Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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miércoles, julio 9

The Settlers (Los Colonos)

 

Director: Louis Theroux. BBC. Reino Unido, abril 2025

La cobertura que los medios británicos han realizado del genocidio perpetrado por Israel durante los últimos 20 meses ha sido vergonzosa. Por ejemplo, hace unas semanas, la BBC canceló una entrevista entre los futbolistas Gary Lineker y Mo Salah, conocidos por sus posicionamientos antisionistas, por miedo a que hablaran de Gaza. Lo expresó muy bien el actor irlandés Liam Cunningham – famoso por interpretar a Ser Davos en Juego de Tronos – cuando dijo, en una entrevista realizada justo después de ver zarpar a la Flotilla de la Libertad rumbo a Gaza, que “no me veréis dar una entrevista en la BBC. Tengo una buena relación con la BBC, no habría tenido la carrera profesional televisiva que he tenido si no fuera por esta cadena y siempre le estaré agradecido. Pero me quedo con la boca abierta cuando veo su telediario. No me puedo creer lo que estoy viendo, me recuerda al término ‘la tiranía de la equidistancia’ o ‘del término medio’ que acuñó Paul Krugman. La excusa de la imparcialidad. Si estuviéramos en 1944 o 1945, en el momento en el que descubrimos los horrores de Auschwitz, ¿entrevistarían a Heinrich Himmler para que diera su opinión sobre el genocidio? Porque eso es lo que están haciendo ahora”.

Sin embargo, de vez en cuando, periodistas como Louis Theroux, aprovechan su buena reputación para introducir reportajes sobre el régimen de apartheid y racismo de Israel en cadenas mainstream como la BBC. Y el documental The Settlers (2025) es una buena prueba de ello.

Catorce años después de su primera visita y de su documental de 2011 The Ultra Zionists, Louis Theroux se reencuentra en este documental con parte de la creciente comunidad de israelíes nacionalistas religiosos que se han instalado en Cisjordania –en asentamientos ilegales según el derecho internacional, pero que están siendo sido protegidos por el ejército, la policía y el gobierno israelí– y van armados hasta los dientes.

Antes de los ataques liderados por Hamás el 7 de octubre de 2023, la violencia ejercida por estos colonos fanáticos contra la población palestina se había disparado –de hecho, se señaló como uno de los motivos de la ofensiva–, pero desde esa fecha las agresiones y el número de asentamientos se han incrementado exponencialmente. Lo que antes era un movimiento más o menos marginal que el Estado oficialmente no promovía –aunque siempre ha tolerado implícitamente– ha obtenido ahora apoyo explícito en los niveles más altos del gobierno, con simpatizantes y colonos que ocupan cargos clave en el gabinete. La ocupación de los territorios palestinos en Gaza y Cisjordania ahora forma parte del proyecto político oficial del Ejecutivo de Netanyahu, que clama que todo el territorio palestino forma parte del Gran Israel y que los árabes no tienen cabida en él.

Theroux viaja a Cisjordania, donde se encuentra con colonos destacados y los entrevista. Y sus palabras dejan entrever, sin ambalajes, la corrupción moral de una sociedad colonial, basada en supremacismo judío y en el odio racial. Los colonos reconocen abiertamente que consideran a los palestinos –de hecho, un colono de origen estadounidense incluso llega a decir que “los palestinos no existen”– sujetos carentes de derechos, que deben ser expulsados.

Cabe señalar que Theroux no parece ser un activista propalestino. Le pregunta a sus entrevistados cosas tan leves como si aceptarían la solución de los dos Estados o un único Estado con los mismos derechos para todo el mundo, o si les parece mal la violencia que ejercen sobre los palestinos. Pero las respuestas reproducen un escandaloso discurso genocida, ante la cual no puede ocultar lo que le repugna.

Uno de los momentos más chocantes del filme es una entrevista a Daniella Weiss, considerada la ‘madrina’ del movimiento de asentamientos, quien aboga por una limpieza étnica sin pelos en la lengua. “Queremos un Estado judío, los palestinos no pueden ser nuestros vecinos, somos demasiado diferentes”, le dice. En un momento dado, Theroux le hace ver que no tener ninguna consideración por otras personas “parece un comportamiento sociópata”, a lo que ella responde encogiéndose de hombros, con una sonrisa. Por supuesto, los lobbies sionistas llevan varias semanas criticando en redes al periodista por insultar “a una pobre abuela” o por su “falta de imparcialidad”.

 Una escena que se ha difundido mucho en redes sociales en las últimas semanas es la del momento en que Theroux va andando por la calle junto a su guía palestino. De repente, un soldado para al señor árabe, le dice que él no puede caminar por esa calle y le expulsa del lugar. Cuando el periodista le pregunta que por qué no puede pasar por ahí, el militar responde que “hay límites en esta calle para palestinos”. En redes sociales se ha comparado esta escena con una de El Pianista (2002), en la que un oficial nazi obliga a un judío a bajarse de la acera y caminar por la carretera.

Quizás para quienes seguimos a diario la actualidad palestina este documental no nos aporte nada que no sepamos. Pero es muy útil para esos momentos en los que nos toca discutir con un tirano de la equidistancia, con un cuñado que niega el genocidio palestino o que defiende el derecho de Israel a “defenderse de los radicales de Hamás”. Gracias a documentales como éste podemos mostrarles cómo las propias palabras de los colonos les comprometen y supuran odio, supremacismo, racismo y afán de limpieza étnica.

El documental se puede ver en Films for Action

 

https://www.todoporhacer.org 

martes, junio 24

Ursula K. Le Guin: mucho más que ciencia ficción

 


La obra de Ursula K. Le Guin (1929-2018) es reconocida por sus aportes literarios en la ciencia-ficción, como es el caso del llamado ciclo de Ekumen (a la que pertenece la famosa novela Los desposeídos).

Son conocidas las simpatías de Le Guin por las ideas anarquistas, a las que ha definido como las más humanas, complejas e interesantes de todas las teorías políticas.

En gran parte de su voluminosa obra, Le Guin ha plasmado las ideas libertarias de igualdad, cooperación, apoyo mutuo y rechazo de los abusos de poder.

En Los desposeídos, desarrollada en los años 70, la escritora nos ofrece la utopía anarquista convertida en realidad en el planeta Anarres, situado a varios años luz de la Tierra, donde se exiliaron los llamados odonianos después de una revolución fallida para construir un sistema sin autoridad y con la solidaridad como norma básica de conducta.

Con esta obra, se nos demuestra un gran conocimiento de las ideas libertarias, de un modo nada simplista ni maniqueo, ya que el mundo de Anarres no está para nada exento de conflictos humanos, imposibles de erradicar en sociedad alguna.

Los habitantes de Anarres proceden de Urras, del cual se desvincularon ciento sesenta años atrás, un mundo donde se han reproducido los males de la Tierra que conocemos, ya que se encuentra organizado en Estados y con una diferencia abismal entre ricos y pobres. Shevek, gran científico que trabaja en una ecuación que marcará la diferencia para las siguientes generaciones, será el primer habitante de Anarres en visitar Urras y descubrir una realidad para él desconocida.

Los desposeídos de Urras tendrán en Shevek un símbolo de una sociedad mejor, sin gobierno ni explotación económica, por lo que no resulta extraño que los poderosos se esfuercen en esconderlo.

Shevek representa una idea peligrosa para los intereses de dirigentes y privilegiados, la idea del anarquismo convertida en realidad y esperanza para todos los oprimidos, al mismo tiempo que se erige en el individuo que puede trascender las fronteras de desconfianza entre los diferentes mundos.

Además de sus numerosas novelas, fue la autora de una decena de libros de poesía, más de cien cuentos (reunidos en varios tomos), siete colecciones de ensayos, trece libros para niños y cinco volúmenes de traducción, incluyendo el Tao Te Ching, de Lao Tse (debemos recordar la influencia del taoísmo en la cosmovisión de Ursula K. Le Guin ) y poemas selectos de Gabriela Mistral.

El presente documental fue producido con la participación de la propia Ursula K. Le Guin durante más de diez años. Es un viaje a través de la carrera de la escritora y los mundos que imaginó, tanto reales como fantásticos.

En el transcurso de este trayecto, la propia Le Guin empezará a redescubrirse a sí misma y su obra, ahora reivindicada como autora feminista, algo que ha abierto las puertas de la imaginación y ha inspirado a una nueva generación de mujeres escritoras y otros autores marginalizados que han querido abrirse paso en un género tan masculino como ha sido históricamente la fantasía y la ciencia ficción.

En su camino la acompañan otrxs grandes escritorxs del género, como Margaret Atwood o David Mitchell.

Para saber más sobre Ursula K. Le Guin es conveniente leer la profusa entrada que le dedica Wikipedia.

Documental: Ursula K. Le Guin: Una pionera de la ciencia ficción y la fantasía

 

 

Esta película explora la extraordinaria vida y el legado de la fallecida autora feminista Ursula K. Le Guin. Conocida por obras innovadoras de ciencia ficción y fantasía como Un mago de Terramar, La mano izquierda de la oscuridad y Los desposeídos, Le Guin se mantuvo desafiante y al margen de la literatura «respetable» hasta lograr la excelencia en su trabajo. Su fascinante historia nunca antes se había mostrado en una película. Producida con la participación de Le Guin, durante una década, la película es un viaje a través de la carrera de la escritora y su mundo, tanto el real como el fantástico. Este documental fue producido y dirigido por Arwen Curry. Se estrenó en 2018. 

 

 Casa del Pueblo Gijón / Redacción

domingo, junio 15

La industria del holocausto


Mientras los palestinos mueren hoy en día en Gaza, masacrados por el Estado de Israel, resulta llamativa la cantidad de cultura popular (el cine, mayormente) que sigue recogiendo el horror del holocausto producido, mayormente, sobre el pueblo judío (aunque sea ya un lugar común aclararlo, no solo contra los judíos). Solo en el momento en que escribo estas líneas, en la cartelera española se encuentran los films The Brutalist, premiada obra que hay quien ha calificado de propaganda sionista más o menos justificadora de que cualquier medio sería válido para construir la nación israelí (aunque sea con la sangre de otros), Lee Miller, sobre la fotógrafa de moda que acabó yendo al frente de guerra para recoger en imágenes los desmanes del Tercer Reich, o A Real Pain, situada en la actualidad, con tono de comedia, en la que dos jóvenes recorren Polonia recuperando la memoria sobre sobre el holocausto producido sobre sus ancestros. El paradigma de la obra fílmica más efectista sobre el tema lo constituye quizás La lista de Schindler, firmada por el a menudo sensiblero y superficial Steven Spielberg. El pianista, de Polanski, aporta en cambio algunos interesantes matices sobre la actitud (humanamente comprensible, dado el horror) de parte de la comunidad judía sin caer en ese atroz maniqueísmo. Si echamos un vistazo atrás, todos los años hay un bombardeo constante sobre la misma temática y, ojo, no digo que me parezca mal a priori siempre y cuando se denuncien todas y cada uno de las matanzas y opresiones originadas en autoritarismos de diversa índole.

Para el caso que nos ocupa, me hacen gracia esos cretinos reaccionarios que han señalado la gran cantidad de películas, que supuestamente se realizan en España denunciando el horror fascista que originó el golpe de Estado y la posterior dictadura franquista; siempre diremos lo mismo, ¡no las suficientes! Franco no era Hitler, argumentan esos mismos botarates, y no sé de cuánta extensión debe ser el genocidio para denunciarlo de manera clara. Vuelvo al tema del holocausto judío y se me dirá que todas estas obras mencionadas, en cuya calidad cinematográfica no entro, aportan todos los matices que se quieran, pero en cualquier caso tratan algo histórico sobre lo que creo que existe una conciencia muy extendida. Mientras, otros holocaustos siguen produciéndose en la actualidad. Cae en mis manos un libro que puede aportar algo de claridad, se trata de La industria del holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío, escrito ya hace algunos años por Norman G. Finkelstein. El autor, sostiene, que la Shoah (holocausto, en hebreo) se acabó convirtiendo en un discurso ideológico construido para legitimar el sionismo, el Estado de Israel, y a la vez obtener con él beneficios económicos. Uf, como puede suponerse, no se hicieron esperar las acusaciones a Finkelstein de antisemita e incluso negacionista, a pesar de ser él mismo judío hijo de víctimas de un campo de exterminio. Acusaciones idiotas que no caen en que refuerzan esas cada vez más solidas pruebas de que se ha construido todo un relato para blindar las críticas al Estado israelí y justificar todos sus desmanes sobre otros pueblos.

Se señala también que la comunidad judía en Estados Unidos no ha sido, a diferencia de otras, una minoría oprimida, más bien lo contrario. De hecho, parece que no hubo por su parte una atención especial sobre el holocausto antes de 1967, la guerra contra los árabes en la que el Estado de Israel mostró todo su potencia militar, por lo que acabó convertido en un fuerte aliado de Estados Unidos. Los malditos intereses económicos y geoestratégicos sobre los que la (creo que más bien privilegiada) comunidad judía estadounidense al parecer ha estado muy atenta. Quizá un precedente de esta denuncia estriba en Hannah Arendt, en concreto en su obra Eichmann en Jerusalén, donde trató de indagar en los mecanismos psicológicos que apuntalan el horror totalitario (que podría aplicarse a cualquier Estado, por muy democrático que se presente, como es el propio israelí) sin simplificaciones de ningún tipo. Arendt misma, claro, sufrió la acusaciones de rigor por parte de los colectivos de influencia judíos, a pesar de pertenecer ella también a esa etnia. Ha habido otras voces como la de Finkelstein, que han tratado de ser acalladas, que han realizado esa doble denuncia de una supuesta legitimidad sionista para sus desmanes: la del derecho religioso, justificado como pueblo elegido, para adueñarse del territorio palestino, y la que se encuentra también amparada, de manera hipócrita para muchos, en la memoria de la víctimas del holocausto. En cualquier caso, argumentos históricos aparte, resulta digno de reflexión (y de irritación) ese control sobre la cultura popular que llega a las masas, para convertir la conciencia en poco más que parte de un museo, y al mismo tiempo justificar los horrores que se siguen produciendo mientras escribo estas líneas. Pueden irse al diablo los que a mí mismo me acusen de antisemitismo, o cualquier otra estupidez parecida, y seguiremos abogando por una humanidad unida, eso tan bello que los anarquistas clásicos denominaban fraternidad universal, denunciando los diversos poderes políticos, económicos y religiosos.

 

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2025/03/22/la-industria-del-holocausto/

 

jueves, enero 23

Infiltrats

 


Directoras: Gemma Garcia Fàbrega y Sònia Calvó Carrió. Producido por 3cat (TV3) con la colaboración de La Directa y Polar Star Films. Investigación a cargo de Jesús Rodríguez, Ester Fayos, Irene Molina, David Bou, Marc Iglesias y Gemma Garcia. Enero 2025. 58 minutos.

«Xurri, saps què no et perdonaria jo mai de la vida? Que et diguessis Maria Isern Torres. No t’ho perdonaria mai…«. El momento más duro del reportaje Infiltrats recoge el momento en el que Òscar Campos, activista de Girona, confronta a su pareja por videollamada, de la cual acaba de descubrir que es una policía infiltrada. «T’hem pillat«, le espeta, con la voz entrecortada, ante el silencio de ésta. «Ya…«, es lo único que ella puede responder en el momento, avergonzada. Se encuentra junto a su madre, su madre real, que también había participado del engaño. La madre intenta defender a su hija, sin éxito, y Òscar y Maria siguen conversando.

Maria reconoce que actuaba bajo las órdenes de la Comisaría General de Información y explica que «hi ha infiltrats a tot Espanya, ho entens? A tot Espanya: Salamanca, Màlaga, Granada… Hi ha infiltrats a tot Espanya. És que vosaltres ho heu associat tot a independentisme. No és ver, no és ver«. Y, desesperada, continúa hasta el final con la manipulación: «Sé que sempre ho he dit, sona hipòcrita o el que sigui, però és que tu m’has conegut a jo de veres. És que no me sent… És a dir, t’ho jur… Només t’he ocultat que he estudiat Criminologia i que soc policia«.

Òscar y Maria habían sido pareja durante tres años. Él pensaba que Maria se apellidaba Perelló, pero en realidad era Isern. Durante este tiempo, Maria le acompañó a manifestaciones, asambleas y actos públicos y privados del movimiento independentista catalán e informó a sus superiores de todo lo que ocurría en ellos. Incluso también le acompañó a una reunión con sus abogados – Òscar estaba imputado por una acción de corte de las vías del ave – y tuvo acceso a toda su estrategia de defensa.

En los últimos años, medios como La Directa y El Salto han destapado nueve casos de infiltraciones policiales en los movimientos sociales de Catalunya, València y Madrid. Este documental desgrana cómo lo hicieron, los patrones que siguieron, cómo entraron y cómo salieron de estos movimientos y los errores que cometieron al hacerlo (el fallo más notable fue que uno de los agentes se dejó un pen drive, del cual había eliminado unas fotografías en la Escuela de Policía de Ávila, las cuales pudieron ser recuperadas). Y, sobre todo, el filme sirve para poner voz y rostro a las víctimas, para que nos muestren, frente a la cámara, el dolor que sufrieron al enterarse de que habían mantenido relaciones sexoafectivas con agentes que les estaban espiando.

A través de entrevistas a activistas, afectadas, abogadas, historiadores, psiquiatras e, incluso, una portavoz de un sindicato policial (la única dispuesta a responder a las preguntas, ante la negativa de la Dirección General de la Policía y del Ministerio del Interior a participar en el programa), este documental evidencia cómo la policía se saltó los límites legales y éticos para espiar a activistas.

 Podéis ver el documental completo en este enlace

miércoles, noviembre 6

Lucrecia: Un crimen de odio

 


David Cabrera y Garbiñe Armentia. Serie Documental de cuatro capítulos. Disney. 2024.

Cuatro capítulos de 30 minutos son insuficientes para abordar el asesinato de Lucrecia Pérez en 1992. Un feminicidio racista que fue expuesto en los medios de comunicación como el primer crimen xenófobo de la democracia, y que dejó una marca indeleble en la historia social y judicial de España. Los hechos son de sobra conocidos: de la plaza de los Cubos (situada en el centro de Madrid, junto a la Plaza de España, y epicentro habitual de la basura nazi durante años) sale un coche rumbo a Aravaca, lo conduce un guardia civil que porta pistola e ideología de extrema derecha incrustada en el alma, junto a él van tres chavales menores de edad que son skinheads nazis, el tipo conduce saltándose semáforos hasta las ruinas de la discoteca Four Roses, situada a la orilla de la carretera de la Coruña, donde pernoctan migrantes dominicanxs que mayoritariamente trabajan explotadxs limpiando las casas de la clase alta local, irrumpen a patadas y el agente de la autoridad descerraja tres tiros contra quienes estaban cenando a la luz de una vela, vuelven a Cubos a beber cerveza y jactarse de la hazaña, Lucrecia fallece en el acto y otro hombre permanece herido de cierta gravedad. Lo que aporta este documental, y a la vez en lo que se queda claramente corto, no tiene que ver con cuestiones periciales ni reconstrucciones ficcionadas de las que son habituales en los programas televisivos, sino con la exploración del conjunto de circunstancias de toda índole que posibilitan el propio asesinato.

En palabras del fiscal que formularía la acusación durante el juicio, a Lucrecia Pérez se la mata por pobre, negra y extranjera. La España moderna y seductora de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo’92 tiene una sórdida cara B: un cuerpo armado como la guardia civil lleno de fascistas (de hecho, el Estado tendría que indemnizar a la hija de Lucrecia al reflejarse en la condena que pese a que los mandos conocían la filiación ideológica del asesino, no hicieron nada al respecto), familias adeptas al antiguo régimen que crían pequeños rapados, un terreno social abonado al racismo alimentado a su vez con la explotación laboral de las primeras poblaciones migrantes, desidia policial frente a una oleada de agresiones, coexistencia de nostálgicas organizaciones de ultraderechistas con la ultraviolencia callejera de Bases Autónomas (que precisamente instaban a la organización informal autónoma y las acciones descentralizadas contra personas racializadas, homosexuales y movimientos sociales)… El asesinato no responde a una acción planificada por un movimiento organizado, pero eso no quiere decir que se trate de algo aislado, todo lo contrario, se inserta en una serie de lógicas y contextos. Y lo relevante de visionar esta serie documental reside en recurrir a la memoria histórica para para pensar el racismo tres décadas después, cuando este mismo verano se han producido los pogromos racistas de Reino Unido (jaleados a través de redes sociales por el fascista Tommy Robinson y a la sombra de las palabras de Elon Musk prediciendo lo inevitable de una guerra civil en Europa) y su conato de reproducción en nuestro territorio a raíz del asesinato de un niño en Mocejón, Toledo (aquí los bulos de que el culpable era un migrante magrebí fueron promovidos por el eurodiputado Alvise Pérez, periodistas de medios de digitales financiados con fondos públicos, distintos militantes de extrema derecha y una masa informe de ciudadanos dispuestos a creer y compartir la mierda que les echen siempre y cuando les exculpe de sus propias miserias).

En 1992 se produjeron movilizaciones antirracistas por todo el país, algunas de ellas históricamente multitudinarias, el antifascismo se fue dotando progresivamente de estructuras y recursos para dar respuesta a la ofensiva xenófoba. Hubo una respuesta social porque se produjo una interpelación social efectiva que arranca de la propia organización y protesta de la comunidad dominicana madrileña. Para muchas personas supuso el acercamiento a asambleas y colectivos de base. Quizás un producto cultural generalista como Lucrecia: Un crimen de odio pueda ser útil a la hora de hacernos preguntas con las que diseccionar el racismo que atraviesa hoy nuestra sociedad y poder combatirlo en mejores condiciones. ¿Cómo impactaría una noticia parecida cuando se está retransmitiendo un genocidio por redes?, ¿hay una suerte de anestesia emocional frente al horror, una distancia postpandémica con respecto a la realidad más cruel?, ¿cómo desbordarla si es que existe?, ¿hay maneras de anticipar una respuesta organizada en la calle frente a quienes buscan desencadenar disturbios raciales?, ¿hasta qué punto la propagación de bulos racistas pueden acabar en asesinato?, ¿cuál es el papel dentro de la violencia xenófoba de la gente más joven (al asesino de Lucrecia le acompañaban tres chavales de instituto de 16 años)?, ¿cuál es la incidencia real de la extrema derecha en las fuerzas de seguridad del estado (porque esta existe, véase por ejemplo el reciente acuerdo de un sindicato policial con la empresa Desokupa para recibir formación o los porcentajes de voto destinado a Vox entre policías y militares) y hasta dónde puede llegar (recordemos que este mismo año se han investigado a 400 policías en Alemania por sus vínculos con organizaciones neonazis)?, ¿qué sabe realmente eso que llamamos la opinión pública de las condiciones de vida de la población migrante, de su trascendencia en la economía (el empresariado más racista de este país es a su vez el que más se vale de la mano de obra barata), de la naturaleza de sus comunidades y vínculos (en el documental, Bernarda Jiménez, presidenta de la Asociación Voluntariado Madres Dominicanas, explica claramente cómo venían alertando de que algo así podía suceder sin que nadie les hiciera caso)…?

Démosle un valor de uso a este documental. El auge internacional del racismo lo exige.

 

https://www.todoporhacer.org 

miércoles, septiembre 7

[Documental] On Nation (and other dogmas)

 

 

A partir de la reapropiación de imágenes de archivo de contenidos dispares (imágenes de guerra, partidos de futbol, celebraciones sociales, rituales religiosos, personajes históricos...), y procedentes de distintas fuentes (entre las que se incluyen películas de Chris Marker, Alain Resnais, Leni Riefenstahl o Gianikian y Ricci Lucchi, junto a imágenes de spots, telediarios...), la productora Zavan Films elabora este complejo y caleidoscópico trabajo sobre las identidades (nacionales, religiosas, comerciales...) y su relación con la guerra, los beneficios económicos y los "crímenes legales".

viernes, junio 24

Cada instante de su vida ha sido invadido


Mi optimismo está basado en la certeza de que esta civilización está por derrumbarse. Mi pesimismo, en todo lo que hace por arrastrarnos en su caída.


La servidumbre moderna es una esclavitud voluntaria, consentida por la muchedumbre de esclavos que se arrastran por la faz de la tierra. Ellos mismos compran las mercancías que los esclavizan cada vez más. Ellos mismos procuran un trabajo cada vez más alienante que se les otorga si demuestran estar suficientemente amansados. Ellos mismos eligen los amos a quienes deberán servir. Para que esta tragedia absurda pueda tener lugar, ha sido necesario despojar a esa clase de la conciencia de su explotación y de su alienación


[...]


Al igual que los esclavos de la antigüedad, que los siervos de la Edad Media y que los obreros de las primeras revoluciones industriales, estamos hoy en día frente a una clase totalmente esclavizada, solo que no lo sabe o más bien, no lo quiere saber. Ellos ignoran la rebelión, que debería ser la única reacción legitima de los explotados. Aceptan sin discutir la vida lamentable que se planeó para ellos. La renuncia y la resignación son la fuente de su desgracia.


He ahí la pesadilla de los esclavos modernos que no aspiran sino a ser llevados por la danza macabra del sistema de la alienación.


La opresión se moderniza expandiendo por todas partes las formas de mistificación que permiten ocultar nuestra condición de esclavos.


Mostrar la realidad tal como es y no tal como la presenta el poder, constituye la subversión más genuina. Sólo la verdad es revolucionaria.


[...]


A medida que el sistema de producción coloniza todos los sectores de la vida, el esclavo moderno, no conforme con su servidumbre en el trabajo, sigue desperdiciando su tiempo en las actividades de esparcimiento y las vacaciones planificadas. Ningún momento de su vida escapa al dominio del sistema. Cada instante de su vida ha sido invadido. Es un esclavo de tiempo completo.


[...]


La medicina occidental no conoce sino un remedio contra los males que sufren los esclavos modernos: la mutilación. Es a base de cirugías, de antibióticos o de quimioterapia que se trata a los pacientes de la medicina mercantil. Nunca se ataca el origen del mal sino sus consecuencias, porque la búsqueda de las causas nos conduciría inevitablemente a la condenación implacable de la organización social en su totalidad.


[...]


Justificamos nuestra cobardía al enfrentamiento legítimo contra las fuerzas que nos oprimen con un discurso lleno de humanismo moralizador. El rechazo a la violencia revolucionaria está anclado en los espíritus de aquellos que se oponen al sistema defendiendo unos valores que el mismo sistema les ha enseñado. Pero cuando se trata de conservar su hegemonía, el poder no vacila nunca en utilizar la violencia.


[...]


El control de las conciencias es el resultado de la utilización viciada del lenguaje por la clase económica y socialmente dominante. Siendo el dueño de todos los medios de comunicación, el poder difunde la ideología mercantil a través de la definición fija, parcial y amañada que le atribuye a las palabras.


Las palabras son presentadas como si fueran neutras y su definición como evidente. Controladas por el poder, designan siempre una cosa muy distinta a la vida real.


Es ante todo un lenguaje de la resignación y de la impotencia, el lenguaje de la aceptación pasiva de las cosas tal como son y tal como deben permanecer. Las palabras actúan por cuenta de la organización dominante de la vida y el hecho mismo de utilizar el lenguaje del poder, nos condena a la impotencia.


El problema del lenguaje es el punto esencial de la lucha por la emancipación humana. No es una forma de dominación que se añada a otra sino que es el centro mismo del proyecto de sometimiento del sistema mercantil totalitario.


Es a través de la reapropiación del lenguaje y, por tanto, de la comunicación real entre las personas, que surge de nuevo la posibilidad de un cambio radical. 


[...]


...¿creen ustedes que existe una diferencia fundamental, entre la socialdemocracia y la derecha populista en Francia, entre demócratas y republicanos en Estados Unidos y entre laboristas y conservadores en el Reino Unido? No existe ninguna oposición, puesto que los partidos políticos dominantes están de acuerdo en lo esencial: la conservación de la presente sociedad mercantil. Ninguno de los partidos políticos que pueden acceder al poder pone en entre dicho el dogma del mercado. Y son esos mismos partidos los que, con la complicidad mediática, acaparan las pantallas; riñen por pequeños detalles con la esperanza de que todo siga igual; se disputan por saber quién ocupara los puestos que les ofrece el parlamentarismo mercantil. Esas pobres querellas son difundidas por todos los medios de comunicación con el fin de ocultar un verdadero debate sobre la elección de la sociedad en la que queremos vivir. La apariencia y la futilidad dominan sobre el profundo enfrentamiento de ideas. Todo esto no se parece en nada, ni de lejos, a una democracia. La democracia real se define en primer lugar y ante todo por la participación masiva de los ciudadanos en la gestión de los asuntos de la ciudad. Es directa y participativa. Encuentra su expresión más autentica en la asamblea popular y en el dialogo permanente sobre la organización de la vida en común. La forma representativa y parlamentaria que usurpa el nombre de democracia limita el poder de los ciudadanos al simple derecho de votar; es decir, a nada.


[...]


Las sillas parlamentarias son ocupadas en su inmensa mayoría por la clase económicamente dominante, ya sea de derecha o de la pretendía izquierda social demócrata.


 

De la servidumbre moderna (2009), Jean-François Brient

Extraído de https://arrezafe.blogspot.com

 

jueves, febrero 24

La generación del desengaño: el día que los obreros quemaron la Asamblea Regional de Murcia en 1992

 


A principios de los años 90, durante la presidencia de Carlos Collado (PSOE) en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, este territorio sufría una de las crisis económicas más graves de su historia reciente, vinculada a la grave crisis económica nacional que se estaba viviendo en todo el país. Y esta crisis estaba afectando de manera especialmente severa a la ciudad costera de Cartagena, principal eje industrial de la región, y foco de la organización obrera ante el desempleo.

El 3 de febrero de 1992, más de dos mil trabajadores indignados se concentraron en los alrededores del edificio de la Asamblea Regional de Murcia, en Cartagena. Ante la violencia policial desatada, los obreros lanzaron piedras contra las ventanas del edificio administrativo, e incluso lo incendiaron con cócteles molotov. Esa acción que ocupó todas las portadas de periódicos estatales al día siguiente, fue el reflejo de un hartazgo obrero generalizado. Era una respuesta a la represión policial dirigida desde el gobierno del PSOE, y que aún trataba de convencer desesperadamente a la clase trabajadora de sus falsas políticas progresistas.

Se malvivía en una España, unida a la fuerza, que nunca fue grande, y mucho menos libre, por supuesto. Un país de élites burguesas y aristócratas muy grises, con tufo a nacional-catolicismo de toda la vida, con distintos perros y los mismos collares, porque la Transición fue eso, disfrazar de transformación radical un estado de las cosas, para que los ejes de la clase dominante siguieran siendo los mismos. Si bien es cierto que gran parte de esa sensación de transformación vivida en los 80, la aportaron ciertos refinamientos culturales progresistas y movimientos como la famosa (y reaccionaria) Movida Madrileña, o la menos conocida Movida Viguesa; se comenzaba a vislumbrar una generación de desilusión y desengaño. La falsa apariencia de cambio en lo cultural encerraba una trampa, y es que en lo sustancial, la clase trabajadora del Estado español se estaba desangrando en las reconversiones industriales que el neoliberalismo global imponía. Y la juventud en los barrios experimentaba en sus venas las sensaciones de escapatoria que aportaba la heroína a una realidad difícil de soportar y a un futuro repleto de incertidumbre.

El régimen político español se presentaba con su campechana monarquía y sus chaquetas de pana con coderas identificadas en la cúpula de un PSOE que hacía gustosamente la guerra sucia desde las cloacas del Estado. La inmensa labor aplaudida por los neoliberales que le correspondió llevar adelante al gobierno de Felipe González aquellos años fue cambiar la estructura socio-económica para adaptarse a unos tiempos que vislumbraban el triunfo aplastante del capitalismo internacional. Se sentaron algunos mantras como ‘renovarse o morir’, que nos han llevado a un siglo XXI donde seguimos arrastrando el peso de aquél mundo que se caía a pedazos y que hoy día no está siquiera mucho mejor. Es más, seguramente lo encontremos igual de despedazado e incierto, pero con peores herramientas con las que defendernos colectivamente.

La gran estafa del 92: Expo de Sevilla y Olimpiadas de Barcelona.

El año 1992 marcó un punto de no retorno político en la Europa mediterránea y dejó un legado que aún se sigue vendiendo como una victoria cultural y social definitiva frente al pasado. España siempre ha sido criminalmente el campo de experimentación de transformaciones y conflictos a nivel internacional. De la misma manera que la Guerra Civil española había sido la antesala de la Segunda Guerra Mundial, el año 1992 suponía la culminación de un proyecto político y económico de imposición total del capitalismo en la región del Mediterráneo. Si bien Grecia fue metida en vereda a través de la Dictadura de los Coroneles (1967-1974), Italia en los setenta a través de la represión en los Año del Plomo, y el proyecto político español estaba asegurado con el continuismo franquista en la Monarquía parlamentaria; hacía falta una culminación del neoliberalismo mundial que conquistase el terreno cultural. El Muro de Berlín había caído, y era el momento de extender las alambradas del capitalismo triunfante y su miseria.

A finales de los años 80 en España se fueron preparando dos eventos mundiales de gran importancia: la Exposición Universal de Sevilla, y los Juegos Olímpicos de Barcelona; junto con un tercer evento que fue el nombramiento de Madrid como Capital Europea de la Cultura. Todo ello en un año 1992 en que simbólicamente se celebraba también un acontecimiento colonialista, lo que vinieron a denominar el V Centenario del ‘Descubrimiento’ de América, y que tuvo contestaciones por comunidades indígenas en la ciudad de Sevilla, epicentro de la Expo 92. Una plataforma para mostrarle al mundo que se había dejado atrás la dictadura franquista, y que el país estaba preparado para las reformas necesarias del capitalismo a las puertas del nuevo milenio. Estos eventos supusieron un gasto económico estratosférico de un país, que sin embargo le robaba el futuro a la clase trabajadora con las reconversiones industriales y el fin del mundo laboral de la mayor parte del siglo XX. También significaba el reordenamiento urbano, la desaparición de barrios populares, y el inicio de una gentrificación violenta, que ya fue denunciada en su momento por las asociaciones vecinales y el tejido social. En concreto Barcelona, se convertía en una ciudad que gente de todas partes del planeta ansiaba visitar; es el inicio de la especulación, turistificación masiva, las inversiones capitalistas en infraestructuras que después dejaron auténticos cadáveres arquitectónicos en las urbes y barrios guetificados en sus afueras.

La revuelta murciana de los obreros industriales en Cartagena.

Y en mitad de todo ese contexto que le da un sentido a los hechos, sucede como contrapunto salvaje el incendio de la Asamblea Regional de Murcia ese 3 de febrero de 1992 en la ciudad de Cartagena. Unos años en los que la reconversión industrial golpeó duramente a miles de familias obreras causando un desempleo y un shock social sobre el que se asentaban las bases del nuevo mundo laboral que se pretendía poner en marcha. La euforia olímpica e internacional de los grandes eventos culturales y deportivos, contrastaba con esas llamas que incendiaban el edificio político más relevante de la región murciana.

Ese incendio improvisado por los obreros murcianos en la tarde del 3 de febrero sacudía el embobamiento de una opinión pública entusiasmada con castillos de arena, con Cobi y Curro, joviales mascotas de los macroeventos; y que contrastaban con la realidad de las periferias, los barrios y las barriadas de las ciudades españolas; y un mundo rural también cada vez más en declive. Tras algunos meses de continuada tensión por los cierres en empresas del sector naval, minero y químico; Cartagena protagonizó una revuelta sin precedentes recientes en la región murciana. Concretamente sería los trabajadores de los Astilleros Bazán, empresa nacional encargada de las construcciones navales militares, que se fusionó a algunos astilleros civiles de Puerto Real, Gijón o Sestao, dando lugar a la empresa Izar, y posteriormente en 2005 tras otra restructuración, a la actual Navantia.

El origen de los hechos se dio en una concentración pacífica ante el edificio de la Asamblea Regional de Murcia, en el día que el presidente Carlos Collado debía comparecer ante la misma por el caso de los terrenos de Casagrande, una trama de prevaricación y malversación de fondos. Sobre esta concentración obrera la policía nacional volcaba su violencia y su represión incendiando los ánimos de los concentrados. La policía se centraba en repeler a los obreros con descargas de pelotas de goma, con el fin de evacuar a los parlamentarios murcianos reunidos en el edificio, e incluso tuvieron que instalar una enfermería de campaña en el interior del mismo. Tras esa actuación policial los obreros se replegaron a los astilleros donde obtuvieron el refuerzo de numerosos compañeros, tanto es así que unos dos mil trabajadores acudieron a primera hora de la tarde nuevamente al edificio autonómico murciano.

El resultado fue que ante un nuevo ataque policial, los obreros respondieron más enérgicamente tirando piedras contra el edificio que custodiaban y que representaba el poder político que estaba fraguando las reconversiones industriales y el desempleo. Sin embargo, la batalla contra la policía adquirió tales dimensiones que los obreros acabaron arrojando un cóctel molotov contra la Asamblea Regional de Murcia, que incendió por completo el primer piso, además seis coches policiales quedaron calcinados e incluso un vehículo militar. Medio centenar de obreros fueron heridos por la policía, y al día siguiente las imágenes de la lucha copaban las principales portadas de los periódicos nacionales, aunque sin informar realmente de lo que verdaderamente allí se había batallado.

‘El año del descubrimiento’, un documental de unos sucesos que marcaron época.

En el año 2020 se estrenaba una película documental titulada ‘El año del descubrimiento’, un filme galardonado con dos Premios Goya a Mejor largometraje documental y al Mejor montaje, y que en sus 200 minutos de duración nos traslada el testimonio real de cuarenta hombres y mujeres procedentes de barrios periféricos de Cartagena y La Unión. En el filme comparten sus impresiones de aquellos hechos, convirtiendo en un ágora improvisado una churrería de barrio donde se analizan de manera detallada los disturbios y protestas de aquella jornada de 1992.

Un relato que pretende romper los mitos de aquella España moderna y civilizada que vendía la prensa al mundo, esa nociva idea de un país actualmente asentado sobre un proyecto cultural y democrático en aquellos años. La necesidad de situar el foco abajo, en el fango de las barriadas donde las familias luchaban desesperadamente contra el desempleo y el desmantelamiento industrial, de un mundo laboral que se derrumbaba y se llevaba la economía social por delante como sacrificio.

Las protestas se presentaban en aquella época como brotes aislados de violencia, eran como un telón de fondo de protesta que en ningún momento podía entorpecer el discurso mayoritario que era esa España próspera y moderna«, mencionaba Luis López Carrasco, realizador y autor del filme documental.

El año del descubrimiento, además, es un documental de memoria social en varios sentidos, porque su título irónico y ambiguo también nos recuerda que la celebración como evento aquel año 1992 del V Centenario de la colonización de América, nos retrata como sociedad que sigue empeñándose en celebrar la conquista, masacre, exterminio y explotación de un continente como un evento cultural que define lo que somos. Efectivamente, debería denotarlo y recordárnoslo desde la construcción de una memoria anticolonial en la actualidad. Al fin y al cabo, que se prenda fuego a un simple edificio legislativo en la España de los 90 es un acto de justicia poética demasiado pequeño para los sufrimientos causados en siglos de colonización americana y de brutalidad a las clases populares en este país.


 

Extraído de https://www.todoporhacer.org

lunes, noviembre 29

XIX Encuentro del Libro Anarquista de Madrid, 3, 4 y 5 de diciembre, 2021

 


¿DÓNDE?

Escuela Popular de Prosperidad (La Prospe) C/ Luis Cabrera 19

Metros: Prosperidad y Avenida de América

Autobuses: 1, 9, 29, 52, 73

Telefono: 91 562 70 19

Email: prospe@nodo50.org

https://encuentrodellibroanarquista.org/ 

viernes, abril 30

El agua ya es (oficialmente) una mercancía

 

A mediados del pasado mes de diciembre de 2020 una noticia terrible sorprendió al mundo: “El agua empieza a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street junto al petróleo y el oro”, rezaban varios titulares. La guinda a un año 2020 de mierda y la antesala a un futuro cercano parecido a las pelis de Mad Max.

La noticia recorrió con la fuerza de las aguas bravas las redes sociales y los informativos de televisión, pero un par de días después se dejó de hablar del tema y el foco mediático se centró en otras cuestiones, como las acusaciones de fraude electoral en EEUU, la crisis humanitaria de personas migrantes en Canarias, o la legalización del aborto en Argentina. Parece que si el dedo no apunta a la luna no nos fijamos ni en la luna, ni en el dedo.

La cotización del agua en Bolsa

Puesto que no se le otorgó a esta noticia el protagonismo que se merece, hemos considerado oportuno rescatarla y explicarla. Todo comenzó cuando, a finales del año pasado, el futuro del California Water Index comenzó a cotizar primero en la Bolsa de Chicago y luego en la de Wall Street (Nueva York), lo cual convierte a este bien preciado en una mercancía bursátil más, como lo es el petróleo y el oro. No es una buena señal, la verdad, puesto que el valor de estos dos bienes reside, precisamente, en su carácter de escasos y limitados. Además, el control del oro y el petróleo ha originado varias guerras a lo largo de la historia (más recientemente en Irak y Siria). Que el agua, un bien que inequívocamente necesitamos para sobrevivir (o que su consumo en mal estado puede provocar graves enfermedades e incluso la muerte), empiece a adquirir ese carácter de “raro” o “escaso”, sin duda nos debería preocupar a todas.

El hecho de que cotice en Bolsa, además, invita a que Fondos de Inversión y otros agentes especuladores puedan empezar a invertir fuertemente en ella. ¿Qué puede salir mal? Recordemos su aventura financiera cuando en 2008 decidieron invertir en viviendas subprime. En el caso del agua, sus beneficios se verán incrementados cuanto más escaso sea este bien.

California Water Index: un referente para el resto de mercados de agua del mundo

El agua con la que se están haciendo apuestas actualmente en Wall Street es la de California, un estado conocido por ser zona de cultivo de almendras, marihuana y pistachos (los cuales requieren mucha agua) y que lleva sufriendo desde hace años devastadores incendios históricos. Es decir, como consecuencia del cambio climático los fuegos en California van en aumento, el agua cada vez va a considerarse más necesaria necesaria y su valor, en consecuencia, va a ir en aumento. ¿Y a quién beneficiará esta situación? A especuladores que se aprovechan de la escasez y la miseria para lucrarse.

La especulación con el agua: nada nuevo bajo el sol

En el artículo “Agua y Wall Street: las claves de una noticia esperada”, publicado en la sección Climática de La Marea, María Ángeles Fernández y J. Marcos argumentan que el agua y su gestión lleva años siendo objeto de mercado e incluso de especulación financiera. Ahora, con la entrada en el mercado de futuros de las materias primas, se ha dado un paso más en una tendencia que lleva, al menos, dos décadas de desarrollo.

A continuación reproducimos las principales ideas de este artículo.

Nadie en el mundo se ha hecho más consciente del valor del agua que el sector privado, que ve los beneficios que se pueden obtener del hecho de que el agua sea un bien escaso. El resultado es un fenómeno completamente nuevo: el negocio del agua”, escribían en 2004 Maude Barlow y Tony Clarke en el libro el Oro azul: Las multinacionales y el robo organizado de agua en el mundo (editorial Paidós)La venta de agua embotellada, la generación eléctrica a través de hidroeléctricas, la producción de alimentos, el uso por parte de las industrias, la privatización de los suministros urbanos, la desalación o los trasvases son algunos ejemplos de procesos de mercantilización del agua. Además, es un input fundamental en otros muchos sectores como, por ejemplo, el turismo.

El agua se ha convertido en el recurso más codiciado del planeta. El mundo de las finanzas quiere imponer su revolución para salvar a la humanidad: aumentar el precio del agua y crear mercados como el del petróleo”. Estas son algunas de las frases del documental francés Los señores del agua, filme que se puede ver a continuación.

Para analizar el papel de esos mercados financieros habría que retrasarse más o menos a inicios del siglo XXI, cuando se crearon algunos fondos temáticos dedicados al agua; Pictet Water fue uno de los primeros y, a principios de este año, ofrecía una rentabilidad del 8%.

En un planeta donde el agua supone el 70% de la corteza terrestre, las alternaciones climáticas, así como determinados usos abusivos y contaminantes, están provocando problemas de acceso cada vez mayores en muchas regiones. Ante esta ‘escasez’, justificación que se repite una y otra vez, los mercados financieros han decidido que la cotización en Wall Street ya no puede esperar más. Gestión de riesgos, sequía excepcional, precios, crecimiento, privatización, escasez o valor son conceptos que reiteran las crónicas que anuncian la reciente cotización y medición de la evolución de los precios del agua. “Se acepta que los mercados teóricos, en condiciones de transparencia, información, igualdad de acceso a las decisiones y a la competencia, etc., aumentan la eficiencia de los recursos. Y también se acepta que esta mayor eficiencia conlleva aumentos de la inequidad y de la desigualdad en la distribución, al no haber criterios de solidaridad, sino de eficiencia. Esa es la función del mercado”, explica a La Marea Leandro del Moral, catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla.

Todo ello en un planeta con una ya desigual distribución del agua. La escasez afecta a más del 40% de la población mundial, unos 3.000 millones de personas, según los datos de Naciones Unidas, que prevé, además, que el porcentaje aumente debido a la sobreexplotación de muchas cuencas. El uso del agua ha aumentado anualmente el 1% desde los años 80 del siglo pasado y, como recoge el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2019, se espera que la demanda siga aumentando a un ritmo similar, por lo que para 2050 se podría estar usando entre un 20 y un 30% más que las cantidades actuales. La actual emergencia climática, con mayores sequías y lluvias torrenciales, ahonda esta tendencia y la distribución desigual.

La importancia de la agricultura

Debido a la dificultad que implica moverla en grandes cantidades, el control del agua se realiza a través de derechos de uso, que pueden cambiar de manos, en una práctica que prima y blinda unos derechos sobre otros.

Entre un 70 y 80% del consumo de agua mundial está dedicado a la agricultura, así que no extraña que la entrada en el mercado de futuros de Wall Street del líquido azul esté relacionada con esta actividad económica. “El agua irá a los frutos intensivos; no irá, por ejemplo, a regar cultivos tradicionales que tienen poca rentabilidad, poca productividad y poca competitividad en el mercado, pero que son fundamentales para determinadas sociedades, colectivos y espacios”, alerta del Moral.

A partir de ahora, hablar de agua, un derecho humano, también es hacerlo de especulación, de fondos de inversión y de mercados de futuros.

 

Más información en «Dueños y señores del agua«, por María Ángeles Fernández y J. Marcos, en La Marea

 

Extraído de https://www.todoporhacer.org

sábado, febrero 20

Desde el geriátrico, con amor

—La familia nos usa para hacer recados y recoger a los nietos del colegio. Y cuando ya no somos capaces de hacerlo nos dejan aquí para olvidarse de nosotros.
—¡No digas eso! Mi familia me quiere. Estoy aquí porque no quiero molestarlos. No quiero ser una carga para ellos. Es ley de vida».

Arrugas es una historia sobre viejos. Sobre esos viejos y viejas en los que nos convertiremos, sin quererlo y sin apenas darnos cuenta, viejos que ya no son dueños de sus vidas ni de su destino porque la «ley de vida» destierra a ancianos, niños y personas con hándicaps a los márgenes de la vida, secuestra su presencia de las calles y sitios públicos, de la historia de los barrios y de la historia de sus propias familias, los confina en sitios ad hoc: parques de barrotes de colores, residencias de ventanas tintadas, colegios especiales.

Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, es «alojado» en una residencia de ancianos por su familia. Allí trabará amistad con otros ancianos, algunos más afines que otros, pero todos con el denominador común de haber sido relegados al extrarradio de la vida. Unos más conformes, otros menos, pero todos resignados a su suerte, a ser un subproducto de una sociedad que ya no les necesita ni les quiere.
¿Quién puede cuidar un anciano, cuando la labor de los cuidados, sesgada tradicionalmente por el género, no es asumida por una red de cercanía? Si la mujer no puede porque ya la explotan fuera de su casa por cuenta ajena, ese hueco en el cuidado interno queda vacante. No lo asume el varón, quien nunca ha abandonado su tarea de proveedor de dinero; es el sistema el que se arroga esa parcela de autogestión, aunque cansada e ingrata, pero parcela de responsabilidad personal al fin y al cabo, y la expropia de las familias y sus redes. La deshumanización del proceso es aterradora. Les segregamos de su entorno, los confinamos con ancianos como ellos y confiamos su cuidado a «profesionales» sin ningún vínculo emocional con sus vidas, para que por un sueldo les hagan esas cosas que nos desagradan y nos recuerdan tanto nuestra propia mortalidad: limpiar heces, cambiar pañales, cortar uñas y pelos, dar purés.
Paco Roca habla de todo eso sin decirlo fuerte. Las medicinas que van en platos y a veces se confunden y se cambian, la planta de irrecuperables, dementes sin remedio, que les provoca terror, las normas estúpidas y la piscina vacía. Con el virtuosismo mágico que desempeña en todas sus obras, el autor nos emociona, nos hace reír y también llorar, de pura ternura que nos inspiran sus personajes. Y entre todos ellos Emilio, cercado por el alzheimer e intentando adaptarse a un sitio que no ha elegido, debatiéndose entre la rabia y su memoria traicionera.

Prueba de la intemporalidad de los temas que trata, y de su excelencia como novela gráfica, son las continuas reediciones de la obra: la última en diciembre de 2018; así como la adaptación cinematográfica a cargo de Ignacio Ferreras que se estrenó en 2011, que recibió una gran acogida de público y crítica y que consigue el milagro de ser igual de buena que la obra escrita.
Arrugas es una historia de cuidados. Más bien, de cómo en ausencia de cuidados verdaderos, expropiados por un sistema de lógica cruel, las personas al margen se dan calor unas a otras compartiendo lo que tienen: el entusiasmo por la vida, los recuerdos, el cariño. Y también los refunfuños, las quejas, los soliloquios de la soledad.

Y también es más que eso. Es un espejo, una advertencia. A todas las personas que vivimos en colectividad, en esta bola frágil con su fino barniz de urbanidad, para que veamos qué fácil y qué rápido pasamos de tener la etiqueta de dependientes e inservibles. Y cómo esa etiqueta sustituye al dudoso honor de pertenecer a los privilegiados que conforman el Engranaje del Sistema.
 ARRUGAS / Paco Roca / Editorial Astiberri
MERCEDES COBO | Extraído del cnt nº 420

domingo, enero 3

David Segarra: “L'Horta nos enseña que somos parte de una sociedad creadora y no solo destructora”

 

David Segarra, periodista y documentalista valenciano implicado con los movimientos en defensa del territorio, ha realizado una serie de documentales donde se refleja la situación de la huerta —l'Horta— valenciana.

  

Con la respuesta popular dada cuando, hace dos décadas, l'Horta de La Punta (València) estaba siendo asediada y reprimida, recuerda David Segarra, una generación pudo observar cómo la oposición frontal de una comunidad labradora y rural era posible en la Europa industrializada de los inicios del siglo XXI. “Aquellas personas que luchaban por su manera de vivir, vinculadas a la tierra y los animales, fueron una gran revelación tanto para la juventud de los pueblos como de las ciudades”, explica el documentalista. El ejemplo de resistencia en La Punta se extendería después entre las personas jóvenes de Benimaclet y de Alboraia con la oposición a una Ronda Nort que destruía gran parte de l'Horta. Él fue uno de estos jóvenes: entre el año 1999 y el 2001, Segarra empezó su vinculación personal con las luchas por la defensa del territorio. A raíz de aquello decidió abandonar la ciudad de València y se fui a vivir en Alboraya para empezar a trabajar de labrador. Fue, dice, una especie de viaje a su origen, un viaje para redescubrir sus, nuestras, raíces.

El apoyo a quienes defienden el territorio ha vuelto a ser visible hace escasos días con la respuesta popular tras el intento de desalojo del CSOA L'Horta en València. Un posicionamiento, el de la defensa del territorio, en el cual Segarra ha profundizado durante años a través de su obra documental.

En vuestro último documental, Per molt que bufe el vent —Por mucho que sople el viento—, se habla de estas luchas, pero se da especial relevancia a la que tuvo lugar en el Forn de Barraca el septiembre de 2019. ¿Qué supuso esta última lucha? 

El Forn de Barraca es el punto de inflexión en 2019 para las nuevas generaciones que se suman a este aprecio por la tierra. Al hacer el documental, la reflexión era no caer en el aislamiento, en la desconexión y la fragmentación, que son un fenómeno muy habitual a los medios de comunicación modernos. Nosotros hicimos el contrario: contextualizar, conectar y ligar. Quisimos mostrar que la lucha del Forn de Barraca era heredera de las luchas y resistencias que había habido antes en Campanar, Alboraia, Benimaclet, La Punta... La lucha en defensa de l'Horta y la tierra no es una cuestión de décadas, es una cuestión de siglos, e incluso de milenios. El Forn de Barraca es un eslabón más en una larga cadena de compromiso de los seres humanos para defender una vida algo más equilibrada que la que nos propone el poder.

¿Cuál es la vida que nos propone, o a la que nos avoca, el poder?

A partir del siglo XIX, con las revoluciones industriales y con la entrada a la modernidad, hemos logrado un proceso de urbanización radical sin precedentes en la historia. En consecuencia, estamos sufriendo un proceso de desconexión con la tierra y de fragmentación de las comunidades, y de la pérdida de una forma de vida tradicional milenaria. De la vida en alquerías hemos pasado a vivir recluidos en edificios. El malestar generalizado y el proceso global de cambio climático nos reflejan que en el siglo XXI hay una necesidad profunda de retorno. Volver a conectarnos con las personas, con los animales y con la naturaleza. La lucha por la huerta es una de las manifestaciones al mundo de esa necesidad humana de volver a tener una vida con sentido.

A veces parece que estamos en un punto de no retorno, pero, por mucho que sople el viento... No se apagan las estrellas, ¿no?

 Esta frase de la cultura popular nos viene a decir precisamente que hay que seguir luchando por muchos cataclismos y destrucciones que haya causado el poder. Las élites no son dioses, aunque desde los faraones hasta los caudillos “por la gracia de Dios”, los tiranos siempre se hayan querido divinizar. Este fenómeno también lo hereda la ilustración, que diviniza el ser humano con la razón. Junto con el mito burgués del progreso —del que nace tanto el fascismo, como el comunismo y el capitalismo— nos han hecho creer que la agricultura, las tradiciones y las comunidades rurales e indígenas son un obstáculo. Pero esto nos ha conducido a los límites del crecimiento y a una vida que se vive al límite a todos los niveles, tanto físicos, como psicológicos y emocionales.

¿Es esto el que nos viene a decir el documental Per molt que bufe el vent?

Aunque tiene muchas lecturas, esa es la magia del cine documental, sí. Aun así, ese es solo el último documental de una trilogía. Esta se inicia con Savis de l'Horta (2018), un primer diálogo con las labradoras y labradores que mantienen este conocimiento ancestral. Seguidamente, Renaixem (2020) es un corto documental que nació de manera inesperada durante la pandemia, y habla de la nueva generación de jóvenes que se han incorporado en l'Horta de València, quienes alimentan verdaderamente en la ciudad. Y es que durante la pandemia pudimos ver como las grandes redes de la globalización económica y sus infraestructuras colapsaban. La ciudad de València podía ser autosuficiente gracias a este aproximadamente 50% de huerta milenaria que nos queda. Finalmente, Per molt que bufe el vent (2020) es el que recoge la lucha intergeneracional en defensa de la verdadera civilización.

¿Cuál sería esta nueva civilización? 

No es nueva. El mensaje revolucionario que dan las labradoras y labradores es que gran parte de las respuestas, reflexiones y prácticas; y las formas de vida comunales, comunitarias, y sostenibles con el medio ya existen. L'Horta nos dice “paraos un momento, no hay que buscar respuestas en Moscú, Washington, Londres o Berlín, escuchad a las mujeres y hombres de la tierra porque aquí hay un mundo que vive”. Todas somos herederas, gracias tanto a periodistas como labradoras, de una larga cadena de conocimientos. L'Horta nos enseña que somos parte de una sociedad creadora, y no solo destructora.

Este paradigma, que responde a las teorías del comunalismo eco-regionalista, puede arraigar bien en l'Horta valenciana, pero, ¿crees que se puede aplicar, teniendo en cuenta las particularidades, en cualquier parte del mundo? 

En mi experiencia, una de las cosas que me sorprendió mucho es que la cosmovisión de los labradores y las labradoras de l'Horta de València es muy similar a la de las labradoras de Palestina y a la de las indígenas de Colombia y Venezuela. Es muy similar la manera que tienen de relacionarse con el entorno e, incluso, utilizan palabras que se asemejan mucho.

De hecho en el documental hay dos planos con indígenas brasileños que vinieron a l'Horta para solidarizarse con nuestra lucha, porque saben que es la misma que la suya. También, cuando Lluís Fontelles habla de cómo empezó a funcionar el Forn de Barraca, como no tenemos imágenes de hace cien años en l'Horta de València, aparece una mujer marroquí haciendo pan en un horno moruno, que, al fin y al cabo, es el horno tradicional valenciano, porque l'Horta valenciana fue creada por los árabes. La conexión es universal y directa, tenemos el mismo origen civilizatorio. Hay que abrir la perspectiva tanto en el tiempo como en el espacio, y recuperar la universalidad del ser humano que hemos olvidado.

Un modelo completamente opuesto al que nos plantean los poderes hegemónicos, teniendo además en cuenta el hecho que las revoluciones científico-técnicas han hecho posible que la destrucción de la naturaleza se haga mediante procesos más eficientes y con resultados más eficaces.   

El proyecto de la modernidad le declaró la guerra a la naturaleza, tanto en los países capitalistas como la Unión Soviética. Pero ya lo hicieron antes en Babilonia, Mesopotamia, Egipto o Roma. Todos estos imperios plantearon un modelo centralista, urbanocéntrico, jerarquizando y violento; y todos van tener la resistencia de las poblaciones labradoras. Aquí y hoy, en la Europa occidental altamente industrializada, también perviven comunidades que nos lanzan el mensaje que la vida en comunidad, respetando la tierra, el agua y el cielo, es posible.

Sin embargo, es cierto que hay un terrible factor: los peligros de la industrialización. Lo hemos visto en las dos guerras mundiales, en el genocidio nazi, en Chernóbil y en Fukushima, en la deforestación y en el agujero de la capa de ozono. Por eso podríamos decir que estamos en la época más peligrosa de la historia humana, con un nivel de destrucción de la vida sin precedentes. Esto hace que estas generaciones tengamos mucha responsabilidad.

Dentro de esa responsabilidad está también la de mostrar y contar realidades, como habéis hecho vosotros en los documentales que tratan la cuestión de l'Horta. Y que, además, son una perfecta herramienta de enseñanza y de aprendizaje para las generaciones que están y las que vienen. 

Correcto, por eso nos surgió la necesidad de hacer la crónica y documentar una lucha que cataliza a muchos sectores de la sociedad que plantean que la defensa de la tierra es un modelo vital. Inspirados en otros documentales, como por ejemplo A Torna Llom, y por periodistas de la historia popular como Eduardo Galeano o Patricio Guzmán, quisimos dejar constancia en el ámbito audiovisual de luchas como la del Forn de Barraca, que además de ser simbólica fue significativa. La gente mayor nos enseña que las historias se tienen que guardar y transmitir, porque como día Joan Fuster: “Si las historias no las contamos nosotros, nos las contarán contra nosotros”.

Per molt que bufe el vent —Por mucho que sople el viento— tardó un año al hacerse. ¿Podríamos decir que lo trabajasteis como se trabaja l'Horta? 

Efectivamente, trabajamos como se trabaja la tierra tradicionalmente, con muchas manos y con un esfuerzo colectivo y lento. Nosotros consideramos que la vida y las historias se tienen que sembrar, cuidar y trabajar lentamente para poder obtener una buena cosecha. Cierto es que muchas veces la inmediatez y la actualidad no nos dejan, pero nuestra forma de hacer periodismo es esta, para estar a la altura de lo que contamos. Desgraciadamente el modelo de periodismo de esta civilización es el mismo que el que adoptamos en nuestra alimentación y en nuestras relaciones afectivas y sexuales. Y aquí surge otra vez la insostenibilidad del “usar y tirar”.

La modernidad líquida de la que habla Zygmunt Bauman nos llega a todas y todos.

 Sí, además con el factor de que el periodismo, más que un trabajo, es un derecho. El derecho de contar nuestras historias. Abarca todas las áreas del conocimiento humano porque es quien comunica la realidad social. Muchos de los grandes escritores, como Estellés y García Márquez, empezaron como periodistas. Después ya abrieron sus horizontes más allá del artículo y la crónica, haciendo periodismo con la literatura, como también se puede hacer con el cine documental.

Me viene también a la cabeza Kapuściński, uno de los imprescindibles a la carrera de periodismo. 

Lo hacen estudiar, claro, pero después no nos permiten trabajar como él. Con él nos cuentan lo que nunca podremos, ni nos dejarán, hacer. Hacer una pieza de más de 50 páginas durante seis meses está completamente prohibido en los medios de comunicación actuales. Aun así no nos tenemos que doblegar al modelo de periodismo hegemónico. Siempre habrá una semillita.

Tu semilla periodística está en una tierra muy fértil. 

Sí, porque la cuestión de l'Horta también genera consenso social, comunidad y amor. Se ha pensado en el siglo XX que el periodismo, como la política, es para confrontar y dividir. También puede ser para mostrar las cosas que nos unen, que son muchas. L'Horta une la sociedad valenciana, como cuidar a la gente mayor y a las criaturas une a la sociedad en general. Con nuestros documentales queremos hacer lo que hace l'Horta. Nos separa muy poco, pero es en lo que se fija sistemáticamente la política y los medios de comunicación hegemónicos.

Las élites crean en sus laboratorios los odios y después los inocula a la sociedad, como hicieron con el antisemitismo y como hacen ahora con la islamofobia. Es el pensamiento único del que nos habla Noam Chomsky que dice que los poderes económicos obligan los medios de comunicación a hablar sistemáticamente mal de Catalunya o de Venezuela. Esto no es nuevo, Sant Vicent Ferrer ya predicaba contra los judíos diciendo que eran demonios. Después iba la gente y los lapidaba. Siempre ha habido predicadores del odio, pero la diferencia es que ahora, con las tecnologías, pueden llegar a todas partes. El poder necesita enemigos para que la sociedad no vaya a una. Nosotros nos revelamos. Queremos hacer un periodismo que una, y no uno que divida.

 

Extraído de https://www.elsaltodiario.com

viernes, diciembre 4

El Dilema Social: somos mercancía

 


«Hay dos industrias que llaman a sus clientes “users” (usuarios): la de las drogas ilegales y la del software» 

El Dilema de las Redes Sociales

 

Las expertas advierten que recibimos una notificación, sacamos el móvil del bolsillo y contestamos unas 80 veces al día. Cada vez que lo hacemos, una empresa – Google, WhatsApp, Instagram, Facebook, Twitter, etc. – lucha para que pasemos más tiempo en su aplicación, pegadas a la pantalla. El tiempo invertido se traduce en que la app aprende más sobre ti y esa información vale mucho dinero. Como se dice en el documental El Dilema de las Redes Sociales (The Social Dilemma, 2020), “cuando no pagas por el producto, el producto eres tú”.

A este nuevo mercado de datos se le denomina “capitalismo de vigilancia”. “Cada acción que uno realiza es vigilada y registrada. Exactamente qué imagen miras y cuánto tiempo la miras”, dice en el documental Jeff Seibert, exejecutivo de Twitter.

Este filme, dirigido por Jeff Orlowsky, entrevista a varias extrabajadoras de las principales empresas de redes sociales – hombres jóvenes, ricos y blancos en su abrumadora mayoría – entre las cuales se encuentran las creadoras del botón del “like”, uno de los mayores iconos del siglo XXI. Es una buena película que explica cómo estos algoritmos explotan las vulnerabilidades de la psicología humana, como dice Jose Antonio Luna en eldiario.es, pero llama la atención de que lo haga a través de Netflix, una plataforma que emplea las mismas prácticas. Por ejemplo, cuando sube una nueva temporada de Narcos o Stranger Things, cuyas imágenes dentro de la app de la plataforma suelen ser cambiantes hasta que identifican la más atractiva para los espectadores. Es como si Amazon nos alertara del peligro de no comprar en comercio de proximidad.

También choca que el documental no aborda el escándalo de la venta de datos que realizó Facebook a la empresa Cambridge Analytica, que propició la gran manipulación de la sociedad británica para que votara a favor del Brexit y de la estadounidense para votar a Trump. Pero no pasa nada. Sobre este tema Netflix tiene a disposición del consumidor el documental El Gran Hackeo (2019).

Uno de los aspectos que explica El Dilema de las Redes Sociales es en cómo las fake news se propagan por las redes sociales en general y en Facebook en particular. El informático Jaron Lanier explica que páginas como Facebook, YouTube o incluso Google varían el resultado de buscar términos como «cambio climático» según la localización y/o la persona que realiza la búsqueda. En redes sociales se despacha al gusto del navegante, lo cual genera microcosmos de personas con su propias realidades y sus propios hechos. Incluso si son mentira. Lo importante es que sea una historia que genere clicks. «Con el tiempo tienes la falsa sensación de que todos coinciden contigo porque todas tus noticias piensan como tú«, explica Roger McNamee, uno de los primeros inversores de Facebook. ¿Las consecuencias? El fortalecimiento de las ideas de la extrema derecha, su acomodamiento en posicionamientos racistas y el florecimiento de teorías conspiratorias (desde el terraplanismo hasta el negacionismo del Covid, pasando por QAnon).

No pretendemos en este artículo impugnar las redes sociales en su conjunto, ni caer en posicionamientos simplistas acerca de su maldad intrínseca. Reconocemos que son mecanismos útiles para difundir información a un público amplio – este periódico tiene cuentas de Facebook, Twitter e Instagram –, si bien está claro que su diseño fomenta la adicción, su uso irresponsable y una transformación brutal de nuestra sociedad. Lo que buscamos con estas líneas es que reflexionemos acerca de los intereses que se esconden detrás de las redes y explicar – parcialmente, pues la realidad nunca es sencilla – algunos de los fenómenos que hemos visto en los últimos meses: por ejemplo, los disturbios liderados por fascistas contra el estado de alarma al grito de “Pedro Sánchez hijo de puta, nazis saliendo a la caza de MENAs y convirtiéndose en víctimas tras defenderse éstos, teorías de la conspiración que vinculan la propagación del coronavirus con el 5G, etc. Cuando un relato es jugoso, morboso, se propaga como la pólvora porque los algoritmos así lo prevén y se acaba por convertir en la versión oficial.

El Dilema de las Redes Sociales dista mucho de ser perfecto. Primero, porque da voz a un grupo muy concreto de personas (extrabajadoras de empresas de redes sociales), que si bien realizan una detallada crítica a este mundo, lo hacen sin revelar la verdadera fuente de todos los problemas: el capitalismo. El problema de las redes sociales es el mercadeo. Por otro lado, el formato del documental tampoco ayuda. Cuenta con una parte dramática con actores que representan una maniquea y exagerada historia familiar sobre la adicción a las redes sociales llena de clichés que se carga su credibilidad y acaba haciendo justo lo que critican de las grandes corporaciones tecnológicas: condicionar nuestra forma de pensar sobre un tema. Aún así, merece la pena echarle un visionado.

Hace casi diez años que salimos a la calle denunciando que “somos mercancía en manos de políticos y banqueros” (lo cual dio pie al movimiento 15M). Quizás ahora convendría añadir al lema “y de empresas tecnológicas”.

 

Extraído de https://www.todoporhacer.org

martes, marzo 12

Samba, un nombre borrado


En los últimos años, en paralelo con el blindaje de las fronteras, ha aumentado el número de personas que pierden la vida cuando intentan ingresar a Europa. Según datos de United for Intercultural Action, hasta el 30 de septiembre de 2018, 35.597 personas han muerto ahogadas en el Mediterráneo. Open Arms (que al cierre de esta edición sigue varada en puerto porque el gobierno español no le autoriza a salir a efectuar rescates) calcula que al día fallecen ocho personas.

Estas muertes a menudo se registran cuando el mar lleva sus cuerpos a las playas españolas. En la mayoría de los casos, el protocolo seguido con estos individuos es registrarlos, en el cementerio más cercano, con el identificador de “Young, Male, Black Race” (“joven, varón, de raza negra”).

Mahmoud, un joven senegalés que llegó a Europa en 2005 tras saltar la valla de Ceuta, investiga en este documental la muerte de Samba, paisano suyo que desapareció el 6 de febrero de 2014 mientras intentaba cruzar a nado la frontera de El Tarajal y la Guardia Civil hizo uso de material antidisturbios para impedir su entrada (www.todoporhacer.org/¡no-se-han-ahogado-han-sido-asesinados/).

En esta búsqueda, Mahmoud hará el camino inverso al que realizó en su aventura migratoria. Durante su ruta reconstruye lo ocurrido y podremos ponerle rostro a Samba, a través de las entrevistas a sus familiares y amigos, así como de numerosas activistas y abogadas.

Dirección: Mariano Agudo. 
Intermedia Producciones. 
Octubre 2017. 
Duración: 90 min.