Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

viernes, diciembre 22

No tiene nombre

 


  nutrias y zorros y visones
Masacrados y despellejados

  vacas
Y una en camino

  perros
Rabiando por ser comidos calientes

  pollos fritos o asados o en pepitoria o churrasco

Con un limón o naranja o menestra dentro o fuera

   pavos reales

Bajo una nube de tenedores y cuchillos

   codornices patos y faisanes

Durmiendo calentitos en sus bandejas

   marranos y cochinillos bien aseados

Despidiéndose de sus huesos
Entre las babas del depredador

   chotos y corderos

Abiertos en canal
Y frita su sangre con un picadillo de ajos y finas yerbas

  crías de pez mal llamado chanquete

  almejas mejillones y ostras

De mar y de río y de estanque y de criadero

  atunes salmones pulpos y calamares y sepias emperadores pescadillas truchas boquerones bacalaos besugos bonitos melvas camarones angulas y tiburones

Ahogados de tanto aire

  quisquillas berberechos gambas langostas y langostinos centollos cangrejos de agua dulce y salada nécoras y percebes

Mudos

1357530 y un caracol con un pie en la tumba
 
Les desean
Felices Fiestas
Procedencia del texto:

martes, diciembre 19

Las afirmaciones negativas y la "carga de la prueba"

La llamada "carga de la prueba", expresada por medio de la sentencia latina affirmanti incumbit probatio, viene a significar que dentro de una discusión lógica corresponde siempre a quien afirma demostrar la existencia de lo afirmado. Es por eso que los ateos no deberíamos entrar en esa discusión irresoluble sobre la existencia, o no, de Dios (más adelante, veremos que simplemente no es una hipótesis científica ni puede deducirse de la razón).

 Existen muchos argumentos para oponerse a la creencia sobrenatural, pero desde un punto de vista ontológico hay que decir que la evidencia nos demuestra que algo como Dios (o sobre cualquier ser que trascienda el mundo natural) es sencillamente una fantasía del ser humano (una fantasía que podemos demostrar posee muchas caras). Richard Dawkins recordó en la introducción de El espejismo de Dios una frase de Douglas Adams, escritor y guionista de los Monty Python, en su libro Guía del autoestopista galáctico: "¿Es que no hay suficiente con ver que un jardín es hermoso, sin tener también que creer que está habitado por hadas?". Cuando alguien afirma la existencia de algo excepcional, algo que resulta bastante sencillo y habitual, no puede ponerse al mismo nivel que los que negamos la afirmación debido a las evidencias en contra. Si queremos progresar en el conocimiento, es necesario probar las afirmaciones positivas que realizamos, o de lo contrario nos rendimos a esa poderosa herramienta creativa que es la imaginación. En conclusión, la carga de la prueba reposa sobre aquellos que realizan una afirmación fuera de lo común y, consecuentemente, deberán respaldarlas con argumentos convincentes.

El ateo no tiene que probar la inexistencia de Dios (tampoco de hadas, duendes, unicornios o de cualquier otro ser sobrenatural), simplemente se respalda la afirmación negativa con la falta de evidencias para demostrar su existencia. La lógica nos dice que es mejor prescindir de la idea de Dios, y en futuras entradas veremos que la afirmación sobre su existencia tiene muchas implicaciones sobre nuestra propia vida, no solo es una cuestión intelectual o meramente ontológica. Bertrand Russell, en un artículo escrito en 1952 para la revista Ilustrated Magazine llamado "¿Hay Dios?", planteó su lúcida y divertida analogía con una supuesta tetera de porcelana que giraba alrededor del Sol. De afirmar semejante cosa, nadie podría refutarnos, pero si dijéramos que por eso se trata de una "presunción intolerable por parte de la razón humana", todo el mundo pensaría que estamos diciendo una sandez sobresaliente. Russell decía que, en cambio, si la existencia de la tetera se afirmara en los libros antiguos, se enseñara como una verdad sagrada e incluso se enseñara en los colegíos a los críos como algo incuestionable, quien afirmara lo contrario sería tildado de excéntrico. El autor de Por qué no soy cristiano, una vez más, es tan lúcido como sencillo en sus planteamientos, la teoría de la tetera es simplemente "no científica", ya que no puede demostrarse su veracidad. Es una hipótesis que no entra dentro del terreno científico, lo que viene a significar que no es "falsable", pero la sensatez nos dice que debemos desccartar su afirmación mientras no haya evidencias que la respalden. Lo mismo ocurre con la idea de Dios.

En la actualidad, y no solo con el pensamiento religioso tradicional, existe una habitual (y falaz) controversia sobre lo que consideramos conocimiento científico. Hay que recordar, una y otra vez, que lo que entendemos por tal cosa es el continuo intento de confirmar la eficacia de las hipótesis; solo cuando se logra de manera fehaciente, sin que haya contradicción en los fenómenos observados, puede reconocerse su validez. Sin embargo, hay que aceptar que ese valor otorgado es siempre provisional, ya que el conocimiento suele avanzar e ir corrigiendo errores y completando informaciones que anteriormente eran parciales. En algunos casos, las evidencias pueden demostrar el fracaso radical de una teoría y ser substituida por completo por otra nueva. La ciencia, en ningún caso, debería basarse en dogmas y sí en evidencias, y en el contraste de opiniones con el afán de mejorar las soluciones a los problemas planteados.


sábado, diciembre 16

Palabrería


Feliz el hombre
que de ser hombre abdica
y cambia de respiración,
recibe otro aliento
desde su alma ignota,

no escucha ya las voces
del miedo y la mentira,
ni la necia y feroz
palabrería de la muerte.


Un poema de Manuel Lombardo Duro perteneciente a Las voces indomables (Piedra Papel Libros, 2017). Publicado también en el número 1 de La Tormenta (Calumnia Editorial y Piedra Papel Libros, 2017).

miércoles, diciembre 13

Estar en contra, estar a favor


En nuestros días se nos impone a cada paso una toma de posición respecto a la masa amorfa de acontecimientos que estremecen a la opinión pública. Hay que estar a favor o en contra, porque el matiz engendra la incertidumbre, la incertidumbre lleva a la duda y esta, con frecuencia, a la costumbre de pensar por uno mismo. Y, en nuestro agitado mundo, eso es fatal. Debemos optar ya, sin muchos remilgos, por unos o por otros. Es urgente. A favor o en contra de los ucranianos, a favor o en contra de los rusos, o de la Unión Europea. Con la Ley o con los corruptos. Con los que protestan o a favor de la silenciosa pero temible corriente de los que asienten. Todos los días se nos ofrece la posibilidad de realizar este tipo de elecciones, ya se trate de Crimea o Venezuela, de Melilla o Cataluña. Las personas informadas se reconocen al instante por eso: siempre que se les requiere (y cuando no, también) tienen a mano su opinión, preparada para saltar a la palestra a favor o en contra de lo que sea. 

Desde que las masas entraron por la gran puerta de la Historia, de mano de las distintas Revoluciones, ya no hemos podido salir de ella en ningún momento. Y como el curso de la historia y sus catástrofes —desde el motor de combustión interna a las burocracias internacionales, pasando por la política de la Reserva Federal de los Estados Unidos—, tomar partido no es ya tanto una posibilidad como una obligación. 

Deberíamos, por eso, defender nuestra libertad de no pronunciarnos respecto a las continuas preguntas e inquisiciones diarias. Si no se pueden impugnar los términos en los que se plantea la pregunta, la opinión está trucada. Desposeídos de nuestra voluntad para la satisfacción de las necesidades básicas, se nos acumulan en cambio las cuestiones de actualidad más banales sobre las que pronunciarnos, y lo hacemos a menudo con la suficiencia del que lo ignora casi todo. Sin embargo las parcelas de nuestra vida que han caído bajo la administración técnica de unos aparatos inconmensurablemente complejísimos nos señalan con claridad en qué medida nuestra opinión a favor o en contra es inoperante en cuanto a aquello que nos incumbe más directamente.


- Juanma Agulles, en Piloto automático. Notas sobre el sonambulismo contemporáneo (Cul de Sac. Madrid: 2016).

jueves, diciembre 7

La necesidad de la negación




En lo que llevamos de año, han muerto más de 2.700 migrantes en el Mar Mediterráneo, pero las lavadoras tienen apps para el teléfono móvil; la epidemia de cólera en Yemen, de la que usted no ha oído hablar, ronda los 800.000 afectados y supera los 2.100 muertos, pero desde el punto de vista de la economía, la venta de armamentos no se diferencia de la venta de alimentos; el cambio climático desplaza a 22 millones de personas al año, pero usted discute con su compañero de trabajo por el aire acondicionado... ¿no ve cómo incluso la falacia ha elegido bando?

Anónimo



Escribió Artaud que nadie nunca ha escrito, pintado, esculpido, modelado, construido o inventado excepto para salir del infierno; sin embargo, bien cierto es que a través de cualquiera de esas formas de expresión y creación, ahora meras transacciones comerciales, se han traído a esta tierra moribunda no pocos infiernos de prisión, consumo, soledad y desasosiego.

Estas malas artes se han prostituido para apuntalar el pensamiento único y para silenciar, y ridiculizar, sus negaciones más rupturistas y transformadoras, relegándolas al frío de la alteridad y al agotamiento de la contracorriente; el sentido económico lo inunda todo, a la fuerza, ocupando los espacios comunes, pero también usurpando y asaltando aquellos esenciales de reflexión y acción.

Gozan dichas artes, ¿o tecnologías?, de gran demanda en todo lo que tiene que ver con los miedos de masas,donde los nuevos evangelistas son proxenetas de la palabra y violadores de la Historia que adoctrinan a sociedades infantilizadas y caprichosas a golpe de editorial, comercial o conexión en directo; como si tal farsa sólo aconteciera en los colegios y las universidades de los otros...

Los intelectuales a sueldo, ya no hay de otro tipo, se alinean por colores, banderas y gallardetes como si de una competición deportiva se tratara, pero todos juegan para una misma liga (unión o mezcla) que es medio y fin. Avalan las distintas opciones de una misma cosa, de la misma forma que se llenan las estanterías en un supermercado. Para un consumo de dogmas bien rápido y fácil.

Y es que no se trata de pensar demasiado, sino de elegir bando, marca e identidad. Se trata de forjar una igualdad ovina que corea, desde una ilusión de libertad, consignas esencialistas a escasa distancia del culo del vecino. Un rebaño hiperconectado e hiperinformado que no se entera de nada, pero lo transmite todo, que confunde las redes con las colectividades y que siempre sale trasquilado.

La resistencia y rebeldía de la otredad o de la extrañeza perturba y ralentiza la comunicación llana de loigual, escribía Byung-Chul Han en su “Psicopolítica”, acaso respondiendo a un retórico Cioran: ¿De qué proviene que en la vida [...] la rebelión, incluso pura, tenga algo de falso, mientras que la resignación, aunque brote de la abulia, da siempre la impresión de lo verdadero?. La negación es enemiga de la fluidez que se asocia a la verdad.

Así es que parece haber suficiente con una democracia, oscura pero correcta, que es del demos, gremial y etnocéntrico (Maillard) y que se sostiene en el krátos, el poder, pues este ordenamiento forzoso de colectivos obedientes (institucionalistas, constitucionalistas, patriotas,...) diluye, fácilmente, la capacidad de comprensión, compasión y generación de conocimiento de lo que ataña a lo común, al otro como a uno.

Frente al positivismo, la corrección y los oficialismos que adocenan, es imprescindible recuperar la capacidad, la organización y el valor de la negación, como palanca y semilla del pensamiento crítico y libre, mimbres, estos, en la igualibertad (Riechmann), para un escenario de emancipación social: Educación, (Anti)Pedagogía, Justicia, Solidaridad, Respeto, Horizontal, Apoyo Mutuo, Cooperación, Comunidad, Autogestión. Todo lo demás, es dēmokratía vulgaris, o peor.


 Alejandro Floría

lunes, diciembre 4

Algunas notas sobre el origen de las cárceles


Las cárceles, sorprendentemente, son un invento relativamente nuevo. Lo primero que es pertinente señalar es que la cárcel, como pena, no tiene más de 300 años. Aunque es difícil poner una fecha exacta en una época en la que los plazos y los lugares geográficos de aparición eran muchos más largos y estaban más desacompasados que ahora, la cárcel pasó a usarse como pena preestablecida en Europa entre el siglo XVII y principios del siglo XIX. El hecho de que hoy en día resulte muy difícil imaginar el funcionamiento de una sociedad sin una institución relativamente reciente, dan buena muestra de la fuerza que tiene. Al fin y al cabo, la cárcel es sólo una respuesta de las muchas imaginables y de las muchas que han existido a lo largo de la historia. ¿Una respuesta a qué?
El hecho de encerrar a alguien no fue algo nuevo, pues es una práctica bien antigua, si bien como una medida similar a lo que hoy se conoce como prisión provisional: garantizar que el acusado estuviese presente en el juicio, si es que alguna vez se celebraba. También se utilizaba para encerrar a la persona hasta que ésta restaurase el daño ocasionado (que, para deudas económicas, a veces equivalía a cadena perpetua, porque al estar encerrado no podía tener ingresos, y al no tener ingresos no podía satisfacer la deuda). Lo realmente nuevo era la previsión de una pena que consistiese en el encierro de por sí. Lo sorprendente es que, en un período tan corto de tiempo, esta nueva sanción adquiriese tal centralidad en el sistema de penas y se convirtiese en su eje principal. Para entender cómo esto pudo suceder, es necesario atender al contexto en el que surge esta institución.

A lo largo del siglo XVIII en Europa se desarrolla y asienta la Revolución Industrial, lo cual supuso importantes transformaciones. Para lo que aquí interesa, destaca el excedente de mano de obra no cualificada que la introducción de la nueva maquinaria en el proceso productivo significó. A su vez, y como consecuencia, comenzaron a desarrollarse grandes núcleos urbanos, y con ello un considerable movimiento migratorio de las zonas rurales a las urbanas, principalmente motivado por la búsqueda de trabajo. Aquí se dieron varias circunstancias que se entrelazaron. Por un lado, un excedente de mano de obra, por lo que mucha gente proveniente del mundo rural quedó desempleada. El cambio de vida en la gran ciudad era difícil de asimilar, pues el funcionamiento de las normas, de los valores, la forma de relacionarse con las personas, etc. eran distintas, produciéndose un desajuste entre las expectativas de comportamientos y funcionamiento del día a día y la realidad, que muchas veces desbordaba a los recién llegados. A su vez, precisamente por haber abandonado el medio rural, las personas emigradas sufrían la pérdida de apoyos fundamentales como los familiares y los amigos. La mezcla de estas situaciones dio lugar a situaciones de mendicidad, prostitución, alcoholismo y otras conductas que no estaban muy bien vistas por la moral dominante de la época. Además, y esto es clave, estas situaciones no afectaban a personas aisladas, sino que afectaba a grupos enteros de población. Es así como aparece la pobreza como un fenómeno social que afecta a grupos de población y que no se limita a casos particulares.

En este contexto es en el que aparecen instituciones de encierro, y en concreto la cárcel, como una respuesta a estas situaciones que se entendían como problemáticas o no deseables. De hecho, la aparición de la cárcel es coincidente en términos históricos con la aparición de otras instituciones de encierro como los psiquiátricos o los hospicios. La aparición de la cárcel no se debió a una respuesta concreta contra la delincuencia, sino que se encuadra dentro de cambios más profundos en la forma de entender y gestionar los problemas sociales, principalmente relacionados con la pobreza. En los términos contemporáneos, la cárcel surgió como una respuesta de política social.

A todo esto hay que añadir procesos más amplios, como la secularización de la sociedad. Con ella, la pobreza comienza a verse como un problema social, frente a la posición de la pobreza en sociedades más religiosas, donde era vista como una posibilidad de ganarse el visto bueno de Dios, y se consideraba una oportunidad para ayudar y hacer méritos divinos. La pobreza se convierte en algo sobre lo que hay que actuar; se convierte en un problema a solucionar. Esta forma de plantear las situaciones está relacionada también con el racionalismo que comienza a extenderse con la Ilustración. La cárcel aparece, así, como una solución viable frente a grupos de gente que molestaban en la calle o que eran vistos como un mal ejemplo.

Este planteamiento racional de los problemas, en los que se buscan las causas, para actuar sobre ellas y dar con soluciones adecuadas, está en la base de la posterior vinculación de cárcel y delincuencia. No obstante, antes es necesario señalar que se distinguía entre dos tipos de pobres: los aptos y los no aptos (para trabajar). Los pobres no aptos para trabajar eran considerados aquellos que tenían algún problema biológico o físico que les impedía trabajar. Para este tipo de pobres, existía comprensión y clemencia, y se les ayudaba porque se entendía que la naturaleza les había privado de esa capacidad. Desde la mentalidad de la época, que en algunos aspectos no es muy distinta de la actual, se entendía que los pobres aptos eran aquellos que, pudiendo trabajar, no lo hacían, principalmente porque no querían. En este sentido, existía una condena moral, y se negaba la ayuda porque se entendía que esa persona era responsable de su situación de pobreza. Para este tipo de pobreza se empezó a utilizar el encierro, también con ánimo de inculcar una disciplina y ciertos hábitos que hiciesen encontrar al pobre-vago el “buen camino” (las ganas de trabajar, se entiende). Poco a poco, así, la política adoptada para gestionar la pobreza se fue bifurcando, con un tinte más asistencial para los pobres no aptos (lo que posteriormente sería conocido como “política social”), y con un tinte más punitivo para los pobres aptos (lo que terminaría derivando en parte en la política criminal).

La cárcel surge, en primera instancia, como una respuesta a la pobreza, no a la delincuencia. Es a lo largo del siglo posterior, el XIX, cuando comienza a forjarse la relación entre cárcel y delincuencia, y la justificación de la una por la otra. Aunque las causas son discutibles, parece existir cierto consenso en que el origen está vinculado con el racionalismo, y con la observación que llevaban a cabo los empleados de estas instituciones de encierro sobre los internos. Al pensar que la clave para ayudar a los pobres aptos a llevar una vida “decente” era descubrir las causas, para actuar sobre ellas, se comenzó a investigar a las personas encerradas. En concreto, se dedicó un gran esfuerzo a reconstruir las historias de vida de estas personas, a fin de localizar los episodios concretos que pudieron hacer que estas personas acabaran así. Pasan así a dar gran importancia a las familias “desestructuradas”, a la relación con los padres, etc., y paulatinamente se genera un sujeto distinto, diferente del resto: el delincuente. Es así como poco a poco (son procesos largos) se genera el vínculo entre delincuencia y cárcel que hoy parece tan natural y evidente.

Es fácil imaginar que es un proceso bastante complejo, lento y con diferencias entre países igual de interesantes que sus similitudes. Todo esto ha dado lugar a explicaciones también dispares. Así, coexisten explicaciones que ubican estas transformaciones en cambios en la economía del poder y la formación de un discurso científico (Foucault) con otras que señalan su surgimiento como una consecuencia no intencionada de una voluntad bienintencionada de ayudar a los pobres (Rothman). También existen explicaciones que relacionan este proceso con la necesidad de inculcar a los campesinos la disciplina necesaria en las nuevas fábricas urbanas (Melossi y Pavarini) que conviven con teorías que señalan la importancia de la transformación de sensibilidades culturales y la formación de los Estados centralizados (Spierenburg), o hasta que, en su mayoría, el proceso se debió al humanitarismo de los reformadores (Ignatieff).

En todo caso, el objetivo de estas entradas sigue siendo abrir cuestiones para la reflexión, más que cerrarlas. Saber que la cárcel es un invento moderno, y que sus orígenes están ligados a la gestión de grupos de poblaciones marginales, es un paso más hacia su desnaturalización y consiguiente repolitización, pues la cárcel es, y siempre ha sido, un instrumento político (y no una mera respuesta automática y evidente a los delitos).


El articulo original de Ignacio González Sánchez se publicó en 2015 en http://thesocialsciencepost.com/es/2015/03/algunas-notas-sobre-los-origenes-de-las-carceles/

viernes, diciembre 1

Aluvión, de Enrique Falcón


XXXVIII



: los menores que duermen en los suelos de las fábricas de Adidas ®
y 300 millones de beneficios 1

: los veinte mil niños secuestrados para el trabajo forzoso en las plantaciones de Kraft Foods / Oreo-Suchard-Toblerone ®
y 10.000 millones de beneficios

: los enfermos que manifestaron ataques de apoplejía en los ensayos clínicos de Aventis ®
y 2.000 millones de beneficios

: los miles de jóvenes desaparecidos por la Junta Militar apoyada por la Ford ®
y 800 millones de beneficios

: los dos millones y medio de muertos en la guerra financiada con la compra masiva de coltan por parte de Bayer ®
y 1.000 millones de beneficios

: las trabajadoras arrestadas tras denunciar los acosos sexuales en las plantas textiles de C&A ®
y 100 millones de beneficios

: los 87 trabajadores que murieron calcinados tras las rejas de la factoría de Chicco-Prenatal ®
y 40 millones de beneficios

: los temporeros bananeros que fueron intoxicados y represaliados por la Fresh Del Monte Produce Inc. ®
y 100 millones de beneficios

: las montadoras de muñecas Barbie con un solo día libre al año en las fábricas jugueteras de la Mattel ®
y 600 millones de beneficios

: los sindicalistas asesinados por los escuadrones que entrenaron las envasadoras de Coca-Cola Company ®
y 4.000 millones de beneficios

: los comerciantes locales que expolió Unilever Group / Rexona-Axe-Elizabeth Arden ®
y 5.000 millones de beneficios

: los angoleños que escarbaron con su muerte la extracción del petróleo para Agip ®
y 4.000 millones de beneficios

: las trabajadoras humilladas en las "factorías de patio trasero" de la Gap ®
y 700 millones de beneficios

: los enfermos de esquizofrenia sometidos a los brutales ensayos de la Bristol-Myers Squibb ®
y 2.000 millones de beneficios

: los recolectores menores de 14 años expuestos a los plaguicidas de la Dole Food Company ®
y 30.000 millones de beneficios

: los campesinos expulsados de sus tierras por los proyectos mineros que financia el Deutsche Bank ®
y 3.000 millones de beneficios

: el pan tasado y comido con susto, la devastación partida de mi boca
y el furor que desarma las vasijas del hambre

: las torturas y las ejecuciones extrajudiciales operadas en los campos de gas de la Exxon Mobil ®
y 11.000 millones de beneficios

: los ciudadanos represaliados y ejecutados por las dictaduras que financia la Total-Cepsa-Elf ®
y 11.000 millones de beneficios

: las mujeres golpeadas por los supervisores de trabajo en las plantas asociadas a Disney ®
y 2.000 millones de beneficios

: las trabajadoras chinas que no pueden beber agua en las plantas neoyorkinas de DKNY / Christian Dior / Emilio Pucci ®
y 2.000 millones de beneficios

: los montadores desprotegidos en las maquilas mexicanas de la General Motors Corp. ®
y 1.000 millones de beneficios

: los 245 pacientes muertos por la ingesta del "Zyban" de la Glaxo Smith Kline ®
y 8.000 millones de beneficios

: los sindicalistas argentinos desaparecidos tras la denuncias efectuadas en la Daimler-Chrysler / Mercedes-Benz ®
y 3.000 millones de beneficios

: las obreras búlgaras desnudadas a la fuerza ante la dirección de las fábricas proveedoras de Levi Strauss ®
y 20 millones de beneficios

: los muchachos de entre 12 y 13 años con jornadas laborales de doce horas de la McDonald’s Corporation ®
y 1.000 millones de beneficios

: los pobladores de las selvas arrasadas por Mitsubishi Corp. ®
y 700 millones de beneficios

: los centenares de miles de bebés africanos que murieron por las campañas de propaganda de Nestlé S.A. ®
y 5.000 millones de beneficios

: los campesinos empobrecidos por las prácticas de "robo por patente" de Monsanto ®
y 1.000 millones de beneficios

: los muchos que cayeron bajo las armas importadas por BP ®
y 8.000 millones de beneficios

: el millón y medio de personas forzosamente desplazadas por los proyectos hidroeléctricos de Bosch-Siemens ®
y 2.000 millones de beneficios

: las trabajadoras que tras quedarse embarazadas son despedidas en las fábricas de Samsung ®
y 5.000 millones de beneficios

: los empleados que duermen hacinados en las fábricas de Wal-Mart ®
y 5.000 millones de beneficios

: los activistas ejecutados por el gobierno con la complicidad de la Royal-Dutch Shell Group ®
y 10.000 millones de beneficios,

y 10.000 millones de beneficios,

y 10.000 millones de beneficios.


1 Los millonarios beneficios anuales de estos grupos empresariales corresponden al ejercicio 2002 y están expresados en euros. Fuentes: comunicados de prensa e informes económicos publicados por las respectivas empresas durante el primer trimestre de 2003 (ref.: K. Werner y H. Weiss: Das Neue Schwarzbuch Markenfirmen, Viena, agosto de 2003).




ENSAYANDO UN GRITO POR DETRÁS DE LA TORMENTA





(…) Quiero hablarte de él, porque creo que el anarquismo es la cosa más preciosa y más grande que el hombre ha pensado nunca…”



(Alexandr Berkman)





para Antonio







En este lugar

la marea se nos come los dedos:

apenas en cuclillas

nos avisan los muertos su tardanza azul.

Tú y yo buscamos, Antonio, mientras tanto que pare

la mentira del mundo,

el miedo en nuestras uñas,

el cansancio por pasar cuando vuelvan los disparos.

Por detrás de las tormentas bailan nuestros muertos

en un canto imposible de heridas y lianas:

fértiles deshechos

que nos han de crecer brutalmente en la boca

y entonces irrumpir al final de los poemas.

Encendemos antorchas por detrás de la montaña

hasta que, mudos, nos quemamos la lengua

con la cal aún ardiente de todas estas víctimas:

de ellas no más somos

su misma caída o su espera impenetrable.

Y así nos queremos, mientras hay la resistencia:

tensos e increíbles arañando la calle:

ensayamos un grito por detrás de la tormenta,

ensayamos un grito por detrás de la tormenta.


Enrique Falcón. Aluvión. La oveja roja, 2017