Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

domingo, enero 29

Nómadas o sedentarios


Si es cierto que hoy en día el Estado, o la idea que tenemos de él, parece una entidad jurídica insustituible, es necesario considerar que no siempre ha sido así. Durante el ochenta por ciento de su existencia, el homo sapiens ha vivido sin tener ninguna necesidad de leyes ni instituciones que regularan su vida. El concepto de Estado-nación comenzó a desarrollarse a finales del siglo XV, y tuvo su cénit en el XIX; pero la primera creación de un modelo estatal, entendido como entidad capaz de concentrar diversos poderes, tanto religiosos como administrativos, se desarrolló a partir de la Edad de Bronce (2900-1200 antes de nuestra era) en las fértiles llanuras del Tigris y el Éufrates. Fueron diversos los factores, económicos y culturales, que condujeron a la creación de élites con posibilidad de gobernar y controlar vastos territorios. Las más de las veces, el poder se traducía en la recaudación de impuestos sobre las cabezas de ganado y la producción agrícola, así como sobre el control real del territorio.

Innumerables factores favorecieron la creación de una autoridad central: en primer lugar la agricultura, como subraya J. C. Scott. El proceso evolutivo que ha conducido a grupos de individuos a instalarse en un determinado territorio y encaminarse a una economía estrictamente agrícola (es decir, no más nómada), está en la base de la futura constitución de las sociedades protoestatales, desde Mesopotamia hasta el valle del Indo.

Para comprender todo esto, es necesario dar un paso atrás, cuando entre los milenios octavo y quinto a. n. e. muchas de las especies silvestres comenzaron a ser domesticadas, dando comienzo la revolución neolítica. Por domesticación se entiende el proceso a través del cual el hombre decide libremente seleccionar una especie silvestre más que otra por juzgarla más ventajosa. A menudo el beneficio se traducía en términos de "resistencia y recolección" de la planta, que podía ser cinco o seis veces más grande respecto a la silvestre. Esto podría generar con el tiempo, y durante los años favorables, un excedente alimentario almacenable y vendible cuando fuera necesario. En particular, hay que considerar las especies cerealísticas (familia de las Poaceae), como el trigo, la cebada y el mijo, desde siempre base alimentaria y nutritiva de las nacientes sociedades complejas. Tal proceso de almacenamiento de los alimentos, como demuestra V. G. Childe en su famoso artículo de 1950, junto a otros factores como el incremento de la población debido a un mayor aporte alimentario, la división del trabajo y una creciente clase dominante, desembocó en pequeñas comunidades administradas las más de las veces en función de relaciones de parentesco (Kinship), a un nivel "estatal" y proto-estatal.

Otro aspecto clave de las primeras sociedades estatales fue seguramente el medio ambiente, y en particular los recursos hídricos. No es difícil pensar que en ambientes áridos o semiáridos, como los territorios mesopotámicos, el agua representaba la única fuente de vida, capaz de irrigar campos y crear riqueza alimentaria. El control y la administración de los recursos hídricos, en particular los canales y diques, fue un componente esencial de los futuros imperios mesopotámicos durante la Edad del Bronce; tan importante como para llevar a K. Wittfogel, en 1957, a acuñar el término "imperios hidráulicos" en su famoso libro sobre los despotismos orientales. Según Wittfogel, las primeras sociedades estatales no solo se desarrollaron gracias al control sobre los recursos hídricos sino también gracias a una sociedad con un poder centralizado que tenía la posibilidad de gestionar la construcción y el mantenimiento de estructuras hidráulicas (canales, dragados, control de los diques). En realidad, Wittfogel no tiene en consideración otros aspectos de la investigación: recientes estudios arqueológicos en Oriente Próximo y en Asia Central han demostrado no solo que las sociedades que no tenían un poder central estaban en disposición de construir y gestionar obras de ingeniería hidráulica -probablemente a través de alianzas- sino que también en muchos casos fueron propiamente las sucesivas sociedades "estatales" las que se beneficiaron de estas obras. Esto sin duda ha desvalorizado la idea de que es imprescindible una autoridad central, como supone Wittfogel, para la realización de importantes obras hidráulicas.

El paisaje, factor fundamental

Contemporáneamente al nacimiento de las primeras sociedades estatales y protoestatales, se observa, desde un punto de vista arqueológico, que en muchas áreas geográficas no se dio este fenómeno de "centralización del poder". Al contrario, usando un término de J. C. Scott, muchas de ellas fueron durante mucho tiempo Not Space State (áreas sin Estado). El mismo Scott identifica una macro-área, comúnmente llamada Zomia, situada entre Birmania, Vietnam y el sudeste de China. Algunos pueblos indígenas hasta la fecha todavía no se han integrado completamente en sus respectivos Estados nacionales. Mientras estas tribus nómadas viven por lo general en las montañas, las ciudades están geográficamente situadas en las llanuras de los alrededores, normalmente en las zonas aluviales. Esto introduce la principal diferencia identificada por Scott en su estudio: entre las sociedades estatales y las tribus que compartían el mismo territorio, la agricultura desde siempre ha representado un elemento de ruptura.

Las tribus montañesas, a través de una economía basada en la caza y en una agricultura "móvil" y a escala reducida (slah-and-burn), podían escabullirse de un poder estatal que, las más de las veces, se resumía en tasas e impuestos. Algunos estudios, seguramente nada equivocados, sostienen que la Gran Muralla china, construida a partir del siglo III a. n. e., tenía como objetivo no tanto mantener a raya a las belicosas poblaciones nómadas de Asia Central, sino sobre todo controlar y fiscalizar a las poblaciones sedentarias establecidas en su interior.

Lo que se deduce de tal estudio, y que creo que no ha sido suficientemente destacado por Scott, es el papel desempeñado por el medio ambiente en las decisiones humanas. Pierre Clastres, hablando de la economía de algunas tribus amazónicas de Brasil, la define como "economía de la abundancia". La abundancia venía dada tanto por el terreno circundante (la selva pluvial) como por sus características (riqueza de frutos y caza todo el año, por lo que no era necesario acumular un excedente alimentario). En un plano estrictamente arqueológico, encontramos en cambio, en las inmensas estepas de Asia Central, algo muy similar. Mientras entre el comienzo del tercer milenio y el primero a. n. e., las regiones de Iraq y de Irán vieron surgir sociedades estatales y protoestatales, al mismo tiempo áreas enteras comprendidas entre los actuales Kazajistán, Turkmenistán, noroeste de China y Mongolia vieron el desarrollo de sociedades en las que las relaciones políticas y económicas se basaron preferentemente en alianzas y parentesco. Estas tribus fueron las mismas que siglos más tarde se convertirían en la columna vertebral de la Ruta de la Seda. Objetos preciosos, especias, hasta seda, el más noble de los tejidos: nada de esto habría llegado a Europa sin la intermediación de las "poblaciones del medio". ¿Favoreció esto, o sería mejor decir no favoreció, el desarrollo de las primeras sociedades protoestatales en estas áreas?

Si observamos bien, nos daremos cuenta de que el paisaje desempeña un papel fundamental en las decisiones humanas. Si bien es cierto que el medio ambiente no fue el único factor determinante en la organización de las primeras sociedades, estableció sin duda el contexto en el que estas últimas debieron adaptarse. La verdadera riqueza de los "señores" consistió sobre todo en las inmensas praderas, compuestas las más de las veces por hierbas gramíneas y arbustos. A diferencia de las llanuras aluviales, en las estepas del Asia Central el excedente alimentario vino dado por los inmensos pastizales, que representaron una reserva infinita de alimento para millares de cabezas de ganado; en tal medio ambiente, la economía basada solo en la agricultura habría resultado imposible. Al mismo tiempo, una economía basada esencialmente en la ganadería, y por ello subordinada a la trashumancia en función de los recursos disponibles, no permitía una excesiva acumulación de riquezas. La única riqueza verdadera de la que se sirvieron las tribus del Asia Central durante milenios fue, sin duda, el medio ambiente. Una sociedad de tipo protoestatal hubiera resultado incapaz de explotar los recursos "móviles" del territorio, como las praderas, y al mismo tiempo incapaz también de establecer impuestos. Esa habría sido una decisión equivocada e inconsecuente.

Contra el modelo estatal sedentario

Para apoyar esto, los recientes estudios realizados en varios yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro (primer milenio a. n. e.), a través del valle del río Syrdarya (Kazajistán), parecen confirmar las anteriores teorías presentadas ya a comienzos del pasado siglo por el arqueólogo soviético S. P. Tolstov. Según Tolstov, y según otros estudiosos, la región ha sido definida desde siempre como un gran "Estado agrícola" que se basaba en sistemas de irrigación tecnológicamente avanzados. Por tal razón, los yacimientos arqueológicos fortificados se consideraron desde siempre auténticos centros urbanos, administrados por una autoridad central que los defendía y los utilizaba para almacenar el excedente agrícola. Lo que por el contrario se ha derivado de un reciente estudio presentado por G. L. Bonora, es una utilización completamente diferente de tales estructuras (denominadas Fortified Enclosure).

A diferencia de cuanto hasta ahora se ha sostenido, se trataba de centros especializados para las élites de las tribus locales, que vivían en un territorio con baja densidad demográfica y con una economía agropastoril. No eran centros urbanos fortificados de una naciente sociedad estatal, a juzgar por la falta de los claros elementos arquitectónicos que caracterizan a un centro urbano, sino centros ceremoniales, funerarios y, más en general, utilizados solo en algunos periodos del año para renovar poderes y alianzas entre las tribus nómadas que se repartían sobre el territorio.

En conclusión, diremos que este último estudio demuestra lo importante que ha sido el medio ambiente para el desarrollo de las sociedades sin Estado. Difícilmente, al contrario de lo propugnado por Scott, pudieron estas sociedades aplicar una política de "oposición consciente" a las vecinas sociedades estatales.

Lo que parece ser cierto, es que vieron el modelo "estatal-sedentario" como un esquema social completamente ineficaz e inapropiado para la explotación de los territorios circundantes.


Roberto Aciero
Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad, Octubre de 2016

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