
Que las calles sean escaparates de intensidades,
tumultos y prácticas insurrectas
y no arterias sometidas
a la servidumbre comercial.
Entender la ciudad como un espacio
atravesado por continuas fugas y derivas
y trabajar allí
por la alteración permanente.
Que plazas, callejuelas y pasajes sean lugares
en los que su amor salde todas sus deudas sentimentales
y financieras en concurso público
de acreedores.
Alfredo Saldaña. Malpaís. Ed. La Isla de Siltolá, 2015
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