Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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sábado, diciembre 27

"Viejos y nuevos fascismos", con Mark Bray

 

(Capitán Swing) Con el autor de "Antifa", Mark Bray, acompañado por Vicente Ordoñez, del Departamento de Filosofía Moral y Política de la UNED y del Taller de estudios culturales.

lunes, julio 21

La tierra que se subleva de broma


 

Revuelta espectáculo en Cataluña

La teatralización de la protesta y su consiguiente trivialización es la característica más común de las movidas en la sociedad del espectáculo, aquella en la que todas las experiencias vividas se desvanecen en una representación. Donde el activismo se funde con el entretenimiento y el espectador ejerce de figurante. El hecho de que “la gente” de nuestra época prefiera la imagen a la cosa, la ilusión a la verdad y el sucedáneo a la autenticidad -o sea, el espectáculo- se debe a que esa “gente” es otra, radicalmente opuesta a la que contaba en la época precedente. Tengamos presente que la pérdida de centralidad del proletariado industrial en las luchas sociales fue seguida -en los países donde reinan las condiciones posmodernas de producción capitalista- por un proceso de desclasamiento que desembocó en el desarrollo de algo que llaman “ciudadanía” y que nosotros podríamos denominar clases medias asalariadas. Dichas clases, sentadas entre dos sillas, la burguesa y la popular, pueden llegar a sentirse e incluso declararse antagónicas con la clase dominante, pero nunca manifiestan en la práctica tal antagonismo. El común denominador de las demostraciones mesocráticas como las anti-globalización, contra la guerra, el 15-M o las Marchas de la Dignidad, ha sido siempre la voluntad de no alterar el orden ni subvertir las reglas de juego del poder. En realidad, la revuelta fake de los estratos sociales intermedios que pasan de pelear, no obedece a una toma de conciencia antitética, esto es, a una nueva conciencia de clase antisistema, sino que se somete al  principio hegemónico regulador de la vida en la sociedad de consumo: la moda. Eso explica no solo el aspecto frívolo y el poder de atracción del movimentismo ciudadanista, sino su carácter efímero, seudolúdico y ostensiblemente efectista. Lo peor es que las redes sociales han reforzado los cimientos de la irrealidad, dando un golpe de muerte a lo que quedaba de comunicación autónoma y sentido comunitario en la sociedad civil. Al desplazarse la mayor parte de la contestación hacia el espacio virtual, donde las imágenes y los cuentos valen más que las palabras, el espectáculo de la revuelta-red puede sustituir cómodamente a las prosaicas luchas reales.

Los avances tecnológicos no suprimieron la flagrante contradicción entre las relaciones de producción capitalistas y las fuerzas productivas, pero redujeron al mínimo la importancia social de los trabajadores de la industria, los talleres y los tajos, empujando la clase obrera hacia el sector terciario de la economía, donde los salarios, las condiciones de trabajo y los derechos eran precarios. El retroceso del proletariado industrial ocasionó la pérdida de control del mercado laboral, y en consonancia con la fragmentación en capas con distintos intereses, se evaporó su conciencia de clase, es decir, se desclasó. En lo sucesivo, el proletariado dejaba de ser el referente efectivo de los combates sociales. Como sujeto histórico, la clase obrera no podía mantenerse más que en el cielo de la ideología, como dogma en las doctrinas obreristas de las sectas y en la virtualidad de las webs. Sin embargo, la globalización económica, que era sobre todo financiarización, acentuó más si cabe lo que James O’Connor calificó de segunda contradicción capitalista, a saber, la degradación progresiva de las condiciones de producción que hacían posible la explotación de la mano de obra. El crecimiento ilimitado de la economía chocaba con los límites biofísicos de la vida en el planeta volviéndolo inhabitable. Resumiendo, la capitalización del territorio -el extractivismo- volvía cada vez más destructivo el metabolismo entre la sociedad y la naturaleza, desencadenando una crisis ecológica generalizada. La cuestión social se salió del terreno laboral para irse a centrar en la defensa del territorio -que en definitiva es la defensa de la especie-, o dicho de otra manera, la crisis medioambiental se convirtió en el primer punto de la crisis social. La proletarización de las masas asalariadas, principalmente urbanas, y la despoblación del campo seguían su curso, pero ahora la condición de proletario podía definirse mejor basándose no solo en la venta de la fuerza de trabajo, sino en la pérdida del poder de decisión respecto al hábitat y a las condiciones de vida que este proporcionaba, cada vez más pobres, dependientes, artificiales y consumistas.

El proletariado tradicional era desarrollista y no prestó la atención debida a los  problemas ambientales, que en los pasados cincuenta empezaron a ser acuciantes. La derrota del movimiento obrero revolucionario y la regresión de la lucha de clases cedieron el protagonismo a los combatientes ecológicos, particularmente al movimiento antinuclear. Hubo colectivos como “Alfalfa” que hicieron buena labor, pero el quebranto sufrido por los valores, la memoria de las luchas, los planes de transformación radical y, en general, por todo el patrimonio histórico de la vieja clase obrera, dejó a los ecologistas solos con sus tecnologías no contaminantes, sus energías alternativas y sus proyectos de recogida de residuos, sin pasado, herencia ni proyecto de emancipación que reivindicar. Mientras tanto, igual que los sindicatos de concertación anularon definitivamente la conflictividad laboral ejerciendo de mediadores, los partidos y organizaciones políticas verdes quisieron hacer lo mismo con la problemática territorial. Dado que el número de agresiones se multiplicaron con el desarrollo -“sostenible” o insostenible- de la economía, el parasitismo verde pudo trabajar para el orden. Si nos atenemos a Cataluña, la expansión del área metropolitana de Barcelona y las políticas desarrollistas de la Generalitat habían acarreado una sobre-explotación de recursos y causado daños irreversibles al territorio catalán. A finales del siglo pasado, el país tenía el dudoso honor oficial de ser una de las regiones europeas con mayor depredación territorial. Sin embargo, la defensa del territorio partía de conflictos locales aislados y autolimitados, y adolecía de una escasez de medios y gente preocupante. Las grandes movilizaciones del 2000 contra el Plan Hidrológico Nacional y el Trasvase de aguas del Ebro fueron trascendentales y propiciaron una voluntad de unidad de acción, pero solamente en las plataformas vecinales tipo “Salvem”, los grupos ecologistas descafeinados y las entidades “cívicas” que recogían firmas contra las agresiones medioambientales. En las reuniones de Figueres (2003) y Montserrat (2008) quedó plasmado un pliego de propuestas que no cuestionaba el régimen capitalista ni las instituciones estatistas que lo favorecían, sino solo sus excesos. Simplemente anteponía “las declaraciones internacionales de sostenibilidad” al crecimiento desregularizado, algo que podía concretarse en otros “modelos” capitalistas de energía renovable, urbanismo compacto, movilidad pública y desarrollo territorial respetuoso con el medio. Todo el lote quedó definido posteriormente como “nueva cultura del territorio.” La estrategia novicultural a seguir era bien sencilla: las plataformas y los grupos se postulaban como interlocutores estables de las administraciones, de cara a fijar, mediante “mecanismos que posibiliten la participación ciudadana”, una legislación ambiental con sus observatorios, juzgados, fiscalías, tasas y sanciones. No ponían en tela de juicio la función de la burocracia administrativa, subsidiaria de intereses económicos espurios, ni dudaban de la legitimidad de los partidos políticos, de los que esperaban servirse para planear en el Parlamento medidas proteccionistas y presentar proposiciones no de ley. Con toda probabilidad los militantes de partido influenciaban a las plataformas, puesto que todas las reivindicaciones de aquellas figuraban en sus programas ambientalistas. Su supuesto apartidismo era solo una táctica encaminada a presentar como interés general lo que únicamente eran intereses electorales camuflados.

El movimiento ambientalista catalán celebró como un éxito la declaración de emergencia climática por parte de la Generalitat y su apuesta por la descarbonización de la economía (2019), sin detenerse a pensar que ese modelo energético “cien por cien renovable” por el que se apostaba no era más que el lavado verde de cara del capitalismo de siempre. La construcción de grandes infraestructuras, macroplantas eólicas y centrales fotovoltaicas perpetuaba el modelo extractivista y especulativo de explotación territorial. El penúltimo intento de articular las docenas de conflictos ambientales (SOSNatura.cat, 2021) no halló mejor metodología que la de presionar a la administración y los partidos para así poder “reorientar el modelo” catalán, más turístico que productivo, hacia la sostenibilidad. La misma táctica de siempre. Por enésima vez se rogó por una “participación efectiva de la ciudadanía a través de debates abiertos y consultas populares vinculantes.” Finalmente, se osó pedir a la Generalitat el cumplimiento de las directivas europeas, la moratoria de los grandes proyectos inútiles y la restauración del Departament pujolista del Medi Ambient, disuelto en 2010, “una herramienta clave para construir el futuro país que queremos” (Ecologistas en Acción). Decididamente, las críticas antidesarrollistas yacían enterradas en el cementerio de la moderación y el buenismo dialogante. No obstante, el combate ecológico era demasiado importante como para dejarlo en las manos de sus  sepultureros. A los verdaderos defensores del territorio correspondía sacarlo del atolladero del colaboracionismo cómplice. ¿Dónde estaban?


 

Fue muy oportuna la aparición en enero de este año de “Revoltes de la Terra” tras dos años de reuniones y encuentros, batallando por una alternativa comunitarista, definida como una “hiedra de vínculos exterior a la lógica productivista.” Justo era de esperar un análisis panorámico del momento crítico en el que nos encontramos y un programa contundente de movilizaciones, pero nuestro gozo en un pozo. El lenguaje empleado en su manifiesto era retórico a más no poder, lleno de vaguedades y lugares comunes del posmodernismo, muy por debajo del ecologismo más elemental. Para empezar esa “tierra que se rebela” que deseaba “promover un despliegue de posibilidades” y “edificar una trama de pasiones, soberanías y métodos”, no se definía como coordinadora, ni como plataforma, ni como grupo impulsor: era más bien “un entramado de lazos”, “un conjunto de recursos logísticos, operativos y relacionales”, “un abanico de herramientas replicables en cualquier lugar.” Era pues un pelotón de gente buenrollista de orígenes diversos con pocas ideas en común y ninguna perspectiva a medio plazo, por lo que no era de extrañar que presumieran de “diversidad estratégica”, aunque mejor hubieran debido alardear de cautela, tibieza y manga ancha si iban a inspirarse en el trabajo comedido de plataformas blandas del estilo SOS Territori y “Salvem.” Pero donde las alarmas se disparaban era cuando declaraban buscar el refuerzo de “entidades como Ecologistas en Acción” y “seguir los impulsos” de sospechosos montajes como Extinción Rebelión o  los “Soulevements de la Terre”, tan cuestionados por los libertarios. Nos explicamos.

A excepción de algunas delegaciones territoriales, Ecologistas en Acción no es la organización de activistas con unos principios ideológicos radicales que nosotros mismos suscribiríamos. Se trata de un verdadero lobby; una estructura restringida de profesionales del ecologismo que viven de las subvenciones, muchas de origen oscuro, como las que provienen de empresas contaminantes o de oligopolios energéticos a los cuales asesoran. En la actualidad, en tanto que partidarios de lo que en los despachos del poder se llama “transición energética” y Nuevo Pacto Verde, son defensores acérrimos de las eólicas y fotovoltaicas industriales, del coche eléctrico y de la minería del litio. Y por lo tanto, grandes aliados de las multinacionales eléctricas y de los grupos automovilísticos, y aún mejores colaboradores de las consejerías y ministerios. Por otra parte, Extinción Rebelión, XR, es la sucursal de un movimiento inglés que busca la repercusión mediática en actos simbólicos, intentando presionar a los gobiernos para que promulguen medidas respecto a la crisis climática. Son no-violentos dogmáticos, ombliguistas, sin cultura política; emplean un lenguaje de márketing, abominan del anarquismo y no intervienen en las luchas locales. En cuanto a los “Soulevements de la Terre”, SDT, habría mucho que decir, pero no que sea “un movimiento de acción directa que combina la alegría con la desesperación”, tal como ha escrito el pensador lumbrera de “Les Revoltes.” Sus iniciadores, ni alegres ni desesperados, tenían intención de “construir amplias alianzas” con cualquiera que se prestase y “federar el mayor número posible de militantes y grupos salidos de horizontes ideológicos diferentes”, pero no eran precisamente adalides de la acción directa. La conexión entre fans de “la insurrección que viene”, colectivos variopintos, extincionistas, campesinos de “la Conf” y okupas se hizo realidad más que por los relatos festivos de luchas novelescas y sobredimensionadas victorias como la de la ZAD de Nantes (“Zona de Acondicionamiento Diferido” rebautizada como “Zona A Defender”), por la frustración y hastío de mucha gente furiosa con el desastre reinante, poco reflexiva y sin claras posibilidades de actuar por sí sola. La brutal represión policial en Saint Soline y la orden de disolución de los SDT luego revocada hicieron el resto. Las adhesiones del mundillo político, sindical, televisivo y cultural aportaron el rasgo de indeterminación necesario para que los generales de los “Soulevements” pudieran figurar ante los medios de comunicación como representantes del movimiento en defensa del territorio más radical de Francia. ¿De dónde venían?


 

Si contamos solo con la retirada del proyecto de aeropuerto, la lucha en la ZAD de Nôtre Dame des Landes fue una victoria. Si tenemos en cuenta la erradicación de todo proyecto de convivencia colectivo y el restablecimiento de las actividades económicas convencionales, podíamos hablar también de fracaso. Desde el principio, los componentes zadistas tenían objetivos dispares e incompatibles: la ACIPA era una asociación ciudadanista pacífica y contemporizadora; COPAIN, una organización de campesinos expropiados enemiga de la agricultura industrial y práctica en autosuficiencia; luego estaban la Coordinadora de opositores al proyecto, hecha de entidades políticas y sindicales; los comités de apoyo exteriores; los ocupantes camaleónicos de la Zad encabezados por el autodenominado CMDO, señalados como “appelistes” (relacionados con el “Appel” del “Comité Invisible”), y, acabando, los grupos de la Zad del Este, anarquistas, primitivistas, gente “Sans Fiche” y en general, antiautoritarios como los de la red “Radis-co”, que bregaban por la gestión colectiva de una Zona de Autonomía Definitiva. La convivencia nunca fue fácil y la horizontalidad siempre brilló por su ausencia. Las asambleas generales fueron teatro de continuas maniobras, manipulaciones y broncas. Muchos grupos dejaron de asistir a ellas u organizaron otras. Al final, se fraguó la “unidad” entre las facciones ciudadanistas y los apelistas del CMDO para negociar con el Estado, dejando fuera a los discordantes. La cacareada “victoria” se saldó con la demolición de las defensas antipoliciales (“chicanes”) y las cabañas del Este, el reparto de unos cuantos lotes individuales de tierra, la expulsión de los ocupantes intransigentes y la vuelta al orden. Quienes realmente salieron ganando y, como vulgarmente se dice, siguen vendiendo la moto, fueron los apelistas, un grupo autoritario de aspecto informal que actúa como un verdadero partido conspirativo.

Como los apelistas piensan exclusivamente en términos de eficacia y control, jamás en términos de autonomía, no tienen un discurso anticapitalista demasiado concreto, solo planteamientos generales e ideas vagas, somos el 99%, la catástrofe está al caer y cosas así, pero es tan radicaloide que para quienes van de buena fe resulta seductor. Lo que denominan “su estrategia” se basa en fomentar comités locales, acaparar la coordinación, fabricar consensos descabellados con elementos heterogéneos y realizar compromisos contra-natura, enmascarando las diferencias insalvables con fraseología, y apartando a los “puristas” disidentes con violencia si el caso lo requiere. El deseo de aparecer como interlocutores válidos con el poder establecido les obliga a la visibilidad, por lo que delante de las cámaras sus miembros se exhiben como en casa: hay que salir en la foto cueste lo que cueste, la repercusión mediática legitima la representatividad más que la propia lucha. Entre bastidores, son la estructura vertical, opaca y manipuladora que maneja los hilos o pretende hacerlo. En 1921 los apelistas trasladaron a los “Soulevements” el estilo con el que lograron imponerse en la ZAD. El funcionamiento en red favorecía el asentamiento y la ocultación de estados mayores, encargados de repartir las tareas y atribuirse todas las responsabilidades posibles. Por eso en los SDT no se han celebrado nunca reuniones abiertas ni asambleas. A lo sumo, alguna consulta en el espacio virtual. La reflexión y el debate no se consideran necesarios puesto que lo que urge es la acción, y para eso lo importante es la cantidad de gente que se pueda reunir, venga de donde venga. En consecuencia, apertura a las tendencias más diversas, desde verdes apoltronados, sindicatos tradicionales y partidos oficiales, hasta izquierdistas de distinto pelaje, feministas y libertarios. Institucionales por un lado, radicales por el otro, y los expertos en alzamientos en el medio. Todo el mundo puede pertenecer a los SDT cualesquiera que sean sus ideas, sea por horas o con dedicación exclusiva. Las únicas cuestiones que se discuten son cuestiones técnicas y de gestión. Las grandes decisiones siempre se toman por adelantado, en total verticalidad. En los conflictos menores los comités locales son libres de actuar como les plazca, salvo si el impacto publicitario es suficientemente grande. Entonces un equipo de dirigentes desembarca para explotarlo. Acto seguido se vampiriza la lucha: se imponen reglas estrictas y filtros selectivos que duran hasta que la noticia se enfría y pierde gancho. El enorme retroceso del pensamiento crítico ligado al proletariado revolucionario, el olvido de sus asaltos a la sociedad de clases y la desintegración del medio libertario, han creado las condiciones para que ese tipo de prácticas se propaguen sin problemas, ante el aplauso de “personalidades” neoleninistas que las suscriben con desfachatez.

Volviendo a los asuntos catalanes, resulta obvio que la fórmula SDT subyace en las “Revoltes de la Terra”, bien que el lenguaje de su manifiesto siga más a la “french theory” que al zadismo titiritero. Sin duda, el componente juvenil metropolitano tendrá algo que ver, aunque no pensamos que actúe como un comité central. No ha realizado su aprendizaje en la escuela de la ZAD, sino en aquellas apacibles movidas boyscout de inspiración toninegrista. En fin, las susodichas Revoltes aportan una ambigüedad aún mayor en su posicionamiento, una estrategia del montón más exagerada y una falta de criterio total a la hora de juzgar la situación catalana bajo la batuta del capital. Su beligerancia con las instituciones y los partidos parece nula, por lo que las acciones que los “Soulevements de la Terre” llaman “dinámicas”, es decir, los sabotajes y enfrentamientos, no están ni se las espera. Estos rebeldes de la tierra pasados por agua no son para nada insurreccionalistas, y por lo tanto, no buscan apuntarse tantos con el sensacionalismo que despiertan las acciones violentas como las que hubieron en Nôtre Dames des Landes y en Saint Soline, por lo que probablemente no irán mucho más allá de reivindicar un diálogo con la administración, directo o más bien indirecto. Ojalá nos equivoquemos. A la hora de la verdad, si la radicalización de turbulencias tales como el movimiento por la vivienda, el antiturismo o el de los gremios campesinos no lo remedia, su discurso no diferirá del de las plataformas ciudadanas, puro pragmatismo de bajo nivel en conformidad con los intereses materiales de las clases medias. Su actividad no pasará del típico pacifismo convivencial de amigables excursiones y acampadas, talleres de sardanas y banquetes populares. Esto es lo que creemos, aunque no nos gustaría tener razón.

 

Miquel AmorósKaos en la Red

Para la charla en la Jornada Campestre de Kan Pasqual (Serra de Collserola, Barcelona) el 27 de abril de 2025.

lunes, febrero 13

De la defensa del territorio a la sublevación de la tierra

 

Una de las características principales de nuestro tiempo es la concentración de la población en grandes aglomeraciones impersonales ilimitadas, vertebradas únicamente por ejes viarios, fruto de la globalización, o más claramente, de la disolución de un capitalismo de naciones acotadas en un capitalismo de regiones urbanas interconectadas. El fenómeno se conoce como metropolitanización. El tipo de asentamiento resultante, la metrópolis, determina una nueva forma de relación y de gobierno, luego una cultura distinta, individualista y consumista, y un estilo de vida diferente, más artificial y dependiente, más industrial y mercantilizado, determinado casi enteramente por los imperativos de la terciarización productiva. En efecto, las metrópolis son antes que nada los centros de acumulación de capitales más idóneos para la mundialización de los intercambios financieros, suceso responsable directo de los desastres ecológicos y sociales que nos asolan. La urbanización intensiva que las alimenta no es más que la readaptación violenta del territorio a las exigencias desarrollistas de la economía global. El área metropolitana es la concreción espacial de la sociedad capitalista globalizada. En esta fase, el crecimiento económico, inscrito en la naturaleza sustancial del capitalismo, es fundamentalmente destructivo, insostenible, tóxico, y por consiguiente, conflictivo. Los efectos sobre la salud física y mental de la población concentrada son terribles y los daños ambientales se asemejan a los de una guerra contra el campo y la naturaleza: desertificación y salinización de suelos, acidificación de océanos, rotura de los ciclos biológicos, polución del aire, las aguas y las tierras, acumulación de basuras, despilfarro energético, agotamiento de recursos, pérdida de la biodiversidad, calentamiento global, despoblación, etc. El capitalismo, que ha tropezado con sus límites internos, la obtención de plusvalías, alcanza los externos, la finitud de los recursos. Paralelamente, las economías autóctonas se arruinan, pues la producción local de bienes y alimentos no puede competir con la gran producción industrial. En consecuencia, la agricultura tradicional, la pequeña producción y el pequeño comercio tienden a desaparecer en favor de las plataformas logísticas, la industria deslocalizada y las grandes superficies. Igual que pasó con los artesanos en el periodo de arranque del capitalismo moderno, el campesinado se volvió superfluo, y su cultura, obsoleta. El territorio se vacía imparablemente y se degrada; los habitantes excedentarios de los pueblos y pequeñas ciudades se vuelven reserva de mano de obra y emigran a las cada vez más inhabitables conurbaciones donde reina la desigualdad y el desarraigo, mientras que las urbes medianas se estancan y declinan. Cuando la industria agroalimentaria y el turismo son preponderantes, el proceso de vaciado rural puede proseguir sin obstáculos, pues son necesarios para la conversión completa del territorio en capital, motor imprescindible de desarrollo desbocado y fuente mayor de los necesarios beneficios.

La cuestión social hoy menos que nunca se manifiesta como exclusivamente laboral, habiendo perdido el mundo del trabajo su antigua centralidad. Tampoco como problemática circunscrita a los conglomerados urbanos, por más que las consecuencias indeseables de la metropolitanización —formación de guetos periféricos, contaminación atmosférica y lumínica, ruido, servicios públicos insuficientes o inexistentes, gentrificación, precariedad, desahucios, pobreza, etc.— originen numerosas protestas. El territorio, convenientemente despoblado y ferozmente desequilibrado y esquilmado por prácticas extractivistas, se diversifica como manantial de ingresos y adquiere peculiaridades económicas complementarias a las de la conurbación: reserva urbanizable, soporte y contenedor de infraestructuras, productor de recursos energéticos, albergue de residuos, lugar de la agricultura industrial y la ganadería intensiva, espacio para el ocio, la segunda residencia o el turismo rural… La agresión al territorio produce involuntariamente un desplazamiento geográfico del eje de las luchas, que en los países turbocapitalistas ocurren en su defensa. La cuestión social reaparece entonces como cuestión territorial, y, dada la despoblación rural —casi absoluta en el Estado español, con el consiguiente abandono de decenas de miles de pequeñas explotaciones y millones de hectáreas de cultivo— su expresión más auténtica aunque más dificultosa es la vuelta al campo. Sin embargo, un verdadero sujeto colectivo con una finalidad unificadora y transformadora clara no consigue concretarse.

Los neorrurales no constituyen en ninguna parte un colectivo lo bastante numeroso como para formar con los jóvenes lugareños, los investigadores disidentes, las mujeres y el campesinado residual un verdadero sujeto político. El sujeto se constituye al segregarse radicalmente un grupo disconforme para construir su mundo; en cambio, la oposición al cáncer desarrollista en ninguna parte se distancia demasiado de los métodos convencionales. A menudo, recurre a la mediación de la política tradicional y acepta cohabitar con el viejo orden social. No se plantea la administración concejil, el acceso popular a la tierra o el desmantelamiento de su explotación industrial. A pesar de todo, en el territorio se despliegan con mayor profundidad todas las contradicciones del capitalismo y estatismo, pero la dominación —el sistema, el poder, la clase dirigente— aún es capaz de neutralizarlas con mecanismos de cooptación y fórmulas de estabilización del estilo de la “economía social”, el “desarrollo rural”, la “transición energética”, el “decrecimiento” no conflictual o el “nuevo pacto verde”. La defensa del territorio es objetivamente anticapitalista, pero subjetivamente todavía no lo es. El éxodo rural acabó con la sociedad campesina en Europa e hizo imposible la comunidad de intereses en el campo y, por lo tanto, la formación de una clase sólida y activa. Por eso, se da el caso de un sujeto en estado gaseoso, concretado en “entidades”, plataformas o coordinadoras, que busca cambiar la sociedad sin molestar a sus elites y trata de salir del capitalismo sin romper la puerta. Y, por eso, la actual defensa del territorio es incapaz de revertir la situación a pesar de la contribución no desdeñable de las insatisfechas masas periurbanas, pues la meta proclamada consiste solo en “cambiar el modelo de desarrollo”, por supuesto, gracias a una benévola disposición de las instituciones “repensadas” o “reinventadas” por no se sabe quién, no en acabar con el capitalismo, la jerarquía y el Estado. En verdad, sobre la defensa del territorio pende la espada de Damocles de la institucionalización, la promoción de líderes y el malestar encauzado. Solamente un colapso urbano podría alterar tales limitaciones, habida cuenta de que las metrópolis son cada vez más vulnerables, ya que los problemas derivados del cambio climático o las dificultades en el suministro de agua, electricidad, combustibles o alimentos podrían fácilmente volverlas inviables.

Únicamente en tierras latinoamericanas, determinadas condiciones históricas opuestas a lo que los dirigentes llaman “progreso” han permitido subsistir a un campesinado numeroso, en parte indígena, que mantuvo sus tradiciones comunitarias de autoproducción, autodefensa y autogobierno. Allí la resistencia a las acometidas de la globalización ha podido reconstruir una identidad revolucionaria, o sea, una clase peligrosa. La actividad eminentemente defensiva de las comunidades rurales ha colocado el problema agrario en el centro de la cuestión social, irradiando la influencia del campo sobre las barriadas marginadas de la urbe. Es así como la defensa del territorio da un salto cualitativo hacia la sublevación de la tierra y se convierte en espejo donde ha de contemplarse la lucha urbana. Políticamente, con la reivindicación del poder de decisión —de la soberanía— para las asambleas territoriales autónomas; económicamente, con la voluntad de transferir los recursos de la metrópolis al campo; socialmente, con las prácticas autogestionarias y autoorganizativas. Indudablemente, en ese contexto de contradicciones emergentes que impide al sistema dominante presentarse como parte principal de la solución, como hace por aquí, el antagonismo entre campo comunitario y extractivismo industrial se acentúa, volviéndose a la vista de todos irresoluble en el marco de un régimen capitalista y estatista. Cada trecho que se avance en la producción y distribución alternativas, cada terreno que se ocupe, cada jerarquía que se suprima, significará un retroceso de dicho régimen, o sea, de la dominación, por lo que cabrá esperar una contraofensiva a la que parar, que, lógicamente, será autoritaria en su concepción, y policial, incluso militar si la situación lo exige, en su realización.

No entiendo la sublevación de la tierra como una mera expresión típica de la neo-lengua de la izquierda doméstica, ni creo que con ella se aluda al levantamiento retórico de un 15M o a las inocentes demandas dirigidas a los gobiernos de la seudomovida Extinción-Rebelión o de los colapsólogos patentados. Hay que entenderla en su significado literal: la revuelta contra el poder establecido de un amplio sector de la población erigido en sujeto colectivo —en clase— que quiere vivir según sus deseos, sin mediaciones exteriores, y para eso exige cambios revolucionarios en la economía, la política y la sociedad. Es una respuesta insurgente ante las consecuencias catastróficas del crecimiento económico y también la etapa culminante de un proceso de lucha social. En los países sin agricultores el proceso apenas está empezando; se busca el camino a través de tanteos, discusiones, liberación de espacios, escaramuzas y experimentos. El objetivo es una sociedad civil compuesta por comunidades autoorganizadas, con raíces en la tierra, separada lo más posible del Estado y de “los mercados”, y en consecuencia, desurbanizada, desestatizada y desglobalizada. Este desde luego no se alcanza con SMS (el arma preferida de Negri), monedillas, simulacros circenses, quejas mesuradas a la autoridad o manuales de colapsología. Para salir del capitalismo hay que enfrentarse decididamente a él. Pero, a pesar de multiplicarse las situaciones críticas de todo tipo y las implícitas amenazas de derrumbe, el régimen capitalista y estatista continúa reproduciéndose, porque encuentra nuevos aliados por el camino con los que perseverar en la misma dinámica de poder y crecimiento. Su capacidad destructora del espacio público, y por consiguiente, de la percepción de la verdad, es infinita. Las predicciones apocalípticas no le arredran, más bien lo contrario. La catástrofe lo nutre. Así pues, nunca le detendrán desfiles carnavalescos, candidaturas electorales, fórmulas asociativas prodigiosas o cualquier otra clase de sucedáneo convivencialista. Todo eso forma parte de su mundo. Tal como antes se decía, en la guerra como en la guerra, si es que realmente hay que evadirse de él.

 

Miguel Amorós

Para el ciclo de debates online «Sublevaciones de la tierra», moderado por la Revista SABC, el 15 de noviembre de 2022

domingo, diciembre 18

Bibliotecas populares autogestionadas

 


Alrededor nuestro, quien más quien menos, todos tenemos bibliotecas. La gran mayoría de ellas dependen de administraciones públicas y algunas de ellas también de instituciones privadas variopintas, desde fundaciones de todo tipo hasta las denominadas obras sociales de entidades bancarias. Muchas de estas bibliotecas están dotadas de amplios fondos, otras hacen lo que pueden. Pero, en general, cuando se trata de buscar libros de contenidos sociales o políticos en los márgenes, o pertenecientes a editoriales pequeñas y autogestionadas es difícil encontrar lo que se busca. Ahí es donde nace la necesidad de otros modelos de bibliotecas, populares y autogestionadas que den cabida a otros contenidos fuera de lo habitual, a material autoeditado que se distribuye en circuitos alternativos o que se corresponda con temas políticos y sociales a la izquierda de la izquierda. Estas bibliotecas existen e intentan complementar lo que ofrecen las bibliotecas institucionales con fondos y actividades que no tienen cabida en ellas. Funcionan a través de colectivos autogestionados que subsisten como pueden para hacer funcionar estas bibliotecas, y no solo mantenerse funcionando, sino también mantener, renovar y actualizar sus fondos periódicamente. En la mayor parte de las ocasiones estas bibliotecas se albergan en locales (cedidos, alquilados u okupados) en los que tienen lugar muchas otras actividades. Porque la lectura, y todo lo que ocurre alrededor de los libros, no tiene por qué ser una actividad individual, bien puede ser colectiva a través de clubs de lectura, de puestas en común sobre los temas que contienen estos libros o charlas de presentación de nuevas publicaciones en las que se puedan intercambiar opiniones. Y así, bajo esta inspiración, es como nacen los proyectos que participan en este episodio nº 297 de Barrio Canino.

Grabado precisamente en la sede de una de estas bibliotecas, el Local Anarquista Magdalena, en el corazón de Lavapies, este programa reúne a cinco de estas bibliotecas sociales, populares, autogestionadas, que están funcionando en diversos puntos de la geografía: la propia biblioteca anarquista Magdalena (de Madrid Centro), la biblioteca okupada anarquista Carnaval y Barbarie (de Vallekas), la biblioteca La Revoltosa (de Alcorcón), la biblioteca libertaria Jesús Lizano (de Fuenlabrada) y la Biblioteca Social Hermanos Quero (de Granada). No están todas las que son, está claro, pero son todas las que están.

En esta charla nos hablan sobre cómo un colectivo puede autogestionar una biblioteca, qué tipo de fondos se encuentran en ella, cómo se consiguen los fondos, cómo se catalogan, se prestan los libros y qué otras actividades ocurren en torno a los espacios que albergan estas bibliotecas. Pasen y lean.

El programa se puede escuchar en este enlace

 

Enlaces:

– Biblioteca Jesús Lizano (Fuenlabrada. Biblioteca popular y club de lectura. https://fuenlabrada.cnt.es/biblioteca/

– Carnaval y Barbarie (Vallekas). Biblioteca anarquista okupada. https://carnavalybarbarie.noblogs.org/

– Biblioteca La Revoltosa (Alcorcón). Biblioteca popular y anarquista. https://bibliotecalarevoltosa.wordpress.com/

– Local Anarquista Magdalena (Madrid Centro). Centro de encuentro, biblioteca, librería,  videoteca y centro de documentación. www.localanarquistamagdalena.org

– Biblioteca Social Hermanos Quero (Granada). Biblioteca, librería, centro de documentación, archivo, espacio de encuentro y autoorganización autónomo. https://www.bsquero.net/

domingo, noviembre 27

La Medicina como negocio y control social


 

La medicina se está convirtiendo, en gran medida, en una institución de control social y supeditada a los intereses de las grandes empresas. A medida que pasa el tiempo, el necesario análisis retrospectivo de las políticas gubernamentales y de los grandes medios de comunicación va desvelando hechos que difícilmente se corresponden con objetivos de protección de la salud de las poblaciones frente a la nueva pandemia. Jose´R. Loayssa

lunes, julio 18

Humanidad Burocrática, Humanidad Económica

 

 
 
Estamos en un contexto histórico muy especial, el sistema capitalista ha apretado otra vez más las tuercas , cada vez más gente se está cayendo del trasatlántico del estado del bienestar... Estamos a la espera de algo no sabemos que ... ¿Que nuevo modelo social nos quieren imponer? ¿Cuantos agujeros más nos apretaran el collar? ... Seguimos esperando ? O empezamos caminar... ¿Es la vida una ocasión para un experimento?. Partiendo de la idea de "la humanidad económica" Pedro Gª Olivo iniciará un recorrido por la obra de numerosos autores (j. Ellul, L. Mumford, I. Illich...) para así compartir algunas claves y hallar respuesta a esta pregunta, y quizás abrir camino para formularnos otras.

jueves, junio 9

Control, seguridad y policía en la ciudad neoliberal

 

 
 
Esta investigación trata de situar el lugar que ocupa la seguridad en nuestro imaginario, las principales transformaciones del modelo represivo que se han producido en las últimas décadas, así como los cambios en las relaciones entre policía y sociedad. A la luz de esta lectura, cabe preguntarse si existe la posibilidad de reformar la institución policial, o si es posible impugnar este dispositivo de poder y, en definitiva, desertar del modelo securitario de control.
 
 

lunes, mayo 16

V encuentro anarquista contra el sistema tecno-industrial y su mundo

 


Durante los días 27, 28 y 29 de Mayo tendrá lugar el «V Encuentro Anarquista contra el Sistema Tecnoindustrial y su mundo». Un lugar donde encontrarnos, conocernos, debatir, difundir y afilar nuestras ideas contra la organización técnica del mundo. Pretendemos que el encuentro sea una herramienta más para combatir el sistema tecno-científico-industrial, porque pensamos que el terreno del enfrentamiento se debe concentrar en el campo del progreso tecnológico, puesto que es y será lo que trace las presentes y futuras dinámicas de la dominación sobre todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida: sociales, políticos, económicos y ambientales. Durante la duración de las jornadas habrá un espacio para distribuidoras (aquellas que quieran montar la distribuidora en el espacio les pedimos que confirmen su presencia con antelación) y comedores 100% vegetariano.. En los próximos días difundiremos el programa completo del Encuentro, que este año se realizará en el PVA Sputnik (C/Gonzalez soto, 21, Vallecas, Madrid)

Históricamente, los sistemas de dominación han aprovechado los momentos de crisis o catástrofes para transformar el mundo, para realizar una metamorfosis del mismo. En otros tiempos esta metamorfosis fue llevada a cabo cuando el capitalismo se vio amenazado por el avance de la lucha de clases o por la necesidad de cambios económicos y productivos con los que maximizar beneficios. En nuestro tiempo vemos como la tecnocracia aprovecha las emergencias ya sean energéticas, sanitarias, económicas, climáticas… para acelerar el tecno totalitarismo que supone el mundo-máquina. Se está llevando a cabo una nueva “gran transformación”, impulsada por las élites tecno-financieras, un Gran Reinicio. Reiniciar la vida en todas sus dimensiones para imponer una nueva forma de vida y un nuevo mundo bajo los imperativo de la 4º Revolución Industrial, es decir, reiniciar la vida para someterla al mundo-máquina que persigue optimizar al ser humano y todo lo vivo para convertirlo en un engranaje más de dicho mundo. Una vez artificializada y controlada la naturaleza el objetivo ahora es el ser humano.

Tras dos años de ´emergencia sanitaria´ y sus consecuencias (sociedad ´contactless´, privación sensorial, medicalización…) nos encontramos ahora en una nueva crisis debido a la emergencias energéticas, climáticas, etc. que supondrán, igualmente, unas consecuencias que nos dirigirán hacía el tecnototalitarismo y, en todas ellas, podemos encontrar algún formato de la guerra. Observamos entonces que las diversas formas de emergencia son utilizadas como una nueva forma de dominación, de mantener a la población bajo los imperativos de la tecnocracia, una nueva forma de crear miedo y sumisión a la población que desposeída de libertad y autonomía aumenta su fe ciega en la salvación que le promete el sistema tecno científico. La guerra y las emergencias se convierten en nuevas formas de dominación, tras dos años de guerra “contra el virus” que realmente ha sido una guerra contra la población. Por un lado, mediante la privación sensorial (técnica usada durante las guerras) que supusieron el confinamiento y la distancia social, por otro lado, mediante la medicalización en forma de inoculación de sueros de reprogramación celular (1) que siguen produciendo miles de heridos y asesinados y por último, supuso la destrucción de las relaciones sociales ahora mercantilizadas e informartizadas en la nueva sociedad cibernética. La actual guerra entre Ucrania-Rusia, detrás de la cual se esconde una guerra entre élites tecno finacieras (2), está provocando la aceleración de una serie de emergencias: la emergencia energética, que conduce y acelera el proyecto de la tecnocracia de la instauración de las llamadas “energías renovables” y las ciudades sostenibles, automatizadas e inteligentes dirigidas por patrones algorítmicos y la emergencia económica, tras la ruptura de la cadena de suministros que da lugar a la subida de la carestía de la vida y a la escasez de ciertos alimentos se aceleran diversos proyectos como la biología sintética alimentaria, los transgénicos (España es el primer país europeo que tras esta crisis acepta los piensos transgénicos para animales que obviamente acabarán en nuestros cuerpos), igualmente, en este campo se acelerarán los proyectos de la agricultura 4.0 y las ´soluciones basadas en la naturaleza´.. Algo parecido a lo que sucedió tras la ´emergencia sanitaria´ en la que una parte importante de la población empezaba a aceptar que los animales producidos por la industria alimentaria fuesen modificados genéticamente para evitar que cogiesen enfermedades o transmitiesen virus. Igualmente la crisis económica “producida” por la guerra acelera el proyecto de las monedas digitales,(Rusia junto al resto de los paises que conforman el grupo Brics ha creado ya una moneda virtual para la realización de transaciones) la automatización y robotización del mundo laboral y otros como la renta básica, que posiblemente será una cartilla de racionamiento ajustada al comportamiento de cada individuo controlado en cada momento y a cada paso por la sociedad cibernética. Esta nueva forma de dominación deshace totalmente la diferencia entre la guerra y la paz, “la paz es la continuación de la guerra por otros medios” (3), las zonas de guerra y las zonas de paz se entremezclan y confunden, la guerra o la ´emergencia´ ya no es algo alejado de nuestro ambiente, como en tiempos pasados, sino que pasan a formar parte de nuestra vida cotidiana, que se ve rodeada de cientos de aparatos militares como internet, geolocalización, teléfonos inteligentes, prótesis, drones…que facilitan más el ambiente militarista y securitario.

Estas ´emergencias´ junto a la climática nos conducen a una nueva forma de vida donde el comportamiento y la conducta de cada individuo quedarán reguladas en base a los imperativos sanitarios, climáticos, económicos que marque cada ´emergencia´. Unas emergencias que permitirán el asalto definitivo de la sociedad industrial a todas las esferas de la vida, permitirán una aceleración tecnológica que supere los límites conocidos hasta ahora imponiendo la forma de vida tecno industrial en el último rincón del planeta y en todo lo vivo que habita en el planeta, un control del comportamiento y de conducta que nos acerca al ´sistema de crédito´ existente en China, es decir, a una sociedad hipertecnologizada y controlada. Las nuevas formas de regular y dominar la vida en función de las diferentes emergencias irán acompañadas del proyecto de la identificación digital. Hemos visto como la llamada ´emergencia sanitaria´ ha dado lugar a la imposición del ´Green Pass´ una identificación digital (con datos personales y sanitarios) que te permitía en función de aceptar o no las nuevas regulaciones sanitarias acceder a determinados servicios. Este proyecto de identificación digital liberticida y segregacionista se extenderá al resto de emergencias, ya hemos visto como en Ucrania para recibir las ayudas dadas a la población por las consecuencias de la guerra es necesario poseer una identificación digital que incluye datos sanitarios y biométricos.

La sociedad cibernética que persigue la desaparición del mundo físico y la deshumanización es la principal valedora de la identificación digital, desde el proyecto ID2020 hasta la “billetera digital” de IBM. La identificación digital supone el control absoluto de nuestras vidas ya que todos nuestros datos de comportamiento, de movimientos, biométricos, etc.. quedarán recogidos en ella. La digitalización de todas las dimensiones de la vida es un proyecto conductista con el fin de dirigir nuestro comportamiento. Las emergencias, las crisis, las guerras hacen de la vida y la muerte algo aterrador predisponiendo a la población al sueño de una victoria tecnológica en un mundo imprevisible.

 

HACIA EL PROYECTO TRANSHUMANISTA

La ´emergencia sanitaria´, y las que vienen, suponen una aceleración tecnológica y una aceleración del proyecto transhumanista. El transhumanismo pretende no solo transformar el mundo sino a los propios seres humanos, optimizarlos, mejorarlos y `aumentarlos´para adaptarlos al mundo-máquina. Mejorar al humano mediante hibridaciones con la máquina o mediante intervenciones sobre su biología, modificando y mejorando sus aptitudes físicas y cognitivas, convertir al humano en algo funcional, en una máquina.

Dentro de este proyecto transhumanista se ha dado un gran salto mediante los sueros de reprogramación celular, escondidos bajo el nombre de vacunas. Supone un salto hacia adelante en el nuevo paradigma biomédico que pretende controlar, y mejorar, los procesos vitales de los seres humanos mediante las nuevas técnicas para manipular y artificializar procesos básicos en los niveles molecular, celular y genético. El transhumanismo ve el cuerpo como un objeto manipulable, moldeable y mecanizable, algo funcional a sus necesidades: la ingeniería genética, xenotransplantes, medicina personalizada desarrollada a la medida del genotipo de cada persona, reprogramación de células madre, terapias génicas, regeneración de órganos in vitro, etc. abren un enorme camino a la idea de un cuerpo maleable. Este nuevo paradigma biomédico no se centra en eliminar patologías como el anterior sino que pretende controlar, administrar, modificar y redefinir nuestras propias capacidades vitales, supone un paso hacia el cuerpo transhumano, un aumento cualitativo de la capacidad de modificar nuestro metabolismo, nuestros órganos y nuestro cerebro. Por ello para nosotros, la importancia de esta nuevo paradigma biomédico, va más allá del artefacto de la “vacuna”, es el control sobre los procesos biológicos con el fin de controlarlos y artificializarlos. El objetivo como decíamos ya no es curar enfermedades, sino mejorar al ser humano, las diferentes formas de biomedicina desde las terapia génicas hasta la reprogramación celular fabrican no sólo un nuevo órgano o cuerpo sino que también fabrican una nueva forma de entender la vida y de estar en el mundo bajo los dictados de la tecnocracia.

Este control y artificialización de los procesos vitales abre el camino de la eugenesia (recientemente se decodificaba el genoma completo de un feto), los avances en tecnología de secuenciación genética harán posible la intervención técnica en su organismo para moldearlo en base a los patrones de salud del capitalismo. Hoy es en base a la salud, mañana en base a cualquier otro patrón de las necesidades capitalistas que mercantilizan e instrumentalizan los cuerpos. Este descubrimiento obviamente potenciará la eugenesia que se esconde detrás de los diferentes procesos de la reproducción asistida mediante la cual se fabrican, perfeccionan y seleccionan bebés. Todo ello supone la mercantilización absoluta de la vida y sus diferentes procesos.

La edición de genes mediante la técnica Crispr/cas9 (que permite modificar genes con sencillez y precisión), la reprogramación celular, órganos artificiales, etc. son una parte del nuevo paradigma biomédico al que acompañarán la sensorización del cuerpo, mediante nanosensores y tecnologías ponibles que monitorizarán nuestro cuerpo y dirigirán nuestro comportamiento de nuevo en base a los patrones de salud capitalistas.

Si el Proyecto Genoma Humano cambió el paradigma científico y médico lo mismo ocurrirá cuando se produzca el mapeo completo del cerebro humano que es lo que pretende el proyecto estadounidense Brain, intentando descifrar todas las redes neuronales y sus funciones mediante las nuevas neurotecnologías. De nuevo, controlar los órganos y modificarlos con el fin del paradigma biomédico, ya mediante técnicas como el electromagnetismo, que se han utilizado para desactivar sistemáticamente ciertas partes del cerebro sin necesidad de intervención quirúrgica, la estimulación cerebral profunda o la optogenética, que ya ha conseguido controlar ciertos comportamientos en animales, o la posibilidad mediante electrodos de que tu cerebro maneje las prótesis mecánicas colocadas en el cuerpo. Todas estas técnicas persiguen el control del cerebro, una visión del cerebro como una máquina, como un reloj con ruedecillas y engranajes. Para ellos la mente, al igual que el cuerpo, no es más que un software que programar y desprogramar. Mecanizar al humano mediante la hibridación con la máquina uno de los objetivos transhumanistas.

El proyecto transhumanista se basa en la instrumentalización de las personas por la técnica, pretende mejorarnos virtual o genéticamente de forma que cree en los individuos un nuevo estatus ontológico, rediseñando la condición humana. La digitalización de la vida en todas las dimensiones, el Internet de la cosas, las personas y los animales nos convierte en información, en datos, en algo mensurable y controlable. Si cada persona u objeto sobre la faz de la tierra transmite información continua sobre su estado, sus necesidades, sus emociones etc. convierte a lo existente sobre el mundo en algo vigilado (a tiempo real) y controlado.

Esta digitalización, mediante la Inteligencia artificial, el Big Data, el internet de las cosas nos lleva a la monitorización completa de nuestras vidas y a la predicción de nuestro comportamiento que será sugestionado por patrones algorítmicos. Vigilados y conducidos. Pero desde una dictadura dulce que nos hace creer libres, de la servidumbre voluntaria a la felicidad inducida, de la esclavitud a la servidumbre feliz dentro de una prisión digital, del trabajo os hará libres a la digitalización os hará libres, nunca una sociedad tan esclava, tan sumisa como la de hoy se había sentido tan libre. Vivimos en una prisión digital que da lugar a un contexto de paz colectiva, caracterizado por la total ausencia de coacciones o amenazas, “no se ve que haya reacción ni opresión… todo va a mejor en el mejor de los mundos”(4). El proyecto cibernético es un proyecto liberticida y ecocida que modele nuestro comportamiento, nuestras emociones, nuestra experiencia y destruya el planeta mediante su necesidad insaciable de de minerales, tierras raras, energía…

Ahora más que nunca es el momento de rechazar la ciencia, la tecnología y el progreso que nos llevan al abismo, rechazar los postulados izquierdistas y posmodernistas que buscan la “salvación” en la técnica, rechazar la artificialización del mundo, de nuestras vidas y cuerpos, proyectar una crítica y una praxis hacia al sistema tecno científico y su mundo racional, negarnos a la mecanización y robotización de nuestras vidas hoy es más necesario que nunca ante el advenimiento de un mundo tecno totalitario. Continuar la lucha por sus múltiples caminos y los que quedan por hacer.

Contra toda autoridad, contra toda nocividad, por la anarquía.

 

1. Mundo Laboratorio: vacunas, pasaportes, dictadura sanitaria.
 

2. Walter Fomento. En la transición hacia una nueva Civilización. La confrontación militar en Ucrania., destacar también el texto de Pablo Hernandez “La implantación mundial del comunismo de los ricos, por los ricos y para los ricos” y “El nuevo orden mundial que nos preparan con el pretexto de la guerra de Ucrania”

3. G. Anders. Filosofia de la situación, Los libros de la catarata. 2007
 

4. Rosa Luxemburgo. Reforma o Revolución. 1899

  1.  

    https://contratodanocividad.espivblogs.net 

miércoles, abril 13

Grupo Moiras: «La prostitución no puede ser un trabajo: es dejar que otros usen tu cuerpo»

 

El grupo de afinidad anarcofeminista analizó en la Unión Anarcosindicalista de A Coruña  la mercantilización del cuerpo de las mujeres y las posturas históricas de CNT y Mujeres Libres sobre el sistema prostitucional.

¿Puede la prostitución ser un trabajo, y por tanto ser sindicado? ¿Cabe la prostitución en el anarcosindicalismo? ¿Es el abolicionismo ‘putófobo’? ¿Cuál fue la postura histórica de los y las anarquistas ante la prostitución, y también la de la iglesia católica y la burguesía? ¿De dónde y cuándo surge la idea de que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera?

Estas y otras preguntas sobre la prostitución surgieron durante la charla “Prostitución y Anarquismo”, que el Grupo Anarcofeminista Moiras ofrecimos en A Coruña, invitadas por la Unión Anarcosindicalista, que sirvió también para presentar el libro ‘Porqué el anarcosindicalismo no puede sindicar la prostitución”, que recientemente hemos editado.

La charla comenzó con una presentación del grupo, creado hace un año por mujeres libertarias de distintas partes de la península ibérica para enfrentarnos al desclasamiento y la falta de formación en las ideas anarquistas que está provocando la introducción de reformismos e ideas de la socialdemocracia que nos vende sentimientos de libertad mientras nos explota. En la charla analizamos la postura de anarquistas de relevancia, como Emma Goldman, que rechazó la prostitución como un mal social, y las posiciones históricas de Mujeres Libres y CNT.  Las mujeres anarquistas solían escribir y trabajar hacia lo que llamaban ‘amor libre’, este fue introducido incluso en el IV Congreso de CNT en Zaragoza en 1936 incluyéndolo en el comunismo libertario, estando  estos principios, tácticas y finalidades vigentes actualmente en la CNT AIT.  En cuanto al abolicionismo libertario llevado a la praxis por MMLL en plena guerra civil, mediante los liberatorios de prostitución en los que se ofrecían servicios psicológicos y de formación para aquellas mujeres que así lo requiriesen. Ellas estuvieron con las mujeres prostituidas, estuvieron con las ‘putas’.

Una estrategia de supervivencia de colectivos oprimidos, no un trabajo

En la charla analizamos además si la prostitución puede, por su propia esencia, ser considerada un trabajo. El trabajo es el esfuerzo que hace una persona usando sus capacidades físicas o mentales. La prostitución no es un trabajo, ya que implica dejar que otros usen el propio cuerpo.

Afecta además a una esfera especial de la vida humana, la sexualidad. La prostitución es la compra de la libertad sexual a cambio de dinero.

Estas dos características de la prostitución hacen que sea realmente imposible su regulación como un trabajo más: no se le pueden aplicar las normas básicas de derecho laboral, como las de Riesgos Laborales que se aplican en todas las profesiones que implican a fluidos biológicos. Nadie admitiría una mujer en prostitución vestida con gafas protectoras, bata y guantes, por ejemplo. No se le pueden aplicar las normas básicas de empleo, ya que no se puede obligar a las mujeres en paro, por ley, a vender su libertad sexual. No se puede integrar en un sistema regulado de formación profesional, en el que se enseñe a las niñas y adolescentes a complacer a puteros de distintas edades, ya que se consideraría abuso sexual a menores e incompatible con la educación en igualdad. No es un trabajo, pero sí es una estrategia de supervivencia de muchas mujeres que viven bajo el peso del capitalismo, el patriarcado y el colonialismo.

La Organización Internacional del Trabajo la promueve y la UE la incluye en el PIB

La Organización Internacional del Trabajo propuso en 1998 reconocer a la industria sexual, tras la explosión del negocio con la globalización. Ese año publicó un informe sobre su impacto en el Sudeste asiático, en el que aboga por reconocer a la “industria sexual” Fue premiado en la Feria del Libro de Francfort, en Alemania, país que en 2002 reguló la prostitución como un trabajo. En 2014 la UE decidió incluirlo en el PIB de los Estados miembros. El INE estima que aporta un 0,35% del PIB nacional, es decir, 4.210 millones de euros en 2022.

Regulacionismo, prohibicionismo, abolicionismo

Hay tres posturas ante la prostitución

El regulacionismo. Es la más antigua, ya que la prostitución ha estado tolerada y regulada desde muy antiguo, y cada época ha encontrado justificaciones para su existencia. En España estuvo regulada durante al menos dos siglos hasta que a finales del XVII, bajo el reinado de Felipe IV, fue prohibido, para volver a estar regulada a mediados del siglo XIX. El primer reglamento de regulación de la prostitución en ese siglo se proclamó en Zaragoza en1845, y dos años más tarde lo hace Madrid. Se mantuvo regulada hasta 1956. Esta postura considera una actividad necesaria para el funcionamiento social y establece sus límites (lugares, revisiones sanitarias, etc).

-El prohibicionismo. Es una postura más moderna, vinculada al puritanismo de los países anglosajones, Es la que impera en EE UU salvo en Nevada, y en países autoritarios como China. Castiga a la mujer en prostitución y al putero, por atentar contra la moral.

-El abolicionismo. Nació con el feminismo en el siglo XIX, de la mano de Josephine Butler. Las anarquistas españolas impulsaron esta postura en la Revolución, creando ‘Liberatorios de Prostitución’ para dar alternativas vitales a las mujeres que estaban en los burdeles.

Agradecemos la valentía de los compañeros de Unión Anarcosindicalista de A Coruña por plantear este debate en un espacio seguro y de respeto, cuando en tantas ocasiones incluso dentro del propio movimiento libertario se censuran las voces críticas con el sistema prostitucional, pese a que es una postura ética plenamente coherente con los valores anarquistas.



 

sábado, diciembre 11

Cataluña a la sombra del capitalismo - Miquel Amorós


 Parece ser el territorio un elemento importante en el crecimiento de la economía, que es como decir en la acumulación de capitales. Con la perspectiva del cambio climático y de la “transición energética” del capitalismo, el territorio en tanto que paisaje es un factor estratégico de primer orden en boca de sus administradores. No hace falta calentarse la mollera con esto, pues cada año en Cataluña son clasificadas como suelo urbanizable más de cien mil hectáreas, al tiempo que toda clase de infraestructuras devoran la tierra fértil. La sobreurbanización implica la hipermovilidad. En el territorio catalán se producen alrededor de veinte millones de desplazamientos diarios, la mayoría en vehículo privado (el número de coches crece a mayor velocidad que el de habitantes). Encima, un alud de proyectos “disneylandistas” camuflados o no tras la candidatura Barcelona-Pirineos a los Juegos de Invierno lo quieren transformar; planes, leyes y decretos a montones concurren para regular dicha transformación sin molestarla demasiado. Como de costumbre, el discurso dominante alude al desarrollo y a los mercados, y apunta a “nuevas expectativas de actividad” y “oportunidades” para los hábitats rurales, pero añade ingredientes ecodesarrollistas como lo de la cohesión territorial, el ocio responsable, la conservación del patrimonio y la protección del medio ambiente. En la práctica, la fragmentación y la fagocitación del territorio continúan su camino ascendente. Como sea que el interés particular es la ley y que, desde hace más de dos siglos, las ganancias determinan la tonadilla de los dirigentes, el cambio de letra denota un cambio de dirección en la obtención de plusvalías. ¿Qué es lo que pasa? ¿Dónde estamos? A fin de encontrar respuestas adecuadas pasaremos revista desapasionadamente a la actual realidad catalana.

Cataluña es una sociedad plenamente urbana, una “ciudad de ciudades”, como dirían los tecnócratas de la socialdemocracia catalana. El 95% de la población vive en núcleos de más de dos mil habitantes y hay censados menos de 25.000 campesinos. El derecho a la ciudad tan caro a los urbanistas de la “izquierda” institucional ahora es un deber; casi todo el mundo ha de vivir aunque no lo quiera en un entorno urbanizado. El modo de vida característico de la urbe se ha generalizado, o dicho de otra manera: el vivir se ha industrializado. Al menos desde de los fastos olímpicos del 92, Cataluña es una especie de archipiélago metropolitano, o más claro, un “sistema” urbano fuertemente centralizado. El país orbita alrededor de una enorme conurbación de casi cinco millones y medio de habitantes -una de las más grandes y contaminadas de Europa- conectada con otras más pequeñas, que en conjunto abarca el 16% del territorio. De un modo u otro, todos los catalanes son barceloneses. Cataluña entera obedece a las necesidades de la metrópolis, dictadas por la dinámica desarrollista a ultranza correspondiente a la fase globalizadora. Es la “Cataluña ciudad” soñada por los idealistas burgueses de los ochenta, macrocefálica y depredadora, elitista y fenicia, crisol de trepas y especuladores, que no obstante se describía con rostro humano, cosmopolita y progresista, cuna de un capitalismo popular, democrático y participativo, llena de oportunidades para todos. Si la Gran Barcelona industrial de los sesenta y setenta era el motor de la economía española, ahora, en plena terciarización, se afana por ser un nodo -un “hub”- de la economía mundial. Si prestamos atención a quienes mueven los hilos de la planificación inútil y deciden el infeliz destino de los catalanes, el paso siguiente es formar parte de una “eurorregión” mediterránea con el turismo por único soberano, donde los beneficios se multipliquen por diez y el pastel nunca se acabe.

La metrópolis ha sido siempre el problema, nunca la solución. En cualquier momento, su poder desintegrador del territorio ha sido inmenso. Las elites urbanas lo reconfiguraron brutalmente -lo “reordenaron”- imponiéndole unas servidumbres tras otras. De hecho, la contradicción entre campo y ciudad se desvaneció hace treinta o cuarenta años. Los límites municipales se fueron desbordando hasta que las diferencias entre dentro y fuera quedaron borradas. Todo terminó en urbano o periurbano. Se puede afirmar que hoy en día en Cataluña el mundo rural propiamente dicho no existe o es muy residual. Bueno, aún se cultiva el 25% del territorio, pero la agricultura se desenvuelve bajo parámetros industriales y acata las reglas impuestas por las multinacionales de la alimentación. Es una agricultura no soberana, sin verdaderos agricultores. Los viejos saberes campesinos se perdieron irremisiblemente, igual que las costumbres o el derecho consuetudinario. De las prácticas antiguas de los pueblos tales como los consejos abiertos, los repartos vecinales, la enfiteusis, los campos abiertos y los bienes comunales o propios nadie se acuerda. En fin, el modo de producción agrario tradicional, y junto a él, la sociedad auténticamente campesina, desapareció hace casi un siglo. Era precapitalista, luego incompatible con el capitalismo y con el tipo de Estado centralizador y fiscalizador correspondiente: tenía que ser liquidado. A pesar de todo, el proceso de exterminio fue lento: en 1890 la producción agraria, basada en la trinidad cereales-vid-olivo, todavía superaba a la industrial. Hasta entonces, Cataluña era un país mayoritáriamente agrícola. Hoy apenas tiene industrias propiamente dichas. La gente del campo perdió el control de los lugares donde vivía y siguió por fuerza las directrices del mundo urbano. Los campesinos se convirtieron en ocupantes del patio trasero de la metrópolis, los últimos en enterarse de lo que les concierne. El campo perdió población a espuertas. Cerca de la cuarta parte de los municipios catalanes hoy están en peligro de extinción. Toda una civilización se hundió sin remedio y ni siquiera el museo etnológico es capaz de ofrecer un cadáver folklórico convincente. Habrá que echar mano al azar de algunas antiguallas para poder confeccionar una identidad local susceptible de convertirse en capital simbólico y atraer visitantes. El territorio esta siendo reinventado para adquirir el mayor valor posible en los mercados vacacionales. Eso no es nuevo en absoluto; la novedad consiste en que si la reinvención antes era consecuencia del capitalismo posmoderno, ahora es su premisa. La tierra es más que nunca de quien no la trabaja: el territorio es para explotar más que para vivir. La casa del labrador se llenó de urbanitas. ¿Cómo hemos llegado a esto? Veamos las etapas de este maldito recorrido.

La “revolución” industrial provocó el retroceso económico de la producción agraria y alumbró una nueva clase de asentamiento sin contornos fijos, donde se concentraban bancos, fábricas y mano de obra, en gran parte proveniente del campo: la ciudad industrial. Barcelona, que en la Guerra de Sucesión tenía solo 35.000 habitantes, creció hasta los 184.000 en 1857, en vísperas de la demolición de sus murallas, lo cual originó la expansión fabril por el llano circundante. Primero el ferrocarril y luego el tranvía crearon los suburbios. Si en el año 1900, Barcelona contaba con más de medio millón de habitantes, principalmente burgueses y proletarios, durante la Guerra Civil sobrepasaba el millón, el 37 % de la población catalana. A partir de entonces, el peso de la ciudad, rodeada por un cinturón industrial, no cesará de aumentar, y la lucha de clases, a pesar de la derrota republicana, seguirá caracterizando su historia hasta el advenimiento de la sociedad de consumo masivo. La agricultura tradicional, ya descomunalizada, caerá en picado con la llegada de la mecanización, los abonos químicos, los cultivos especializados y la ganadería intensiva. Allá por los años cincuenta del siglo pasado, la masía entró en crisis para nunca jamás remontar. La demanda del mercado nacional seguiría empujando hacia arriba la industria y, en consecuencia, extendiendo la conurbación. Las autoridades franquistas fueron muy conscientes del fenómeno y aplicaron las normas de zonificación recomendadas por el CIAM, decretando la separación entre fábricas y viviendas y el traslado de la industria barcelonesa al extrarradio. El Plan de Ordenación de Barcelona de 1953 fue el primer intento de racionalización instrumental de la Barcelona metropolitana. A lo largo de los años sesenta y gracias al automóvil se consolidará una primera corona de 36 municipios, reconocida legalmente en 1974 como Corporación Metropolitana, y luego rebautizada como AMB, Área Metropolitana de Barcelona. La continuidad del urbanismo franquista más allá de la muerte del dictador dio un salto cualitativo en 1987, cuando la Generalitat pujolista disolvió la corporación por temor a ceder poder a una institución en manos de competidores políticos.

La numerosa llegada de inmigrantes entre 1965 y 1975 había propiciado la construcción de horrorosos bloques abiertos de pisos de calidad ínfima que enriquecieron a sus promotores, afearon el paisaje urbano y segregaron a los trabajadores en barriadas obreras cada vez más alejadas de un centro cada vez más degradado e insalubre. De los equipos municipales nacidos en las primeras elecciones de “la democracia” salieron reformas tecnopopulistas que contaron con un cierto soporte empresarial, profesional y vecinal. El modelo Barcelona, elaborado por arquitectos “recosedores”, defensores de la institucionalización de las coronas, fue el paradigma urbanístico del desarrollismo posfranquista. Cuando hubo reactivación económica, el idílico “derecho a la ciudad” del urbanismo de fachada social-tecnocrático desembocó en una apuesta por el transporte privado y una prosaica subida del precio del metro cuadrado, suprimiéndose en la práctica el derecho a la vivienda y dándose vía libre a la especulación, a la destrucción del patrimonio y a la gentrificación. En 1977, bastante antes de la entrada de España en la Comunidad Europea, la ocupación en el sector servicios sobrepasó a la ocupación industrial. La circulación -o los “flujos”- y el tratamiento industrial de actividades terciarias aventajaban en capacidad de empleo a la decadente producción fabril. Eso significaba cada vez más un uso no manufacturero de los viejos polígonos y un uso no agrícola del espacio rural. Barcelona tuvo que “ponerse guapa”, que es como decir que hubo de adaptarse a las condiciones de la naciente “cultura del ocio”, o mejor, industria del entretenimiento. De derechos del ciudadano no quedó ni un pellizco. Ante el impulso del consumo privado -ante la colonización de la vida cotidiana- la alianza política entre las clases medias, la aristocracia obrera y los empresarios progresistas hizo aguas. Con el posfranquismo económico se agotaron las metas universales y todo el mundo se sumergió en la vida privada. A mediados años ochenta, mucho más de la mitad de los catalanes se consideraba clase media y soñaba en coches de alta gama, adosados y vacaciones en contacto con la naturaleza domesticada. Entonces, tal como ya había pasado con la costa, la frecuentación sistemática y masiva del interior, especialmente de la montaña pirenaica, -y la construcción de segundas residencias que derivaba de ello- se reveló como la mayor fuente de ingresos y la mejor alternativa a la industrialización. La comercialización del tiempo “libre” ofrecía sin lugar a dudas mejores expectativas que la producción de alimentos, tejidos, electrodomésticos o motocicletas: el deseo de los asalariados de evadirse del trajín cotidiano era mucho más rentable que la demanda de víveres y bienes de consumo. Pasado un tiempo, el derecho de escapar un rato de la aglomeración urbana ahogaría el derecho a habitar en un entorno campestre y a cultivarlo. Prioridad pues al cemento, al asfalto y al esparcimiento mercantilizado. La urbanización se hizo difusa, consumidora abusiva de terreno y muy agresiva. El territorio tuvo que incrementar su conectividad, mejorar sus accesos y multuplicar los espacios recreativos. Las urbanizaciones, los hoteles y los campings, la red viaria y finalmente internet nos introdujeron en una especie de pesadilla extractivista. Las infraestructuras tomaron más importancia que el espacio público y los hábitos cooperativos antaño arraigados: los técnicos al servicio de los inversores dijeron que “vertebraban” el territorio mucho más que las tradiciones y la solidaridad, y nosotros decimos que definen la dominación -el Poder- mejor que las instituciones.

Incluso antes del horizonte del 92 se impusieron los partidarios de la desregulación del mercado del suelo y la supresión de trabas ordenancistas. Un urbanismo perverso -al que podría llamarse olímpico- tomó el relevo al urbanismo táctico de las plazas duras y los “esponjamientos”, escudado en una calamitosa arquitectura de “marca” y un gran acontecimiento deportivo. Entrábamos en la sociedad de los edificios-espectáculo. El sector inmobiliario se perfilaba ya como motor principal de la economía. La superficie construida se duplicó en seguida; el proceso de suburbanización fue más intenso que nunca y se dio preferencia descarada a las autopistas. La corrupción y la deuda de los consistorios ayudaron lo suyo. A cuenta de las clases medias motorizadas, los conjuntos residenciales camparon a sus anchas. Surgieron como setas grandes superficies, naves logísticas y zonas de aparcamiento. Se proyectaron nuevas “rondas”, “patas” y variantes. La expansión del área metropolitana y la expulsión de los pobres de la capital y la AMB fueron el resultado inmediato. En la década de los ochenta se levantaba acta de una segunda corona sin status oficial de más de cuatro millones de habitantes. Agrupaba a 164 municipios. En los noventa, la primera corona se había colmatado e incluso perdía habitantes, mientras que la segunda, denominada Región Metropolitana de Barcelona, RMB. disponía de suelo y se extendía a discreción. La destrucción del territorio estaba servida. Hacia el 2000, se fusionaba lo urbano con lo periurbano. Estábamos a un paso de la “Cataluña-ciudad”, o más exactamente, en la Cataluña globalizada. La “vocación metropolitana” del capitalismo político catalán se había realizado, pero ¡de qué manera! El ritmo acelerado de vida en la conurbación, los nuevos hábitos consumistas promovidos por el endeudamiento alegre y una panorámica de grúas, mostraban sus horribles resultados. Barcelona-municipio permanecía en el centro del caos, luciendo escaparates, celebrando ferias, ofreciendo plazas hoteleras y empleos basura, y disparando el precio de la vivienda. Así, los problemas se traspasaron al territorio, objeto de los frenéticos fines de semana de centenares de miles de personas. Aparte de los daños ambientales, el alto grado de dispersión edificatoria elevó en gran medida el coste de los servicios y de las infraestructuras imprescindibles, obligando a una tímida regulación del hecho metropolitano mediante un Plan Territorial aprobado en 1998, pero no concretado del todo hasta 2010. El interés privado se sobreponía claramente al público (supuestamente el de la administración) o, mejor dicho, ambos se habían vuelto idénticos.

No era necesario que encima se apostara ostentosa y gratuitamente por las finanzas internacionales y el turismo, como hizo el desastroso Fórum maragalliano de las Culturas de 2004, puesto que la parquetematización de Barcelona era un hecho afianzado y la globalización, algo imposible de evitar aunque se quisiera. La crisis inmobiliaria posterior convenció a la plutocracia catalana de la urgencia de finalizar el periodo de edificación desordenada y vertederos incontrolados. Se imponía girar -aunque fuese de boquilla- hacia lo verde de acuerdo con las instrucciones europeas. En 2008 la población concentrada en la RMB se acercaba a los cinco millones y la llegada de turistas batía todos los récords. El turismo surgía como el único motor económico de la Cataluña de los “flujos” apaciguados. La explotación intensiva del territorio en todas direcciones y el despilfarro de recursos asociado que comportaba -en idioma tecnócrata, la “diversificación de la oferta” ante la “demanda externa”- clamaba por un maquillaje completo. El paisaje, sucio, maltratado y desmembrado, era más que nunca un elemento básico del “relanzamiento económico”, especialmente en las zonas entre mar y montaña, donde se estaban ubicando las vías del tren de los ejecutivos (el TAV) y las pistas de aterrizaje en compañía de los aerogeneradores, las placas fotovoltaicas, las incineradoras, las líneas de alta tensión y las plantas de reciclado. La entrada de Cataluña”en el siglo XXI”, es decir, el progreso de la clase dirigente catalana en el panorama internacional exigía cosas ecológicamente incorrectas como la ampliación del aeropuerto de El Prat. De cualquier forma, el ruido en torno al calentamiento global y la energía “limpia” obligaba a una normativa conservacionista de improbable aplicación.

En realidad, apenas se trata de la conservación del medio o de modificaciones significativas del modelo energético “fósil”, y en absoluto del final del sistema alimentario globalizado o de la especulación a todos los niveles: era caso de la explotación “sostenible” del territorio (sic), o sea, de planificaciones “flexibles” y “ajustadas a la diversidad” que no disminuyan la rentabilidad de las operaciones, ni la credibilidad de las autoridades. Se trata pues de la incorporación suave de los costes de la destrucción del territorio al precio del producto turístico-residencial, a través de una suerte de fusión de ambientalismo, política y negocios. En resumen, el desarrollismo teñido de verde. Una nueva ley, todavía en fase de anteproyecto, cargará con la tarea de establecer un uso del territorio que los expertos al servicio de los promotores quieren “eficiente”, “competitivo” y a su manera “sostenible”, de forma que las condiciones reales que nos han llevado a la situación en la que nos encontramos no se alteren sustancialmente, las fuentes del beneficio privado no se agoten, y la locomotora del progreso continúe su marcha por los raíles del estatismo hacia el precipicio sin que ningún freno intervenga.

 

Miquel Amorós

Jornades per l'agitació “Rehabitem les ruralitats”, a Les Llosses (Ripollès) el 18 de setembre de 2021

lunes, noviembre 29

XIX Encuentro del Libro Anarquista de Madrid, 3, 4 y 5 de diciembre, 2021

 


¿DÓNDE?

Escuela Popular de Prosperidad (La Prospe) C/ Luis Cabrera 19

Metros: Prosperidad y Avenida de América

Autobuses: 1, 9, 29, 52, 73

Telefono: 91 562 70 19

Email: prospe@nodo50.org

https://encuentrodellibroanarquista.org/ 

sábado, noviembre 20

Jornadas contra el extractivismo y su mundo (Barcelona)

 

 

El extractivismo es el proceso de devastación de la naturaleza para transformarla en mercancía. Proyectos extractivistas se multiplican por todo el mundo, sobre todo fuera de los centros del poder, para sostener el modo de vida y el funcionamiento del capital.

El extractivismo no es una forma de gestionar el capital, sino que es el capital mismo con su máquina de muerte extendiéndose como una enfermedad. En este sentido, su infraestructura, su dimensión material, es inherente a su lógica de devastación. No hay capital sin extractivismo, como no hay producción ni consumo sin devastación de la naturaleza, sin opresión de todo lo vivo, humanos incluidos…

El mundo que lo sostiene expande la miseria, la explotación, la servidumbre y el control. Lo que llaman el desequilibrio de los ecosistemas no es más que la invasión del poder transformando la naturaleza en mercancía, donde la gestión del capital sacrifica territorios, hábitats y comunidades para su beneficio antropocéntrico.

Los pueblos ancestrales siguen resistiendo contra la colonización llamada capitalismo, su expolio y despojo, su ideología y sus aparatos represivos. Para nosotrxs luchar y señalar el extractivismo es anhelar y/o resistir otras formas de vida fuera de la lógica de la civilización, la industria y el capital, sus valores y su nocividad.

Estas jornadas nacen de la necesidad de plantear, desde distintas perspectivas y experiencias, luchas y reflexiones contra la nocividad del extractivismo y el mundo que lo sostiene. El objetivo es profundizar los discursos y practicas contra el capital/estado en todos sus ámbitos, y buscar lugares de análisis que busquen el desmantelamiento, la destrucción de la sociedad del poder y toda la basura ideológica que acarrea a su paso. Plantear perspectivas anárquicas/antiautoritarias contra la devastación es señalar uno de los rostros del enemigo en toda su infraestructura y monopolio.

¡Hasta eliminar el último bastión del capital y el mundo que lo
sostiene!
¡Solidaridad con la lucha de los pueblos ancestrales!
¡Extractivismo es colonialismo y autoritarismo!

 

Anarquistas contra la devastación

https://malclima.blackblogs.org/

martes, septiembre 21

¿Y qué hacemos con los violadores? Perspectivas anarquistas sobre cómo afrontar la violencia sexual y otras agresiones machistas

 


VVAA

Esta compilación es una aportación, para revisar qué no funciona, donde nos equivocamos, cuáles son los posibles caminos, qué opciones tenemos, hacia donde nos dirigimos… e intentar responder la pregunta de “Y qué hacemos con los violadores?” sin dogmas, con la mente abierta, con mucha convicción y predisposición a la escucha. Porque las vidas destrozadas por estas formas de opresión nos exigen respuestas efectivas y creativas.

 

 
Perspectivas anarquistas sobre cómo afrontar la violencia sexual y otras agresiones machistas 
 
[PRESENTACIÓN DEL LIBRO] 
 
Un diálogo entre Heura Negra, Assemblea Llibertària de Vallcarca, i Descontrol Editorial. 
 
¿Qué alternativas existen a la justicia estatal, cuando hablamos de violencia machista? ¿Qué responsabilidad tiene la comunidad en ello? ¿Qué parte de responsabilidad colectiva y qué parte de individual? ¿Cómo escuchar y poner en el centro a la persona agredida? ¿Cómo posicionarse ante el agresor? ¿Cómo lidiar con la tensión y dolor? ¿Por qué los vetos o las expulsiones? ¿Por qué los comunicados? ¿Qué nuevos caminos y estrategias se están emprendiendo? 
 
Podéis conseguir el libro en la tienda online de La Ciutat Invisible: https://www.invisible.coop/producto/l... 
 
Hemos empezado a distribuir los primeros ejemplares por la red de librerías alternativas y de barrio del estado. Nuestras librerías alternativas y de barrio en Catalunya (siempre en constante evolución): http://descontrol.cat/llibreriesbarri... 
 
¿Dónde puedes pedirlo/conseguirlo en Catalunya? https://www.instamaps.cat/instavisor/...