Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

jueves, mayo 24

Adiós al sueño americano. Reflexiones en torno al inmigrante

Ayer y hoy, los hombres y mujeres estuvieron movilizados hacia el afuera de sus propios mundos. Ayer los nómadas buscando su integración con la tierra que no pertenecía de ninguno, y hoy buscando la oportunidad de días mejores para los suyos que se quedaron y que esperaban ansiosamente aquella promesa de días mejores.

Y ciertamente, la promesa estadounidense del sueño americano había conquistado las imaginaciones de millones de personas, quienes encandiladas por las ilusiones de prosperidad y bienestar económico de la post-Guerra, acabaron difundiendo a todos los suyos que Estados Unidos era tierra de oportunidades, sin embargo hoy todo ello ha naufragado.

Las políticas de Donald J. Trump han acabado con la idea de la tierra de oportunidades, no solo destrozando los sueños de los dreamers que habían llegado y se habían establecido muchos años atrás ya, sino también la de refugiados de guerra, e incluso agravando la situación de los propios afroamericanos, reviviendo el odio racial de los años 50 en condición de exclusión y segregación.

Y es que, la periferia moderna actual es una realidad devastada que ya no se comprende desde lecturas bipolares y menos aún unipolares. Sino que es, un multipolarismo cambiante y siempre variante de requerimientos nuevos que desplazan a los humanos como mano de obra barata. Ilusos que persiguen un bienestar acomodado a los patrones de felicidad capitalista (un carro, una tarjeta de crédito, un pequeño negocio, lujos tecnológicos, placeres inmediatos, etc.)

Aquel inmigrante que solía ver en Estados Unidos una oportunidad por la cual dejar su familia y sus raíces ha dejado de ser ya una posibilidad, para convertirse en una pesadilla. Una pesadilla que está inmersa en el proceso global que tiene flujos migratorios irrefrenables como parte de la estructura-sistémica del nuevo orden económico mundial. La movilización de la globalización estuvo condicionada completamente dentro del modelo productivo capitalista. Así, la búsqueda de ingenieros capacitados en tecnologías informáticas fue y es más importante que la mano de obra de un agricultor dentro de un país de producción tecnológica.

Pero, ¿cómo es que se caracteriza el sistema globalizador en la movilización de recursos humanos? De hecho, es un sistema de promoción de la movilidad condicionada a márgenes productivos, así se convierten en movilizaciones forzadas. Prima así, el comercio antes que cualquier derecho humano per se. Este sistema globalizador tiene desfragmentado los lugares de extracción de recursos básicos de producción, así también tiene millones de miserables, dispuestos a regalarse por algunos mendrugos de pan.

Aquella movilización, tanto de niños para la extracción de minerales –e.g. columbita-tantalita, usado en teléfonos celulares; casiterita, usado en tableros de circuitos; wolframita, usada para producir tungsteno para herramentales; oro, usado como conductor electrónico (y joyería)-, o la de los ingenieros de Silicon Valley para el avance en desarrollo de Inteligencia Artificial, solo ha venido a consolidar el flujo globalizador de extensión continua gracias a que de hecho el sistema es poroso para los capitales de especulación, tecnología e información.

Y en toda la realidad expuesta sobre el capitalismo actual, el inmigrante aún sigue siendo un ser colectivo heterogéneo, significando múltiples propósitos para las diversas estructuras sociales y económicas globales. Por lo que según sea el objetivo y utilidad, proyecto o entidad cultural, el inmigrante será un ciudadano más, con algunos derechos para una persona afín a una elite funcional del sistema capitalista o solo será un recurso humano descartable.

Es más, el sistema norteamericano, en todo sentido ha procurado que el iluso inmigrante sea: un simple trabajador temporal (necesario para cierta coyuntura productiva), dócil, integrable, asimilable (al modelo cultural hegemónico), invisible y aislado (al individualismo atomizado silencioso e ilegal. Jurídicamente atacado por cualquier acto de protesta sindical o de reclamo de derechos humanos).

El estatus del inmigrante que se ilusionó con el sueño americano, solo podía ser bajo la condición de: subordinado, diferenciado, y discriminado, ello bajo el falso velo de la protección de mecanismos liberales democráticos.

Y además, el inmigrante desechable por las políticas de Washington vive la tragedia de ser parte del flujo no deseable de trabajadores no calificados, respecto del otro grupo de trabajadores calificados y requeridos en el nuevo sistema productivo inmaterial. Acaba siendo el inmigrante considerado como un miserable, como un infrasujeto, un infraciudadano, un ser guettizado, y marginalizado. ¡Aquel pobre no es un hombre, ni un ciudadano, es un paria que fue por un tiempo a regalarles su fuerza laboral! Aquel paria no puede ir al centro y permanecer en el, solo las elites disfrutan de todos los centros y solo ellos son ciudadanos dentro de ese sistema disciplinario, que hoy es una realidad norteamericana.

Pero también el miserable construye redes de comunicación, nodos donde puede reunirse con otros y donde puede establecer algunos lazos de amistad, que lo hace a pesar del sistema en su conjunto. Donde sus experiencias, vivencias de amarguras y triunfos construyen una identidad “otra” que ‘agencia’ ante todo, un sentimiento humano de fraternidad.

El sistema estadounidense, puede abusar de los cuerpos, de las ilusiones de dreamers y campesinos mexicanos, o de la de miles de hombres y mujeres que buscan un magro salario a cambio de seguir soñando en días mejores, pero es solo al comprender esta realidad que los vemos como otros similares y no como botín, o como un bien desechable. Queda aún esperanza, y ella está en la exposición del ya fallido sueño americano y en la visibilización de la realidad del inmigrante, creando conciencia para que la ilusión deje de ser y se vea el carácter real de la vorágine norteamericana hoy, bajo el oprobio que significa Donald J. Trump para los latinoamericanos, quienes deben unirse contra la hegemonía destructiva imperial como pueblos soberanos y libres.


Ivan F. Mérida A. es ateo, libertario, master en Relaciones Internacionales y miembro de la Comunidad de Investigadores Anti-Imperiales

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