Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

jueves, enero 30

Las cifras del Estado policial español

“Cuerpo Nacional de Policía
siempre dispuesto al servicio de España
protector del ciudadano, de la Paz
y de nuestra Democracia,”

-Del himno oficioso del CNP.

Desde su constitución, en 1941, a partir de elementos destacados de la falange o purgados del Cuerpo de Seguridad y Asalto republicano, la Policía Armada franquista, los grises, fueron uno de los principales pilares del régimen criminal instaurado. Aunque ya no sean tan impactantes, pues volvemos a vivir ese tipo de violencia en nuestras carnes, las imágenes de este cuerpo reprimiendo con violencia a trabajadores y estudiantes han pasado a la historia.

Sabemos que, para 1968, con una población de 32 millones de habitantes, contaban los grises con 20.000 efectivos. A estos hay que sumarles 60.000 efectivos de la guarda civil, la que se encargó de acabar con la resistencia del maquis, de vigilar las entradas y salidas del Estado-prisión español y de mantener, en el mudo rural, el statu quo de miseria agraria. Otros 8.200 tenía el Cuerpo General de policía, dentro de la cual se encuadraban las brigadas político-sociales, célebres por sus torturadores. Menor era el papel de las escasas guardias urbanas, que tan solo asumían funciones de asistencia y circulación y no constituían entonces cuerpos armados. No cabe duda que, junto con el ejército y la iglesia, la policía era uno de los pilares del régimen franquista. ¿Cómo nos encontramos actualmente?

Están por todas partes.

Si los efectivos policiales del franquismo se acercaban a los 90.000, actualmente la cifra se ha inflado hasta ser el Estado español, según Eurostat, el país de la UE con más policías por habitante: 505 agentes por cada 100.000. La media es de 338.

Examinando los datos, nos encontramos con 90.181 efectivos de la Nacional y 84.400 de la Guardia Civil. El régimen autonómico también contribuye a aumentar la presencia policial sobremanera, sumando 30.000 efectivos las distintas policías autonómicas. Las policías locales presentes en 1700 municipios del Estado, encuadran unos 66.000 efectivos. En total, más de 260.000 elementos. Una cifra tres veces mayor que la de finales de los 60, con una población que solo ha crecido un 46%.

En definitiva, el régimen del 78 hace parecer ridículo al Estado policial franquista. Cabe decir que, desde la muerte del dictador, ninguno de los cuerpos policiales franquista ha sufrido una purga, limitándose a una centralización y a un par de cambios en la coloración del uniforme. Son los mismos, pero ahora son más.

Calabozos, dolor y miedo.

Jugando un papel tan importante en el mantenimiento del orden político de corrupción y privilegios desde hace décadas, la policía del Estado español ha demostrado poseer una notable impunidad para emplear toda clase de medios ajenos a lo que se considera un Estado de derecho, pasando por encima del derecho humano a no ser sometido a tortura, penas crueles o tratos degradantes.

Según Amnistía Internacional existe una total impunidad policial en casos de tortura, que se aplica especialmente contra personas extranjeras. Tampoco se cumple en ningún caso el derecho de los torturados a una reparación. De acuerdo al informe de la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura en el año  2012 el CNP fue denunciado por tortura y malos tratos en 117 ocasiones, 19 la Guardia Civil, 32 los Mossos d´Esquadra, 15 la Ertzaintza y 26 las distintas Policías Locales, afectando estos casos a 851 personas. Estas cifras son solo una pequeña parte del total, teniendo en cuenta que buena parte de los torturados son inmigrantes indocumentados sin medios para denunciar. No son actos puntuales, ocurren por sistema y en todos los cuerpos. El hecho de que más de la mitad, 591 personas, fueran agredidas tras movilizaciones sociales, es prueba de lo que se pretende.

Solo en el año 2013 se produjeron, bajo custodia o en el transcurso de operaciones policiales, 43 muertes. Suman 916 desde 2001, cifras del Centro de Documentación contra la Tortura. La policía, en el Estado español, mata y mata impunemente. El indulto para los asesinos y torturadores queda, en el 100% de los casos, garantizado por el Estado. No se busca sino proteger una herramienta de terror político.

Un madero, mil lapiceros.

Las políticas neoliberales todo lo recortan, excepto la represión. Los presupuestos de 2013 aumentaban el presupuesto para antidisturbios en un 1780%, pasando de 173.670 euros a 3,26 millones. Por el contrario, se recorta en seguridad ciudadana. No hay excusa posible, no se pretende “combatir el crimen”, sino la protesta ante la miseria que pretenden imponer.

A esto se suma organización de nuevas unidades dedicadas exclusivamente a la represión. A los 2744 agentes de la UIP (Unidad de Intervención Policial) se suman en Madrid 378 agentes de la UPR (Unidad de Prevención y Reacción). Distintas Policías Locales y Autonómicas  han creado también sus unidades represivas, caso de la UAPO en Zaragoza o la Brigada de Refuerzo de la Ertzaintza, ampliada en 2012.

Encontramos igualmente novedades en el material de estas unidades. Por nada menos que medio millón de euros, se ha adquirido un nuevo camión con cañón de agua, con una presión regulable de 10 a 16 bares de presión y 7000 litros de capacidad. Se busca sustituir los viejos camiones, que contaban con una autonomía de 4000 litros y cuyos cañones tenían una potencia mucho menor. Por lo visto, son muy necesarios más de 10 bares si se quieren sacar ojos a presión, como pudimos ver en Turquía cuando se emplearon vehículos del mismo tipo.

Ante las denuncias por el uso de las pelotas de goma, que han dejado 2 muertos y 11 pérdidas de ojo desde los años 90, se está procediendo a su sustitución por proyectiles de Foam en Cataluña. Este tipo de proyectiles son tan dañinos como las pelotas de gomas, sin embargo, se han impuesto gracias a la excusa de que “no rebotan y son más precisos” por lo que, al contrario que las pelotas, no darán “por error” a la cara u órganos vitales. Sin embargo, como ha denunciado el SUP (Sindicato Unificado de Policía), se está entrenando a los nuevos antidisturbios para saltarse los reglamentos y disparar por encima de las piernas.

Más dinero, nuevo equipo y una nueva generación de agentes entrenados para dar rienda suelta a la violencia represiva del Estado. Mientras el desempleo, la precariedad laboral y la destrucción de los servicios públicos extienden la miseria, se hace necesario blindar a un Estado cada día más autoritario.

Lo que está por venir.

Dice la presentación al Anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana que “El derecho a manifestación se ha ejercido ampliamente en los dos primeros años de esta Legislatura”. Pero, parece, que no se va a permitir que esto siga pasando. Tras dos años de gobierno del Partido Popular sus apoyos sociales comienzan a resquebrajarse y el pueblo trabajador comienza a ver que la solución a sus problemas pasa por la acción colectiva. La reciente victoria del barrio burgalés de Gamonal ante la especulación urbanística, desatando la solidaridad a lo largo de todo el Estado, es prueba de ello. Si hay estallido social, van a estar preparados, con una justicia que pasa por encima de los jueces en una distopía autoritaria que nos traslada a los cómics del Juez Dredd.

A este aumento del poder de la policía estatal hay que añadir los privilegios concedidos a la seguridad privada. En nuestro Estado existen 85.000 guardias de seguridad que, con la nueva Ley de Seguridad Privada, podrán detener, cachear e identificar en la vía pública. Un refuerzo a la represión que evidencia lo corporativo del régimen en el que nos encontramos.

Negar que nos encontramos ante el mayor Estado policial de Europa, en el que todo vale para defender los privilegios de una oligarquía caciquil, es ya negar la evidencia. Ante ello debemos actuar, debemos hacernos fuertes, reforzando los lazos colectivos y comunitarios contra la represión. Siendo conscientes de que entre los que roban y gobiernan y nosotros se encuentran ellos, una barrera de porras, cascos y escudos, contra la que más nos vale estar preparados.

lunes, enero 27

Lo peor no es el crimen (poema para repensar el mal)

"Somos criminales, irresponsables, bandidos.
De un modo o de otro
-todas las formas de matar
nos parecen igualmente bellas-
andamos asesinando
a los honrados obreros.
Los liberamos así de la humillación
del trabajo
y hacemos nuestros los frutos de su penosa,
y por fin suspendida,
servidumbre.
Se nos odiará por ello.
Por ello se nos castigará.
Pero a nosotros,
que sabemos de qué inicua materia está hecho
el amor,
y conocemos los inconfesables propósitos
de toda recompensa,
nada nos dignifica más que el odio
de sus patrones
o el castigo
de sus jueces."

Versión libre de una canción de los Presos de Fontevrault, a cargo de Pedro García Olivo

viernes, enero 24

¿Ecologismo sin veganismo?

Nota del autor: Ante todo dejar claro que soy vegano por ética y justicia para lxs animales, no humanos y humanos. Vivimos en una sociedad en la que no es necesario asesinar, torturar, humillar y denigrar a los demás animales para comer, vestirnos, divertirnos, satisfacer nuestro paladar, etc. La palabra ganado está para que se entienda mejor el artículo. Los animales no somos objetos ni recursos. Somos seres sintientes con conciencia propia y merecemos respeto por nuestra vida.

Me canso de hablar con gente ecologista, pero que sigue una dieta no vegana.
Puntos por los que el ecologismo sin veganismo no tiene sentido y es una farsa para lavar conciencias de cara a la galería:

* Hambre en el mundo:

Las plantas producen mucha más proteína por hectárea que el ganado:
15 kgs de cereales cuesta producir 1kg de carne. Sólo con la reducción de un 10% de la producción de carne, se podría alimentar con cereales a 60.000.000.000 de personas.
(Con 15kg de cereal 50 personas podrían tener un plato de alimento).
Esos 60.000.000 de personas mueren de hambre cada año.
El 85% del cereal producido en países en desarrollo es enviado a alimentar al ganado de occidente, mientras alli mueren de hambre.

* Gasto de agua:

Para producir 1 kg de carne de vaca se consumen 15 kg de cereal y 15.000 litros de agua, mientras que para 1kg de cereal, harían falta 2.000 litros de agua.
Por otro lado, 2.000.000.000 personas, sufren escasez de agua.
Globalmente, la agricultura usa un 70% de las fuentes de agua dulce. Esta cifra es tan alta por la cantidad de suelos que deben irrigarse para hacer la agricultura viable, para aumentar y mejorar las cosechas.
Se estima que el gasto de agua de una persona vegana es de 1.110 litros, contando el agua para regar las cosechas y la gastada en la preparación de los alimentos, mientras que el gasto de una persona cuya dieta incluya carne asciende a 7.400 litros, por el agua que se utiliza en dar de beber al ganado y en limpiar las granjas y mataderos.
Desde éstos cálculos, producir 1kg de carne vacuna usa tanta agua como:
* 40 lavabos
* 300 descargas del WC
* 100 veces la cantidad de agua potable por persona calculada por la UNESCO

* Contaminación:

125.000 kgs de residuos por segundo son producidos por la industria cárnica. La ganadería es uno de los principales agentes contaminantes.
Además, los desechos de la agricultura animal contaminan las aguas tres veces más que cualquier otra actividad industrial, tanto con flujos de residuos sólidos como líquidos, y diez veces más que los humanos.
Las actividades agrícolas contaminan grandes cantidades de agua. La producción industrial de ganado contamina directamente las napas subterráneas, las aguas superficiales y los ríos a través del manejo de residuos ganaderos, e indirectamente a través del uso de pesticidas y agregados alimentarios (hormonas, antibióticos, etc.) para el ganado.

* Deforestación:

300.000 km2 de selva tropical son destruidos anualmente, para transformarlos en pastos para ganado. Un/a vegetariano/a salva 4.000 m2 de árboles al año.
Se necesitan 17 metros cuadrados de bosques para hacer una hamburguesa.

* Energía:

El 33.3% de todas las materias primas y combustibles fósiles es usado para la cría de animales para comida.

* Desertificación:

La principal causa de desertificación de suelos es el sobre pastoreo de animales destinados al matadero.
El 95% de la producción mundial de soja y el 44% de cereal se destina al engorde del ganado.

* Cambio climático:

El dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4), principales gases de efecto invernadero, son producidos por toneladas por los millones de animales hacinados en las granjas factoría.


Mas información:

http://www.respuestasveganas.org/2006/10/argumento-veganismo-no-es-mas_3976.html

martes, enero 21

¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

Levantarse con la aurora. A buen paso, o aprovechando algún medio de locomoción rápido, ir al trabajo. Es decir, recluirse en un local más o menos espacioso, más o menos privado de aire. Sentado delante de una máquina, teclear sin descanso para transcribir cartas de las que no se compilaría ni la mitad si fueran escritas a mano. O fabricar, accionando algún instrumento mecánico, objetos siempre iguales. O no alejarse nunca de un motor para vigilar su funcionamiento. O, en fin, mecánica y automáticamente, recto frente a un telar, repetir continuamente los mismos gestos, los mismos movimientos. Y esto por horas y horas, sin variar, sin distraerse, sin cambiar de atmósfera ¡Todos los días! ¿Es esto lo que ustedes llaman “vivir”?

¡Producir! ¡Producir más! ¡Producir siempre! Como ayer, como antes de ayer. Como mañana, si no nos sorprende la enfermedad o la muerte ¿Producir? Cosas que parecen inútiles, pero de las que no es lícito discutir la superficialidad. Objetos complicados de los que no se tiene sino una parte en la mano, y quizá una parte ínfima. Objetos de los cuales se ignora el conjunto de las fases que atraviesa su fabricación ¿Producir? Sin conocer el destino del propio producto. Sin poder negarse a producir para quien no nos agrada, sin poder dar prueba de la más pequeña iniciativa individual. Producir: ahora, rápido. Ser un instrumento de producción que se estimula, se aguijonea, se sobrecarga, que se extenúa hasta el completo agotamiento. ¿Eso es lo que ustedes llaman “vivir”?

Partir de mañana a la caza de una jugosa clientela. Perseguir, engatusar al “buen cliente”. Saltar al auto, del auto al colectivo, del colectivo al tren. Rendir cincuenta visitas por jornada. Desangrarse para sobrevaluar la propia mercancía y devaluar la ajena. Volver tarde, sobreexcitado, harto, inquieto, hacer infelices a los que nos rodean, estar privado de toda vida interior, de todo arranque hacia una mejor humanidad. ¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

Secarse entre las cuatro paredes de una celda. Sentir lo desconocido de un futuro que nos separa de los nuestros, los que sentimos nuestros al menos, por afecto o por haber compartido riesgos juntos. Tener, si se está condenado, la sensación de que nuestra propia vida huye, que no hay nada más que podamos hacer para determinarla. Y esto por meses, años enteros. No poder luchar más. No ser más que un número, un juguete, un harapo, una cosa matriculada, vigilada, espiada, explotada. Todo en medida mucho mayor a la pena fijada en relación al delito. ¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

Vestir un uniforme. Por uno, dos, tres años, repetir incesantemente el acto de matar hombres. En la exuberancia de la juventud, en plena explosión de virilidad, recluirse en inmensos edificios donde se entra y se sale a horas fijas. Consumir, pasear, despertarse, dormir, hacer todo y nada a horas establecidas. Y todo eso para aprender a manejar instrumentos capaces de quitar la vida a individuos desconocidos. Para prepararse a caer muerto un día por un proyectil que viene de lejos, disparado por alguien también desconocido. Entrenarse para morir, o producir la muerte. Ser instrumento, autómata en las manos de privilegiados, poderosos, monopolistas, acaparadores porque no se es privilegiado, ni poderoso ni dueño de hombres. ¿Es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

No poder aprender, ni amar, ni estar en soledad, ni derrochar el tiempo a gusto propio. Tener que estar encerrado cuando el sol brilla y las flores emborrachan el aire con sus efluvios. No poder ir hacia el trópico cuando la nieve golpea las ventanas, o hacia el norte cuando el calor se hace tórrido y la hierba se reseca en los campos. Encontrar delante de sí, siempre y donde sea, leyes, fronteras, morales, convenciones, reglas, jueces, oficinas, cárceles, hombres en uniforme que mantienen y protegen un orden de cosas mortificante.

¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”? ¿Ustedes, enamorados de la “vida intensa”, aduladores del “progreso”, todos ustedes, los que empujan las ruedas del carro de la “civilización”? Yo llamo a eso vegetar. Lo llamo morir.

Emile Armand, pseudónimo de Ernest-Lucien Juin, escritor y anarquista individualista francés, propagandista del amor libre/poliamor y anarco- pacifista. 
 

miércoles, enero 15

Poder como complejo de Dios

La naturaleza del poder es el egoísmo, cuya razón de ser es la búsqueda y conservación de su propio mando. Se trata de un mando que existe por y para sí mismo y que, a su vez, se establece como la causa de grandes formaciones sociales como los Estados. De este modo no es la sociabilidad humana la que explica la aparición de esta institución, como tampoco la disposición de una inmensa mayoría a obedecer. Más bien su aparición y desarrollo histórico se debe a la existencia de una minoría con la voluntad de mandar y de hacerse obedecer.[1] Las diversas explicaciones sobre las causas de esa voluntad dominadora ponen el acento sobre diferentes factores, pero en cualquier caso remiten en última instancia a una misma actitud frente al mundo de esas individualidades dominadoras que puede resumirse en un complejo de Dios.
La búsqueda por asegurar la propia existencia ha hecho de la satisfacción de las necesidades vitales el principal impulso de la historia. En términos generales existen dos formas opuestas de hacerse con los medios para satisfacer dichas necesidades: a través del robo y de la apropiación por la fuerza del trabajo ajeno, y por medio del trabajo propio y de su intercambio por el trabajo de otros.[2] Así es como la lucha por la vida que impone la naturaleza llega a desarrollar en ocasiones el deseo, e incluso la necesidad, de mandar sobre otros y someterlos a explotación. Todo esto denota en gran medida el principio de supremacía del más fuerte que también se encuentra presente en otras especies, donde se establece un guía y conductor del grupo como resultado de la lucha entre diferentes rivales. El complejo de superioridad explica en parte el comportamiento y la sicología de aquellos individuos que pretenden el poder, quienes se creen mejores o mejor dotados para ejercer su dominio sobre los demás y que en ocasiones reciben dicho reconocimiento.

A lo anterior hay que añadir los factores biológicos y sicológicos propios de la evolución humana sobre los que se asienta el instinto de dominación, y que en unas condiciones favorables logra desarrollarse con éxito. Tanto es así que el principio del mando ha llegado a considerarse un rasgo de la naturaleza humana sobre el que Bakunin señaló lo siguiente: “De manera fatal, ese principio maldito se manifiesta como un instinto natural, en todos los hombres, sin exceptuar a los mejores. Todos llevamos el germen dentro de nosotros; y como sabemos, por una ley fundamental de la vida, todo germen tiende necesariamente a desarrollarse y a crecer, a poco que encuentre en su medio las condiciones favorables a su desarrollo”.[3]

Asimismo, las propias circunstancias del medio han obligado al ser humano a luchar contra factores amenazantes para su supervivencia, lo que ha dado lugar al desarrollo de la técnica, entendida como forma de manejarse en su lucha contra la naturaleza,[4] para transformar y someter el mundo. En este sentido la explotación de los recursos naturales y su transformación, la alteración del medio natural junto a la creación del mundo maquinal han servido para originar un orden artificial con el que ejercer su poder de dirección, al mismo tiempo que todo ello ha impreso una necesaria tensión permanente para la preservación y desarrollo de dicho orden.[5]

El sentimiento de angustia y temor provocado por la dependencia respecto a un mundo desconocido y amenazante es el origen de la actitud racionalizadora que clasifica, organiza y cuantifica todo cuanto existe para poder establecer relaciones causales con las que conocer de antemano lo que va a suceder y, de esta manera, alcanzar un mayor control sobre el mundo. El desarrollo de la ciencia y de la técnica es la respuesta a esa angustia, y obedece a una voluntad de poder dirigida a la dominación del medio a través de su conocimiento con el propósito de poner fin a la incertidumbre y al temor que provoca. Si el psicoanálisis ha identificado la búsqueda del control de aquello que genera intranquilidad con una impotencia narcisista, esa tendencia llevaría a caer rápidamente en su extremo opuesto, en la identificación con la omnipotencia narcisista y consecuentemente con la sabiduría infinita de Dios.

La modernidad, como proceso histórico, se ha caracterizado por su tendencia hacia una creciente racionalización, a una expansión del conocimiento científico-técnico con el objetivo de alcanzar algún día el completo dominio de la naturaleza. Este conocimiento que no cesa de transformar el mundo no se preocupa de su propia relación con dicha transformación al no traspasar las fronteras de la racionalidad instrumental, aquella que sólo busca medios para fines prefijados. De esta forma la actividad racional abandonada a sí misma, al no estar al servicio de ninguna ética, sólo sirve como herramienta del poder para alimentar sus fantasías narcisistas de omnipotencia.

Las diferentes explicaciones acerca del origen de la voluntad de poder remiten a una misma actitud frente al mundo que puede resumirse en lo que Hans E. Richter denominó complejo de Dios.[6] Tras las ansias de dominación y sometimiento tanto de la naturaleza como de los demás seres humanos se esconde este complejo, pues quienes aspiran a ejercer el principio del mando aspiran también a desempeñar el papel de demiurgo que ordena y transforma, bajo diferentes pretextos que operan como elementos legitimadores, el mundo y la sociedad en su conjunto. Por  medio de la permanente y progresiva racionalización inherente al ejercicio del mando no sólo se persigue un mayor conocimiento que permita el completo dominio del mundo, sino que al mismo tiempo se trata de satisfacer, a través del autoengaño, una fantasía narcisista de omnipotencia que consiste en sustituir el poder de Dios por el poder del sujeto.
El complejo de Dios se acentúa con el ejercicio del poder al imponer a los demás la voluntad propia, lo que los convierte en instrumentos para alcanzar los grandes fines de quien detenta la autoridad. La sociedad gobernada pasa a ser una extensión del yo que transmite a diario sus propios impulsos a un cuerpo inmenso, de forma que moviliza en la lejanía ingentes y desconocidos recursos para el logro de sus objetivos. El propio poder alimenta la sensación de omnipotencia que contribuye a desarrollar un acrecentado sentimiento de megalomanía.

El poder como tal no duda en revestirse de cierto mesianismo al presentarse como omnipotente. Este rasgo se acentúa cuando la propia sociedad se lo atribuye en un contexto proteccionista en el que el poder cubre todas las necesidades básicas, y se convierte así en un aliado de las capas populares. Sin embargo, este rasgo es llevado al paroxismo cuando el complejo de Dios no sólo se limita al crecimiento del poder sino que termina identificándose explícitamente con Dios. Entonces, el poder no sólo se pone en el lugar de Dios sino que se hace Dios mismo.

En la a historia son numerosos los casos en los que el poder se ha arrogado un carácter divino, como pueden ser los faraones de Egipto y los emperadores romanos entre otros. El poder busca de esta manera la legitimidad que hace aceptables sus decisiones y su mando. En este sentido la divinización del poder sirve para conferirle un origen y carácter sobrenatural que lo haga incuestionable, que es lo que facilita la máxima obediencia de sus súbditos. Asimismo, y a diferencia de lo que pudiera pensarse, el proceso de secularización de la sociedad iniciado por la modernidad no impidió que en lo sucesivo se produjeran nuevas formas de divinización del poder. A finales del s. XVIII y sobre todo durante el s. XIX emergieron diferentes ideologías de carácter autoritario que hicieron del Estado el centro de la vida social, y que a la postre constituyeron religiones políticas que recreaban con un sentido y significado nuevo aspectos propios de las religiones del pasado.

Cuando la religión comenzó a ser un obstáculo para el crecimiento ilimitado del poder este recurrió a nuevas creaciones ideológicas para, al igual que ocurrió en el pasado con la religión, conseguir la obediencia de sus dominados y, sobre todo, su disposición a sacrificarse voluntariamente por el Estado. Este es el caso del nacionalismo,[7] pero igualmente el de todas aquellas ideologías que se erigieron en teorías omnicomprensivas y totalizantes que pasaron a organizar los conocimientos y la experiencia del sujeto. Este es el ejemplo del fascismo que desarrolló su propia mitología, rituales, simbología, etc., con los que aspiraba a desarrollar una experiencia total del mundo en la que el sujeto estuviese completamente integrado junto a los demás, de tal forma que quedase anulado como individualidad.[8]

Pero la carga irracionalista no sólo está presente en el fascismo sino también en ideologías que, como el marxismo, hacen del racionalismo un dogma políticamente orientado para articular la interpretación total de la realidad que debe asumir el sujeto en tanto que reflejo de la verdad objetiva que una vanguardia se ocupa de interpretar. Resulta significativa la existencia dentro del marxismo de la corriente filosófica representada por Lunacharsky, Bogdánov, Bazárov, Iushkévich, y por algún tiempo también Gorki, que aspiraban a unir el socialismo científico con la religión para crear un ateísmo religioso donde los objetos de adoración del socialista son la humanidad y el cosmos.[9] Los constructores de Dios, tal y como llegó a conocérseles, veían al marxismo, ante todo, como un sistema religioso que señala a la gente el camino hacia una nueva vida.[10] En este mismo sentido la corriente cosmista en el seno del bolchevismo que impregnó de milenarismo y mesianismo al proyecto totalitario soviético es, al menos en parte, un reflejo de esto en la medida en que hizo parcialmente suyas las categorías de bien y mal propias de la sociedad tradicional rusa.[11]

La necesidad de apoyarse en las creencias y valores imperantes en la sociedad para alcanzar su consentimiento no constituye otra cosa mas que un recurso dialéctico, y por tanto propagandístico, para conquistar el poder. Responde al ansia de dominación de quienes se presentan como realizadores del bien colectivo, lo que implícitamente remite a la primitiva idea de Dios como hacedor de ese mismo bien y por tanto como gran protector de la comunidad. Los grandes líderes dominadores se presentan de este modo y tratan de recrear y encarnar bajo una forma diferente los atributos que en épocas arcaicas le correspondían exclusivamente a la divinidad. El gran líder es quien sabe y por tanto quien está destinado a dirigir a la comunidad para realizar el bien común, para protegerla y garantizar su bienestar. Él es el gran depositario de la confianza colectiva y como tal el intérprete y artífice de los designios de la comunidad, es su conciencia viva a través de la que la propia comunidad expresa su voluntad. El líder sin ser Dios ocupa su lugar en tanto que mito, como gran unificador de las voluntades que conforman la comunidad. Todo esto lo hace incuestionable mientras ejerce su dominio ilimitado al no encontrar resistencia alguna, lo que sirve para alimentar aún más el complejo de Dios que anima su irrefrenable voluntad dominadora. Todo ello da lugar a una identificación directa entre las masas y el jefe supremo.

Así es como el afán de dominación, y por tanto el poder mismo, obedece a esa omnipotencia narcisista encarnada por el complejo de Dios. El complejo de quien necesariamente se cree mejor y superior al resto, y que para alcanzar una posición de poder se apoya en las creencias y valores que articulan a la sociedad para presentarse como una encarnación de las mismas, y por tanto como el artífice de la voluntad colectiva cuando en realidad únicamente le mueve su propio interés para satisfacer su voracidad dominadora.
 
Esteban Vidal

[1] Jouvenel, Bertrand de, Sobre el poder. Historia natural de su crecimiento, Madrid, Unión Editorial, 2011, pp. 158-162
[2] Oppenheimer, Franz, The State, Canada, Black Rose Books, 2007, pp. 12-14
[3] Leval, Gastón, El Estado en la historia, Cali, Otra Vuelta de Tuerca, p. 40
[4] Spengler, Oswald, El hombre y la técnica y otros ensayos, Madrid, Espasa, 1967
[5] Díaz, Marino, El pensamiento social de Georges Sorel, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1977
[6] Frank, Manfred, El Dios venidero, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994, pp. 52-59
[7] Ibarra, Pedro, Nacionalismo. Razón y pasión, Barcelona, Ariel, 2005
[8] Gentile, Emilio, Fascismo: Historia e interpretación, Madrid, Alianza, 2004
[9] Lunacharsky, Anatoly Vasilievich, Religión y socialismo, Salamanca, Ediciones Sígueme, 1976
[10] Mark M. Rosental y Pavel F. Iudin, Diccionario de filosofía, Madrid, Akal, 1975
[11] Fernández Ortiz, Antonio, “El hombre, el cosmos, la ciencia y el bien: los aportes soviéticos de la ciencia soviética” en Utopías: nuestra bandera Nº 188, 2001, pp. 195-217

domingo, enero 12

No podréis pararnos - Alfredo M. Bonanno

Porque queremos destruir el orden capitalista de la realidad mundial que gracias a la reestructuración informática se ha convertido tecnológicamente útil, solamente a los gestores del dominio de clase. Porque estamos por el ataque inmediato y destructivo contra estructuras concretas, individuos y organizaciones del capital y del Estado.

Porque criticamos constructivamente a todos aquellos que se retardan en posiciones de compromiso con el poder o que sostienen ya imposible la lucha revolucionaria. Porque mucho mejor que esperar, estamos decididos a pasar a la acción incluso cuando los tiempos no están maduros.

Porque queremos acabar con este estado de cosas ya, y no cuando las condiciones externas hagan posible su transformación. He aquí los motivos por los que somos anarquistas, revolucionarios e insurreccionalistas.

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jueves, enero 9

Las militantes anarquistas individualistas: mujeres libres en la Belle Époque

Anne Steiner
 (2008)
[Traducción: Diego L. Sanromán]

En los trabajos que reconstruyen la génesis del movimiento feminista apenas se citan las figuras de las mujeres anarco-individualistas de principios del siglo XX. Tal vez, porque, siendo hostiles tanto al régimen parlamentario como a la relación salarial, se mantuvieron al margen de los combates emprendidos por las feministas de la Belle Époque para la obtención del derecho al voto y por la mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres; y acaso también porque, con excepción de artículos publicados en la prensa libertaria y de algunos panfletos hoy olvidados, dejaron pocas huellas escritas.

Estas mujeres, que no fueron ni reformistas ni revolucionarias, expresaron esencialmente su rechazo de las normas dominantes mediante prácticas tales como la unión libre, a menudo plural, la participación en experiencias de vida comunitaria y de pedagogía alternativa y, en fin, mediante la propaganda activa a favor de la contracepción y el aborto al lado de los militantes neo-malthusianos. Al evocar sus itinerarios y sus escritos, nos gustaría dotar de algo de visibilidad a estas “marginales” que desearon, sin dejarlo para hipotéticos mañanas de utopía, vivir libres aquí y ahora.

El anarquismo individualista: una corriente emancipadora

El rechazo del obrerismo

Puede fecharse a finales de los años 1890 la aparición en Francia de una corriente individualista en el seno del movimiento anarquista. Enfrentada tanto a los anarquistas comunistas como a los anarco-sindicalistas, tanto a quienes sueñan con la insurrección como a quienes ponen todas sus esperanzas en la huelga general, se caracteriza por la primacía concedida a la emancipación individual por encima de la emancipación colectiva. Su desconfianza con respecto a toda tentativa revolucionaria procede en parte de que la creen condenada al fracaso, al menos en el futuro próximo, y de que rechazan la condición de generación sacrificada:
Los individualistas son revolucionarios, pero no creen en la Revolución. No creer en ella no quiere decir que sea imposible. Tal cosa resultaría absurda. Nosotros negamos que sea posible antes de mucho tiempo; y añadimos que, si un movimiento revolucionario se produjese en el presente, aunque saliese victorioso, su valor innovador sería mínimo […]. La revolución aún está lejana; y, puesto que pensamos que las alegrías de la vida se encuentran en el Presente, creemos poco razonable consagrar nuestros esfuerzos a dicho futuro [1].
Esta urgencia por vivir es reafirmada constantemente a lo largo de las columnas de l’anarchie, órgano de los individualistas anarquistas: “La vida, toda la vida, se encuentra en el presente. Esperar es perderla” [2]. Pero su rechazo de trabajar por la revolución se funda también en la certidumbre de que ésta no podría dar a luz un mundo mejor en el actual estado de las mentalidades:
Siempre hemos dicho que votar no servía de nada, que hacer la revolución no servía de nada, que sindicarse no servía de nada en tanto los hombres sigan siendo lo que son. Hacer la revolución uno mismo, liberarse de los prejuicios, formar individualidades conscientes, he aquí el trabajo de la anarquía [3].
Realizan, en efecto, una constatación pesimista del estado de alienación en el que se encuentran sumergidas las masas, de su debil combatividad, de su demasiado elevada natalidad, del excesivo consumo de alcohol y tabaco.
Su crítica del obrerismo es feroz. Acusan a los revolucionarios y a los sindicalistas de rendir culto al trabajador, a un trabajador de imagen de Épinal, sano, vigoroso y orgulloso. A la clase obrera redentora, sujeto de la historia, oponen “el lamentable rebaño” cuya resignación confirma la tesis de la servidumbre voluntaria desarrollada por La Boétie. Convencidos de que la opresión no se mantiene más que por la complicidad de los oprimidos, consideran que la lucha contra los tiranos interiores debe acompañar a la lucha contra los tiranos exteriores:
El enemigo más áspero de combatir está en ti, está anclado en tu cerebro. Es uno, pero tiene diversas máscaras: es el prejuicio Dios, el prejuicio Patria, el prejuicio Familia, el prejuicio Propiedad. Se llama Autoridad, la santa prisión Autoridad, ante la cual se inclinan todos los cuerpos y todos los cerebros [5].
Es esta voluntad de introducir la racionalidad en todos los aspectos de la vida cotidiana la que les conducirá a rehabilitar el placer, a denunciar la represión sexual y la institución del matrimonio y a hacer de la emancipación de las mujeres una condición de la emancipación de todos. Convencido de que no puede haber regeneración social sin regeneración individual previa, el anarquista individualista es un “educacionista-realizador”, conforme a la clasificación propuesta por Gaetano Manfredonia [6]; es decir, un militante que, a diferencia del insurreccional o del sindicalista, no considera la revolución ni posible ni deseable si no va precedida de una evolución de las mentalidades.

De las universidades populares a las charlas populares

Esta concepción de la lucha llevó a los anarquistas individualistas a participar en la experiencia de las universidades populares, nacidas en el contexto del asunto Dreyfus por iniciativa de Georges Deherme, obrero tipógrafo de sensibilidad anarquista, y de Gabriel Séailles, profesor de filosofía en la Sorbona. Por una muy módica cuota, los afiliados tenían acceso a una biblioteca de préstamo, cursos de idiomas, consultas jurídicas, y podían seguir las conferencias que se organizaban varias tardes por semana. Entre 1899 y 1908, doscientas treinta universidades populares abrieron sus puertas en el conjunto del territorio francés para un auditorio de varias decenas de miles de personas. Sus modalidades de funcionamiento variaban algo de unas a otras, pero el principio era el mismo: traer a los intelectuales al pueblo y permitir a todos el acceso a la cultura. Todos los temas, todas las disciplinas, eran abordados por conferenciantes voluntarios, estudiantes, periodistas, profesores de secundaria y maestros, y, más raramente, profesores universitarios, sin gran preocupación por la coherencia. Se podía hablar una tarde de poesía contemporánea o de arte egipcio y la siguiente de astronomía o telefonía. Pero los oradores no dominaban siempre la materia y la audiencia carecía, en la mayoría de las ocasiones, de la formación de base que le habría permitido captar el contenido de las intervenciones. Esto suscitó cierto número de reservas, tanto entre los intelectuales, que temían los perjuicios ocasionados por una torpe vulgarización, como entre los militantes, que recelaban de que el escenario de las universidades populares se transformase en campo de entrenamiento para jóvenes intelectuales más ambiciosos [7] que generosos.
Fue este temor el que llevó a los anarquistas individualistas Libertad y Paraf-Javal a fundar las charlas populares [causeries populaires, en francés], más explícitamente libertarias en su modo de funcionamiento. Las primeras sedes para las conferencias y los debates se abrieron en los barrios de Ménilmontant y de Montmartre; las siguientes, en la periferia e incluso en provincias. Tras el éxito obtenido por estas iniciativas, algunos individualistas parisinos decidieron fundar un periódico para favorecer la circulación de ideas entre los diferentes grupos e intercambiar experiencias. En abril de 1905 sale el primer número del semanario l’anarchie. “Estas páginas –afirma el editorial- desean ser el punto de contacto entre todos aquellos que, por todo el mundo, viven como anarquistas, bajo la única autoridad de la experiencia y el libre examen”. El periódico, con una tirada de seis mil ejemplares, se convierte rápidamente en el primer órgano individualista y garantiza una nueva visibilidad a una corriente hasta entonces obligada a expresarse en las columnas de publicaciones libertarias de sensibilidad diferente. Aparece regularmente desde 1905 hasta 1914 y cuenta con numerosos abonados en provincias.

Trayectoria de los y las militantes

Los hijos de la primera democratización escolar

En su gran mayoría, los militantes anarquistas individualistas que gravitan en torno a las charlas populares y que se reconocen en l’anarchie son jóvenes obreros parisinos, nacidos en provincias entre 1880 y 1890, que dejaron la escuela a la edad de doce o trece años y que vivieron dolorosamente ese contacto precoz con el mundo del trabajo. Muchos de ellos se sindicaron y participaron en conflictos sociales violentamente reprimidos y condenados al fracaso, lo que durante mucho tiempo quebró su confianza en la acción de masas. Arrancados de una escuela en la que a menudo habían destacado, pero que no les había provisto más que de un saber elemental, no pueden reconocerse en la clase social a la que han sido asignados. Han estado, en efecto, escolarizados más tiempo que sus padres, obreros o campesinos apenas alfabetizados, sin que se les ofreciera la menor perspectiva de movilidad social. En una sociedad en la que la condición obrera no mejora sino muy lentamente, se ven privados de toda posibilidad de desarrollo personal. De ahí que se reconozcan en lo constatado por Victor Kibalchich, el futuro Victor Serge, en l’anarchie:
¿Qué es vivir para el anarquista? Es trabajar libremente, amar libremente, poder conocer cada día un poco más de las maravillas de la vida… Reivindicamos toda la vida. ¿Sabéis lo que se nos ofrece? Once, doce o trece horas de labor cada día para obtener la pitanza cotidiana. ¡Y menuda labor y qué pitanza! Labor automática bajo una dirección autoritaria en condiciones humillantes e indecentes, por medio de la cual se nos permite la vida en la grisalla de los barrios pobres [8].
Esta voluntad de escapar de una condición considerada envilecedora condujo a algunos de los anarquistas individualistas al ilegalismo, considerado como una práctica subversiva y un medio de supervivencia al margen del salario. La falsificación de moneda o de billetes y el robo son puestos en práctica por algunos camaradas, y las condenas de cárcel o a trabajos forzados son, a menudo, el precio que tienen que pagar. Esta deriva ilegalista alcanaza su apogeo en una serie de sangrientos atracos perpetrados en 1912 en la estela del asunto Bonnot. Uno de los protagonistas de esta trágica epopeya, Octave Garnier, se hace eco de las palabras de Victor Serge en las memorias encontradas en el lugar de su ejecución: “Porque no quería vivir la vida de la sociedad actual ni esperar a estar muerto para vivir, me defendí contra mis opresores con todos los medios a mi disposición” [9].
Pero, ya sean partidarios o adversarios del ilegalismo, los individualistas, para vivir como anarquistas aquí y ahora y no dentro de cien años, como les exhortaba Libertad, privilegian sobre todo la vía de la experimentación social. Fundan colectivos de hábitat y de trabajo, intentan restringir su consumo suprimiendo todos los productos dañinos o inútiles, llevan vestimentas menos rígidas, practican el nudismo, defienden la libertad sexual y ponen medios para no tener más hijos que los que desean. Esta búsqueda de una vida distinta se traduce igualmente en prácticas como las baladas dominicales en espacios campestres en los alrededores de París o las estancias en Chatelaillon, una ciudad balnearia al sur de La Rochelle en el que se encuentran cada verano por iniciativa de Anne Mahé, co-fundadora de l’anarchie, para hacer de “esta playa de magnífica arena, que los burgueses no invadirán pues mantenemos la guardia, un rincón de camaradería, al margen de los prejuicios [10]”.

La importancia de las mujeres en el movimiento

Numerosas mujeres se sumaron al discurso individualista y tomaron parte en el movimiento de las charlas. Resulta muy difícil establecer cifras, puesto que los anarquistas no mantienen un registro de sus afiliados: forman una constelación de contornos movedizos. Pero todos los informes de la policía atestiguan su presencia en las reuniones y, en ocasiones, revelan su asombro, mientras que algunas instantáneas tomadas durante las baladas dominicales por los propios individualistas muestran que su presencia es abundante. Casi todas son jóvenes provincianas, de origen modesto, llegadas a París antes de cumplir los veinte. Muchas de ellas han seguido sus estudios hasta conseguir el diploma elemental y se declaran institutrices de profesión. Pero pocas de ellas han llegado hasta el final el fastidioso proceso de las suplencias, intercalado por largos intervalos sin paga, reservado entonces a aquella que no habían pasado por la Escuela Normal de Institutrices. Para vivir, recurrieron a trabajos de modista o a puestos de oficina poco cualificados. El discurso individualista, que rompe con el obrerismo y propone a todo el mundo perspectivas de emancipación inmediatas, seduce a estas jóvenes, a las que su excelencia escolar y sus esfuerzos no han conseguido sacar de una situación miserable. Algunas se convierten en colaboradoras regulares u ocasionales de publicaciones anarquistas, hacen turnés de conferencias por invitación de grupos libertarios de provincias y redactan panfletos que consiguen una amplia difusión.
Otras, menos dotadas de capital cultural, dejaron pocos trazos escritos y no aparecen más que en los informes de la policía o en los procesos verbales de interpelación o de registro. Son criadas, lavanderas, sirvientas, costureras o intentan escapar a la relación salarial montando puestos de mercería en los mercados. Inmersas en el medio, todas ellas adoptan sus códigos, se comprometen en relaciones duraderas o efímeras con camaradas, a veces con varios simultáneamente, pasando en la mayoría de las ocasiones del matrimonio, y protegiéndose contra los nacimientos no deseados. Algunas, como Anna Mahé, que rechazan toda inmisión del Estado en su vida privada, llegan hasta a negarse a inscribir a sus hijos en el registro civil. Esforzándose por vivir como anarquistas sin esperar a mañana y por escapar a la relación salarial, participan en experiencias de vida comunitarias e intentan educar de forma distinta a sus hijos, proyectando con tal fin la fundación de estructuras educativas alternativas abiertas a todos, realizando así una vocación de institutriz fuera de los modelos laicos y congregacionistas, a los que refutan por igual. Se las puede ver en las manifestaciones y participan en las escaramuzas que enfrentan a los individualistas con sus adversarios políticos o con las fuerzas del orden. Otras, en fin, se encuentran comprometidas en actividades ilegalistas como la emisión de moneda falsa o están implicadas en robos y atracos.

Refractarias y propagandistas activas: algunas figuras

Rirette Maîtrejean: una adolescente rebelde

Una de las figuras más conocidas del movimiento es Rirette Maîtrejean, quien, después del asunto Bonnot, en el que estuvo implicada, confió sus memorias a una gran publicación de la época. Nacida en Corrèze en 1887, frecuenta la escuela primaria superior y se prepara para la profesión de institutriz, pero el fallecimiento de su padre le obliga a renunciar a sus proyectos. Para escapar al matrimonio que su familia pretende imponerle entonces, huye a París a la edad de dieciséis años. Allí trabaja como costurera sin renunciar, sin embargo, a completar su formación intelectual. Rechaza el enclaustramiento en la condición obrera, frecuenta la Sorbona y las universidades populares, en las que conoce a militantes individualistas que le descubren las charlas animadas por Libertad y los suyos. Son el rechazo de las asignaciones en términos de clase y de género y la importancia concedida a la subjetividad los que seducen a esta desclasada, hija de campesino convertido en albañil, institutriz obligada a trabajar con las manos. Encinta poco después de su llegada a París, se casa con un talabartero, habitual de las charlas, y trae al mundo a dos niños con diez meses de intervalo. Su segunda hija todavía no ha cumplido los dos años cuando abandona a su pareja, con la que no tiene intercambios intelectuales satisfactorios, para vivir con un “teórico” del movimiento, estudiante de medicina, que mantiene una sección científica en l’anarchie. A su lado se convierte una propagandista activa y participa en todas las manifestaciones en las que están presentes los individualistas. Juntos se ocupan durante algunos meses de la dirección del periódico tras la muerte de Libertad, y antes de embarcarse en un largo viaje que los llevará hasta Italia y Argelia. De vuelta a París, la pareja se separa y Rirette se convierte en la compañera de Victor Kibalchich, joven anarquista individualista de origen ruso ya conocido por sus artículos. Junto a él, asume de nuevo la responsabilidad del órgano individualista, en un momento en el que los debates en torno al ilegalismo desgarran al movimiento. Inculpada por asociación de malhechores tras una serie de atracos perpetrados por gentes cercanas a l’anarchie, de la que es entonces gerente oficial, cumple un año de prisión preventiva antes de ser finalmente absuelta. Después de su liberación, se aleja del movimiento individualista, del que condena su deriva ilegalista y en el que observa ciertas reservas políticas. Convertida en correctora en los años que siguen a la Primera Guerra Mundial y afiliada al sindicato de correctores, Rirette conserva, sin embargo, fuertes vínculos con el medio libertario.

Anne Mahé y Émile Lamotte: el combate por una pedagogía alternativa

Nacida en 1881, en Loira Atlántico, Anna Mahé frecuenta el ambiente de las charlas desde 1903, poco tiempo después de su llegada a París. Se ocupa, con Libertad, de la dirección de l’anarchie, mientras su hermana Armandine, institutriz como ella, se encarga de la tesorería. Las dos comparten la vida de Libertad, del que cada una tiene un hijo. Pero pronto se comprometen en relaciones afectivas con otros camaradas, que, como ellas, viven en el número 22 de la calle del Chevalier-de-la-Barre, comunidad de hábitat que es también la sede del periódico, y al que la policía y los periodistas apodan el “Nido rojo”. Anna es autora de numerosos artículos aparecidos en l’anarchie, así como en la prensa regional, y de algunos panfletos. Escribe en ‘ortografía simplificada’, pues estima que los ‘prejuicios gramaticales y ortográficos’ constituyen un motivo de ralentización del aprendizaje de la lengua escrita y están al servicio de un proyecto de ‘distinción’ de las clases dominantes. Acusa a ‘tales absurdeces del lenguaje’ de romper el impulso espontáneo de los niños hacia el saber y de sobrecargar inútilmente su espíritu. Considera, por otro lado, demasiado precoz el aprendizaje de la lectura y la escritura; la iniciación científica, que se refiere más a la observación y a la experimentación, deberían, en su opinión, preceder a aquél, pues podría suponer un poderoso estímulo al desarrollo intelectual del niño. Anna tiene sus referentes en los pedagogos libertarios Madeleine Vernet y Sébastien Faure, que aplican métodos de pedagogía activa en el ámbito de los internados [11], que ellos mismos han creado y animan. Tiene el proyecto de fundar un externado en Montmartre que funcionaría conforme a los mismos principios para los niños del barrio, pero la realización de tal proyecto, durante mucho tiempo diferida por motivos financieros, jamás verá la luz. Los informes de la policía la describen como una mujer de carácter que posee un fuerte ascendiente sobre Libertad, incluso después de su relación. Sin embargo, Anna no desempeñará más que un papel desvaído después de la muerte de este último y dejará la dirección del periódico a otros militantes.

Otra institutriz, Émilie Lamotte, dejó también su huella en este medio. Nacida en 1877 en París, antigua institutriz congregacionista y pintora aficionada, comienza a escribir en 1905 en Le Libertaire, antes de colaborar en l’anarchie. En 1906, funda, junto con algunas compañeras y compañeros, una colonia libertaria en una granja de Saint-Germain-en-Laye, donde se establece con sus cuatro hijos. Dotada de una imprenta, de una biblioteca y de una escuela, dicha comunidad de trabajo y de hábitat es un auténtico centro de propaganda anarquista. Émilie Lamotte, que es una conferenciante muy solicitada, se ausente regularmente para embarcarse en turnés de propaganda a través de toda Francia. En ellas evoca su experiencia profesional y expone sus críticas tanto a la escuela confesional como a la escuela laica, que “enseña el respeto a la Justicia, al ejército, a la patria, a la propiedad, y la inferioridad del extranjero” [12], que anula la curiosidad natural del niño y le impone una disciplina tan nociva para el cuerpo como para el espíritu.
El educador libertario debe estar bien convencido por el principio de que la enseñanza en la que el niño no es el primer artesano de su educación es más peligrosa que provechosa […]. Se debe considerar, intrépidamente, al niño como un genio al que debe aprovisionarse de la materia de sus descubrimientos y los instrumentos de su experiencia [13].
Al igual que Anna Mahé, considera que la enseñanza científica debe ir por delante de las enseñanza de las sutilezas de la lengua y condena el “terrible sistema de castigos y recompensas” [14] todavía en práctica en la escuela primaria. Anima a los libertarios a organizar, en los barrios en los que residen, estudios anarquistas que funcionen después de las clases para ofrecer a los niños del pueblo una educación complementaria capaz de contrarrestar “el pernicioso influjo” de la escuela. Émilié Lamotte lleva a cabo, de palabra y por escrito, una activa propaganda neo-malthusiana y contribuye a difundir cierta cantidad de técnicas contraceptivas, de las cuales explica el principio, las ventajas y los inconvenientes respectivos en detallados folletos, actividad que está entonces sujeta a sanciones penales. A finales del año 1908, abandona la colonia, que descompone bajo el peso de las tensiones internas, y experimenta la vida nómada, recorriendo en caravana, junto a André Lorulot, su compañero de la época, las carreteras del Mediodía, para dar una serie de conferencias. Contempla la idea de llegar hasta Argelia, pero, enferma, muere en el camino pocos meses después de su partida, el 6 de junio de 1909, no lejos de Ales, en el Gard.

Jeanne Morand: criada y anarquista

Queda por evocar la figura de Jeanne Morand, originaria de Saône-et-Loire, que llega a París en mayo de 1905, a la edad de 22 años, para colocarse como criada. Educada en un medio familiar permeable a las ideas libertarias, lectora asidua de la prensa anarquista, pronto frecuenta las charlas populares, y deja a sus patrones dos años después de su llegada a París para instalarse en la sede de l’anarchie. Es arrestada en diversas ocasiones por alteración del orden público, pegada de carteles, participación en manifestaciones prohibidas, etc. Tras la muerte de Libertad, del que fue la última compañera, retoma durante algunos meses la gestión del semanario individualista junto a Armandine Mahé. Sus hermanas pequeñas, Alice y Marie, que se reúnen con ella en París, se mueven en los mismos círculos. En los años que preceden a la guerra, Jeanne es nombrada secretaria de un comité femenino que se moviliza contra la ley que ampliaba el servicio militar de dos a tres años. Publica entonces cierta cantidad de artículos antimilitaristas en la prensa libertaria y toma muy a menudo la palabra en los mítines. En 1913, participa en la creación de un ‘curso de dicción y de comedia’, dependiente del ‘Teatro del Pueblo’ y toma parte igualmente en la fundación de una cooperativa de cine libertario, ‘el cine del pueblo’, que produce obras documentales y de ficción que muestran las condiciones de vida de los obreros y la organización de las luchas. Durante la guerra se refugia en España con su compañero, Jacques Long, desertor; más tarde, vuelve a Francia y reanuda clandestinamente la propaganda antimilitarista. Es condenada en 1922 a cinco años de prisión y a diez de exilio por llamar a la deserción. Al tribunal que la acusa de ser una anti-patriota le responde “que impedir la muerte de jóvenes franceses es un acto más patriótico que enviarlos a ella”. Emprende dos huelgas de hambre para obtener el reconocimiento de presa política y recibe un amplio apoyo en el exterior, más allá incluso del movimiento libertario. A su salida de prisión, conserva fuertes lazos con varios de sus antiguos camaradas, pero su militantismo es menos ofensivo: en 1927 es eliminada de la lista de anarquistas vigilados por la policía. Aquejada de delirios paranoicos, en los años posteriores conocerá una vida errante y miserable.

Una herencia ignorada

Todas estas mujeres tienen en común, a través de la diversidad de sus recorridos, el haber rechazado a la vez el matrimonio, que asimilaban a una forma de prostitución legal, y la condición de dominadas y explotadas que se les ofrecía en el marco de las relaciones salariales. Se apropiaron de las posibilidades de emancipación inmediata que les ofrecía el único movimiento político que concedía a la esfera privada una importancia determinante. Mediante la invención de nuevas formas de vida, que incluían las experiencias comunitarias, la educación anti-autoritaria de los niños, la afirmación de una sexualidad libre, llevaron a cabo una forma exigente de propaganda por el hecho.
La Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa, a la cual se sumaron algunos individualistas, aceleraron la descomposición de la herencia de Libertad, ya debilitada por el sectarismo y ciertas derivas sectarias. Y, sin embargo, pueden encontrarse, en las aspiraciones del movimiento que sacudió a la juventud occidental a finales de los años sesenta, la mayoría de los ideales que defendieron estas mujeres, y puede reconocerse el ‘gozar sin límites’ de los libertarios de Mayo como un eco lejano del ‘vivir su vida’ de los anarquistas individualistas de la Belle Époque.

[1] Le Rétif (alias Victor Serge), l’anarchie, 14 de diciembre de 1911.
[2] Le Rétif, l’anarchie, nº 309, 9 de marzo de 1911.
[3] Bénard, l’anarchie, 26 de mayo de 1910.
[4] “¡Qué lamentable rebaño! […] A medida que sus osamentas se descarnan, que sus espaldas se curvan bajo el peso del sobretrabajo cotidiano, las fortunas de sus amos se hacen más escandalosas, su lujo más insolente. Qué les importa, están contentos con su suerte […] No conocen la observación, el estudio, la rebelión. La tasca, el fútbol, eso lo que les interesa”, se puede leer en Le Combat social (diciembre de 1907, nº 15), publicación de los obreros de las guanterías de Saint Junin ganados para la causa del anarquismo individualista.
[5] Libertad, l’anarchie, 12 de julio de 1906, Le Culte de la charogne, Marsella, Agone, 2006, p. 239.
[6] Gaetano Manfredonia, Anarchisme et changement social, Lyon, Atelier de création libertaire, mayo de 2007.
[7] Cf. el balance crítico realizado por Marcel Martinet, escritor y militante revolucionario nacido en 1887, en su obra Culture prolétarienne, Paris, Agone, 2004, p. 83.
[8] Le Rétif, l’anarchie, nº 354, 18 de enero de 1912.
[9] Memorias de Octave Garnier, Archivos de la prefectura de policía citados por Jean Maîtron en Ravachol et les anarchistes, Paris, Gallimard, 1992, p. 183.
[10] Anna Mahé, Les amis libres, l’anarchie, nº 118, julio de 1907.
[11] Sébastien Faure fundó en 1904, cerca de Rambouillet, el internado La Colmena, que funcionó hasta 1917, y Madeleine Vernet dirigió, desde 1906 hasta 1922, el orfanato El Porvenir Social. Estos dos establecimientos eran mixtos y aplicaban los métodos de pedagogía activa predicados por los libertarios, y ya puestos en práctica en la Escuela Moderna de Barcelona por el anarquista Francisco Ferrer, fusilado en octubre de 1909.
[12] Émilie Lamotte, L’éducation rationnelle de l’enfance, édition de l’Idée libre, Paris, 1912.
[13] Ibid.
[14] Ibid.

lunes, enero 6

Video-mapa cronológico con cada explosión nuclear ocurrida en la Tierra 1945-1998

El Artista japonés Isao Hashimoto ha creado un hermoso, pero sin duda estremecedor, video-mapa cronológico de las 2.053 explosiones nucleares que tuvieron lugar entre 1945 y 1998, comenzando con la prueba de "Trinity" en el Proyecto Manhattan, cerca de Los Alamos (Nevada, EE.UU.) y concluyendo con las pruebas nucleares de Pakistán en mayo de 1998. Esto deja fuera a dos presuntas pruebas nucleares de Corea del Norte en la última década del S. XX (la ocurrencia de las cuales no está 100% comprobada).

Cada Estado tiene un encendido y un punto intermitente en el mapa por cada vez que detona un arma nuclear, con su respectiva cuenta total mostrándose en las barras superior e inferior de la pantalla. Hashimoto, quien comenzó el proyecto en 2003, dice que él realizó su trabajo con el objetivo de mostrar "el miedo y la locura de las armas nucleares." - Empieza muy lento, pero si usted quiere ver acción real, vaya a 1962 o cerca - al final, la acumulación se convierte en abrumadora.