante la Edad Media esta visión se reforzó con la literatura demonológica y la persecución de mujeres por brujería. Aproximadamente el 80% de las víctimas de la cacería fueron mujeres, y los demás detenidos lo fueron en relación a ellas y no por delito de brujería en sí.

Además del género, otro eje de desigualdad principal fue la clase social: se perseguía principalmente a las campesinas, las cuales tenían pocos recursos y se nutrían principalmente mediante una economía de subsistencia. Esto debilitó la unión y la resistencia de las clases populares europeas frente al Estado y frente a las personas terratenientes; que aprovecharon la situación para la difusión del capitalismo rural y el inicio del proceso de cercamiento de tierras comunales. Esto se tradujo en la privatización de las tierras, el empobrecimiento de las clases populares y la consecuente debilitación de relaciones comunales en el ámbito rural. Años más tarde esto resultaría en que las tierras que antes eran para todxs se quedarían en manos de aristócratas, y los y las campesinas más empobrecidas y desocupadas.

En palabras de Federici, la supuesta magia era una forma de insubordinación y un instrumento de resistencia de base al poder. Europa debía ser “desencantada” para poder ser dominada. Las brujas serán una clara representación de las clases oprimidas que sufrieron un empobrecimiento progresivo, necesario en el mundo moderno para la instauración del capitalismo tal como lo conocemos ahora.

Las mujeres perseguidas por brujería, además de ser campesinas, viejas, pobres, y estar viudas o sin familia; solían ser mujeres con muchos conocimientos útiles para la vida cotidiana. Eran médicas, curanderas, adivinas, sabían sobre reproducción, salud, plantas, naturaleza y remedios naturales. La voluntad de eliminación de estos saberes puede ser interpretada desde varias perspectivas.

En primer lugar, y cómo comenté antes, se consideró el saber de las brujas como una amenaza para el orden social de la época. Estaba surgiendo el capitalismo comercial y las brujas con este conocimiento subvertían este orden y desafiaban las estructuras de poder que se estaban introduciendo.

En un sistema patriarcal, el conocimiento pertenece a los hombres. Los que perseguían o estaban de acuerdo con esta cacería de brujas eran a la vez los máximos representantes del saber científico: Galileo, Descartes, Hobbes, y Shakespeare, entre otros. El saber de las brujas, que además juega en relación a la naturaleza, es una provocación contra los esfuerzos de estos intelectuales de las ramas científicas. Se satanizaron los métodos anticonceptivos y los abortos que las brujas sabían hacer, y se las expropió del saber empírico -en relación con los remedios naturales que ellas siempre habían sabido y transmitido de generación en generación- para instaurar la llamada medicina profesional. Esta fue aceptada como la verdad absoluta, como el conocimiento científico indiscutible y a la vez inasequible para las clases bajas. La destitución de los saberes de las mujeres, la Ilustración y la ciencia moderna supusieron estrategias para sustituir las mujeres por hombres en todo tipo de trabajos y así negarlas de la profesionalización y del conocimiento.

En segundo lugar, ellas fueron el punto de partida del feminismo: mujeres resistentes y combatientes contra las nuevas dinámicas de poder patriarcal que imperarían. La caza de brujas fue una estrategia del capitalismo para que el cuerpo de las mujeres fuese productivo y reproductivo, pero ellas representaron un desafío contra el sistema de trabajo que se estaba introduciendo.

Sus cuerpos fueron liberados de la sumisión, que es la lacra que arrastra la socialización en la feminidad hegemónica. No funcionarían como cuidadoras, incubadoras ni máquinas de producir mano de obra barata. Así pues, las brujas serían una lucha por la autonomía femenina, y por eso los movimientos feministas posteriores se representarán con ellas. Resistieron el patriarcado en el cual los cuerpos de las mujeres, su trabajo y su poder sexual y reproductivo se quisieron controlar por parte del Estado y transformar en recursos económicos.

Además, bajo el contexto concreto de parálisis demográfica del siglo XV, la cacería de brujas podría tener como objetivo criminalizar el control de la natalidad –y por lo tanto, los anticonceptivos y el aborto- y poner el cuerpo femenino a servicio del incremento de la población y en conclusión al aumento de la fuerza de trabajo.

En tercer lugar, el papel de la Iglesia católica también fue importante –aunque no principal- en el fenómeno de la caza de brujas. Aportó la visión ideológica para que se pudiera llevar a cabo, y animó a la persecución de estas. Tal y cómo hemos dicho, no fueron sólo las instituciones, la Iglesia y los aparatos ideológicos del Estado quién propiciaron este feminicidio. Fue el primer motivo de unión política en Europa después de la reforma. El estado hizo de la brujería como tal, y no de las supuestas consecuencias de esta, un crimen grave.

Debido a la persecución de brujas también se debilitaron las relaciones entre personas, como antes habíamos expuesto. Cualquier asociación o relación entre mujeres se empezaba a considerar sospechosa, destruyendo así la posible sororidad y resistencia conjunta de ellas. La amistad entre mujeres era vista como una subversión de la alianza entre marido y mujer. Así mismo, los hombres temieron el poder de las mujeres y muchas veces acusaron a sus esposas, hijas y otras mujeres cercanas. Solamente se reconoció un conjunto de hombres de clases populares que luchó contra la caza de brujas, en el País Vasco. Todavía actualmente una de las armas más fuertes de los sistemas capitalista y patriarcal es reforzar la competitividad entre mujeres, o entre las mismas clases humildes.

Para finalizar, podemos concluir que la caza de brujas fue un feminicidio que ayudó al sistema vigente en la época medieval a instaurar el capitalismo mercantil -debido a la debilitación de las clases populares-, a marchitar las relaciones sociales entre mujeres y campesinxs, y a crear un orden patriarcal sobre los cuerpos de las supuestas brujas para ponerlos a merced de los aparatos ideológicos, el Estado y la Iglesia.


Mireia Medina Luengo  

domingo, septiembre 9

Audios de las charlas del "Encuentro anarquista contra el sistema tecno-industrial y su mundo"



- “SMART CITY…LA INVASIÓN DIGITAL DE LA VIDA COTIDIANA”. A cargo de Negre i Verd

https://archive.org/details/001SmartCities20180525_201807



- “LUDDITAS, MÁS ALLÁ DE LA DESTRUCCIÓN DE MÁQUINAS”. A cargo del colectivo “Moai”

https://archive.org/details/002Ludditas20160526



- “FUKUSHIMA, LA ENERGIA NUCLEAR Y SU MUNDO: UNA EPIDEMIA DE IGNORANCIA”, a cargo de Thierry Ribault

https://archive.org/details/003Fukushima20180526



-“LAS NUEVAS FRONTERAS DE LA MERCANTILIZACIÓN DE LO VIVO Y DE LA BIOLOGIA REPRODUCTIVA” a cargo de
compañeras italianas de los colectivos “Resistenze al nanomondo” y “Le Ortiche”

https://archive.org/details/004ReproduccionArtificial20180526



-“EXPERIENCIAS EN LA LUCHA CONTRA LA NOCIVIDAD Y EL DESARROLLO TECNO CIENTIFICO. UNA MIRADA AL CONTEXTO ITALIANO” a cargo de compañeras italianas de los colectivos “Resistenze al nanomondo” y “Le Ortiche”

https://archive.org/details/005ExperienciasItalia20180527



-“TECNO-CIENCIA Y SOCIEDAD INDUSTRIAL”. A cargo del colectivo “Cul de Sac”

https://archive.org/details/006InvestigacionCientifica20180527



jueves, septiembre 6

Democracia parlamentaria


Cuando termina el tiempo del recreo,
las élites recogen el balón
y se lo llevan a su casa.

Nosotros,
como siempre,
felices por haber correteado un rato,
por haber ganado incluso el partido,
nos quedamos mirándonos sonrientes
y continuamos apuntalando porterías,
alisando el campo, trazando unas líneas
que siempre nos dejan
fuera de juego.


Alberto García-Teresa. A pesar del muro, la hiedra. Huerga & Fierro, Ed. 2017